martes, 18 de septiembre de 2012

LOS MUNDIALES: MALDICIONES Y POLÉMICAS


Cuando llegan los campeonatos del mundo, ¿quién no ha oído hablar de la "maldición del arco-iris"? Tal maleficio se resume en que el portador de dicha prenda pasa una temporada en blanco, deja de ser tan bueno como era antes, se lesiona o, en casos extremos, fallace. Existe otro tópico, en este caso de fabricación nacional, que dice así: "el campeonato del mundo es una lotería". Tópico que curiosamente ya no se suele oír desde que los españoles también ganan mundiales. 

Pero en cuando a la mentada maldición, hay que señalar que lleva en parte razón. Han sido muchos los ciclistas que pasan a ser una sombra de lo que fueron antes de ganar la carrera. Por ejemplo, está el caso del irlandés Stephen Roche, que tras arrasar en 1987 jamás tuvo opciones de disputar generales ni clásicas. Por no hablar de Freddy Maertens, el rodador-sprinter flamenco que ganó 13 etapas en la Vuelta a España de 1977:  tras el mundial de Praga de 1981 naufragó en lo más profundo del pelotón belga, disputando tan solo kermeeses, sumido en problemas derivados del abuso de drogas.

También están aquellos otros que, por unos problemas o por otros, pasaron una temporada en blanco. Fueron los  casos de Luc Leblanc,  que fichó para 1995 por el equipo Le Groupement, que resultó ser una estafa, y de Laurent Brochard, que tuvo el dudoso honor de lucir el maillot de arco-iris con el equipo Festina en el arranque del Tour de 1998. Algunas promesas dejaron de serlo, como el letón Roman Vainsteins, y otros que no lo habían sido antes, tampoco lo fueron después, como el holandés Harm Ottenbros.También están los que dieron positivo (Oskar Camenzind y Igor Astarloa). Para algunos incluso ganar el campeonato del mundo fue un error táctico por el que pagaron caro: fue el caso del belga Benoni Beheyt, que osó plantar cara y vencer en el sprint de Ronse del mundial de 1963 a su líder de selección Rik Van Looy. Los corredores belgas que no eran del GBC-LIbertas de Van Looy lanzaron a Beheyt. Van Looy intentó cerrarlo, y Beheyt tuvo que abrirse paso apoyándose en la espalda de Van Looy. "La traición de Ronse". A partir de ese momento, Beheyt sufrió el marcaje férreo de los gregarios de Van Looy en cualquier carrera que disputase.

Aunque la historia de la maldición del arco-iris empezó a tomarse en serio en 1971. En concreto, en el circuito de Retie: allí Jean-Pierre "Jempi" Monsere, luciendo su maillot arco-iris conquistado el año anterior en Leicester, moría al impactar contra un automóvil. Monsere era toda una promesa. Sexto en los Juegos Olímpicos de México, Monsere había sido segundo en el campeonato del mundo amateur tras Leif Mortensen en 1968 (que curiosamente sería segundo tras Monsere en el mundial profesional de 1970), y había ganado ya el Giro de Lombardía de 1969 (tras la descalificación por dopaje del primer clasificado, el holandés Gerben Karstens). Con el arco-iris había ganado a principios de año la Vuelta a Andalucía. Era compañero en el Flandria de los De Vlaeminck, Eric y Roger, y junto con este último hubiese podido poner las cosas difíciles a su compatriota y líder indiscutido del ciclismo mundial, Eddy Merckx. Quizá hubiese acabado superando al caníbal. Quién sabe.  



Roger De Vlaeminck en el entierro de Monsere. 
Tras la muerte de Monsere, comenzaron a atarse cabos. Tom Simpson, muerto en 1967 en plena ascensión del Ventoux (en este caso no por la fatalidad de un accidente de carrera, sino por una sobredosis), también había lucido el maillot arco-iris en su día. Y mucho después, el belga Rudy Dhaenens, que ganó el mundial de 1990 en Japón por sorpresa, y que no volvió a hacer nada más como profesional, murió en un accidente de tráfico en 1998, ya estando retirado. 

Estos son los cuatro grandes de los mundiales:

ALFREDO BINDA (Italia) 1927, 1930, 1932
RIK VAN STEENBERGEN (Bélgica): 1949, 1956, 1957
EDDY MERCKX (Bélgica): 1967, 1971, 1974
ÓSCAR FREIRE (España): 1999, 2001, 2004

Y los demás ganadores de los últimos 42 años:
RIK VAN LOOY (Bélgica) 1960, 1961
JEAN STABLINSKI (Francia) 1962
BENONI BEHEYT (Bélgica) 1963
JAN JANSSEN (Países Bajos) 1964
TOM SIMPSON (Reino Unido) 1965
RUDI ALTIG (República Federal Alemana) 1966

VITTORIO ADORNI (Italia) 1968
HARM OTTENBROS (Países Bajos) 1969
JEAN-PIERRE MONSERE (Bélgica) 1970
MARINO BASSO (Italia) 1972
FELICE GIMONDI (Italia) 1973
HENNIE KUIPER (Países Bajos) 1975
FREDDY MAERTENS (Bélgica) 1976, 1981
FRANCESCO MOSER (Italia) 1977
GERRIE KNETEMANN (Países Bajos) 1978
JAN RAAS (Países Bajos) 1979
BERNARD HINAULT (Francia) 1980
GIUSEPPE SARONNI (Italia) 1982
GREG LEMOND (Estados Unidos) 1983, 1989

