lunes, 26 de octubre de 2020

¿ACTORES SECUNDARIOS?

Cualquier organizador envidiaría a una carrera en la que se llega al último día con los dos primeros clasificados empatados en tiempos. Sin embargo, con este Giro parece haber cundido cierta sensación de decepción entre el aficionado, principalmente por lo anónimo, o cuanto menos inesperado, de esos dos protagonistas. En la bruma lombarda, recorriendo los angostos pasillos en los que parecen convertirse las avenidas y calles de Milán, Tao Geoghegan Hart y Jai Hindley se han jugado el Giro de Italia. Simples actores secundarios, se diría, corredores que empezaron tranquilos la carrera, cómodos con su situación de jóvenes gregarios a los que no se les iba a exigir mucho. Ambos perdieron tiempo en la crono inicial e incluso Geoghegan Hart lo hizo en el Etna. A pesar de ello, estos dos ciclistas, recién sacados del envoltorio, iban a emerger poco a poco, a medida que comenzara el cribado de la alta montaña. 

¿Actores secundarios?

Al empate del último día se llegó después de un recorrido clásico, ahí está la paradoja. Vegni ha conseguido, empleando las viejas recetas, aquello que Prudhomme y Guillén llevan buscando con ahínco, recortando dureza aquí y allá. Ello no ha impedido que la carrera haya pendido de un hilo en algunos momentos concretos, asomándose al abismo, ya fuese por la incidencia del virus o por el boicot de los propios corredores. Si la participación se presentaba pobre debido al calendario (un Giro emparedado entre las dos pruebas de ASO, disputándose al mismo tiempo que las clásicas), las pocas cabezas de cartel cayeron en los primeros días. Algunos se fueron por una falta de habilidad que les habría puesto en peligro más pronto o más tarde. Otros por un gafe que les acompaña en esta carrera, en la que el destino ya les pegó el bofetón en su momento. 

Aparte de las retiradas iniciales, los otros favoritos tampoco han carburado. Es el caso de Nibali o Fuglsang, para los que la edad ya ha pesado. Su puesto lo han ocupado los jóvenes anónimos, siguiendo el proceso de renovación constante de nombres y caras que se está viviendo en esta temporada. Pero también son viejos los que han boicoteado las etapas o los que han querido que el Giro acabase antes de tiempo, ya se trate de directores bocazas, ciclistas endiosados por las redes sociales o simplemente veteranos a la espera de la retirada. Urge una renovación.

De todas formas el ciclismo no necesita de grandes nombres para ofrecer bonitos espectáculos. Se han visto cosas hermosas en este Giro otoñal. La potencia de Filippo Ganna, por ejemplo, su forma hipnótica de rodar. Con Ganna hay un rodador para rato, una figura que ha llegado para durar, más allá de la etiqueta de "pistard culogordo" que se le quería imponer. No me cabe duda, además, de que el organizador del Giro lo va a mimar a partir de ahora, pues es la única esperanza italiana real, en un panorama que se presenta bastante desolador cuando llegue la retirada de Nibali. Otro grandísimo descubrimiento ha sido el de João Almeida, con su momento culminante de la defensa del rosa en Piancavallo. El portugués ha llevado a un nuevo terreno el carácter agresivo y omnisciente de la Manada, mejorando con creces anteriores registros de líderes en rosa de Lefevere, como Brambilla o Jungels, acercándose al Urán de 2014. Conquistando pírricos segundos, defendiéndose con la cabeza erguida y la lengua fuera al modo voeckleriano en montaña o mostrando sus habilidades de rodador, ha sido un corredor que ha enamorado al aficionado. Lamentablemente no se ha podido llevar una etapa, aunque en Monselice anduvo cerca. 

La máquina de rodar (Bettiniphoto)

El descubrimiento de un ciclista (tiembla, Evenepoel)
 

Y luego están los dos grandes protagonistas, los actores secundarios inesperados, erigidos en papeles principales: Jai Hindley y Tao Geoghegan Hart. Hindley ha sido la gran revelación sin lugar a dudas. El escalador de Perth ha mostrado una excepcional ligereza en montaña, un pedaleo de peso pluma, cogido de abajo a lo Landani. Su rostro pálido, con constante expresión de asombro, no dejaba traslucir ni debilidad ni sufrimiento. Por su parte, Geoghegan Hart se ha mostrado más rocoso, lo que más de uno ha podido confundir con debilidad. Hindley no lo pudo soltar en montaña y el británico de nombre irlandés hizo prevalecer su ligera ventaja contra el crono, resultando así ganador. Culmina de esta manera las esperanzas puestas en él por la mano negra del British Cycling, convirtiéndose en el recambio perfecto ahora que Thomas y Froome marchan directos al desguace. Su pasado Giro fue ciertamente decepcionante, después de hacer un buen Tour des Alps: quedó relegado al papel de comparsa graciosa de Bernal. Con esta victoria se ha desquitado y el ciclismo británico parece tener continuidad, más allá de su generación dorada de los nacidos en los ochenta. Además, con su victoria Ineos se sacude de encima el desastroso rendimiento del pasado Tour, dando señales de que su dictadura se preve todavía larga y duradera.

Victoria en Laghi di Cancano.

Victoria en Piancavallo.


Medio triunfo del pelirrojo británico se lo debe a Rohan Dennis, que ha vuelto a sacar a relucir la faceta de escalador que dejó entrever tímidamente en la Vuelta a Suiza de 2019. El australiano ha roto con el estereotipo de sí mismo, que lo presentaba como un tipo egoísta, centrado en sus manías. Ha demostrado ser capaz de sacrificarse, aunque con el punto de orgullo suficiente como para llevar a su propio líder al extremo de sus fuerzas. Su ascensión "gonchariana" del Stelvio pasará a la pequeña historia del Giro. 

Solo por ver la ascensión del Stelvio este Giro ha merecido la pena. Hacía mucho tiempo que no se ascendía el Mito desde su vertiente trentina, la más dura, nada menos que desde 2005, con blancazo de Ivan Basso. Esta vez el otoño aportaba nuevos colores: gris, verde, naranja y blanco, mucho blanco. La carrera explotó en los primeros momentos de la ascensión, bajo la batuta constante de Dennis. Geoghegan Hart solo tenía que subirse a la chepa de su gregario y aguantar. Tras él se aferraron al tren Hindley y Kelderman, el holandés con más dificultad. Por detrás los rivales iban cayendo diseminados: Nibali, Fuglsang, Bilbao y Almeida, que perdería la maglia rosa. La carretera seguía su ascenso, los árboles dejaban paso al gris de la carretera y al blanco de la nieve. Kelderman finalmente cedía, mientras Hindley se mantenía con mucha naturalidad. Su rostro pálido iba a juego con su maillot blanco y con el escenario de Zauberberg de la cima. En la novela de Thomas Mann, el protagonista Hans Castorp perdía la noción del tiempo e incluso de sí mismo durante una ventisca de nieve, rodeado de un vacío blanco. De igual forma los ciclistas pierden en esta montaña no solo minutadas, sino también la cabeza, en una ascensión en la que el pedaleo se va haciendo más blando a medida que se aproximan al muro final. Este es una auténtica pared de nieve que se confunde con el cielo lechoso, en la que la carretera sube en zigzag como la escalera de un santuario. Kelderman cedía 40 segundos, Almeida ya perdía el rosa. Por delante, las mayores preocupaciones para Hindley parecía dárselas el chubasquero, pues seguía la rueda de Dennis y Geoghegan Hart con soltura.  Dennis coronó seguido de los dos jóvenes tras él, mientras las cámaras del helicóptero mostraban el inmenso mar de nieve que se desparrama por las laderas de la cima Moloch. 

