lunes, 4 de julio de 2022

UN PASEO POR LA NADA

¿Qué se recordará con el paso de los años de esta salida en Dinamarca? ¿Nada, puede ser? ¿Acaso un poco más de indignación? Bien es cierto que en la anterior ocasión en la que una gran vuelta salió de Dinamarca los momentos memorables también brillaron por su ausencia. Fue en el Giro de 2012, aquel de la pugna entre Purito y Hesjedal por segunditos: uno de los peores últimos giros que se recuerdan. Este inicio está a la par, con una contrarreloj algo interesante, seguida de dos etapas dominadas por la ausencia de competitivad en la mayor parte de su desarrollo.

El Tour, la reunión anual de las famiglie.

No es una novedad que el Tour se empeñe, un año más, en defraudar de buenas a primeras todas las esperanzas puestas en él. Viene siendo lo habitual y a nadie pilla por sorpresa. Pero este año, dando un paso en adelante muy vanguardista, el Tour ha llegado incluso a borrar del diccionario el concepto de fuga. Ni siquiera hay fugas de equipos modestos o invitados, destinadas al fracaso; ahora se escapa un corredor, a lo sumo dos, que espera con un ritmo ficticio en cabeza el momento de ser cazado. Esto se produce cuando falta todavía un buen trecho para meta, ya no se molestan ni en disimular. Una vez producida la neutralización, ningún equipo más hace mención de retomar la actividad atacante. Se conforma un frente de pelotón, liderado por cinco o seis equipos, que bloquea el ancho de la calzada para impedir cualquier movimiento. Ni siquiera hay gran velocidad. Los momentos complicados, véase el famoso puente, se pasan cogidos de la mano. El pelotón se ha convertido en un grupo de boy scouts que hace cadenas humanas para pasar un río saltando de roca en roca, sin que nadie tenga que mojarse los pies. Predomina una calma chicha que invita, como ya presagiamos, al sueño profundo, a la siesta colosal al modo de un larga hibernación. 


Bonitas fotos  del puente del Gran Belt (Lars Moller para ASO), pero el pelotón al modo de un balón de rugby.

 

La crono al menos tuvo su interés, no solo por la expectación generada, sino también por tratarse de una de las dos únicas cronos de la carrera. La lluvia acrecentó la peligrosidad ya inherente a una crono urbana. En ese sentido, el Movistar, dado el ejemplo histórico de la caída de Valverde en Düsseldorf, salió a "no arriesgar", con el resultado de que Enric Mas hizo peor tiempo que prácticamente todos los favoritos, salvo O'Connor: cuarenta y nueve segundos se dejó con Pogačar, nada menos...

Todos los favoritos decidieron salir al principio de la crono, propiciando uno de los inicios de Tour más intensos que se recuerdan, seguido de una continuación muy anticlimática.  Todos los equipos esperaban equivocadamente que la lluvia arreciase más tarde. Este error de cálculo no es más que la demostración del largo camino que le queda por recorrer al ciclismo (con todo su chapucerismo histórico) para acercarse al cientificismo de otros deportes. Mejor que siga así, ya que sin estos pequeños alicientes, dados por la improvisación, la espontaneidad y los errores de cálculo, el ciclismo sería mucho más aburrido.

Así pues, Bissegger se fue dos veces al suelo con las primeras gotas, temiéndose una crono muy accidetada: en realidad solo Laporte, Honoré y alguno más se fueron al suelo, demostrando que en gran parte las caídas iniciales del rodador suizo venían de tomar demasiado “a saco” las curvas. Por contra, Mathieu van der Poel retuvo durante gran parte de la prueba el mejor tiempo, gracias a su habilidad al tomar las curvas. Roglič, Thomas y Vingegaard tomaron la salida en el punto álgido de las precipitaciones. Posteriormente se vivió un encadenado muy emocionante con Ganna, van Aert y Pogačar. Van Aert hizo valer su mayor habilidad ante Ganna, al que le penalizó la falta de grandes rectas. Por su parte, el joven campeón esloveno salió al parecer bastante conservador, para comenzar a apretar en la última parte de la crono, quedándose tan solo dos segundos por detrás de van Aert. El dúo de líderes de Jumbo, Roglič y Vingegaard, se dejó menos de diez segundos finalmente con Pogačar. 

En las predicciones meteorológicas todavía no es la F1, por mucha culebrón de Netflix que se haga...

El asunto parecía más que resuelto, aunque quedase más de una hora de carrera, que se preveía que fuese un epílogo plomizo e innecesario. Pero como sucede en esas películas de Marvel que no he visto, había sorpresa en los títulos de crédito. Nadie esperaba a Yves Lampaert. Incluso en rtve cometieron la temeridad de desconectar la emisión en directo, para dar paso a un partido de fútbol femenino cuando todavía no se contaba con imágenes en la plataforma de rtve play. ¿Quién iba a esperar que Lampaert hiciese lo que hizo, con su cara de rudo gregario sacado a empujones del tractor para montarse en la bici? Lefevere lo esperaba, pocos más. Para explicar un poco la situación, podría decirse que Lampaert se benefició de que la lluvia cesó y la calzada fue poco a poco secándose. Pero a decir verdad nadie más se acercó a los tiempos a de los mejores, tan solo Teuns y Pidcock lo hicieron de forma más tímida. La contrarreloj del granjero flamenco fue estratosférica, en la línea de la eterna caja de sorpresas que es su equipo.  Con el triunfo inesperado de Lampaert, el gallito de Lefevere podía comenzar a tapar bocas, sobre todo anglosajonas. Lampaert ya había hecho buenos resultados en cronos, sobre todo entre las que suelen disputarse en fechas cercanas al Tour (el campeonato de Bélgica y la Vuelta a Bélgica), pero pocos esperaban algo así. La cara de van Aert, demasiado habituada ya a los tartazos de última hora, lo decía todo.

A la fuerza se le va a quedar esa cara.

El granjero y la sirenita.


¿Qué decir del resto de días? Más bien poco. Las masas de daneses apostadas en la ruta nos podrían llevar al engaño: en realidad el pelotón ha recorrido los verdes paisajes daneses como una bola de paja de esas que atraviesa los poblados del oeste. A su paso comenzaba el sopor. El segundo día el puente se convirtió en el espacio para una tregua no escrita, amparándose en un supuesto aire de cara. Hubo caídas, entre ellas la del líder y la de Urán. Al primero, los jueces le permitieron seguir el rebufo de los coches para que pudiera volver al grupo, al segundo no. Pero tampoco hubo mayor inconveniente: ya esperó el grupo para que la caída de Urán no fuese un problema. El sprint en curva, con forcejeo entre Jakobsen y Sagan por la posición, fue para neerlandés de Quick Step por delante de van Aert, que pareció confiarse en los últimos metros. Una victoria que se convertía en un argumento más para que Lefevere, al parecer cada día más cómodo en el papel de forocochero, se colgase una nueva medallita.  
 
