domingo, 27 de mayo de 2018

EL HOMBRE QUE NUNCA DEBIÓ ESTAR ALLÍ

Nunca debería haber sucedido, pero allí estaba Froome en la rampa de salida, en Jerusalén, la ciudad de las apariciones. Una mueca de dolor confería más patetismo a su participación. Poco antes se había ido al suelo en una vuelta de reconocimiento al circuito de la contrarreloj inicial, ante la curiosa mirada de dos jóvenes jasídicos de levitas y tirabuzones. La opinión de muchos, por mí compartida, es que nunca debería haber estado allí. Por su parte, los medios anglosajones y de RCS se habían esforzado en pintar "su caso adverso" como una gran cruz arrastrada camino al Gólgota por un profeta traicionado, dispuesto a ser martirizado por aquellos que no comprendían las "razones científicas" de su mala asimilación del salbutamol.



Los primeros días en Italia auguraban sólo descalabros e infortunios para Sky, como si la hermosura de Italia, y de Sicilia en particular, infligiesen de nuevo una derrota estética a la fealdad ejemplificada por el equipo británico. Pérdida de tiempo en el Etna, de nuevo caída en Montevergine di Mercogliano, nueva pérdida de tiempo en Campo Imperatore, aparente debilidad general en una etapa más o menos intrascendente como la de Gualdo Tadino...¿Dónde estaba la efectividad del pedaleo de Froome, "bruttissimo da vedere" (según expresión de Silvio Martinello)? En esos momentos de debilidad y desamparo su estilo Paula Radcliffe parecía más inane que nunca. El propio de un escarabajo panza arriba que agita las patitas con desesperación pero sin utilidad. Yo incluso vaticiné su abandono.

Mientras tanto una "new big thing" parecía emerger de las mismas cloacas del British Cycling. Un corredor menudo, atacante, con un lejano parecido a Billy Elliot. Un corredor también asmático, una insólita combinación de pistard y escalador, como otros productos de la misma factoría: Simon Yates. En el Etna dejó ganar a Chaves en la mejor línea del Saunier Duval, pero ya en Campo Imperatore comenzó a imponerse sin contestación. Ya nadie confundía a Adam y Simon. La idea de que se alternasen en carrera, un día uno, otro día otro, estaba dejando de tener gracia. Simon se mostraba imperial, con un pedaleo grácil en montaña, cogido de abajo, infatigable. Esprintaba incluso en las metas volantes. En Gualdo Tadino se disolvió como un azucarillo Chaves, su posible rival interno, de manera que a partir de entonces todo parecía un monólogo. En Osimo, donde ganase Argentin, Simon Yates sacó sus habilidades de uphill finisher, aguantando un mano a mano a Dumoulin, el único que parecía capaz de seguir su ritmo de lejos.



Llegó de esta manera la cima-circo del Giro, el Monte Zoncolan, el particular caramelo que Vegni había puesto delante de los ojos de Froome para motivar su participación. Sólo una subida de rampas tan imposibles, de porcentajes tan grotescos, podía activar, como las pilas que nunca se acababan en aquellos conejitos de Duracel, el movimiento frenético de sus patas. Así fue. Codos fuera, giro continuo de cuello hasta "convertirse en espárrago hervido" y agitación de las piernas propia de un autómata. El muñeco salía disparado de la caja sorpresa como un resorte. Esta vez, a diferencia de lo visto anteriormente, su pedaleo abría hueco. Por detrás, Simon Yates asomaba la punta de la lengua entre los dientes, intentando atraparle con un sprint continuo. Froome salía y entraba de los túneles, avisando a todos de que la feria acababa de empezar, mientras Simon Yates tenía que sentarse en los últimos doscientos metros, incapaz de atraparle. Froome tenía así su etapita y la organización parecía satisfecha.

(pic.Cor Vos)

La nueva cosa británica no parecía dar su brazo a torcer y camino de Sappada dejó la primera "impresa" del Giro. La que quizá hubiese pasado a la pequeña historia del Giro de no ser por acontecimientos posteriores. Después de un rápido descenso del Passo di San Antonio, en Costalissoio, a falta de 17 km, Simon Yates se despedía de sus rivales sin mirar atrás, con inusitada facilidad. López, Pozzovivo, Carapaz, Pinot y Dumoulin se quedaron mirando cómo la menuda maglia rosa se perdía en la lejanía. La ausencia de cooperación facilitó las cosas a Yates, que parecía de este modo abrir el hueco necesario para mantener el liderato frente al empuje de Tom Dumoulin en la única contrarreloj de entidad. Mientras tanto, Froome naufragaba una vez más.



En la contrarreloj de Rovereto, Simon Yates aguantó la maglia, como era de suponer. Dumoulin, aún haciendo una buena crono, no reventó la carrera lo suficiente como para superar a Simon Yates. Éste, con rítmicos saltitos sobre el sillín, con un mono de contrarreloj que le venía incluso holgado, parecía en una situación perfecta para defender la maglia rosa en las tres etapas de montaña que quedaban. En Mitchelton las cosas marchaban a las mil maravillas. Nieve apenas se había dejado ver, mientras que Tuft, Bewley, Juul Jensen y sobre todo Haig habían controlado en exceso la carrera, tirando todos los días de cabeza del pelotón, a la manera de los grandes equipos de droga del pasado y presente (O.N.C.E, Us Postal, Sky...). La etapa de Iseo fue masacrante en ese sentido, realizada a una media infernal, con alternancia de lluvia y sol. Esfuerzos innecesarios que se pagarían durante la traca final.




El Giro nos ha acostumbrado a "colpi di scena" inesperados. Los muertos no lo están y los vivos resbalan con una piel de plátano y se caen del escenario, como decían en Libération. Nibali, en ese sentido, logró dar la vuelta a una clasificación adversa en dos días. Il Falco ganó un Giro sin equipo en un descenso. Pantani distanció mínimamente a Tonkov en Madonna di Campiglio y luego realizó la crono de su vida. Lo que tenía preparado Froome iba a dejar a todo lo anterior en zafios cambios de guión de estudiante de primero de audiovisuales. Lo suyo iba a ser teatro del bueno, puro Shakespeare.

Para empezar, la mecha de Simon Yates comenzó a agotarse en el último kilómetro de Pratonevoso. El corredor que parecía infalible, que había triunfado allí donde lo hicieron Pantani, Argentin y van der Velde, parecía por fin humano. Los pómulos se le marcaban en su afilado rostro como un presagio de desfallecimientos futuros. Todo ello animaba a planear movimientos, especialmente en el caso de Dumoulin, que tenía a tiro de piedra la maglia rosa. La etapa entre Venaria Reale y Bardonecchia/Jafferau presentaba el mejor recorrido sobre el papel. Un puerto infernal y largo como el Colle delle Finestre, seguido de otra subida "pedalabile" a Sestriere y un largo final, en bajada y falso llano abierto a los vientos traicioneros de los valles, antes de afrontar la última subida a Bordonecchia-Jafferau. El lugar ideal para perder una minutada si uno se queda solo desde Finestre. El lugar ideal para que un equipo montase una ofensiva para aislar al lider. El lugar ideal para que un competidor nato como Froome, al que no le valen los puestos de honor, se la jugase.

Asistimos el pasado viernes a uno de esos momentos del ciclismo que entran en la leyenda pero que, por obra y gracia del ciclismo moderno, dejan al mismo tiempo un regusto amargo. Se disfruta del espectáculo, al igual que sucedió en Sappada, pero al poco tiempo se tiene la sensación de hay una parte de la historia que no se nos ha contado. En el caso de la particular Cuneo-Pinerolo de Froome,  dejó una sensación final entre la incredulidad y el shock.




A Simon Yates le pasó lo de Ícaro. Rozó demasiado pronto el sol y sus alas se derritieron, cayendo estrepitosamente al mar. En este caso, su "crollo" no fue aislado; curiosamente su equipo, hasta el momento siempre presente, hizo aguas por todos lados, empezando por Jack Haig. De este modo, la maglia rosa perdía contacto en las primeras rampas del Colle delle Finestre, un puerto que está entrando en la historia del Giro con mucha más decisión que el Monte Zoncolan. Sky puso su ritmo más infernal, como si Froome fuese a atacar de forma inminente. Primero Poels, tímidamente De la Cruz y finalmente con decisión el pequeño Elissonde. El grupo de favoritos estalló, desgajándose del mismo racimos de corredores. Al líder los minutos comenzaron a caerle uno tras otro y en la cima todo el mundo parecía haberse olvidado de él, de su peligrosidad y de sus demostraciones pasadas. Finalmente Froome atacó a falta de más de 80 km para meta y Dumoulin no pudo en ese momento seguir su rueda. Todo parecía una locura y Dumoulin todavía controlaba la situación, pues era preferible que subiese a su ritmo antes que atufarse intentando imitar la diabólica cadencia del anglokeniata.



Froome se abría paso con su particular estilo por las rampas no asfaltadas de Finestre, entre paredes de nieve sucia. Su rueda delantera zigzagueaba bajo la presión de sus largos brazos de codos abiertos, abriendo surcos en el camino no pavimentado de pendiente demencial. Por su parte, Dumoulin comandaba el grupo perseguidor, con Pinot, López y Carapaz a rueda. La diferencia era controlable de momento para el holandés. Sin embargo, a falta de un km para la cima, Pinot pinchó, cambiando rápidamente la bicicleta con su compañero Reichenbach, y Dumoulin decidió esperar. Consideró que, a falta de coequipiers, era preferible tener aliados para el largo descenso hasta Sestriere. Ese fue su primer error. Un error quizá menor, que en su momento era difícil incluso de considerar como tal. Froome pasaba por la cima con apenas 40'' de ventaja.



