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miércoles, 24 de octubre de 2012

NI TANTO NI TAN CALVO

El ciclismo moderno y sus instituciones ya han encontrado al malo malísimo, a la cabeza de turco que, una vez cercenada, por arte de magia soluciona todos los problemas. No sé qué me entristece más, si todo el entramado destapado de Armstrong-Ferrari-Bruyneel y sus tres españolitos, o las reacciones al informe de la USADA. La comparecencia de Pat McQuaid ayer fue vergonzosa. Un tío que debería haber dimitido por intentar silenciar el minipositivo de Contador (pero positivo al fin y al cabo), y que es heredero del que, junto con el infame Gordo, armó todo el tinglado de compadreos, negocietes y cartas blancas llamado Protour, tiene la desfachatez de salir a decir que "Armstrong no forma parte de la historia del ciclismo".  Damnatio Memoriae lo llamaban los romanos: picamos el nombre de Nerón de los arcos de triunfo, volcamos las estatuas y bustos de Domiciano, y aquí como si no hubiese pasado nada. Pues sí que pasa, sí que sigue pasando. McQuaid ahora saca pecho de lo que no supo o no quiso ver, y encima, de golpe y porrazo, enseñando la cabeza decapitada del tejano como si de un Teseo con la cabeza de la Gorgona se tratase, pretende hipnotizarnos y hacernos creer la patraña de que ahora todo es limpieza y esplendor. 

La segunda parte será que, dentro de unos años, nada de esto habrá pasado. ¿Armstrong, quién es ese?, se dirán todavía los mismos jefazos de hoy todavía en su sillón. No sé si se dan cuenta de que están sentando las bases, con su pretensión de borrar parte de la historia "y aquí no ha pasado nada", para poner en duda toda la historia del ciclismo. ¿Por qué los Tours de Armstrong sí se borran y el de Riis no? ¿Por qué Riis sigue siendo incluso director deportivo? No sé si se dan cuenta de que de este modo dicen al mundo, cosa que es verdad, que desde 1998 no se ha conseguido nada. Tan solo unos cuantos nombres han caído y bastantes carreras han quedado desvirtuadas y tocadas de muerte, pero nada en claro, ningún saneamiento. Ni Verbruggen ni McQuaid, ni por supuesto los directos de equipo, han hecho nada en catorce años para cambiar la situación, sino que la han acrecentado, la han favorecido, la han mejorado para sus intereses. Pero la "lucha contra el dopaje" sigue en marcha.  



Tan nefastos son los supuestos buenos, que hacen bueno al malo: dan ganas de salir en defensa de Armstrong. Pues está claro, está clarísimo, que no es el único responsable. Tampoco es ningún santo, y mucho menos un santo mártir perseguido por una cruzada personal. Eso lo dejamos para las películas. Como ya he venido diciendo aquí repetidas veces, cantaba la ausencia de positivos en sus años de reinado, y de igual forma, olía más podrido que Dinamarca en Hamlet la aparición repentina de casos tras su retirada...pero de ahí a que sea el único malo malísimo, el líder que mueve los hilos, el que ha creado toda una trama mafiosa superior a la 'ndrangheta, la camorra, las tríadas chinas y las de albanokosovares juntas, pues no, no me lo creo. Armstrong era un corredor vanidoso y mandón, pero si queremos ver alguna mafia maligna, quizá sea más lógico mirar hacia otra parte. Alguien ayudó a montar todo el tinglado. Alguien suministró la droga. Otro alguien se dedicó a hacer la vista gorda. Armstrong no actuó solo, sino que lo hizo en connivencia con las instituciones. Está el que da el soborno, y también el que lo acepta, cosa que olvidan. La corrupción afecta a ambos lados. Y luego están los que saben, se benefician y callan, o lo que es peor, acusan cínicamente: muchos que hoy dirigen a sus pupilos a través de los pinganillos como auténticos cyborgs desde las ammiraglie también saben mucho, y no solo del pasado. Deberían empezar a cantar de su día a día. No del ayer, del hoy:  piénsese en Vaughters, piénsese en su Garmin, ese equipo surgido de los bajos fondos de Girona, piénsese en ese mago de la pista llamado Brailsford y la barrida que han pegado este año sus chicos y chicas en los J.J.O.O. (algo insólito, ni la R.D.A.ni la U.R.S.S. juntas en sus años "dorados"), piénsese en su Sky, piénsese en los hispanoitalorusos, o los italokazajos, o piénsese también en un tal Stapleton que quiere volver al ciclismo...Todos sobran.

