viernes, 10 de julio de 2026

Y AL SEXTO DÍA, ARRASÓ

Como era previsible, el Tour ha quedado dictado para sentencia en el sexto día de competición. Pogačar no ha tenido clemencia con sus rivales, recogiendo el guante que la organización le había tendido, en forma de etapa que se acoplaba a sus características como anillo al dedo. El menú ofertado seguía la receta de puerto duro de paso, más final en falsopiano. Un Mortirolo + Aprica en toda regla. Los organizadores no creo que estuviesen pensando en estas sutilezas, sino más bien su objetivo había sido el de buscar un rincón inexplorado, un paraje virgen en lo que al Tour se refiere, en el que se pudiesen demorar un rato los helicópteros con sus tomas aéreas: el circo glaciar de Gavarnie, con una impresionante cascada. En ese sentido, Pogačar ha completado su parte de trabajo, añadiendo a la belleza del lugar la estética de su propio ataque lejano. Vingegaard, por su parte, se ha defendido como bien ha podido, siendo el primero de los demás, pero encajando en meta una diferencia abismal (2'38'') para las alturas de Tour en las que nos encontramos. De todas maneras, no todos mis pronósticos se han cumplido, puesto que Torstein Træen no solo no ha aguantado de líder, aun con escasa renta, sino que se descolgó bien pronto en el Tourmalet, se cayó durante el descenso, en una maniobra algo tonta con su compañero de equipo Anders Johannessen, y hoy no tomará la salida. 

¿Os habéis divertido?

Lo que realmente querían mostrar. Foto de @JouMike

La etapa proponía un recorrido particular. El clásico encadenado de Aspin y Tourmalet, al que se añadía el final inédito de Gavarnie-Gèdre, 18,7 kilómetros de subida al 3 %. Una subida más bien tendida, en la Pogačar pudiese aprovechar sus dotes de rodador-escalador. Por tanto, la etapa colocaba en el centro de todas las miradas al Tourmalet, puerto clásico donde los haya. Puerto muy español, como dirían algunos (y que ayer lo fue bien poco). Un puerto que llegó a convertirse, durante el pasado reciente que todos recordamos, en un mero trámite. Voigt y Cancellera coronándolo en pelotón, ahí lo dejo. En los últimos tiempos, con el incremento del nivel de ciertos corredores hasta un punto inimaginable, el Tourmalet ha recuperado su magia, su carácter áspero, de puerto duro, que no hace prisioneros. Su belleza salvaje, a fin de cuentas, reactualizada y alejada de batallitas, cantadas con el soniquete radiofónico de los Ares y compañía. De hecho, esta vez se ha vuelto a batir el récord de ascensión por la vertiente de La Mongie, un récord que ya estaba en manos de Vingegaard y Pogačar en la fabulosa ascensión de 2023, esta vez superada. No solo Pogačar ha hecho una ascensión más rápida, sino también Vingegaard, Seixas, Lipowitz, Del Toro, Evenepoel, Ayuso, Skjelmose, Martinez y Kuss. 

Torstein se las prometía muy felices al principio de la etapa, imitando a Vingegaard con su beso a cámara.


La etapa comenzó con una escapada de Campenaerts, a la que se sumaron Pedersen y Artz para los puntos de la regularidad. La táctica de Visma de lanzar gente por delante no resultó, puesto que algunos equipos de sprinters se añadieron al control ejercido por UAE sobre la carrera, en su caso para intentar cazar a Pedersen. Huub Artz fue obligado a abandonar la fuga por los árbitros, debido a su posición incorrecta sobre la bicicleta, con los antebrazos sobre el manillar, y la fuga fue finalmente cazada. O'Connor lo intentó a continuación, pero los UAE tenían una misión ese día. Florian Vermeersch en el llano, y más tarde Politt y Wellens en el Aspin, marcaron el ritmo. Este fue tan intenso en el Aspin que la carnicería comenzó muy pronto. Wellens continuó con su fuerte ritmo en el primer tramo de ascensión al Tourmalet. De nuevo volvía ese subgénero del ciclismo, el de los percherones que se convierten en escaladores por un día. Un subgénero de terror en el que ha habido grandes protagonistas históricos, desde gente medio anónima, como Pavel Padrnos, a campeones explotados en labores ingratas, como Boasson Hagen.

