jueves, 18 de junio de 2020

VIVE LE TOUR

Vive le Tour es un breve documental, naif y colorista, sobre el Tour de Francia de 1962. Es obra de Louis Malle, un director que siempre se mantuvo en los márgenes de la nouvelle vague, compartiendo con este heterogéneo movimiento el interés por la autobiografía y los sentimientos. En este documental, de marcado carácter didáctico, se van desmenuzando los aspectos más relevantes del deporte ciclista y de su carrera por excelencia, el Tour de Francia, incidiendo en su carácter de gran celebración popular.  Ello no impide señalar el problema del dopaje. El ciclismo adquiere así un carácter festivo y sombrío. (Como diría Atshui Nakajima, la conjunción pero entre estos dos adjetivos es algo que solo tiene sentido en la mentalidad...del que no conoce el ciclismo, añadiría yo).



Precisamente debido a su tono didáctico, la película se convirtió en un catálogo de lugares comunes, explorados con menor originalidad por películas posteriores sobre ciclismo. Los desfallecimientos, las caídas, las razzias a los bares, los empujones...En su tramo final, ese tono alegre se va deshilachando, dando lugar a un montaje rápido de rostros desfigurados por el esfuerzo, contrapuestos a la gloria de los ganadores en París.

Para el aficionado fetichista, como es mi caso, este documental cuenta con un aliciente añadido, ya que muestra el primer Tour disputado por equipos de marcas comerciales. Un total de 15 equipos tomaron la salida, 7 equipos franceses, 6 italianos y 2 belgas, con todas las estrellas del momento (Anquetil, Van Looy, Poulidor, Bahamontes, Gaul, Darrigade, Baldini, Anglade, Altig, Carlesi...). A Goddet y Levitan el modelo parecía no gustarles demasiado, incluso el caricaturista Pellos había ironizado sobre el tema, pero el dinero mandaba.

De esta manera, un pelotón más vistoso, con marcas de aperitivos y electrodomésticos en sus pechos, se lanzaba a las carreteras de Francia, dejando atrás la época de los equipos nacionales, aun de forma temporal. Este fue, además, el primer podium de Poupou, que curiosamente apenas sale dos veces en todo el metraje. La cámara de Malle muestra más predilección por algunos rostros curtidos, como el del belga Hoevenaars, de lejano parentesco con Jack Palance, o el aristocrático perfil de Baldini, digno de un medallón renacentista. Se detiene en algunos ídolos mimados por el pueblo, como Dedé Darrigade, y también en los héroes de altos vuelos, como Bahamontes, y en los dioses caídos, como Van Looy. 


Saint Raphaël - Helyett

Jacques Anquetil, Jean Graczyk, Michel Stolker, Rudi Altig


Ignis

Ercole Baldini, Italo Mazzacurati, Giuseppe Zorzi


Ghigi
Guido Boni, Marco Minieri

Liberia - Grammont
André Foucher, Henri Anglade, Jean Dotto.

Gazzola

Marcel Ernzer, Charly Gaul, Bruno Martinato


Pelforth - Sauvage - Lejeune

Joseph Groussard, Alan Ramsbottom


Carpano

Carlo Azzini (?), Hilaire Couvreur


Leroux - Gitane

André Darrigade, Jean-Claude Lebaube, Raymond Mastrotto


Wiel's - Groene Leeuw
Dieter Puschel, Hans Junkermann, Gilbert Desmet II, Jean-Baptiste Claes


Margnat - Paloma

Luis Otaño, Raymond Elena, Federico M.Bahamontes

Peugeot - BP

Emmanuel Busto


Legnano - Pirelli

Peppino Dante, Imerio Massignan, Emilio Ciolli


Philco

Emile Daems, Guido Carlesi, Jos Hoevenaars


Faema - Flandria
Guillaume Van Tongerloo, Rik Van Looy, Armand Desmet


Mercier - BP

Raymond Poulidor, Robert Cazala (?), Victor Van Schil


Sprint de Bayona: de izquierda a derecha, Giancarlo Gentina (Carpano, 6º), Rino Benedetti (Ignis, 2º), Willy Vannitsen (Wiel's-Groene Leeuw, 1º), Bernard Viot (Peugeot - BP, 4º), Jean Graczyk (detrás, Saint-Raphaël - Helyett, 5º), Rudi Altig (maillot verde, Saint Raphaël - Helyett, 3º), Rik Van Looy (maillot arcoiris,7º).