Esto sí que es el Muro, y no el escalón ese de Juego de Tronos

Fiel a su mito (associated press)


Después de ese documental de naturaleza y aventura de exploración que fue una vez más el Stelvio, quedaba todavía su descenso y otra ascensión, a Laghi di Cancano. Fue el momento decisivo del Giro. El ritmo de Dennis pudo distanciar a Kelderman, que se cebó en los falsos llanos y lo acusó en la subida. Era alcanzado por detrás por Fuglsang y Bilbao, logrando el vasco adelantarle en la última subida. Por su parte, el dúo delantero formado por Tao y Hindley se mantuvo a la par. El sprint y la bonificación fueron para el australiano, que desaprovechó la oportunidad de intentar distanciar a Geoghegan Hart, no se sabe si siguiendo instrucciones de equipo (para no humillar en demasía a Kelderman) o por no confiar en sus propias fuerzas. Era evidente que Kelderman ya no era rival, aunque hubiese conseguido la maglia rosa, pues su trayectoria en montaña era descendente. Sunweb apostó acertadamente por mantener a Hindley delante, pero aún así el australiano necesitaba más tiempo contra Geoghegan Hart, capaz de sacar la maquinaria de marginal gains en la última contrarreloj.

Pero después de un día excepcional de ciclismo, el pelotón nos devolvió a la dura realidad del ciclismo moderno. Con la excusa de la lluvia y del covid, el sector cascarrabias y facineroso del pelotón coaccionó al resto para acortar una etapa programada con 250 kilómetros entre Morbegno y Asti. En los primeros cien kilómetros se vio una esperpéntica competición entre autobuses, para retomar la salida en Abbiategrasso. Al acabar la etapa se dio el habitual fuego cruzado de declaraciones, en las que predominaron los que escurrieron el bulto o recogieron cable. Nadie había estado allí, nadie había sido el responsable, nadie sabía nada. Al parecer Trek y Bardiani no intervinieron en la decisión y Bora e Ineos se opusieron al recorte. Todos los demás estuvieron a favor. En realidad a Vegni no es la primera vez que se lo hacen: el precedente existe, la última etapa del Giro de 2018. Entonces Vegni consintió, porque lo decía la estrella invitada. En este caso han sido cuatro o cinco ciclistas al borde de la retirada los que quisieron ahorrarse cien kilómetros bajo la lluvia, logrando convencer al rebaño, ante la sonrisa bobalicona de la maglia rosa Wilco Kelderman. De todas formas, el holandés lo sería por poco tiempo.

En Sestriere se confirmó lo que estaba ya cantado: Dennis volvió a hacer de las suyas y Kelderman se descolgó, perdiendo su exigua renta. Hindley se aferró a la rueda de los dos Ineos y cuando Dennis cedió, intentó en repetidas ocasiones distanciar a Geoghegan Hart, como si se tratase de una reedición de aquella ascensión al Stelvio entre Galdos y Bertoglio. No lo pudo soltar, ni siquiera pudo ganar la etapa, con lo cual, a pesar del insólito empate en tiempo que le concedía la maglia rosa el último día, la pesada maquinaria de Ineos acabaría imponiéndose. No en vano había aterrizado Brailsford en Italia para la ocasión. Fue tan solo un instante: Hindley salió falto de desarrollo, a pesar de trazar todas las curvas al límite. Se le veía fuera de su medio. Por contra, el pedaleo de Tao arrastraba más desarrollo, realizando finalmente una buena crono, a la altura de Kelderman. Otro triunfo más para la eterna casa de recambios.   

Un niño feliz (Luca Zennaro)

En fin, ha sido un Giro interesante, disputado, animado por lo insólito de los concurrentes, tan solo manchado por el infame incidente de Morbegno, que se lleva por delante algunas reputaciones consolidadas. La carrera ha dejado otras etapas para el recuerdo, como el excepcional triunfo de Peter Sagan camino de Tortoreto, corriendo a la manera de un Tour de Flandes bajo la lluvia. También la solvencia de Démare en los sprints, muy bien arropado por su equipo, que trajo al recuerdo el dominio de los grandes equipos de Cipollini y Petacchi. Si alguien se siente decepcionado por un podium con nombres pobres, que piense en los de más edad, que hemos visto a tipos como Unai Osa, Eddy Mazzoleni, Marzio Bruseguin o Pietro Caucchioli en el podium del Giro. Tengo por seguro que los nombres que han acabado saliendo a relucir durarán mucho más y darán que hablar en los años venideros.

lunes, 19 de octubre de 2020

LOS YERNOS PERFECTOS

El ciclismo ha encontrado por fin a sus yernos perfectos, dos chicos altos y jóvenes a los que poder presentar sin vergüenza ante la mesa del resto de deportes. Sus estilos agresivos, sus dominios casi circenses de la bicicleta, su afición desde niños a revolcarse en el barro juntos y a dejar una puerta abierta a la polémica cuando hay un micrófono delante, han hecho que arrastren desde hace tiempo un fandom cada vez más amplio, que los conoce simplemente por sus siglas. En realidad son dos caras de una misma moneda, casi idénticos. Uno con la cabeza hundida entre los anchos hombros, a la manera de un cruce entre Boonen y un Poulidor rosado. El otro con las caderas más estrechas y el pedaleo más liviano, pero con las pesadas cejas y los morros caídos de los grandes campeones belgas. Uno más hiératico, más robótico y machacón; el otro con un rostro más expresivo en el que a veces una mueca evidencia la fatiga. Muchos se frotan las manos, ávidos de relatos protagonizados por ambos, lo que quizá no venga del todo mal al maltrecho deporte que nos ocupa. 

Por fin los yernos perfectos

 

Pero los jóvenes rivales necesitan de un tercero en discordia, un Pier Nodoyuna infatigable, siempre dando que hablar con una salida sorprendente. Un personaje tan amante de las cámaras que incluso cuando sufre un infortunio deja para la posteridad una imagen digna de eclipsar el protagonismo de sus rivales. 


El momento del castañazo. Fotografía de Luc Claessen.
 

