El Giro finalizó ayer con la victoria esperada de Vingegaard en la general final. Le han acompañado en el pódium Felix Gall y Jai Hindley. Vingegaard se convierte de esta forma en el octavo ciclista en ganar las tres grandes vueltas, tras Anquetil, Gimondi, Merckx, Hinault, Contador, Nibali y Froome. Sería indiscutiblemente el gran vueltómano de su tiempo, de no haber coincidido con su conocida némesis eslovena. Desde un punto de vista colectivo, se trata de la novena gran vuelta de Jumbo/Visma, la undécima si se suman los años de Rabobank.
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| Al Giro lo salva Italia, versión 1. |
La sensación generalizada es que ha sido un Giro flojillo, siguiendo la tendencia de los últimos años. Un Giro en el que ha habido más interés en las etapas de transición que en las de montaña, como si se hubiese invertido un paradigma. En los últimos años se han alternado Giros en los que una estrella ha arrasado (2024, este 2026), con otros de conservadurismo y espera (2021 y sobre todo 2022 y 2023). Otros años, como 2025, fueron salvados por la campana, con una última jornada memorable. En esta ocasión, el día a día ha sido entretenido, excepto las etapas de montaña, repetidas a modo de clones. Ovejas Dollys en las que siempre se ha repetido un mismo resultado: primero Vingegaard, segundo Gall, tercero Hindley (excepto en una ocasión).
Vayamos con la crónica, que prometo escueta. La había dejado en la etapa de Milán, todo un planazo de domingo, con un circuito que era carne de neutralización. Al menos la etapa supuso el triunfo de los fugados, a los que un pelotón que sesteó en exceso no dio alcance. Dversnes, Maestri, Marcellusi y Bais fueron los protagonistas, ganando finalmente el noruego. Posteriormente, los grandes y acomodados equipos de sprinters iban a utilizar el papel de las motos como excusa de su error de cálculo, minusvalorando, con un tono repelente, a los escapados, algunos de ellos auténticos especialistas en fugas que terminan bien.
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| Vingegaard levanta pasiones. |
Después del día de descanso llegó la descafeinada última semana, concebida como una cuenta atrás, sin apenas interés. En Carì, final clónico, Vingegaard ganó con un ataque algo más lejano en que ocasiones anteriores (a 6,8 kilómetros). La ascensión de Visma tuvo especial protagonismo con Piganzoli, que se guardó un poco para sus opciones personales después de lanzar a su líder. Esta etapa tuvo como contrapunto la de Andalo, de transición, pero más disputada. Donde ganaran en su día Merckx y Valverde lo hizo Valgren, jugando con zorrería con sus compañeros de fuga, Caruso, Vlasov, Rubio y Leknessund. Estos dos últimos finalmente se iban a quedar sin premio en este Giro, a pesar de haber estado en todas las peleas. A fin de cuentas, este Giro parece haberlo disputado con auténtica implicación tan solo una veintena de corredores.
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| Cuarto beso al manillar. |
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| Otro segundo puesto para Leknessund...El héroe sin capa de este Giro. |
En Pieve di Soligo, la etapa véneta entre colinas de viñedos, iba a finalizar al sprint, a pesar del cacareado muro di Ca' del Poggio. Poco pasó en él, más allá de un ataque del voluntarioso Eulálio, continuado por Kulset. La victoria fue finalmente para Magnier, después de un tremendo lanzamiento de Stuyven. Magnier debe la mitad de sus triunfos a los lanzamientos del maestro chocolatero de Lovaina. Además, el treno de Milan se ha resentido notablemente de su ausencia.
La etapa de Pieve di Pezze, la etapa reina de la edición, presentaba una distancia bien lejos de la de aquellos tapponi dolomitici del pasado. Se ascendían grandes puertos, Falzarego, Giau, Forcella Staulanza, sin las habituales brumas ni nieves en las cunetas, sino bajo un sol radiante y excesivo. No iba a pasar nada, como suele suceder en las etapas de encadenados en los Dolomitas. Se disputó ya con todo el pescado vendido. No había voluntad ni fuerzas para mover la silla a Vingegaard, de manera que la etapa fue para la fuga. El mayor aliciente fue el navajeo entre Ciccone y Rubio por los puntos de la montaña. El italiano pensaba que, por ser él quién era, nadie le iba a disputar los puntos de la montaña, pero le salió un competidor duro en Rubio, un corredor de su mismo carácter, dado a calentones. La etapa no fue ni para uno ni para otro, sino para Sepp Kuss, silencioso invitado en la fuga, que aprovechó su momento en la dura y breve ascensión final. Su triunfo, con el que completa sus victorias de etapa en las tres grandes vueltas, fue un auténtico jarro de agua fría para las aspiraciones italianas y del Lidl - Trek.
