lunes, 10 de agosto de 2026

CON LA NAVAJA ENTRE LOS DIENTES (2ª PARTE)

De nuevo el ciclismo femenino nos ha ofrecido un bonito espectáculo con un Tour de Francia no exento de polémica, en el que ha vuelto a aflorar, una vez más, esa cara tan propia del ciclismo femenino, mucho más mitigada en la actualidad en el masculino: la de las rivalidades enconadas y viscerales, siempre con la navaja entre los dientes y alguna que otra puñalada por la espalda ante el mínimo despiste. No fue el Tour de la ganadora del año pasado, Pauline Ferrand-Prévot, que pasó por las carreteras francesas sin pena ni gloria, acabando por retirarse tras una crono desastrosa y una subida, la del Mont Ventoux, en la que acabó perdiendo mucho tiempo. La anomalía de su demoledora victoria del año pasado, tras años ausente del ciclismo en carretera, se ha revertido, con un retorno a la rivalidad de 2024 entre Vollering y Niewiadoma. Una rivalidad en la que ha habido de todo, jugadas rastreras, acusaciones y finalmente abrazos forzados. 

Hubo sonrisas al final. 


Reusser y Vollering fueron las grandes beneficiadas de la crono, disputada en la etapa cuarta, entre Gevrey-Chambertin y Dijon, entre viñedos. Niewidoma perdió 1:09 con Reusser, la nueva líder, haciéndolo algo mejor Longo Borghini, que se dejó 1:03. Vollering solo perdió con la suiza 18 segundos. Las dos grandes rodadoras habían obtenido una buena renta, pero Niewiadoma, más escaladora, no estaba demasiado lejos. La gran perjudicada fue Pauline Ferrand - Prévot, tan armónica fuera de la bici como descompuesta encima de una. Acometió la crono con una postura francamente difícil de ver, demasiado erguida, a lo que se añadía ese enorme casco que lucen en Visma, en este caso ladeado y erecto como una especie de pepino. Se dejó nada menos que 2:13, perdiendo de forma clara toda opción para el triunfo final. Al día siguiente, en la etapa rompepiernas de Belleville-en-Beaujolais (donde ganara Ion Izagirre en 2023), se marcharon las tres corredoras más fuertes en ese momento de la prueba, Vollering, Reusser y Niewiadoma. Era la antesala de lo que quedaba por venir. 


Ferrand-Prévot, al estilo de Pozzovivo; Reusser, con una posición perfecta. 


El Mont Ventoux era la ascensión estrella de esta edición, como el Tourmalet, L'Alpe d'Huez y el Col de la Madeleine lo fueran en las anteriores ediciones. No defraudó, dejando imágenes acordes con su mito. La escalada en la parte boscosa fue, como suele suceder, muy selectiva. Las corredoras avanzaban en esas largas rectas, ligeramente serpeantes, entre el tupido bosque de coníferas, más visible en esta ocasión debido a la limitación de asistencia de público. Vollering se encargó de fomentar la selección a falta de 11 kilómetros, llevándose consigo a Niewiadoma y Reusser. A falta de 9 kilómetros, Niewiadoma lanzó su ataque. Vollering y Reusser se quedaron observándose mutuamente. La rodadora suiza iba a su máximo nivel, siempre ascendiendo a ritmo, pero Vollering parecía guardar algo para sí, evitando colocarse en cabeza para no marcar el ritmo a la líder. Mientras tanto, Niewiadoma, todo ligereza, se iba encaramando hacia la cima, en el tortuoso paso por la cresta pelada del Ventoux, que siempre depara imágenes espectaculares. Es, sin duda, la cima más icónica del Tour, su Monte Fuji, como dije en alguna que otra ocasión. 

Niewiadoma en lévitation, tituló L'Équipe.


En el tramo final, esa particular travesía por el desierto, en el que las crestas del Ventoux parecen dunas solidificadas del Sáhara, la diferencia de Niewiadoma oscilaba en torno a los 1:50 minutos. Se estaba haciendo con el liderato de forma muy sólida. Sin embargo, en los úlitmos 700 metros, casi a la sombra de la torre del Ventoux, Vollering decidió por fin descubrir sus cartas, con una aceleración que dejó atrás a Reusser y recortó la diferencia en unos 30 segundos, pero que no impidió a Niewiadoma colocarse de líder con 15 segundos de de ventaja. ¿Vollering había pecado quizá de un exceso de cálculo? Todo se iba a resolver en las etapas de Niza. 

Esta subida siempre depara grandes fotos. 


