martes, 31 de mayo de 2016

LA BAJADA DEL AGNELLO

Somos muchos los que consideramos al Giro d'Italia como la mejor vuelta por etapas de tres semanas: la más apasionante, la más sorprendente, la más hermosa. En ella no son extraños los vuelcos inesperados, las polémicas más ácidas, los "y si..." repetidos in aeternum. El ganador puede serlo gracias a su fuerza pero también a su astucia e incluso, como gusta tanto a la prensa italiana, gracias a oscuros complots. El perdedor podría haber sido ganador de haber mediado entre él y la victoria un poco más de fortuna, o un equipo mejor, o más alianzas en el pelotón. De este modo, la historia del Giro puede ser considerada una larga lista de "y si..."(s), alimentados por una afición y una prensa predispuesta por idiosincrasia peninsular a buscar siempre los tres pies al gato. Los helicópteros de la crono de Verona, el affaire de Savona, la traición de Sappada, el "complot" de Madonna di Campiglio, historias de medias verdades contadas y recontadas una y mil veces, hasta la extenuación o la tergiversación total, a las que quizá un día se una la bajada del Agnello.

Un instante de duda que vale un Giro


Steven Kruijswijk, joven escalador holandés, pelirrojo, pecoso, ancho de hombros y estrecho de caderas (como si se tratase de un albino nadador keniata), lo tenía todo para ganar este Giro. O casi todo. Una renta de tres minutos sobre el segundo clasificado, Esteban Chaves, y todavía dos etapas de montaña por delante. Vincenzo Nibali, su rival más complicado, parecía por completo fuera de juego después de una cronoescalada desastrosa y una crisis aparentemente total en Andalo. Perdía cuatro minutos y cuarenta y tres segundos con respecto al holandés. Desde su ambiente se esgrimían ya todo tipo de excusas, desde las bielas a una posible enfermedad, amplificadas por la prensa italiana, que había puesto todas sus esperanzas patrióticas en sus manos, a falta de alguien mejor.

Así pues, con lo squalo convertido en sardina, el holandés lo tenía todo para ganar. Kruijswijk se mostraba como pocas veces lo hacen los líderes, saliendo con suficiencia a cualquier ataque, incluso de gregarios. Aunque precisamente la necesidad de salir a cualquier ataque evidenciaba su punto débil: la ausencia de equipo.

¿Seguiría el mismo camino que Hesjedal y Hampsten o el de Olano y Evans?

La decimonovena etapa, con final en Risoul previo paso por el Col del Agnello, no parecía excesivamente peligrosa. Corta, con más subida que llano, podía ser manejada por un líder sin equipo pero en un estado de forma excepcional. La que parecía más complicada era la etapa siguiente, la que finalizaba en Sant'Anna in Vinadio, con tres puertos (Vars, Bonette y Lombarda) y la subida final de la meta, pues con varios puertos de salida se podía poner en jaque a un líder sin compañeros. Aunque ninguna de las dos alcanzaba en kilometraje y número de puertos al tappone dolomitico de Corvara, en el que Kruijswijk y Chaves habían abierto un importante hueco sobre el resto de rivales. En Valparola, tras un ataque de Nibali, Kruijswijk y Chaves se habían acabado marchando después de un ascenso demoledor al Passo Giau. En las dos etapas siguientes, Kruijswijk había ampliado su ventaja, cosechando tres segundos puestos consecutivos.

Chaves y Kruijswijk subiendo Valparola
De este modo, con la clasificación bastante clarificada, comenzó la decimonovena etapa en la mítica Pinerolo. Los 162 kilómetros consistían en el acercamiento y ascenso al Agnello, cima Coppi, bajada y subida a Risoul. Por delante se marchó una escapada, con varios Movistar (Rojas, Sutherland, Herrada), Astana (Kozhatayev y Scarponi) e incluso Orica (Plaza), pero ningún Lotto-Jumbo. Scarponi coronó el Agnello, contando con un amplio margen como para llevarse el triunfo de etapa. La subida estaba cobrándose sus primeras víctimas, como es normal en un puerto de más de 2.700 metros en el que la vegetación comienza a escasear, llega la niebla y sobre las laderas se dibujan las primeras lenguas de nieve. El Giro hasta el momento había sido nervioso y trepidante. Todas las etapas se habían rodado a gran velocidad, con dominio de Kittel y Greipel en los sprints, y finales muy intensos en Praia a mare (con victoria de Ulissi), Arezzo (con victoria de Brambilla) y Asolo (con nueva victoria de Ulissi, pero con una más meritoria demostración de fuerza de Bob Jungels, revelación de la carrera). Subidas ratoneras y empinadas como Alpe di Poti, con sterrato, Forcella Mostaccin o Cima Porzus, habían puesto el picante necesario a cada etapa, esa salsa siempre bien condimentada que ofrece el Giro. La velocidad de la carrera había comportado ya importantes retiradas, como la de Dumoulin. Pero quizá la más sonada había sido la de Landa, gran favorito de muchos (entre los que me incluyo), nada menos que el día después de la jornada de descanso. Con todo lo que la historia nos ha enseñado sobre esos días de "descanso activo".

Jungels: rodador que se defiende en montaña y que además sabe explicarse...¿ha nacido un nuevo campeón?


En las últimas rampas del col del Agnello, flanqueadas por paredes de nieve como en las míticas fotografías de Coppi, Chaves lanza su ataque. El sonriente Chaves ha llegado al Giro sin prácticamente días de competición, como quien dice "de la playa", y está casi tan intratable como Kruijswijk. Le siguen el líder y Nibali, Valverde cede. Al murciano no le sientan bien ni las alturas ni el frío. Por detrás quedan Zakarin, Majka, Urán, Pozzovivo, i soliti ignoti. Comienza el descenso. 

La realización nos privó del plano en directo. Concentrados en cambios de cámara sinsentido o tomas de meta con bimbi e ragazze, vimos ya a la maglia rosa en el suelo. Con las heridas todavía calientes, el holandés se dispone a recoger su Bianchi del suelo. El mecánico del coche Vittoria le ayuda a colocar de nuevo en su sitio la cadena. Kruijswijk parece desorientado pero calmado al mismo tiempo. En realidad la caída no ha alterado su expresión de aparente control de la situación. Poco después vemos la repetición del dramático suceso. En el estrecho descenso del Agnello, con la carretera encajonada entre taludes de nieve, Kruijswijk toma mal una curva, y cuando parece que va tumbarse más, rectifica la trazada, se yergue e impacta contra el talud de nieve sin posibilidad de atenuar el golpe. Da la voltereta entre la nieve y el aire, golpeando con los riñones sobre el asfalto. Su Bianchi sale despedida unos metros por delante. Precisamente por saberse sin equipo, el holandés había puesto excesivo celo en seguir el endiablado ritmo de Nibali. Lo squalo cimienta su victoria en un descenso, al modo de il Falco. 