Podium de París: 1º Jacques Anquetil, 2º Jozef Planckaert, 3º Raymond Poulidor


viernes, 29 de mayo de 2020

LA LARGA TRAVESÍA

Tan solo es un deporte, me digo, un simple pasatiempo. Pero si es así, ¿cómo puede estar resultando tan larga esta travesía por la nada? Ya se habrían disputado las clásicas, también el Giro tocaría a su fin, y aquella París - Niza de marzo me resulta ya algo demasiado lejano. ¿De verdad Pello Bilbao corre en Bahrain-McLaren? ¿Desde cuándo? ¿Dimension Data no se llama ya así? ¿Cuándo Nibali empezó a compartir galones con Richie Porte en Trek-Segafredo? ¿Jefel Hafeet? ¿Eso que c... es? ¡No me acuerdo de nada de aquellos dos primeros meses! ¡No sé quién corre en cada equipo! Podría decir que conozco mejor la plantilla del ZG mobili de 1994 que la de cualquier equipo World Tour de 2020. Esos dos meses se han quedado colgando entre dos vacíos, como un breve destello de clarividencia entre dos momentos de amnesia.


Febrero y marzo de 2020, una temporada amputada o a mitad hacer


Ahora parece finalmente que mis agoreras previsiones no se van a cumplir y tendrá lugar una versión concentrada de la temporada en el final del verano y el otoño. Aun así, todavía quedan unos meses para que la cosa vuelva a ponerse en marcha, un tiempo demasiado largo que ya no puede ser suplido con más reposiciones. En las reposiciones televisivas hemos ido saltando de unas épocas a otras, de unas bicicletas a otras, aunque sin apenas salir del esquema Tour-Vuelta. Cuando programan un Tour de Flandes, se resienten las audiencias. Periquismo, Indurain-Indurain-Indurain y la "mejor generación de la historia". El empacho es considerable, aunque en realidad nadie me obliga a verlo,  y he de reconocer que disfruto con placer malsano viendo aquellas pasiones juveniles destruidas, aquella mirada "inocente y limpia" de mi antiguo yo, maltratada por el paso del tiempo y demasiados casos de drogas y tramperos.

Sedotta e abbandonata, seducida y abandonada,
la mirada de los niños que se aficionaron al ciclismo en los noventa.


Parecería que estoy exigiendo, como uno de esos fanáticos de la Liga, mi dosis de pan y circo. ¡Con la que está cayendo! Pero es que ya no aguanto esta necesidad constante de levantar acta sobre el pasado. Necesito presente, quién lo diría. Incluso yo, tan habituado a hacer listados de "los mejores", me rebelo contra la historia. Así pues, estoy dispuesto a que cualquier tontería del presente me motive: la novedad prometida de Sagan en el Giro, ese súper-domingo con Roubaix, Giro y Vuelta, la frivolidad de imaginar a Froome con otros colores, el deseo de algún pajarón no deseado, debido a una "preparación inconveniente", lamentar en un futuro los meses desperdiciados del mejor Quintana de la historia...Cualquier cosa, todo me vale. Estoy dispuesto a entusiasmarme con cualquier noticia fabricada, con cualquier vídeo promocional, con cualquier videojuego montado para mantener vivos a patrocinadores y carreras. Estoy dispuesto a compartir la necesidad de mantener viva la ilusión. Así que cualquier apuesta sobre lo que sucederá será bienvenida, me lanzaré a ella como un temerario jugador de Dostoyevski en una partida de dados sobre un tapiz verde alpino. ¿Alcanzará Evenepoel las cotas prometidas? Por qué no. ¿Será van der Poel el super-campeón esperado, el nuevo Mesías? Ojalá. Pondré una vela si es necesario. Cualquier cosa, necesito cualquier cosa, pero la necesito ya.


Así estoy



martes, 7 de abril de 2020

LE CYCLISME EST UNE AVENTURE

Desde hace un tiempo, los aficionados al ciclismo parecemos condenados a echar la vista atrás.  Corren tiempos de enclaustramiento, rodillo y reposiciones, no queda otra. Las diferentes televisiones nacionales parecen haberse puesto de acuerdo para asaltar sus propias videotecas y poner al servicio de los aficionados buenas dosis de ciclismo televisado. Del bueno, del de antaño. También se puede bucear en youtube, si la selección televisiva incurre en un exceso de patriotismo. Pero en realidad, ¿de qué sirve hablar de ciclismo ahora? En las circunstancias actuales, el ciclismo, como todo lo superfluo, ha quedado arrinconado por lo prioritario. El desarrollo de la temporada ciclista es un problema muy menor, liliputiense, en comparación con todo lo demás. Las reposiciones de estas etapas no dejan de ser un humilde madero con el que mantenerse a flote en medio del naufragio y así mantener una cierta simulación de continuidad. 
 