Estas últimas dos etapas dieron para mucho. En la etapa del sábado, Vollering lanzó su ataque en el repecho final del Camin de l'Arieta, justo después de una curva. En directo no se apreció nada reseñable. Detrás de ella, Gery, su compañera, se cortó, y Longo Borghini y Niewiadoma lograron con esfuerzo contener la primera aceleración de Vollering. Más tarde, ante el ritmo sostenido de la neerlandesa, Niewiadoma acabó cediendo, marchándose Vollering en el rápido descenso, e incrementando su ventaja en la Promenade des Anglais, hasta conseguir hacerse con el maillot amarillo por una diferencia exigua de 8 segundos. Entonces vino la polémica. Con el calentón del esfuerzo todavía sobre la piel, y con la certeza de haber perdido el liderato, Niewiadoma se dirigió a Célia Gery, compañera de Vollering. La acusaba de haberla cerrado en la curva, precisamente en la curva que daba inicio al Camin de l'Arieta, entorpeciendo su marcha para facilitar que Vollering abriese rápidamente hueco. Fue una tarde de revisión de vídeos y de alineamiento casi unánime de las cuentas influencers del ciclismo en torno a la visión de Niewiadoma. Es cierto que Gery tomó la curva abriéndose, lo que entorpeció a Niewiadoma, que trataba de adelantarla por fuera. Es cierto que ello provocó que Niewiadoma arriesgara más. También el parón de Gery hizo que Niewiadoma tuviera que bajar el ritmo y perder unos instantes a Vollering de rueda. Pero Niewiadoma cometió el error de intentar adelantar por fuera; cometió también el error de dejar a Gery a rueda de Vollering, sabiendo que esta se podía cortar de golpe. En fin, no hubo codos, ni un giro de trayectoria brusco de Gery para obstaculizar a Niewiadoma. Fue un lance de carrera, algo bastante visto. Niewiadoma decía que no se había respetado a la líder y que, para ella, Vollering se había servido de una jugarreta para ampliar su ventaja. Las típicas cuentas se unieron al coro, para generar una opinión férrea: Niewiadoma cae bien, es dulce, está casada con un americano (uno que iba para estrellita), lleva mucho tiempo en el ciclismo y ha sido siempre voluntariosa; Vollering no cae tan bien, es más dramática y directa, se enfrentó al dominio de van Vleuten (que tenía muchos acólitos), a veces le falta un poco de filtro y cae habitualmente en sentimentalismos y dardos afilados. Si bien esta visión es un completo esquematismo por mi parte, es el que reproducen como cámaras de eco las redes sociales. Pero el ciclismo, a fin de cuentas, no es ni una competición de belleza ni de personalidades. 

El mal rollo en meta. Al menos no sucedió como entre Barredo y Rui Costa. 


Más llamativa fue la colaboración altruista de Longo Borghini detrás, que impidió que la pérdida de Niewiadoma fuese mayor. También se habló, en este caso, de cuentas pendientes entre Longo Borghini y Vollering. De no haber estado Longo Borghini, Niewiadoma hubiese entrado en el grupo de Reusser. Para echar más leña al fuego, Vollering declaró al día siguiente que no olvidaba lo que sucedió en el Tour de 2024, dejando un recado a Niewiadoma. Para recordar lo sucedido, en aquel Tour Vollering cayó al suelo cuando llevaba el maillot amarillo; las compañeras de su equipo de aquel momento, el SD Worx, hicieron marcha, desentendiéndose por completo del tema y dejándola tirada (por ello cambió de equipo al año siguiente); y Niewiadoma, a rueda de su compañera Chloé Dygert, aprovechó la situación para poner ritmo a partir de ese momento. Visto desde otro punto de vista, se diría que la sobreactuación de Niewiadoma tras cruzar la meta de Niza no fue solo producto de un calentón, sino que se alargó con la intención de poner nerviosa a Vollering, una corredora no siempre estable en lo emocional y que peca de llevar todo al terreno personal. 

Obra maestra final de Vollering en Niza, ganando con pleno merecimiento. 


Pero, finalmente, Vollering prevaleció. Afortunadamente, podría decirse incluso. En la última etapa, con cuatro ascensiones al Col d'Èze, la última por el Col des Quatre Chemins, entre urbanizaciones, Vollering acabó imponiéndose. Previamente, Reusser se fue al suelo en la última curva de la parte más técnica del descenso del Col d'Èze, justo enfrente de la localidad enrocada de Èze, durante mucho tiempo casi inaccesible. En la última ascensión, Vollering tensó la cuerda, Niewiadoma intentó seguirla, pero no pudo, y tras las primeras curvas que conducen a la localidad de Èze, muy técnicas y con bastantes trampas, Vollering cogió la corniche que lleva hasta Niza, en un descenso mucho más tendido, más ancho y sin apenas curvas, en el que una rodadora puede expresarse plenamente. Niewiadoma fue cazada. La ventaja final fue ampliándose hasta los 1:04 (1:18 en la general final), consiguiendo Vollering de esta manera borrar cualquier atisbo de duda en torno a su victoria final, la segunda en el Tour, enlazada este año además con el Tour de Flandes, la Lieja - Bastogne - Lieja y el Giro de Italia. 

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