Froome ya ha demostrado que es un buen bajador. Además, uno concienzudo, que se estudia los puertos, como hizo con el Peyresourde. En el estrecho descenso de Finestre, Froome se la jugó a todo o nada, despeñarse o vencer. Mientras tanto, Dumoulin cometía su segundo error táctico, un error garrafal, el que pagaría más caro: decidió esperar a Reichenbach para tener un colaborador más. En realidad, para intentar aprovechar un gregario de un rival en una situación que de nuevo se presentaba desesperada. Una vez más, el equipo de Dumoulin mostraba su insuficiencia en montaña, a lo que se añadía, sin ser en este caso tampoco la primera vez, una mala visión de carrera. Dumoulin decidió delegar en otros, en este caso en otros equipos rivales peor posicionados que él en la general, lo que tendría que haber sido una persecución personal "a muerte". Además, Reichenbach demostró ser un mal bajador y se perdió tiempo en la espera. Dumoulin, con bastante mala sombra, cargó las tintas después sobre el escalador suizo, al que achacó que bajó "como una abuela". Declaraciones fuera de lugar, muy estúpidas e impropias de un campeón, que pretenden enmascarar no sólo la debilidad de su equipo sino también sus erróneas decisiones tácticas.

De esta manera, Froome amplió en un minuto su diferencia con el grupo de Dumoulin durante el descenso de Finestre, y en otro en el ascenso "pedalabile" a Sestriere. Froome iba encendido, sacando su mejor versión de rodador, pues cuando rueda pasa de patito feo a cisne. Mientras tanto, Dumoulin exigía relevos a un Pinot fundido y a su gregario. Realmente esos relevos le cortaban el ritmo, permitiendo que la diferencia de Froome aumentase. Al mismo tiempo, Carapaz y López, enquistados en una lucha por las migajas, decidían mantenerse al margen. 



Otro minuto cayó en favor de Froome en el largo descenso de Sestriere. Froome echaba mano a un botecito morado, mientras detrás todo eran caras agrias por el esfuerzo y la infructuosa colaboración. En Jafferau las distancias se mantuvieron y Froome logró pasar del cuarto al primer puesto. Para lo que Nibali había necesitado dos días en 2016, con apoyo de su equipo, un inconmensurable Scarponi y caída del líder, Froome tan sólo había necesitado uno, con una fuga de 80 km en solitario, aprovechando que el equipo de Dumoulin seguía en la Morcuera. Lo de Froome era una "impresa" de otro tiempo, parangonable a las de Coppi, Merckx...o Landis.

La última etapa de montaña en Cervinia demostró que el mazazo moral impuesto por Froome a sus rivales era irreversible. Es más, se asistió a uno de los momentos más dramáticos del Giro, con una pájara monumental por parte de Pinot, que en algunos momentos parecía incapaz de mantenerse en equilibrio sobre la bicicleta. Su agonía sí que fue digna del Gólgota. Una pájara o blancazo más en un Giro caracterizado por el excesivo número de desfallecimientos brutales de los corredores de cabeza: Chaves, Aru, Simon Yates, Pinot. Demasiados. Sin ir más lejos, el líder a falta de tres días ha perdido más de 1 hora y cuarto en tan sólo dos etapas. Lo nunca visto.

Por si fuera poco, para aumentar el descrédito de este Giro "tra virgolette", la etapa del domingo ha sido una pachanga, un amaño, el triunfo de nuevo de la mafia del pelotón. Encabezados por el propio Froome y por los siempre mafiosos Quick Step (no en vano tienen en el coche al más mafioso de los ex-ciclistas y directores de los últimos veinte años), el pelotón decidió neutralizar los tiempos, debido a la supuesta peligrosidad del circuito final en Roma. El resto del pelotón se plegó al criterio de una mafia de la que todos participan.  Ni Dumoulin cuestionó la situación, a tan sólo 46'' de la maglia rosa, ni tampoco los equipos italianos, sin victoria de etapa. Y lo peor de todo, RCS cedió gustosamente: ya se la colaron en la etapa de Milán en 2009 y en el final el Turín en 2016. No se dan cuenta de que están restando seriedad, año en año, a su propia carrera con estas decisiones desacertadas. Nunca fue más oportuna la ya mítica frase de ciclismo2005: "los enemigos del ciclismo están dentro".

Froome y los suyos se descolgaron a hacer cucamonas y fotos, siendo acompañados por los otros líderes del pelotón, mientras por delante un grupo de una cincuentena bregaba por la victoria, obviando la supuesta peligrosidad del recorrido. Sin embargo, Pozzovivo estaba agazapado en ese grupo delantero. Sería él y no otro el auténtico ganador de este Giro si se hubiesen computado tiempos hasta el último kilómetro. Al menos hubo justicia poética y Sam Bennett pudo vencer a Elia Viviani.

Sin embargo, a pesar del mal sabor de boca dejado por un último día amañado y sin competición, el Giro siempre depara momentos memorables. Las etapas de Sappada y sobre todo Bardonecchia lo han sido, por supuesto, a pesar de que su credibilidad en un caso y su duración en el palmarés en otro, dejen esa combinación desagradable de sensaciones enfrentadas. Aparte de estos dos momentos habrá que recordar las típicas etapas de sube y baja del Giro, como la de Caltagirone, ganada por Wellens, o la de Gualdo Tadino, ganada por Mohoric. También las movidas etapas de Imola e Iseo, finalizadas al sprint, pero con movimientos por doquier, en el segundo caso con una fuga dos o tres veces atrapada y renacida, protagonizada por Luis León Sánchez y Alessandro De Marchi. También ha sido digno de elogio el ahínco de Giulio Ciccone y Fausto Masnada y otros Androni por conseguir el triunfo. O la regularidad de Mikel Nieve, que termina el Giro como el mejor Mitchelton, no habiendo bajado del 25º puesto en ninguna de las grandes vueltas en las que ha tomado la salida.

Froome consigue así su tercera gran vuelta "d'affilée", con su mejor prestación de un día de toda su carrera deportiva. Sin embargo, he escogido como título de esta entrada el de una película (mala) de los hermanos Coen, aunque ligeramente modificado, porque me parece el mejor resumen de la carrera: Froome no debería haber estado de la partida en Jerusalén.  La inacción de la UCI le permitió tomar la salida. RCS está contenta, Netanyahu está contento y el pirata Brailsford por supuesto que lo está. Su escapada de 80 km. se emparenta con la mitología más excelsa del ciclismo, pero dado el limbo en el que se encuentra Froome debido a un positivo no sancionado, su victoria sólo contribuye a que aumenten las negros nubarrones que se ciernen sobre el ciclismo. Su victoria ha sido bella pero también dolorosa como una bofetada. En realidad, el aficionado al ciclismo tiene más paciencia que Job.

(via @javigoros61)

lunes, 23 de abril de 2018

¡VUELVEN LOS NOVENTA!

Todo el mundo sabe que en ciclismo el mejor momento para atacar es nada más coronar un repecho. Es la cartilla Palau del ciclismo, la táctica que algunos, como era el caso del plurinacional Tchmil, llevaron a la perfección. Es fácil sobre el papel, claro está; lo difícil es tener las piernas para llevarlo a cabo, para salvar esa distancia, a veces abismal, que media entre el deseo y la realidad. Pero los chicos de Quick Step tienen esas piernas. Vaya si las tienen. Han vuelto de golpe a la primavera de 1994. Y a todo ello el ganador Bob Jungels añade además las cualidades innatas de rodador. 

La Liège - Bastogne - Liège lleva años siendo el más anodino de los grandes monumentos. La carrera ha perdido su seña de identidad: la "selección", el grupito de escogidos que a partir de La Redoute se vigilaban, se marcaban y se repartían hachazos a diestro y siniestro, mientras del resto del pelotón nada se sabía, perdido ya en las inmensidades del tiempo. Con el paso de los años la carrera se ha "sanremizado", es decir, ha pasado a concentrar la emoción en los últimos kilómetros, cuando esa no debería ser su principal característica, a diferencia de lo que ocurre con la carrera de marzo. Primero pasó a jugarse todo en Sart Tilman, luego en Saint-Nicolas, en los últimos años, en Ans directamente. Algún año en los últimos 50 metros. Al menos eso no debería ocurrir en la carrera que se precia de ser la clásica más dura, esa que todo cyborg quiere en su palmarés.   

De esta manera, siguiendo la tónica habitual de los últimos años, la escapada consentida discurría por el encadenado de Port, Bellevaux y Ferme Libert (cotas que sustituyen a la trilogía clásica de Wanne-Stockeu-Haute Levée) con algo más de tres minutos de ventaja. Algo menos que las diferencias que hicieron a Matteo Bono, Stephane Rossetto y Anthony Perez soñar con la victoria en años recientes, gracias a un gran grupo tan remolón como en las etapas de julio. La escapada estaba compuesta por Antoine Warnier, Mathias Van Gompel, Paul Ourselin, Jérôme Baugnies, Florian Vachon, Mark Christian, Casper Pedersen, Loïc Vliegen y el habitual Anthony Perez. La escapada fue perdiendo poco a poco componentes, llegando el cuarteto formado por Baugnies, Perez, Christian y Ourselin al pie de La Redoute. Baugnies lograría distanciar a sus acompañantes, siendo cazado a los pies de Roche-aux-Faucons. En resumen, en la altura de carrera en la que antes se hacía la selección, ahora se daba caza a los escapados. La Redoute, una vez más, se subió casi en pelotón, con una marcha exigente puesta por Enric Mas "el sucesor". Nadie se movió. 