CLAUDE CRIQUIELION (Bélgica) 1984
JOOP ZOETEMELK (Países Bajos) 1985
MORENO ARGENTIN (Italia) 1986
STEPHEN ROCHE (Irlanda) 1987
MAURIZIO FONDRIEST (Italia) 1988


RUDY DHAENENS (Bélgica) 1990


GIANNI BUGNO (Italia) 1991, 1992
LANCE ARMSTRONG (Estados Unidos) 1993



LUC LEBLANC (Francia) 1994
ABRAHAM OLANO (España) 1995

JOHAN MUSEEUW (Bélgica) 1996
LAURENT BROCHARD (Francia) 1997
OSKAR CAMENZIND (Suiza) 1998

ROMANS VAINSTEINS (Letonia) 2000
MARIO CIPOLLINI (Italia) 2002
IGOR ASTARLOA (España) 2003
TOM BOONEN (Bélgica) 2005
PAOLO BETTINI (Italia) 2006, 2007
ALESSANDRO BALLAN (Italia) 2008
CADEL EVANS (Australia) 2009
THOR HUSHOVD (Noruega) 2010
MARK CAVENDISH (Reino Unido) 2011
Algunos de los más grandes nunca pudieron ganar el mundial, aun estando cerca. Fue el caso de Jacques Anquetil (2º en 1966), Roger De Vlaeminck (2º en 1975), Sean Kelly (3º en 1982 y 1989), Miguel Indurain (2º en 1993 y 1995, 3º en 1991) o Erik Zabel (2º 2004 y 2006, 3º 2002). El eterno segundón Raymond Poulidor también lo fue en el mundial (2º en 1974, 3º en 1961, 1964, 1966).

Y ahora, algunas de los finales más polémicos. El primer vídeo corresponde al final del mundial de 1972 en Gap. En las imágenes se aprecia cómo Marino Basso da alcance a su compatriota Franco Bitossi en los últimos diez metros: Cuore matto hubiese ganado de no ser por el empuje (o traición) de su compañero de selección. El segundo vídeo corresponde al mundial de 1988 en Ronse. El canadiense Steve Bauer alcanza al dúo delantero formado por Fondriest y Criquielion, y en un sprint irregular acaba derribando al belga y regalando la victoria al italiano.





martes, 11 de septiembre de 2012

¿RESURRECCIÓN DE LA VUELTA?

El ciclismo actual exige unos actos de fe para los que a veces uno no se siente preparado. La experiencia nos invita a la sospecha continua, como una especie de mala conciencia que no nos deja disfrutar del espectáculo. Pero a pesar de todo, hay que reconocerlo, esta Vuelta a España ha sido muy interesante, sin duda la mejor vuelta por etapas del año, después del decepcionante Giro y del insulso y monocromático Tour. Personalmente, a la Vuelta siempre le encuentro muchos peros...quizá como espectador llego un tanto cansado a su inicio, no viviéndola nunca con la misma intensidad y expectación con la que por ejemplo recibo el comienzo del Giro. Aun así, hay que reconocer que la Vuelta está dejando atrás, cada vez más, ese aire chapucero que tenía en los noventa: menos politicastros chupando cámara en los podium, menos vallas que impiden el contacto del público con la gente, aunque los mismos anuncios cutres de Fertiberia y Peras del Rincón de Soto...

Esta Vuelta será sin duda recordada por la etapa de Fuente Dé: una etapa no excesivamente dura en cuanto a recorrido, pero que se hizo dura por la lucha entre los corredores y por la velocidad imprimida a la carrera. La Vuelta no se jugó en las empinadísimas rampas de la senda asfaltada del Cuitu Nigro, sino en los desniveles asequibles de Fuente Dé, quedando demostrado que rampas infernales, estrechas y empinadísimas, no deciden la carrera, pues en ellas todos los corredores van a la misma velocidad, y los mejores llegan con una diferencia que apenas llega al minuto. Quizá ese hecho deba hacer reflexionar a los organizadores de la carrera, que desde que descubrieron el Angliru van a la caza de la cuesta de cabras más infernal. El Cuitu Nigro, a mi entender, fue un final inútil además de un atentado ecológico, y como la Bola del Mundo, una tortura innecesaria y un sufrimiento para el espectador que no considera las carreras ciclistas como encierros de San Fermín.

Volvamos a Fuente Dé. Cuando ya nos habíamos acostumbrado a una Vuelta de ataquitos de último quilómetro made in Purito, y las típicas arrancadas y frenadas de Contador, llegó la etapa de Fuente Dé, y nos retrotrajo a otro tiempo. Etapa que vino después del descanso, y ya se sabe qué bien sientan los descansos a Contador. Démosle de todas formas el beneficio de la duda. Valoraré la etapa de Fuente Dé, con el ataque de Contador y la remontada espectacular de Valverde, como se merece. Ataques realizados a más de 50 quilómetros de meta eran el pan nuestro de cada día del ciclismo hasta los años noventa, pero en los últimos tiempos, salvo excepciones, eran algo realmente inhabitual. Armstrong, en sus años dorados, atacaba en la base de los puertos. Contador en los últimos tres quilómetros. Purito en el último. La cosa parecía destinada a finales al sprint en puertos de primera categoría: y entonces llegó la etapa de Fuente Dé. 