Sin embargo, más allá del sprint a dos y del desafortunado incidente de Alaphilippe, no ha sido una Ronde tan espectacular como en otros años. Para mí se encuentra un peldaño por debajo de las Ronde de Gilbert o Terpstra, por poner algunos ejemplos recientes en el mismo circuito. Para los que crecimos con el Muur, con el batticuore habitual que precedía a sus cámaras fijas, este circuito no nos acaba de encajar. Le falta algo, quizá una chispa de sacralidad y por qué no decirlo, más caminos estrechos y menos carreterazas en la parte final. Tampoco ayuda ver destrozar un mito como el Koppenberg con la inusitada facilidad con la que lo ha hecho un debutante en Flandes como Alaphilippe. 

De hecho, Alaphilippe ha sido el animador de la carrera, haciendo el papel del amigo incómodo que se suma a la fiesta con ganas de chistes cuando los otros ya piensan en ligar: la "mosca cojonera" que enturbiaba los sueños de victoria de la pareja del ciclocross. Yo no lo daba como favorito (siempre lo minusvaloro), pero ahí estaba una vez más: le da igual que sea el Tourmalet o el Koppenberg, el Poggio o la Roche aux Faucons, la fórmula de los lobeznos encarnada en Alaphilippe parece derribar cualquier obstáculo. Excepto las motocicletas.

Y es que el campeón debe marcar la diferencia con la fuerza y también con la inteligencia, pero por qué no decirlo, también con la concentración. Después del primer paso por el Paterberg, Alaphilippe decidió empezar a enseñar las cartas, acompañado del rejuvenecido Devenyns. Se trató de un movimiento para soltar las piernas y poner un poco nervioso al personal, pues ahí estuvieron prontos en la respuesta Bardet o Naesen. Sin embargo, el auténtico espesor de las piernas del francés se vería pasado el Koppenberg, en el que se marchó como quien comienza un paseo. Solo un silbido en esa rampa imposible hubiese sido un maltrato mayor a la historia de este deporte. De esta manera enlazó con Turgis y siguió jugando su guerra psicológica con los demás, que veían que el campeón del mundo iba muy en serio. 

Alaphilippe y Devenyns al ataque.

En el tramo adoquinado de Mariaborrestraat, a falta de 41 kilómetros, Alaphilippe se lanzó definitivamente al ataque, aprovechando un tramo en ligera bajada. Van der Poel, muy atento, le cogió rueda, y más tarde van Aert haría lo propio, con mayor esfuerzo. Se había formado el trío perfecto en un lugar aparentemente secundario, en una curva adoquinada en descenso, cruzando un paso a nivel. Había compenetración en los relevos, aunque los tres tuvieran cuentas pendientes cruzadas. 

De pronto un cambio de plano muestra a Alaphilippe por los suelos. La bicicleta ni siquiera aparece en el plano: ha salido volando y se encuentra fuera de la calzada. ¿Qué había liado esta vez? Las repeticiones muestran el instante. Wout van Aert encabeza el terceto y pasa muy apurado a dos motos, una de asistencia y la otra del jurado, que van frenando en el lado izquierdo de la imagen. Ha aprovechado al máximo su estela. Van der Poel, tras él, hace un quiebro para esquivarlas. Alaphilippe, el tercero, con solo una mano en el manillar y mirando hacia otro lado, se traga por completo la moto del juez de carrera. La larga historia de las carreras belgas y las motos, aunque esta vez haya sido todo más un fallo clamoroso de concentración del ciclista francés. Para ganar hay que evitar caerse (que se lo digan a Geraint Thomas). Sin duda, van der Poel y van Aert respiraron aliviados al no tener que aguantar la presencia incordiosa del francés a rueda. 

 

Quiere ganar también en lo de la maldición.

A partir de ese momento fue todo un monólogo, o un diálogo, si se prefiere. Van der Poel y van Aert se dedicaron a rodar a la perfección, dejando bonitas fotografías para los futuros almanaques y libros conmemorativos. Pero más allá de la estética, la carrera perdió todo aliciente. La inusitada superioridad de la pareja de moda convertía en casi imposible la caza por detrás. Lo único que podía servir de estímulo era la comparación mental del estilo de ambos, tan parecidos y al mismo tiempo tan sutilmente diferentes. Su cabalgada fue ya sin estridencias, ambos con el único objetivo de superar los obstáculos restantes como quien echa una firma debajo de un contrato, antes de solucionar las cosas al sprint. ¿Qué mejor para el propio relato, el relato de una rivalidad que va in crescendo, que un sprint entre los dos? 

Ante todo la estética. Fotografía de Ashley & Jered Gruber.


Y vaya sprint. Quizá sea lo único que se recuerde pasado el tiempo de este monumento, junto con el castañazo de Alaphilippe. Van der Poel y van Aert mano a mano, codo con codo, en un sprint corto pero de mucha potencia, en el que el holandés supo mantener a raya al belga, ganándole por la mínima. La resolución perfecta para que ninguno de los dos siameses hubiese salido demasiado humillado. Por detrás, el siempre sólido Kristoff se hacía con la tercera plaza.

Otro sprint por la mínima


Quizá suene a anatema, pero el Giro, del que ya hablaré en su momento, deparó imágenes igual de interesantes, protagonizadas por jóvenes anónimos y hambrientos, aprovechando el cansancio y las bajas de una carrera emparedada en el calendario.

domingo, 4 de octubre de 2020

PAYASOS

¡Ay, los payasos! En un pasado pudieron parecer entrañables, pero en realidad siempre me resultaron un tanto inquietantes. Charlie Rivel, Fofito, Krusty, Pennywise y compañía. Cargantes, atontaniños, alcohólicos o simplemente monstruos capaces de reír a carcajadas después de asestar unas cuantas puñaladas a un niño nerd engañado al salir del colegio. En la edición de la Lieja se ha visto un buen ejemplo de lo que son capaces los buenos payasos, los de toda la vida: no solo de los más sutiles ardides, sino también de las mayores bufonadas. ¡Qué pronto ha envejecido mi anterior post, cargado de "buenas intenciones"!

 

"Sensibles,cariñosos y...¡sí! chalados, los payasos"

Se podría empezar a contar esta Lieja como un chiste. "Saben aquel que diu d'un ciclista...". Un chiste de los malos, de los que cuenta Perico, de los que ya se han visto. Uno levanta los brazos y ¡pam! otro le birla la victoria. De normal es una situación que llega a ser tan ridícula que el aficionado al final tiene un poco de misericordia con el que ha hecho la tontería de celebrar antes de tiempo, pero este no ha sido el caso. De hecho, yo lo he celebrado con un aplauso. 

Acércate, niño ¿No llevarás en la mochila una Lieja?
 

Pero vayamos a los sucesos anteriores. La Lieja se disputaba en un ambiente fresco y algo húmedo, más de lo habitual. Muchos se fueron al suelo, entre ellos Van Avermaet, que se perderá la extraña temporada de clásicas de octubre. No hubo movimientos de auténtico peligro hasta la Roche aux Faucons. La tentativa de Schär y algún movimiento más, apenas destacable. Todo se armó donde se tenía que armar y donde atacó el esperado, el nuevo Mesías de los amantes del ciclismo ofensivo: Alaphilippe. 