El infierno blanco de Kruijswijk


Kruijswijk parece aturdido, con dificultades para seguir. Tendrá que cambiar de bicicleta, de manera que el grupo de Valverde le pasa como una exhalación. Nibali y Chaves se están marchando, aunque Kruijswijk todavía tiene un buen colchón de minutos. Ventaja que irá desapareciendo poco a poco, como un castillo de arena dispersado por la brisa. El descenso es largo, pedalabile. Pasado el tren del grupo de Valverde, el líder se desfonda en una persecución en solitario durante la cual van aflorando el dolor de una caída fea y el hundimiento moral de una renta de tiempo que se esfuma.

A la caza de un Giro que se esfuma.

Pero el Agnello no será solo la tumba de un Giro que ya parecía holandés. También será el final de las esperanzas de Valverde y la retirada de carrera de Zakarin. El murciano, a veintitrés segundos de Chaves, tenía todavía muchas opciones para la general. Por delante Scarponi se paró en seco, sacrificando su cantada victoria de etapa para tirar de su líder. Herrada y Rojas, hombres del Movistar que marchaban por delante, poco pudieron hacer para Valverde: Rojas fue cogido en las últimas rampas del Agnello y se quedó cortado en la bajada, mientras que a Herrada le faltaron las fuerzas. Como a Jesús Hernández, que nunca anduvo sobrado de ellas. Mientras tanto, en el grupo de cabeza Pirazzi, siempre tan pestoso, se unía los relevos, sin tener nada que ver en la fiesta organizada, en una de esas "colaboraciones desinteresadas" que tantas páginas han escrito en el Giro.


Además, el descenso se cobró otra víctima: el impetuoso Ilnur Zakarin. La cámara del helicóptero captó unas imágenes escalofriantes del ruso tendido en plena ladera, con la bici a varios metros de distancia, sin la rueda delantera. Afortunadamente la caída no tuvo graves consecuencias, pero supuso su retirada. El tártaro hubiese sido una ayuda fundamental para Valverde en esa larga persecución que ganó claramente el Astana. Al campeón murciano difícilmente se le presentará una oportunidad tan propicia para hacerse con una gran vuelta. De haber contado con algún compañero más en el descenso, o incluso de haberse implicado más él en primera persona en esa persecución, podría haberse quedado a una diferencia de Chaves que no hubiese sido posible remontar por parte de Nibali. Hay que tener en cuenta que el grupo de Valverde inició la subida de Risoul tan solo con diez segundos de diferencia con respecto a la cabeza de carrera: si hubiesen conectado con el grupo de Nibali y Chaves durante el descenso, Valverde podría haber sido ganador del Giro. Pero todo esto son conjeturas, pues la táctica del equipo ideada por Chente García Acosta estaba enfocada a objetivos dispares e inasequibles en conjunto: etapas para Visconti, top ten para Amador y clasificación por equipos. Típicas migajas que invalidan la victoria final, y que dan lugar a situaciones  inexplicables y contraproducentes, como la actitud de Visconti durante todo el Giro.

Valverde, Zakarin y Kruijswijk camino de Andalo.
En Risoul Nibali dejó atrás a Chaves, que aun así se convertiría en efímero líder de la carrera con sólo 44" sobre el de Astana. Nibali reencontraba le gambe, en una de las resurrecciones de última hora a las que nos tienen acostumbrados los kazajos. Por detrás, Kruijswijk encontró colaboración en Jungels, aunque fue un intento vano, pues cuando volvió la subida, las fuerzas y los ángeles protectores le abandonaron, dejándolo a merced del implacable cronómetro. En meta era consciente de haber perdido "su Giro".

"He perdido mi Giro"

Al día siguiente, en el colle della Lombarda Nibali asestaría su golpe definitivo, llevándose así un Giro en el que él había ido a más mientras que Chaves había terminado claramente con pocas fuerzas. Scarponi y Kangert fueron de nuevo los puntales del siciliano en su nueva victoria. Un triunfo para el que no dejó de lado en ningún momento la actitud combativa, a veces incluso soberbia, que le caracteriza. Valverde en cambio, manso como es, se contentará con el podio. Uno más.

Nibali en Risoul: the winner takes it all.


¿Había arriesgado demasiado en el descenso Kruijswijk? ¿Habia coronado el Agnello aturdido, y por ello había errado en esa curva? Sin duda las cosas hubiesen sido algo distintas de haber tenido un compañero. Todos desaparecieron durante la subida del Agnello, pero su director, Addy Engels, no tuvo la perspicacia de mandar algún corredor por delante. Lo mismo le sucedió a Dumoulin en la Morcuera, a las órdenes del mismo director y sin compañeros a la vista. ¿Qué hubiese pasado de tener mejor equipo o mejor director, y de seguir una estrategia más adecuada? Pues seguramente hoy no estaríamos hablando de la milagrosa resurrección de Nibali y de su cuarta gran vuelta por etapas, ni siquiera del abrazo de Nibali con los padres de Chaves. Seguramente la bajada del Agnello no hubiese acabado convirtiéndose en uno de esos recurrentes "y si..." de la historia del Giro.  



viernes, 29 de abril de 2016

ÉPICA, ABURRIMIENTO Y TRAGEDIA EN LA TEMPORADA DE CLÁSICAS DE 2016

A estas alturas del año, ha llegado la hora de hacer balance acerca de lo que ha dado de sí el primer cuarto de la temporada ciclista, la campaña de clásicas. En estos momentos se está disputando el Tour de Romandie, carrera que antes era preparatoria para el Giro y que en los últimos años se ha convertido en una de las tantas escalas de los hombres-Tour antes de la anodina cita de julio. Se trata de una carrera propicia para demostraciones extrañas y que pocas veces - por no decir ninguna - me ha acabado enganchando. Tan sólo los paisajes ordenados de Suiza, donde todo parece terminado y en su sitio, atraen mi atención a la espera del Giro, carrera que aunque no siempre ofrezca buen ciclismo, siempre colma las expectativas culturales y paisajísticas que también atraen al consumidor de ciclismo.  

Así pues, toca echar la vista atrás sobre unos meses de marzo y abril que suelen concentrar más calidad que en el resto del año ciclista. Este abril sobresale una París-Roubaix que ha recuperado la épica que antes era consustancial a esta clásica, aunque como sucediese el año pasado con la espectacular Gante-Wevelgem, el vencedor desmerezca notablemente al desarrollo de la prueba. 