A falta de nada nuevo que contar, vengo a sacar a la luz cuatro o cinco fotos mal enlazadas sobre el ciclismo como deporte precario y espectacular. A pesar de todos los adelantos y modernidades, circunstancias como las actuales vuelven a dejar al ciclismo bastante desnudo, como el juego de equilibrios con patrocinadores y autoridades locales que siempre ha sido. Por eso lo que me traigo hoy entre manos, simplemente para mantener este espacio con vida, es una serie de imágenes del ciclismo como espectáculo, como circo ambulante. Deberían ser de las clásicas, pero en estos momentos son las únicas fotos interesantes de las que dispongo: son fotos del Tour. Da igual, con las reposiciones de etapas del pasado no creo que un poco más de Tour les vaya a sentar mal.

Comencemos por le principio. Como en cualquier descubrimiento, todo sucedió por azar. Mientras buscaba material para la conferencia sobre el dibujante René Pellos, di con esta maravilla entre las revistas antiguas de mi padre: el número especial de Miroir du Cyclisme dedicado al Tour de 1983, titulado Le Tour est una aventure. En su momento pensé que era un deber compartir este magnífico material mediante una entrada, aunque mi aportación fuese mínima. Pero fui dando largas al tema, en gran parte por falta de tiempo y porque el presente reclamaba su atención. Ahora, en este periodo de paralización completa, es momento de sacar a la luz una joya de este tipo. No está a la altura de otras que circulan por ahí, pero no está nada mal.  




En este número de la prestigiosa revista francesa, el periodismo de “batallitas” se da la mano con la obra de arte. Es el ejemplo de un mundo que ya no existe, en el que la revista de papel era todavía cauce de informaciones y fantasías mitificadas, resultados y literatura a partes iguales. Lo interesante es la comparación que se ofrece entre títulos de películas y algunos de los “temas centrales” del Tour. Lógicamente, los títulos tienen gracia en francés, ya se trate de los títulos originales o de traducciones de los mismos: Salve quien pueda, la vida (Jean-Luc Godard, 1980) para hablar de las escapadas; Deliverance (John Boorman, 1972) a propósito de la sed; Día de fiesta (Jacques Tati, 1948) para mostrar la gloria del triunfo; El cazador (Michael Cimino, 1978), traducido al francés como Voyage au bout de l'Enfer, para referirse al sufrimiento; Au bout de souffle (Jean-Luc Godard, 1960) sobre los abandonos; Marathon man (John Schlesinger, 1976) para ilustrar la labor de los periodistas... Los Dustin Hoffman, Robert De Niro, Jean-Paul Belmondo o Burt Reynolds son aquí Bernard Thevenet, Charly Gaul, Raymond Poulidor o Cyrille Guimard. La vinculación entre Tour y espectáculo parece clara: de hecho, todavía en esa época no habían pegado fuerte en las carreteras ni la ciencia-ficción ni el género de terror. Tampoco las películas de cowboys. 


 

 












Tomemos esta revista por lo que es: un homenaje de la revista ciclista francesa por antonomasia a la carrera con mayúsculas. Pero, yendo más lejos, podemos extrapolar los momentos que aquí se muestran, sus dramas y sus alegrías, a las carreras de Bélgica, Italia o España. Precisamente a las carreras de esta primavera que nos vamos a perder por la irrupción de una catástrofe no imaginada. Hay fotografías de este tipo en todas las carreras y en todas las épocas. Rostros llenos de polvo y sudor, como el de Kelly en la meta de Sanremo en 1986. Imágenes de la desesperación, como la de Poblet al borde de la ruta, levantando la rueda tras un pinchazo y blasfemando, quizá en una mezcla de italiano y catalán. Días infernales, como la París – Roubaix de 2001, con un Wilfried Peeters irreconocible tras una máscara de fango, o la Gent – Wevelgem de 2015, con Thomas saliendo por los aires. Los embudos habituales del Koppenberg, los barrizales en el pavée de 1985 o 1994, las llegadas ajustadas, como las de Groussard y Wolfshohl en Sanremo, Bugno y Museeuw en Flandes o Eddy Planckaert y Bauer en Roubaix...Solo por poner algunos ejemplos. La sabiduría colectiva de twitter nos ofrece a diario buenos repertorios de imágenes, como los que nos suelen regalar @davidguenel o @javigoros61. 