Las declaraciones de Wiggins descargándose contra Armstrong huelen mal, precisamente por la fuente de la que provienen. Wiggins no es precisamente un corredor que haya roto la omertà, como Landis, Hamilton o Manzano, sino que más bien es uno algo deslenguado y dado a soltar tacos (un poco hooligan él, a pesar de sus modelitos de Fred Perry y su pinta de mod), que vende a los cuatro vientos su limpieza y redirige las miradas que podrían inculparlo hacia otros peores, otros que no actúan con su elegancia y fair play británico, en este caso Armstrong. El típico que en el patio del colegio va corriendo a la profesora y dice que él no ha sido pero Manolito o Pepito sí. Y esto lo dice un pistard reconvertido a escalador. Uno que logró hacer cuarto con el equipo de Vaughters en 2009, al igual que al año siguiente haría Vandevelde (no habiendo alcanzado jamás  ningún top ten de gran vuelta ninguno de los dos). 

Luego vienen las reacciones de los entendidos. Los ex-ciclistas, qué van a decir, pues que no lo ven claro. No lo ven claro porque en todas las épocas han cocido habas, y temen que esto de alterar palmareses comience a retrotraerse demasiado. Jalabert e Indurain defienden su inocencia, pero lo que dicen debe valorarse en su contexto, el de corredores que, aunque nos pese, vivieron en una determinada época con determinadas sustancias. Compartieron pelotón con Armstrong, y las prácticas que Armstrong y Ferrari llevaron a su mayor refinamiento, comenzaron en la época anterior. Elemento que no altera el hecho de que Indurain y Jalabert fuesen, por otro lado, grandes corredores. Las palabras de Merckx también deben juzgarse de forma parecida. Ahora reniega de Armstrong como San Pedro, pero en su época también sabrían lo suyo: usaban sus sustancias, tenían sus doctores, no montaban tinglados a tan gran escala, eran cazados con bastante asiduidad, y las cosas no se sacaban tanto de madre. 

Más zafias y repulsivas son las declaraciones de Manolo Sáiz. Ese tipo no tendría derecho a hablar en ningún caso; lo lamentable es que los periódicos se hagan eco de un personaje que se ha cargado literalmente el ciclismo: primero con sus prácticas ilícitas desde que aterrizó en el ciclismo, a saber con qué bagaje y qué conocimientos, en 1990; luego con su proyecto de mafia-liga cerrada del Pro Tour, una aberración en nombre del negocio por el negocio que ha tenido como resultado más notorio la desaparición de carreras pequeñas y de equipos de categorías inferiores, así como la exportación del ciclismo a países donde ni les va ni les viene, tipo Omán, tipo China, tipo Qatar, que solo pretenden promocinar sus países tiranizados como paraísos turísticos;  y por último con la Operación Puerto, cuyo juicio es inminente, y del que espero, como supongo que también muchos más, que se lleve por delante a quien se tenga que llevar (cosa que sin duda no pasará: esto es España).

Tres frentes se han abierto para este invierno: el de Armstrong, al que la UCI se ha apresurado a dar carpetazo, pues cazado Armstrong ya no hay necesidad de escarbar más; el de Ferrari, que ya ha salpicado a equipos al completo, especialmente a todos aquellos que no patrocinan cosas, sino países de dudoso presente democrático, y que promete ser realmente escandaloso; y el de la OP, que quedará en nada. Si hubiese alguien con cabeza y algo más en la Unión Ciclista Internacional, y no solo con bajos instintos, cobardía y amor por la pasta, aprovecharía todo esto para hacer limpieza. Solo queda la esperanza de que ASO inicie por su propia cuenta algún tipo de intento de renovación, controlando plenamente las invitaciones de los equipos al Tour, y realizando controles severos y ecuánimes, como los de aquel verano del 2008 con la Agencia Francesa Antidopaje.