La tendencia actual es esperar y guardar. La velocidad impide ataques, la igualdad, quién sabe a causa de qué provocada, impone ritmos exigentes y tácticas ultraconservadoras. Todo se iba a jugar, o al menos a mover, en Roche-aux-Faucons. El primero que saltó fue Gilbert, en un ataque de fuegos artificiales que se apagó con rapidez en la oscuridad. Henao y Woods parecían fuertes, hasta que Jungels forzó el ritmo. El mismo Jungels había sido el miércoles pasado el artífice de la aproximación hasta Huy del grupo de escogidos. Él y no otro puede considerarse el que puso en bandeja el triunfo de Alaphilippe, privando de él a Schachmann. Ya pueden comprobar, todo queda en casa: luchas internas, primavera monocolor. Esta vez fue así de nuevo: Jungels era la avanzadilla para calentar el camino para un ataque pancartero de Alaphilippe.





Sin embargo Jungels no se limitó a tirar. Se fue para adelante, siguiendo esa táctica que les está dando tantos frutos a ellos y a los Astana: lanzar a alguien delante mientras se controla detrás. De nuevo, la cartilla Palau del ciclismo. Aunque algo así sólo posible si se es una nueva versión del Mapei. O peor aún, del Gewiss-Ballan. Sólo es posible si se dispone siempre de varias cartas a jugar, a pesar de que la reducción de corredores haya dejado a otras escuadras en paños menores (caso de Movistar). Jungels se lanzó como era de esperar; Woods y Henao se abrieron. Valverde, Fuglsang y los demás, que llegaron a la cima algo más tostados, se limitaron a esperar acontecimientos. Los metros del luxemburgués se fueron agrandando, la goma invisible que lo unía al grupo se tensó tanto hasta llegar al punto en que se rompió y el luxemburgués del tupé salió disparado, cual propulsado por tirachinas, hacia la meta. Era evidente que no le iban a dar alcance, dado que en el grupo de atrás iban muchas figuras y entre ellas prevalecía el espíritu reservón y el marcaje.




Valverde intentó salir en su búsqueda, a la desesperada, en un tipo de movimiento muy poco habitual en él, quizá consciente de no llevar las mejores piernas para el murito final de Ans, temeroso de que Alaphilippe le obligase de nuevo a hincar la rodilla. Pero fueron aceleraciones y paradas, esperando a que alguien más entrase. Daniel Martin y Tim Wellens fueron los que pusieron más empeño en intentar coger, ya fuese con saltos en solitario o con arreones desbocados. Astana se dio cuenta de que no iban a cazar mediante arrancadas y paradas, de modo que puso a Villella a trabajar. Eran los únicos, junto con Mitchelton y Lotto, que disponían de más de un corredor. Mientras tanto, Jungels tomaba las curvas a cuchillo, con riesgo incluso de caerse al coger algún bache y no ir bien agarrado al manillar (la posturita aero) cruzando el puente del Mosa. Todo iba a depender de si aguantaba las dos subidas restantes o si le pasaba como a Nibali en 2012. 

En Saint-Nicolas saltó Wellens por detrás, en un ataque de esos tan suyo, más con el corazón que con las piernas. Por un momento los Quick y Flupke del pelotón marchaban primero y segundo. Para asombro de todos, del grupo de favoritos, todavía demasiado nutrido, demarró Vanendert, corredor lagunar donde los haya. Su demarraje fue de los que han hecho de Saint-Nicolas un particular freak-show: Vanendert salía de las profundidades de 2011, poseído por el espíritu de VDB, y daba caza a su compañero. ¿Wellens había allanado el camino para su compañero, o simplemente éste había hecho notar el peso de una generación que se resiste al relevo? Mientras tanto, Jungels cambiaba su perfecta estampa de rodador por esa otra de mandíbula desencajada y codos abiertos que ya se le había visto en las empinadas rampas del Giro. Sólo el zombi belga podía dar caza a Jungels. 

Sin embargo, Vanendert se desinfló. La subida de Ans fue coser y cantar para Jungels. Por detrás, Bardet y Woods intentaban a la desesperada darle caza, dando tan sólo alcance a Vanendert. El campeón de Luxemburgo mantuvo la diferencia, demostrando que había regulado en Saint-Nicolas, el momento de mayor aparente debilidad. Los chicos de Quick Step aguantan lo que les echen. Woods entraba segundo, Bardet tercero y Alaphilippe cuarto. Valverde entraba último del grupo, claramente no había sido su día.



Desde Andy Schleck no ganaba un atacante solitario desde Roche-aux-Faucons (Nibali fue cazado por aquel sputnik kazajo en 2012 cuando estaba a punto de conseguirlo). Desde 1994, el año del Gewiss y el zumo de naranja, un equipo no ganaba Flecha y Lieja con dos corredores distintos, como bien apuntó el twittero @InfinityLive2. Los Quick Step han devorado las pruebas del calendario con voracidad pantagruélica, todos han mojado del plato. Ya ha pasado a la historia aquello del dominio individual, ya sea Rebellin, Gilbert, Van Avermaet o Valverde; lo que está de moda es socializar el triunfo. Que todos ganen un poquito, cada día con uno nuevo. Chicos siempre frescos, siempre jóvenes; y si no hay joven, uno viejo, qué más da. Aunque, como todas las modas, este nuevo socialismo victorioso no deja de ser más que un revival, uno más. Desprende un tufillo a dejà vu, a refrito. Smells like 1994 spirit. Se han puesto de moda, otra vez, los noventa.

martes, 10 de abril de 2018

JUVENTUD TRATADA COMO GANADO

Es muy difícil escribir sobre el fallecimiento de un joven de 23 años en carrera. Una persona en la plenitud de la vida que por desgracia fallece en el preciso momento en el que ejerce la profesión que ama, durante la carrera con la que había soñado y que disputaba por primera vez, llevando a cabo una actividad profesional que no deja de ser propia de elegidos, pues sólo unos pocos pasan la criba que supone tener unas facultades físicas excepcionales y una capacidad de sacrificio sin igual, a lo que se añade en última instancia la necesidad de asumir decisiones "complicadas" para "dar el salto". 

Desconozco las causas últimas del fallecimiento del joven Michael Goolaerts, cuyo nombre espero que no se olvide nunca, como yo no voy a olvidar. Es quizá la muerte de un ciclista que más me ha dolido, por cómo se produjo, por la amarga espera de la pasada tarde de domingo y por la fatídica conclusión. Desconozco si padecía alguna enfermedad cardiovascular o si el paro cardíaco se produjo debido a otras circunstancias. La autopsia y la investigación subsiguiente tendrán que esclarecerlo. Por todo ello, lo que voy a escribir a continuación son conjeturas, nada descabelladas a mi parecer. Los precedentes en este tipo de sucesos no son nada buenos. Desde el fallecimiento de Knut Jensen en los 100 km contra el crono de las olimpiadas de Roma de 1960 hasta el de Alessio Galletti en la subida al Naranco de 2005, pasando por las muertes de Tom Simpson, Marc Demeyer, Bert Oosterbosch o Johannes Draaijer, las sustancias y prácticas prohibidas están detrás de estas muertes por colapso, ya sea en carrera o fuera de ella. Excesos de ambición, auténticas inconsciencias o corredores utilizados como conejillos de indias, lo mismo da. No hay que irse tan lejos en el tiempo: simplemente basta acordarse del olvidado Daan Myngheer en el Criterium International de 2016. 

Quien diga que el deporte profesional es salud miente. Debería serlo, por descontado, pero es una cosa bien distinta. Es competición descarnada, es un "todos contra todos", un Leviatan de Hobbes en el que impera la ley del más fuerte, del más listo, del que asume más riesgos y toma más atajos. La historia está ahí, al alcance de cualquiera, no hace falta más que leerla e interpretarla. En el deporte profesional valen todas las salvajadas y por tanto el ciclismo, que es la quintaesencia del deporte profesional (incluso cuando existía el falso bloque amateur), no es más que una guerra para la que hay que estar preparado con todas las armas posibles. Para los ciclistas de los cincuenta y sesenta, los primeros ciclistas que corrían para casas comerciales extradeportivas, la victoria significaba una casa, un coche, un ascenso en el status social en resumen. Abandonar los cuadros campesinos para acceder a la nueva burguesía consumista. En el bloque comunista una victoria significaba prestigio, convertirse en un "héroe positivo", pero también algo más mundano: permitía viajar, salir de una realidad gris dominada por la mediocridad y la delación. Por tanto y de igual forma, abandonar los cuadros campesinos para acceder a la nueva élite del partido. Tanto ayer como hoy nadie quiere ser el panoli que no llega entonado a la fiesta, nadie quiere ser el que dispara con balas de fogueo cuando todos lo hacen con munición pesada. Así pues, por desgracia el deporte profesional, y con él el ciclismo profesional, queda a millones de años de luz de lo que es una práctica saludable. El joven que entra en el ciclismo ya recibe, en nombre de la falsa salud y de sus auténticas ansias de ascenso social, la primera dosis de cebo, como si fuera ganado. 

El deporte profesional es presión. No sólo autoexigencia, sino también presión de grupo, la más implacable de las presiones. Por ello en el ciclismo, en cuanto deporte profesional, en cuanto deporte que se desarrolla en grupo, se manifiesta la necesidad constante de "no ser menos", de no hacer el ridículo ante los demás. Si te han invitado a la fiesta, lo mejor es no desentonar. Y si se tiene a alguien capaz de hacer las cosas bien en el equipo, e incluso más que bien, si se tiene alguien que puede ganar, lo "mejor" es estar todos a la altura de las circunstancias. Dar el máximo por el líder, sacrificarse por él. El equipo ciclista, desde los años cincuenta, desde el Bianchi de Coppi y la Guardia Roja de Van Looy, se reduce a un conjunto de esclavos anónimos que dan la vida  (a veces nunca mejor dicho) por su lider, el aristócrata de los sprints o de las montañas. Los gregarios son capaces de hacer proezas increíbles, son capaces de trascender su límite; muchas veces son capaces de llevar a cuestas toda la munición que su líder tiene por genética de forma intrínseca (o no). El joven que entra en el ciclismo recibe de esta manera, en nombre de las obligaciones para con su equipo, la segunda dosis de cebo, como si fuera ganado.  