Contador repite la táctica del Tour 2011: atacar de lejos. Algo a lo que no estábamos acostumbrados desde que Armstrong impuso los ataques de último puerto. A un Armstrong al que, aun siendo el gran jefe de la omertà y el dopaje sistemático de principios del XXI, se le intenta cargar hoy el muerto de ser el "único" responsable.

Por una vez Contador jugó sus cartas con inteligencia táctica, beneficiándose del conservadurismo de los equipos rivales. El Saxo Bank, que ya había dado muestras de ser más equipo que otras veces (especialmente con el polaco Rafal Majka), lanzó por delante a Hernández y Paulinho para hacer la labor de puente. Contador atacó inesperadamente en el Collado de la Hoz, a 50 quilómetros de meta, y Valverde y Purito, seguramente siguiendo el "sabio" consejo de sus directores deportivos, decidieron no actuar. Hernández le sirvió de poco a Contador, pero sí Paulinho y el siempre fiel Tiralongo, que le debía una etapita del Giro a Contador, y que tiró de él hasta la extenuación. Purito, en cambio, no encontró ni a Menchov ni a Moreno, y demostró que, a pesar de ser el corredor más explosivo, falla siempre que la lucha se inicia demasiado pronto. Valverde lo dejó con facilidad, y acompañado de Nairo Quintana se lanzó a la persecución de un Contador que daba síntomas de fatiga, mostrando un lado más humano que otras veces. Aun así, el madrileño sacó su casta de campeón para mantener la diferencia de diez segundos que llevaba al cruzar el último quilómetro. Contador gritó de rabia, Valverde demostró su fortaleza, y Purito su entereza en la derrota (la segunda del año tras el Giro).

De todas formas, Fuente Dé no ha sido una excepción este año. Cabe recordar la etapa del Stelvio, en la que De Gendt, con un ataque en los últimos quilómetros del Mortirolo, puso en jaque toda la general, y pasó del octavo puesto al tercero, aunque por instantes se puso bien por delante del insulso Hesjedal y del demasiado conservador Purito. Quizá estas dos etapas, junto con la demostración de Boonen en la París-Roubaix y las cinco etapas de Sagan en la Vuelta Suiza, hayan sido los mejores momentos de la temporada.

La hazaña de Contador no tiene algo que sí tuvo la de De Gendt: el escenario. Pero Contador se llevó la recompensa del liderato, y De Gendt se quedó a las puertas.

Así pues, me quedo con una Vuelta en la que Contador ha decidido de nuevo atacar de lejos, Valverde ha recuperado el nivel de sus mejores años, y Purito ha jugado sus opciones en todos los terrenos a él favorables, convirtiéndose en un nuevo Di Luca. También me quedo con las imágenes televisivas, sustancialmente mejoradas en cuanto a calidad (han perdido ese toque amarillento que tenían antes). Especialmente han destacado las imágenes mostradas por los helicópteros de ciudades y monumentos, en las que claramente se ve la mano de ASO. Por otro lado, parece que la Vuelta ha dejado de lado ya de una vez ese tipo de corredores-guadiana que tando han abundando en la década del 2000, capaces de dar un salto de calidad inesperado en la ronda española, conviertiéndose de pronto en rodadores-escaladores sin igual, semi-Merckxs. Me refiero a los Aitor González, Isidro Nozal, Santi Pérez, Vladimir Efimkin, Igor Antón, Ezequiel Mosquera y un largo etcétera, de los cuales Juan José Cobo ha parecido ser el último representante. A pesar del notable salto cualitativo de corredores como Moreno y Purito en el Katusha (equipo con un largo "historial"), y el pasado sin arrepentimiento de Valverde y Contador, al menos no ha habido invitados de última hora. 

Valverde hubiese acabado mucho mejor, quizá primero, de no tener como director a  alguien con un aire tan clerical como Unzúe.
Pero también habría que destacar algunos aspectos negativos, entre los que, a la ya mencionada manía innecesaria de los finales tipo Angliru, destacaría la lamentable realización de TVE. En primer lugar, la cobertura televisiva ha sido lamentable. ¿De qué nos valen etapas prácticamente enteras, con más de 100 quilómetros de retransmisión, de la primera semana del Tour, cuando nos escamotearon de la manera más burda la mejor etapa de la Vuelta a España en años? Lamentables fueron las imágenes del Collado de la Hoz, sacadas de algún teléfono móvil o algo parecido, en las que se podía apreciar los instantes siguientes al ataque decisivo de Contador.

Y por último, me queda comentar la manita y los dos dedos al aire de Contador al cruzar la última línea de meta en Madrid. Nada que objetar a que el corredor lo haga, está en su derecho, y forma parte de toda la coartada de la puntita del solomillo. Pero que los comentaristas de televisión española, De Andrés y Delgado, legitimen las siete grandes vueltas de Contador, cuando en realidad son cinco, me parece ante todo irresponsable. Si quieren contarle el Giro de 2011, de acuerdo, puedo darlo por válido, pues aunque lo perdió por la sanción lo ganó en la carretera. Pero jamás se le puede contar como válido el Tour de 2010. Si se da por buena la puntita de solomillo, ¿por qué no restituirle el Tour de 2006 a Landis, por pentito,  y por qué no, a Rasmussen en 2007, que se "retiró" cuando lo tenía prácticamente ganado? o el Giro de 1969 a Merckx y el de 1999 a Pantani...Sin duda la reivindicación de las siete vueltas, para ponerlo a la altura ya de Indurain, y también de Armstrong y Coppi, se trata de un acto de patrioterismo digno de los periódicos "futboleros", muy parecido a la expresión utilizada por esos mismos periodistas, con un total desconocimiento de lo que es el ciclismo, para referirse al dominio español: la "roja de los pedales".