Comencemos por marzo. La Milán-Sanremo tuvo un desarrollo dentro de su particular cánon de últimos kilómetros trepidantes e incertidumbre hasta el final. Quizá este año las caídas marcaron en exceso su desarrollo, así como las polémicas a ellas aparejadas, dando lugar a un processo en el mejor -o peor- modo italiano que superó incluso a la propia carrera. Matthews y Démare se fueron al suelo antes de la Cipressa, y solo el francés pudo conectar con el grupo delantero en el llano de Arma di Taggia, en una demostración que suscitó más de una recriminación por parte de corredores italianos. Todo ello en un contexto de críticas y descrédito hacia el ganador y a la suavidad del recorrido, emitidas incluso por el propio periódico organizador de la carrera. Por si faltara poco, la caída de Gaviria poco antes de entrar a vía Roma y el fallo mecánico de Bouhanni en la misma recta de meta, añadieron un poco más de demérito a la victoria de Démare, que se vio rodeada de demasiados "y si...".  Lo cierto es que el principio de año de FDJ está siendo todo menos convencional, y el sprint en vía Roma fue una demostración de superioridad insultante por parte del ex-campeón francés.



Luego vinieron las clásicas de acercamiento a la Ronde, que poco a poco le han ido ganando terreno en interés y alternativas. El G.P. E3 de Harelbeke y la Gante-Wevelgem se jugaron de lejos y ofrecieron interesantes movimientos tácticos. En el caso de la carrera de la autovía, se formó una dupla imperial con Kwiatkowski y Sagan, en la que el polaco humilló en el sprint al campeón del mundo. Parecía entonces que la campaña de clásicas de "Kwiato" iba a ser todo menos ramplona; pero el polaco es un corredor guadianesco, habituado a dar una de cal y otra de arena, con exhibiciones de übermensch y desfallecimientos de otros tiempos.



La Gante-Wevelgem se reivindicó como sexto monumento, ofreciendo su imagen más tradicional frente a una menguante Ronde van Vlaanderen, cada día más falta de hitos. Pues la Gante-Wevelgem los tiene en abundancia: el monte Kemmel, subido este año por la empinadísima cuesta del osario, la larga recta hasta Wevelgem, el paso por la fantástica y reconstruida Ypres, los cementerios de la guerra del 14, etc. Un terreno predispuesto a la batalla y a los grandes vendavales, que tampoco deslució este año. Al sorprendente Kuznetsov se le unió el trío de favoritos, formado por Sagan, Vanmarcke y Cancellara. Rodaron como caballos desbocados con el ruso guardando fuerzas a rueda, de modo que en el sprint casi da la campanada. Sagan pudo quitarse de encima su mal fario con una victoria con el arco-iris y Cancellara demostró que lo suyo nunca fue el sprint, a pesar de quejarse con bastante mala sombra de lo perjudicado que había quedado en Sanremo por la caída de Gaviria.



A pesar del espectáculo presenciado, la muerte de Antoine Demoitié atropellado por una moto de carrera quitó relevancia al ganador, al recorrido y al desarrollo de la carrera. Un atropello más, sin responsables, con un desgraciado e irreparable desenlace en este caso, después de muchos avisos previos tanto en clásicas como en grandes vueltas. Lo que fue un asesinato por imprudencia se resolvió con un carpetazo "y a otra cosa", aduciéndose incluso el argumento falaz de que el ciclismo "es un deporte de riesgo". 

Rodeada de un ambiente tan sombrío llegó la Ronde van Vlaanderen, convertida en espectáculo para borrachos en vez de en momento crucial del año. No me cansaré de decir que una carrera se lo debe todo a sus hitos, ya sean el Poggio y sus invernaderos, el Stelvio y sus paredes de nieve, el Tourmalet y sus apartamentos, la Madonna del Ghisallo y sus campanas repicando, el bosque de Arenberg y sus banderolas o incluso la llegada a Lieja con el plano aéreo del estadio del Standard. La Ronde ha perdido su "símbolo", el Muur Kapelmuur de Geraardsbergen, y con él gran parte de su encanto: el plano áereo de Geraardsbergen, los planos fijos del Muur, el mito del que pasa primero el Bosberg vence la carrera... Aunque por justicia tengo que admitir que el mito cayó algo antes de la desaparición del Kapelmuur del recorrido, y tiene una fecha concreta: 2010.  Además, este año venía precedida de un acontecimiento tan trágico que se afrontaba la carrera sin excesivas ganas de ciclismo. 

En cuanto al desarrollo de la prueba, comenzó con las caídas de Van Avermaet y Benoot, que perdieron así gran parte de su temporada. Posteriormente, Kwiatkowski dinamitó de nuevo la carrera llevándose a Sagan consigo, mientras Cancellara jugaba al tacticismo rajoyano de esperar acontecimientos. Por delante marchaba un grupo de escapados entre los que figuraba Imanol Erviti. La verdad es que no recuerdo muy bien el desarrollo de la carrera, que por momentos fue confuso (tendría que volver a verla).  Kwiatkowski desapareció rápidamente disuelto como un azucarillo cuando la cosa comenzó a ponerse seria. Se esperaba a Terpstra y Kristoff, que anduvieron claramente por debajo de las expectativas, y el arreón final de Cancellara no le permitió dar caza a Sagan, que hizo del Paterberg su particular cuesta de Richmond. En las carreteras de acercamiento a Oudenaarde  tuvo lugar una interesante persecución entre Sagan por delante y Cancellara y Vanmarcke por detrás. El voluntarioso belga decidió devolverle al engreído suizo su escaqueo de la Roubaix de 2013, y el eslovaco hizo toda una demostración de sus dotes de rodador. En fin, la consagración definitiva de Sagan, venciendo con el arco-iris como Bobet, Van Looy, Merckx y Boonen,  y consiguiendo un doblete con Wevelgem como Van Looy, Godefroot y el propio Boonen.



Cuando poco o nada se esperaba de la París-Roubaix, condenada desde hace unos años (quizá desde el mismo 2010) a cierta monotonía, se desveló de nuevo como aquella reina de las clásicas que fuese en su día. A ello contribuyó sin duda la retransmisión íntegra, que ofreció unos primeros kilómetros muy interesantes, rodados a una gran velocidad, en los que se desarrolló una intensa lucha por crear la escapada. Una fuga que tendría finalmente su trascendencia, pues en ella estaría el ganador de la prueba: el sorprendente Mathew Hayman. 

Las caídas - ese mal a evitar - afectaron de nuevo a la carrera, dejando cortados a dos de los grandes favoritos: Sagan y Cancellara. Por delante quedaron Vanmarcke, Stannard, Boasson Hagen y...Boonen. El recordman de Roubaix contribuyó a subir el nivel de la prueba, pues sin ser ya tan demoledor sobre el pavé como en sus mejores tiempos, puso alma, fuerza y empeño en echar tierra de por medio y evitar una victoria de su archienemigo Cancellara. Dieron caza a los fugados - entre los que también se encontraba Erviti de nuevo -, y tan solo un sorprendente Hayman pudo aguantar el ritmo de los cuatro percherones de cabeza. El que fuera gregario de Flecha ya se había dejado ver previamente tomando unos metros de ventaja sobre el grupo de fugados en uno de los tramos de pavé, mostrando fuerzas sobradas. En el Carrefour de l'Arbre lo intentó Vanmarcke, que obtuvo una ganancia que parecía ya definitiva, pero acabó desinflándose sobre el asfalto. De esta manera los cinco se la jugaron en unos últimos kilómetros de infarto, de los mejores que recuerdo en años, con Hayman como invitado. Stannard, Boasson Hagen y Boonen lanzaron ataques que parecían los defintivos, todo fuerza y desarrollo: pero más bien eran los intentos vanos de cuatro hombres fatigados fuera de su medio, boqueado sobre el asfalto como peces sobre la arena. Mientras tanto, Hayman esperaba. 