viernes, 12 de octubre de 2012

REESCRIBIENDO LA HISTORIA

Después de las entradas relativas a "los diez mejores ciclistas de la historia", y una vez salido a la luz el esperado informe de la USADA sobre Lance Armstrong, uno llega a la conclusión de que en el ciclismo, si se mira hacia atrás, solo se encuentra mierda. No hay santos ni héroes. Cierto que las acusaciones a Armstrong son contundentes, que era cuestión de tiempo que también él (el líder indiscutible de su época en el Tour de Francia) cayera, habiendo caído antes rivales como Ullrich, Basso, Beloki, Mayo o Vinokurov, pero querer concentrar toda la "mierda" en un solo periodo es un claro error. Querer pensar que solo ha habido "desviaciones" entre 1998 y 2010, y que antes no pasó nada y ahora está todo resuelto, es un gran error: echando la vista atrás lo hemos comprobado. Quizá con un poco menos de tecnología, quizá de una manera más cutre o menos programada, pero el doping ha existido siempre, por desgracia. Y, por otro lado, tampoco creo que sea un problema exclusivo del ciclismo, del atletismo o del esquí (los únicos deportes en los que realmente se persigue, o se intentan más o menos perseguir, el dopaje). Si no, habría que recordar esas tristes imágenes de futbolistas que se desploman en el terreno de juego, falleciendo algunos en el acto: ah, no, perdonand, en esos casos solo hablamos de arrítimias y fallos congénitos, se me olvidaba...

Es larga la lista de corredores que han dado positivo alguna vez, o se han visto implicados en procesos de dopaje, o que simplemente se han saltado algún control antidopaje. A continuación, una lista no exhaustiva.

1. Corredores que han dado positivo:

Victor Van Schil, Jean Stablinski, Gianni Motta, Felice Gimondi, Franco Balmamion, Raymond Delisle, Eddy Merckx, Joaquim Agostinho, Gerben Karstens, Jaime Huélamo, Yves Hézard, Joop Zoetemelk, Ronald De Witte, Herman Van Springel, Luis Ocaña, Michel Pollentier, Freddy Maertens, Giovanni Battaglin, Jean-Luc Vandenbroucke, Johan van der Velde, Dietrich Thurau, Ángel Arroyo, Alberto Fernández, Vicente Belda, Pedro Muñoz, Kim Andersen, Adri van der Poel, Laurent Fignon, Sean Yates, Sean Kelly, Pedro Delgado, Gert Jan Theunisse, Djamolidin Abdujaparov, Alberto Volpi,  Francesco Casagrande, Marco Pantani, Stefano Garzelli, Gilberto Simoni, Dario Frigo, Roberto Heras, Oskar Camenzind, Igor Astarloa, Iban Mayo, Aitor González, Alexandre Vinokurov, Andrei Kashechkin, Emmanuelle Sella, Danilo Di Luca, Manuel Beltrán, Raimondas Rumsas, Igor González de Galdeano, Leonardo Piepoli, Ricardo Riccò, Stefan Schumacher, Bernhard Kohl, Floyd Landis, Tyler Hamilton, Davide Rebellin, Ezequiel Mosquera, Pietro Caucchioli, Mikel Astarloza, Alberto Contador, Alexandr Kolobnev, Fränk Schleck.  


2. Corredores que se saltaron controles antidopaje:

Jacques Anquetil, Rudi Altig, Raymond Poulidor, Italo Zilioli, Gianni Motta, Michael Rasmussen, Yoan Offredo.


3. Corredores que murieron en edad joven por paros cardíacos:

Knud Enemark Jensen (muerto en los J.J.O.O. de Roma 1960 con 23 años), Tom Simpson (muerto en el Tour de Francia con 29 años) , Jean-Claude Lebaube (39 años), Vicente López Carril (37 años),  Marc Demeyer (31 años), Bert Oosterbosch (32 años), Johannes Draaijer (26 años), Geert Van de Walle (23 años), Connie Meijer (25 años), Paul Haghedooren (38 años), Joachim Halupczock (26 años), Michel Zanoli (35 años), Denis Zanette (32 años), Fabrice Salanson (23 años), Bruno Neves (26 años), Valentino Fois (34 años), Alessio Galletti (36 años), Marco Pantani (34 años), José María Jiménez (32 años), Frank Vandenbroucke (34 años), Frederiek Nolf (22 años).

4. Corredores implicados en escándalos de dopaje 

Alex Zülle, Richard Virenque, Laurent Brochard, Frank Vandenbroucke, Johan Museeuw, Jo Planckaert, Alejandro Valverde, Jan Ullrich, Óscar Sevilla, Michele Scarponi, Ivan Basso, Francisco Mancebo, Danilo Di Luca, Alessandro Ballan, Jeannie Longo - Ciprelli, Lance Armstrong


5. Corredores tratados por médicos "sospechosos" (Michel Debackere, Bernard Sainz, Francesco Conconi, Michele Ferrari, Luigi Cecchini, Sabino Padilla, Eufemiano Fuentes, etc.): 

Eddy Merckx, Freddy Maertens, Michel Pollentier, Bernard Thevenet, Lucien Van Impe, Bernard Hinault, Laurent Fignon, Francesco Moser, Guido Bontempi, Maurizio Fondriest, Stephen Roche, Gianni Bugno, Claudio Chiappucci, Rolf Sorensen, Tony Rominger, Mario Cipollini, Miguel Indurain, Evgueni Berzin, Piotr Ugrumov, Moreno Argentin, Giorgio Furlan, Ivan Gotti, Laurent Jalabert, Johan Bruyneel, Alex Zülle, Frank Vandenbroucke, Ángel Casero, Roberto Heras, Michele Bartoli, Paolo Bettini, Damiano Cunego, Fabian Cancellara.


