domingo, 3 de diciembre de 2017

ALGUNOS TESTIMONIOS RECOGIDOS EN "GIRO 100" DE HERBIE SYKES

Para el aficionado al ciclismo con  el otoño llega la larga travesía del parón invernal, lo que vienen a ser varios meses sin su droga. Tradicionalmente el mono se combatía con ciclocross, algo de ciclismo en pista y en los casos más extremos, con etapas repetidas en Youtube. Pero ahora también la lectura puede ser un remedio para mantener controlada la adicción. De hecho, la literatura sobre ciclismo está viviendo ahora una "edad dorada" (o burbuja). Más bien se diría que se está convirtiendo en normal lo que en otros países es ya algo habitual, aunque en el caso español es más bien un fenómeno a rebufo del empuje anglosajón. De esta forma se han publicado biografías, autobiografías, libros de recortes periodísticos, libros de relatos e incluso alguna novela. Se ha tenido acceso en castellano, entre otros, a las fantásticas autobiografías de Kimmage y Fignon o a los artículos de Buzzati sobre el Giro de 1949.   

Sin embargo voy a hablar hoy de un libro que he leído este año y que no tiene edición en castellano ni en ninguna otra de las lenguas oficiales: Giro 100 de Herbie Sykes. Se trata de un bonito homenaje del escritor británico al centenario del Giro, publicado por Rapha. El mismo escritor y la misma editorial habían publicado ya anteriormente Maglia Rosa, un cuidado libro con fabulosas fotografías y textos igual de interesantes sobre los entresijos de la historia del Giro. En él se habían relatado los grandes hitos del Giro, los grandes duelos y las grandes gestas, y cómo no, también las múltiples "teorías conspirativas" que rodean a ciertos momentos. Es bien conocido el objetivo de la marca de ropa/editorial británica: acercar al público anglosajón la historia del ciclismo en toda su elegancia y riqueza, pero sin obviar los detalles peliagudos del dopaje, con la pretensión de airear la falsa idea de que el ciclismo actual (más anglosajón que europeo) es más limpio y más transparente que el del pasado. En definitiva, que el ciclismo "ha cambiado". Pero los libros de Sykes son tan buenos que podemos pasar por alto ese burdo detalle.



En el caso de Giro 100, Sykes no relata la "gran historia del Giro" sino que da voz a las vivencias personales de antiguos participantes del Giro, ya sean ciclistas, directores deportivos, periodistas, fotógrafos o simples aficionados. Los testimonios más suculentos son los de los ciclistas anónimos, que cuentan sus inicios (siempre humildes, siempre esperanzadores, siempre frustrados) y sus padecimientos (en las largas etapas de montaña, bajo la tiránica batuta de un líder caprichoso, en fugas condenadas al fracaso). Todo ello acompañado de fotografías sacadas de los archivos personales de los protagonistas.

Destacan testimonios conmovedores como el del siciliano Benedetto Patellaro, ganador de una etapa en el Giro de 1981 que dedica a su padre enfermo, o las "grandes epopeyas" del modesto equipo Filcas en 1974 o del Alexia alluminio en 2002, ganador del Giro con Paolo Savoldelli y dos gregarios más. Sin embargo, lo más interesante es lo que dicen los pequeños ciclistas acerca de los grandes. Es curioso que los testimonios, en su mayoría de ciclistas italianos, incidan siempre en dos cosas: la admiración hacia los grandes campeones extranjeros (Anquetil, Merckx, Hinault, Indurain) y el desprecio hacia los de casa, a los que se suele acusar, sin muchos reparos, de tiranos o tramposos. Gimondi y Moser se llevan los palos más gordos. Entre los italianos, sólo se salvan Coppi y sobre todo Bugno.

Nada más acabar la lectura del libro, elaboré un pequeño compendio de estas impresiones sobre los grandes ciclistas, italianos y extranjeros, en general chismorreos, "batallitas", anécdotas o prejuicios. En parte, destripo algo del contenido del libro, pero quizá a alguien le interese para abrir boca. Aquí os lo dejo:




<<Adorni, Vittorio

Según Marino Vigna, D.S. del Faema, Adorni le solicitó que sería bueno crear de un “fondo de financiación”, para disponer de dinero durante el Giro de 1968.

Anquetil, Jacques

Según Angelo Ottaviani, Anquetil era todo un caballero. En una etapa que terminaba en Pesaro, Ottaviani pinchó a falta de 40 km. Fue cazado por el grupo de Anquetil, que había pinchado previamente, y cuando uno de los gregarios de Anquetil le acercó un bidón al campeón francés, éste se lo ofreció a Ottaviani para que bebiese primero.

Según Franco Cribiori, Anquetil fue el más fuerte de los ciclistas, pero no el mejor ciclista. Señala que solía rodar a cola de pelotón; cuando se formaba una fuga peligrosa y era advertido por su D.S. para que ganase posiciones en el pelotón, decía “ça va” y a continuación se ponía a tirar él mismo hasta que acababa con la fuga. Una vez cazados, volvía a cola de pelotón.

Pietro Zoppas señala que Anquetil era todo un caballero, que lo trataba siempre como si fuese un campeón.

Armstrong, Lance

Según el D.S. Domenico Cavallo, tanto Ullrich como Armstrong fueron muy dañinos para el ciclismo en general y el Giro en particular. Provenían de países sin tradición ciclista y su focalización exclusiva en el Tour fue muy perjudicial para el Giro.

Bartali, Gino

El corredor de la San Pellegrino Fiorenzo Tomasin señala los defectos de Bartali como D.S., especialmente en materia económica. Sólo disponían de un masajista y de apenas ropa, porque Bartali solía regalar los maillots del equipo a los sacerdotes. Para ahorrar, prefería que el equipo pernoctase en una residencia religiosa o convento que en un hotel.

Basso, Ivan

El periodista Claudio Gregori señala que Basso es un buen chico (lo que reafirma diciendo que conoció a su mujer, a sus adorables hijos y a su perro Birillo), pero ello no le exime de una sanción de por vida después del caso Fuentes. Es plenamente responsable de sus actos, pues tomó la decisión táctica de doparse, y volver a la competición “no le absuelve”.

Bitossi, Franco

Ugo Colombo señala que Bitossi, aun siendo compañero de equipo suyo durante muchos años (en concreto su líder en Filotex), se alió con Gimondi en el Giro de 1971 para arrebatarle la maglia rosa.

Bugno, Gianni

Según Gianluigi Stanga, Bugno en el Giro 1990 en ningún momento vio peligrar la maglia rosa. Lo califica de persona tímida y modesta, pero extremadamente carismática.

En el litigio entre el neoprofesional Florido Barale y Pierino Gavazzi, su experimentado líder, durante el Giro de 1990, Bugno consoló al joven corredor, muy molesto con la actitud cascarrabias de su líder, diciéndole que en su primer año de profesional en Atala, Gavazzi le había hecho exactamente lo mismo (es decir, no hablarle si no era para llamarle la atención).

El fotógrafo Fabrizio Delmati utiliza a Bugno como ejemplo para señalar lo que ha cambiado el ciclismo. Según él, no tenía inconveniente en llamarle para realizar una sesión de fotos, sin intermediarios, algo impensable hoy en día.

El periodista Paolo Viberti habla de su buena relación con Bugno (sus hijos son de casi la misma edad, y cuando se encontraban no hablaban de ciclismo, sino de sus hijos), sintonía que estuvo a punto de venirse abajo cuando Viberti publicó un artículo en 1994 sobre Bugno y su amante (“Bugno, escapada por amor”). Bugno le recriminó su acción, diciéndole que qué pensaría su hijo si viese la misma noticia con él como protagonista.

Enrico Zaina señala que Bugno era un campeón con mucha dignidad, a diferencia de Chiappucci.

Chiappucci, Claudio

Según Gianluigi Stanga, Chiappucci no tenía la misma clase que Bugno, ni con la bici ni sin ella.

Enrico Zaina señala que Chiappucci tenía “importantes defectos como persona”, a diferencia de Bugno.

Chioccioli, Franco

Mario Beccia señala que Chioccioli seguramente fue avisado del recorte imprevisto de la subida al Gran Sasso en el Giro de 1985. Este recorte pilló desprevenidos a tres de los cuatro escapados, Lejarreta, Visentini y al propio Beccia. 

El periodista Paolo Viberti señala que la imagen de Chioccioli temblando en el hotel, con la maglia rosa puesta, medio inconsciente, después de la etapa del Gavia en 1988, es una de las imágenes que más recuerda del Giro.

Cipollini, Mario

El periodista Claudio Gregori muestra su malestar por la presencia de Cipollini (el Pavarotti del ciclismo) en la presentación del Giro, habiendo estado relacionado con el doctor Fuentes.

Coppi, Fausto

Pietro Zoppas señala que Coppi le trataba como a un ahijado y le dio un importante consejo que no puede revelar, aunque finalmente acaba haciendo: que tomase “la bomba”.

De Muynck, Johan

Franco Cribiori, su D.S. en Brooklyn, señala que perdió el Giro de 1976 con Gimondi por ser demasiado deportivo. Esperó a Gimondi cuando se cayó en la etapa 18, y en la etapa que llegó a Bérgamo fue demasiado conservador, reservándose para la etapa posterior, una crono, cuando debería haber atacado a Gimondi, que estaba bastante maduro. Según Cribiori, a De Muynck le faltó ambición y por ello mismo “el Giro de 1976 lo perdió él solo”.

Aldo Gios señala que De Muynck fue el más fuerte del Giro de 1976. Añade que si la crono final se hubiese disputado en Flandes y no en Bergamo -ciudad de Gimondi-, De Muynck habría ganado el Giro.

Baronchelli señala que Moser prefería que ganase el Giro de 1978 De Muynck a un italiano, porque De Muynck no competía con él por ganar el favor popular de público italiano. 