¿De verdad ha ganado siete? ¿O más bien cinco?

jueves, 14 de junio de 2012

SE EMPIEZA A BARRER...

Antes lo digo y antes sucede.  En la anterior entrada del blog hablaba de la necesidad de la limpieza en profundidad que requiere el ciclismo, a fin de despojarlo de toda la podredumbre acumulada desde años atrás. Precisamente esta misma mañana hemos podido leer en los periódicos las serias acusaciones de la USADA a las que tendrá que hacer frente Lance Armstrong y su entorno. Ya no se trata de una investigación periodística, fácilmente refutable: Armstrong se enfrenta a cargos muy serios, sólidamente argumentados a buen seguro. 

Se acusa al máximo vencedor del Tour de Francia y a cinco "colaboradores": Johan Bruyneel, su director deportivo en US postal (1998 - 2004), Discovery Channel (2005), Astana (2009) y Radioshack (2011), ex-ciclista bajo las órdenes de Manolo Sáiz (más conocido, tras la Operación Puerto, como "el gordo"), y director entre 2007 y 2009 de Alberto Contador; Michele Ferrari, médico de Lance Armstrong y por desgracia de muchos más ciclistas, púpilo aventajado del doctor Conconi; Luis García del Moral, médico del Us Postal entre 1999 y 2003; Pedro Celaya, médico de los equipos de Bruyneel entre 1997 y 1998, y entre 2004 y 2007, y actualmente médico del Radioshack; y Pepe Martí, entrenador de los equipos de Bruyneel desde 1999 a 2007, y en Astana desde 2008. Al parecer, Armstrong y los otros cinco se enfrentan a los cargos de uso de sustancias y prácticas dopantes (Epo, transfusiones sanguíneas, corticoides, testosterona, hormona de crecimiento...), tráfico con dichas sustancias y coacción e instigación al dopaje. 

De arriba abajo: Lance Armstrong, Pedro Celaya, Pepe Martí (con corredores del Astana en 2010), Johan Bruyneel, Luis García del Moral (en el centro) y Michele Ferrari.

Personalmente, no me creo las alegaciones de Armstrong, fundamentadas en el hecho de que tales acusaciones se basan en los testimonios de los "resentidos" Hamilton y Landis. Parece ser que la USADA no solo se basa en los "testimonios orales" sino también en el análisis de los valores sanguíneos del tejano en los años de su reaparición (2009 a enero de 2011), años en los que algunos laboratorios ya disponían de medios para detectar valores sanguíneos anormales, así como la presencia de Epo en la sangre. Y por otro lado, los sistemas corruptos suelen caer desde dentro, cuando alguien tiene el valor de "cantar", o simplemente por desesperación se ve empujado a ello. No es que me alegre de que tengan lugar noticias así, pero sin duda prefiero que todo salga a la luz y que los culpables lo paguen, a que sigan imperando la omertà, el fraude y la hipocresía, tan nocivas para el ciclismo. 

Ojalá se airee todo y caiga quien tenga que caer, hasta el último responsable: aunque si se hubiesen hecho bien las cosas, esto no pasaría. En 1998, cuando saltó a la luz el escándalo del Festina en pleno Tour, por todas partes se intentó echar tierra sobre el asunto: cabe recordar que los equipos españoles, apoyados por algunos medios periodísticos, lanzaron una campaña contra la organización del Tour y contra Francia ("nos persiguen", "quieren acabar con el ciclismo..."), cuando hoy se sabe que más de uno tenía trapos sucios que ocultar (de ahí la espantada de la última semana, en la que se retiraron los equipos españoles de forma masiva, aduciendo patrioterismos estúpidos). Por otro lado, si aquel año los organizadores del Tour hubiesen anulado la carrera a tiempo, no empeñándose a todo costa en que llegase a París, quizá las cosas hoy fuesen distintas. Al año siguiente reapereció Armstrong tras su cáncer, y volvió renacido, reconvertido en corredor de grandes vueltas: rodador y escalador a la par, como los grandes del pasado. Y de doping ya no habló ni dios en siete años. 

Tras retirarse Armstrong en la cima de su gloria en 2005, volvieron a destaparse casos. Los rivales de Armstrong, los denominados por él mismo como sucesores en el podio de París en 2005 (Ullrich y Basso), se vieron de lleno salpicados por la Operación Puerto. Tal operación fue otra oportunidad perdida, en parte por la inoperancia española. Por un lado, no se llegó a esclarecer al 100% la magnitud de la trama fraudulenta,  y por otro lado, de nuevo los organizadores del Tour decidieron iniciar la carrera con todo en contra. Se impidió salir a Liberty y Kelme, a Basso y a Ullrich, y aquí no ha pasado nada. En la clasificación general final (previa descalificación de Landis), los equipos con algún implicado en la Operación Puerto, obtuvieron los siguientes resultados: 1º Landis (de Phonack, con Quique Gutiérrez implicado), 2º Pereiro (de Caisse d'epargne, con Valverde y Zaballa implicados), 3º Klöden y 10º Michael Rogers (de T-Mobile, con Ullrich y Sevilla implicados), 4º Sastre (de CSC, con Basso implicado), 7º Cyril Dessel y 8º Christophe Moreau (ambos de Ag2r, con Mancebo implicado)...Estos equipos, junto con Liberty y Kelme, eran los únicos con ciclistas implicados. En su momento, me hubiese parecido lo más oportuno que ningún equipo con algún implicado hubiese participado: pero no fue así, prevaleció el interés económico antes que el deportivo. La experiencia y el sentido común nos dicen que un ciclista nunca se dopa sin el consentimiento/conocimiento/instigación de su director deportivo. 

