jueves, 2 de abril de 2026

IMPREVISTOS EN FLANDES

Las carreras flamencas, previas a la Ronde, han estado marcadas este año por el signo de la incertidumbre y de la emoción hasta el último kilómetro. No será así seguramente el próximo domingo, con un recorrido poco propicio para los imprevistos finales (el último memorable, en 2022), pero al menos quedémonos con los finales de la E3 Harelbeke, la rebautizada Gante - Wevelgem y la Dwars door Vlaanderen, con finales en los que el ataque lejano, siempre meritorio sin duda, no ha sido la nota determinante, o la menos no sin algo de suspense. 

La E3 Harelbeke se presentaba con Mathieu van der Poel y Mads Pedersen como principales favoritos a la victoria. La carrera tuvo su primer momento clave en el Taaienberg, a falta de 70 km, con un ataque de Tim van Dijke, secundado por Mathieu van der Poel. Ambos dieron alcance a los fugados del día, y a partir del Paterberg, a falta de 42,2 kilómetros, Mathieu van der Poel quedó en solitario delante, camino a un tercer triunfo consecutivo. Parecía haberse aplicado la fórmula de todos los años, la del ataque lejano, como si las clásicas fueran una prueba de ciclocross en las que Mathieu van der Poel ejerce su particular tiranía, marchándose a capricho y rodando en solitario hasta meta. Pero no fue así, o no del todo. Esta vez hubo emoción. Van der Poel se mostró más humano, flaqueando en la parte final ante un cuarteto perseguidor, formado por Florian Vermeersch, Jonas Abrahamsen, Per Strand Hagenes y Stan Dewulf, este último superviviente de la escapada matutina. Dos belgas y dos noruegos, todos excelentes rodadores. Poco a poco, en el llano hasta Harelbeke, cruzada la E3 y discurriendo por carreteras junto a polígonos y pueblos lineales, iban recortándole segundos a van der Poel. Despacio, con suspense, como granos de arena que se escurren por un reloj. A falta de 3 kilómetros lo tenían a tiro, simplemente a ocho segundos. Al entrar en el último kilómetro lo podían dar por cazado, e incluso el propio Mathieu van der Poel aflojó la marcha, en vista de la preparación del sprint. Pero cuando la faena parecía estar ya hecha y cumplida para los perseguidores, llegaron las dudas. Florian Vermeersch, que había hecho gran parte del trabajo y se sabía de los más lentos del grupo, pidió relevo, pero Abrahamsen y Hagenes no entraron. Dewulf tenía excusa, por llevar más desgaste. En resumen, los cuatro hicieron el panoli. Mathieu van der Poel, en uno de sus repetidas miradas hacia atrás, se dio cuenta de las dudas del grupo, e imprimió más fuerza a los pedales, para ampliar la ventaja y llegar hasta la meta. Conseguía así su tercera Harelbeke consecutiva, esta con un esfuerzo extra, sin tiempo para shows ni revolcones por tierra. 

Tercera victoria en Harelbeke, pero sufriendo. 

Manos de pelotari. 

Contento con la segunda posición. Qué vamos a hacer con corredores así...


La In Flanders Fields, from Middelkerke to Wevelgem, interminable nuevo nombre de la Gante - Wevelgem, también tuvo su dosis de emoción hasta el final. El nuevo nombre, aparatoso y anglófono, incluye la nueva localidad de salida, además del leit motiv de los cementerios de la Gran Guerra, ya explotado desde los últimos años, como una pretendida nueva marca de la carrera. He de reconocer que no figura entre mis clásicas preferidas, menos todavía en los últimos años, pero hay bastante gente a la que respeto que la tiene en alta consideración. Bien es cierto que, a pesar de los cambios de nombres y el paso a propósito por algún cementerio, la carrera mantiene su formato habitual, con una recta de meta que es siempre la misma. Al igual que en la Milán - Sanremo, se pueden rastrear viejas fotografías, incluso de los años 60, y se verá en ellas siempre el mismo perfil de tejados junto a la meta. Algo que hace que esta prueba tenga cierto aroma a sexto monumento, si esa catalogación sirve para algo. 