Gavazzi, Pierino

Florido Barale, que compartió equipo y habitación con Gavazzi en su primer Giro, en 1990 (teniendo Gavazzi 39 años), señala que apenas le dirigía la palabra. La única vez que le habló fue para regañarle por tirar sin sentido, interviniendo en la discusión Bugno (ver Bugno).

Gaul, Charly

El gregario Angelo Cestari señala que Gaul no tenía muchos amigos en el pelotón porque era muy tacaño con sus gregarios. Sólo tenía de su lado a su fiel Marcel Enrzer. Los demás querían que perdiese el Giro, sobre todo Bobet: por ello en 1957 se unieron para atacarle mientras orinaba.

Gimondi, Felice

Aldo Gios señala que ganó el Giro de 1976 gracias a que la contrarreloj final y decisiva frente a Johan De Muynck se disputó en Bérgamo, su ciudad. “Que cada uno saque de ello las conclusiones que quiera”.

El ciclista Simone Fraccaro señala que Gimondi le obligaba a empujarle en las subidas.

Ugo Colombo señala que en el Giro de 1971, cuando Gimondi había perdido el Giro, le atacó cuando llevaba la maglia rosa, llevándose consigo a Pettersson y Van Springel. Según su versión, Gimondi había conseguido el acuerdo de prácticamente todo el pelotón para desbancarlo, pues no podía tolerar que un italiano “del montón” liderase la clasificación.


Pietro Guerra, gregario suyo en Salvarani, señala que habitualmente tenía un carácter gruñón, que se acrecentó notablemente en el Giro de 1971 cuando Motta, aquel año en Salvarani, atacó al resto junto a Gösta Pettersson camino de Potenza.

Hinault, Bernard

Ennio Salvador cuenta una anécdota relacionada con Hinault y el Giro de 1982. Salvador corría su primer Giro y decidió atacar al comienzo de una etapa. Cuando fue cazado poco después, el propio Hinault le cogió del maillot y comenzó a insultarle, de manera que Salvador también le insultó. Al finalizar la etapa, el DS de Salvador le dijo que debía disculparse con Hinault, porque cuando había atacado estaba orinando y los equipos de los sprinters se habían puesto a tirar, hecho que había sido aprovechado por Bianchi para poner en dificultad a Hinault.
Al día siguiente, en el control de firmas, Salvador se sentía intimidado para hablar con Hinault, buscaba las palabras justas para disculparse. Sin embargo, fue el propio Hinault el que le llamó aparte y se disculpó por su actitud durante la etapa anterior.

Phil Edwards, gregario de Moser, señala que en el Giro de 1980, en una etapa en los Apeninos, Hinault se colocó en cabeza, lanzó una mirada a sus adversarios como la de un poseso, y lanzó un ataque devastador, que fue la mayor demostración de fuerza que vio durante toda su carrera deportiva.

Indurain, Miguel

El ciclista Marco Saligari señala que Indurain no solo le felicitó por su victoria de etapa en 1992, sino que encargó una botella de champagne para que Saligari y su equipo (Ariostea) lo celebrasen en el hotel.

Franco Cribiori señala que Indurain era consciente de que no necesitaba ganar etapas para hacerse con la clasificación general.

Merckx, Eddy

Según Marino Vigna, D.S. de Faema, fue él quien convenció a Merckx de “dejar ganar” de vez en cuando al resto, a fin de ser más diplomático. De todas formas, no lo pudo conseguir hasta después de la mítica etapa de las Tre cime di Lavaredo.

Según Matteo Cravero, Merckx le impresionó durante la disputa del Giro de 1969. En una etapa con viento camino de Terracina, se formaron abanicos y Merckx, no contento con rodar en cabeza, decidió escaparse en solitario. En esa misma etapa, y principalmente debido al fuerte viento, una grada portátil se vino abajo, muriendo un niño aplastado. Cravero atestigua que Merckx estaba muy afectado.

Simone Fraccaro señala que Merckx se convirtió en su “fan” después de que terminase tercero en la Tirreno-Adriatico de 1974. Señala también que se apiadó de Fabrizio Fabbri en una subida. Fabbri había estado empujando durante casi toda la subida a su líder, Felice Gimondi, y viendo su padecimiento, Merckx decidió empujarle a él. Después les preguntó a Fabbri y Fraccaro cómo se dejaban tratar así.

En 1971 Giancarlo Bellini se convirtió en gregario de Merckx en Molteni. Cuenta cómo en la Milán-Sanremo de ese año se encontraba falto de fuerzas y rodaba a cola de pelotón. Entonces Merckx se descolgó hasta su posición y con mucha educación y cortesía le explicó cuál era la función de un gregario: contribuir a su victoria para conseguir parte del dinero del premio.

Gianni Motta reconoce que él no era un auténtico campeón, mientras que Merckx sí que lo era, porque sin tener unas cualidades físicas mejores que las de los demás, era capaz de llevar a su cuerpo más allá del límite del dolor, haciendo cosas imposibles. 

Moser, Francesco

Su masajista Bruno Ragona señala que contó con un preparador polaco, Zmuda, quien, aparte de diseñar planes de entrenamiento que solo alguien con las aptitudes físicas de Moser podía cumplir, le enseñó la importancia de los valores sanguíneos.

El ciclista Gianni Zola cuenta que, como gregario de Moser, era consciente de que el campeón trentino exigía una disponibilidad al 100%, pero como aspecto positivo, ser gregario suyo daba mucho dinero, pues siempre estaba en las plazas de honor. Para Zola, Moser es el corredor más dotado que ha conocido y verle fuera del top ten de cualquier carrera era tan raro como “ver llover en el Sáhara”. Cuenta cómo se cabreó mucho con la actitud individualista de Harald Maier en la París – Roubaix de 1986, y cómo quería siempre algún suizo o austriaco en el equipo “por razones fiscales”. Zola abandonó el equipo de Moser y el ciclismo en general después de las cosas que vio en el Giro de 1986, relacionadas con los doctores Ferrari y Conconi.

Baronchelli recrimina a Moser ser una persona rencorosa, que tan solo corría pensando en su popularidad de cara al público italiano. Tenía a la prensa en el bolsillo y sabía manipularla: “quería ganar el Giro con la boca porque no podía hacerlo con las piernas”. Ganaba a los rivales en la “guerra psicológica”. Lo compara en ese sentido con José Mourinho. Contaba también con un grupo de tifosi dispuesto a empujarle en las subidas y a bloquear a los corredores rivales.

Pantani, Marco

Según Gianluigi Stanga, director del Polti, Pantani dio positivo en Madonna di Campiglio y los que dicen que hubo una “mano negra” detrás o no saben de ciclismo o quieren hacer negocio de su muerte.

Paolo Lanfranchi señala que Pantani era una persona muy reservada, que no parecía tener muchos amigos, pero que era correcto con los demás. Señala que no confiaba en la gente, de manera que los pocos con los que hablaba debían sentirse agradecidos, pues Pantani les dirigía la palabra sólo si consideraba que merecían la pena.

El periodista Claudio Gregori recuerda la discusión que mantuvo con un un presentador de TV a raíz de la expulsión de Pantani en 1999. El periodista pensaba que Pantani si había engañado debería irse a casa, el presentador en cambio se llevaba las manos a la cabeza, pues decía que Pantani les hacía ganar 7 millones diarios.

Saronni, Giuseppe

Alessandro Paganessi señala que Saronni le pidió que tirase para él (cuando militaban en equipos diferentes) simplemente con una mirada. Se conocían de tiempo, pero Paganessi prefirió jugar sus opciones en la etapa a tirar para Saronni a cambio de dinero.

Gianbattista Baronchelli señala que la llegada de Saronni y su rivalidad con Moser supuso definitivamente el final de sus aspiraciones como ciclista en el Giro, pues vinieron “siete u ocho Giros imposibles de ganar”.

Ullrich, Jan

Según el D.S. Domenico Cavallo, tanto Ullrich como Armstrong fueron muy dañinos para el ciclismo en general y el Giro en particular. Provenían de países sin tradición ciclista y su focalización exclusiva en el Tour fue muy perjudicial. En concreto, Ullrich tomaba el Giro como una carrera preparatoria.

Venturelli, Romeo

Romeo Venturelli era conocido como “el nuevo Coppi”porque batió a Anquetil en una crono. Pietro Zoppas cuenta una anécdota sobre el año en que se lució la maglia rosa. Se presentaba la etapa del Terminillo y Venturelli se había atiborrado de pepinillos en vinagre la noche anterior. Antes de la subida, Venturelli comenzó a sentirse mal y le dijo a su gregario Zoppas que iba sediento: éste le cedió su bidón, que apuró de un trago. Sin embargo, Venturelli seguía sediento. Zoppas tuvo que salirse de la ruta para buscar un bar y conseguirle una botella de champagne. También él estaba sediento. Cuando se la acercó a su líder, éste no le dejó ni una gota. Al llegar al Terminillo le vino una tremenda pájara. Zoppas dice que Meo Venturelli era un tipo tosco y maleducado, pero no por propia voluntad, sino por la educación que había recibido.

Visentini, Roberto

Según Davide Boifava, su director deportivo, Visentini perdió el Giro de 1987 en Sappada a causa de un colapso psicológico, no físico. Si hubiese tenido la cabeza de Roche, habría conseguido lo que se hubiese propuesto como ciclista, incluso ganar el Tour.

Remo Rocchia fue gregario de Visentini en el Giro de 1978. Señala que Visentini no era muy diplomático. Cuando estaban ascendiendo un puerto, Visentini le dijo que se descolgase para cogerle una gorra para afrontar el descenso. Rocchia se descolgó, cogió la gorra del coche de equipo, volvió a remontar posiciones con mucho esfuerzo y se la entregó a Visentini, pero éste protestó porque no le había traído “la gorra roja”.