En 2007 y 2008 las cosas se hicieron con más celo. En plena batalla entre la UCI y ASO, la lucha contra el dopaje se convirtió en un arma arrojadiza, y cada organización intentó demostrar que era ella la que realmente luchaba contra esa lacra. En un periodo con Armstrong fuera de los pelotones, por otro lado. En 2007 cayeron Vinokourov, Mayo, Moreni y... Rasmussen, líder de la carrera (pero Bruyneel hizo 1º y 2º con Contador y Leipheimer). Y en 2008, con la Agencia Francesa Antidopaje al mando de los cotroles en el Tour, cayeron Manolo Beltrán (ex-gregario de Armstrong), Moisés Dueñas, Ricardo Riccò, Leonardo Piepoli, Bernard Kohl, Stefan Schumacher y Dimitry Fofonov. Pero en 2009 volvió Armtrong tras su retirada, y al menos en el Tour no volvió a hablarse de dopaje...hasta octubre de 2010, con el famoso solomillo de Irún y con Armtrong en proceso de retirada. 

A la vista de lo dicho, la presencia de Armstrong en el pelotón ha sido sinónimo de omertà y curiosa inexistancia de casos positivos. La lucha contra el dopaje se ha desarrollado en el breve periodo de la primera retirada de Armstrong (de 2006 a 2009). También podemos deducir otra triste realidad: prácticamente la mayoría de las clasificación generales finales de las ediciones del Tour de Francia desde 1998 hasta nuestros días están en entredicho; y de antes no se sabe nada, porque no existían los medios para saberlo. Pero si la investigación iniciada en Estados Unidos sirve para renovar las estructuras del ciclismo, y para depurar responsabilidades por primera vez entre médicos y directores deportivos, bienvenida sea.

martes, 12 de junio de 2012

LA CASA POR BARRER

El Tour de Francia está a la vuelta de la esquina, como quien dice, y yo sigo asustado, y en parte asqueado, por el rendimiento del equipo británico Sky en el reciente Criterium de Dauphiné. No tengo nada contra los británicos, en realidad me da igual si nos devuelven el peñón o si se lo quedan de recuerdo. Mi disconformidad no viene motivada por patrioterismos. Estoy asustado por un rendimiento demasiado espectacular, demasiado bueno, de todos los corredores del equipo (en la clasificación general, cuatro en los diez primeros: 1º Wiggins, 2º Rogers, 4º Froome, 9º Porte; a lo que se suman exhibiciones en montaña de Hagen). Y estoy asqueado porque no me lo creo. 


El Sky presenta una de las equipaciones más elegantes del pelotón. Pero los británicos se han propuesto no ser tan solo los mejores en cuestiones de moda.

Los que seguimos habitualmente el ciclismo desconfiamos de estas "grandes prestaciones". La experiencia nos empuja a ello, pues desde 1998 dejamos atrás la edad de la inocencia, y todavía más desde 2006. Si se sigue un poco la trayectoria de ciertos corredores, uno puede darse cuenta de saltos de calidad excepcionales al fichar por ciertos equipos. Por ejemplo, en el caso de Wiggins, su salto de calidad vino al fichar por Garmin en 2009. Hasta el momento había sido un excelente pistard, que en sus incursiones en la carretera intentaba fugas desesperadas en solitario, como en la primera seamana del Tour de 2007, que discurrió por tierras inglesas. En 2008 arrasó en su especialidad en los J.J.O.O. de Pekín. Pero en el Tour de 2009 descubrimos también que disponía de unas excelentes dotes de escalador (quedó cuarto tras Contador, Andy Schleck y Armstrong). La versión Wiggins.12 es mucho mejor: ahora domina en todos los terrenos, incluso el sprint. Este año lleva ganadas París - Niza, Tour de Romandía y Criterium de Dauphiné. Le queda el Tour.

Bradley Wiggins en su postura natural: la de contrarrelojista. Lo que ya es "anormal" es su invulnerabilidad en montaña.

Su gregario Chris Froome no se queda atrás. Aunque es todavía joven (lo que le permite cierto margen de duda), sus primeros resultados en las grandes vueltas no dejaban intuir sus cualidades de corredor de grandes vueltas. Algunos lo conocíamos de su etapa en Barloworld, cuando se convirtió en el primer corredor keniata en correr una gran ronda (en el Tour de 2008, en el que acabó en el puesto 81º). El año pasado, con la nacionalidad británica, casi vence la Vuelta ante un renacido Cobo (de la escuela Matxin). Fue todo un duelo de marionetas, con molinillo incluido: en Peña Cabarga se vivieron momentos espectaculares...pero que dejaban cierto regusto amargo. A Cobo y Matxin ya se les conocía como dos tramposetes más del oficio. Pero con el sky se demostraba que la "tecnología" aplicada a los últimos éxitos británicos de la pista estaba empezando a dar sus réditos en la carretera: 2º Froome, 3º Wiggins. Todo preparadito para dar la campanada en el año London 2012. 

