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| RCS y ASO (con sombrero de húsar) disputándose los restos del espectador. |
Si hay una imagen que quedará grabada en la memoria de la pasada París - Niza, esa es la de Vingegaard ganando en Uchon, tras una jornada de perros, entrando en meta con una indumentaria estrafalaria, ante la cual los fans de la marca Rapha hubieran deseado arrancarse los ojos. Las comparaciones son variadas: Cantinflas, Charlot, el antiguo Castorama... Con un culotte holgado, semejante a unos bombachos de videoclip noventero, y unos tirantes vistosos, propios de Steve Urkel, Vingegaard desmontaba de un plumazo toda la arquitectura de los marginal gains, laboriosamente construida durante años por la prensa y los equipos de comunicación de los equipos.
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| Vingegaard, todo un referente noventero |
La lluvia, el viento y el frío acompañaron a los ciclistas de principio a fin de la etapa, provocando un notable parte de bajas, entre las cuales se incluía la de Juan Ayuso, líder de la carrera. Los Red Bull - Bora aprovecharon esas condiciones para destrozar la carrera en favor de su líder, Daniel Felipe Martínez. La escabechina fue en gran parte una fechoría de los hermanos van Dyke, pero no contaron con la presencia de Vingegaard, colado como un polizón en el último vagón del expreso del Red Bull. Un ataque de último kilómetro le bastó para hacerse con el liderato, y, al día siguiente, en la etapa con final en Colombier-le-Vieux, ampliaría todavía más su ventaja, con un ataque en solitario en los últimos 20 kilómetros.
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| Él no iba a ser menos. |
Vingegaard podría
haber conseguido un tercer triunfo parcial en la última etapa de Niza,
deslocalizada de la habitual Promenade y colocada junto a un vulgar
estadio de fútbol, pero Lenny Martinez lo evitó, con un bonito mano a
mano final, en el que Vingegaard no regaló ni un centímetro. En resumidas cuentas, Vingegaard se ha paseado de norte a sur de Francia, acallando las múltiples voces que cuestionaban el inicio de temporada titubeante de su equipo, rodeado de escándalos, magnificados por la ociosidad de las redes y de la pretemporada. Las
diferencias finales han sido bestiales: Daniel F. Martínez a más de 4
minutos, después de una caída en la última jornada; Steinhauser a más de
6; el décimo clasificado, Harold Tejada, también ganador de etapa, a
más de 11 minutos. Con
esta victoria, Vingegaard consigue ganar su cuarta vuelta de una
semana, después de la Itzulia, la Dauphiné y la Tirreno - Adriatico.
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| El trofeo de la París - Niza: modo de empleo. |
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Vingegaard lanzando la bici como en Le Lioran, pero Lenny Martinez fue más rápido.
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El desarrollo de la Tirreno - Adriatico fue bastante diferente, marcado por las escasas diferencias y la ausencia de dureza auténtica. Algunos finales fueron bastante movidos e interesantes, como por ejemplo el de San Gimignano, en la segunda etapa. Al igual que las familias nobles bajomedievales competían entre sí para ver cuál erigía la torre más alta, en el final de San Gimignano los grandes favoritos se midieron el ego. En el sterrato ascendente hacia la localidad toscana se vivió un bonito duelo final a tres bandas, con Mathieu van der Poel, Del Toro y Pellizzari: el ya experimentado corredor neerlandés, asumiendo en esta ocasión el concepto de la prudencia propia de la madurez, contra los impulsivos jóvenes, excompañeros de piso, que habían dejado atrás a Jorgenson y Arensman, caídos en los tramos de asfalto.
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| En el centro de San Gimingnano, van der Poel, Del Toro y Pellizzari. |
Ya en las calles de la localidad se vivió un bonito sprint, en el que a van der Poel le costó imponerse, dada la remontada de Del Toro. En Martinsicuro volvería a ganar van der Poel, esta vez con Pellizzari en segunda posición, obteniendo así el marchigiano el liderato, por tan solo dos segundos sobre Del Toro. La carrera se iba a dirimir como en los años de Freire y Bettini, por segunditos y bonificaciones. En Mombaracció se vivió la resurrección de Valgren, tras cinco años sin ganar, y Del Toro conseguiría el liderato, ampliado en la penúltima etapa, con meta en Camerino.
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| Mathieu van der Poel en Martinsicuro. Sicuro che mi schiaffa. |
Si San Gimignano destacaba por su perfil de torres, Camerino lo hacía por las plumas de las reconstrucciones. La localidad sufrió en 2016 el terremoto de Amatrice y eran bien visibles, diez años después, las heridas del temblor. En esta localidad también se impuso en su día el malogrado Mäder en el Giro de Italia. En esta ocasión, Pellizzari lo intentó ante su público (es vecino de la localidad), movido por su fervor o incluso espoleándolo él mismo. Pero fue más bien un ataque de cara a la tribuna, y algo precipitado, puesto que Del Toro, con gran sentido del cálculo y su siempre demencial explosividad, abrió hueco cuando quiso y se llevó su victoria parcial en esta edición de la Tirreno - Adriatico, que equivalía a su triunfo final. Así pues, tras Del Toro en la general quedarían Jorgenson (con sus más y sus menos con Romo, o más bien de este con él) y Pellizzari. Mathieu van der Poel, mientras tanto, había hecho de la carrera un perfecto campo de entrenamiento, de cara a su primer gran objetivo de la temporada.
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