Marco Groppo destacó en el Giro de 1982 como gregario de Van Impe en el Metauro mobili. Sin embargo, en el Giro de 1983 su rendimiento fue peor al mismo tiempo que vivía un romance con una azafata de la carrera. Tuttosport y De Zan airearon el asunto, tanto que Roberto Visentini, el auténtico playboy del pelotón, le dio las gracias personalmente, ya que los medios le habían dejado por fin en paz.>> 



Cuando pase el tiempo, será bastante curioso saber qué se dice de los corredores actuales, de Contador, Quintana, Nibali, Froome y demás. 

domingo, 8 de octubre de 2017

VUESTROS 10 MEJORES

En el número correspondiente al mes de enero del Miroir du Cyclisme de 1987, la prestigiosa revista francesa publicaba el resultado de una encuesta planteada a sus lectores. Debían elegir, de forma completamente subjetiva, sus diez mejores ciclistas. "Vos 10 meilleurs" se titulada el número, compartiendo portada con la cohabitación de LeMond y Bernard, los presumibles continuadores del trono dejado vacante por Hinault.


El resultado de la encuesta era el esperable: 1º Merckx, 2º Coppi, 3º Hinault, 4º Anquetil, 5º Bobet, 6º Bartali, 7º Gimondi, 8º Van Looy, 9º Koblet y 10º Moser. Quizá la única sorpresa era la inclusión del suizo Hugo Koblet, mitificado por el público francés por su victoria en el Tour de 1951, cimentada en su escapada suicida en una etapa llana entre Brive y Agen. La mayor parte de los lectores de la revista habían visto correr a los ciclistas de la posguerra, a Coppi, Bartali, Bobet y Koblet, ya fuese en directo, en noticiarios cinematográficos o televisivos, o simplemente recreados en sus imaginaciones al calor de los relatos magnificados de la prensa.  Hinault se acababa de retirar, y a pesar de ello y de ser francés, no había conquistado el corazón de los aficionados tanto como el Coppi de la posguerra, que mantenía la segunda posición. Por su parte, Moser había batido recientemente el récord de la hora de Merckx, aparentemente insuperable, convirtiéndose en aquella época, con sus ruedas lenticulares y su "preparación", en el sinónimo del "ciclismo moderno". 

La presentación de la ilustre selección de ciclistas era inmejorable: una galería de retratos del genial Pellós mostraba no ya el rostro real de estos corredores, sino su semblante mítico. La complicada nariz de Coppi, la mirada oscura de Merckx, el aire demacrado de Anquetil, la belleza cinematográfica de Bobet y Koblet... En la parte inferior, un escueto recuadro amarillo recordaba a los que se habían quedado a las puertas de entrar en el top ten: Van Steenbergen, Zoetemelk, De Vlaeminck, Kübler, Gaul, Poulidor, Kelly, Rivière, Ocaña, Thevenet y Fignon. 


A continuación, se mostraba detalladamente de cada ciclista su palmarés, sus fotografías más representativas y también extractos de las cartas apasionadas de los lectores. Estas muestras de entusiasmo espontáneas eran lo mejor de la encuesta. Un lector de Ans recordaba la fatídica interrupción de la guerra, que afectó a Coppi, pero también a otros, como a Emile Masson; otro lector reconocía haber visto a Merckx subir el Aubisque en su fantástica etapa del Tour de 1969; otro criticaba un poco a Anquetil por su "hiperespecialización" en las pruebas contra el crono. Un lector de Lille describía muy bien a Van Looy, con sus piernas de levantador de peso; otro de Grenoble hablaba de un encuentro con Moser, y cómo le había recordado este ciclista a un hombre sencillo del campo, de los viñedos. Completaba la propuesta un póster.





Unos años más tarde, en 1994, la revista Vélo publicaba el resultado de una encuesta del mismo tipo, aunque desglosada en cuatro apartados: el mejor ciclista, la mejor hazaña, el mejor ciclista del Tour y el mejor corredor de clásicas. "Un gigantesque plébiscite", señalaban los redactores. Los resultados eran curiosos, sobre todo en el apartado de grandes hazañas, en la que se había colado Chiappucci con su larga escapada de Sestriere en el Tour de 1992, por detrás del doblete Dauphiné-Bordeaux-París de Anquetil y de la etapa pirenaica del Tour de 1969 de Merckx, con final en Mourenx, y por delante de la Lieja de 1980 de Hinault, la etapa de Orcières-Merlette de Ocaña en 1971 y la de Brive-Agen de Koblet en 1951. Indurain también aparecía como quinto mejor corredor de la historia del Tour, todavía por detrás de Coppi. Para los lectores de Vélo, los cinco mejores ciclistas de la historia seguían siendo los mismos que para los de Miroir en 1987. Puesto que Merckx lideraba tres de las cuatro encuestas, el número de la revista estaba a él dedicado.




En particular me gustaba de pequeño demorarme en la contemplación de un pequeño cuadro, que aparecía en este número, que comparaba físicamente a los grandes. Altura, peso, frecuencia cardíaca, capacidad pulmonar, potencia...En mi cabeza infantil montaba mis particulares competiciones ciclistas a partir de estos datos que tomaba como verdad absoluta e irrefutable. 


Dados estos precedentes, decidí hace poco más de dos años comenzar a elaborar una lista propia, una especie de ranking histórico absoluto, cuya publicación por estos medios ha tenido tan buena acogida. Un listado que dentro de poco (a final de año) publicaré de nuevo con las actualizaciones pertinentes y alguna que otra modificación en el baremo.

Pero antes de publicarlo, quería devolver algo de lo recibido en twitter con tantos comentarios positivos. Puesto que considero que en la comunidad twittera hay gente muy entendida y auténticos expertos en materia ciclista, quería que de ella surgiera un top ten. Con gente tan apasionada y conocedora de la historia ciclista sabía que saldría un listado muy equilibrado, incluso hermoso. Era mi manera de plantear una encuesta al modo de aquellas antiguas de Miroir du Cyclisme y de Vélo, aunque lógicamente a escala menor. Es evidente que muchos no hemos visto correr a la mayor parte de ciclistas históricos (aunque es muy posible que un coetáneo de Binda sólo hubiese visto de él la estela de su paso por la carretera), por eso el carácter lúdico y sin pretensiones de este tipo de listas, que hay que tomarse como un mero divertimento y que jamás hay que erigir al rango de cánon.

Así que me dejo de preámbulos y os dejo simplemente con vuestra elección. 

1. Eddy Merckx (239 puntos)

2. Bernard Hinault (211 puntos)

3. Fausto Coppi (161 puntos)

4. Miguel Indurain (148 puntos)

5. Jacques Anquetil (147 puntos)

6. Roger De Vlaeminck (81 puntos)



7. Gino Bartali (71 puntos)

8. Sean Kelly (60 puntos)


9. Tom Boonen (50 puntos)


10. Felice Gimondi (38 puntos)

Pasando por alto los tres primeros, casi incuestionables, llama la atención el sorpasso in extremis de Indurain a Anquetil, tan sólo por un punto (¿consecuencia de ser una encuesta hecha en España?). A continuación, De Vlaeminck ocupa el primer lugar de los no vueltómanos. Y también es curioso cómo en este caso también se cuela un ciclista apenas retirado. No, no se trata de Alberto Contador, sino de Tom Boonen, con tantos seguidores entre los aficionados de twitter. Finalmente, la lucha por el décimo puesto ha estado reñida entre Bobet y Gimondi, pero finalmente se ha decantado por el italiano. 

Los siguientes:

11. Louison Bobet (34 puntos)
12. Lance Armstrong (27 puntos)
13. Rik Van Looy (24 puntos, 8 menciones)
14. Alberto Contador (24 puntos, 7 menciones)
- .  Alejandro Valverde (24 puntos, 7 menciones)
16. Alfredo Binda (21 puntos)
17. Greg LeMond (18 puntos)
18. Gianni Bugno (16 puntos)
19. Peter Sagan (14 puntos, 3 menciones)
20. Mario Cipollini (14 puntos, 2 menciones)
-  .  Freddy Maertens (14 puntos, 2 menciones)
22. Johan Museeuw (10 puntos)
23. Luis Ocaña (9 puntos)
24. Óscar Freire (8 puntos)

Siguientes corredores con más de una mención:

Chris Froome (5 puntos)
Tony Rominger (5 puntos)
Rik Van Steenbergen (2 puntos)

Siguientes corredores con tan sólo una mención:

Raymond Poulidor (8 puntos)
Fiorenzo Magni (7 puntos)
Sven Nys (6 puntos)
Jan Ullrich (6 puntos)
Stephen Roche (5 puntos)
Abraham Olano (5 puntos)
Moreno Argentin (4 puntos)
Mark Cavendish (3 puntos)
Claudio Chiappucci (3 puntos)
Bradley Wiggins (3 puntos)
Erik Zabel (3 puntos)
Federico M. Bahamontes (2 puntos)
Laurent Jalabert (2 puntos)
Francesco Moser (2 puntos)
Wilfried Nelissen (2 puntos)
Marco Pantani (2 puntos)
Laurent Fignon (1 punto)
José Manuel Fuente (1 punto)
Charly Gaul (1 punto)
Vincenzo Nibali (1 punto)


Muchas gracias a todos los que habéis participado.

Participantes en la encuesta: A.G. Ceñal, Alfredo Moro, Alonso Parrado, Álvaro de Hautacam,  ÅM§, Ander Garro, Antonio J. Cano, Carles Sal, Carlos Saiz, Daniel Monfort, David Chica Varela, Deadmen, El Caníbal, Furbo, Gregmom, Hijo de Rudicio, Inacio Bellas, Jorge Lastra, Kapo, Luis F. Quero, Luis M. Silva, Patrick, Raffaelle Filippetti, RoadMar, Rota Punctatis, Urbana LG, Vega, Vherranz Villagrán.