Poco antes de entrar en el último kilómetro, Hayman asestó su golpe de gracia. Inusitada fuerza para un escapado, que "vacilaba" de esta manera a los supuestos favoritos. Boonen se lanzó en su persecución, en toda una demostración de fuerza que quedará gravada en la retina de muchos como su casi seguro canto del cisne. Todo un despliegue de potencia y valentía, esta vez estéril. En el último kilómetro daba alcance al australiano, lo más seguro con algún año menos de vida en su futuro dado el enorme esfuerzo realizado. Ya en el velódromo se produjo el reagrupamiento, y en un desliz de principiante por parte de Boonen, o en derroche de fuerza suprahumana por parte de Hayman, se produjo el desenlace. El australiano tomó la cuerda, pasó la última curva en cabeza y ya nadie pudo remontarle. De nuevo un australiano venciendo y ultrajando un monumento, con cara de espanto o sorpresa absoluta al cruzar la línea de meta.



Final agridulce, por tanto, continuado por la prolongación cansina de las Ardenas, como era previsible. Estas carreras se fían a los últimos kilómetros, al repecho final, dándose previamente escenas de marcaje, reserva de energías e inusitada velocidad al paso de las cotas. La Amstel fue de las peores que recuerdo, y ya es decir. Otros años Freire, Sagan o Gilbert habían logrado sacar a la carrera de su particular somnolencia, aunque no nos engañemos, aquí ganó Ivanov también. Y Gasparotto este año, que esperó con astucia su momento a rueda de Valgren Andersen para asestar el golpe definitivo y dedicar la victoria a su compañero recientemente fallecido.



La Flècha tuvo su habitual desarrollo, con un "patapum pa'arriba" carente de toda táctica en el que Valverde es el rey. Lo que resulta alarmante es la ausencia de alternativas por parte del resto de equipos, que confía a ciegas en un sprint en cuesta en el que poco o nada tienen que hacer ante el poderío murciano. Realizó toda la subida en cabeza, marcó a sus rivales y asestó el golpe en el mismo lugar de siempre; incluso giró la cabeza para ver la diferencia realizada en el mismo lugar que en los dos años anteriores. Movimientos mecanizados, victoria estudiada de antemano por un alumno poco dado a saber leer las carreras. El muro de Huy es su particular terreno para el veni.vidi, vinci. 



Y finalmente llegó la Lieja, punto final de esta temporada de clásicas. Para muchos lectores del Marca fue durante mucho tiempo la única clásica potable, la única que no era una lotería. Hoy se sabe que es un bodrio en el que desgraciadamente se han dejado ver tipos de artes dudosas como Bettini, Di Luca, Etxebarría, Rebellin, Boogerd o Vinokourov. De modo que esta vez, como un guiño a ese pasado reciente del que el ciclismo no puede despegarse, como si se tratase de una mancha que no sale a pesar de infinitos lavados, aparecieron actores de esos años en los que el naranja se dejaba ver con asiduidad en los toboganes de Lieja, con sus fábricas apocalípticas y sus barrios de ladrillo a la inglesa. Después de la nevada en Haute Levée, el marcaje del Movistar con Rory Sutherland, los sorprendentes movimientos tácticos de Betancur en Saint-Nicholas, ahí estaba Samuel Sánchez en la cuesta empedrada de la rue Naniot, tras Albasini, Rui Costa y Poels.



En fin, dureza previa, rodeada de bosques hermosos y este año gélidos, que poco sirvió, pues se confió de nuevo en los kilómetros finales. El cuarteto abrió hueco y en la cuesta de Ans no se le pudo dar alcance. Al menos debemos contentarnos que no se jugase la victoria en la subida final, como en 2013 o 2014, o al sprint como en 2015. Rui Costa comenzó a escaquearse, Samuel Sánchez, con 40 años recién cumplidos, hacía bastante con aguantar, y ya se masticaba una nueva victoria del Orica, esta vez con un corredor ya canoso y cazaetapas en vueltas locales. Al menos la Doyenne se resolvió con algo de dignidad y Wouter Poels se hizo con la victoria, arrancando con fuerza tras la última curva. Además, como dato positivo, la carrera no recayó en ninguno de los "pancarteros" habituales, ya sea Purito, Gerrans o el irlandés. 

Una primavera ciclista más ha pasado, con momentos interesantes, otros anodinos y desafortunadamente otro muy trágico. Una muerte por desgracia demasiado anticipada, que se une a la serie de descréditos que este deporte sufre (motores ocultos, médicos sospechosos, enfermedades que aumentan el rendimiento, organizadores y directivos que se despreocupan de la salud del ciclista, etc.), y que como suele señalar el autor del interesante blog "ciclismo2005", nos lleva a pensar que "el enemigo está dentro". 

domingo, 20 de marzo de 2016

GUIÓN PREVISTO EN SANREMO: POGGIO DESCAFEINADO Y FINAL CON UNA PIZCA DE DRAMA

Viene siendo habitual que una vez finalizada la carrera más larga del año, emerjan las voces críticas de siempre. "Poca dureza", "carrera para velocistas", "carrera aburrida", "una lotería", "ganadores desconocidos". Parece mentira que muchos todavía no sepan que lo específico de la Milán - Sanremo es precisamente su guión ya escrito, de manera que cada edición aporta pequeñas y sutiles variaciones a partir de una partitura que casi siempre suena igual: escapada matutina, crescendo en la Aurelia, escaramuzas en la Cipressa, escapada abortada en el llano entre colinas, ataque en el falso llano final del Poggio, descenso vertiginoso y final con sorpresa, casi siempre al sprint.


Bien es cierto que de esta esta edición apenas se recordará algo más que el vencedor y la caída de Gaviria. No ha habido fuegos de artificio ni en Cipressa ni en el Poggio. No ha sido una edición para enmarcar como la del 2011. Tan sólo el sky pareció querer plantear algo diferente a la llegada masiva, aunque contasen con Swift y hubiesen perdido a Geraint Thomas. Los demás se limitaron a esperar acontecimientos, o bien porque confiaban en su punta de velocidad, o bien por estar habituados a permanecer a la expectativa (Valverde). Katusha en concreto notó enormemente la ausencia de Paolini, la derny tras la cual el gigantón noruego afianzó su victoria de 2014 y su segundo puesto en 2015.