Tampoco hay que olvidar que el deporte profesional es espectáculo, o así al menos muchos lo entienden. La dosis necesaria de lucha de gladiadores para soportar el día a día. Esta versión del espectáculo es la que está ganando más adeptos, incluso en el ciclismo. Un deporte de rápido consumo, de rápida satisfacción, como si fuese porno. El espectador, que también es consumidor, no debe aburrirse viendo deporte. ¿Cómo garantizar que el espectador medio, el no familiarizado con los entresijos del ciclismo, no se amuerme, no se eche esa siestecita que muchos, incluso desde el propio periodismo ciclista, fomentan? Es más, ¿cómo garantizar que el aficionado habitual al ciclismo, el que ve ciclismo de febrero a octubre,  no se queje después de la carrera si en esta no ha habido ataques, no ha habido velocidad, no ha habido competición? Sólo hay una solución: ir a fuego desde el kilómetro 0. Con el único problema de que si todos van "a fuego", al final se igualan los niveles por arriba, las velocidades son demenciales y nadie puede escaparse, nadie puede atacar. La lógica del espectáculo acaba enterrada por la lógica del control, de la victoria: más vale estar todos delante y evitar ataques, que protagonizarlos. De esta manera, en nombre de la dicotomía entre espectáculo y control, el joven que entra en el ciclismo recibe su tercera dosis de cebo y engorde. 

Queda finalmente el último elemento de la fórmula. La arrogancia de aquel individuo gris que lleva toda la vida metido en el "mundillo" porque no sabría ganarse la vida de otra forma, y la única forma que conoce para ganársela es inculcar, como antes otros hicieron con él, las viejas prácticas. Las prácticas de siempre. Prácticas en continua e inevitable actualización, pues siempre hay un as en la manga oculto con el que sorprender a los rivales, al igual que el estudiante siempre encuentra una forma nueva de hacer trampas en los exámenes. Digo que la arrogancia es la característica de estos tipos, a los que habitualmente se ve al volante, pues muchos de ellos no dudan en poner en riesgo la vida de sus pupilos si hace falta, salvando su culo. Es el "oficio". Siempre ha sido así; los esclavos ya construían pirámides. Matizándolo mejor, tendría que decir que lo que les caracteriza es más bien el desprecio que la arrogancia. El desprecio por el bienestar del otro, del que pedalea, del que exhibe el maillot por las televisiones, ganando o sacrificándose. También está el médico que quiere que sus "pacientes" galopen como caballos de carreras, al mismo tiempo que ve engrosar su cuenta bancaria. Es la voluntad de mandar, el poder efímero de manejar a otros como marionetas, la que acaba convirtiendo al pobre ciclista que entra en los códigos del pelotón en ganado. Y debido a ello, recibe, en este caso en nombre de sus empleadores, de sus médicos y del supuesto prestigio de todos ellos, la cuarta y última letal dosis de cebo.

Y ahí está la consecuencia. La consecuencia final y definitiva: un joven de 23 años fallecido. Ha sido enviado a la París - Roubaix como quien lo envía al matadero. Un joven que no tendrá la oportunidad de correr más clásicas, ni de pedalear, de disfrutar del viento en la cara y de la libertad de movimientos que permite la bicicleta; alguien que tampoco podrá disfrutar de todo lo que se desarrolla más allá de la bicicleta y que comporta la vida en sentido amplio, amistades, amores, lugares, momentos.

Si no han sido estas las causas de la muerte de Goolaerts y sí una enfermedad, que mis palabras valgan para aquellos que murieron antes por sobredosis de ciclismo, parafraseando la expresión de @ciclismo2005. Al menos siempre se le recordará transitando en cabeza por el Muur-Kapelmuur de Geraardsbergen en la edición de 2018. 

Escrito desde la rabia y el dolor, descansa en paz,  Michael Goolaerts.  



lunes, 2 de abril de 2018

UNA MÁS PARA LA CUADRA DE LEFEVERE

El ciclismo es un deporte de tradiciones, que vive de la repetición, muchas veces inflada o falseada, de sus propios mitos. Las victorias del equipo de Lefevere en la Ronde van Vlaanderen se están convirtiendo en una nueva tradición más, a fuerza de repetirse. Pero podría decirse que el dominio de su equipo, el Quick Step, es más abrumador ahora que en la época de Boonen y Devolder. Cualquiera de los suyos puede ganar, cualquiera de los suyos puede lanzar el ataque ganador a muchos kilómetros de meta, porque los de la cuadra de Lefevere no desfallecen, no miran atrás, sólo pedalean. Los caballos que recalan en la cuadra resucitan, rejuvenecen (Gilbert) y los que la abandonan se convierten en patéticas sombras de lo que fueron (Tony Martin). El símil animal no es baladí en un ciclismo como el belga y en un equipo como el de Lefevere, el continuador de Lomme Driessens en las peores prácticas. Este ciclismo de cripta está acostumbrado a las competiciones entre ciclistas y caballos (Maertens con la muñeca enyesada compitiendo contra un caballo de carreras), la cercanía de los perros (el de Vandenbroucke) o de los veterinarios (Landuyt).



Esta vez ha sido Terpstra el caballo ganador. Un ciclista superdotado, sin duda, con la facilidad para rodar de los grandes clasicómanos: la espalda en paralelo con la línea del horizonte, los codos en ángulo recto, las piernas delgadas y largas moviendo el plato de forma hipnótica y sin apenas gesticulación. Debería rescatar un viejo tweet mío en el que, a lo Marinetti, decía que ver a Terpstra rodar es más bello que la victoria de Samotracia. Pero no deja de ser un viejo tweet, anterior al momento en el que el corredor holandés desveló su naturaleza de pendenciero, chulo y arrogante. Antes de mostrar también que su eficiencia de rodador no parecía acorde con su visión táctica de las carreras. Aspecto éste último del que se libró ayer.



Pero si antes decía que el ciclismo es un deporte de tradiciones, también lo es de mitos destrozados. El de la Ronde van Vlaanderen es sin duda uno de ellos, el más claro y evidente. El nuevo recorrido tiene el defecto grave de basarse en un circuito, salvo para los habituales apologetas que dirán lo contrario. La "feria", como llama al circuito acertadamente @javigoros61 en twitter. Este circuito elimina una parte sustancial de lo que es una clásica, que es unir una ciudad con otra, un punto alejado del mapa con otro. Confiere cierta monotonía a la carrera. A ello se le suma la acumulación de dureza en la parte final, lo que contribuye, como bien se sabe cada año con la Lieja, a la espera, a postergar los momentos decisivos, con algún año excepcional como la edición de 2017. Por otro lado, el llano desde el Paterberg hasta Oudenaarde es demasiado recto, por carretera ancha, muy diferente al falso llano, de carretera sinuosa y estrecha que separaba el Bosberg de Meerbeke y que deparaba algún ataque o movimiento táctico (Tafi en 2001, Boonen en 2005, etc.). Las cosas llegan resueltas la mayor parte de las veces a este llano, después del rampón imposible del Paterberg. Por no hablar de la recta de meta, de más de un kilómetro, sin público, más propia de un circuito automovilístico que de una prueba ciclista, como señaló desde el primer día @ciclismo2005.

La carrera empezó en Amberes con un tiempo malo, de lluvia leve y viento: tiempo del norte, no tan habitual en las últimas ediciones de la Ronde, caracterizadas por el ambiente primaveral. Después de mucho pelear en las largas llanuras hasta Zotegem, entre campos, granjas y pequeños bosques todavía sin hojas, acompañados por el cielo plomizo de los cuadros de Ruysdael, se formó definitivamente la escapada del día, con Eenkhoorn, Peyskens, Ganna, Aimé De Gendt, Turgis, Ligthart, Haller, Gibbons, Goolaerts, Gerts y García Cortina. El asturiano estuvo en cabeza durante kilómetros, luchando por meterse en la fuga, pasando en cabeza el Muur Kapelmuur a lo campeón, mostrando que su interés y su valía para este tipo de carreras es auténtico. No tengo la menor duda de que si en vez de protagonizar la fuga inicial hubiese sido el cabeza de filas en su equipo, su resultado hubiese sido mucho mejor. Por detrás, una caída poco antes de Geraardsbergen, provocada por Tony Martin, dejaba descolgado a Naesen. El Muur se subió con intensidad, pero lejos estuvo del papel decisivo de la edición de 2017. Algo lógico, a 94 km de meta. 

Tras pasar Geraardsbergen, Devriendt y Weening, y posteriormente Mads Pedersen y van Emden, se lanzaban al ataque, alcanzando al grupo de escapados, en el que cada vez figuraban menos corredores. En ese momento comenzó el carrerón del campeón danés, un corredor de 22 años del que se presume un futuro fantástico en las clásicas del norte. En el Kanarienberg quedaron por delante Devriendt y García Cortina, a los que daría alcance poco después Pedersen, con su particular estilo agónico. En el segundo paso por el Oude Kwaremont, enlanzado esta vez con Paterberg, se destacaban del grupo de favoritos Langeveld y van Baarle. Llegaban así los momentos decisivos de la carrera. 