Uno suda, el otro no. 


Una vez retirado Wellens, el turno fue para Großschartner, más tarde para McNulty y, brevemente durante el tramo de las galerías, para Adam Yates. Los UAE habían montado un tren cremallera que hubiese hecho las delicias de Bruyneel y Brailsford, un poco en la línea de aquella ofensiva inicial del Visma en Plateau de Beille en 2024, cayendo entonces por mucho el récord de Pantani. El grupo delantero era cada vez más reducido, habiéndose quedado bien pronto el líder Torstein Træen, pero también otros corredores destacados como Jorgenson, Pidcock o Arensman. Uijtdebroeks acabaría retirándose. A falta de 43 kilómetros, le tocó el turno a Del Toro, el último hombre antes del inminente ataque de Pogačar. La aceleración del mexicano dejó al grupo completamente roto, con Vingegaard y Seixas como los rivales más cercanos. En las empinadas rampas de La Mongie, el tramo más duro,  Pogačar se marchó solo. Quedaban 42,7 kilómetros para meta, pero, bien mirado, según sus cálculos eran tan solo cinco kilómetros de subida a tope, veinte de bajada suicida, y unos dieciocho de subida pedaleable. En esos instantes se vivió el momento más bello de la jornada, con un pulso en la distancia entre Vingegaard y Pogačar. El danés no parecía ir mal del todo; parecía haber dejado que Pogačar se marchase por delante, siguiendo él su propio ritmo. Llegó a estar tan solo a seis segundos de atraparlo, pero se le acabó escapando en los últimos dos kilómetros de ascensión, en las últimas curvas hasta la caseta del restaurante. En ese momento, la expresión de su rostro había cambiado: ligeramente descompuesta, la propio de un gato al que se le dan a oler cosas que no le gustan. 

El momento del ataque. Por un momento pareció que iban a hacer primero y segundo. 

La expresión cambia. El momento en el que las cosas empiezan a ir mal para Vingegaard. 


New climbing record! Y por dos minutos. Y no solo él. Otra vuelca de tuerca en el ciclismo.


Pogačar pasó por el alto con 30'' de ventaja sobre Vingegaard y 1'26'' sobre un terceto compuesto por Seixas, Lipowitz y Del Toro. Un poco después pasarían Evenepoel, Skjelmose, Ayuso, Lenny Martinez y Kuss. Comenzaba el descenso. Pogačar parecía dispuesto a cancelar ese falso mito según el cual baja mal. De hecho, hizo la bajada mucho más rápido que todos sus oponentes. Bien es cierto que la bajada del Tourmalet beneficia a aquellos que ruedan más rápido, puesto que, tras un primer tramo complicado, luego son grandes rectas con mucha pendiente negativa, en las que se alcanzan altas velocidades (107 km/h, marcaba la moto en algún punto). En el primer tramo de curvas, Pogačar había ganado unos cuatro segundos sobre Vingegaard, que tampoco es manco bajando. Al finalizar el descenso, esa diferencia se había ampliado notablemente: 1'12'' sobre Vingegaard, 1'49'' sobre el terceto de Seixas, Lipowitz y Del Toro, alcanzado por el grupo de Evenepoel. Por tanto, el descenso fue a fondo, sin concesiones. No fue un mal descenso, sino justamente todo lo contrario: un descenso velocísimo, que nos permite comprender cómo pudieron ser las bajadas de Merckx en 1969 o Induráin en 1993 por esta misma vertiente. 

Foto de poster. 