A pesar de todo, el desarrollo anodino de la Cipressa y el Poggio se ha visto compensado con unos dos kilómetros finales caóticos y bastante entretenidos, en los que se notó la dureza del kilometraje y la ausencia de equipos que controlasen la carrera. Afortunadamente han pasado a la historia los años en los que casi un treno al completo pasaba el Poggio, para lanzar, como si fuese una etapa cualquiera en Maddaloni o Rovigo, a Cipollini o Petacchi. En esos dos kilómetros finales, ya en las calles de Sanremo, apareció de nuevo el genio protector de la carrera, ese que con una mezcla de justicia y azar da a la clásica su carácter impredecible y teatral. Ese mismo geniecillo que actuó para hacer vencer a Freire en 2004 aprovechando un despiste de Zabel, o a Tchmil y Pozzato atacando en el último kilómetro.

En Sanremo todo es posible.
Recapitulemos. La carrera comenzó a ponerse interesante al pasar el capo Berta, como suele suceder.  Marchaban escapados habituales de la Aurelia, como Matteo Bono, Jan Barta y Maarten Tjallingii. El progresivo incremento del ritmo en el grupo fue creando cada vez más nerviosismo, provocando caídas, una mala costumbre de los últimos tiempos. Michael Matthews y Geraint Thomas fueron los más perjudicados, pero también al pie de la Cipressa se fue al suelo el que resultaría ganador, Arnaud Démare. Los escapados fueron cazados en las primeras rampas de la Cipressa, entre los olivos. En esta primera ascensión tan sólo se movieron Giovanni Visconti e Ian Stannard, que acometieron la bajada con escasos segundos. En el llano se les unieron Daniel Oss (otro habitual), Fabio Sabatini y Matteo Montaguti. Mientras tanto, en cola (y sin imágenes de televisión), la FDJ lograba lo imposible: meter a Démare de nuevo en el gran grupo.

El viento de cara fue el gran enemigo de los ciclistas, el que imposibilitó que los ataques prosperasen más tiempo. De hecho, el grupo de Visconti, Stannard, Oss, Sabatini y Montaguti fue cazado poco después de Arma di Taggia, antes de empezar el Poggio. Este viento contrario impidió movimientos espectaculares en el Poggio, si bien parece ser que se trató de una de las ascensiones más rápidas de los últimos años. Sólo se movieron Andrea Fedi, Tony Gallopin y finalmente Michal Kwiatkowski. El polaco lanzó un ataque muy al estilo de Ponferrada, en el falso llano que va de la iglesia al pueblo de Poggio di Sanremo. Por detrás apenas hubo respuesta, sólo Nibali forzó un poco el ritmo,  de manera que en la curva de la cabina telefónica Kwiatkowski contaba con apenas 2 segundos sobre un grupo muy numeroso, liderado por Nibali.

El descenso no fue tan espectacular como siempre. Sólo Kwiatkowski hizo algún numerito, pero Sagan se mostró especialmente cauto, forzando a que Cancellara, Nibali e incluso Valverde asumieran más riesgos. A pesar de ello, Kwiatkowski no hizo un hueco suficiente, y ya en el Corso Cavalotti Cancellara, con Matteo Trentin soldado a rueda, lograron darle alcance. Es entonces cuando empezó el espectáculo auténtico, con equipos desorganizados, escaramuzas abortadas y un último kilómetro algo accidentado. Boasson Hagen y Van Avermaet lo intentaron ya bajo el triángulo rojo del último kilómetro, siendo alcanzados por Sagan, Gaviria y Cancellara. Al dejar de lado la fuente que da acceso a la Via Roma, el quinteto relajó el ritmo, siendo alcanzados por una treitena de corredores. El sensacional colombiano contaba con una muy buena colocación para afrontar un sprint que nunca es fácil controlar, por la distancia a la que los velocistas se quedan sin abrigo, por el kilometraje acumulado y por picar muy ligeramente hacia arriba. Entonces sucedió lo impredecible.

Gaviria cae, Sagan, Cancellara y Swift evitan la caída.

Desafortunadamente se trató en este caso de una caída. En un despiste, Gaviria hizo el afilador con Van Avermaet y se fue al suelo. Cayó solo, pues Sagan, Cancellara, Swift y Colbrelli, que marchaban a rueda, hicieron equilibrios para esquivarlo, perdiendo como contrapartida unos metros decisivos para afrontar el sprint. Aprovechando el caos general, Jürgen Roelandts lanzó un duro ataque (¿sprint lejano o ataque de último kilómetro?) al entrar en Via Roma. Fue un movimiento alocado y genial, en la misma línea en la que luchó contra el viento infernal camino a Wevelgem. De todas formas, Bouhanni parecía tener controlada la situación, marchando casi a su rueda.

El sprint se lanzó. Parecía un duelo entre Bouhanni y Démare, tantas veces rivales (y a la larga, representantes de dos Francias diferentes), a la caza de Roelandts. Pero algo falló en la bici de Bouhanni (¿el cambio?) y apenas pudo levantarse del sillín. El camino parecía libre para Démare, seguido del británico Swift. Aún así les costó superar a Roelandts, cuyo ataque final/sprint largo estuvo a punto de dar la campanada. El francés fue abriéndose paso, con fuerza y limpieza, en una Via Roma que nunca pareció tan ancha. Victoria para la promesa francesa por tanto, después de unos últimos kilómetros de infarto.



2º Swift, 1º Démare, 3º Roelandts



En el processo posterior, comenzaron las voces críticas. Démare no parece suficiente nombre para muchos, que no dudan en colocarlo anticipadamente en el mismo grupo que los muñecos rotos Goss y Ciolek. Otros han preferido quedarse en los "y si..", pensando que Gaviria (e incluso Sagan) le hubiesen puesto la victoria mucho más difícil a Démare. En Italia han surgido muchas voces en la línea de endurecer la carrera, haciéndole el juego a Nibali, que al parecer está de morros con la organización después de la anulación de la etapa reina de la Tirreno - Adriático. No hay que olvidar que la Pompeiana era todo un guiño de Acquarone a la única estrella italiana del momento, y finalmente no prosperó. En ese sentido, vuelve el ritornello italiano de la ausencia de dureza que propicia victorias extranjeras y ganadores extraños. Parecen haberse olvidado de lo que gustaron a la prensa y a la RAI las victorias de Cipollini (en su año mágico, más preparado que un caballo del Grand National) y Petacchi.

Gaviria acompañado de Brambilla. ¿Futuro vencedor de la Classicissima?