El Koppenberg sería el final del sueño de García Cortina y el momento de auténtica selección de la carrera. Las cámaras de la televisión flamenca ofrecieron el inquietante plano desde la perspectiva del grupo, en el que se aprecia cómo el camino adoquinado del Koppenberg comienza a ascender, casi en ángulo recto, hacia el cielo, como si se tratase de uno de los sueños de la nefasta Origen en los que una calle se pliega sobre sí misma. Ya al final de la agónica subida se formó el habitual tapón, como hacía mucho tiempo que no se veía, provocado por una pendiente demencial, unos adoquines bastos, la ausencia de vías de escapatoria y lo abultado del grupo a esas alturas de carrera. Ninguno de los favoritos quedó sin embargo fuera de juego. Van Baarle, Langeveld y Mads Pedersen salieron todavía con segundos de ventaja que les permitían soñar remotamente con la victoria, dado el marcaje imperante en el grupo de favoritos. Quedaban todavía más de 40 km. a meta. 

Llegó entonces el encadenado de colinas, la traca final de los organizadores de Flanders Classics. En el Taaienberg, Van Avermaet  daría muestras de debilidad (qué lejos está del intratable corredor de la primavera pasada), mientras que Demare y Kristoff pasarían con bastante suficiencia los berg, aunque sin gregarios. Van Aert seguía delante, con gran facilidad, Sagan perdía a Oss, su último gregario, mientras que los Quick Step disponían de superioridad, con Stybar, Terpstra, Gilbert y Lampaert. Tras una escaramuza poco después de coronar el Kruisberg, lanzada por Stybar y secundada por Kwiatkowski, Sagan y Nibali, se produjo el consabido parón. Momento que fue aprovechado con astucia por el propio Nibali para lanzar su ataque. De nuevo lo squallo demostraba su particular habilidad para leer las carreras. Sin embargo, esta vez no le acompañaron las piernas. Tras él salió Terpstra y por detrás Sagan (quién si no) se limitó a culebrear, abrirse y esperar que otro cerrase el hueco, a la manera de Quintana en el Peyresourde. Moscon lo intentó, sin fortuna; en el falso llano subsiguiente, Terpstra siguió forzando la marcha e hizo con Nibali lo que éste hizo con Neilands en el Poggio. 



A partir de ese momento, tan sólo quedaba descubrir cuánto tiempo tardaría Terpstra en dar alcance al terceto delantero. Por un momento pareció que iban a defenderse bien, que Terpstra podía desfallecer; pero no, el magnífico rodador holandés sólo estaba tomando un poco de aliento, antes del encadenado final (¡una vez más!) de Oude Kwaremont - Paterberg. Langeveld y van Baarle se vinieron abajo; sin embargo, Mads Pedersen luchó, con la cara enrojecida, la boca abierta, casi en apnea, por mantenerse a rueda de Terpstra. Por detrás, el único movimiento serio tuvo lugar en el Paterberg, con Sagan atacando a destiempo, asumiendo el rol de Vanmarcke. 

En el llano hacia Oudenaarde, Terpstra no se pudo relajar, pues Pedersen seguía luchando por darle alcance. Por detrás, Sagan sería alcanzado por el grupo formado por Stybar, Gilbert, Van Avermaet, van Baarle, Vanmarcke, Van Aert, Naesen, Benoot, Valgren Andersen y Stuyven. Las figuras belgas, acostumbradas al marcaje mutuo, sólo podían encontrar un elemento común de colaboración en la caza a Sagan. De esta manera, Terpstra consesguía su segundo monumento, en este caso sin la magnanimidad de Boonen, Mads Pedersen entraba todavía segundo y la tercera plaza se dilucidó entre Gilbert y Valgren Andersen. 



No ha dejado de ser la de este año una edición menor de la Ronde van Vlaanderen, dominada por la superioridad de un solo equipo y por los marcajes entre el resto de figuras. Mención aparte merece la extraña forma de correr de Sagan, cada vez más predecible; está claro que prefiere no ganar a que otros se beneficien de su esfuerzo, pero en el recuento final Terpstra ya tiene más monumentos que él. Sin duda lo más esperanzador fue la actuación de los jóvenes: el excepcional Mads Pedersen, Wout Van Aert, por completo adaptado a la distancia, y en menor medida Iván García Cortina. 

sábado, 17 de marzo de 2018

EL ARTE DEL MOMENTO OPORTUNO

Generalizando un poco, existen dos tipos de obras de arte con desarrollo temporal: las que administran los momentos intensos a lo largo de su desarrollo y las que dejan la emoción para el final. Dicho de otra forma, hay dos tipos de composiciones musicales, novelas, películas u obras de teatro, las que dosifican los momentos intensos y dejan una sensación placentera que invita a una relectura o revisión, y aquellas otras que dejan al lector o espectador completamente devastado, con los nervios al límite, después de un clímax que pone la piel de gallina. La Milán - Sanremo pertenece sin duda a esa segunda clase de obras de arte, especialmente en ediciones logradas como la de este año. 

La Milán-Sanremo es la carrera que todo ciclista desea tener en su palmarés, especialmente si es italiano; desde el sprinter más laureado al corredor más modesto, todos se ven con posibilidades. Es el gioiello que todo ciclista desea tener en su colección. Sin embargo, su prestigio muchas veces supera a las emociones que depara, y cada día su resultado parece más anunciado. Pero en casos como el de este año el amante del ciclismo se siente reconciliado con su deporte preferido. La Milán-Sanremo de 2018 ha sido una carrera que invita al aplauso final. 

¿Por qué? Porque se han visto resumidas las esencias del deporte ciclista. Por un lado, ha acabado con un premio justo para el atacante. Por otro, en sus kilómetros finales se ha visto resumida la esencia mítica del ciclismo, la lucha del escapado contra el grupo perseguidor, la habitual historia del pez pequeño cuyo destino es ser devorado por el grande. Cuando ese destino es alterado, cuando el ratón logra escapar del gato y se alza con el triunfo, la historia se convierte en David venciendo a Goliat. Da igual que el ganador sea Marc Gomez o Nibali, un fuoriclasse indiscutido, pues en Via Roma Nibali no deja de ser un pez fuera de su medio.

La carrera empezó, siete horas antes de su conclusión, con lluvia y frío. Se formó la consabida escapada, con modestos como Mirco Maestri, Lorenzo Rota, Evgeny Kobernyak, Guy Sagiv, Dennis van Winden, Sho Hatsuyama, Charles Planet, Jacopo Mosca y un habitual, Matteo Bono. La carrera parecía seguir su guion ya escrito (el pelotón remoloneando con los escapados a tiro), con la particularidad del mal tiempo. Un fuerte oleaje golpea contra los pretiles, devorando las playas, y el pelotón es simplemente una sucesión de chubasqueros negros bajo un aguacero de los que se ven de tanto en tanto en Italia. La carretera comienza a secarse y como en un ritual ya escrito, empiezan a volar chubasqueros y cubrezapatillas, saliendo a la luz poco a poco el colorido del pelotón. En Ceriale comienzan a abrirse los claros y las cámaras de televisión recogen una bella imagen de los escapados huyendo de los negros nubarrones y avanzando hacia el sol: la imagen-símbolo de la Primavera.  

El sol luce y llegan los capi. Se suceden lugares comunes, notas esperadas: alguna caída; Kittel sufre en el Berta; los idiotas de las bengalas... Los escapados son cazados después del estrecho paso por la calle porticada de Imperia. Nada parece salirse de los raíles marcados. La Cipressa se sube a tren, sin ataques: en primer lugar es van Baarle quien controla para Kwiatkowski; después, y durante casi toda la subida, FDJ-Groupama hace una exhibición de fuerza. Ignatas Konovalovas comanda el grupo, con Demare en cuarta posición, advirtiendo de su fuerza, intentando despejar dudas pasadas. ¿Va a ser una Milán-Sanremo predecible? ¿Una Milán-Sanremo propia del ciclismo moderno? Todo apunta en esa dirección. Sin embargo un pequeño detalle anuncia el futuro desenlace: Nibali está delante, a pesar de haberse arrastrado en la Tirreno-Adriatico (o precisamente por ello). Incluso adelanta puestos en una curva tomada a cuchillo.

En la insidiosa bajada de la Cipressa los hombres de FDJ-Groupama siguen controlando la situación, comandados por Ladagnous. Han debido memorizar el descenso de la Cipressa como la lección a recitar, pues al volver a la Aurelia han logrado distanciarse del grupo. Tal control parece tener como objeto mantener la carrera controlada desde el ascenso de la Cipressa hasta la via Roma, sin que Demare en ningún momento salga de las posiciones delanteras. La gente importante parece seguir toda en el grupo, excepto Kittel, como era de esperar.

En la aproximación al Poggio aumenta la tensión. Mi tocayo Konovalovas remonta el grupo y todavía tiene un momento de protagonismo, con su fabulosa planta y maillot. Los hombres de Lotto y de Mitchelton comienzan a progresar, formándose varias puntas de lanza. Es en ese punto cuando Cavendish sufre una aparatosa caída, muy fea. Este inicio de temporada tiene la negra; los dioses del ciclismo le están enviando señales bastante duras, advirtiéndole de que es mejor que se retire.

El Poggio se inicia con fuerza, con mucha gente delante, demasiada. En las primeras rampas Marcus Burghardt lanza un ataque que parece más bien un arreón para tomar la cabeza. Mohoric lo mantiene unos metros a raya, pero cuando el campeón alemán comienza a despegarse, es Jean-Pierre Drucker quien sale a darle alcance, rebasándole. La cámara registra bonitas imágenes del corredor luxemburgués del BMC a contraluz, con el mar al fondo. El pelotón sigue comandado por los Bahrein, que parecen querer jugar la carta de Colbrelli. De esta manera, la mitad del Poggio se consume, con ataques de segundas espadas, que son más movimientos tácticos que otra cosa.

