En este Tour extraño, una fuga bidón fue la protagonista del cuarto día, con meta en Foix. En el día anterior, en Les Angles, muchos ciclistas se dejaron tiempo, seguramente a posta, para poder entrar en la fuga buena de un día destinado a ellas. Hubo bastante tira y afloja en la parte inicial de la etapa, y finalmente UAE dejó hacer, de forma ostentosa (este año, los regalos lo están siendo). Se colaron nada menos que una treintena de corredores en la fuga del día, siendo el recorrido el que se encargó de descremar un poco la situación. En la selección final se filtraron tres corredores de Lidl - Trek, Simmons, Vacek y la estrella, Pedersen. Controlaron a placer todo el tramo final, con un Vacek inconmensurable, ubicuo, desconocedor de la fatiga. Los últimos diez kilómetros de la etapa fueron suyos, evitando cualquier conato de ataque, sobre todo por parte de Castrillo (también acompañado por García Pierna).
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| No era necesaria tanta potencia, Mads, les ibas a ganar igual. |
Pedersen se pasó con su sprint, sacando varias bicis a sus rivales. Aunque parezca mentira, solo era su segunda etapa de Tour. Fue un día de canicule, apto para que muchos desempolvasen el baúl de los recuerdos, hablando de asfaltos derretidos y pegajosos (la brea) y el siempre ha sido así. Vamos a ver, el calor no es nuevo en el Tour, pero lo que se vio por la tele fue una Francia reseca, con los campos recién segados aumentando la sensación visual de aridez. Aquello no parecía Occitania, sino más bien el otro lado de los Pirineos. En otro orden de cosas, en la fuga no todos eran corredores con tiempo perdido a propósito (o sin propósito). También estaban allí Sean Quinn, corredor norteamericano de EFE, relativamente anónimo, aunque ya lleva dos Vueltas y un Tour corridos (y acabados entre los 100 primeros), y sobre todo Torstein Træen. Uno que ya se vio en una de esas en la Vuelta pasada, aunque la memoria lo haya olvidado, debido a la damnatio memoriae que rodea a la pasada Vuelta. De esta manera, dada la minutada que perdió el pelotón, Træen lidera ahora la clasificación con 7:53 sobre Pogačar, con Quinn a 28 segundos. La aventura del noruego, de antepasados japoneses, seguramente supere el día del Tourmalet, aunque con escasa renta. Lo que sí puede amarrar es un puesto en el top-ten, como ya hizo el año pasado en la Vuelta.
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| En todos los medios se ha vuelto ha hablar de su cáncer superado. O del que se afortunadamente se curó, mejor dicho. |
En cuanto a la etapa de ayer, con final en Pau, la primera con un recorrido completamente favorable a los sprinters, tuvo el desarrollo anodino esperado: fuga de un único corredor, Baptiste Veistroffer (huérfano sin De Lie) y persecución cocinada a fuego lento. Poco antes del sprint hubo una caída, en la que el líder se fue al suelo (entró en meta con una maneta torcida) y sobre todo Molenaar, del Caja Rural, con conmoción cerebral. Sin embargo, el sprint fue claro, limpio, lanzado a gran velocidad por los Astana. Merlier había perdido a Stuyven y van Baarle en la caída, y estaba mal colocado. También Philipsen, que no contó con van der Poel para la colocación final, ni piernas propias para defenderse. De esta manera, Olav Kooij fue el que aprovechó la labor de los Astana y los Cofidis, con un sprint majestuoso, que justifica su presencia en el equipo de Seixas. El neerlandés había esperado durante varios años su oportunidad para correr el Tour, recibiendo reiteradamente un portazo en las narices como respuesta, al compartir equipo con van Aert y Vingegaard. Ahora, en este equipo francés con ínfulas y dinero de gran equipo, ha conseguido por fin su objetivo. No será la única etapa que se lleve. De momento, las etapas no las están ganando mindundis.
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| Las caídas antes de los últimos cinco kilómetros hicieron que solo disputara la etapa un grupo reducido de corredores. |
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| Kooij justifica el cambio de equipo. |
Hoy toca el primer encadenado real de montaña, con Aspin, Tourmalet y el inédito final en Gavarnie-Gèdre. Los porcentajes tendidos del final invitan a un ataque lejano en el Tourmalet, pudiéndose repetir la prodigiosa ascensión de 2023. Toda una invitación a que Pogačar haga una de las suyas y sentencie el Tour en el sexto día de carrera. Veremos qué tal se desenvuelve Seixas, y también el grado de igualdad entre Vingegaard y su némesis eslovena.




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