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| Al Giro lo salva Italia, versión 2. (Monte Civetta y Monte Pelmo) |
El Giro estaba pidiendo la hora. La doble ascensión a Piancavallo poco aportó, más allá de un nuevo triunfo de Vingegaard, con su ataque más lejano en este Giro (10 kilómetros) y un nuevo récord de ascensión, superando por poco al añejo de Pantani. En Roma, paseo final y victoria de Milan, que supuso un respiro de alivio para la afición italiana y para el Lidl - Trek, cuyas ambiciones ya parecían las del Titanic ante el iceberg.
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| Quinto beso al manillar. |
¿Quiénes han sido las revelaciones y las decepciones de esta edición? Comenzaré por las decepciones. En primer lugar, Giulio Pellizzari. Partía como posible aspirante al pódium, pero su efecto ilusionante se fue desinflando poco a poco, acompañado de una supuesta enfermedad. En el tramo final de la prueba, se coló en alguna fuga, pero sin éxito. Otra decepción mayúscula ha sido la de Jan Christen. En las pocas ocasiones en que se le ha visto ha dado una impresión deplorable. No ha aprovechado la ocasión de un UAE sin grandes ambiciones. Su Giro ha sido anónimo y gris. Otra decepción importante ha sido la de O'Connor, que siguiendo su habitual irregularidad, este año le tocaba una gran vuelta regulera. Su equipo ha estado prácticamente desaparecido, como muchos otros (el Groupama, el Alpecin, el Lotto...). En el ámbito de los sprinters, De Lie se retiró nada más empezar, aquejado por un virus, o sabe quién por qué extrañas dolencias, que le han acabado convirtiendo en un corredor que desaparece en las grandes citas y solo se luce en el calendario local.
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| Pellizzari y Piganzoli, croce e delizia. |
En el plano positivo, a destacar el Giro de Afonso Eulálio. Ya había demostrado ser un corredor interesante en el pasado mundial de Kigali, pero ahora se ha destapado como un corredor atacante, valiente y resistente, a pesar de que parece que las generales de las grandes vueltas no serán su lugar predilecto. Además, ha demostrado un carácter más afable y sonriente que el de otros precedentes lusos (Rui Costa, Almeida, Morgado), corredores afectados por una saudade que les impide sonreír, en algunos casos, o por una tendencia más pendenciera, a lo Mourinho, en otros. Otra de las sensaciones ha sido Piganzoli, que ha dado un gran salto de calidad, aunque ya hubiese finalizado previamente el décimo tercero y décimo cuarto cuando corría con Polti. Con la caída en desgracia de Pellizzari, la afición italiana pareció encontrar un buen sustituto en su compañero de piso, reducido a labores de gregario pero con una pequeña parcela de libertad personal. Sin salir del mismo equipo, también se ha dado a conocer al gran público Tim Rex, joven corredor belga al que han explotado en labores de gregario, ofreciendo una panoplia de gestos digna de una colección de máscaras teatrales de la antigua Grecia. Finalmente, también destacar a Alec Segaert, un corredor muy interesante para el futuro, al que habrá que seguir de cerca no solo en etapas, sino también para clásicas. En concreto, me recuerda a Stuyven, que también se inició en una Vuelta a España. Tampoco hay que olvidarse de Silva, que, como todos los Astana, ha volado en esta edición del Giro. Por último, también destacar a Igor Arrieta, uno de los pocos UAE que no había ganado casi nada y que ha estado presente a lo largo del Giro en bastantes fugas, obteniendo además un triunfo destacado en Potenza, en la que quizá haya sido la etapa más bonita y espectacular del Giro. Él y Narváez han sido los únicos que han mantenido a UAE a flote, aunque el ecuatoriano se retiró después de dar por perdida la ciclamino con Magnier.
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| Ni saudades ni pendencias, y sí mucha sonrisa a cámara. Ha nacido una estrella. |
En fin, no ha sido un Giro memorable. Llevamos varios así, en algunos casos solo salvados por destellos puntuales. Vingegaard ha ganado cinco etapas, una menos que Pogačar en 2024. RCS no puede competir con el gigantismo de ASO, que se ha beneficiado enormemente, desde la pandemia, del duelo entre Pogačar y Vingegaard, un combate continuo que ha llevado al ciclismo a otra dimensión. RCS se tiene que contentar con las migajas, e incluso su competidora, la Vuelta, aun a pesar de sus notables carencias, se beneficia del amparo de ASO. Este año el Giro incluso ha dejado de lado una de sus señas de identidad, las etapas largas, excepto el día del Blockhaus. Pero, a pesar de todo, el Giro cuenta con Italia, su principal valor. Sus paisajes, sus ciudades, sus pueblos, su arquitectura... Incluso con un público que, aun siendo menos numeroso que en el Tour y en tendencia decreciente, engalana los pueblos al paso de la carrera, con cierto punto nostálgico. Lo malo es que RCS se empeña, año tras año, en iniciar en países sin tradición ciclista y escaso atractivo, motivado por el afán de pasta, ofreciendo etapas que se conciben, en la mente del espectador, como prólogos de difícil enlace con el resto de la prueba.
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| Dos jarrones de Sevrès, un plato de plástico, el tornillo senza fine y...dos chiquillos. |








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