6. Corredores que han confesado el uso de sustancias dopantes

Jacques Anquetil, Bernard Thevenet, Joop Zoetemelk, Freddy Maertens, Dietrich Thurau, Francesco Moser, Steven Rooks, Peter Winnen, Jesper Skibby, Claudio Chiappucci,  Bjarne Riis, Bo Hamburger, Christophe Moreau, Frankie Andreu, Jesús Manzano, Filippo Simeoni, Erik Zabel, Rolf Aldag, Udo Bölts, David Millar, Tyler Hamilton, Floyd Landis, George Hincapie.

La lista es larga, demasiado larga. Afecta a todas las épocas. Algunos corredores, como Merckx, Andersen, Pollentier, Thurau, Agostinho, Kelly o Zoetemelk, si se siguiesen los procedimientos legales actuales, habrían llegado a ser sancionados de por vida. Algunos ciclistas estaban inmersos en duros litigios con sus federaciones deportivas, como Anquetil e Hinault, pero no tenían problemas, especialmente el segundo, para campar a sus anchas en el Tour de Francia. En los países del Este, en la R.D.A., los ciclistas del Estado tomaban las pastillitas azules de oral turinabol, y quizá ya experimentaban con la EPO, mientras que en "occidente", corredores como Eric De Vlaeminck, Johan van der Velde o Michel Pollentier, terminaron sus carreras con graves problemas de adicción a las anfetaminas. Y otros quedaron por el camino demasiado jóvenes. En otras épocas, curiosamente, el doping parecía tan adelantado a los controles que apenas había casos: de 1991 a 1998, por ejemplo, aquella época magnífica de Mapeis, Onces, Gewiss y Banestos, en la que corredores ya entraditos en años, tipo Rominger, Ugrumov o Riis, se convertían en fueras de serie, o gregarios del montón en auténticos escaladores (Unzaga, Mauleón, Leanizbarrutia, Díaz Zabala o el mismo Riis), o incluso los sprinters se convertían en escaladores y contrarrelojistas (Jalabert).En resumen, la época mágica del "gordo", de la que derivan los Celaya, del Amo y Bruyneel.

Está muy bien que caiga Armstrong, que se ventile esa época, y que principalmente se demuestre el cinismo de alguien que, amparado en la lucha contra el cáncer, y con la presunción de convertirse en un héroe de la misma, no buscaba otra cosa que la satisfacción de su ambición personal, costase lo que costase. Su reinado apestaba: en él no hubo casos de doping, curiosamente, hubo que esperar a su retirada para que la podredumbre comenzase a aflorar: ya se sabe, operaciones puerto y demás. Pero, por otro lado, eso no debe servir ni para exonerar a otras épocas (aquello de que "el doping empieza con la EPO en 1990"), ni para dirigir la mirada exclusivamente hacia atrás, desatendiendo las posibles trampas y fraudes del presente. Todavía se dan casos flagrantes y bien visibles de corredores que "mejoran su rendimiento" al acceder a ciertos equipos "con más presupuesto". 


El instrumento del dopaje en el este, y el rostro del dopaje en el oeste. Caído el muro, mucho se hablado del dopaje de Estado en el este para camuflar el dopaje "mafioso" del oeste. Lo que bien es cierto es que nadie tiene la exclusividad: en esto están todos pringados. 

Lo que quizá todos esperamos y no se lleva nunca a cabo es lo que a todas luces parecería indispensable para atajar el doping de raíz, a saber, que las sanciones se apliquen no solo al corredor que da positivo (que es culpable, por supuesto), sino también al director y al médico del equipo. Lo peor del podrido "mundillo" ciclista, es que está en manos de aquellos que vivieron el doping en sus propias carnes, en los ochenta y en los noventa, ya sea actualmente en forma de directores deportivos (Bruyneel, Riis, Andersen, Madiot, Bernaudeau etc.), ya sea en forma de seleccionadores (Jalabert, Bettini), ya sea en forma de periodistas (González Linares, Delgado, Cassani, Kelly, etc.). De éstos, principalmente sobran los primeros, pues la realidad muestra, una y otra vez, que el ciclista no actúa de forma individual e insubordinada, sino que sigue un plan: un plan trazado por médicos deportivos del equipo o ajenos (figuras fantasmales como Ferrari), y  que los directores deportivos se encargan de poner en marcha. En España se habla de crisis del ciclismo, pero afortudamente, engendros como Manolo Sáiz, Álvaro Pino, Juan Fernández o Vicente Belda han desaparecido de los pelotones. Que no vuelvan. 