Primera victoria en el Tour de Jakobsen (foto de los Gruber)

Al día siguiente, ya sin puente, el sopor fue similar o incluso mayor. Magnus Cort Nielsen asumió con bastante alegría el rol de mascota animadora, marchando durante gran parte de la carrera en cabeza, para fervor de sus seguidores, que no dudaban en golpear rítmicamente las vallas al son de "Magnus, Magnus". Cansado ya de rodar delante del pelotón, Cort Nielsen se dejó cazar y a partir de ese momento, cuando quedaban más de treinta kilómetros para meta, se puso en marcha el catenaccio de los 3 kilómetros. Ineos y Jumbo desplegaron por los flancos sus hileras, cerrando el paso a cualquier poco probable intentona. Otros equipos asumieron extrañamente el mismo rol: Lotto-Soudal para Ewan y unos inexplicables Groupama-FDJ, Cofidis e incluso Intermarché-Wanty. Ya estaba el safety car montado, a la espera de superar la pancarta de los menos 3 kilómetros. En una segunda línea, Quick Step, Alpecin y Bike Exchange se tumbaban a la bartola, mirando cómo otros hacían su labor. También Pogačar podía descansar chupando rueda a los Jumbo, aunque estuviese algo solo como casi siempre en estas circunstancias,  únicamente con Bjerg y Laengen a su rueda. Siempre hay alguien que le hace el trabajo al equipo del hombre más fuerte de la carrera, hay qué ver.
 
Atento, con las antenas bien tiesas.

 
El sprint fue en esta ocasión para Groenewegen, ganando in extremis a van Aert, que hacía así segundo por tercer día consecutivo. Jakobsen se quedó encerrado, a pesar del trabajo de su equipo, y en esta ocasión Sagan forcejeó con van Aert. Se podría decir incluso que van Aert hizo equilibrios sobre la línea de la descalificación, llevándose como premio un "madafaka" en boca de Sagan. En resumen, dos días en los que la competitividad real se redujo a tres o cuatro kilómetros y en los que, a pesar de todas las cautelas, no se pudieron evitar las caídas. En el segundo día dentro de los kilómetros de protección (Pogačar entró a más de tres minutos con las dos ruedas pinchadas), en el tercero a nueve kilómetros, quedando cortado en bloque el Bahrain de Jack Haig.
 
Groenewegen se redime. Van Aert, otra vez segundo.

 
 
Bien es cierto que este “control”, que redunda siempre en muermazo, viene propiciado también por una ruta complicada. Masas de daneses se han apelotonado a ambos lados de las cunetas, formando incluso graderíos improvisados en algunas laderas. En los lugares más concurridos se han visto muchos pies en la calzada y muchos fanáticos de las fotos, apartándose en el último momento cual recortadores. Incluso algún tontaina se ha puesto a correr en paralelo en cotas insignificantes. Recordó, incluso en peligrosidad, al ambiente de Yorkshire. Demasiada gente, en definitiva, ocupando parte de la calzada, algo siempre peligroso: el fantasma de Opi y Omi sobrevolaba el pelotón como una amenaza. Si a ello añadimos unos finales criminales, diseñados por un mono con un rotulador, nos encontramos las caídas habituales. Caídas que también vienen acrecentadas por la desidia y el ahorro de fuerzas durante la mayor parte de la carrera, y la necesidad de poner toda la carne en el asador en los últimos diez kilómetros (a veces incluso menos). Es lo que sucede por concentrar la velocidad en tres kilómetros después de un largo trote con charleta, digno de grupeta de jubilados (solo falta la parada para almorzar). La suma de factores podría haber sido catastrófica (público inconsciente, vallado cutre, estrechamientos inesperados, desidia y aceleraciones locas al final), pero finalmente se han esquivado en gran medida las caídas graves. A costa, claro está, de no solo dejar de lado la palabra "espectáculo", palabra más propia del circo y esas cosas, sino también una mucho más importante: competitividad.



martes, 21 de junio de 2022

CUATRO CONSEJOS PARA DISFRUTAR EL TOUR DE FRANCIA

1. No te quejes. El que no quiera polvo, que no vaya a la era, dice el refrán. Nadie te obliga a ver las etapas enteras. Si yo fuese tu médico te recomendaría no solo otras actividades para evitar el sedentarismo, sino también otras distracciones, para que no acumules un exceso de bilis; aquello de los malos humores de lo que hablaban los griegos. Además, el verano es el mejor momento para viajar y para vivir nuevas experiencias. En cambio, si escoges con todas sus consecuencias darte una buena panzada de sofá y tele, evita refunfuñar como un viejo cascarrabias y renuncia, por tu propia dignidad, a los discursos nostálgicos. Si bien el ciclismo se mantiene idéntico en muchos aspectos a como era antes, sí ha cambiado en el de las batallitas: si incurres en la cantinela de "cualquier tiempo pasado fue mejor", apelando a los tiempos de Julio Jiménez o Bahamontes, corres el riesgo de convertirte en aquel viejo del que todos huyen cuando abre la boca para contar las historias de la mili. No más Ares, por favor. A nadie le interesa ya Perico ni Indurain: los actores son otros, y no precisamente españoles. Los kilometrajes también. Esto no quiere decir que esté en contra de la historia, ni mucho menos. Más bien mi desprecio se dirige hacia esa revisitación rocabareana de los triunfos del pasado, acompañada habitualmente de una constante apelación a las "tremendas pelotas" de los tipos duros de ayer. Algo que queda ya muy mal, todo sea dicho: resulta algo desagradable y muy propio del siglo XX. Son comentarios de barra de bar, con puro y copa de soberano en la mano. Ahora los ciclistas ya no se enfadan entre ellos, no hacen ese tipo de comentarios, son casi todos colegas, o al menos lo aparentan al cruzar la meta. El Tour puede que haya perdido su brillo como una de esas monedas de céntimo recubiertas de mugre de tan manoseadas e intercambiadas, pero es algo ya que todos sabemos y no hace falta que se incida una y otra vez en el tema. Dudo mucho que se vaya a escribir una tesis sobre el asunto, ni mucho menos un TFM. Así que, recuérdalo, no te quejes.

Ni quejas ni batallitas: si te pones en plan Abe Simpson, te mandamos a la residencia.