De pronto un corredor progresa desde el interior del grupo, demarrando con fuerza. Es Krists Neilands, campeón letón del Israel Academy. Nadie salta a su rueda. Me alegro de ver a ese corredor al ataque, pues en la Tirreno - Adriatico me había dejado una buena impresión en la escapada que compartió con el ruso Vlasov. Me había llamado tanto la atención que lo había puesto en la selección de tropela (antes de cambiarlo en el último momento por Keukeleire). Sin embargo, nunca hubiese imaginado que sería el hombre decisivo de la jornada.

Su ataque es duro, con mucho desparpajo dada su edad. Tiene las hechuras y la edad para ser alguien destacado. De pronto alguien sale tras él. Su espalda baja, sus codos abiertos, su barba de tres días y su maillot rojo son inconfundibles: es Nibali.  Muchas veces el siciliano lo ha intentado en Sanremo (en 2012 y 2014, por ejemplo), pero es muy difícil llegar solo y siempre ha tenido el handicap de su escasa punta de velocidad. Los Bahrein, que controlaban la cabeza, se dispersan al ver a su líder delante, permitiendo que abran hueco. Por detrás Spilak y Battaglin intentan darles alcance, sin éxito. Nibali comienza a dar relevos al corredor letón, diez años más joven que él. ¿Podrán llegar juntos a meta? Ese es el sueño que todos los años se gesta en el Poggio y que casi siempre los últimos kilómetros devuelven a la dura realidad. En el falso llano que conduce a la iglesia de Nostra Signora della Guardia Nibali hace su allungo. Va a por todas, como en años anteriores, pero en este caso no parece tener por detrás gente que le siga. Neilands cede mientras que el siciliano imprime un trepidante ritmo a los pedales. Quedan todavía 6 kilómetros a meta, distancia que es un mundo en esta carrera, con 7 horas de bicicleta y más de 285 kilómetros a las espaldas.

(via INRNG)



Detrás no hay organización. Sagan, como en sus días caprichosos, decide que sean otros los que hagan el trabajo. Tiene el día tonto. Cuando finalmente Oss toma la cabeza del grupo para iniciar la caza, Nibali está a punto de iniciar el descenso en la famosa curva de la cabina telefónica.  Apenas 9'' le separan del grupo. El descenso de Nibali es suicida, como es de esperar, mientras que por detrás Kwiatkowski y Sagan se marcan. Es Trentin el único que decide lanzarse en el descenso, a la manera de Kelly en 1992. Al final del descenso, Nibali mantiene su exigua diferencia. Ha luchado por cada segundo en cada curva.

En el corso Cavalotti suele ser el lugar en el que las tentativas valientes se estrellan contra la dura realidad. Sin embargo, en el grupo trasero no hay gregarios (a diferencia de lo que sucedía en los años locos de principios de siglo). El marcaje y el choque de egos entre las dos estrellas del este permite que el siciliano vaya haciendo camino. Aún así a Nibali le queda un mundo; puede que sufra la más dura de las decepciones del ciclismo, morir a pocos metros de la línea de meta. Trentin es cazado, llegan los refuerzos de los sprinters. La suerte de Nibali parece cantada. Una vez más triunfará la ley del pelotón, comandado por tres Quick Step al entrar en el último kilómetro.

Pero esta vez no va a ganar el pelotón, o al menos el grupo de los velocistas. Al entrar en la via Roma Nibali conserva una ventaja que le permite levantarse de brazos a falta de 20 metros, a pesar de que por detrás Ewan encabeza un sprint formidable, en el que deja al resto a más de dos bicicletas de distancia. Demare, Kristoff, Roelandts, Sagan, Matthews, habituales en via Roma, entran después. Nibali consigue así su victoria más grande, la más épica, e Italia respira, evitado el incubo de una sequía equiparable a los años post-Petrucci. El siciliano contabiliza así siete grandes triunfos, entre grandes clásicas y grandes vueltas, a la espera de un inminente octavo. Es ya un mito viviente del ciclismo italiano, sólo por detrás de los más grandes (Coppi, Bartali, Binda y Gimondi, quizá Moser).

La Milán - Sanremo de esta manera se reivindica como gran monumento, frente a las voces que todos los años quieren degradarla, a pesar de su historia, su kilometraje y su belleza inherente. Sanremo suele coronar al más astuto, al que sabe seguir las ruedas indicadas, y condena al bobalicón que lleva tras de sí a rivales más veloces. Sanremo quiere más al furbo que mete la rueda que al que malgasta fuerzas, pero también al loco que se la juega bajando que al que prefiere esperar. Sólo en situaciones escogidas, Sanremo corona al más valiente, al que no mira para atrás cuando lanza el ataque. Son esas las ocasiones de los grandes campeones, en las que no sólo sirve la fuerza, sino también la suerte y el kairos, el "momento oportuno" de los griegos. Por ello, cuando se parte del consenso de ir todos con la pistola cargada o con el tanque bien lleno, la inteligencia puede ser un elemento determinante. Una parte importante, si no decisiva, del espectáculo.



jueves, 4 de enero de 2018

EQUIPOS 2018 (II)

MOVISTAR TEAM


Después de un otoño de miradas cruzadas, posados forzados y puñaladas por la espalda llega el nuevo “pack movistar”: la Tricefalia, con Valverde, Quintana y Landa, a.k.a. Freelanda. Todo son incógnitas, principalmente debido a la bajada alarmante de rendimiento después del Giro d'Italia. El Movistar que conocíamos llegó hasta el inicio del Tour, como mucho. El hecho es que fue estrellarse Valverde y desinflarse el globo de Movistar, como si les hubiesen dado un chivatazo o un toque de atención entre bambalinas.

Como decía, todo son dudas. ¿Podrá Valverde reinventarse a los 38 años? Cosas más insólitas hemos visto. ¿Cómo será la cohabitación entre Landa y Quintana, dado que a uno le gusta trastocar las jerarquías y al otro imponer su ley? Mala, de eso casi no hay duda alguna. Mejor será si llevan calendarios paralelos, aunque los frailes son capaces de obrar milagros en cuestión mental. Será por aquello de la confesión. Mientras tanto, seguirán en lenta maduración en bodega Marc Soler, Rubén Fernández, Sütterlin y el recién llegado Rosón. Pueden salir vinos buenos...o también vinos picados. Al menos saben convertir vinos pasados en vinos peleones, como en el caso de Betancur.

Siguen: Andrey AMADOR, Winner ANACONA, Jorge ARCAS, Carlos BARBERO, Daniele BENNATI, Carlos Alberto BETANCUR, Nuno BICO, Richard CARAPAZ, Héctor CARRETERO, Víctor DE LA PARTE, Imanol ERVITI, Rubén FERNÁNDEZ, Nelson OLIVEIRA, Antonio PEDRERO, Dayer QUINTANA, Nairo QUINTANA, José Joaquín ROJAS, Marc SOLER, Jasha SÜTTERLIN, Alejandro VALVERDE.

Altas: Jaime CASTRILLO (Élite 2), Mikel LANDA (Sky), Jaime ROSÓN (Caja Rural), Eduardo SEPÚLVEDA (Fortuneo – Oscaro), Rafael VALLS (Lotto – Soudal)

Bajas: Jonathan CASTROVIEJO (Sky), Alex DOWSETT (Katusha – Alpecin), Jesús HERRADA (Cofidis), José HERRADA (Cofidis), Gorka IZAGIRRE (Bahrein – Merida), Adriano MALORI (ret), Daniel MORENO (Education First – Cannondale), Rory SUTHERLAND (UAE Team Emirates). 

QUICK STEP FLOORS




2017 fue un año de ciencia-ficción. Se retiraba Boonen, había peligro de que el patrocinador no continuase y alguno debió pensar que era el momento de echar la casa por la ventana, con el resultado ya conocido de resurrecciones, récords de victorias de etapa, riñones maltrechos...Hasta Richeze metía baza. En resumen, monstruosidades no vistas en mucho tiempo. Sinceramente, no me creo lo de este equipo y espero que de cara a 2018 se corten un poco, ya que la continuidad del patrocinador está asegurada para este año.

A pesar de algunas pérdidas notables, la plantilla sigue siendo deslumbrante. Cuentan con el nervioso Alaphilippe para desplegar toda su gestualidad en Ardenas y donde se tercie, Gaviria para sorprender en los sprints, con Richeze de mamporrero, Jungels paseando palmito y estilo por Italia, Štybar con la oportunidad de lucirse en el pavée, dada la vacante en el puesto de “rey del adoquín”, Gilbert rejuvenecido, etc. Y jóvenes en la recámara, como De Plus o Mas, esperando ascender de escalafón. En los fichajes se aprecia una apuesta por la juventud, con gente se ha dejado ver en el Tour de l'Avenir, como el colombiano Hodeg, el holandés Jakobsen o el británico Knox.

Siguen: Julian ALAPHILIPPE, Eros CAPECCHI, Rémi CAVAGNA, Laurens DE PLUS, Tim DECLERCQ, Dries DEVENYNS, Fernando GAVIRIA, Philippe GILBERT, Bob JUNGELS, Iljo KEISSE, Yves LAMPAERT, Davide MARTINELLI, Enric MAS, Maximiliano RICHEZE, Fabio SABATINI, Maximilian SCHACHMANN, Pieter SERRY, Zdenek ŠTYBAR, Niki TERPSTRA, Petr VAKOČ.