Parecía una vez más que el francés jugaba a lo grande, a atacar donde se le espera y a marcharse solo por pura fuerza, aprovechando su demarraje violento. Devenyns, que parece otro (como siempre sucede en ese equipo, por otro lado), lo había lanzado a la perfección. Pero por detrás Hirschi lo cogió, poco a poco, como el que simplemente recoge carrete y espera la captura. Al presentir la sombra del suizo a su espalda, Alaphilippe relajó el ritmo, lo que permitió que por detrás llegaran Roglič y Pogačar. El mayor de los eslovenos llegó con aparente facilidad, el más joven con algo más de tensión en los hombros y varios mechones asomando por el casco. La presencia de Pogačar demostraba la inutilidad de su gesto en el pasado mundial: si se hubiese esperado, habría estado ahí con los mejores. En esa subida a escalones se produjo otro parón, lo que permitió entrar in extremis a Kwiatkowski, después de sobrepasar a Woods, al  que le faltó bien poco para lograr la conexión. 

Alaphilippe y Hirschi siguieron forzando el ritmo en los falsos llanos posteriores y Kwiatkowski, el último en agarrarse al tren, finalmente se descolgó. Se había formado el cuarteto predilecto, solo quedaba afrontar el descenso hasta el Mosa y resolver las cosas al sprint. Alaphilippe parecía nervioso. Como siempre ejecutaba esos movimientos bruscos, extraños, tan característicos en él y que tan en riesgo innecesario ponen a sus rivales. En este caso, poco faltó para que hiciera el afilador con Hirschi. Sin embargo el francés seguía a lo suyo, a su juego particular de nervios, no sabiendo que estaba ante dos hombres de hielo y uno dotado de auténtico instinto para las clásicas. 

A falta de un kilómetro, ya en las calles de Lieja, un cuarteto de lujo iba jugarse el triunfo en la Lieja: Alaphilippe, Hirschi, Roglič y Pogačar. Un cuarteto que no envidará a otros del pasado, como aquel de 1991, con Argentin, Criquielion, Sorensen e Indurain, por poner un ejemplo. Alaphilippe culebreaba, y en un último cambio brusco de dirección, casi pone de nuevo en peligro a sus compañeros de fuga. Hirschi ya extendía los planos, cartabones y escuadras para medir su distancia, mientras que el dúo esloveno esperaba con atención cualquier error de los rivales para lanzarse directamente a la yugular. Empezaron a observarse detenidamente. En realidad se trataba de viejos conocidos. Alaphilippe había podido derrotar a Hirschi en Niza y a su vez Pogačar y Roglič habían hecho lo mismo con el suizo en Laruns. Con los despojos del suizo, habría que matizar. Sin embargo, el cervatillo de Berna parecía el más acomodado a la victoria, después ganar la Flecha: en cada pedalada ahorrada parecía ganar un metro hacia su triunfo. Era el único que le había tomado la medida a Alaphilippe en la Roche aux Facons. 

Los cuatro empiezan a mirarse. Alaphilippe transmite su nerviosismo a los demás, como siempre, aunque también va bastante crecido por el maillot que luce. Hirschi, con las manos soldadas a las manetas, parece en condiciones de ganar. Los eslovenos, uno mecánico como siempre, como un autómata, el otro con esa expresión facial de niño que se divierte corriendo, hacen sus cálculos. Los cuatro se abren y se despliegan sobre la recta de meta, como los cuatro ases de una baraja ya escogida de antemano. Por detrás llega una amenaza, también eslovena: Mohorič.

Llega Mohoric

 

Mohorič es un invitado más a la fiesta que los alcanza e intenta asestar el golpe final. Pero no puede, pronto se colocan todos a su rueda, y lo que parecía un estocazo se convierte en un simple lanzamiento del sprint. Mohorič no va a ganar, Alaphilippe ha cogido su rueda y parece que entre él y Hirschi va a estar la victoria. El francés comienza su sprint pegado a las vallas. Lanza una breve mirada a sus rivales y, cuando aprecia que Hirschi comienza su remontada, gira bruscamente hacia el centro de la calzada. Hirschi se ve obligado a sacar un pie para evitar caerse y a su vez desplaza a Pogačar, que acaba casi en las vallas opuestas. Alaphilippe sigue ya prácticamente por el centro de la calzada, directo hacia su triunfo, pequeña triquiñuela mediante. 

El momento de la infracción

 

Y entonces, una vez perpetrada la pequeña fechoría, qué mejor que entregarse al goce de las cámaras. Dos o tres reverencias dieciochescas, un saludo a todo el mundo, "aquí ha llegado el arc-en-ciel". Sin embargo, con sigilo crecía la estratagema para derrotar al falso rey por su derecha. Un golpe de riñón dado precisamente en esos momentos en el que el Gran Bufón se daba al espectáculo, el viejo truco de los sprinters zorretes. ¡Cuánto ha aprendido Roglič de ciclismo en poco tiempo! Roglič  adquiere de pronto la fisonomía de Freire, de Guimard, de tantos otros que supieron burlar al orgulloso que se cree ganador antes de tiempo. De un plumazo voló el triunfo en la Lieja y toda la martingala. No hacía falta ni la descalificación, que luego vendría como una losa: simplemente el karma, aquello que antes llamábamos justicia poética, había actuado una vez más, despojando justo a tiempo a Alaphilippe de un triunfo inmerecido.   

 


No las tiene todas consigo

 

Hablemos ya del ganador, que lo merece. El triunfo merecido de Roglič acaba con dos meses de desencuentros. Caídas, excesos de confianza y fuerzas que flaquean en los momentos precisos le habían privado de las grandes victorias. Su triunfo en la Lieja lo coloca en un selecto grupo, el de corredores ganadores de gran vuelta y monumento, es decir, en el grupo que marca la excelencia ciclista. El podium es de los que se recordarán por su calidad. Si bien no sabremos nunca qué habrían hecho Hirschi y Pogačar en el sprint, al menos el vencedor ha visto coronados sus esfuerzos de varios meses aciagos y el aficionado se queda con la buena sensación de que el desafortunado encuentra por fin su camino hacia el triunfo, la perseverencia obtiene su recompensa y las malas artes su castigo, como en una buena obra de teatro. 

Sin el infractor sancionado


lunes, 28 de septiembre de 2020

MADURAR DE GOLPE

Una mañana, mientras desayunas, te das cuenta de que tus hijos se han hecho mayores, les ha cambiado la voz, les han salido granos o se han vuelto taciturnos y esquivos de pronto. Tú por tu cuenta te has hecho más viejo. Todo llega. Los hombres y mujeres que un día fueron tus alumnos encuentran trabajos o te saludan en la calle, empujando un carrito de bebé, cuando tú ya no sabes ni en qué sitio les diste clase. Incluso los quinquis dejan aparcadas las motos bien lejos de las salas de recreativos y se visten de traje para buscar un trabajo, para impresionar a sus futuros suegros o simplemente para dejar una vida de pastillas, alcohol y gasolina atrás. Es lo que se suele llamar crecer, madurar. Sin lugar a dudas, Alaphilippe vestido de arcoíris ha madurado. 

