lunes, 25 de julio de 2022

ABUSONES

El Tour ha finalizado con la grata impresión general de haber superado con creces las expectativas previas. La gran carrera de julio ha vuelto a capturar la imaginación del aficionado, después de años de marasmo y siestas. El público de este año ha debido sentir una conexión invisible con ese pasado romantizado de tardes con la oreja pegada al transistor, escuchando los grandes duelos de antaño. No en vano, han sido generalizadas las afirmaciones de estar asistiendo al mejor Tour en X años. Pero más allá de estas apreciaciones subjetivas de las que se nutre la fábula y el sentir popular, no se va nada desencaminado si se establecen las pertinentes conexiones con el pasado. Ha sido un Tour de record, en concreto de velocidad (42,026 km/h), superando al Tour más rápido, el de 2005, en el cénit de la era Armstrong. Pero si entonces la velocidad iba acompañada del control (como en un anuncio de coches), esta vez la velocidad ha sido el claro reflejo de una carrera alocada, anárquica, frenética, a veces desquiciada. Al menos, la velocidad ha sido palpable, se ha visto, se ha disfrutado. Igualmente, hay que remontarse a 1997 para encontrar a un equipo que haya ganado el maillot amarillo y el verde. En aquel momento fue el Telekom de Ullrich y Zabel, esta vez el Jumbo de Vingegaard y van Aert, con el añadido de record de puntuación por parte del belga en la clasificación por puntos. También las diferencias de tiempo parecen de otra época: el tercer clasificado a siete minutos, el décimo a casi veinticino...En resumen, ha habido un equipo que ha abusado de su superioridad, doblegando al resto del pelotón. 

 

Los Jumbo y el pelotón.

Pogacar lo ha intentado, pero Jumbo, Nelson y Kearny han hecho esto con él.

Las últimas etapas han sido un claro reflejo de ello. Después de la sentencia del Tour en Hautacam, Jumbo volvió a brillar en la meta de Cahors, con un tercer protagonista: Christophe Laporte. La etapa se preveía movida, debido a que era la penúltima oportunidad para los sprinters (los grandes olvidados de este Tour) y también para los rodadores. De hecho, se formó prácticamente de salida una fuga de lujo, formada por Nils Politt, Mikkel Honoré, Matej Mohorič, Quinn Simmons y Taco van der Hoorn: una fuga que podía poner en serios aprietos al pelotón. Alpecin y Lotto pusieron mucho empeño en la persecución, no permitiendo que alcanzara una diferencia superior a los dos minutos. La fuga perdió primero a Politt y más tarde a Honoré y van der Hoorn, pero cuando parecía que iban a ser todos absorbidos, Mohorič y Simmons se mantuvieron por delante. Simmons se deshizo del esloveno en la cota de la ciudad medieval de Lauzerte, marchando un tiempo por delante del pelotón, exhibiendo sus precoces cualidades de rodador curtido. Una vez cazado, y después de un ataque medio broma, medio en serio de Pogačar en el descenso de la cota de Saint-Daunès, se formó una segunda fuga, con Jasper Stuyven, Alexis Gougeard y Fred Wright.

Esta segunda fuga llegó viva hasta el último kilómetro, a pesar del empuje de Alpecin y del propio Jumbo, con Wout van Aert a la cabeza. El último kilómetro era en ligero ascenso, dificultad que fue aprovechada por Christophe Laporte para enlazar con los fugados cuando tenían apenas unos metros de ventaja. Stuyven y Wright le sirvieron de lanzadores y Laporte, con un poderío que recordaba un tanto al del Gilbert de 2011, se hizo con la victoria, demostrando que el salto de calidad al dejar Cofidis por Jumbo ha sido más que espectacular. En otras ocasiones, Laporte se hubiese quedado con la miel en los labios, al modo de un Hofstetter o un Dainese: con Jumbo, esos sinsabores son cosa del pasado. 

El festival de Jumbo se prolongaría un poco más, durante la contrarreloj. Una etapa larga para los estándares actuales, disputada en un trazado sinuoso y estrecho, con un constante sube y baja. La parte final era la más exigente, con tres duros repechos, el último hasta la ciudad encaramada de Rocamadour, precedido de un descenso muy técnico y estrecho hasta el río Lot. El campeón del mundo de la especialidad, Filippo Ganna, marcó el primer tiempo serio, aprovechando los escasos tramos llanos y arriesgando en la bajada final. Pero como suele suceder en las cronos de final de Tour, los hombres fuertes de la carrera iban a ser finalmente los más destacados.  

El segundo monumento más visitado de Francia, repitió en varias ocasiones De Andrés.

 

El gran favorito, Wout van Aert, no defraudó las expectativas. Rebajó en 42 segundos el tiempo de Ganna, dando la impresión de dejarse caer en la bajada, exprimiéndose al completo en el kilómetro y medio de subida final. Geraint Thomas también marcó unos tiempos intermedios parecidos a los de van Aert, mostrándose como un contendiente claro a la victoria parcial. La crono de Pogačar también fue muy buena, sin ser estratosférica, pero quedaría eclipsada pronto por la bestialidad de crono de Vingegaard. Completamente engorilado, y sin necesidad de sacar tiempo, el danés arriesgó en cada curva. Ante los amenazantes tiempos de Thomas, querían que la victoria quedara en casa de Jumbo a toda costa. En el descenso peliagudo hasta el río, Vingegaard entró pasado en algunas curvas. En una de ellas a punto estuvo de salirse de la trazada y chocar contra la pared de roca, trayendo al recuerdo la imagen de Kruijswijk contra la pared de nieve del Agnello. No tenía ningún sentido asumir tanto riesgo, más allá de querer ganar por aplastamiento. 