Altas: Álvaro HODEG (Quick Step trainée), Fabio JAKOBSEN (SEG Racing Academy), James KNOX (Team Wiggins), Michael MORKOV (Katusha – Alpecin), Jhonathan NARVÁEZ (Axeon Hagens Berman), Florian SENECHAL (Cofidis), Elia VIVIANI (Sky)

Bajas: Jack BAUER (Mitchelton – Scott), Tom BOONEN (ret), Gianluca BRAMBILLA (Trek – Segafredo), David DE LA CRUZ (Sky), Marcel KITTEL (Katusha – Alpecin), Daniel MARTIN (UAE Team Emirates), Matteo TRENTIN (Mitchelton – Scott), Martin VELITS (ret), Julien VERMOTE (Dimension Data)

TEAM DIMENSION DATA




Digan lo que digan, este equipo es el más flojo de todo el WT, pues gran parte de su plantilla es de relleno. Contarán de nuevo con Cavendish y Boasson Hagen como principales bazas para brillar. El de Man no pudo levantar el vuelo después del incidente con Sagan, aunque no hay que descartarlo para julio, pues es un maestro (como todos los de su zona) en “ponerse a punto” para las grandes citas. Esperemos que los dioses del ciclismo impidan de nuevo que algunos récords sean mancillados.

Entre los fichajes, destaca la vuelta a casa de Meintjes, después de demostrar su maestría en lo referido al puestómetro con los árabes. Por otro lado, Vermote se marcó el año pasado unas buenas panzadas a tirar, en la línea sci-fi de lo que fue su equipo. Para eso lo habrán fichado, supongo, para que se exprima en este caso para Cavendish. Entre los demás, Cummings y Pauwels se dejarán ver en escapadas y habrá que ver si Kudus sigue apuntando maneras de escalador.

Siguen: Igor ANTÓN, Natnael BERHANE, Mark CAVENDISH, Stephen CUMMINGS, Mekseb DEBESAY, Nicolas DOUGALL, Bernhard EISEL, Ryan GIBBONS, Edvald Boasson HAGEN, Jacques JANSE VAN RENSBURG, Reinardt JANSE VAN RENSBURG, Benjamin KING, Merhawi KUDUS, Lachlan MORTON, Ben O'CONNOR, Serge PAUWELS, Mark RENSHAW, Jay Robert THOMSON, Scott THWAITES, Johann VAN ZYL, Jaco VENTER.

Altas: Scott DAVIES (Team Wiggins), Nicholas DLAMINI (Dimension Data for Qhubeka), Amanuel GREBREIGZABHIER (Dimension Data for Qhubeka), Louis MEINTJES (UAE Team Emirates), Tom-Jelte SLAGTER (Cannondale – Drapac), Julien VERMOTE (Quick Step)

Bajas: Tyler FARRAR (ret), Omar FRAILE (Astana), Nathan HAAS (Katusha – Alpecin), Adrien NIYONSHUTI, Youcef REGUIGUI (Sovac – Natura4ever), Kristian SBARAGLI (Israel Academy), Daniel TEKLEHAIMANOT  


TEAM EF EDUCATION FIRST – DRAPAC – CANNONDALE 




Después de mucho culebrón, el equipo de Vaughters sigue en pie, y a la luz de los problemas de continuidad del equipo hay que explicar el mágico rendimiento de Urán durante el pasado Tour. Como es habitual en los equipos de Vaughters, media plantilla abandona el equipo y otra media llega de refresco. Entre las retiradas llama forzosamente la atención la de Talansky (que quizá deba explicarse también debido a lo anteriormente expuesto). Entre los que permanecen, Vanmarcke y Langeveld para las clásicas constituyen las mejores opciones, así como Woods para el puestómetro y Rolland para rascar allá donde sea posible.

Entre los nuevos que llegan destacan dos hombres rápidos como Modolo y McLay, y la sorprendente llegada de Dani Moreno, después de un año bastante a la sombra en Movistar. Éste último es uno de esos fichajes raros de Vaughters, que sólo de tanto en tanto cuajan.  

Siguen: Nathan BROWN, Brendan CANTY, Hugh CARTHY, Simon CLARKE, William CLARKE, Lawson CRADDOCK, Joseph Lloyd DOMBROWSKY, Alex HOWES, Sebastian LANGEVELD, Taylor PHINNEY, Pierre ROLLAND, Tom SCULLY, Rigoberto URÁN, Tom VAN ASBROECK, Sep VANMARCKE, Michael WOODS.

Altas: Matti BRESCHEL (Astana), Julián CARDONA (Medellín – Inder), Mitchel DOCKER (Orica – Scott), Kim MAGNUSSON (Tre Berg – PostNord), Daniel Felipe MARTÍNEZ POVEDA (Wilier Triestina), Daniel McLAY (Fortuneo – Oscaro), Sacha MODOLO (UAE Team Emirates), Daniel MORENO (Movistar), Logan OWEN (Axeon Hagens Berman)

Bajas: Alberto BETTIOL (BMC), Patrick BEIVIN (BMC), Davide FORMOLO (Bora - Hansgrohe), Kristjan KOREN (Bahrein – Merida), Ryan MULLEN (Trek – Segafredo), Toms SKUJINS (Trek – Segafredo), Tom – Jelte SLAGTER (Dimension Data), Andrew TALANSKY (élite2), Dylan VAN BAARLE (Sky), David VILLELLA (Astana), Wouter WIPPERT (Roompot – Nederlandse Loterij).

TEAM KATUSHA – ALPECIN




Continuando con el proceso de occidentalización de Katusha, este año apenas hay rusos, aunque cuenten con el mejor, Zakarin. Para las grandes vueltas el equipo seguirá orbitando cual sputnik en torno suyo, ya que ha tocado podio en 2017. El fichaje de Boswell parece en la línea de apoyar al ruso en montaña, pues al tártaro se le ve un tanto solo en este equipo germano-soviético.

La pérdida de Kristoff es bastante significativa, pero intentarán suplirla con Kittel, que vuelve al equipo de los crecepelos. Dispondrá de un buen treno, al menos para controlar el pelotón, con Tony Martin, Politt y Rick Zabel. Entre los que continúan, seguro que Špilak sigue pescando buenos trofeos en su querida Suiza. Entre los que llegan, Haas lo podrá hacer bien en las Ardenas. También llega Steff Cras, un joven belga prometedor, con buenos resultados en el Tour de l'Avenir, y el mejor de la escapada matutina del pasado mundial, Willie Smit.

Siguen: Maxim BELKOV, Jenthe BIERMANS, Jose GONÇALVES, Marco HALLER, Reto HOLLENSTEIN, Robert KIŠERLOVSKI, Pavel KOCHETKOV, Vyacheslav KUZNETSOV, Maurits LAMMERTINK, Tiago MACHADO, Tony MARTIN, Marco MATHIS, Baptiste PLANCKAERT, Nils POLITT, Jhonathan RESTREPO, Mads Würtz SCHMIDT, Simon ŠPILAK, Rick ZABEL, Ilnur ZAKARIN

Altas: Ian BOSWELL (Sky), Steff CRAS (élite 2), Alex DOWSETT (Movistar), Matteo FABBRO (Élite 2), Nathan HAAS (Dimension Data), Marcel KITTEL (Quick Step), Willie SMIT (Élite 2).

Bajas: Sven Erik BYSTROM (UAE Team Emirates), Alexander KRISTOFF (UAE Team Emirates), Alberto LOSADA (ret), Matvey MAMYKIN (Burgos – BH), Michael MORKOV (Quick Step), Rein TAARAMÄE (Direct Energie), Ángel VICIOSO (ret).

TEAM LOTTO NL – JUMBO




Mucho se ha hablado de los holandeses este otoño, y no para bien. Con Lobato de veterano y Eenkhorn y Tolhoek de novatos, se reavivaron las historias más truculentas del ciclismo, que siempre discurren en anónimos hoteles en temporada baja, con automedicación con fines recreativos de por medio. Todo el asunto se ha resuelto con Lobato sin equipo. Hablando ya de lo deportivo, el equipo seguirá centrado en su potencial local, con Kruijswijk y Gesink para las grandes vueltas, especialmente el primero. Aunque quizá sean rebasados por Bennett y especialmente por Roglič, un todoterreno que si gana en regularidad puede ser una figura mayúscula. Bennett dio la espantada el año pasado en el Tour en el mismo momento que Roglič se deslizaba hacia Serre Chevalier para aterrizar en telemark. Para los sprints tendrán una baza segura con Groenewegen.

Entre los llegados, destaca Danny van Poppel tras un paso prácticamente anónimo en Sky y el norteamericano Powless, un escalador longilíneo que ya se ha dejado ver en algún Tour de California, un enésimo talentino norteamericano en la línea de Adrien Costa.

Siguen: Enrico BATTAGLIN, George BENNETT, Lars BOOM, Koen BOWMAN, Stef CLEMENT, Floris DE TIER, Robert GESINK, Dylan GROENEWEGEN, Amund Grondhal JANSEN, Steven KRUIJSWIJK, Tom LEEZER, Bert-Jan LINDEMAN, Paul MARTENS, Daan OLIVIER, Primož ROGLIČ, Timo ROOSEN, Bram TANKINK, Antwan TOLHOEK, Jos VAN EMDEN, Gijs VAN HOECKE, Robert WAGNER, Maarten WYNANTS

Altas: Pascal EENKHOORN (élite 2), Sepp KUSS (Team Rally), Neilson POWLESS (Axeon Hagens Berman), Danny VAN POPPEL (sky)

Bajas: Victor CAMPENAERTS (Lotto – Soudal), Twan CASTELIJNS (élite2), Martijn KEIZER, Steven LAMMERTINK (Vital Concept), Juan José LOBATO, Jurgen VAN DEN BROECK (ret), Alexey VERMEULEN.

TEAM SKY




Una densa capa de niebla se ha ido formando en torno a Froome y su positivo por salbutamol, para hacer como si no hubiese pasado nada. Las montañas no se han movido, los ríos fluyen todavía según la ley de la gravedad, las catedrales no se han caído, todo sigue en su sitio. Pero no. El positivo está ahí, ruidoso, brillante, luminoso, pidiendo atención como el lloro de un niño que despierta al vecindario en plena madrugada. Ese positivo está pidiendo a gritos que alguien se encargue de él, que lo tomen en cuenta, que se haga justicia.