2. Déjate llevar por el sueño cuando la carrera te invite a ello. Está mal que un amante obsesivo del ciclismo como yo lo diga, pero las mejores siestas me las he dado con el Tour. Sí, el cuerpo lo tengo ya entrenado, son años de experiencia y créeme, pocas cosas hay como el Tour para echarse una siesta sosegada, sin sobresaltos, con la mente completamente en blanco. Una siesta daliniana, de las que duran pocos minutos, solo una breve desconexión mental, nada de esas siestas de pijama, cama y gorrito que dejan los sentidos embotados y la boca pastosa. Las microsiestas del Tour son una especie de paraíso en la tierra y algunas etapas, cuando quedan más de ochenta kilómetros, son toda una invitación. Además, el Tour tiene un ritmo premioso, relajante, digno de una película de Ozu. Te pone en sintonía con las cosas buenas de la vida, siempre y cuando pongas un poco de tu parte: te pone en contacto, aunque solo sea a nivel audiovisual, con la naturaleza trabajada por el hombre, con la montaña agreste, con las aburridas estaciones de esquí en el verano, con la paciencia. Puede que a veces la realización adopte un tono censor muy disney, en el que no hay barriadas periféricas, ni multiculturalidad, ni centrales nucleares, nada que escape al ambiente construido de postal publicitaria, tan digno de una película alemana de sobremesa. El ritmo parsimonioso del Tour encaja muy bien con lo que decía Coppola sobre el cine de Rohmer, que era como ver crecer la hierba. El Tour en realidad es como un gran vagón-dormitorio, con miles de espectadores, cada uno en su compartimento y en su cama, embarcados en un viaje a través de Francia en los brazos de un placentero sueño, arrullados por el hipnótico ruido de las hélices del helicóptero. Ni siquiera un viaje de ácido puede superar esta experiencia. Pero no solo hablamos de paisajes: el Tour está tan guionizado que se basa, como el cine de género, en clichés repetidos. Apenas hay sobresaltos. Tampoco los habrá este año, en el que seguramente no afectará a la carrera la plaga de abandonos que ha diezmado la Vuelta a Suiza, dejando el triunfo en bandeja a Geraint Thomas. Por esa falta de acontecimientos extraordinarios, todo aquello que se sale de los raíles marcados es tan recordado, ya sea un abandono inesperado o el penúltimo día del Tour de 2020.

Solo cinco minutitos más...


3. Muestra un sano escepticismo. Ya somos suficientemente mayorcitos como para saber que el ciclismo tiene muchos cadáveres en el armario y mucha suciedad bajo la alfombra. Para encontrar alguna pista de ello no hace falta más que pasear un poco la mirada entre los coches de los directores deportivos. Como en las películas de Lynch, la pátina colorida e inocente de la realidad oculta auténticos horrores. Se diría que el rostro de algunos de estos protagonistas en la sombra es digno de figurar en un cartel pegado al lado de la comisaría del sheriff, con el rótulo de wanted y el dinero de la recompensa. Quien más y quien menos tiene un convicto al volante y ni los de Netflix van a ser capaces de maquillar eso. Además, se ha vuelto a la época de los dobletes, victoria a pares en Dauphiné y, para no ser menos, en el escenario menor de Eslovenia. Roglic ha sumado sin muchos esfuerzos una victoria más en una vuelta de una semana, una de las que le faltaba, cediendo el triunfo parcial en el Plateau de Salaison a Vingegaard. En Eslovenia la carrera ha sido un auténtico paseo: el nivel de la competencia era muy bajo, todo hay que decirlo. Pogacar se ha permitido el lujo de ganar su carrera nacional disfrazándose en algún momento de gregario. Decidiendo una victoria de etapa con su compañero Majka a piedra, papel o tijera. Resultaría divertido, de no ser una exhibición tan aplastante de un solo equipo. Por no hablar de las marrullerías del equipo de los lobos, una banda que empequeñece a la de Al Capone. En vez de a los suelos laminados podrían dedicarse a los sandwiches, como han demostrado con destreza en la Vuelta a Bélgica. Otros equipos también parecen embarcados en su particular escalada armamentística: Israel y Education First han salido del pozo, con Woods, Fuglsang y Guerreiro; Intermarché continúa su imparable ascenso a la cima y Bora ha demostrado, con Vlasov e Higuita, que es un equipo que puede disputar de tú a tú el primer puesto con las grandes formaciones. Solo Ineos deja una sensación agridulce de fin de una era, a pesar del triunfo de Thomas en Suiza: veremos. Por tanto, resumiendo un poco, ya se sabe lo que hay: recuperaciones milagrosas, deditos en la boca, pactofugas...Adorna tu escepticismo con un punto de cinismo, a fin de convertir cada arqueamiento de cejas, cada nota discordante, en un elemento más del juego, en un detalle más del espectáculo. Es el único truco válido para un espectador superviviente.

El único desliz de Jumbo durante el Dauphiné.

Como en el Alex Kidd.


Intermarché continúa de cabeza hacia el éxito.


4. Evita el ruido patriotero. Este es el cosenjo más útil, hazme caso. Antiguamente era muy habitual que en julio aparecieran nuevos aficionados de golpe, salidos de la nada. Aficionados que parecían dormir en letargo durante todo el año, enterrados en alguna cripta, y que solo en julio, con el calor y las piscinas, salían de sus tumbas como personajes de una película de Romero, siendo las banderas los harapos que cubrían sus cuerpos de zombis. Este es un fenómeno cada vez menos habitual, ha ido desapareciendo a medida que el ciclismo ha quedado arrinconado como un deporte estigmatizado y propio de otra época, sobre todo en España.

Cada vez despierta menos interés el ciclismo entre los futboleros, no nos engañemos. El interés de estos ha virado hacia el nadalismo, y quizá sea mejor así, aunque siempre despierte algo de tristeza que un deporte deje de ser masivo y popular para convertirse en un reducto de ratas de biblioteca. Sin embargo, sigue habiendo ruido patriotero, aunque no sea español el ra-ra-ra de fondo. En Francia, después del subidón artificial de 2019, parece difícil digerir el dominio de ciclistas extranjeros. Sobre todo si su dominio es tan potente. Al tercer año ya parecen  completamente hartos de Pogacar, preparándose para atizarle con un menhir como si fuese un legionario romano que acerca su nariz a la empalizada de la irreductible aldea gala. Muchos comentarios destilan un profundo resentimiento. Ese pequeño pelotón de indignados lo encabeza el festinoloco, con sus historias delirantes de complots extranjeros en la sombra, y lo secunda algún nostálgico de los campeones politoxicómanos franceses del pasado. Más allá de estas discusiones de cariz nacional, rozando la xenofobia, aparecerán nuevos debates, porque el Tour es el momento deseado para los amantes de la turra, para los creadores de hilos, para los que se suben al carro de cualquier polémica para hablar de cualquier cosa menos de ciclismo. También están los contadores de wattios, con discusiones bizantinas y sus datos sacados de la chistera. Me estoy haciendo mayor y todo este ruido me impide disfrutar de la carrera. 

 

Un día normal en twitter, cada uno con sus equipos imaginarios.


lunes, 30 de mayo de 2022

LA MAGLIA ROSA Y EL ESPECTADOR (UNA CORRESPONDENCIA, CAPÍTULO FINAL)

DEL ESPECTADOR A LA MAGLIA ROSA:

Verona, 29 de mayo

Me temo que esta carta equivale a un final. El final de una ilusión, maltratada sistemáticamente con el paso de los años. Creo sinceramente que no has estado a la altura; yo sí, todos los días al pie del cañón desde el inicio de la retransmisión, aunque muchas veces más ausente que despierto. El sueño ha sido más poderoso que tus encantos. A fin de cuentas, he acabado harto de la mediocridad de tu propuesta.