Alaphilippe de arcoíris: un quinqui vestido de traje.

 

Hasta el momento Alaphilippe se había convertido en el nuevo capricho del ciclismo francés y él se dejaba querer. La Sanremo parecía ser una victoria menor en comparación con sus días de jolgorio vestido de amarillo. Le habían puesto incluso mote de juguete, de yoyó, de niño del vecino invitado a jugar al jardín de casa: Juju. Y Alaphilippe se dejaba querer, consciente siempre de la cámara que le estaba enfocando como un buen periodista de telediario. Ante las cámaras, Alaphilippe no se guarda nada. Es consciente de la faceta de espectáculo que tiene el ciclismo y es entonces cuando da rienda suelta a ese pequeño histrión que se viste de conejo de Pascua o llora con la victoria: culebreos, carantoñas, expresiones para poner nervioso al rival o para exteriorizar una innata y casi infantil ansia de competición. En la dicotomía entre escoger el corazón del público francés o la victoria, Alaphilippe parecía haber hecho su apuesta. Más Poulidor y menos Anquetil, parecía ser la respuesta. Hasta ayer, día en el que prefirió tirar por el camino de en medio: simplemente más Hinault. 

Hay que saber elegir


 

Vayamos pues a la competición. El mundial de Imola tuvo un desarrollo bastante anónimo durante sus primeras vueltas. La consabida escapada de corredores exóticos se formó, de la que quedaron en cabeza el alemán Jonas Koch y el noruego Torstein Træen. También Arashiro, top-ten mundialista en 2010, que quedó en tierra de nadie sin rendirse (como buen japonés). Por detrás comandaban con tranquilidad el pelotón daneses, polacos y eslovenos, con una marcheta con la que fueron comiéndose kilómetros, vueltas y subidas. Como viene siendo habitual, se dejó que esta fuga fuese cogiendo minutos hasta que cayera de propio madura, sin excesivos esfuerzos ni desvelos para el pelotón. De esa manera se evitaban las fastidiosas fugas tácticas de ecuador de carrera, protagonizadas por tipos de clase media, como la que el año pasado dio la campanada contra todo pronóstico. 

El habitual diente de sierra mundialístico



El primer movimiento serio lo protagonizaron los franceses, con Nans Peters y Quentin Pacher acelerando la marcha a falta de 70 km y poniendo en aprietos a varios ciclistas, entre ellos Marc Soler. Alaphilippe había pasado desapercibido, casi de incógnito durante la última semana de Tour, pero los franceses parecían tener confianza ciega en su forma. 

Poco antes de entrar en el antepenúltimo paso por meta, un brazo se ve levantado al final del grupo. Un brazo de manga verde: un esloveno. Se trata de Pogačar. ¿Ha pinchado? No lo parece, su bici aparenta estar en buenas condiciones, pero aún así va a cambiar de montura. Ya lo hizo varias veces en el Tour. El cambio se produce de hecho en el lugar más propicio, justo antes del paso por boxes y aprovechando la cercanía del coche esloveno (el segundo en la fila). Seguramente se trate de alguna tontería de marginal gains, pero incita a la conspiranoia. Principalmente porque poco después de cazar, el esloveno de las piernas de oro y los mechones salientes iba a atacar. 

Así fue. En la penúltima subida a Gallisterna los eslovenos con Luca Mezgec toman momentáneamente el control y Pogačar lanza su ataque. Los belgas parecen no alterarse y nadie en el grupo sigue su ejemplo. El campeón del Tour se queda delante, con la soledad del número uno a cuestas. Nadie quiere acompañar al niño más fiero del colegio para que acabe robándote el almuerzo, en una escabechina con toda la pinta de la que se vio en la Planche de les Belles Filles. Cualquier otro lo hubiese dejado pasar, pero el esloveno siguió hacia adelante, en un sacrificio suicida que solo puede entenderse como un arreglo previo con su rival-amigo Roglič, que luego no dio buen resultado. ¿Endurecer la carrera para preparar un ataque en la última vuelta por parte de Roglič? ¿"Para ti la última vuelta, para mí la penúltima"? No hay mucha explicación: lo que está claro es que salió mal. 

Sacrificar la reina


 

De todas formas esa extraña jugada de sacrificio de reina que protagonizaron los eslovenos permitió ver de nuevo una versión humanizada del rodar de la Planche de les Belles Filles. Pogačar incluso sonreía, satisfecho de su fechoría, mientras los belgas por detrás, con Benoot, Wellens y Vliegen mantenían las cosas bajo control. La panzada de esfuerzo fue mayor justo en el trazo pianeggiante del circuito, en el que llegó a alcanzar unos 25'' de ventaja, si nos podemos fiar del gps italiano. Pero al llegar a la última subida a Mazzolano, esa diferencia se esfumó, siendo cazado por un Dumoulin que se había pasado gran parte del recorrido a cola. Guillaume Martin cerró pronto el hueco para el grupo de una treintena de elegidos que se mantenían con opciones. 

Comenzó así el momento del nerviosismo. Primero Caruso y Carapaz se movieron, más tarde, a iniciativa de Mikel Landa, se formó un peligroso cuarteto con el alavés, Nibali, Urán y el coco, Wout van Aert. La presencia del belga incitó a parar. Nadie quiere llevar a cuestas al que te va a pegar el navajazo una vez pasada la esquina. Jan Polanc y Guillaume Martin también se movieron para sus respectivos líderes en el tramo que separaba Mazzolano de Gallisterna, antes del reagrupamiento previo al momento decisivo. Así lo iba a ser: la dureza del propio mundial dejó delante a siete ciclistas en la última subida, Alaphilippe, Fuglsang, Kwiatkowski, Hirschi, Roglič, van Aert y Nibali, grupo del cual el capitán de la nazionale se quedó pronto.

En una subida tan explosiva no hay tiempo para contemporizar. Alaphilippe lanza a falta de 17 kilómetros su estacazo, como algunos habían previsto. Un ataque como el de la pasada Milán - Sanremo, igual de explosivo, aunque en una rampa más exigente y en una subida más corta. Por detrás Kwiatowski es incapaz de seguirle y Wout van Aert, el tercero en la fila, evidencia con una inclinación de cabeza su derrota antes de tiempo. No ha tenido las piernas para seguir en este caso el ataque lanzado en el momento justo, como sí pudo hacer en el Poggio. ¿Un exceso de objetivos recientes, entre los que se contaban ganar etapas, labores de gregario y un mundial contra el crono? ¿Un fallo de anticipación, por no haberse adelantato al ataque previsto por Alaphilippe? ¿O simplemente lo que nos pasó a muchos, una minusvaloración del auténtico estado de forma del francés, vistos sus ataques voecklerianos de última semana de Tour? Lo cierto es que en esa inclinación de cabeza estaba contenida la aceptación de la derrota, el reconocimiento al más fuerte y en definitiva, la resolución de la carrera. 