Chris Froome en la contrarreloj de Salamanca de la Vuelta 2011. Froome hizo mejor tiempo que Wiggins, y peleó con Cobo en montaña. ¿Le nouveau Eddy?

Las grandes demostraciones de fuerza por parte de un equipo suelen destilar cierto tufillo a farmacopea bastante sospechoso. Pueden darse de varias formas: o en forma de triplete, o en forma de "recambio inagotable". Estos fenómenos se han dado con bastante asiduidad desde 1990. Ahí están los tripletes del Gewiss - Ballan en la Flecha Valona de 1994 (Argentin, Berzin y Furlan), o los de Patrick Lefevere en Roubaix : con Mapei en 1996 (Museeuw, Bortolami y Tafi ) y 1998 (Ballerini, Peeters y Steels); con Domo - Farm Frites en 2001 (Knaven, Museeuw y Vainsteins).

Leyendas de la edad de oro: Riccò y Piepoli en las Tre Cime di Lavaredo, en el Giro del 2008. Aquel Saunier Duval  erade ensueño, con estrellas como  Mayo, Simoni, Cobo, Martín Perdiguero, Gómez Marchante, Millar; y con algo más. En Saunier Duval recaló Purito, después de sus años de aprendizaje con "el gordo"...

El "recambio inagotable" también suele ser otro indicio. Con este apelativo pretendo referirme a aquellos equipos que encuentran cada año un líder distinto para una gran vuelta; se trata de equipos pequeños, que suelen perder a su figura destacada al ser fichada por algún equipo de más presupuesto, pero que se las arreglan para conseguir un líder alternativo. Y la habilidad de médicos y directores llega a tal punto que son capaces de conseguir un sustituto que sustituya incluso al sustituto del sustituto. El caso paradigmático es el del Kelme de principios de siglo: en 2000 ganaron la Vuelta con Heras; en 2001, con Heras en US postal, encontraron a Óscar Sevilla, que hizo segundo; en 2002 la cosa fue todavía más "espectacular": se disputaron la victoria Óscar Sevilla y Aitor González. Y en 2003 encontraron un recambio de Aitor González (que se fue al Fassa Bortolo) en Alejandro Valverde. Valv.piti. Y ojo, mientras tanto Santiago Botero hacía de las suyas en el Tour. Algo semejante ocurrió en la ONCE de "El Gordo", que tras probarlo en la Vuelta con Olano, Igor González de Galdeano y Joseba Beloki, encontró un recambio perfecto en la Vuelta de 2003 en Isidrio Nozal. O el Garmin de Jonathan Vaughters, que logró colocar a Christian Vandevelde 4º en  el Tour de 2008, al mentado Wiggins 4º en 2009 y al ahora famosísimo (pero con pasado "oscuro" en US postal y Phonack) Ryder Hesjedal, 6º en 2010.  

Ryder Hesjedal aprendiendo en sus años de Phonack. Una auténtica banda: Botero (tras Hesjedal en la foto), Camenzind, Sevilla, Quique Gutiérrez, Santi Pérez, Pereiro, Santos González, Martín Perdiguero, Tyler Hamilton, Floyd Landis...a las órdenes de Pino, Juan Fernández, John Lelangue y Tony Rominger. Tooooodo transparencia.

En los últimos años, los casos que han salido a la luz han sido, fundamentalmente, los de equipos con prácticas ilícitas algo chapuceras, que acababan por descubrirse: el Kelme de Belda, la ONCE de "El gordo", el Saunier Duval de Matxin, el Gerolsteiner de Holczer, el supersónico Phonack de 2004 - 06, el Telekom de Pevenage-Godefroot...Otros son de los que se barruntaba y se barrunta, pero no ha logrado probarse poco o nada: el Us Postal de los años dorados de Armstrong - Bruyneel, el High Road, ex-T-Mobile, de Bob Stapleton (con Cavendish, Hagen, Velits, Eisel, Greipel y compañía), o el CSC - Saxo Bank de Bjarne Riis. 

El profesor Hans-Michael Holczer con sus pupilos Rebellin y Schumacher.

Bjarne Riis en su etapa del Gewiss, en 1994. Cumplió el sueño de cenicienta del ciclismo: de gregario anónimo y gris, a líder indiscutible, rocoso e imbatible. ¿Precedente de Froome?

Para el bien del ciclismo, es necesaria otra limpieza. Es extraño que ciclistas que vuelven de una sanción sean mejores ahora que antes. Es vergonzoso que se descubra que un ciclista compra a otro para que le ceda una victoria, y no pase nada (Vinokourov en la Lieja de 2010). Es vergonzoso que haya equipos con una interminable lista de positivos, y que sigan en la élite (el Katusha, con los positivos de Colom, Pfannberger, Kolobnev y Galimzyanov; o el Astana, con los de Kashechkin, Vinokourov y Contador; o el Euskaltel, con Landaluce, Astarloza y Aitor González). Es vergonzoso que no se elimine a los dopados del palmáres (Basso todavía figura como ganador del Giro 2006, y Riis como ganador del Tour 1996; Di Luca todavía es segundo en 2010 para La Gazzetta dello sport). Es vergonzoso que todavía sigan los mismos al volante (Lefevere, Martinelli...), con una larga lista de ciclistas dopados a sus espaldas, y algún que otro muerto. Es vergonzoso que la Operación Puerto se haya quedado a medias, y haya ciclistas que hayan salido de rositas (A.C., sin ir más lejos), y que otros hayan vuelto sin arrepentimiento o declaración pública al respecto, como Valverde. Es vergonzoso que cuando un ciclista da positivo, directores y médicos de su equipo digan no saber nada. Es vergonzoso que un ciclista que ha dado positivo se reconozca como único y exclusivo culpable (por omertà, o para ser de nuevo enrolado en el mismo equipo tras la sanción). Es vergonzoso que cuando un ciclista da positivo el resto de pelotón mire hacia otro lado, o incluso peor, que haya algún hipócrita ciclista retirado (implicado en su día en casos de dopaje) que le acuse  de "manchar el ciclismo".  También es vergonzoso que el ciclista dopado sea un drogadicto, y el futbolista que muere en el campo a causa de un paro cardíaco, cuando debería de gozar de una salud de hierro en plena juventud, haya sido presa de un fatídico "problema genético".