Nadie parecía querer ganar. Llegado a un determinado punto, la carrera parecía una competición de tortugas, esforzándose cada equipo por lanzar el ataque más tarde que su rival. Nadie quería desvelar las cartas antes de tiempo. Y finalmente, las tres semanas han acabado condensándose en tres kilómetros. Un maldito ataque de tres kilómetros a base de potenciómetro. Bora lo hizo bien, qué duda cabe; Ineos ya no es lo que era. Ni Sivakov, ni Castroviejo, ni Tulett sirvieron de auténtica ayuda para Carapaz, que más bien los utilizó para camuflar su debilidad en montaña. En cambio, el pendular Kämna ejecutó a la perfección su labor de gregario, sirviendo de lanzadera para el ataque de Hindley y descolgando a Carapaz, que se empeñó en seguirlos. Pero sin el bajón momentáneo de Carapaz, acrecentado por el pasillo humano en el que se convirtió la ascensión al Fedaia, la diferencia de Hindley habría sido menor. El día dejó las cosas bastante claras para esta crono, en la que no ha habido historia. 

¿Y qué decir de Landa? Ha rozado su tope en este Giro, a más no puede aspirar. Podría decirse que se ha movido dentro de sus posibilidades, pero siempre por debajo de las altas expectativas marcadas por la afición. Ni siquiera pudo servirse de Bilbao en el momento decisivo, y su equipo pareció optar incluso en la etapa del Fedaia por un difícil triunfo parcial de Novak (que finalmente fue para Covi). Aun así, pudo superar a un desfondado Carapaz en la subida, quedándose a poco de ponerse por delante de él en la general. Su último día en la crono ha sido catastrófico. Nadie le amenazaba por detrás, con lo cual no necesitaba forzar, pero su septuagésimo sexto puesto da un poco de vergüeza. Por detrás, la crono de Nibali también ha sido para olvidar: Bilbao y Hirt se le han acabado acercando demasiado. El podium ha sido barato.

El vigésimo corredor ha acabado a una hora, a dos horas el vigésimo noveno. El último clasificado lo ha hecho a más de siete horas: como si hubiese realizado una etapa de 250 kilómetros de más. En otra época, muchos corredores se habrían ido para casa por llegar fuera de control de forma reiterada. Todo ello es una muestra de que la carrera al final la han acabado disputando veinte corredores, siempre los veinte mismos durante los últimos días. Especialmente Hugh Carthy, renacido en la última semana, apartando incluso a Carapaz de mala manera en el pasillo del Fedaia.

De estos últimos días, carentes de intensidad, me quedo con la etapa de Treviso, con un cuarteto desafiando de nuevo al pelotón y a su mafia. Aprovechándose sobre todo de la contemporización habitual que hace el pelotón para no absorber demasiado pronto a los fugados, el cuarteto formado por De Bondt, Affini, Cort Nielsen y Gabburo consiguió plantarse en meta. Bien por ellos. Lo demás, salvo la concentrada intensidad del final en la Marmolada, apenas ha valido la pena. Desaprovechado el Pordoi, una vez más. ¿Y qué decir de la exasperante etapa del Santuario de Castelmonte, con una meta criminal y un paso completamente anodino por el Kolovrat esloveno? Para eso no merece la pena ni siquiera hacer turismo.

En fin, tengo que tomar distancia. Descansar un poco la mente, ver otras cosas. Me duele verte reducida a un estado tan lamentable, rebajando tu nivel para intentar congraciarte con todos. Ya está bien. Tienes que volver a tu esencia, la que me apasionaba: tu salvajismo, tus colpi di scena, tu infinita capacidad para transformarte. Ni siquiera has rozado el aprobado...Lo lamento. 

No sé si el año próximo tendré ganas de verte con la misma ilusión que tenía antaño.  

Hasta pronto.



DE LA MAGLIA ROSA AL ESPECTADOR (última carta)


Verona, 29 de mayo,


Acabo de recibir tu última carta. La he recibido rápido: estamos en la misma ciudad, aunque no hayas querido verme. Te escribo unas palabras en las que espero que notes más mi voluntad de disculparme que mi orgullo herido. Sé que este año quizá las expectativas eran más altas que en otros y que difícilmente podremos repetir en los próximos años el apasionamiento de 2015, 2016 o 2018. Entonces, maniatada la francesa por la tiranía del Sky, muchos visteis de nuevo en mí una esperanza de recobrar el ciclismo puro. ¡Pero no te puedes imaginar las presiones a las que me he visto sometida! Es difícil ser yo. He tenido que hacer muchos sacrificios. No es fácil compaginar ser guía turística, documental de naturaleza y espectáculo deportivo en retransmisiones de cuatro o cinco horas. La tensión se pierde durante tanto tiempo, irremediablemente. Y si quiero salpimentar mis días con dureza, los chicos se me suben a las barbas. Soy una mujer mayor, ya no acostumbrada a pelear, en el fondo me he vuelto demasiado permisiva con mis chicos. Les dejo hacer lo que quieran, ellos son ya los amos de la fiesta, y muchas veces se burlan de mí, pero yo les dejo hacer sus cosas. ¡Qué le voy a hacer! Me hacen gracia sus gamberradas...

Pero cuando te pones a comparar, y hablas de podios baratos, bien pronto te olvidas de los años oscuros del tránsito de siglo, de las participaciones infames, de los equipos casi de saldo, de los Caucchioli, Mazzoleni o Breseghin copando el podio. He pasado por tiempos tenebrosos, aunque entonces a ti, más joven y despreocupado, te hiciese la cosa gracia. Eran épocas en las que tan solo te ofrecía a la vista un tobillo o media pierna, lo que activaba tu imaginación; retransmisiones de 20 o 50 kilómetros, que hacían imaginar batallas previas de larga duración. Por no hablar de épocas que ni viviste, que conoces solo de oídas, mediante crónicas magnificadas o clips de youtube. Ahora ya has visto cómo están las cosas. Ya no tengo secretos y has sido partícipe de mis horas de sopor. Es como el paso de un noviazgo a una relación estable: no es lo mismo compartir unas horas al día, en las que todo parece una aventura, que el día a día, con sus momentos bajos, sus aburrimientos y sus sombras. Limítate a contemplar el paisaje, es lo que te aconsejo. 

¿Y no tienes palabras buenas para Hindley Aun recuerdo cómo, después de la ilusión inicial, renegaste de él en 2021. Te sentías decepcionado. Pues ahora ha vuelto, demostrando que quien se acerca a mí es por algo: porque tiene calidad, porque es un escalador de verdad, aunque lo sea en esta época de ataques más controlados y calculados. ¿No viste lo que cuentan los datos? Hay chicos que hacen comparaciones a veces quizá muy alocadas, sacándose datos de la manga, pero Hindley aparecía al lado de Pantani. Mi Pantani, mi mito, nada menos. Por algo será, digo yo.