Por otro lado, la investigación sobre Armstrong afecta a la U.C.I., en cuanto que muestra una connivencia de ésta con las prácticas dopantes de ciertos equipos: una muestra de que "siempre ha habido clases", también en el ciclismo. Este tipo de descubrimientos abre paso a todo tipo de elucubraciones: ¿algunos equipos gozan de "carta blanca"? La cuestión asusta. 

Así pues, acaba la temporada ciclista con ese regusto agridulce al que ya nos tienen muy acostumbrado el consabido "mundillo". Llego a cuestionarme la naturaleza de mis gustos. Ya somos muchos los aficionados al ciclismo algo esquizofrénicos, que nos debatimos entre el amor y el rechazo, la ilusión y la decepción, la confianza y la sospecha. El doping asemeja algo demasiado arraigado, algo a lo que recurrir con una normalidad espantosa, como si se tratase simplemente de alargar la mano hacia el bidón de agua: aunque lo peor es que junto con el doping viene también la mentira, la manipulación, la hipocresía, e incluso la coacción, como se ha demostrado en el caso de Armstrong. Al pobre Jesús Manzano lo tomaron por loco o por idiota, a Frankie Andreu por un resentido, y por desgracia, cuánta razón llevaban al hablar.

martes, 11 de septiembre de 2012

¿RESURRECCIÓN DE LA VUELTA?

El ciclismo actual exige unos actos de fe para los que a veces uno no se siente preparado. La experiencia nos invita a la sospecha continua, como una especie de mala conciencia que no nos deja disfrutar del espectáculo. Pero a pesar de todo, hay que reconocerlo, esta Vuelta a España ha sido muy interesante, sin duda la mejor vuelta por etapas del año, después del decepcionante Giro y del insulso y monocromático Tour. Personalmente, a la Vuelta siempre le encuentro muchos peros...quizá como espectador llego un tanto cansado a su inicio, no viviéndola nunca con la misma intensidad y expectación con la que por ejemplo recibo el comienzo del Giro. Aun así, hay que reconocer que la Vuelta está dejando atrás, cada vez más, ese aire chapucero que tenía en los noventa: menos politicastros chupando cámara en los podium, menos vallas que impiden el contacto del público con la gente, aunque los mismos anuncios cutres de Fertiberia y Peras del Rincón de Soto...

Esta Vuelta será sin duda recordada por la etapa de Fuente Dé: una etapa no excesivamente dura en cuanto a recorrido, pero que se hizo dura por la lucha entre los corredores y por la velocidad imprimida a la carrera. La Vuelta no se jugó en las empinadísimas rampas de la senda asfaltada del Cuitu Nigro, sino en los desniveles asequibles de Fuente Dé, quedando demostrado que rampas infernales, estrechas y empinadísimas, no deciden la carrera, pues en ellas todos los corredores van a la misma velocidad, y los mejores llegan con una diferencia que apenas llega al minuto. Quizá ese hecho deba hacer reflexionar a los organizadores de la carrera, que desde que descubrieron el Angliru van a la caza de la cuesta de cabras más infernal. El Cuitu Nigro, a mi entender, fue un final inútil además de un atentado ecológico, y como la Bola del Mundo, una tortura innecesaria y un sufrimiento para el espectador que no considera las carreras ciclistas como encierros de San Fermín.

Volvamos a Fuente Dé. Cuando ya nos habíamos acostumbrado a una Vuelta de ataquitos de último quilómetro made in Purito, y las típicas arrancadas y frenadas de Contador, llegó la etapa de Fuente Dé, y nos retrotrajo a otro tiempo. Etapa que vino después del descanso, y ya se sabe qué bien sientan los descansos a Contador. Démosle de todas formas el beneficio de la duda. Valoraré la etapa de Fuente Dé, con el ataque de Contador y la remontada espectacular de Valverde, como se merece. Ataques realizados a más de 50 quilómetros de meta eran el pan nuestro de cada día del ciclismo hasta los años noventa, pero en los últimos tiempos, salvo excepciones, eran algo realmente inhabitual. Armstrong, en sus años dorados, atacaba en la base de los puertos. Contador en los últimos tres quilómetros. Purito en el último. La cosa parecía destinada a finales al sprint en puertos de primera categoría: y entonces llegó la etapa de Fuente Dé. 