Casi deseo, por el bien de este deporte que me gusta tanto practicar y ver, que se destape un nuevo caso, uno brutal, que se lleve por delante a todos aquellos que llevan años y años en la cresta de la ola del dopaje, sin mojarse. Los directores deportivos más jóvenes ya fueron ciclistas en los años de la barra libre de EPO (los Riis, Peeters, González de Galdeano, Aldag...). Las patrocinadores exigen resultados. El dopaje se inicia en juveniles. A este deporte le sobra caspa y trampa, le sobra hipocresía: es necesario hacer limpieza ya.

viernes, 8 de junio de 2012

HEREDEROS (I)

El ciclismo, como todos los deportes, es un campo abonado para los tópicos. El tópico se caracteriza por su repetición inagotable y por ser expresado de forma indiscrimanda, a veces incluso de forma irracional. Si observamos el caso del fútbol, encontramos tópicos bastante habituales: "no hay enemigo pequeño", "el fúbtol es 11 contra 11", "un partido dura 90 minutos", o el colmo de las tautologías, "el fútbol es fútbol". El ciclismo también es prolífico en expresiones del género, coletillas que los ciclistas, al ser entrevistados tras una larga etapa o carrera, van encadenando sin ton ni son, emitiendo sonidos sin contenido y, algunas veces, sin coherencia: "no se gana hasta cruzar la última línea de meta", "he de agradecer la labor de mi equipo que me ha apoyado en todo momento", "el maillot amarillo da alas", etc. Incluso hace un tiempo, antes de 1998, se repetía un tópico bastante inquietante: "el Tour no se gana solo con spaghettis".

En este caso, quiero sacar a relucir un tópico no exclusivo del ciclismo, pero que sirve un poco para presentar el tema. Sería el siguiente: "las comparaciones son odiosas". En el ciclismo, como en la vida, las catástrofes y las depresiones derivan muchas veces de colocar el listón demasiado alto, estableciendo una comparación con un modelo demasiado excelso, inalcanzable por tanto. Rescato aquí los casos de algunos ciclistas que fueron comparados, para su desgracia, con campeones anteriores, convirtiéndose de la noche a la mañana en el foco de atención de periodistas y público. Cada gran campeón ha tenido su falso sucesor: corredores de clase indudable, que tuvieron la mala suerte de iniciar su carrera deportiva en la estela de una gran figura; corredores que tuvieron la mala suerte de recordar, en su forma de correr, en su estilo, en sus brillos de calidad, a anteriores maestros. Corredores que, ya fuese con la intención de la prensa de vender más periódicos, o debido a la propia ansia y expectación del público, deseoso siempre de nuevos éxitos, acabaron convirtiéndose en el nuevo Coppi, el nuevo Merckx o el nuevo Indurain. Estos son "los herederos".

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El primer gran campeón de la era moderna fue Fausto Coppi. Lo que al cine fue el neorrealismo de Rossellini y De Sica (y Visconti), al ciclismo lo fueron Coppi y Bartali (y Magni): el nacimiento de la modernidad. Pero ya a mediados de los cincuenta, Coppi estaba en pleno declive, deportivo y mediático: no vencía, sus números solitarios ya habían sido olvidados y, para colmo, había abandonado a su mujer y a su hijo para irse con Giulia Occhini, la dama bianca, convirtiéndose así en un adúltero a los ojos de la tradicional sociedad italiana. Entonces ya se buscó un sustituto, y el elegido fue Ercole Baldini, "l'expresso di Forlí". Baldini era fundamentalmente un rodador, un excepcional contrarrelojista, el mejor de su generación junto con Anquetil y Rivière. Pero después de su espectacular temporada de 1958 (victoria en el Giro y en el campeonato del mundo), ya no obtuvo grandes resultados, y la prensa que lo había encumbrado se cebó con él: se le acusaba de interesarse solo por "denaro e cibo" (dinero y comida). Se buscó un nuevo sucesor en Guido Carlesi, no tanto por sus resultados como por su innegable semajanza física con il campionissimo.

Fausto Coppi en el Tour de 1952.

Ercole Baldini con el jersey arco-iris. En la imagen se aprecia su fabulosa planta de contrarrelojista.