Por lo demás, ha habido días en los que te he ofrecido cosas. Bien es verdad que se podrían haber arremangado más los de la general, pero no me negarás que la lucha de las etapas ha estado interesante. Todo lo interesante que ha sido posible, dado el material con el que me ha tocado jugar. Ahí ha estado van der Poel todos los días, haciendo el loco; la exhibición de Girmay; las escapadas que han llegado a meta y las que se han quedado a poco; algunas revelaciones, como Leemreize, siempre en fuga; el empuje de los viejos, como el remendado Pozzovivo; las sorpresas de Hirt en Aprica o el empuje infatigable de Carthy; el destronamiento definitivo de Ineos, que parecía tenerlo todo hecho desde un principio. No lo querrás ver así, pero este Giro ha tenido algo de simbólico: el final de Ineos, el landismo llegando a su culminación a medias...Para algo habrá servido.

No quiero que te quedes con la impresión amarga de que te invito a la resignación, a renegar de las ilusiones que antes depositabas en mí. Viví tiempos muy locos, con doctores de por medio, en los que todo parecía posible: ahora hay otros, claro está, pero algo más discretos. Se acabaron los tiempos de liarse la manta a la cabeza y salir a dar palos por ahí. Nos estamos haciendo mayores para eso. Los jóvenes de ahora parecen distintos. Sé que aunque ahora reniegues de mí, nuestra despedida no será definitiva. Te espero el año que viene. Sé que ahí estarás, aunque ahora te hagas el duro. 

Siempre tuya, tu maglia rosa.  

 

miércoles, 25 de mayo de 2022

LA MAGLIA ROSA Y EL ESPECTADOR (UNA CORRESPONDENCIA, SEGUNDA PARTE)

 DEL ESPECTADOR A LA MAGLIA ROSA

Turín, 21 de mayo

¡Te estoy muy agradecido! Cuando no esperaba nada, absolutamente nada de nada, te sacas de la manga una etapa interesantísima. Mi ánimo cabizbajo ha cambiado de pronto, gracias a ti. ¡Solo era necesario un simple gesto! Todavía tengo el corazón acelerado e incluso me tiembla el pulso al escribir estas líneas, lo que se debe no solo al calor sofocante de este verano adelantado, sino también al estado de excitación en el que me encuentro al escribirte. Voy a ser breve, porque las ideas y las palabras se me apelotonan en la cabeza y la mano es incapaz de seguir la velocidad de mis pensamientos. ¿Por dónde empezar? ¡Hace demasiado calor como para pensar con claridad y recordar todos los movimientos! Ni siquiera en estas colinas ombrosas que rodean la ciudad, terreno en el que poder saltar de árbol en árbol como un barón rampante de cuento, se puede uno refrescar. El polen y el polvo se mezclan, creando una turbia neblina en estas rampas atestadas de gente. Empezaré por lo más brillante del día: la acción de Bora. No esperaba que fuese Bora el equipo que acelerase con tanto descaro el ritmo, y mucho menos tan pronto. ¡Quedaba todavía el último enlazado de Superga y Maddalena! Tampoco entraba en mis planes que Wilco Kelderman se sacrificase de esa forma. Y por supuesto no esperaba ese toma y daca constante entre los favoritos, con Hindley y Carapaz destacados, pero muy igualados, Landa sufriendo, Almeida aguantando, Juanpe López defendiéndose con más orgullo que fuerza y Nibali renaciendo, aunque lo diésemos por muerto. 

Ni siquiera me ha molestado que Simon Yates, con su tendencia al yo-yó, haya sido el que finalmente se haya llevado el gato al agua, soltando su hachazo en el momento justo al coronar la subida de Parco del Nobile. Era el menos vigilado, había ahorrado fuerzas y es un experto en saber aprovechar el momento.  Tendrán razón aquellos que dicen que las etapas cortas regalan espectáculo, aunque me cueste admitirlo: al final, los ciclistas son los que ponen las piernas y hoy querían llegar pronto. ¡Por fin! Ha valido la pena esperar. ¿Me vas a regalar más días así?

Muchos besos desde Turín. Tu querido admirador. 

 




Cogne, 22 de mayo

¿Qué ha sido esto de hoy? ¿Cómo debo interpretarlo? Tengo la impresión de estar perdiendo años de vida a tu lado. Entiendo que ayer hubo mucha lucha de forma inesperada y hoy el desgaste se ha notado, pero...¿era necesario hacerme caer de tan alto? El pelotón no parecía ascender hoy a una cima, sino enterrarse directamente en un cráter, en un hoyo sin salida. A mi decepción se une la sensación de haber tirado un domingo entero a la basura. ¿Qué les digo a las visitas, que tuvieron que tragarse por mi culpa tu maldita etapa entre bostezos? ¡Quedé como un idiota defendiéndote! No hay por dónde cogerte...

Estarás contenta... Sí, tienes a Ciccone, a tu italiano. Atacando de lejos y merendándose como si nada un eterno puerto pedaleable. Por detrás no se movió ni una mosca. ¡Qué me importa ver a Giulio Ciccone peleando la etapa con Buitrago y marchándose desde lejos, a falta casi de 30 kilómetros a meta! Ciccone no es Coppi. No se jugaban nada, eran dos peones alejados. Me dirás que hubo torrentes que caían de las mismas montañas, el Dora Baltea, las fortalezas (como sacadas de una novela de Buzzati), esos paisajes tan bellos tras los que te escondes. Pero eso no me sirve. ¡Deja de disfrazarte! ¿Dónde está tu antigua magia, al menos la de la última semana? ¡Muéstrame algo, te lo suplico! En realidad sabes que nadie te quiere ni te necesita tanto como yo. 

PD: No sé qué puedo hacer para que cambies, todo son ideas (bonificaciones, invitaciones, eleminaciones), pero quizá debas ser tú la que tomes la iniciativa. 




 

DE LA MAGLIA ROSA AL ESPECTADOR: 

Aprica, 24 de mayo

Querido amigo, espero que tu ánimo se haya tranquilizado un poco tras el día de reposo. Te noté excesivamente alterado en tu última carta. Lo que sucede es que te lo tomas todo a la tremenda, como si fuera algo personal. Debes pensar que, en el fondo, a pesar de todas las virtudes que me atribuyes, solo soy un divertimento. Un divertimento frívolo. Me divierto muchas veces hilvanando historias, enlanzando anécdotas, esas que muchos periodistas acaban convirtiendo en cuentecillos de tanto triturarlas y repetirlas. Pues bien, eso en realidad soy: una distracción, un cúmulo de historias. ¡No me tomes demasiado en serio!