Contador repite la táctica del Tour 2011: atacar de lejos. Algo a lo que no estábamos acostumbrados desde que Armstrong impuso los ataques de último puerto. A un Armstrong al que, aun siendo el gran jefe de la omertà y el dopaje sistemático de principios del XXI, se le intenta cargar hoy el muerto de ser el "único" responsable.

Por una vez Contador jugó sus cartas con inteligencia táctica, beneficiándose del conservadurismo de los equipos rivales. El Saxo Bank, que ya había dado muestras de ser más equipo que otras veces (especialmente con el polaco Rafal Majka), lanzó por delante a Hernández y Paulinho para hacer la labor de puente. Contador atacó inesperadamente en el Collado de la Hoz, a 50 quilómetros de meta, y Valverde y Purito, seguramente siguiendo el "sabio" consejo de sus directores deportivos, decidieron no actuar. Hernández le sirvió de poco a Contador, pero sí Paulinho y el siempre fiel Tiralongo, que le debía una etapita del Giro a Contador, y que tiró de él hasta la extenuación. Purito, en cambio, no encontró ni a Menchov ni a Moreno, y demostró que, a pesar de ser el corredor más explosivo, falla siempre que la lucha se inicia demasiado pronto. Valverde lo dejó con facilidad, y acompañado de Nairo Quintana se lanzó a la persecución de un Contador que daba síntomas de fatiga, mostrando un lado más humano que otras veces. Aun así, el madrileño sacó su casta de campeón para mantener la diferencia de diez segundos que llevaba al cruzar el último quilómetro. Contador gritó de rabia, Valverde demostró su fortaleza, y Purito su entereza en la derrota (la segunda del año tras el Giro).

De todas formas, Fuente Dé no ha sido una excepción este año. Cabe recordar la etapa del Stelvio, en la que De Gendt, con un ataque en los últimos quilómetros del Mortirolo, puso en jaque toda la general, y pasó del octavo puesto al tercero, aunque por instantes se puso bien por delante del insulso Hesjedal y del demasiado conservador Purito. Quizá estas dos etapas, junto con la demostración de Boonen en la París-Roubaix y las cinco etapas de Sagan en la Vuelta Suiza, hayan sido los mejores momentos de la temporada.

La hazaña de Contador no tiene algo que sí tuvo la de De Gendt: el escenario. Pero Contador se llevó la recompensa del liderato, y De Gendt se quedó a las puertas.

Así pues, me quedo con una Vuelta en la que Contador ha decidido de nuevo atacar de lejos, Valverde ha recuperado el nivel de sus mejores años, y Purito ha jugado sus opciones en todos los terrenos a él favorables, convirtiéndose en un nuevo Di Luca. También me quedo con las imágenes televisivas, sustancialmente mejoradas en cuanto a calidad (han perdido ese toque amarillento que tenían antes). Especialmente han destacado las imágenes mostradas por los helicópteros de ciudades y monumentos, en las que claramente se ve la mano de ASO. Por otro lado, parece que la Vuelta ha dejado de lado ya de una vez ese tipo de corredores-guadiana que tando han abundando en la década del 2000, capaces de dar un salto de calidad inesperado en la ronda española, conviertiéndose de pronto en rodadores-escaladores sin igual, semi-Merckxs. Me refiero a los Aitor González, Isidro Nozal, Santi Pérez, Vladimir Efimkin, Igor Antón, Ezequiel Mosquera y un largo etcétera, de los cuales Juan José Cobo ha parecido ser el último representante. A pesar del notable salto cualitativo de corredores como Moreno y Purito en el Katusha (equipo con un largo "historial"), y el pasado sin arrepentimiento de Valverde y Contador, al menos no ha habido invitados de última hora. 

Valverde hubiese acabado mucho mejor, quizá primero, de no tener como director a  alguien con un aire tan clerical como Unzúe.
Pero también habría que destacar algunos aspectos negativos, entre los que, a la ya mencionada manía innecesaria de los finales tipo Angliru, destacaría la lamentable realización de TVE. En primer lugar, la cobertura televisiva ha sido lamentable. ¿De qué nos valen etapas prácticamente enteras, con más de 100 quilómetros de retransmisión, de la primera semana del Tour, cuando nos escamotearon de la manera más burda la mejor etapa de la Vuelta a España en años? Lamentables fueron las imágenes del Collado de la Hoz, sacadas de algún teléfono móvil o algo parecido, en las que se podía apreciar los instantes siguientes al ataque decisivo de Contador.