De hecho, en Italia llevan ya diez años de sequía, acercándose a los 17 que mediaron entre las victorias de Petrucci (1953) y Dancelli (1970). Para sobreponerse a la desesperación del público ante las victorias de belgas y de Poblet, y poder así seguir vendiendo periódicos, Torriani incluyó el Poggio en 1960. La cosa no funcionó: Adorni y Balmamion fueron humillados por Den Hartog en 1965, y Merckx se deshizo de las vedettes italianas (Gimondi, Motta y Bitossi) en 1967 con insultante facilidad. Las otras décadas no fueron mejores. Sólo dos victorias italianas de 1971 a 1980, con tiranía de Merckx y De Vlaeminck incluidas.


La pertinaz sequía (victoria de Merckx ante Motta, Bitossi y Gimondi en 1967)

La década siguiente comienza con victoria extranjera de nuevo (Alfons De Wolf), aunque se argumentase que había vencido debido al marcaje de Moser y Saronni. Se introdujo la Cipressa en 1982, con el resultado menos esperado: victoria del desconcido francés Marc Gomez, después de una fuga matutina con Alain Bondue. En resumen, la década no remontó para los intereses del periódico organizador: sólo 3 victorias italianas de 1981 a 1990.

Una de las grandes victorias en Sanremo: Saronni en 1983. Moser al año siguiente se llevará la suya, en el primer "año mágico" de la historia del ciclismo.


En los noventa, en plena época dorada de la EPO, aumentaron un poco las victorias (y su vistosidad): 4 triunfos italianos, aunque no se pudieran evitar los sprints masivos en los últimos años del siglo. En el periodo de 1990 a 1996 el predominio fue indudablemente italiano (¡cinco victorias en siete años!), claramente influido por las pócimas de Conconi, Ferrari y compañía.


20": la ventaja de Furlan en Via Roma, después de atacar en el Poggio, lo dice todo.

Al igual que en la década anterior, también fueron 4 los triunfos italianos en la década del 2000, en este caso ya no con estrellas de un día como Furlan o Colombo, sino con i big: Cipollini, Bettini y Petacchi, a los que habría que sumar a Pozzato, al que se le auguraba un futuro prometedor. A pesar de su edad, el guaperas italiano fue todavía ayer el mejor de los suyos.

L'ultima gioia italiana

Por tanto, esperemos que Mauro Vegni (ese organizador que parece un personaje sacado de una commedia sexy de Lino Banfi) no escuche los cantos de sirena y continúe manteniendo la pureza de la carrera, no desvirtuándola con Pompeianas o pegotes de última hora. Aunque si se rescatase Le Manie, una subida lo suficientemente alejada del final como para no ser decisiva,  tampoco estaría mal del todo.

martes, 5 de enero de 2016

EQUIPOS DE 2016 (II)

ORICA - GREENEDGE 

El equipo australiano ha jugado la carta simpática de ser el equipo "buenrollista" y surfero del pelotón desde el momento mismo de su creación, cosa que siempre me ha chirriado bastante. Principalmente por contar entre sus corredores con el guadianesco Simon Gerrans (el mejor heredero del inaguantable Bettini) y un plantel de pistards australianos intercambiables, robóticos, nada "buenrollistas". Ahora que Gerrans anda en decadencia (su temporada pasada fue una suma de descalabros), el equipo me resulta algo más simpático. A ello también contribuyen corredores jóvenes de gran calidad, que son no ya el futuro sino el mismísimo presente del ciclismo: Michael Matthews, Caleb Ewan, los hermanos Adam y Simon Yates, el sonriente Esteban Chaves. Matthews tiene una Sanremo en sus piernas y Ewan es el sustituto natural de Cavendish. Adam Yates es un corredor de los más brillantes de su generación.
Pero no todo lo proveniente de un equipo dirigido por un ex-ONCE iba a ser bueno, lógicamente. En primer lugar, no es descartable que Gerrans vuelva por sus fueros. También es cierto que han fichado a Rubén Plaza, cuyas dos exhibiciones el pasado año cantaron demasiado. A ello se suma la llegada a las costas australianas de un ex-Euskaltel, uno de los pocos que sobrevivie: Amets Txurruka
Para compensar estos extraños fichajes, los australianos reclutan a dos promesas, Jack Haig, segundo en el Tour del Porvenir, y Alexander Edmonson, ganador de la Ronde u-23.  


Altas: Alexander Edmondson (Aus, Elite 2), Jack Haig (Aus, Elite 2), Christopher Juul Jensen (Tinkoff), Luka Mezgec (Slo, Giant – Alpecin), Rubén Plaza (Esp, Lampre – Merida), Robert Power (Aus, Elite 2), Amets Txurruka (Esp, Caja Rural)

Siguen: Michael Albasini, Sam Bewley, Jhoan Esteban Chaves, Magnus Cort Nielsen, Mitchell Docker, Luke Durbridge, Caleb Ewan, Simon Gerrans, Mathew Hayman, Michael Hepburn, Damien Howson, Daryl Impey, Jens Keukeleire, Michael Matthews, Christian Meier, Sven Tuft, Adam Yates, Simon Yates.  



Bajas: Adam Blythe (Tinkoff), Simon Clarke (Cannondale), Leigh Howard (IAM), Brett Lancaster (ret), Cameron Meyer (Dimension Data), Jens Mouris (Drapac), Ivan Santaromita (SkyDrive Dubai), Pieter Weening (Roompot)

 
CANNONDALE

Como ya es habitual en el equipo de Vaughters, hay grandes cambios al inicio de temporada. Muchos corredores que se van y otros tantos llegan, como viene siendo costumbre en este equipo. Estas renovaciones constantes suelen llevarse por delante a jóvenes corredores norteamericanos, que acaban volviendo al anonimato del pelotón nacional. En este caso se marchan dos de los ciclistas más representativos del equipo de Gerona desde su creación: Ryder Hesjedal y Daniel Martin. Como recambio se ha buscado a dos excelentes corredores, Rigoberto Urán y Pierre Rolland, de los que tengo serias dudas sobre su aclimatación al ambiente gerundense. 
Bien es cierto que con la marcha de Danielson el equipo tiene menos deudas con el pasado. Un pasado en el que hay sonados fracasos, como los de Andrew Talansky y Moreno Moser, aunque también alguna dispersa alegría, propiciada por corredores batalladores como Ramunas Navardauskas o Davide Formolo, Formolino, la gran esperanza italiana. 
Los cambios se completan con la llegada de Matti Breschel, exiliado del Tinkoff después del proceso de "rusificación" llevado a cabo por el multimillonario ruso. Aunque al danés mejor que no se le espere hasta octubre, pues tendrá puesto, como todos los años, el despertador con la fecha de los mundiales. 