Gracias a mi padre, por darme la oportunidad, hoy igual que ayer, de rebuscar en su colección de revistas de ciclismo, como hacía de pequeño. 

lunes, 25 de septiembre de 2017

SAGAN HACE LO QUE QUIERE

Quedan apenas 4 kilómetros. Se han recorrido ya más de 270, se está a punto de entrar en los momentos decisivos de un mundial que se ha desarrollado dentro del guión previsto, sin excesivos sobresaltos ni emociones. Queda tan sólo el último repecho adoquinado y entran en la curva los dos ciclistas que parecen los más fuertes del día: Julian Alaphilippe y Gianni Moscon. Tras ellos, a pocos segundos, Vasil Kiryienka y Lukas Pöstlberger, y un poco más allá, casi lamiéndoles las ruedas traseras, el pelotón. Alaphilippe acelera en el repecho adoquinado, Moscon cede. Por detrás, Dinamarca acelera la marcha, pensando en su sprinter Cort Nielsen, desaparecido durante la Vuelta. 

Alaphilippe parece desbocado, camino de su mayor triunfo. Es un corredor nervioso, impulsivo, gesticulante como suelen ser los franceses, siempre reclamando algo de trabajo a los demás. Recuerda un poco a Virenque, también en la acumulación de segundos puestos. Esta vez no agita el codo ni mira para atrás. Moscon simplemente baja la cabeza, admitiendo que ha sido vencido, que no puede más. Moscon, el todoterreno italiano al que hace poco las cámaras habían pillado in fraganti en cola de pelotón siendo remolcado, en la mejor tradición italiana, por la ammiraglia del C.T. Cassani. 

Moscon y Alaphilippe


"A mí me da que ya tenemos campeón del mundo", dice De Andrés en la grabación de teledeporte que nadie vio (emitían un partido de exhibición de tenis, con Nadal y Federer, una pachanga entre amigos más amañada que cualquier criterium post-Tour). La imagen se congela con un Moscon agotado. Fundido a negro. La realización nos lleva a las imágenes del helicóptero. Los daneses tiran, mientras en carroza marchan Sagan, Van Avermaet, Gaviria, Matthews...La imagen se pixela. Una desesperada toma de una cámara fija, enfocando a un grupo trasero y a los coches que van tras ellos. El plano se prolonga demasiado, algo pasa. A continuación, las cámaras fijas de meta. Los nervios crecen entre los espectadores. A Alix, en Eurosport, se le escapa uno de sus "joer" entre dientes. Ya no hay imágenes. La carrera de un día más importante del año no tendrá imágenes de sus momentos decisivos. 

(pic.Sirotti)


¿Qué ha pasado hasta el momento en que Alaphilippe se adelanta, en pos de una posible victoria? No mucho, simplemente la repetición de un esquema que ha deparado pocos momentos intensos: escapada de corredores anónimos nada más empezar, con su interesante punto de exotismo, una caza exasperante, en la que el pelotón ha remoloneado y ha tardado en ponerse las pilas para cazar a la fuga cuando más tarde mejor, y una fuga táctica posterior. La típica fuga mundialística en la que le toca pringar a la nación que no ha colocado a nadie delante. 

La fuga inicial estuvo compuesta por diez hombres: el norteamericano Vermeulen, el sueco Magnusson, el sudafricano Smit, el filandés Manninen, el marroquí Mraouni, el azerbaiyano Asadov, el albanés Zhupa, los irlandeses Dunne y McKenna y el costarricense Andrey Amador. Por detrás, Vermote y los checos comandaban la persecución. Este grupo entró en el circuito y fue aguantando durante las primeras vueltas ante el lento despertar del pelotón. El finés fue el primero en descolgarse; el albanés y el azerbaiyano, en especial este último, dieron todo en cada subida, haciendo la goma; finalmente, se descolgó el marroquí, de golpe, como un fardo, a la manera de Kwiatkowski. Amador no desentonó en el grupo, siendo ésta una muestra más del bajo nivel de Movistar en los últimos meses. 

Vermeulen, Dunne y Smit encabezan la fuga temprana del día.


La posterior fuga táctica fue iniciada tímidamente por Marco Haller, al que posteriormente se añadieron corredores de las más importantes naciones, no ya peones sino piezas más destacadas en la partida de ajedrez que es todo mundial: Tim Wellens, Lars Boom, Odd Christian Eiking, Alessandro De Marchi (un habitual), Jarlinson Pantano, Jack Haig y David De la Cruz. El de Sabadell era directamente el mejor de la selección española, así que lo que para otros era un movimiento táctico, para España era la única carta a jugar en una partida perdida de antemano. Por detrás, Francia y Alemania tuvieron que ponerse a trabajar. Alemania intentó escaquearse lanzando por delante a Nils Politt, que no dio alcance a los escapados. Por su parte, Francia marcó el ritmo. Curiosamente los franceses no alinearon a Demare, cuando el circuito se demostró apto para sprinters fuertes. Una decisión controvertida propia del histórico Cyrille Guimard, otro carcamal como Mínguez. 

A falta de dos vueltas para el final fueron neutralizados por el grupo, estirado por Tom Dumoulin. El campeón contra el crono se adelantó una vuelta con su ataque, demasiado prematuro como para pensar en la victoria, y nulamente táctico al dar caza a su compañero escapado, Lars Boom. Una vez neutralizados, la selección española tuvo su canto del cisne con el ataque de Lluis Mas, que marchó escapado en un momento de calma por parte del grupo, teniendo el honor de pasar destacado por meta antes de la última vuelta.

Ésta comenzó con cierta calma. Se dejó marchar durante un momento a Langeveld y Martens, dos corredores poco peligrosos. Parecía la demostración de que todos daban por buena una llegada al sprint. Pero los franceses no parecían conformes. En el segundo repecho lo intentó Tony Gallopin, y una vez cazado, en la última ascensión a Salmon Hill fue el momento de Alaphilippe. Durante un momento se formó un cuartero cabecero con Terpstra, Gilbert, Alaphilippe y Moscon, pero los dos más viejos se abrieron de piernas ante el empuje de los dos más jóvenes, que se fueron por delante en pos de la victoria. Y del fundido a negro. 

Así que en esa situación se encontraba la carrera poco antes del apagón televisivo, algo impropio de un país tan del norte. La realización había pecado de un exceso de banderitas y paisajes en momentos trascendentes, y ahora, con el frío plano del público esperando tras las vallas, la calzada vacía, el triángulo rojo al fondo y un desfile insustancial de motos de carrera, la organización noruega estaba superando con creces aquellos momentos de tve, eitb y tv3 en los que, por chapuzas ibéricas, no se habían mostrado imágenes hasta la línea de meta. En una etapita intrascendente es un fallo perdonable (lo de la Clásica de San Sebastián, con moto condicionando la carrera, juega en otra liga). Pero en un final así, en un mundial, un corte de la emisión deja a medio mundo en ascuas. 

Por fin aparecen a lo lejos. Ni rastro de Alaphilippe y sí un grupo de una veintena de corredores. El final será, una vez más, al sprint. Un danés tiene unos metros de ventaja. Es Magnus Cort Nielsen, a la desesperada. Los italianos lo tienen controlado, pero las tomas aéreas muestran a Sagan moviéndose en las posiciones delanteras y adelantando a los italianos en una curva, como tiburón en la pecera. Llega la última curva del mundial: Bettiol va primero, Kristoff después y Sagan tercero. Kristoff, como es habitual en él, lanza el sprint de lejos. Es su especialidad, los sprints de fuerza, de lejos, con más de 250 km en las piernas. Pero Sagan tiene medida la distancia. Sale de su poderoso abrigo y le bate, por poco pero le bate. A un mundo llegan los demás: Matthews, Trentin, Swift, Van Avermaet... Sagan se coloca de esta manera en una posición privilegiada en el panteón arcoiris, a la par que Binda, Van Steenbergen, Merckx y Freire. Triunfando allí donde Van Looy, Bugno y Bettini fallaron, en el tercero consecutivo. Este último kilómetro ha parecido otra carrera, desligada del resto, en la que Sagan ha aparecido de entre las sombras para llevarse el gato al agua con una facilidad insultante. Una vez más.

Unos metros para el arco-iris (pic.Einar Kvalheim)


Ya por la tarde, por aquello de la vergüenza, comenzaron a circular las imágenes escamoteadas, sólo las del helicóptero, y en ellas se ve a un Sagan imperial. Ataca Lutsenko, y pegado a su rueda va Sagan. Más tarde Gilbert y Gaviria, y tras ellos va Sagan. Por fin parece que se destacan un poco Gaviria y Cort Nielsen, dando caza a Alaphilippe y Moscon, pero tras ellos llega el grupo y a continuación lo que se vio en el último km. con cámaras fijas. Sagan no ha perdido la cabeza del grupo, no retrasándose más allá de las seis primeras posiciones. 

Estas imágenes de Sagan demuestran su dominio de la carrera. Su primera vez, como en el caso de Freire, fue el momento de la geniliadad: lo que en el cántabro fue un movimiento astuto y coreográfico, en el eslovaco fue pura fuerza bruta, curvas trazadas con tiralíneas y suspense incluido. En la segunda, ambos salieron de la nada por sorpresa. Más Freire que Sagan, todo hay que decirlo. Y la tercera vez fue la del dominio apabullante para ambos, comiendo la moral a los rivales. Freire saliendo a rueda de Basso y Cunego en Torricelle está a la par de este Sagan neutralizando los ataques finales, en un juego sin gregarios en el que ambos son maestros. Las similitudes terminan ahí. Si en el caso de Freire las victorias se espaciaron durante cinco años, Sagan sólo ha necesitado tres. Si en su última vez Freire contó con una selección con carburante extra, con Luis Pérez y Valverde dominando, Sagan tuvo en su segunda a Juraj y a Kolar haciendo modestas labores de gregario. Si el cántabro amplió su dominio a Sanremo, con zarpazos inigualables, parejos en astucia y búsqueda imposible del hueco, Sagan parece otra persona en via Roma, más cohibida, con miedo escénico, cometiendo los errores de principiante que harían reír al Sagan inconmensurable de los mundiales.