Y por último, me queda comentar la manita y los dos dedos al aire de Contador al cruzar la última línea de meta en Madrid. Nada que objetar a que el corredor lo haga, está en su derecho, y forma parte de toda la coartada de la puntita del solomillo. Pero que los comentaristas de televisión española, De Andrés y Delgado, legitimen las siete grandes vueltas de Contador, cuando en realidad son cinco, me parece ante todo irresponsable. Si quieren contarle el Giro de 2011, de acuerdo, puedo darlo por válido, pues aunque lo perdió por la sanción lo ganó en la carretera. Pero jamás se le puede contar como válido el Tour de 2010. Si se da por buena la puntita de solomillo, ¿por qué no restituirle el Tour de 2006 a Landis, por pentito,  y por qué no, a Rasmussen en 2007, que se "retiró" cuando lo tenía prácticamente ganado? o el Giro de 1969 a Merckx y el de 1999 a Pantani...Sin duda la reivindicación de las siete vueltas, para ponerlo a la altura ya de Indurain, y también de Armstrong y Coppi, se trata de un acto de patrioterismo digno de los periódicos "futboleros", muy parecido a la expresión utilizada por esos mismos periodistas, con un total desconocimiento de lo que es el ciclismo, para referirse al dominio español: la "roja de los pedales".

¿De verdad ha ganado siete? ¿O más bien cinco?

jueves, 14 de junio de 2012

SE EMPIEZA A BARRER...

Antes lo digo y antes sucede.  En la anterior entrada del blog hablaba de la necesidad de la limpieza en profundidad que requiere el ciclismo, a fin de despojarlo de toda la podredumbre acumulada desde años atrás. Precisamente esta misma mañana hemos podido leer en los periódicos las serias acusaciones de la USADA a las que tendrá que hacer frente Lance Armstrong y su entorno. Ya no se trata de una investigación periodística, fácilmente refutable: Armstrong se enfrenta a cargos muy serios, sólidamente argumentados a buen seguro. 

Se acusa al máximo vencedor del Tour de Francia y a cinco "colaboradores": Johan Bruyneel, su director deportivo en US postal (1998 - 2004), Discovery Channel (2005), Astana (2009) y Radioshack (2011), ex-ciclista bajo las órdenes de Manolo Sáiz (más conocido, tras la Operación Puerto, como "el gordo"), y director entre 2007 y 2009 de Alberto Contador; Michele Ferrari, médico de Lance Armstrong y por desgracia de muchos más ciclistas, púpilo aventajado del doctor Conconi; Luis García del Moral, médico del Us Postal entre 1999 y 2003; Pedro Celaya, médico de los equipos de Bruyneel entre 1997 y 1998, y entre 2004 y 2007, y actualmente médico del Radioshack; y Pepe Martí, entrenador de los equipos de Bruyneel desde 1999 a 2007, y en Astana desde 2008. Al parecer, Armstrong y los otros cinco se enfrentan a los cargos de uso de sustancias y prácticas dopantes (Epo, transfusiones sanguíneas, corticoides, testosterona, hormona de crecimiento...), tráfico con dichas sustancias y coacción e instigación al dopaje. 

De arriba abajo: Lance Armstrong, Pedro Celaya, Pepe Martí (con corredores del Astana en 2010), Johan Bruyneel, Luis García del Moral (en el centro) y Michele Ferrari.

Personalmente, no me creo las alegaciones de Armstrong, fundamentadas en el hecho de que tales acusaciones se basan en los testimonios de los "resentidos" Hamilton y Landis. Parece ser que la USADA no solo se basa en los "testimonios orales" sino también en el análisis de los valores sanguíneos del tejano en los años de su reaparición (2009 a enero de 2011), años en los que algunos laboratorios ya disponían de medios para detectar valores sanguíneos anormales, así como la presencia de Epo en la sangre. Y por otro lado, los sistemas corruptos suelen caer desde dentro, cuando alguien tiene el valor de "cantar", o simplemente por desesperación se ve empujado a ello. No es que me alegre de que tengan lugar noticias así, pero sin duda prefiero que todo salga a la luz y que los culpables lo paguen, a que sigan imperando la omertà, el fraude y la hipocresía, tan nocivas para el ciclismo. 