En la subida final, a Gavarnie - Gèdre, se vivió lo esperado: una contrarreloj individual entre Pogačar y Vingegaard, y una creciente descoordinación y mal rollo en el grupo de Evenepoel, con precisamente el belga adoptando su ya habitual actitud de reclamar relevos a malas. En honor a la verdad, él era el único implicado en darlos; ni su líder Lipowitz, ni los dos Lidl - Trek entraban con igual intensidad, por no hablar de Martinez, agazapado en la parte trasera del grupo. Ni siquiera Seixas, con el que Evenepoel fue especialmente educado. Lo que el belga debería haber hecho, en vez desahogarse luego delante de los micrófonos, hubiera sido atacar y largarse en una ascensión que le era realmente propicia. Había logrado salvar el Tourmalet, su Moloch personal: lo que venía a continuación solo podía serle favorable. Pero algo no funciona bien en esa cabeza, o al menos no tan bien como en la de sus rivales generacionales, Pogačar y Vingegaard. En fin, en ese largo ascenso, en un paraje húmedo y realmente hermoso, Pogačar infligió el golpe de gracia a sus rivales. Las distancias se ampliaron hasta los 2'38'' a Vingegaard y los 2'57'' al grupo de perseguidores, encabezado por Del Toro, que privó a Evenepoel de la bonificación. 

Pogačar, siempre consciente del poder de las cámaras, aconseja a Del Toro atacar menos fuerte. Dice, el muy bribón, que casi se lo deja. 

Otro que usa las cámaras, pero en un sentido diametralmente opuesto: no para quedar bien, sino para abroncar. Hoy le tocaba a Lipowitz. 

¿En qué posición ubicaríamos esta exhibición de Pogačar? No hace falta decir que en su trayectoria hay muchas, quizá demasiadas, pero esta, dados los rivales, el escenario, la prueba y las diferencias obtenidas, se sitúa entre sus mejores. Quizá un poco por debajo de su primer mundial de Zürich (el de Kigali, al ser repetición de la jugada, con ayudita de Del Toro, se valora un poco menos, pero fue también una salvajada). La crono de La Planche fue su momento seminal, y por ello será uno de sus momentos más recordados; Plateau de Beille y Hautacam fueron performances masacrantes, pero de último puerto, al más puro estilo Armstrong. En las clásicas ha habido innumerables momentos, pero se solapan un tanto en el recuerdo, dada la repetición y los lugares de ataque escogidos (Sante Marie, Oude Kwaremont, La Redoute, Passo di Ganda...). Seguramente esta vez, por entroncar con la larga historia del Tourmalet, sea uno de sus momentos más recordados. Top 5, como decía en meta el propio Pogačar. 

We'll see in Paris. For shhhure.  

No solo de Mbappé vive Francia.

¿Y ahora qué? ¿Queda Tour? Ahora viene una larga semana de etapas para los sprinters y para las fugas. Queda Le Lioran (talón de Aquiles pogacariano), Le Markstein, el Plateau de Solaison, el Alpe d'Huez. Se supone que lo más importante del Tour todavía no ha empezado, pero la impresión es de que la carrera está muerta. Pogačar dispone de ventaja suficiente como para controlar, pero, sabiendo como corren en su equipo, intentará ganar en todos esos sitios antes nombrados, o favorecer las opciones de pódium de Del Toro. Es una pena que solo haya una crono, puesto que Evenepoel ha estado francamente bien en el Tourmalet. Debería intentarlo antes de los Alpes, en alguna etapa rompepiernas: si alguien es capaz de hacer del llano quebrado un terreno de desgaste para sus rivales, ese es él.  


TOUR DE FRANCIA
ETAPAS
6ª et.
Pau - Gavarnie-Gèdre186,2 km
Subidas: Loucroup (4ª cat), Mauvezin (3ª cat), Aspin (1ª cat.), Tourmalet (HC), Gavarnie - Gèdre (2ª cat)
1Tadej PogačarUEX4h32'07''
2Jonas VingegaardTVL2'38''
3Isaac Del ToroUEX2'57''
4Remco EvenepoelRBHm.t.
5Paul SeixasDCTm.t.
6Florian LipowitzRBHm.t.
7Juan AyusoLTKm.t.
8Mattias SkjelmoseLTKm.t.
9Lenny MartinezTBV3'02''
10Sepp KussTVL3'07''
LíderTadej PogačarUXM


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