En definitiva, Bergen ha sido un mundial bastante predecible, sin momentos espectaculares y sin ni siquiera esas polémicas internas que tanto gustan tiempo después. Moscon será descalificado por remolcarse; la televisión noruega hizo aguas;  los daneses quizá se excedieron en tirar, nublados por un hipotético triunfo de Cort Nielsen: ahí terminan las posibles polémicas. Pero los huecos ya han sido rellenados por lejanas imágenes de helicóptero. Un mundial que sigue la línea actual de mundiales mediocres, sin relumbrón, sin excesiva dureza, en exceso cuadriculados. Y en ellos, Sagan ha descubierto su particular fórmula mágica. 

  


lunes, 24 de julio de 2017

DEFINIENDO LO ANODINO

Todos los julios pasa lo mismo, mucho ruido y pocas nueces. La expectación es enorme, pensamos que este año sí, este año va a saltar todo por los aires, este año vamos a volver a enamorarnos del Tour como cuando éramos chavales, y luego llegan las amargas decepciones. Si el Tour de 2016 era difícil de superar, éste lo ha conseguido con creces. Aquel fue un Tour nefasto, a la altura de 2002 o 2004. Aún así, ya se sabe que el paso del tiempo todo lo edulcora y lo nefasto se tiende a olvidar. De 2016 quedará el extraño descenso de Froome del Peyresourde, el abanico montado por Sagan, Froome, Bodnar y Thomas, y cómo no, el esperpento del Ventoux. Pero, ¿qué hay de este año? ¿Ha habido algo "memorable" que no tenga que ver con caídas o expulsiones inmerecidas? En serio, no sé qué recordaré de este Tour, uno de los más anodinos que recuerdo.  

Propongo un pequeño vocabulario, para así acordarme de algo sobre el Tour de 2017 cada vez que me de por releer esta entrada. De esta manera, también el lector puede escoger libremente en qué centrarse, si en la A de "ausencia de ataques", en la L de "Landismo" o en la O de "omertà". Porque repito, ha sido un Tour para olvidar. 

A: Ataques, ausencia de

Este Tour, como el Giro de este mismo año, se ha caracterizado por la igualdad, por mantener a los primeros clasificados con diferencias mínimas hasta el último día. Algunos lo llaman "emoción", otros preferimos decir que realmente no hay diferencias porque no pasa nada. Pero la diferencia notable entre el Giro y el Tour es que en la corsa rosa había una contrarreloj digna, anterior al núcleo más importante de etapas de montaña, mientras que en el Tour no. En un caso los escaladores se vieron forzados a inventar algo (tampoco mucho), mientras que en el caso que nos ocupa no. En el Tour sólo ha habido una primera crono de 14 km. y otra final de 22 km. Una birria si se compara con la apabullante cantidad de contrarreloj que se estilaba hasta hace bien poco en julio.

Todo ello ha determinado etapas de montaña en las que ha predominado la vigilancia e ir a rueda. Sky marcando un ritmo infernal de la mano de Kwiatkowski y todos los demás esperando su oportunidad una vez pasada la pancarta del último km. La etapa pirenaica fue vergonzosa en ese sentido: una etapa de tres puertos convertida en una etapa de final en el murito de Peyragudes. Ahí hubiese ganado Purito. 

B: Bardet, Romain

Romain Bardet vuelve al podio, en este caso al tercer escalón, y de milagro. El francés subalimentado ha ido de más a menos, siendo quizá el momento más recordado de todo su Tour la pésima contrarreloj de Marsella. La organización le había preparado un recorrido a medida, con finales en descenso, etapas de montaña cortas o sin excesivos puertos, muritos y poca crono. Todo ello ha contribuido a que este nuevo "hombre-Tour" estuviese en la pelea de forma irreal en todo momento, a pocos segundos de Froome. Luego la contrarreloj lo ha puesto en su sitio. El pobre no podía ni mantenerse de pie en la subida de Notre-Dame de la Garde, y sólo ha podido conservar el podio por haber esprintado al límite de sus fuerzas en los últimos metros (cosa que no hizo su rival para el tercer puesto, Mikel Landa). En fin, el corredor francés parece haber alcanzado su tope. Habría que verle en un Tour de los de antaño, con cronos larguísimas, con largas rectas abiertas al viento, y etapas con un auténtico encadenado de puertos.


C: Contador, Alberto

La prensa patria había comprado una vez más la teoría de un Contador al asalto de París, pero la dura realidad ha vuelto a colocar al pinteño y a las soflamas "marca España" en su sitio. Algo que se auguraba después del positivo de André Cardoso, sin duda un toque de atención previo al equipo, un "no os paséis". Sin embargo, Contador ha sacado esa variante suya, cada vez más habitual, de ataques suicidas y lejanos de meta que, si bien no llegan a nada, ponen bastante interés a la carrera.

Contador dice que no volverá al Tour y es evidente que no está para ganarlo. Desde 2011 alterna años de ataques suicidas con otros de abandonos por caída. Pero al menos ha sido la nota discordante en un Tour marcado por la monotonía y el tran-tran. Él fue el que armó la marimorena en la etapa de Foix, llevándose consigo a Landa, y más tarde a Barguil y Quintana. También lo intentó en la etapa de Serre Chevalier, donde se le atragantó el Galibier, para el que "necesitó" todo un "ventolinazo" (ver V: ventolinazo).  E hizo una contrarreloj en Marsella muy notable que le ha permitido asentarse en el top-ten. Algo escaso para alguien que atesora siete grandes vueltas.  

D: De Gendt, Thomas

¿Qué sería de una carrera sin Thomas De Gendt? Es más, ¿qué sería del ciclismo sin este tipo de corredores en vías de extinción, ciclistas que prefieren que les de el aire a ir agazapados y protegidos en la panza del pelotón? De Gendt ha puesto la salsa a muchas etapas intrascendentes. Ha convertido lo anodino en memorable. Y sin embargo no se ha llevado una etapa. Ni siquiera la combatividad. Delgado, ese suplicio de comentarista no preparado, ha dicho constantemente, con un tono de burla nada disimulado, que De Gendt corre sin cabeza y gasta muchas fuerzas innecesariamente. En la escapada de la etapa de Peyragudes, De Andrés no ocultaba sus simpatías por el anciano tueizado Cummings, un auténtico filibustero de la bicicleta.

Pero más allá de estas pequeñas mezquindades, De Gendt nos ha alegrado la vista con infinidad de escapadas condenadas al fracaso, machacando los pedales, con una entrega sin par en las etapas de la primera semana para su sprinter Greipel. En definitiva, un corredor que ataca y marcha en solitario debe ser siempre elogiable. Así que también  es justo acordarse de otros protagonistas de escapadas, como Offredo, Backaert, Van Keirsbulck, Gesbert, Perichon, Bodnar, y ya en los últimos días, Pauwels, Mollema, Boasson Hagen, Matthews y Chavanel.



E: Expulsión

En la llegada de la cuarta etapa en Vittel tuvo lugar uno de los momentos más bajos de este Tour, en general por los suelos: la inmerecida expulsión de Peter Sagan por lanzar supuestamente un codazo a Cavendish. Twitter echaba humo esa tarde con opiniones para todos los colores: que si Cavendish se metió  donde no debía, que si Sagan lanzó el codo, que el codo simplemente lo movió para no caerse...En fin, mi impresión es que Cavendish ya estaba cayendo antes de que Sagan sacase el codo, que realmente el codo no llegó a impactar en Cavendish y que la expulsión de carrera me pareció una decisión totalmente desproporcionada, pues el gesto de Sagan no ocultaba una intención violenta. No hubiese visto mal una descalificación en la etapa, pero nada más. Pero claro, el marrullero de Man sacó a relucir todo su arsenal victimista. El mismo que oculta cuando se ha comportado repetidamente como un psicópata de los sprints. Y la organización dijo "sí, bwana, el eslovaco fuera", demostrando cuál es el país que corta el bacalao en este nuevo ciclismo. El mismo (con el mismo personaje) al que no retiran una medalla olímpica después de derribar a conciencia a un pistard coreano.



F: Froome, Chris

Lejos quedan los años en los que Bilharzio/la Mantis arrasaba en montaña. Esos años en los que él y Brailsford jugaban a ser una repetición de Armstrong y Bruyneel, pero "en limpio". Años de demostraciones demenciales en el Ventoux y Pierre-de-Saint-Martin. Años raros. Después llegaron las filtraciones de datos, las comparativas con vídeos de youtube, los TUEs... Y desde entonces se ha visto una versión de Froome que para mi gusto es mucho mejor. Un corredor que, a pesar de su aparente torpeza, es inteligente y hábil, que está atento en los descensos y en las llegadas al sprint complicadas. Un corredor que se ampara en un potente equipo pero que sabe en determinados momentos dar la cara, como en Rodez. Un corredor que sólo ha atacado una vez (un ataque de chichinabo) para pasar solo por la Casse Déserte. Un corredor que no falla en las cronos. Pues así ha sido, Froome ha ganado en la crono, y estoy seguro de que si le hubiesen puesto todavía menos crono, hubiese ganado igual. Y si le hubiesen puesto más, sin duda su dominio hubiese sido más palpable.



G: Galibier

En este Tour solamente ha habido cuatro puertos y finales en alto por encima de los 2000 metros, uno de ellos el mítico Galibier. Se esperaba mucho de esta etapa, con meta en Serre Chevalier, pero finalmente pasó bien poco. Sólo el advenimiento de un nuevo corredor excepcional, que tampoco es nuevo pero que sorprende a cada día: Primoz Roglic. A este ex-saltador de esquí se le conocía como excelente contrarrelojista después del Giro de 2016, reconvertido en ganador de vueltas de una semana en Algarve. Pero pocos esperaban esta reconversión suya en escalador adaptado a la altitud extrema, subiendo a ritmo, sin descomponer las formas, deslizándose en el descenso como por un trampolín de vuelo con esquíes. Sin embargo, no todos son flores, pues esta prestación excepcional hay que ponerla en relación con el abandono en la etapa anterior de su compañero de equipo George Bennett, justo después de la etapa de descanso.