Ojalá se airee todo y caiga quien tenga que caer, hasta el último responsable: aunque si se hubiesen hecho bien las cosas, esto no pasaría. En 1998, cuando saltó a la luz el escándalo del Festina en pleno Tour, por todas partes se intentó echar tierra sobre el asunto: cabe recordar que los equipos españoles, apoyados por algunos medios periodísticos, lanzaron una campaña contra la organización del Tour y contra Francia ("nos persiguen", "quieren acabar con el ciclismo..."), cuando hoy se sabe que más de uno tenía trapos sucios que ocultar (de ahí la espantada de la última semana, en la que se retiraron los equipos españoles de forma masiva, aduciendo patrioterismos estúpidos). Por otro lado, si aquel año los organizadores del Tour hubiesen anulado la carrera a tiempo, no empeñándose a todo costa en que llegase a París, quizá las cosas hoy fuesen distintas. Al año siguiente reapereció Armstrong tras su cáncer, y volvió renacido, reconvertido en corredor de grandes vueltas: rodador y escalador a la par, como los grandes del pasado. Y de doping ya no habló ni dios en siete años. 

Tras retirarse Armstrong en la cima de su gloria en 2005, volvieron a destaparse casos. Los rivales de Armstrong, los denominados por él mismo como sucesores en el podio de París en 2005 (Ullrich y Basso), se vieron de lleno salpicados por la Operación Puerto. Tal operación fue otra oportunidad perdida, en parte por la inoperancia española. Por un lado, no se llegó a esclarecer al 100% la magnitud de la trama fraudulenta,  y por otro lado, de nuevo los organizadores del Tour decidieron iniciar la carrera con todo en contra. Se impidió salir a Liberty y Kelme, a Basso y a Ullrich, y aquí no ha pasado nada. En la clasificación general final (previa descalificación de Landis), los equipos con algún implicado en la Operación Puerto, obtuvieron los siguientes resultados: 1º Landis (de Phonack, con Quique Gutiérrez implicado), 2º Pereiro (de Caisse d'epargne, con Valverde y Zaballa implicados), 3º Klöden y 10º Michael Rogers (de T-Mobile, con Ullrich y Sevilla implicados), 4º Sastre (de CSC, con Basso implicado), 7º Cyril Dessel y 8º Christophe Moreau (ambos de Ag2r, con Mancebo implicado)...Estos equipos, junto con Liberty y Kelme, eran los únicos con ciclistas implicados. En su momento, me hubiese parecido lo más oportuno que ningún equipo con algún implicado hubiese participado: pero no fue así, prevaleció el interés económico antes que el deportivo. La experiencia y el sentido común nos dicen que un ciclista nunca se dopa sin el consentimiento/conocimiento/instigación de su director deportivo. 

En 2007 y 2008 las cosas se hicieron con más celo. En plena batalla entre la UCI y ASO, la lucha contra el dopaje se convirtió en un arma arrojadiza, y cada organización intentó demostrar que era ella la que realmente luchaba contra esa lacra. En un periodo con Armstrong fuera de los pelotones, por otro lado. En 2007 cayeron Vinokourov, Mayo, Moreni y... Rasmussen, líder de la carrera (pero Bruyneel hizo 1º y 2º con Contador y Leipheimer). Y en 2008, con la Agencia Francesa Antidopaje al mando de los cotroles en el Tour, cayeron Manolo Beltrán (ex-gregario de Armstrong), Moisés Dueñas, Ricardo Riccò, Leonardo Piepoli, Bernard Kohl, Stefan Schumacher y Dimitry Fofonov. Pero en 2009 volvió Armtrong tras su retirada, y al menos en el Tour no volvió a hablarse de dopaje...hasta octubre de 2010, con el famoso solomillo de Irún y con Armtrong en proceso de retirada. 

A la vista de lo dicho, la presencia de Armstrong en el pelotón ha sido sinónimo de omertà y curiosa inexistancia de casos positivos. La lucha contra el dopaje se ha desarrollado en el breve periodo de la primera retirada de Armstrong (de 2006 a 2009). También podemos deducir otra triste realidad: prácticamente la mayoría de las clasificación generales finales de las ediciones del Tour de Francia desde 1998 hasta nuestros días están en entredicho; y de antes no se sabe nada, porque no existían los medios para saberlo. Pero si la investigación iniciada en Estados Unidos sirve para renovar las estructuras del ciclismo, y para depurar responsabilidades por primera vez entre médicos y directores deportivos, bienvenida sea.