La temporada de 2026 se aproxima a su final, con su habitual ciclo de carreras otoñales italianas. A la espera de la última gran cita del año, el Lombardía, se están disputando en estas fechas semi-clásicas con mucha historia tras de sí, y con algunos problemas perennes a resolver. Estas carreras, en manos de organizaciones pequeñas, familiares o locales, tienen ese punto artesanal que las liga con el ciclismo de antes, pero también con las deficiencias de seguridad que parecen congénitas a las carreteras italianas. Es bastante habitual que los ciclistas se topen con coches parados a última hora por los voluntarios o con coches mal aparcados. La UCI parece no estar todo lo pendiente que debería de estos asuntos, puesto que su interés oculto parece el de de sacar pasta exportando el ciclismo a otros países, y no tanto preservarlo allí donde lleva mucho tiempo enraizado.