Precisamente aquí, en Aprica, se han gestado muchas de esas historias que te gusta recordar. Sí, aquí, en esta estación invernal setentera, con sus balcones llenos de flores y sus tejados de madera. Recuerdo ver pasar en esta misma línea de meta a Pantani, a Tonkov y a Gotti, a Scarponi... Nombres del pasado. Y ahora, aunque te pese, tendrás que añadir el de Jan Hirt a la larga lista. Ya sé que es un nombre sin excesivo glamour y que lo relacionarás, a buen seguro, con los rendimientos supersónicos de su equipo (¿qué llevará la Bière des Amis?). Pero ha sido el mejor y detrás, aunque te parezca que han ido parados, no ha sido así. 

Bien es cierto que el Mortirolo se lo han tomado a la ligera. Con el paso de los años lo han domesticado. Subían por la vertiente "fácil", todo hay que decirlo. La fuga delantera era interesante, con gente como Valverde, Kämna, Bouwan, Arensman, Carthy, Hirt... El holandés de DSM contaba con Hamilton como gregario y ha sido él el que ha marcado el ritmo (no lo iba a hacer Valverde, a su edad...). A buen seguro que no esperabas la trampa del Teglio. A muchos ciclistas creo que también les ha pillado por sorpresa. La Valtellina es como un tapiz verde, enmarcado por escarpadas montañas, que parecen levantarse a ambos lados como muros. Una de esas paredes es el Valico di Santa Cristina. No lo he transitado muchas veces, pero seguro que te acordarás cómo se le atragantó a Indurain. Me dirás que no es lo mismo, lo sé, pero hoy se le ha atragantado a Kämna, que ha empezado demasiado fuerte, con esa temeridad un poco orgullosa y prepotente que tienen los alemanes. Aunque Arensman le ha sobrepasado, también a él se le ha atragantado... Finalmente ha sido Hirt el que más ha resistido. 

Por detrás ha habido ritmo. Dicen que Hindley, Carapaz y Landa han batido el record de Pantani. Claro está que en 1994 Pantani venía de una etapa más dura y de un ataque largo, pero batir un record de Pantani, aunque sea por poco, no es moco de pavo. Sabes bien lo que significa. Almeida ha perdido tiempo, pero se ha defendido muy bien. Así pues, no creo que tengas queja. Y si la tienes es que no sabes apreciar los pequeños detalles: las estrechas rampas entre casas (apenas un pasillo) en el paso de Teglio, el bosque húmedo en el breve descenso desde coronar el Valico hasta enlazar por la carretera de Aprica...

Tienes que descansar. ¿No has visto que cada día me parezco más a un relajante documental de naturaleza y viajes? ¡Disfruta! Olvídate de los grandes nombres, de la maldita historia, de las batallitas. ¡Has de vivir más a la ligera, sin la congoja de los grandes días! No esperes nada, las cosas vendrán por sí solas.  Te lo dice tu maglia, que te quiere. 

 PD: Ahora mismo estoy tomándome un helado en un pequeño bar que se encuentra en la misma línea de meta. Me lo estoy tomando a tu salud. Un sabroso helado de nocciole e cioccolatto. Según me han contado, hace un tiempo por aquí pasó uno de esos escritores domingueros que tiene un blog sobre ciclismo. Mándale saludos. 





Lavarone, 25 de mayo.

Sigues en silencio. Para que veas que no te guardo rencor por tus cartas encendidas y por tus cambios de humor drásticos del pasado fin de semana, te escribo otra carta. Lo hago desde Lavarone. ¿No me negarás que no te ha gustado el ascenso al Menador? Una carretera esculpida en la roca, estrecha como una escalera, como un sendero de mulas...¿No te imaginas a ejércitos desplazándose torpemente por estas laderas, cargando las ametralladoras a lomos de animales? ¿O a poetas y a locos atravesando estas rutas, con botas desgastadas y sucias, en plena ventisca de nieve? Hoy te he ofrecido un panorama digno de una novela de Mitteleuropa y en sacrificio nada menos que te he entregado a van der Poel: espero que sepas agradecérmelo.

Ese holandés es un tipo testarudo y alocado. Se ha lanzado sobre la última subida como si lo hiciera sobre un plato de spaghetti después de un ayuno prolongado. Cuando la carretera se ha puesto auténticamente difícil lo ha empezado a pasar mal. ¡Le ha cambiado de pronto la expresión, le he llegado el empacho! Todas sus actuaciones diarias están siendo un buen entretenimiento, a fin de cuentas. ¿Y qué me dices de Leemreize? ¿No crees que es el descubrimiento de este año? Siempre desvelo alguna sorpresa y este espigado y famélico holandés con cara de niño lo está dando todo. Lamentablemente parece estar tocado por la mala suerte de los de su patria. ¡La misma que van Gogh! Y también ha sido excepcional el empeño de Carthy y de Hirt. Sobre todo del británico. Se está curtiendo en estas cuestas, siempre en cabeza. Hoy el checo en algún momento ha puesto en peligro el liderato, aunque después su distancia se haya volatilizado. ¡Te he dado argumentos para seguir viéndome más tiempo!

Finalmente ha sido Buitrago el que se ha llevado el triunfo. Al igual que ayer, no ha sido el primero en atacar el que se ha llevado la victoria, tampoco el que le ha sobrepasado. Ha sido finalmente el tercero en liza el que ha ganado. Ayer fueron Kämna, Arensman y Hirt; hoy van der Poel, Leemreize y Buitrago. Parece un patrón (te ofrezco incluso esas sutiles simetrías). Lamento que por detrás haya tanta igualdad... Hoy a Landa se le ha visto bastante empeño, aunque las fuerzas sean bastante parejas con respecto a Carapaz y Hindley. Una vez distanciado Almeida, Carapaz puede jugar a especular. Hindley, por su parte, ha estado demasiado aletargado: quizá luego necesite tiempo.¡Todo se decidirá en Verona!

Espero que al llegar a la ciudad de los enamorados al menos te reconcilies conmigo. Sé que en otras ocasiones he  dado una impresión mejor, más vital, más divertida. Yo era la hermana loca de las grandes vueltas: pero mi sorprendente desquiciamiento se ha acabado convertiendo en una serie de tics y defectos predecibles. Perdóname por no estar a la altura de tus expectativas. 

Tu querida maglia. 

PD: Me gustaría pensar que, cuando acabe el año o incluso cuando pase el tiempo, nos arrepentiremos de todos estos reproches y veremos este año con algo de nostalgia.

 


sábado, 21 de mayo de 2022

LA MAGLIA ROSA Y EL ESPECTADOR (UNA CORRESPONDENCIA)

DE LA MAGLIA ROSA AL ESPECTADOR: 

“Visegrad, 6 de mayo,

Amado, te escribo unas notas apresuradas a orillas del Danubio, bajo la fortaleza de Visegrad. Espero que hayas disfrutado la visita, ha sido larga y pausada. ¿Qué te ha parecido esta curva del Danubio, dominada por la fortaleza? ¿Y estas planícies solo suavemente onduladas, interrumpidas de pronto por este ligero promontorio? Ya sabes que muchas veces me debo a intereses mercenarios (es el trabajo), pero aun así sé vestirme con las mejores galas incluso en el exilio.