Todo ello se debe a que el ciclismo, con su variedad de escenarios, tanto fijos como cambiantes, es uno de los deportes de mayor riqueza iconográfica. No todo se desarrolla entre cuatro paredes, con lo cual hay paisajes y casas, cielos claros y tormentas, laderas nevadas y campos embarrados. La presencia siempre cercana del público permite ver el paso de los años y las modas. Pocos deportes exigen un despliegue audiovisual tan grande para poder ofrecer un relato: por ello es un deporte que ha ganado tanto con la televisión e incluso con el cine (recomiendo desde aquí una joya, de la que ya habló en su día @jlgpallero, Parpaillon).


¿Y ahora qué panorama queda? Si se retoma esta temporada en algún momento, que lo dudo, está claro que nada va a ser igual. Las cunetas estarán vacías, no habrá nadie en las salidas y en las metas. Se acabará, al menos durante un tiempo, la proximidad con el aficionado que siempre ha sido el signo distintivo del ciclismo con respecto a otros deportes. Pero esto quizá sea lo de menos. Por desgracia, las consecuencias económicas también llegarán al ciclismo, y algunos equipos perderán patrocinadores, muchos corredores se quedarán sin trabajo e incluso alguna carrera puede que no supere este parón de un año. Todo tenderá a reducirse, pero eso no tiene que significar su desaparición. Quedémonos con una idea: si el ciclismo pudo resurgir de los desastres bélicos del siglo XX, si ciclistas como Bartali o Coppi pudieron superar ese parón, en el que sus vidas se vieron notablemente alteradas, ¿no se va a poder hacer lo mismo cuando pase todo esto?

domingo, 15 de marzo de 2020

À BIENTÔT

No es necesario hablar de los acontecimientos que han provocado este abrupto parón en una temporada ciclista apenas comenzada, por de sobra conocidos. Las competiciones ciclistas, como sucede con cualquier otra competición deportiva, festividad o festival, forman parte del engranaje de rutinas que marca el paso de los meses y los años. Constituyen hitos que, dada su repetición, permiten establecer paralelismos entre épocas, evoluciones y contrastes: pero sobre todo, continuidades. La ruptura de la continuidad viene marcada por algo de dimensiones incontenibles e impredecibles. Se conocían los parones por guerras, incluso los parones por hambre en el caso de la Vuelta. Se conocen, por desgracia, carreras deportivas truncadas por la guerra, desde los casos definitivos de Lapize y Faber, a aquellos otros no tan trágicos, como los de Valetti o Deloor. Este parón de 2020 nos ha pillado a todos desprevenidos, porque nada hacía prever que una enfermedad comenzada en Wuhan pudiese extenderse con tanta rapidez y virulencia. La París-Niza del 2020 figurará, en el imaginario de la comunidad ciclista, como la última carrera antes del apagón.

Imagen extraída de Apocalipsis, la Primera Guerra Mundial


Ha sido una carrera interesante y disputada, siempre pendiendo de un hilo, en la que cada etapa se ha corrido como si fuese la última. Quizá se ha alargado en exceso, con una etapa final que poco ha aportado al desarrollo de la carrera, y sí que ha supuesto que el ciclismo fuese uno de los más tardíos deportes en bajar la persiana. Algo paradójico, habiéndose tratado del primer deporte en el que se dieron el contagio y la cuarentena. A día de hoy observo con más indulgencia las ausencias del comienzo de la carrera: una prueba en la que, a cuentagotas, muchos han ido marchándose, pues primaba, de forma lógica, antes la salud y la cercanía con los suyos que la disputa de lo que no deja de ser, a su manera cruel, un juego.

La carrera nos deparó dos días iniciales corridos a cuchillo, en los que el viento volvió a demostrar que es un factor inherente al espectáculo ciclista, además de uno de sus mayores alicientes. Después de la caída en una rotonda de Barguil y Bardet, todo estalló por las aires, en uno de esos días sombríos, todavía invernales, del norte de Francia, en el que los bosques, con sus tristes árboles sin hojas, despiden humedad y una cierta sensación de orden dentro de la desolación. Quintana se mostró atento, también Higuita, pero los auténticos protagonistas del día fueron Alaphilippe y Benoot. Alaphilippe se mostró valiente, sin estar tocado por la barita (o por la poción) como en la primavera pasada. Benoot, por su parte, dio relevos sin mirar atrás, sin exigir nada, como algo característico de un corredor con tan pocos triunfos. García Cortina por detrás acercó al grupo de supervivientes, en el que demarraron Teuns y Schachmann en el último repecho empedrado.