Así que los planes han quedado trastocados. No se sabe si Froome irá a Tel Aviv a algo más que a la playa. A pesar de todo el calvo maligno cuenta con planes B. Ahí está Kwiatkowski, que en su segundo año de maceración ha volado. Ahí está Moscon, que saltando de polémica en polémica se ha hecho un hueco entre los mejores. Ahí están De la Cruz y Castroviejo, predispuestos a ocupar el puesto vacante de Nieve. Ahí están Poels y Thomas, siempre presentes tanto para un roto como para un descosido. Ahí están Rosa y Elissonde, que en su segundo año de maceración puede que vuelen. O quizá me equivoque y a todos les corten las alas.

El plan C era el futuro, que ya tenían programado con el recambio de los británicos: el cacareado Bernal, el del VO2max de los dioses, justo con Sivakov y Halvorsen, reuniendo los tres Tour, Giro y mundial sub-23. “Todo atado y bien atado”. Las dictaduras a veces se disuelven como un azucarillo por una metedura de pata en una rueda de prensa, como el ab sofort de Günter Schabowski. Ésta quizá se disuelva en el aire con unos cuantos puffs de ventolín.

Siguen: Philip DEIGNAN, Jonathan DIBBEN, Owain DOULL, Kenny ELISSONDE, Chris FROOME, Tao GEOGHEGAN HART, Michal GOLAS, Sebastián HENAO, Sergio Luis HENAO, Beñat INTXAUSTI, Vasil KIRYIENKA, Christina KNEES, Michal KWIATKOWSKI, David LÓPEZ, Gianni MOSCON, Wout POELS, Salvatore PUCCIO, Diego ROSA, Luke ROWE, Ian STANNARD, Geraint THOMAS, Lukasz WISNIOWSKI.

Altas: Leonardo BASSO (élite2), Egan BERNAL (Androni – Sidermec), Jonathan CASTROVIEJO (Movistar), David DE LA CRUZ (Quick Step), Kristoffer HALVORSEN (Joker – Icopal), Christopher LAWLESS (Axeon Hagens Berman), Pavel SIVAKOV (élite 2), Dylan VAN BAARLE (Cannondale – Drapac).

Bajas: Ian BOSWELL (Katusha – Alpecin), Peter KENNAUGH (Bora – Hansgrohe), Mikel LANDA (Movistar), Mikel NIEVE (Mitchelton – Scott), Danny VAN POPPEL (Lotto NL- Jumbo), Elia VIVIANI (Quick Step).


TEAM SUNWEB



Difícil será superar la temporada pasada en Sunweb, con Dumoulin, Matthews, Barguil y Kelderman rodando por encima del nivel mostrado hasta la fecha. Tanto es así que Dumoulin se presenta esta temporada como el candidato más sólido a subvertir el dominio del Sky. Los obstáculos que en otras ocasiones se le habían presentado en forma de desfallecimiento o ausencia de equipo, la temporada pasada se presentaron en forma de imperiosa “llamada de la naturaleza”, que pudo sortear con bastante elegancia. Parece haber hallado la fórmula mágica de equilibrio entre subir y rodar que propicia las grandes victorias.

La marcha de Barguil permitirá al equipo centrarse todavía más en Dumoulin, que contará con el refuerzo de Vervaeke en la montaña, una promesa estancada a la que quizá “reconduzcan” al modo de Kelderman. Además cuentan en la recámara con corredores jóvenes como Soren Kragh Andersen, Phil Bauhaus o Lennard Kämna, dispuestos a dar el salto al primer plano. Por su parte Michael Matthews puede contar con la ayuda de Edward Theuns para hacerse por fin con una gran clásica.


Siguen: Soren Kragh ANDERSEN, Nikias ARNDT, Phil BAUHAUS, Roy CURVERS, Tom DUMOULIN, Johannes FRÖHLINGER, Simon GESCHKE, Chad HAGA, Chris HAMILTON, Lennard HOFSTEDE, Lennard KÄMNA, Wilco KELDERMAN, Michael MATTHEWS, Sam OOMEN, Tom STAMSNIJDER, Laurens TEN DAM, Mike TEUNISSEN, Maximilien WALDSCHEID. 

Altas: Jai HINDLEY (Mitchelton – Scott), Michael STORER (élite 2), Edward THEUNS (Trek – Segafredo), Martijn TUSVELD (Roompot – Nederlandse Loterij), Louis VERVAEKE (Lotto – Soudal).

Bajas: Warren BARGUIL (Fortuneo – Samsic), Bert DE BACKER (Vital Concept), Sindre Skjostad LUNKE (Fortuneo – Samsic), Georg PREIDLER (Groupama – FDJ), Ramon SINKELDAM (Groupama – FDJ), Albert TIMMER (ret), Zico WAEYTENS (Vérandas Willems – Crelan)

TREK – SEGAFREDO



Sin Cancellara, sin Contador, sin Zubeldia, el equipo Trek ha dejado de ser el cementerio de elefantes del pelotón. Sólo resiste Iriziar, pero sin corro español que entienda sus chistes. Sin embargo, algo de la esencia del equipo se mantiene, pues sigue siendo una banda sin líder fijo, en la que cada uno puede hacer la guerra por su cuenta. Los nombres más importantes siguen siendo los de Degenkolb y Mollema, pero el primero parece lejos de alcanzar el nivel de 2015 y el segundo seguirá dando guerra, aunque parece haber llegado a su máximo. Sin un Degenkolb sobresaliente, el puesto de clasicómano dominador parece destinado a Stuyven, un corredor que tiene un monumento en las piernas.

Entre los recién llegado, Brambilla se une a la colonia italiana amparada por el copatrocinador. Su temporada pasada fue extrañamente gris, dado el equipo del que proviene. Además contarán con el tercer clasificado en el Tour de l'Avenir, el danés Niklas Eg. Ambos se sumarán a un equipo joven, en el que habrá que estar atento a lo que puedan hacer Bernard, Gogl o Felline.

Siguen: Eugenio ALAFACI, Fumiyuki BEPPU, Julien BERNARD, Matthias BRÄNDLE, Gregory DANIEL, Koen DE KORT, John DEGENKOLB, Laurent DIDIER, Fabio FELLINE, Michael GOGL, Ruben GUERREIRO, Markel IRIZAR, Bauke MOLLEMA, Giacomo NIZZOLO, Jarlinson PANTANO, Mads PEDERSEN, Gregory RAST, Kiel REIJNEN, Peter STETINA, Jasper STUYVEN, Boy VAN POPPEL.

Altas: Gianluca BRAMBILLA (Quick Step), Nicola CONCI (Trek – Segafredo Trainée), Niklas EG (Team Virtu Cycling), Alex FRAME (JLT – Condor), Tsgabu GRMAY (Bahrain – Merida), Ryan MULLEN (Cannondale – Drapac), Toms SKUJINS (Cannondale -Drapac).

Bajas: Andre CARDOSO, Marco COLEDAN (Wilier Triestina), Alberto CONTADOR (ret), Jesús HERNÁNDEZ (ret), Edward THEUNS (Sunweb), Haimar ZUBELDIA (ret).

UAE TEAM EMIRATES



El gran salto adelante de UAE Emirates se pretende dar con unos cuantos buenos fajos de petromortadelos sobre la mesa. Los de los emiratos no iban a ser menos que sus vecinos y han decidido sacudir un poco el mercado, que parecía un poco amuermado. Así se han hecho con Aru, Kristoff y Daniel Martin, tres fichajes de primera magnitud. El sardo aterriza solo, pero lo hace en una estructura eminentemente italiana, en la podrá ser arropado en montaña por corredores como Atapuma, Valerio Conti, Polanc o Niemiec. Kristoff llega acompañado de Bystrom pero poco más encontrará en UAE. Y el irlandés directamente no tendrá más remedio que hacer la guerra por su cuenta, contando con Rui Costa y Ulissi, corredores de un perfil similiar, como aliados o competidores internos, el destino dirá.

El equipo cuenta con unos primeros puntas de campeonato, pero sin embargo da la impresión de contar con poco fondo de armario. En fin, todo fachada, como esa arquitectura islámica tan ornamentada y suntuosa que esconde una estructura pobre de ladrillo y madera, casi de falla. No faltan jóvenes promesas, con todavía cosas que mostrar, como Consonni o el pistard Ganna, a los que se une Riabushenko (ganador de Il Piccolo Lombardia). Tendrán que cohabitar con corredores que figuran en plantilla por cuota religiosa. 

Siguen: Anass AIT EL ABDIA, Darwin ATAPUMA, Matteo BONO, Simone CONSONNI, Valerio CONTI, Rui COSTA, Kristijan DURASEK, Roberto FERRARI, Filippo GANNA, Vegard Stake LAENGEN, Marco MARCATO, Yousif MIRZA BANIHAMMAD, Manuele MORI, Przemyslaw NIEMIEC, Simone PETILLI, Jan POLANC, Edward RAVASI, Ben SWIFT, Oliviero TROIA, Diego ULISSI.

Altas: Fabio ARU (Astana), Sven Erik BYSTROM (Katusha – Alpecin), Alexander KRISTOFF (Katusha – Alpecin), Daniel MARTIN (Quick Step), Aliaksandr RIABUSHENKO (UAE Team Emirates trainée), Rory SUTHERLAND (Movistar)


Bajas: Andrea GUARDINI (Bardiani – CSF), Marko KUMP (CCC Sprandi), Louis MEINTJES (Team Dimension Data), Sacha MODOLO (Education First – Drapac), Matej MOHORIC (Bahrein – Merida), Federico ZURLO.