sábado, 7 de marzo de 2026

MONOTONÍA

Recuerdo vagamente un poema de Antonio Machado que nos hacían aprender en la escuela y que finalizaba con un verso que decía: "Monotonía de lluvia tras los cristales". Algo así me inspiran las victorias de Tadej Pogačar en sus citas importantes, marcadas por lo previsible, por las certezas. Ataca a 79 kilómetros de meta, se queda solo a un mundo del final, y se sabe que va ganar. No hace tanto tiempo de otro recuerdo: en 2022, precisamente en la Strade Bianche, ante la primera victoria del esloveno, en solitario desde 49 kilómetros para meta, me vino a la mente la idea de que estaba ante el mejor ciclista que habían visto mis ojos. Así lo formulé, en voz alta, y se me tomó un poco por loco, o por flipado. Ni Induráin, ni Armstrong, ni Contador, ni Valverde, ni Sagan, sino Pogačar. El tiempo en parte me ha dado la razón, pero al igual que los descerebrados votantes MAGA que hoy se decepcionan ante su líder, que ya se mete en guerras, o en "operaciones especiales" como les gusta decir, yo también estoy decepcionado ante la enésima exhibición de Pogačar. O más bien aburrido. 

 Concurso de imitadores de Eminem.


Ha sido más interesante la prueba femenina. Con Pauline Ferrand-Prevot fuera de juego por un incidente mecánico, y con Kopecky y Vollering distanciadas poco después, e incluso despistadas por un camino equivocado por una moto de la carrera, la victoria la ha disputado un grupito con Longo Borghini, Niewiadoma, Koch, Chabbey, Pieterse, Trinca Colonel, la campeona del mundo Vallieres y la incombustible Vos. Después de mucho tira y afloja, han llegado juntas a Santa Caterina, jugándose la victoria en las últimas curvas entre Longo Borghini, Niewiadoma y las dos gregarias de Vollering, Chabbey y Koch. Todo se ha decidido en la curva entre via delle Terme y Banchi di Sotto: entre Niewiadoma y Koch han hecho un sandwich a Longo Borghini, operación que ha sido aprovechada por Elise Chabbey para hacer un interior, digno de una carrera de 125 cc, y llevarse el triunfo final. Ha sido un premio merecido, puesto que Chabbey ha ido en cabeza la mayor parte de la prueba. 

La cuarta acabaría llevándose la victoria. 


Vayamos con la carrera masculina. La he intentado esquivar, dando un pequeño rodeo, pero es que el resumen de la misma es bien escueto. La retransmisión ha empezado con cierto nerviosismo, sin tiempo para entrevistas ni perfiles: quedaban 90 kilómetros y se mascaba el ataque definitivo. Se acercaba Sante Marie, el lugar en el que siempre Pogačar lanza su aceleración. Era su debut de temporada y, cómo no, iba a ganar. La única nota llamativa en los días previos había sido su casi tono monocromo: maillot blanco, culotte blanco, piel pálida y un pelo que habría hecho las delicias de Santiago Cañizares. Esa piel casi transparente y ese pelo albino, casi canoso, incrementaban su aspecto de extraterrestre. Así pues, sin más preámbulos, en Sante Marie ha llegado el ataque. Pidcock ha tenido mala suerte, con una inoportuna salida de cadena, siendo esta vez Paul Seixas el que más tiempo le ha aguantado la rueda. Pero ha sido un espejismo, puesto que a falta de 76 kilómetros el esloveno ya estaba encaminado hacia su cuarto triunfo en Siena. 



En Sante Marie dio la impresión de que Seixas podía aguantar. 

Foto de stock.


Pogačar ha puesto su velocidad de crucero e incluso ha tenido tiempo de bromear con las cámaras a propósito de la curva en la que se cayó el año pasado. Con el Colle Pinzuto y Le Tolfe rendidos a sus pies, atestados de público como la sala de la Gioconda del Louvre, con infinidad de teléfonos asomando entre la masa, algún que otro espectador ha caído en la tentación de tocar a Pogačar como si fuese la encarnación de una divinidad antigua. Está claro que los italianos, en una sequía ya casi bíblica, se han vendido al caballo ganador. La ventaja del campeón del mundo ha oscilado entre los 1:10 y los 1:40 sobre un grupo formado por Seixas, Pidcock, Grégoire, Gianni Vermeersch, Jorgenson, Christen y Del Toro. Al mexicano se le veía fácil, conteniendo a Seixas, con el que finalmente se ha marchado; pero poco ha podido hacer ante el ritmo del francés en Santa Caterina, a pesar de haber ido toda la carrera a rueda, con esa facilidad de pedaleo que tan pronto se troca en estallido.  En fin, una carrera más en el inagotable cómputo de Pogačar.  

Tranquilos, hoy la he tomado más despacio.


Seixas descuelga a Del Toro en Santa Caterina. 


Todo apunta a que Seixas es El Heredero, pero tendrá que esperar a que el Rey se canse. 




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