La verdad es que se venía de ediciones que, en mi cada día más frágil memoria, se mezclaban, sin demasiada personalidad. Ataques lejanísimos e intercambiables. Lo que antes era excepción memorable, ahora convertido en norma. Seguramente esta edición caiga bien pronto en mi olvido personal, pero ha tenido algo de gracia. A falta de 57 kilómetros, en el segundo paso por el Kemmelberg, Wout van Aert y Mathieu van der Poel lanzaron su ataque, en el mismo momento en que se neutralizaba a los escapados del día. Ambos se quedaron por delante, con la compañía de Florian Vermeersch, al que descolgaron en el paso por la subida al Kemmelberg por la vertiente del Osario (a falta de 36 kilómetros). De esta manera, se quedaron por delante van Aert y van der Poel, en un mano a mano que hacía mucho tiempo que no se veía y que hizo las delicias de muchos. De todas maneras, por detrás quedaban todavía fuerzas, y se dio la inusitada situación de que un pelotón pudo recortar tiempo a los escapados, aunque estos fuesen súper-estrellas actuales. Esa era la tónica habitual de otros tiempos, salvo que la carrera fuese más diezmada por el viento. Pero también hay que tener en cuanta que van der Poel no iba a tope, pensando en las opciones traseras de Philipsen, y van Aert también podía pensar en las de Laporte. Red Bull - Bora y Decathlon eran los equipos que comandaban la persecución, pensando en Meeus (que pinchó al final) y en Lund Andresen. Del grupo saltó Alec Segaert, un joven ciclista que promete ofrecer futuros grandes momentos como corredor de clásicas. Consiguió unirse a los dos monstruos que rodaban delante, pero poco después todo el grupo les cazó al entrar en el último kilómetro. El sprint fue finalmente para Philipsen, por delante de Lund Andresen y Laporte. De esta manera, Philipsen ya tiene su segunda foto victoriosa en una de esas rectas de meta que valen la vida de un sprinter, después de la conseguida en vía Roma (en otra época le hubiese quedado la avenue Grammont de Tours). 



Bonitas fotos del paso por Ypres, pero final al sprint. 


Y así llegamos a la última de estas clásicas, la Dwars door Vlaanderen, una carrera que siempre ofrece finales interesantes y sorprendentes. Esta vez, sin Mathieu van der Poel en liza, fue Wout van Aert la gran figura del día. Desde su tercer puesto en Sanremo, parece haber recuperado parte de su mojo perdido en las caídas de 2024, una de ellas precisamente en la Dwars door Vlaanderen. A falta de 40 kilómetros, en el Eikenberg, lanzó su ataque, superando a Grachignard, uno de los escapados, y alcanzando a los otros dos que rodaban delante, Larssen y Grégoire. Se dejó detrás al francés en el Nokereberg (menos 22 kilómetros) y a Larssen a falta de 9,5. Le quedaba una dura pugna con el pelotón. Desde este saltaron Ganna y Florian Vermeersch. Ganna venía de haber sufrido un pinchazo y de haber roto el manillar en el Eikenberg. Por su parte, Florian Vermeersch continuaba con su omnipresencia, reñida con el triunfo. Vermeersch casi podría decirse que ejerció de lanzador de Ganna, que dio alcance a van Aert en los últimos 100 metros, añadiendo un nuevo episodio a la particular maldición que el belga tiene con la carrera de Waregem (caída en 2014 y la humillación de Powless en 2025).

van Aert y su carrera maldita.


En meta, Wout van Aert fue consolado por Pedersen, en una gran muestra de caballerosidad por parte del danés. La carrera femenina también fue muy interesante, con un ataque de Marlen Reusser a falta de 40 kilómetros, secundado con gran rapidez por Demi Vollering. Ambas dieron un auténtico espectáculo de puro rodar, pero en el tramo final comenzaron a marcarse, propiciando un gran acercamiento del grupo. En la misma recta de meta en la que van Aert sufrió el fatídico adelantamiento de Ganna, Lieke Nooijen, del Visma, las logró incluso superar, obligando a Reusser y a Vollering a exigirse al máximo, en un sprint ganado por la mínima por la suiza de Movistar. 

Imagen de poster. 


Estas carreras han sido una promesa alentadora de ver algo más que fuerza bruta en Flandes el próximo domingo. Pero es difícil que no sea así, el actual recorrido de la Ronde conduce a todos al matadero, en el que esta vez estará Pogačar con el cuchillo preparado, siguiendo su particular calendario que solo incluye citas importantes. Una posibilidad sería la anticipación, pero con Pogačar o van der Poel por anticipación se debe entender ataque casi de salida, pues estos son capaces de anticiparse al posible anticipador. Igualmente, ese ataque temprano tendría que ser un ataque en el que se marchase por delante medio pelotón, a la manera de aquella Ronde de Gilbert, a fin de poner las cosas realmente complicadas. En el tramo final es muy difícil que haya una resolución diferente a la que se ha vivido en los últimos años. No hay posibilidad de caza en el tramo final llano hasta Oudenaarde, salvo que haya un marcaje evidente, como sucedió en 2022. La única posibilidad de ver algo distinto radicaría en que Pogačar no lograse romper la carrera en el Oude Kwaremont, como hizo en las ediciones de 2023 y 2025, y para ello habría que confiar en que no contara con fuerzas suficientes, cosa que dudo que ocurra. Quizá el gran tapado sea Pedersen, que en otros años acostumbraba a exhibirse ya demasiado en la Gante - Wevelgem, y que en esta ocasión ha ido más de tapadillo. Como todo su equipo en este inicio de temporada, habría que añadir. La participación y posible actuación de Evenepoel es una incógnita, pero ofrecerá buenos momentos, como por ejemplo quizá alguna ida de olla cuando pinche y no tenga al mecánico cerca. Quizá en el adoquín no sea el corredor más hábil (realmente pocas veces se le ha visto sobre él, salvo en algún tramo de la Brabantse Pijl), pero podría aprovechar algún llano. O jugar, él sí, a la anticipación auténtica (desde salida). 

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