También Alaphilippe es un maestro del "kairós" o momento oportuno

 

Fuglsang intenta salir a su rueda, pero no puede: Alaphilippe va desbocado. Por una vez no mira atrás y los gestos con los codos y la mandíbula no parecen hechos para las cámaras, sino simplemente para ganar. Una vez se ha quedado solo delante no tiene nadie a quien "vacilar" ni con quien jugar, tiene que lanzarse a por todas. Así lo hizo. Por detrás se vio lo que ya todo el mundo presuponía: miradas, especulaciones, relevos dados a medio gas y suspicacia por llevar al gigantón belga a rueda. Los relevos de van Aert eran claramente los más decididos, pero eran arreones seguidos de súbitos parones. Hirschi y Roglič fueron los que más zorrearon a cola, mientras que Fuglsang daba relevos dignos de la Amstel Gold Race 2019. Precisamente a van Aert le faltó la inconsciencia de van der Poel en esa carrera para ponerse a tirar como caballo desbocado. 

En un terreno de crestas al filo del precipicio, de colinas peladas con cárcavas marcadas dignas de pintura de Giotto o Masaccio, Alaphilippe fue manteniendo la distancia, pidiendo con nerviosismo referencias a los motoristas. Parecía haber envejecido veinte años. Por detrás todo era descoordinación y recelos. Al entrar al circuito lo tenía hecho. Alaphilippe recibió el ánimo de los motoristas de la tele, unos fans más, abducidos por el jujuísmo desde el julio pasado. Alaphilippe por fin se proclamaba campeón del mundo.

En este caso se permite exagerar

 

Por detrás, en la disputa de las medallas, no hubo color: van Aert los sacó de rueda a todos y Hirschi hizo valer su calidad y su ahorro de fuerzas para batir a Kwiatkowski por la mínima. Fuglsang entró quinto y  Roglič cerró el grupo, demostrando que la táctica eslovena, primando la "amistad" al pragmatismo, había sido por completo errónea. Maquiavelo les debería dar una colleja. 

van Aert, papá Alaphilippe y "Otto von" Hirschi, artesano del calzado de la Berna de 1490.


Así nace un nuevo Alaphilippe, uno que recupera su senda de grandes triunfos que iniciara en la Milán - Sanremo del año pasado. A pocos ciclistas les va a sentar tan bien esa prenda con el paso de los años, un maillot que casa muy bien con los sótanos bien repletos de trofeos. Quizá veamos un Alaphilippe más relajado, más comedido, menos pendiente de las cámaras al haber conseguido la consagración absoluta. O quizá justo lo contrario: un Alaphilippe pendiente de "pasear el maillot" o de cambiarlo en julio por el amarillo. Las lágrimas y la emoción en meta eran las propias de alguien que de golpe ha madurado. O al menos eso espero. 

Pues eso, grow up.

 

sábado, 26 de septiembre de 2020

LOS CICLISTAS CON MÁS MUNDIALES ACABADOS DE TODOS LOS TIEMPOS

Finalmente el mundial de ciclismo en ruta va a ser una realidad, después de algunas incertidumbres. Estas se despejaron gracias a que en Italia se ha montado un circuito muy decente en dos brochazos, evitando el bochorno a la UCI de ser el único organizador incapaz de sacar adelante su carrera. El circuito se presenta duro y hay bastantes alternativas, dadas las nuevas fechas, que han vuelto a colocar el mundial justo después del Tour, apenas a una semana de su finalización. Este hecho propicia que tanto los ciclistas que han acabado fuertes el Tour (van Aert, Pogačar, Schachmann, Roglič, Hirschi, Urán) como aquellos que han pasado desapercibidos en las últimas semanas (Valverde, Alaphilippe) puedan destacar, sin olvidar a aquellos que han hecho calendarios alternativos (Fuglsang, Ulissi, Nibali, Matthews).

Como sabrá el lector asiduo de este blog, al mundial siempre se le reserva un puesto preponderante en este espacio, como la mejor carrera de un día del calendario que es. Hoy he preparado una estadística a partir de una base de datos "familiar" a la que he tenido acceso, que recoge todos los participantes de los mundiales en todas sus ediciones. Sí, absolutamente todos. Mi aportación en su elaboración ha sido prácticamente mínima. Es una base de datos creada a partir de muchos años de investigación en periódicos de la época y algún que otro libro especializado (como el de Godaert que cité en la entrada sobre el porcentaje de abandonos en los mundiales). Reitero, mi intervención ha sido mínima: simplemente seleccionar y ordenar los ciclistas, nada más, después de consultar arriba y abajo esa interminable base de datos con todos los participantes de los mundiales en todas sus ediciones. Absolutamente todos, incluyendo los exóticos. 
 
Así pues, este es el resultado: los corredores con al menos 10 mundiales acabados.