H: Hors délais (fuera de control)

Arnaud Démare ha ganado por fin una etapa en el Tour de Francia. El país galo respiró aliviado. Madiot también. Sin embargo, al joven francés las subidas se le atragantan. En la octava etapa, con final en la Station des Rousses, ya se las vio canutas para entrar dentro del tiempo. Incluso en algún momento pudo parecer que recibió alguna ayudita para poder hacerlo, pues en la última subida redujo las diferencias de forma muy notable. Al día siguiente ya no pudo hacer nada y se marchó para casa nada menos que con tres compañeros más, Konovalovas, Delage y Guarnieri. Una decisión extraña, pues o estaban todos enfermos o se decidió, de forma muy desafortunada por parte de Madiot, llevar el servilismo del gregario al extremo. El resultado final fue un FDJ en cuadro, del que han acabado la carrera solo tres corredores.

I: Izoard

El mítico Izoard, por primera vez como final de etapa, era la última oportunidad para los escaladores. Infinidad de veces se escuchó (lo repitieron hasta la saciedad) que en la Casse Déserte los campeones coronan en solitario. Pero más allá de viejas retóricas, se sabía que el nuevo ciclismo sólo iba a ser capaz de ofrecer ataques después de la ligera bajada posterior a la Casse Déserte, en los últimos dos kilómetros.

Kwiatkowski marcó un ritmo infernal durante toda la subida y cuando dejó de tirar paró en seco (el polaco da miedo con esas cosas tan suyas). Por delante marchaba una escapada de cincuenta tíos, ya desgranada. Entonces saltó Barguil, que pudo remontar a Atapuma, el último superviviente de la fuga, y hacerse con un triunfo espectacular. Landa, en libertad condicional, atacó para hacerse con la tercera plaza. Por fin volaba libre, aunque atado por los pies como una cometa guiada por Froome y el coche del equipo. Sin embargo fue cazado por el grupo de Bardet, Urán y Froome. De este modo, el landismo no llegó al orgasmo.

K: Kittel, Marcel

Si el año pasado el tirano de los sprints fue el Cabezón, este año, sacado de carrera por el incidente de Vittel, ha sido Kittel. Cinco triunfos se ha llevado, a cada cual más fácil para el gigantón alemán, que no ha necesitado ni siquiera los lanzamientos de Sabatini. Para vecer simplemente le ha bastado salir de la nada en los últimos metros para remontar a todos con dos o tres zapatazos finales, con una facilidad insultante. Para ello había sido necesario previamente controlar las escapadas, consintiendo sólo aquellas más fáciles de reprimir llegado el momento (ver: Omertà). La única llegada ajustada (ajustadísima más bien) la tuvo con Boasson Hagen en Nuits-Saint-Georges.



La conquista del maillot verde ha sido otro cantar. Para eso hay que pasar la montaña y hacer frente a moscas-cojoneras como Matthews. El australiano no le ha dejado respirar en las etapas más complicadas, colándose en todas las fugas. Asfixiado, completamente desfondado por un Matthews agresivo, y mermado finalmente por una caída (provocada lo más seguro por el estado de cansancio en el que se encontraba), tuvo que retirarse, con cinco etapas pero sin la guinda del maillot verde.  


L: Landismo

Si por algo será recordado este Tour anodino será por el hype improvisado en torno a Landa, con el hashtag #MikelLandaAskatu o el rap del gran Bemancio. Un hype desmedido, motivado sin duda alguna por el deseo de muchos aficionados de trascender el aburrimiento de la primeras dos semanas, al que contribuyó la soltura del alavés en las subidas, su estilo de escalador a la antigua usanza y el posible morbo de un conflicto en el seno del equipo sky.

Landa fue el primero que lanzó la piedra. En la corta etapa de Foix se marchó junto a Contador con la intención de poner patas arriba la clasificación general. A ellos se unieron Barguil y Quintana, en un bonito día de ciclismo. Sin embargo hay que tener en cuenta que Landa lanzó el ataque con las espaldas cubiertas (siendo él mismo parte del grupo dominador) y en situación de libertad vigilada. Cuando la cosa se puso fea, sky se puso a tirar por detrás, por miedo a que un Quintana todavía no rematado volviese a escalar puestos en la clasificación. Pero la posibilidad de un conflicto de intereses entre un Froome "menor" y un Landa aparentemente pletórico estaba ya en el aire.

Las descafeinadas etapas de los Alpes se vivieron con mucha expectación y algo de rabia en su desarrollo. El ataque de Landa no llegaba. El forofo y obtuso Josu Garai se empezaba a poner impaciente. En el Izoard finalmente voló libre, todo lo libre que se puede volar dentro del equipo del líder. Sin embargo, su ataque no fue el ataque demoledor esperado por la afición. Su cara de placidez habitual mostraba signos de cansancio, siendo atrapado con relativa rapidez por Urán, Bardet y Froome.

Pero el destino le tenía reservada al provocativo vasco una trampa más en la crono de Marsella. Si bien puede considerarse su crono muy digna, a la altura de la primera del Giro de 2016, no contaba con el descalabro de Bardet. Si hubiese esprintado un poco más en meta, si hubiese tomado el descenso de Notre-Dame de la Garde con más entusiasmo y no con esa apariencia de no esforzarse, hoy no estaría fuera del tercer cajón por un segundo tan sólo. 




M: Matthews, Michael

La expulsión de Sagan del Tour dejaba huérfano al maillot verde, a merced del muchachote alemán y sus cinco triunfos de etapa. Sin embargo iba a aparecer Matthews para derribar en una lenta campaña de desgaste las defensas alemanas, en uno de los episodios más interesantes de la segunda semana. Matthews siempre ha demostrado ser un corredor rapidillo, hábil en todos los terrenos y sobre todo despierto; sin duda el mejor continuador de Sagan.

Después de la victoria en Rodez, nada menos que frente al intratable Van Avermaet, llegó la etapa de Romans-sur-Isère en la que Sunweb, con Ten Dam a la cabeza, aprovechó la debilidad de Kittel para dejarlo distanciado durante toda la etapa. Para rematar la faena de su equipo, Matthews se hizo con la victoria, no sin antes cerrar un tanto a Degenkolb. En el día siguiente se coló en la escapada camino de Serre Chevalier para hacerse con los puntos y comerle la moral al alemán. La retirada al día siguiente de Kittel, motivada por una caída provocada por el agotamiento, dejó vía libre para que el australiano se hiciese con el maillot verde.


N: Notre-Dame de la Garde

La empinada subida hasta la iglesia neobizantina de Notre-Dame de la Garde ha sido uno de los puntos más interesantes de la carrera. La imagen de un Bardet exhausto, incapaz de mantenerse en pie sobre los pedales, ha sido a mi entender uno de los momentos más "memorables" de este Tour tan poco dado a imágenes a recordar. En ella no sólo perdió la segunda plaza frente a Urán, algo más que previsible, sino que estuvo a punto de sucumbir frente a Landa. Sin embargo, el vitoriano comenzó la bajada con bastante tranquilidad, como si la cosa no fuese con él, mientras que el francés, con más panache, se lanzaba con las últimas reservas a defender lo que parecía una derrota inminente.



O: Omertà

Se lleva diciendo un tiempo que Stefan Küng es el heredero natural de Cancellara. Quizá lo sea como rodador, pero hay algo que los separa irremediablemente: si Cancellara era uno de los principales capi mafiosi del pelotón, quizá el capo di tutti i capi, muy dado a parar o acelerar la marcha del pelotón según su propio interés, Küng es uno de esos bobalicones que se pliega sin rechistar a los imperativos de la omertà. Según las palabras de Arribas (siempre a poner entre paréntesis su fiabilidad), el bueno de Küng aceptó de buen grado que se le impidiese atacar, al considerársele demasiado bueno para hacerlo. Eso es la omertà, que no solo obliga a callar sobre determinadas cosas, sino que impone también leyes severas a los que se mueven sin el consentimiento de los que cortan el bacalao.

¿Quiénes son estos? Pues en la primera semana fueron los Quick Step (Vermote, Gilbert, Bauer y demás), acompañados en función de mamporreros por Lotto - Soudal y Katusha. Todos ellos actuando bajo la mirada vigilante de los Sky, los auténticos capi. Sin Stannard pero con Rowe en plan gorila de discoteca.  ¿Quién tenía permiso de atacar? Los invitados a la fiesta, claro está, las cenicientas, Fortuneo y Wanty. Los demás no. De este modo se vio el espectáculo bochornoso de escapadas que se formaban nada más se daba el banderazo de salida, sin apenas oposición. Los demás sabían cuál era su sitio. Ver, oír y callar. Sólo Bodnar, quizá en un alegato silencioso en favor de su líder expulsado, rompió la monotonía, con una ataque casi victorioso. Al menos, el voluntarioso polaco se llevó el triunfo de su vida en la crono de Marsella.


P: Porte

El desafortunado australiano se presentaba al Tour en el que parecía el estado de forma de su vida. En la Dauphiné se había subido a las barbas de su antiguo líder Froome, sin llevarse aún así la victoria final por una de esas conjunciones de decisiones desafortunadas, despistes y desgracias tan habituales en su trayectoria. El buen resultado en la crono de Düsseldorf auguraba un duelo entre Froome y Porte, pero la trayectoria del tasmano en este Tour no duró mucho más. Tuvo su final en el revirado descenso del Mont du Chat, en una durísima caída que puso los pelos de punta a los espectadores.

Sin duda las caídas en esa etapa determinaron la carrera. En el descenso del Col de la Biche, más difícil que el Mont du Chat, se fueron al suelo Thomas y Majka, en buena forma ambos. Estos abandonos se unieron a los de Valverde y Ion Izagirre en la crono de Düsseldorf. La primera semana dejaba su habitual dosis de bajas, sin haberse producido las consabidas montoneras.

