miércoles, 13 de julio de 2022

TODO POR DECIDIR

Podría decirse que desde la etapa del murito de les Belles Filles, la carrera ha entrado en una fase de estancamiento, pero en realidad todo está todavía por llegar. Las dos próximas etapas se presentan como decisivas, a falta de lo que decida por su propia cuenta el covid. Mientras tanto, para matar la espera, ¿qué imágenes nos han dejado estos días? Un sprint fácil de van Aert en subida, la resurrección de Jungels, los escapados tirados en el suelo nada más cruzar la meta del Altiport de Megève, un líder tranquilo en apariencia, pero que sprinta siempre que puede para obtener segundos o bonificaciones y unos rivales dispuestos a transitar la frontera que separa la paciencia del conservadurismo. 

En el final de Lausana se vio una vez más la potencia casi imbatible de van Aert en grupos reducidos. Apenas tuvo que hacer esfuerzo para encontrar su hueco y rebasar a Matthews y Pogacar en los últimos metros, cuando la pendiente suavizaba. Es más fácil ganar así que tras largas escapadas, claro está. También quizá tenga menos brillo. Pero cada generación parece poseer unas afinidades que les empujan a obrar sin voluntad: si la generación de los ochenta se caracteriza por la duración y la de 1990 por las esperanzas frustradas, la de mediados y finales de los noventa está dotada de un punto de soberbia e insensatez que les hace privilegiar el ataque loco al resultado fácil. Quieren ser ubicuos y a veces se dan duchas frías de realidad, pero el espectador agradece el camino recorrido.

"It means something extra", improvisa van Aert ante la absurda pregunta del periodista del Tour sobre qué significa ganar en el estadio "olímpico". 

 

En las siguientes etapas se ha cumplido un patrón similar: escapada peleada y bastante numerosa, algún ciclista infiltrado que desde una segunda línea puede dar un gran salto en la clasificación, trabajo de UAE en el pelotón y ausencia de ataques importantes. En la primera etapa con encadenado montañoso, se asistió a la resurrección inesperada de Bob Jungels. El luxemburgués llevaba tres años en el más absoluto anonimato, aquejado de las secuelas de la salida de la manada, muchísimo más persistentes que las del covid. Decidió escaparse del grupo de fugados bien pronto, cuando quedaban todavía 60 kilómetros a meta, lo que significa la ascensión al col de la Croix, el descenso, unos diez kilómetros de llano y la ascensión final al Pas de Morgins, más los últimos kilómetros de bajada y subida. La decisión de la etapa fue un bello duelo entre la elegancia del pedaleo siempre compuesto de Jungels y el estilo espasmódico de Pinot por detrás. La habilidad en el descenso decantó la balanza en favor de Jungels e incluso el frágil francés, cuya persecución fue magnificada por la realización, fue superado en última instancia por el dúo de Castroviejo y Verona, gracias al empeño del primero. Al vasco le dieron vía libre cuando ya estaba claro que no iba a haber movimientos por detrás, pero fue demasiado tarde para él. El pelotón mantuvo la diferencia siempre en torno a los tres minutos, debido a la presencia "peligrosa" de Rigoberto Urán (que acabó desfondándose y perdiendo siete minutos). 

Jungels saliendo de un agujero de gusano desde la Lieja de 2018.

 

Llegó el día de descanso y con él los test de la organización. Todos fueron negativos, al contrario de lo que sucedió antes y después en algunos controles internos de los equipos, a resultas de lo cual Laengen, Guillaume Martin, Durbridge y George Bennett se fueron para casa. No así Rafal Majka, que a pesar de dar positivo se mantiene en carrera por "carga viral baja". Vistas las bajas en UAE, podría decirse que el principal rival de Pogacar a día de hoy es la posibilidad de contagio. La enfermedad debería comenzar a tratarse como lo que es a estas alturas, al menos entre gente joven y presumiblemente sana como los integrantes del pelotón: solo se deberían marchar a casa aquellos a los que realmente la enfermedad les impida rendir al cien por cien. Ello no quita que se deban extremar las medidas de seguridad para evitar un contagio masivo que sí podría poner el riesgo la viabilidad de la prueba, aunque resulte paradójico y agotador a estas alturas. Algunos equipos deberían hacerlo por cuenta propia, porque la principal amenaza para perder la carrera puede venir de ahí. 