Alaphilippe, gesticulando a la manera de Marcel Marceau, incitaba a Benoot a tirar más. Este, como una mula, no exigía nada a cambio, mientras el francés era todo codos y miradas. La reacción de Alaphilippe era la misma que en otras ocasiones se le ha visto: cuando las fuerzas flaquean, empieza el teatro, como en la pasada Amstel. Teuns y Schachmann les dieron alcance. Se trataba de dos corredores hábiles y astutos, que jugaron con un Alaphilippe desfondado. Benoot intentó marcharse, sabiéndose el menos rápido, y los recién llegados dejaron toda la tostada a Alaphilippe, como mandan los cánones del ciclismo. Con Alaphilippe amortizado, Teuns lanzó el sprint demasiado lejos, lo que le sirvió a Schachmann para cogerle rueda y ganar la etapa. A la postre, sería el vencedor de la carrera.

Plaisir - Plaisir: 1º Schachmann, 2º Teuns, 3º Benoot, 4º Alaphilippe. 


La siguiente etapa fue la decisiva, también contra el viento. Hizo un día menos sombrío, pero igual de ventoso. Esas llanuras centrales de Francia, tan abiertas, facilitan que el enemigo invisible del pelotón, el viento, lo desarbole y diezme, dejándolo como a un ejército en desbandada. Se vieron imágenes portentosas ese día, grabadas con pericia y gran sentido estético por parte de las cámaras del helicóptero. Fue un día decisivo porque el viento y los percances mecánicos dejaron fuera de juego a Alaphilippe y Quintana, y porque Higuita, con su estatura diminuta, se batió con gran bravura en el interior de un pelotón de pívots.

Pedersen y Sagan, nada menos que dos campeones del mundo, fueron los que hicieron saltar todo por los aires, como si el pelotón fuese uno de esos puentes a dinamitar en guerra. Küng intentó inútilmente meter en el grupo delantero a Pinot, pero Vanmarcke sí pudo hacerlo con Higuita. Casi los últimos 10 kilómetros fueron un solo de Pedersen, el actual campeón del mundo, que se reivindicó con digno portador del maillot. En el sprint, Sagan lanzó a Ackermann, que apenas pudo levantarse del sillín: llevaba una buena tostada encima. De su espalda salió como un fulmine Nizzolo y se llevó la etapa. En resumen, el que ha sido el mejor día de ciclismo de todo lo que llevamos de temporada (y ya veremos si no lo es de la temporada entera) fue para un sprinter poco habituado a ganar, que lleva dos triunfos este año. Perteneciente a un equipo, el NTT ex-Dimension Data, que habitualmente cerraba pelotones y poco se diferenciaba de cualquier equipo continental, pero que este año está en primera línea (también Campenaerts) gracias a los encantamientos de Riis.


Chevreuse - Chalette-sur-Loing: 1º Giacomo Nizzolo.


La tercera etapa fue más tranquila, con una pactofuga que recordó a los momentos más lánguidos del Tour. Era en parte normal, dado el esfuerzo brutal de los días anteriores. El sprint tuvo su miga, ya que se vio en él a un García Cortina imperial, ganando a base de fuerza, sin apenas levantarse del sillín, a Peter Sagan. Poco antes, una caída bastante extraña se llevó por delante a Sam Bennett y a Hugo Hofstetter, que quedó enganchado a la bici de Caleb Ewan, lastrando su avance.

3ª etapa: Chalette-sur-Loing - La Châtre: 1º García Cortina.


La contrarreloj del día siguiente mostró que Maximilian Schachmann era un líder muy sólido. Quintana e Higuita, los grandes favoritos para la montaña, no lo hicieron mal, pero Schachmann lo hizo fenomenal. Aún así, la victoria fue para Soren Kragh Andersen, un ejemplo más de un Sunweb que ha tenido una prestación muy destacada en esta última carrera.

La quinta etapa estuvo marcada por una fuga que casi llega a término, protagonizada por Alexis Gougeard y sobre todo por Jan Tratnik, que se quedó a cincuenta metros de la victoria. Esta fue, de forma también sorprendente, para Niccolò Bonifazio, sprinter de segunda fila dado a marrullerías y descensos suicidas. El italiano se desquitó con este triunfo de la anulación de su más querida carrera, la Milán – Sanremo. Con Caleb Ewan fuera de juego, el ligur salió disparado de la parte delantera del pelotón y sobrepasó a Tratnik, con uno de sus habituales bandazos. 