Q: Quintana

Para el colombiano y sus forofos la temporada estaba marcada por el reto del doblete Giro-Tour. Lo que se presumía un paseo triunfal por Italia se convirtió en un suplicio en el que el colombiano tuvo que dar el máximo, además de sufrir la humillación de perder la maglia rosa el último día. El Tour se preveía su desquite, cuando ha sido en realidad su descalabro total. El de él y el de su equipo, que ha rendido en un tono bajísimo muy impropio de los monjes. La caída de Valverde, un Valverde que podría haber estado perfectamente peleando por la general, dejaba al equipo navarro un tanto desamparado sin su habitual bicefalia. El rendimiento comenzó a partir de ese momento a ser decepcionante. Nadie ha andando en Movistar, ni Castroviejo, ni Herrada, ni Amador, ni mucho menos Quintana. Todos han sido sombras. Luego se dirá que el colombiano estaba enfermo, cuando es bien patente que nadie ha andado en Movistar, por extrañas razones. 

R: Rodez

Rodez, o cómo una etapa con un último kilómetro en repecho es capaz de crear más diferencias que los Pirineos, ese podría ser el subtítulo de esta entrada.  Por primera vez en el reinado de Sky, iniciado en 2012, habían perdido el liderato en Peyragudes. En una jugada del destino, Froome había perdido unos segunditos que le alejaban del amarillo en el mismo lugar en el que en 2012 había humillado a su líder Wiggins.

Sin embargo en Rodez, una llegada que ya marcó en 2015 el inicio del nuevo Van Avermaet, Froome iba a recuperar lo perdido. Poco antes del último kilómetro se vio al líder Aru muy retrasado, aislado y con mala cara (esa sonrisa torcida que se le pone cuando va cascado). Froome, guiado por Kwiatkowski, se colocó en la parte delantera en el momento en que el pelotón se partió en pedazos. Urán y Bardet, bastante atentos, entraron con él. No así Quintana, Landa y Contador, que se dejaron unos valiosos segundos. Y sobre todo Aru, que perdía en una etapa aparentemente intrascendente el liderato en favor de Froome, que ya no lo iba a ceder más.



S: Sky

¿Qué decir de la máquina asfaltadora? Este año han ido de blanco, por aquello de acojonar menos, pero su dominio ha seguido siendo el mismo. Está claro que Brailsford deja un año en maceración sus nuevos fichajes, que al segundo año rinden mejor que vinos viejos. Así ha sido con Kwiatkowski, así ha sido con Landa...pero incluso así fue con Wiggins. Este año no han necesitado a Poels, ni siquiera a Thomas, accidentado en la primera semana. Con Kwiatkowski se han bastado y sobrado.

El polaco ha rendido hasta la extenuación, subiendo, bajando, llaneando, en un rol parecido al de Thomas en 2015 y Poels en 2016. Pero por si faltara poco, Sky ha contado con Landa como electrón libre, sin necesidad de sacrificarse, sino más bien con la posibilidad de aprovecharse de la situación propiciada por un dominio aplastante, sin contestación posible.

Salvo el breve intervalo de Aru, han llevado el maillot amarillo todos los días. Han decidido quién se escapaba y quién no. Se han llevado la clasificación por equipos. Casi cuelan a un segundo corredor en el podio. Bien es cierto que Froome ya no revienta todo en la primera etapa de montaña, a lo Armstrong, porque eso huele muy mal. Pero la tiranía continua.

T: Tail wind

La ascensión más rápida de la historia al Izoard, como bien recoge Mihai Cazacu. Un récord rebajado en dos minutos, nada menos. Está claro que los récords de subidas deben interpretarse en su contexto, no como datos aislados: el viento, la dureza previa de la etapa, la competitividad de ese día, el orden en el que se encuentra el puerto en la etapa, el orden en el que se encuentra la etapa dentro de la gran vuelta, son todas ellas variables a considerar. Pero dos minutos son muchos minutos. Bien es cierto que nunca el Izoard se ha disputado como final de etapa, con lo cual es lógico que haya más ataques para ganar la etapa o al menos más interés en subir rápido. Sin embargo, su disposición al final de etapa también contribuye a que se suba con más cansancio acumulado.

¿Cuál es la razón que hay detrás de este espeluznante récord? Küng se lo comentó al propio Mihai Cazacu: tail wind. Ese viento de cola que lleva soplando todo el año y que ha propiciado la subida espectacular al Poggio o el récord de velocidad en la París-Roubaix. El maldito tail wind...

U: Urán

Que levante la mano el primero que se esperaba este resultado de Urán. Tras dos temporadas de ausencia en la lucha por las generales, nadie esperaba nada del colombiano, que finalmente se ha hecho con la segunda plaza demostrando mucha fuerza y concentración pero no atacando jamás. Se ha limitado a seguir los dictados del chuparruedismo, que Meintjes y Simon Yates han llevado a su máxima expresión.

El colombiano es un corredor que en general me gusta, pues es todoterreno, se defiende en pruebas de un día, brilla en muchos terrenos. En este Tour ha seguido una táctica muy conservadora, que le ha reportado el fruto del podio, a lo máximo que aspiraba. Se ha llevado además la dura y accidentada etapa de Chambery, con un sprint "a piñón fijo" contra Barguil. Ha estado atento siempre a la rueda de Froome, en Rodez, en el Izoard. Pero su presencia en el podio es la confirmación de que, si bien las diferencias han sido exiguas, Froome no se ha visto prácticamente intimidado en ningún momento.  

V: Ventolinazo

Las imágenes no engañan y parte de la épica de los ataques de Contador se ha construido a base de inhalaciones. Al menos eso se vio en el Galibier, en el que el madrileño recurrió a no sólo una, sino a dos inhalaciones ante las cámaras, pensando que Pauwels, que comandaba el grupo, se interponía entre la cámara y él, ocultando de este modo ese secreto truquillo de última hora. Un ventolinazo en toda regla, para el que Contador seguro que tiene su consabido TUE, y que sin embargo no le permitió seguir el ritmo de Roglic hacia la cima del Galibier.

W: Warren

Otro ciclista recuperado, como en parte Urán, es Warren Barguil, el tercer francés de la generación de 1990 (al segundo, Pinot, sólo se le ha visto en la cola, en un rendimiento todavía peor que el de Quintana). Barguil, con su voz atiplada y sus piernas finas, se ha convertido en el nuevo Virenque de la afición. Un típico corredor mimado por la afición, capaz de levantarse de las derrotas amargas y llevarse dos triunfos, uno de ellos en el mítico Izoard.

En Chambery, la etapa "italiana" preparada por la organización, Barguil fue en todo momento delante, siendo alcanzado por el grupo de favoritos. Después de recuperar fuerzas, Barguil lanzó el sprint, creyendo haber rebasado a Urán, que le ganó por nada. Se desquitó de esta pequeña humillación en la etapa de Foix, marchándose en un cuarteto de lujo con Contador, Quintana y Landa, a los que batió sin mucho esfuerzo al sprint. Finalmente dejó a sus rivales boquiabiertos con su ascensión al Izoard.  Estas han sido sus demostraciones. Lo que me cuesta más de entender es que le hayan otorgado el premio de la combatividad en detrimento de De Gendt. Ahí ha primado la nacionalidad.



Z: Zubeldia e Irizar.

Con su mala sombra habitual, Delgado y De Andrés se divierten mucho el último día nombrado a aquellos ciclistas "que no han venido", los que no han aparecido en todo el Tour por ir agazapados en el pelotón, o simplemente por ir con lo justo. Nombraron muchos, de variados países, excepto, claro está, a Zubeldia e Irizar, enrolados en el equipo Trek de Contador.

De todas formas, Contador no podrá esta vez quejarse de equipo, pues ha contado con un buen grupo de corredores que le han ayudado en todo momento: Mollema, Pantano, Gogl e incluso Degenkolb. No así André Cardoso, que se quedó en casa por un arcaico positivo por EPO.  Además, no ha tenido la incordiante presencia de un jefe como Oleg Tinkoff, con sus particulares meadas fuera de tiesto.

Sin embargo, ha contado con dos rémoras, no una sino dos, un poco para recordar la presencia de su añorado Jesús Hernández: Markel Irizar y Haimar Zubeldia. El encuentro entre Zubeldia y Contador era de los esperados. Volvían a verse las caras desde aquel Astana de 2009, en el que el guipuzcoano optó por Armstrong. Ha vuelto a hacer lo mismo que en toda su larguísima trayectoria ciclista: luchar por su posición individual, aunque sea la trigésimo octava. En realidad se le puede perdonar,  está muy mayor para cambiar a estas alturas. Por su parte, a Irizar tampoco se le ha visto. Pero como es muy simpático no entra en la lista de Delgado y De Andrés.

martes, 30 de mayo de 2017

AGUAS MAYORES A LOS PIES DEL UMBRAILPASS

Si el año pasado no había duda de que el momento crucial del Giro había sido el fatídico descenso del Agnello, la edición del centenario será recordada por un hecho insólito pero no determinante, uno de esos momentos que hacen que la prensa futbolera, ávida de escándalos, caídas multitudinarias y tonterías, repare en el ciclismo: la parada de Dumoulin para hacer "aguas mayores" en la decisiva etapa de Bormio. 

Después de un día de descanso, sin que hubiese demostrado síntomas de descomposición o malestar previos, Dumoulin lanzó la bicicleta a la cuneta y acto seguido comenzó lo spogliarello: primero se quitó el casco, luego la maglia rosa, a continuación bajó al ribazo, se quitó los tirantes y...entonces la realización de la RAI cambió acertadamente de plano. La etapa se había desarrollado con cierta tranquilidad, siempre que se pueda hablar de tranquilidad después de ascender el Stelvio, el auténtico Moloch del ciclismo, un puerto impresionante que exige siempre su cuota de desfallecimientos (en este caso, Anacona).

Dumoulin dejando su huella en un hermoso paisaje.