Altas: Patrick Bevin (Nzl, Avanti Racing Team), Matti Breschel (Den, Tinkoff), Simon Clarke (Aus, Orica – GreenEdge), Lawson Craddock (Usa, Giant – Alpecin), Philip Gaimon (Usa, Optum Kelly Benefits), Ryan Mullen (Irl, An Post – Chainreaction, stag.), Pierre Rolland (Fra, Europcar), Toms Skujins (Let, Hincapie Racing Team), Rigoberto Urán (Col, Etixx – Quick Step), Wouper Wippert (Ned, Drapac), Michael Woods (Can, Optum Kelly Benefits)

Siguen: Jack Bauer, Alberto Bettiol, Nathan Brown, Andre Cardoso, Joseph Dombrowski, Davide Formolo, Alex Howes, Benjamin King, Kristjan Koren, Sebastian Langeveld, Alan Marangoni, Moreno Moser, Ramunas Navardauskas, Kristofer Skjerping, Tom-Jelte Slagter, Andrew Talansky, Dylan van Baarle, Davide Vilella, Ruben Zepuntke. 



Bajas: Janier Acevedo (Jamis), Tom Danielson, Nathan Haas (Dimension Data), Lasse Hansen (Stölting), Ryder Hesjedal (Trek - Segafredo), Edward King (ret), Daniel Martin (Etixx – Quick Step), Matej Mohoric (Lampre – Merida)


TREK - SEGAFREDO 

El equipo norteamericano, convertido en italoamericano este año, sigue siendo una formación deslavazada. Más una suma de bandas que un auténtico equipo. Por un lado está la vieja guardia que se resiste al retiro, formada por supervivientes de varios naufragios (Yaroslav Popovych, Stijn Devolder, Haimar Zubeldia, Fränk Schleck, el propio Fabian Cancellara). Corredores que han ido pululando por los equipos de la era Armstrong hasta recalar aquí. Por otro, un nutrido grupo de buenos corredores jóvenes, con posibilidades de progreso, pero con la carencia de un liderazgo claro. En medio de todos ellos, haciendo la guerra por el puestómetro por su cuenta, Bauke Mollema.
Para nutrir a la primera familia del equipo, llega Ryder Hesjedal. Uno que empezó en el Discovery Channel y, como agua que vuelve a su cauce, recala en este equipo, deudor de tantas cosas. Sin duda aportará momentos brillantes, rocoso como es. Para alimentar a la segunda familia, que pierde a los talentosos Danny van Poppel y Bob Jungels, llega Edward Theuns, corredor especializado hasta el momento en humillar a los grandes (entre ellos a Michal Kwiatkowski en la Dwars door Vlaanderen). También Niccolò Bonifazio, pequeño sprinter que ya obtuvo una buena clasificación en la Sanremo. Estos corredores por tanto se unen a un grupo bastante apañado, formado por Fabio Felline, Giacomo Nizzolo o Jasper Stuyven, entre otros.  

Altas: Julien Bernard (Fra, stag. Elite 2), Jack Bodridge (Aus, Team Budget Forklifts), Niccolo Bonifazio (Lampre – Merida), Ryder Hesjedal (Can, Cannondale – Garmin), Kiel Reijnen (USA, United Healthcare), Peter Stetina (Usa, BMC), Edward Theuns (Bel, Topsport Vlaanderen)

Siguen: Eugenio Alafaci, Julián Arredondo, Fumiyuki Beppu, Fabian Cancellara, Marco Coledan, Stijn Devolder, Laurent Didier, Fabio Felline, Markel Irizar, Bauke Mollema, Giacomo Nizzolo, Yaroslav Popovych, Gregory Rast, Fränk Schleck, Jasper Stuyven, Boy van Poppel, Riccardo Zoidl, Haimar Zubeldia. 

Bajas: Matthew Busche (United Healthcare), Bob Jungels (Etixx – Quick Step), Daniel McConnell, Hayden Roulston (ret), Jesse Sergent (Ag2r – La Mondiale), Fabio Silvestre (Leopard Developement), Gert Steegmans (ret), Danny van Poppel (Sky), Kristof Vandewalle (ret), Calvin Watson (An Post - Chainreaction)

FDJ
A diferencia de los equipos anteriores, la escuadra de Madiot tiene dos líderes claros, los dos galos: Thibaut Pinot y Arnaud Demare.  Es lo que tiene el ciclismo tradicional. Además este veterano equipo presenta escasos cambios: la marcha de Arnold Jeannesson y los  fichajes del prometedor noruego Odd Christian Eiking, el casi desaparecido Ignatas Konovalovas y Sébastian Reichenbach, entre otros. 
A pesar de no reeditar el podio en el Tour de 2014, la temporada pasada no fue del todo mala para Pinot. Quizá al escalador francés le pesó la presión mediática en julio, pero lo hizo francamente bien en Suiza y en Lombardía, y se resarció en Alpe d'Huez. En cambio, para Demare la temporada fue aciaga. Paradójicamente la marcha de Bouhanni no le facilitó el triunfo. En el caso de Pinot, es presumible que continúe intentando hacerse un hueco entre la élite vueltómana. La progresión de Demare no la veo tan clara. 
El grupo cuenta con pocas opciones más: el eficiente Jérémy Roy, el bravo escalador Kenny Elissonde o el trabajador Kevin Reza, a los que cabría añadir a Alexandre Geniez



Altas: Christian Odd Eiking (Nor, Team Joker), Marc Fournier (Fra, stag), Daniel Hoelgaard (Nor, Team Joker), Ignatas Konovalovas (Lit, Team Marseille 13 – KTM), Jérémy Maison (Fra, Elite 2), Sébastien Reichenbach (Sui, IAM).

Siguen: William Bonnet, Sébastien Chavanel, Arnaud Courteille, Mickaël Delage, Arnaud Demare, Kenny Elissonde, Murilo Fischer, Alexandre Geniez, Mathieu Ladagnous, Johan Le Bon, Olivier Le Gac, Pierre-Henri Lecuisinier, Lorenzo Manzin, Steve Morabito, Yoann Offredo, Laurent Pichon, Cédric Pineau, Thibaut Pinot, Kévin Reza, Anthony Roux, Jérémy Roy, Marc Sarreau, Benoît Vaugrenard, Arthur Vichot. 



Bajas: David Boucher (Crelan), Anthony Geslin (ret), Arnold Jeannesson (Cofidis), Francis Mourey (Fortuneo), Jussi Veikkanen (ret)

 

LAMPRE - MERIDA

 
Los blufuxia andan algo descolocados últimamente. El único equipo italiano en la élite se vio justamente golpeado por la vicenda Mantova, viéndose obligados a levantar el pie del acelerador. Se acabaron las exhibiciones de Ballan y compañía. A ello se sumaron fichajes extraños y algo exóticos, entre los que destacó la efímera presencia de Horner. Tampoco el fichaje de Rui Costa ha acabado de cuajar. El orgulloso portugués no ha reeditado una temporada como aquella de 2013. 
Este año pierden a Pozzato, cuya presencia lleva años siendo más decorativa que otra cosa, y apuestan por la juventud, con la adquisición de Louis Meintjes, el talentoso escalador sudafricano, y el ex-campeón junior y sub-23 Matej Mohoric. Del campeón esloveno se esperan todavía muchas cosas, pero poco se le ha visto hasta la fecha.
Después de una temporada rara, en la que los principales éxitos vinieron de la mano de un resucitado Rubén Plaza, tendrán que confiar de nuevo en el marrullero Diego Ulissi, el talentoso Jan Polanc (¡qué gran ascensión al Abetone la suya!) y el sprinter Sacha Modolo. Puede que este año no se diferencien mucho del resto de equipos italianos de categoría inferior, como sucediese ya el año pasado.  