Mundiales acabados

Abandonos

Raymond POULIDORFRA17Sachsenring - Hohenstein - Ernstthal 1960 (5º), Bern 1961 (3º), Salò 1962 (25º), Ronse 1963 (5º), Sallanches 1964 (3º), Nürburgring - Adenau 1966 (3º), Heerlen 1967 (24º), Imola 1968 (7º), Zolder 1969 (56º), Leicester 1970 (37º), Mendrisio 1971 (45º), Gap 1972 (33º), Barcelona 1973 (35º), Montréal 1974 (2º), Yvoir 1975 (17º), Ostuni 1976 (24º), San Cristóbal 1977 (32º)1Lasarte 1965
Joop ZOETEMELKNED16Leicester 1970 (52º), Mendrisio 1971 (21º), Gap 1972 (5º), Barcelona 1973 (5º), Yvoir 1975 (5º), Ostuni 1976 (4º), San Cristóbal 1977 (26º), Nürburgring - Adenau 1978 (6º), Valkenburg 1979 (16º), Praga 1981 (21º), Goodwood 1982 (4º), Altenrhein 1983 (38º), Barcelona 1984 (10º), Giavera del Montello 1985 (1º), Colorado Springs 1986 (52º), Villach 1987 (51º)1Sallanches 1980
Sean KELLYIRL13San Cristóbal 1977 (16º), Valkenburg 1979 (9º), Praga 1981 (42º), Goodwood 1982 (3º), Altenrhein 1983 (8º), Giavera del Montello 1985 (35º), Colorado Springs 1986 (5º), Villach 1987 (5º), Ronse 1988 (25º), Chambéry 1989 (3º), Utsunomiya 1990 (5º), Benidorm 1992 (63º), Oslo 1993 (49º)4Nürburgring - Adenau 1978, Sallanches 1980, Barcelona 1984, Stuttgart 1991
Hans JUNKERMANNBDR
13Frascati 1955 (16º), Waregem 1957 (31º), Reims 1958 (7º), Zandvoort 1959 (12º), Sachsenring - Hohenstein - Ernstthal 1960 (6º), Bern 1961 (11º), Salò 1962 (17º), Ronse 1963 (22º), Sallanches 1964 (15º), Lasarte 1965 (21º), Heerlen 1967 (25º), Zolder 1969 (29º), Mendrisio 1971 (38º)4Ballerup 1956, Nürburgring - Adenau 1966, Imola 1968, Gap 1972
Óscar FREIREESP13Valkenburg 1998 (17º), Verona 1999 (1º), Plouay 2000 (3º), Lisboa 2001 (1º), Zolder 2002 (156º), Hamilton 2003 (9º), Verona 2004 (1º), Stuttgart 2007 (14º), Varese 2008 (39º), Mendrisio 2009 (15º), Geelong 2010 (6º), Rudersdal 2011 (9º), Valkenburg 2012 (10º)0
Greg VAN AVERMAETBEL13Stuttgart 2007 (63º), Varese 2008 (17º), Mendrisio 2009 (44º), Geelong 2010 (5º), Rudersdal 2011 (175º), Valkenburg 2012 (25º), Firenze 2013 (23º), Ponferrada 2014 (5º), Richmond 2015 (23º), Doha 2016 (10º), Bergen 2017 (6º), Innsbruck 2018 (50º), Harrogate 2019 (8º)0
Gorazd STANGELJSLO13Valkenburg 1998 (28º), Verona 1999 (45º), Plouay 2000 (13º), Lisboa 2001 (60º), Zolder 2002 (81º), Hamilton 2003 (35º), Madrid 2005 (20º), Salzburg 2006 (32º), Stuttgart 2007 (60º), Varese 2008 (18º), Mendrisio 2009 (48º), Geelong 2010 (44º), Rudersdal 2011 (45º)0
Philippe GILBERTBEL12Madrid 2005 (77º), Salzburg 2006 (92º), Stuttgart 2007 (8º), Varese 2008 (15º), Mendrisio 2009 (6º), Geelong 2010 (18º), Rudersdal 2011 (17º), Valkenburg 2012 (1º), Firenze 2013 (9º), Ponferrada 2014 (7º), Richmond 2015 (10º), Bergen 2017 (17º)3Hamilton 2003, Verona 2004, Harrogate 2019
Jacques ANQUETILFRA12Solingen 1954 (5º), Frascati 1955 (6º), Waregem 1957 (6º), Zandvoort 1959 (9º), Sachsenring - Hohenstein- Ernstthal 1960 (9º), Berna 1961 (13º), Salò 1962 (15º), Ronse 1963 (14º), Sallanches 1964 (7º), Nürburgring- Adenau1966 (2º), Imola 1968 (11º), Zolder 1969 (40º)2Reims 1958, Lasarte 1965
Eddy MERCKXBEL12Lasarte 1965 (29º), Nürburgring - Adenau 1966 (12º), Heerlen 1967 (1º), Imola 1968 (8º), Leicester 1970 (29º), Mendrisio 1971 (1º), Gap 1972 (4º), Barcelona 1973 (4º), Montréal 1974 (1º), Yvoir 1975 (8º), Ostuni 1976 (5º), San Cristóbal 1977 (33º)1Zolder 1969
Alejandro VALVERDEESP12Hamilton 2003 (2º), Verona 2004 (6º), Madrid 2005º (2º), Salzburg 2006 (3º), Stuttgart 2007 (57º), Varese 2008 (37º), Mendrisio 2009 (9º), Valkenburg 2012 (3º), Firenze 2013 (3º), Ponferrada 2014 (3º), Richmond 2015 (5º), Innsbruck 2018 (1º)1Harrogate 2019
Claude CRIQUIELIONBEL12Valkenburg 1979 (22º), Praga 1981 (49º), Goodwood 1982 (41º), Altenrhein 1983 (5º), Barcelona 1984 (1º), Giavera del Montello 1985 (12º), Colorado Springs 1986 (15º), Villach 1987 (10º), Ronse 1988 (11º), Chambéry 1989 (10º), Utsunomiya 1990 (10º), Stuttgart 1991 (49º)1Sallanches 1980
Karsten KROONNED12Plouay 2000 (85º), Lisboa 2001 (83º), Zolder 2002 (149º), Hamilton 2003 (88º), Verona 2004 (20º), Madrid 2005 (52º), Salzburgo 2006 (16º), Stuttgart 2007 (56º), Varese 2008 (43º), Mendrisio 2009 (20º), Geelong 2010 (47º), Valkenburg 2012 (55º)0
Mauro GIANETTISUI11Ronse 1988 (5º), Chambéry 1989 (33º), Stuttgart 1991 (40º), Duitama 1995 (4º), Lugano 1996 (2º), Donostia/San Sebastián 1997 (12º), Valkenburg 1998 (35º), Verona 1999 (27º), Plouay 2000 (21º), Lisboa 2001 (50º), Zolder 2002 (67º)3Utsunomiya 1990, Oslo 1993, Agrigento 1994
Michael BOOGERDNED11Donostia/San Sebastián 1997 (50º), Valkenburg 1998 (6º), Verona 1999 (14º), Plouay 2000 (11º), Lisboa 2001 (43º), Zolder 2002 (109º), Hamilton 2003 (5º), Verona 2004 (7º), Madrid 2005 (18º), Salzburgo 2006 (28º), Stuttgart 2007 (12º)3Agrigento 1994, Duitama 1995, Lugano 1996
Rolf SØRENSENDEN11Colorado Springs 1986 (27º), Villach 1987 (8º), Ronse 1988 (17º), Chambéry 1989 (9º), Benidorm 1992 (18º), Oslo 1993 (35º), Agrigento 1994 (6º), Duitama 1995 (9º), Valkenburg 1998 (50º), Verona 1999 (13º), Plouay 2000 (63º), 3Utsunomiya 1990, Stuttgart 1991, Lisboa 2001
Beat ZBERGSUI11Benidorm 1992 (44º), Oslo 1993 (59º), Lugano 1996 (36º), Valkenburg 1998 (33º), Verona 1999 (16º), Plouay 2000 (27º), Lisboa 2001 (10º), Zolder 2002 (75º), Hamilton 2003 (21º), Salzburg 2006 (97º), Stuttgart 2007 (17º)2Agrigento 1994, Donostia/San Sebastián 1997
Marino LEJARRETAESP11Praga 1981 (15º), Goodwood 1982 (5º), Altenrhein 1983 (25º), Barcelona 1984 (13º), Giavera del Montello 1985 (57º), Colorado Springs 1986 (56º), Villach 1987 (38º), Ronse 1988 (74º), Chambéry 1989 (11º), Utsunomiya 1990 (21º), Stuttgart 1991 (49º) 1Sallanches 1980
Robert MILLARGBR11Sallanches 1980 (11º), Praga 1981 (14º), Altenrhein 1983 (37º), Barcelona 1984 (6º), Giavera del Montello 1985 (10º), Villach 1987 (52º), Ronse 1988 (48º), Chambéry 1989 (30º), Utsunomiya 1990 (36º), Stuttgart 1991 (48º), Agrigento 1994 (51º) 1Oslo 1993
Francesco MOSERITA10Montréal 1974 (7º), Yvoir 1975 (11º), Ostuni 1976 (2º), San Cristóbal 1977 (1º), Nürburgring - Adenau 1978 (2º), Praga 1981 (6º), Goodwood 1982 (26º), Giavera del Montello 1985 (54º), Colorado Springs 1986 (66º), Villach 1987 (66º) 4Valkenburg 1979, Sallanches 1980, Altenrhein 1983, Barcelona 1984
Dmitri KONYSHEVURS / RUS10Chambéry 1989 (2º), Utsunomiya 1990 (30º), Benidorm 1992 (3º), Oslo 1993 (50º), Agrigento 1994 (5º), Duitama 1995 (7º), Verona 1999 (9º), Zolder 2002 (19º), Hamilton 2003 (14º), Verona 2004 (25º) 4Lugano 1996, Donostia/San Sebastián 1997, Plouay 2000, Lisboa 2001
Rik VAN LOOYBEL10Ballerup 1956 (2º), Waregem 1957 (4º), Zandvoort 1959 (38º), Sachsenring - Hohenstein - Ernstthal 1960 (1º), Bern 1961 (1º), Salò 1962 (30º), Ronse 1963 (2º), Sallanches 1964 (32º), Imola 1968 (15º), Zolder 1969 (24º)3Solingen 1954, Reims 1958, Lasarte 1965
Jørgen MARCUSSENDEN10Ostuni 1976 (17º), San Cristóbal 1977 (27º), Nürburgring - Adenau 1978 (3º), Valkenburg 1979 (39º), Sallanches 1980 (8º), Goodwood 1982 (13º), Altenrhein 1983 (34º), Giavera del Montello 1985 (23º), Colorado Springs 1986 (38º), Villach 1987 (39º)3Praga 1981, Barcelona 1984, Ronse 1988
Gianni BUGNOITA10Colorado Springs 1986 (81º), Villach 1987 (62º), Ronse 1988 (52º), Chambéry 1989 (8º), Utsunomiya 1990 (3º), Stuttgart 1991 (1º), Benidorm 1992 (1º), Lugano 1996 (12º), Donostia/San Sebastián 1997 (56º), Valkenburg 1998 (51º)2Oslo 1993, Duitama 1995
Giuseppe SARONNIITA10San Cristóbal 1977 (9º), Nürburgring - Adenau 1978 (4º), Valkenburg 1979 (8º), Praga 1981 (2º), Goodwood 1982 (1º), Altenrhein 1983 (17º), Giavera del Montello 1985 (24º), Colorado Springs 1986 (3º), Villach 1987 (48º), Ronse 1988 (59º) 1Sallanches 80
Felice GIMONDIITA10Nürburgring - Adenau 1966 (11º), Heerlen 1967 (29º), Imola 1968 (6º), Leicester 1970 (3º), Mendrisio 1971 (2º), Gap 1972 (10º), Barcelona 1973 (1º), Yvoir 1975 (16º), Ostuni 1976 (7º), San Cristóbal 1977 (11º)1Montréal 1974
Tom BOONENBEL10Zolder 2002 (38º), Hamilton 2003 (17º), Madrid 2005 (1º), Salzburgo 2006 (9º), Varese 2008 (38º), Mendrisio 2009 (38º), Valkenburg 2012 (12º), Ponferrada 2014 (49º), Richmond 2015 (35º), Doha 2016 (3º)1Verona 2004
Sylvain CHAVANELFRA10Hamilton 2003 (84º), Madrid 2005 (67º), Salzburgo 2006 (45º), Stuttgart 2007 (67º), Varese 2008 (53º), Mendrisio 2009 (29º), Geelong 2010 (63º), Rudersdal 2011 (70º), Valkenburg 2012 (57º), Ponferrada 2014 (77º)1Lisboa 2001
Fabian WEGMANNGER10Hamilton 2003 (87º), Verona 2004 (33º), Madrid 2005 (97º), Salzburg 2006 (54º), Stuttgart 2007 (9º), Varese 2008 (7º), Mendrisio 2009 (11º), Geelong 2010 (14º), Valkenburg 2012 (27º), Firenze 2013 (55º0
 
