Ya se sabía de la calidad de Carlos Rodríguez. Su característica principal parecía ser la constancia, esa capacidad para aguantar sufriendo siempre a rueda de otros. Ese parecía ser su leitmotiv, al menos hasta ayer, día en el que se destapó como un corredor atento, capaz de aprovechar con valentía las oportunidades. También se mostró como un gran bajador, uno que no necesita hacer giros bruscos ni números circenses, sino que baja rápido con seguridad. Su triunfo en Morzine, sumado al del día anterior de Kwiatkowski, logra revitalizar a un equipo que parecía haber entrado en una fase de decadencia. Como corredor regular y fiable, el equipo británico no debería deshacerse de él, puesto que parece destinado a ser el líder de grandes vueltas que va a necesitar con urgencia en un futuro inmediato.