Guido Carlesi, el primer Coppino. Su espigado talle y su nariz aguileña recordaban más al mítico Fausto que sus resultados deportivos.
En 1960 Coppi murió a causa de una mal diagnosticada malaria contraida en África, y de campeón viejo y olvidado pasó a ser mito. Toda Italia lloró su muerte. La Gazzetta dello Sport necesitaba una nueva ristra de ases que aplacase el dolor de los tiffosi, pero la nueva generación no parecía cumplir las expectativas. A pesar de que Gastone Nencini venció el Tour de 1960, y Guido Carlesi logró hacer podium en 1961, en 1962 Baldini, Carlesi y Nencini desaparecieron por completo del mapa, y ningún otro italiano se vislumbraba como posible rival de Anquetil en las grandes vueltas. Carlesi, el que auguraba más esperanzas, comenzó a partir de 1962 un prematuro y agudísimo declive. Se necesitaba urgentemente una nueva figura, y en 1963 se creyó encontrarla en un jovencísimo piamontés, de pedaleo elegante y tendencia a las largas escapadas en terrenos hostiles: Italo Zilioli.

Nacido en 1941, Zilioli fue uno de los mejores corredores de su generación, sin duda una de las mejores hornadas del ciclismo italiano. Italo Zilioli compartió pelotones con Vittorio Adorni, Franco Bitossi, Michele Dancelli, Gianni Motta, Wladimiro Panizza y, sobre todo, Felice Gimondi. Su debut en profesionales fue muy prometedor, llevándose en largas escapadas toda una retahila de semiclásicas italianas. Entre ellas, el Giro dell'Appennino. Su ataque en el Passo della Bocchetta cerraba un lapso de tiempo, aparentemente vacío: en el mismo lugar Fausto Coppi había atacado en 1955 para vencer el Giro dell'Appennino, su útlima victoria en una prueba en línea. El estilo ingrávido de Zilioli y su elegancia recordaban lejanamente al de Fausto.

En el Giro, el joven Italo chocó repetidas veces contra un muro. Tras tres segundos puestos consecutivos en el Giro de Italia (1964, 1965 y 1966), y un tercero en 1969, se convirtió en una especie de Poulidor italiano. En 1965 llegó Gimondi, y en 1966 Motta, y pronto cayó en el olvido entre el gran público. Una nueva rivalidad (Gimondi - Motta), muy breve, enganchó al público italiano: revoloteando en torno a esas dos estrellas mediáticas, quedaban los Dancelli, Bitossi, el también mediático Adorni, y Zilioli. En 1970 se convirtió en gregario de lujo de Eddy Merckx en el Faemino, y en los últimos años de profesional obtuvo buenos resultados, como la Setmana Catalana de 1971, o su segundo Giro dell'Appennino en 1973. Resultados muy parcos en comparación con el futuro plagado de éxitos que la prensa había vaticinado diez años antes.

En la temporada de 1967, Zilioli y Gimondi compartían equipo, il G.S. Salvarani
Gimondi y Zilioli en equipos distintos: el bergamasco en la Salvarani, el turinés en la Ferretti. (1971)
Zilioli era uno de esos corredores siempre presentes, siempre bien clasificados, pero que encontraban dificultades para ganar. Sufría problemas de insomnio. En el Tour de 1970, en el que portó durante un tiempo el maillot amarillo, compartía habitación con Merckx. El propio Zilioli señalaba que por la noche, el campeón belga apagaba la luz e inmediatamente se dormía. En cambio él, en el breve tiempo en el que llevó el maillot de líder, al apagar la luz empezaba a darle vueltas a la cabeza, pensando en el recorrido de la etapa siguiente, en los pasos de montaña, en los ataques a los que tendría que responder...Su  incapacidad para gestionar la presión era su principal carencia frente a los grandes campeones, y en definitiva lo que se interponía entre él y la victoria. Y si bien es cierto que a veces el público puede encapricharse con algunos corredores "segundones", frenados por la mala fortuna o por campeones menos humanos (como hizo el público francés con Poulidor), no suele perdonar a aquellos que truncan sus expectativas.

En la temporada de 1970, Zilioli corrió en el equipo de Eddy Merckx, la Faemino.

Décadas después, Fausto Coppi encontraría un nuevo sucesor. En este caso, al igual que sucedió con Guido Carlesi, la semejanza con el campionissimo era ante todo física: se trataba de Franco Chioccioli, ciclista que corrió a finales de los años 80 y principios de los 90, y que tuvo su verdadera eclosión ya siendo veterano, en 1991, en un momento en el que el ciclismo italiano vivió una auténtica rinascita, propiciada por la oscura labor de doctores como Cecchini, Ferrari y Conconi.

La primera aparición de Chioccioli para el gran público fue en el Giro de 1988. Se enfundó la maglia rosa para perderla en la terrorífica decimocuarta etapa, entre Chiesa Valmalenco y Bormio: la etapa en la que il commendatore Torriani decidió que el Passo di Gavia era transitable, a pesar de que arreciaba sobre su cima una tormenta de nieve. Fue el día del descenso infernal, de los dedos congelados, de las retiradas masivas y de los ciclistas buscando desesperadamente refugio en los coches de los pocos y aventurados espectadores. En el Giro de 1991, Chioccioli reapareció por todo lo alto, acercándose más que ninguno de los anteriores a la sombra de Fausto Coppi. Con la maglia rosa a sus espaldas, distanció a sus rivales en las empinadísimas rampas del recién descubierto Passo del Mortirolo: era Coppi redivivo.

Más que un sucesor se buscaba un sosia: Coppino I (Guido Carlesi) y Coppino II (Franco Chioccioli, en la foto en el Giro de 1988, junto con Ernesto Colnago y Andy Hampsten)