Además, la estrella que tú deseabas ha ganado en Visegrad. ¿Era la que querías o eran otros los que andaban como locos con ella? Ya no lo sé, cada día dices una cosa. Pero ha dejado a todos sentados. ¡Qué animal! ¡Es el caballo loco que necesita el ciclismo actualmente! O eso dicen. Me noto eufórica porque las cosas han salido a pedir de boca. Supongo que para festejar el día habrá que beber una copa de vino de la zona. Me imagino ya las fotos de los periódicos, con el chico que todos querían (el que tú querías, ¿no era así?) vestido de rosa. El desembolso ha sido importante para traerlo casi a rastras, pero espero que haya merecido la pena.

Siempre tuya.

M.R.”


 

-----------------------------

DEL ESPECTADOR A LA MAGLIA ROSA: 

“Budapest, 7 de mayo.

¡Cuánto había echado de menos tus sorpresas! ¿Cómo has conseguido que un tipo tan menudo haya ganado la crono? Simon Yates, sigo con los ojos como platos. La verdad es que no presentabas muchos competidores de calidad para esta dicisplina, pero cuando he visto que los Jumbo eran superados por este apabullante tiempo de Simon Yates, ya solo he puesto mi confianza en una proeza por parte de van der Poel...tu regalo. ¡Cómo me cuidas, incluso en el extranjero! Aunque a veces no me guste cómo luces cuando te marchas a otros países, e intentas camuflarte bajo otros ropajes y otras costumbres que no son las tuyas, esta vez te lo perdono, pues me has ofrecido un despliegue de grandes avenidas, edificios historicistas y un enorme río. ¡Una ciudad imperial! El resultado ha sido...interesante, al menos inesperado. Por favor, te pido que no me des estas sorpresas tan a menudo. Mi corazón se resiente y ya soy mayor.

Tu amado observador.”


 


“Catania, 10 de mayo,

Hice bien de romper la carta que te iba a enviar hace dos días. Era fría, inútil y un tanto cínica. Me aburrió esa etapa llana en la que ni siquiera el Balaton pudo hacerme olvidar el triunfo de Cavendish. He de decir que lo consiguió por el pleno centro, sin ayuda, algo insólito. Pero no estaba de humor.  Hoy tampoco lo estoy en exceso. Debe ser este día nublado siciliano, este calor pegajoso de la isla que, al ascender, se torna pronto en frío e inestabilidad. ¿Dónde están los favoritos? Ya sabes que quiero batalla y, sin embargo, me has planteado una fuga sin sustancia, con muchos minutos de ventaja. El duelo entre Lennard Kämna y Juanpe López ha estado bien, al menos, con un paisaje que, tengo que admitir, siempre conmueve. Esta isla tiene algo especial que hace que siempre los poetas se detengan en ella, los cineastas rueden aquí sus mejores películas o los filósofos pierdan la cabeza. Tú no me hagas perderla, te lo ruego, ya fue demasiado duro el pasado año como para padecer otro semejante.

Tu amado y siempre atento espectador.

 PD: ¡Una lástima la última curva de Juanpe! Helàs!



---------------------------------------------------------------

DE LA MAGLIA ROSA AL ESPECTADOR:

“Nápoles, 14 de mayo,

Ayer recibí tu carta. Llegan siempre con un poco de retraso, como todo en este país. Lamentablemente este país es así. Pero aquí estoy yo para ofrecértelo siempre de forma nueva, brillante y luminosa, a la par que tradicional. Te escribo desde via Partenope, con el Castel del Ovo enfrente. No podrás decirme que no te han gustado las vistas... Ni Sorrentino es capaz de sacar su ciudad con esta luz que hoy te he mostrado. Y además, ha habido espectáculo.

Antes de empezar quiero decirte una cosa: no quiero entrar de nuevo en tu juego pasivo-agresivo de todos los años. Por ello, ni siquiera voy a pararme a comentar mi paso por Messina y Scalea, porque te veo venir. Me dirás que soy aburrida, que no tengo nada que ofrecer y yo, como todos los años, te diré lo mismo de siempre: ¡no soy yo, son ellos! Y siempre tengo que dar oportunidades a todos. Y aunque no lo creas, mi esencia siempre han sido los últimos kilómetros, ese frenesí, esa pasión que te hace perder la cabeza aunque antes hayas bostezado a más no poder. No puedo estar en todo. ¡Exiges demasiado!

Sobre lo de ayer y lo de hoy, supongo que no tendrás queja. Ayer tuviste a tu Dumoulin. ¿No lo querías ver de nuevo delante, después de sus depresiones? Pues ahí ha estado, sacrificándose por su joven compañero Bouwman. ¡Si hasta te proporciono historias! Y hoy espero que te hayas reconciliado un poco conmigo y borres de la cabeza esos oscuros pensamientos que siempre propicia la presencia cercana de un volcán. Aquí también hay uno, claro está, pero la ciudad, con esa extraña mezcla de dejadez y belleza, ha sabido vivir de espaldas a la incertidumbre que genera su amenaza. Y yo, que siempre estoy atenta a los detalles, te he devuelto a los clásicos. No, no a Plinio, ¡sino a De Gendt! Cómo ha sabido jugar con todos, aprovechando el ataque a contrapié de Gabburo. Si incluso van der Poel ha quedado un poco retratado, con esa apariencia de caballo loco, atacando a destiempo y luego con Girmay soldado a rueda. Te he ofrecido un recorrido de mundial, un poco más corto, es cierto, pero enseñándote la parte bella de Nápoles (nada de Scampia ni cosas por el estilo). Mucho Sorrentino, poco Saviano. ¿Me podrás perdonar?

Siempre tuya, tu querídisima maglia rosa.”



---------------------------------------------------

DEL ESPECTADOR A LA MAGLIA ROSA: 

“Pescara, 15 de mayo,

Lamento el tono del pasado día, yo creo que podré amoldarme un poco a tus ofertas. Hoy he quedado medio convencido de lo que me has propuesto. Aliviado. Siempre el Blockhaus es una subida dura, hoy más expuesta al viento, y puesto que tu carrera este año no cuenta con grandes nombres, se ha vivido igualdad y alternativas. Bardet, Landa y Carapaz han arriesgado un poco, pero no tenían piernas; me quedo antes con la sensacional ascensión de Almeida, siempre a ritmo, con la boca abierta, y con la resurrección de Hindley. Siempre había confiado en este corredor, en su tez pálida, tan acorde con estos prados que hoy me has mostrado, cubiertos de nieve en invierno o salpicados de rebaños blancos en primavera y verano. Su temporada 2021 me dejó frío y decepcionado, con lo cual ha sido una alegría verle ganar hoy ¡Y qué decir del maltrecho Pozzovivo! Hoy los viejos lo han hecho bien, y eso siempre hace recordar que uno no es tan mayor, que no pierde irremediablemente el tiempo delante del televisor, viéndote un año más.