 

Volviendo al estado de naturaleza.

 

Con el ambiente enrarecido por las bajas de UAE y la presencia incómoda de Majka en el grupo, la etapa de Megève tuvo las mismas características que la anterior (fuga peleada y numerosa, corredor infiltrado peligroso para la general, dejadez de UAE, ausencia de ataques destacados), pero extremadas. Pogacar se mantuvo durante gran parte de la etapa en la panza del grupo, rodeado de corredores de otros equipos (Bahrain, Bike Exchange), mientras sus compañeros marcaban el ritmo delante. Esta vez se coló Lennard Kämna delante, colocándose durante gran parte de la etapa como maillot amarillo virtual, gracias a su diferencia superior a los 8'43''. Si detrás apenas ha habido movimiento e interés, la lucha por la etapa ha estado francamente interesante, con bastantes alternativas: Bettiol primero, más tarde Zimmermann y el italiano y al coronar, un ataque de Luis León Sánchez que parecía bastante peligroso, al contar detrás con Fred Wright en el papel de vigilante. 

 

Une partie en campagne.

 

Finalmente Luis León Sánchez fue alcanzado por Matteo Jorgenson y Nick Schultz, y más tarde por Dylan van Baarle, que amagó con atacar nada más coger. En la rampa final, casi la más dura de toda la tendida y larguísima subida, los cuatro de delante fueron cazados por el resto de escapados, comandados por Benjamin Thomas. El sprint se dirimió por la mínima entre Nick Schultz y Magnus Cort Nielsen, que obtenía finalmente la victoria y podía redimirse con un triunfo de verdad de sus días de payasadas en Dinamarca. Por detrás, como sucedería ya en la etapa anterior a la jornada de descanso, Pogacar intentó distanciar a sus rivales con un ataque/sprint de 100 metros. No obtuvo nada (los jueces no picaron un segundo, a pesar de la visible diferencia), pero sí conservó gracias a ese sprint el maillot amarillo. 

Sprint agónico entre Schultz y Cort Nielsen.

 
 La diferencia estuvo, el segundo no. 

Más allá de conjeturas sobre conservar o ceder el amarillo, lo que llama la atención es el nerviosismo de Pogacar, que se deja vislumbrar bajo su capa de relajación a través de tanto sprint en las metas, en pos de segunditos. Pareciera que no las tiene todas consigo y quisiera así distanciar a Vingegaard a toda costa, algo que siempre es mala señal. También podría interpretarse como una necesidad casi física de dejar constancia de su presencia en todo momento, por si acaso tiene que marcharse por la puerta de atrás debido a un positivo relacionado con los casos de covid en su equipo. Lo cierto es que la pasividad de sus adversarios, rayana en la desidia, contrasta notablemente con esa agresividad de Pogacar, inane por otro lado. También podría ser una manera de manifestar fortaleza en un momento en el que el equipo hace aguas por todas partes. Aunque tampoco habría que minusvalorar a su formación: si bien es presumible que Majka vaya para atrás (cosa que debería hacer simplemente por trayectoria y edad), ahí están Soler y McNulty. El catalán ha demostrado poderío cuando se le ha pedido trabajar y el norteamericano apenas se ha mostrado hasta el momento. Tampoco hay que descartar alianzas de última hora y a la desesperara: no sería la primera vez en el ciclismo (recuérdese el papel de Hesjedal y Kruijswijk en el Giro de 2015). En fin, que todavía está todo por decidir y esto no es más que escribir por escribir. 

 

Día de auténtico ciclismo (en la fuga).

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