A un pelo de cometer un epic fail.

Thomas acabó hundiéndose en la subida final, de modo que ya no había riesgo de que la victoria se le escapara a Jumbo. Entonces, después de continuar a saco en la subida, Vingegaard casi paró en seco en los últimos 200 metros para permitir la victoria de su compañero, en uno de esos cambalaches que tanto recordaron a los tejemanejes fallidos de Sky en la crono de Espelette de 2018.  Aun a pesar del parón, Vingegaard le había sacado a Pogačar ocho segundos, demostrando que ha sido superior en todos los terrenos, incluso en el de la temeridad y la inconsciencia. De nuevo, como ya sucediera en Hautacam, ha dado la impresión de que en Jumbo han contado con la posibilidad de decidir con quién ganar, como si fuera fácil. Aunque para ello hubiese sido necesario andar sobre la cuerda floja, tendida entre la gloria y partirse la crisma. 

Sandwich de fotos con Pogacar como mezcla.


De esta forma se ha llegado al paseo final en París, el día de las fotos y del cotilleo. Pogačar lanzó un último ataque al pasar la última vuelta, un ataque claramente condenado al fracaso, pero con la intención de dejar constancia de una especie de sello personal. La victoria de etapa fue para Philipsen. El Jumbo al completo se descolgó para hacerse la fotito de rigor antes de cruzar la meta (práctica que Pogačar había desterrado para bien en los últimos Tours), entrando a 51''. Esa pérdida voluntaria de tiempo ha servido para maquillar un poco la victoria por aplastamiento de Vingegaard. 

Hasta el último día.

Así ha sido el reparto del Tour (vía @FFLose)


Hay poco que añadir a las conclusiones finales ya apuntadas en el anterior post, relativas a los dos grandes protagonistas de la prueba. A pesar de las sonrisas, Pogačar no parecía estar muy a gusto en el papel de segundo de la fiesta, y dejó caer que necesita reposo y reflexionar un poco en torno a lo ocurrido. No creo que esté en la salida de la Vuelta, y creo que le vendrá mucho mejor recuperar el instinto ganador en las carreras de un día de final de temporada, sin tanta presión mediática. Su lucha ha sido la de un hombre solo contra todo un equipo: para un único día de trabajo auténtico de su equipo hubo demasiadas bajas colaterales. Por parte de Vingegaard, todo apunta a que se convertirá en un julietista sin complejos, que se dejará ver puntualmente en vueltas de una semana como rodaje de cara al Tour, como sucedía en el ciclismo de la época de Armstrong y Ullrich. El apabullante dominio de Jumbo puede que haya llegado a su culminación en este Tour; a fin de cuentas, el espectáculo vivido casi a diario ha corrido el serio riesgo de quedar eclipsado por el apabullante dominio de un solo equipo. 

En Jumbo no se han inspirado en la naranja mecánica del fútbol, sino en esta, la de Alex y sus drugos.



2 comentarios:

  1. Hasta los últimos 4/6 días fue muy emocionante ver como la banda del increíble (en todos los sentidos) Van Aert estaba consiguiendo acabar con el ogro.
    Pero coincido en que ese final donde se permiten elegir el ganador en 3 de las últimas 4 etapas (final en HC, esprint y crono!), además de pasar de los Campos Elíseos con un tío que venía atacando hasta en las pancartas del Partido Comunista... hace muy dificil no pensar que algo huele a podrido en Dinamarca.
    En una semana hemos pasado de una de las mayores épicas del ciclismo reciente, disfrutando como los ataques en equipo derrocaron al rey (al menos los últimos 4,5 km / 15 min)... a que el maillot verde escapado todo el día descuelgue al hiperatacador Pogacar nada menos que en Hautacam... las señales están ahí para quien quiera verlas: Un Tour ganado a lo telekom'97, con un danés que llega julio y sube (y contrarrelojea!!!!) como nunca en su vida.
    Las referencias que se me vienen a la cabeza son varias: el Contador pre-solomillo, el sky que se inventaba escaladores según iba haciendo falta, el Deceunick de los abrazos y para #LoDeVanAert sólo recuerdo haber visto algo parecido en la Vuelta de Vandenbroucke al servicio de Ullrich, con la diferencia que el de RedBull ya encadena el segundo año como líder indiscutible de la combinada del Tour.

    Siendo el Tour más entretenido en ni recuerdo cuánto... a ver dentro de 10 años que seguimos pensando de esto.

    Tú que eres cinéfilo, me gustaba pensar en la peli Gattaca cuando el hermano no diseñado genéticamente le gana nadando porque no se guarda nada para la vuelta, pero en este caso creo que es más bien Asterix, Obelix y compañía.

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    1. Al final yo me he quedado con una sensación extraña. Ha sido un Tour muy emocionante, que se ha disfrutado mucho a nivel de "espectáculo", pero luego, observándolo de forma un poco más sosegada, no hay por dónde cogerlo. Empezando por el dominio tan abrumador de Jumbo, que hace saltar todas las alarmas. Siguiendo por el gran salto adelante del propio Vingegaard, hasta el momento un buen corredor pero del que no se esperaba este rendimiento estratosférico. Continuando por van Aert, del que llevamos viendo en los últimos años su mejor versión en el Tour, y no tanto en las clásicas o el ciclocross.
      El regusto final es a Panoramix y su poción mágica, su marmita en la que caen algunos y se convierten en indestructibles.
      Por lo que respecta a Pogacar, veremos cómo se reinventa en lo que queda de temporada.
      Un saludo y gracias por comentar!

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