5ª etapa. Gannat - La-côte-Saint-André: 1º Niccolò Bonifazio.


La carrera entró entonces en un punto extraño. Los corredores norteamericanos se retiraron, dado el cierre de fronteras de los Estados Unidos. Al día siguiente, lo harían algunos daneses. Las cancelaciones y aplazamientos se iban sumando en todas las competiciones deportivas europeas en marcha, y la disputa de una carrera como la París-Niza comenzaba a resultar incómoda y cuestionable. La rapidez del avance de la pandemia era inexorable. Así se disputó la etapa con meta en Apt, una etapa rompepiernas, en la que Benoot lanzó su ataque para conseguir la victoria final.

Particularmente no confiaba mucho en el cambio de equipo de Benoot, ni siquiera en su capacidad para evolucionar como ciclista. Sin embargo, es un ciclista muy capacitado para la media montaña, que casi da un susto a Schachmann. Su forma de rodar, con su largo cuerpo plegado sobre el cuadro, los codos en ángulo recto, y las orejas haciendo de freno, ha sido la imagen dominante de esta París-Niza, junto con la forma de boquear de Schachmann, con la cabeza erguida. El alemán se fue al suelo en una curva mal tomada, lo que no le supuso pérdida de tiempo al encontrarse en los últimos 3 kilómetros.

6ª etapa: Sorgues - Apt. 1º Tiesj Benoot


Y así se llevó a la última etapa, con final en alto en La Colmiane. Higuita sin equipo y Quintana sin opciones ya no eran rivales para Schachmann. Benoot no parecía ante su terreno más propicio. Por delante marchaba una fuga, con De Gendt y Alaphilippe, entre otros. De Gendt quería honrar el último día de ciclismo de la única forma que sabe: escapado. Ciertamente se trataba de una jornada extraña, disputada con el mismo aire triste de despedida que se da cada año al cierre de la temporada en el Giro de Lombardía, pero también con la sensación de estar desarrollándose de forma inútil e innecesaria. La sensación de despedida quedaba en cierta forma solapada bajo la necesidad de que la carrera acabase ya, cuanto antes. La extensión del miedo, la sensación paralizante de una reclusión obligatoria y al mismo tiempo solidaria, la imposibilidad de hacer planes, la necesidad de dejar todo en suspenso, el trabajo, las relaciones, los amigos, la vida en general, hacían que cada pedalada fuese un gesto inútil, y al mismo tiempo necesario como despedida de ese tiempo de las rutinas, de las continuidades, del que De Gendt escapado era el máximo ejemplo. Ver a De Gendt escapado daba la falsa sensación tranquilizante de normalidad en un mundo dominado de pronto por la anomalía, la salida de los raíles marcados y el inicio del vacío y la incertidumbre.


De Gendt en La Colmaine: todo normal, circulen. 


De Gendt destrozó, como es habitual, a sus compañeros de escapada. Los fue dejando atrás uno a uno, sin pedir relevos. Nada había cambiado. Podíamos estar tranquilos: De Gendt estaba ahí, diciéndonos con su gesto que todo era normal. O también recordándonos que el tiempo de la normalidad, de los comportamientos habituales (el suyo en fuga), tocaba a su fin. Alaphilippe, después de recriminar, en comandita con Bettiol, al joven Paret Peintre su falta de relevos, estalló al intentar seguir el ritmo de De Gendt. No estuvo mal. Pero la diferencia no fue suficiente para De Gendt, al que finalmente se le dio caza. La victoria fue para Quintana, demoledor en los últimos kilómetros. La nueva versión de Quintana, atacante, joven a pesar de sus treinta años (o más), es la de un corredor que ha abandonado de golpe, con el saludable cambio de aires, la manía de mirar atrás y esperar que otros actúen. Un corredor que está siendo, que ha sido, el mejor de la temporada.

Ataque de Quintana en La Colmiane. 


Quintana se llevó la etapa, demostrando que un mundo le separa en montaña de los demás. Por detrás, Benoot lo intentó con mucho valor. Daba la impresión, durante la mayor parte de la ascensión, de ir padeciendo a cola. Sin embargo, se sacó de la chistera un último ataque para poner emoción a la carrera hasta su último metro, y hacer de esta París-Niza una bonita despedida, un broche final a un ciclismo que se despide hasta saber cuándo. Espero por el bien de todos que sea hasta muy pronto.