La parada obligada del líder parecía el presagio de un ascenso infernal al Umbrailpass. Rostro desencajado y minutada. Nada más alejado de lo que sucedió: Dumoulin, aliviado, quizá más ligero, subió al ritmo de los mejores escaladores (Quintana, Nibali, Zakarin...), aunque un minuto y medio por detrás. En ese ascenso del Umbrailpass, mientras Nibali y Quintana abrían diferencias, Dumoulin se jugó ser una promesa holandesa más, rota y superada por los acontecimientos, al modo de Breukink o Kruijswijk, o un auténtico campeón. En esa ascensión y su posterior descenso ganó el Giro. Mi impresión es que no se trató  de una de esas cagaleras, sin testimonio gráfico, como las que afectaron a Van Garderen o a Landa en el pasado; pareció más bien un "apretón", un "deber inexcusable", que no lo dejó vacío. Aunque el hecho de tratarse del día después a la jornada de descanso es lo que aviva todas las suspicacias.     

Perdía de esta manera parte de la renta que había ganado en la contrarreloj de Monfalcone. Esta había sido una contrarreloj muy del Giro, marcada por los continuos saliscendi. En ella había infligido un severo castigo a sus rivales: casi un minuto a los excelentes rodadores Thomas y Jungels, y más de dos al resto de rivales en montaña. Poco después, para rematar su superioridad, consiguió la victoria en Oropa, dejando boquiabiertos a Zakarin, Landa y Quintana. Esta cima, coronada por un santuario al modo de Superga, estaba habituada a demostraciones del mismo tipo. Luego llegó el día de descanso, y su continuación con la indisposición y la heroica defensa del liderato.

Victoria en Oropa, superando a los escaladores


El resto de la última semana estuvo dominado por el marcaje de los favoritos y por el chorreo de segundos, constante pero insuficiente, en favor de los escaladores. En Ortisei, Pinot, Zakarin y Pozzovivo se aproximaron al podium. En Piancavallo de nuevo Dumoulin perdió tiempo y la maglia en favor de Quintana. En la etapa de Asiago, con el Monte Grappa y la subida de Foza, la que prometía ser la etapa decisiva, todo se dilucidó en un bonito duelo entre el grupo de escaladores (Pinot, Quintana, Zakarin, Nibali y Pozzovivo), con bastante rebufo de las motos y algún que otro escaqueo en los relevos, y el grupo de los rodadores (Dumoulin, Mollema, Jungels). De esta forma, se llegaba al último día de competición con cuatro corredores en menos de un minuto, con todo dispuesto para que Dumoulin diese el esperado e inédito salto de la cuarta plaza a la primera en una crono por completo favorable a sus dotes de rodador.

El Giro y sus impresionantes cartoline: el sacrario militare del Monte Grappa.


Ha sido por tanto un Giro marcado por la igualdad y la emoción hasta el último minuto, algo siempre de agradecer pero que no convierte por arte de magia a una gran vuelta en una edición para enmarcar. El Giro es sin duda la gran vuelta por etapas, en cuanto que es la más abierta a la sorpresa, las debacles y las resurrecciones. Así fue el año pasado. Sin embargo, este año la tónica ha sido el cansancio generalizado de la última semana y el retorno de un clásico tema del ciclismo de todos los tiempos, la lucha entre el escalador y el rodador. En este caso, entre los escaladores y el rodador. Un grupo de escaladores casi exhaustos, que han atacado incansablemente sin conseguir apenas diferencias, y un rodador que se ha demostrado intratable contra el crono y muy hábil en montaña, aunque con alguna que otra debilidad que sus rivales no han sabido aprovechar por falta de fuerzas.

En concreto Quintana se ha llevado muchos palos, en parte merecidos, pues ha mostrado su versión más calculadora y ahorrativa, algo impropio de un escalador puro. Era a priori el gran favorito, dado el recorrido montañoso, pero su pretensión de ganar el Giro midiendo esfuerzos se ha ido al traste. Ha pesado más la losa del patrioterismo y el "sueño amarillo" que la voluntad de exprimirse para conseguir una gran vuelta. El paso por las islas lo hizo arropado por sus coequipiers hasta el kilómetro menos tres. El Etna se lo fumaron en general, no sólo él. Y en el mítico Blockhaus lanzó su estocada. Los Apeninos se le dan bien, y ahí parecía que iba a sentenciar la carrera, si no hubiese sido por una excepcional subida por parte de Pinot y Dumoulin, que fueron de menos a más. Después de la contrarreloj en la que Dumoulin le encasquetó dos minutos, como al resto de favoritos, Quintana se diluyó. Desaprovechó la táctica de pizarra de Txente y Arrieta (esos estrategas) en el Stelvio; marcó bien la rueda del líder camino de Ortisei; se pasó de pedir relevos de camino a Asiago, cuando él era el más interesado en distanciar a Dumoulin; finalmente, como era de esperar dada su última semana, perdió el Giro en la última etapa.

La versión de Nibali ha sido también menor. Es un año mayor y los competidores de esta edición eran de más nivel que Kruijswijk y Chaves. Ha demostrado, como siempre, ser inconformista y saber jugar la carrera en la carretera y fuera de ella, intentando poner nervioso al líder, contando con los medios y el público a su favor. Ha atacado, pero no tanto como nos tiene acostumbrados. Yo al menos esperaba un descenso suicida del Monte Grappa. Aún así, la táctica de jugar la guerra de los medios le surtió un efímero efecto, pues Dumoulin llegó a perder los papeles, con unas innecesarias declaraciones que lo retrataron como un tipo poco diplomático y reflexivo, alejado del paradigma de Indurain en el que parece reflejarse como ciclista.

Dumoulin habla demasiado


El siciliano ha sido el único bote de salvación del ciclismo transalpino, por completo a la deriva. Un ciclismo que, devastado por una década de excesos, sigue esperando que los jóvenes eclosionen (Davide Formolo, por ejemplo), teniendo que confiar en un equipo de viejas glorias como el de Nibali, en el que el campeón siciliano era el más lozano. A pesar de los destellos de calidad Valerio Conti y Simone Petilli,  a los italianos les ha costado dios y ayuda conseguir un triunfo de etapa, algo provocado por la debilidad de sus sprinters (Nizzolo y Modolo no están a la altura de la élite) y por la ausencia destacada e inexplicable de cazaetapas como Ulissi, Brambilla, Trentin o Felline. Otros, como Rosa, a pesar de intentarlo, han pasado bastante desapercibidos (me ha hecho cero puntos en tropela, sin ir más lejos).

Otra cosa bien distinta ha sido el Giro del ciclismo español, o vasco, mejor dicho. Tres triunfos de etapa, entre los que destaca el de Mikel Landa en Piancavallo. Su victoria llegó después de dos "tiros al palo" en Bormio y Ortisei, permitiendo las victorias de Nibali y Van Garderen trazando mal la última curva en ambos casos. Algunos dicen que de no ser por la inoportuna y estúpida presencia de la mota del policía en el Blockhaus, contra la que chocaron Kelderman  y prácticamente todo el Sky, su trayectoria hubiera sido diferente. Bien es cierto que se ha mostrado como un escalador de impecable estilo y espíritu atacante, pero no estoy del todo convencido de que su rendimiento hubiese sido el mismo de jugarse la general. El Landa de 2015, ese que militaba en un Astana en el que hasta Tiralongo daba miedo, creo que no volverá. Ni siquiera en Sky utilizan el mismo carburante que hizo volar aquel año a los kazajos.

Otro tanto se dice de Geraint Thomas, el mayor perjudicado del incidente del Blockhaus (por el que nadie de la organización ha pedido disculpas, por cierto). ¿Habría estado el galés al nivel de Dumoulin? Bien es cierto que dolorido y maltrecho hizo una excelente contrarreloj en Monfalcone. Mi teoría, que jamás podrá ser comprobada, es que habría tenido un mal día, pero dada la igualdad de los líderes, quizá aún así habría entrado en podio. Nunca se sabrá. De todas formas, Thomas cumple el patrón de "evoluciones" extrañas del Sky, pues de pistard pasó a clasicómano, y de clasicómano a vueltómano. Es muy raro querer aspirar a ganar un Giro con 32 años cuando no se ha tenido un resultado entre los diez primeros en ninguna gran vuelta por etapas anterior.

Las putas motos


Los que sí han podido mostrar toda su calidad ciclista han sido Pinot, Zakarin y Pozzovivo. El escalador francés ha demostrado que su decisión de optar por el Giro ha sido acertada. Se ha mostrado muy combativo, con un gran rendimiento en montaña. Ha sacado a relucir su mejor punta de velocidad, no ha padecido en los descensos y en cambio, ha flojeado en las cronos, demostrando que el campeonato francés es más bien un espejismo. Zakarin y Pozzovivo han conformado una dupla casi cómica con sus apariencias divergentes, una especie de Don Quijote y Sancho Panza: el tártaro siempre en cabeza, alto, escuálido y dando bandazos, y el chaparro calabrés a su rueda. Así fue en la subida a Foza, en la que Pozzovivo no dio ni un relevo.

Finalmente, una mención para dos jóvenes corredores, Fernando Gaviria y Bob Jungels. El colombiano se ha confirmado como el mejor sprinter de la nueva generación. Greipel consiguió su etapita, pero no ha logrado imponerse como en otros años. Ewan ha demostrado que solo con un recorrido corto y muy arropado por el equipo puede llevarse la victoria (la consiguió en la revirada meta de Alberobello). En cambio, Gaviria se ha mostrado como el nuevo Sagan, con potentes arrancadas, arriesgando en las curvas, siendo decisivo en los últimos metros, haciendo la carrera por su cuenta pero apoyado de vez en cuando por las marrullerías de Richeze. Es un merecido portador de la renacida maglia ciclamino.

Ritorna il ciclamino


Por su parte, el luxemburgués de Quick Step sigue enamorando. A su estilo de rodador incansable ha añadido este año una etapa, en la siempre difícil meta de Bérgamo. Realizó un sprint sentado, un sprint de rodador, abriendo y cerrando los codos como una especie de cisne a cámara lenta. También ha contribuido con su abnegado e hipnótico rodar a salvarle la papeleta a Dumoulin camino de Asiago. Su presencia ha sido silenciosa, una constante en todas las etapas decisivas, y a la vez atronadora, con un derroche de fuerza y elegancia, a la que se suma su particular spavalderia de millennial rompecorazones. Es el corredor del futuro.