Pero antes que nada, me quedo con Juanpe López. ¿Quién lo iba a imaginar? Ha sufrido, se ha quedado cortado en plena ascensión por el viento racheado, que le ha obligado a orillarse en exceso, poniendo casi pie a tierra, pero ha logrado recomponerse. ¡Y ha luchado! Vamos que si ha luchado...

Hoy estoy contento. Te lo agradezco. Todavía está lejana la magia de los grandes días, pero ya sabes, soy fanático y atolondrado. Cuando veo grandes exhibiciones, arqueo las cejas, pero cuando no las veo, bostezo. Es mi sino. Espero que seas capaz de darme una nueva oportunidad, pero seguiré exigiéndote el máximo (con amor).

Tu paciente observador, siempre a tus pies.”



--------------------------------------------------------------

DE LA MAGLIA ROSA AL ESPECTADOR: 

“Jesi, 17 de mayo

¡Ahí lo tienes! ¡El sprint del año! ¿No tienes nada que decir? Te escribo deprisa, ya sabes que siempre estoy en marcha, pero espero que hayas disfrutado con la etapa y con ese duelo entre Girmay y van der Poel que te he ofrecido. ¿Has visto cómo incluso son buenos chicos? Van der Poel le ha felicitado, en vez de golpear el manillar. ¡La foto ha quedado de maravilla! Los tiempos están cambiando y ni siquiera yo me doy cuenta. Y la etapa ha sido movida: los sprinters se han descolgado, como siempre dices que te gusta, y luego incluso Carapaz ha intentado arrancar. Ya lo sé, ha sido de forma tímida, pero al final las dos grandes estrellas para esos días que tú sueles definir como anodinos han dado la cara y se han marcado un sprint de casi 400 metros, codo con codo, como los que pocas veces se ven. ¡Europa contra África! Y ha ganado África. No me digas que no te ofrezco historias. Todos los periodistas andan ahora tecleando sobre las bicicletas que les llevamos a los eritreos cuando eran nuestra colonia. ¡Y cómo Girmay se venga de su metrópoli, al igual que hizo Bikila en Roma! Una historia que rima muy bien con la de Bartali y los judíos y que, el tiempo dirá, acabará sumándose a mi largo anecdotario. 

Tu amadísima y fiel maglia rosa.

PD: lástima el tapón. Nota mental: botellas descorchadas a partir de ahora.”


 

------------------------------------------------

DEL ESPECTADOR A LA MAGLIA ROSA: 

“Génova, 19 de mayo

Lamento escribirte con este tono sombrío, pero estoy perdiendo la paciencia. Siempre dices lo mismo, solo escribes cuando tienes que sacar algo de pecho. Pero cuando vienen mal dadas, cuando ofreces un tostón sin aliciente, te escabulles, te refugias en la historia, en que siempre ha sido así, y yo no estoy para escuchar más estas excusas. Tendrás que decidirte: si prefieres la historia o al espectador. ¡Algo tienes que hacer! ¡Reacciona! En realidad, sabes quién te conviene, quién te ama, quién ha estado siempre ahí. Pero me ignoras de forma sistemática, escamoteas toda posibilidad de diálogo. Y estoy cansado.

Esto de hoy, ¿qué ha sido? ¡Un bodrio soporífero! Peor que una peli de tarde. Sí, ya lo sé, Génova no es Florencia. Es difícil ocultar en tantas tomas de helicóptero sus polígonos, su puerto industrial, la herrumbre de sus autopistas sobreelevadas, esa monstruosidad que a modo de frontera separa la antigua Dominante, con su vicoli llenos de ratas y palacios decadentes, del puerto viejo, convertido en un pequeño parque temático de provincias. Hasta el momento no me quejaba, los ganadores de etapa habían sido todos de calidad.  Pero...¿Oldani? Ayer ganó Dainese, en un sprint monumental sin nada que reprochar: pura fuerza. Un toro padovano para acabar con una etapa aburrida. Pero hoy el pelotón se lo ha tomado con mucha desgana, permitiendo que Kelderman vuelva a colocarse casi delante, sin aprovechar el terreno quebrado. Oldani, Leemreize y Rota. Sí, ya sé, se notaba la impaciencia por la tardanza de un triunfo  italiano, pero...el que está perdiendo la paciencia soy yo.

Prefiero no continuar. No quiero enfadarme ni que tomes esta carta como un mensaje agresivo. Simplemente estoy cansado, aburrido, insatisfecho. Quedan pocos días. Espero que la próxima vez tengamos algo realmente de lo que hablar.

Tu observador, cada día más impaciente.”



----------------------------------------------------

DE LA MAGLIA ROSA AL ESPECTADOR: 

“Cuneo, 21 de mayo

Te engañaría si te dijera que estoy dolida, pues no son nuevos esos reproches que me lanzabas en la pasada carta, como dardos envenenados. Lo hago lo mejor que puedo, eres consciente de mis esfuerzos. Y creo que no es necesario que te repita que ellos son los que montan el espectáculo. Hoy lo ha habido. ¿No te ha parecido interesante? Esos cuatro trotones le han planteado un problema serio al pelotón, Maestri, Eenkhoorn, van den Berg y Prodhomme. No muy conocidos, pero valientes. ¿No has visto como el Groupama iba perdiendo unidades por detrás, como cartas que salen volando en un castillo de naipes? ¡Y qué me dices de los relevos de Eenkhoorn! No mientas, te ha gustado.

Y lamento mucho lo de Bardet. Ya sé que en cuestión de favoritos, la cosa no anda bien, pero quizá te agrade que tu Landa tenga en camino más allanado. ¿Porque eres landista, no es así? Nunca me aclaro.

Aun queda lo mejor y espero que estés atento a partir de ahora. Te prometo ser buena. Te ofreceré tesoros. Pero tienes que seguir atento, por favor. No apagues la tele. Deja un rato el móvil. Haz la siesta, pero solo el tiempo justo para conectar en los kilómetros decisivos. Yo soy siempre así, agradecida y un poco orgullosa, pero a diferencia de esa estirada francesa, siempre de moda, con tanta publicidad detrás, yo siempre soy un poco más humilde, más popular...Sé arremangarme los brazos. Y sé ceder. Por desgracia, Pogacar prefiere todavía la publicidad de esa maldita francesa. ¿Qué puedo hacer? Tendré que convencerle, sacar mis mejores argumentos y virtudes, incluso recurrir al deshonroso dinero. Pero tendrá que ser otro año. Como Anna Magnani, sé arrastrarme por el fango sin perder un ápice de mi dignidad. Tú mientras tanto, ¿me prometes que seguirás ahí? Hazlo por mí, solo una vez más.

Yo estaré siempre ahí para ti.

Siempre tuya, tu adorada rosa."



 

(continuará...)