Sorprende la presencia de muchos ciclistas de las últimas décadas y ninguno de antes de la II Guerra Mundial, incluso de la década de los cincuenta. Hay un elemento determinante que explica este hecho: el número de participantes. Antes de 1953, la participación era muy poco numerosa. Es interesante observar la distribución del número de corredores por país, en el caso de las grandes selecciones. 
 
Pasando por alto la edición de 1927, en la que corrieron mezclados profesionales y amateurs, la evolución del número de corredores de las selecciones con más representantes ha sido del modo siguiente:  
 
 
EdicionesNúmero de corredores por gran selección
1928 - 19343
1935 - 1939 / 1946 - 19474
1948 - 19526
1953 - 19688
1969 - 197610
1977 - 200412
2005 ...9
 
Por tanto, los ciclistas que han disputado mundiales entre 1977 y 2004 han tenido más posibilidades de ser seleccionados. No hay que descartar otros elementos que pueden haber favorecido o perjudicado a ciertos ciclistas en esta clasificación. En primer lugar, pertenecer a una selección "menor" beneficia al ciclista para ser seleccionado, al tener menos competencia de entrada. Puede ser el caso de Kelly con Irlanda o Stangelj con Eslovenia. En otros casos, la existencia de pocos profesionales en ese momento en una nación ha podido beneficiar a los pocos que sí lo eran. Puede ser el caso de Hans Junkermann con la República Federal Alemana o los daneses Sørensen y Marcussen. Pero no nos engañemos: incluso un corredor de una selección potente como Sylvain Chavanel pudo beneficiarse de pertenecer a una generación francesa ligeramente más débil (o con menos competencia) que las inmediatamente anteriores. 
 
En esta clasificación quedan fuera corredores con muchos mundiales iniciados, que sin embargo no llegaron a los 10 acabados. Corredores en muchos casos destinados a las labores de equipo, que no consideraron necesario completar algún mundial, al no ser esa su tarea. Destacan los casos de Matthew Hayman, con 15 mundiales iniciados (8 acabados) y Rolf Aldag con 14 (7 acabados). Dignos de mención son los casos de algunos gregarios de grandes selecciones, con más competencia para ser seleccionados año tras años, como Mario Aerts y Marc Wauters para Bélgica (con 10 mundiales iniciados, 6 acabados para el primero y 5 para el segundo), Marino Amadori para Italia (con 10 mundiales iniciados, pero tan sólo 4 acabados), o Maarten den Bakker (12 iniciados, 6 acabados) y Koos Moerenhout (con 10 iniciados y 5 acabados) para los Países Bajos. 
 
Sean Kelly y Claude Criquielion

Raymond Poulidor (2º) y Eddy Merckx (1º) en Montréal 1974. Mariano Martinez en el tercer puesto.

 

Joop Zoetemelk vence en Giavera del Montello 1985.


Greg Van Avermaet en Harrogate 2019.


Gorazd Stangelj (Mendrisio 2009)