 
Altas: Yukiya Arashiro (Jap, Europcar), Marko Kump (Slo, Adria Mobil), Louis Meintjes (Saf, MTN – Qubeka), Matej Mohoric (Slo, Cannondale – Garmin), Simone Petilli (Ita, Unieuro – Wilier), Federico Zurlo (Ita, United Healthcare). 

Siguen: Matteo Bono, Mattia Cattaneo, Davide Cimolai, Valerio Conti, Mario Costa, Rui Costa, Kristijan Durasek, Chun Kai Feng, Tsgabu Gebremariam Grmay, Ilia Koshevoy, Sacha Modolo, Manuele Mori, Przemyslaw Niemiec, Luka Pibernik, Jan Polanc, Diego Ulissi, Gang Xu.



Bajas: Niccolo Bonifazio (Trek), Nelson Oliveira (Movistar), Rubén Plaza (Orica – GreenEdge), Ariel Maximiliano Richeze (Etixx – Quick Step), Filippo Pozzato (Southeast – Tharcor), José Serpa (ret), Rafael Valls (Lotto - Soudal)


GIANT - ALPECIN

Al equipo de los crecepelos se le vieron las costuras en la ascensión a la Morcuera de la Vuelta de 2015. Con un corredor de la calidad de Tom Dumoulin liderando la general, les faltó algo de fuerza ante el empuje debastador de los Astana. Por ello este año pretenden subsanar esa carencia con el fichaje de Laurens Ten Dam, que se unirá a Simon Geschke y Warren Barguil para apoyar al holandés en montaña.
Por otro lado, la marcha de Kittel deja vía libre a John Degenkolb para disponer libremente de un treno propio, aunque el rocoso alemán sea más de los que prefieren sacarse las castañas del fuego en solitario. Por si lo necesita, ahí estará el "equipo de baloncesto" al completo, con Ramon Sinkeldam, Albert Timmer, Tom Veelers y compañía.
Entre las nuevas adquisiciones, el equipo del crecepelo apuesta por la juventud, con corredores que destacaron en el Tour del Porvenir y el mundial u-23 pasado (el danés Soren Kragh Andersen, el noruego Sindre Skjostad Lunke, el alemán Maximilian Waldscheid y el holandés Sam Oomen). 

Altas: Soren Kragh Andersen (Den, Team Tre-For), Sindre Skjostad Lunke (Nor, Team Joker), Sam Oomen (Ned, Rabobank Developement), Laurens Ten Dam (Ned, Lotto – Jumbo), Maximilian Waldscheid (Ger, Kuota – Lotto, stag).

Siguen: Niklas Arndt, Warren Barguil, Roy Curvers, Bert De Backer, Koen de Kort, John Degenkolb, Tom Dumoulin, Caleb Fairly, Johannes Fröhlinger, Simon Geschke, Chad Haga, Cheng Ji, Carter Jones, Frederik Ludvigsson, Tobias Ludvigsson, Georg Preidler, Ramon Sinkeldam, Tom Stamsnijder, Albert Timmer, Lars van der Haar, Tom Veelers, Zico Waeytens. 



Bajas: Lawson Craddock (Cannondale), Thierry Hupond (Delko - Marseille), Marcel Kittel (Etixx – Quick Step), Luka Mezgec (Orica - GreenEdge), Daan Olivier. 
 

LOTTO NL - JUMBO 
El equipo heredero de Rabobank tampoco presenta cambios notables este año. Quizá lo que más sorprenda sea el fichaje de Enrico Battaglin, joven corredor italiano que después de dos giros interesantes (2013 y 2014), pasó completamente desapercibido en 2015. No sé hasta qué punto cuajará este fichaje en un equipo tan dado a las individualidades y a que cada uno se busque la vida por su cuenta. 
El grueso del equipo sigue estructurado en torno a las eternas promesas holandesas, esas que rivalizan en buena prensa y esperanzas frustradas con las salidas de la cuadra de los monjes. Robert Gesink, salido el año pasado de la convalecencia, ya dejó ese status hace tiempo, ocupándolo ahora Wilco Kelderman. Steven Kruijswijk pareció quitarse de encima en el Giro pasado los malos augurios que rodean a las mimadas promesas neerlandesas. Como baza para las clásicas, a lo loco y a destiempo, contarán de nuevo con Sep Vanmarcke. Haciendo la guerra por su cuenta, como siempre, contra todo y contra todos.
Entre los fichajes, aparte del exótico italiano, destaca el del corredor rápido Dylan Groenewegen, ganador de la Brussel Cycling Classic. 

Altas: Enrico Battaglin (Bardiani – CSF), Koen Bouwman (Ned, stag. SEG – Racing), Victor Campanaerts (Bel, Topsport Vlaanderen), Twan Castelijns (Ned, stag. BabyDump Cycling Team), Dylan Groenewegen (Ned, Rompoot), Steven Lammertink (Ned, stag. SEG – Racing), Primoz Roglic (Slo, Adria Mobil), Alexey Vermeulen (USA, Elite 2)

Siguen: George Bennett, Robert Gesink, Marc Goos, Moreno Hofland, Martijn Keizer, Wilco Kelderman, Steven Kruijswijk, Tom Leezer, Bert-Jan Lindeman, Paul Martens, Timo Roosen, Bram Tankink, Mike Teunissen, Maarten Tjallingii, Tom Van Asbroeck, Jos van Emden, Dennis van Winden, Sep Vanmarcke, Robert Wagner, Maarten Wynants. 

Bajas: Brian Bulgac, Kevin de Weert, Rick Flens, Barry Markus (Roompot), Laurens Ten Dam (Giant – Alpecin), Nick van der Lijcke (Roompot), Dennis van Winden (Synergy Baku)

DIMENSION DATA 

En el ex-MTN Qhubeka ha aterrizado el circo del cabezón de Man al completo, con todas sus comparsas. El británico ha pasado unos años de penurias en Bélgica, un tanto fuera de los focos, robándole protagonismo los chicos del Sky en su país y los chicos del adoquín en su pasado equipo. Aún así, pudo hacerse con una etapita en el Tour. Con él llegan Mark Renshaw, Kanstantin Siutsou y Bernhard Eisel, su vieja guardia. 
La llegada de Mark Cavendish ha supuesto la marcha de dos de los innumerables sprinters con los que contaba el equipo africano la temporada pasada: Gerald Ciolek y Mathew Goss. Aunque para pocas roscas ambos. Entre otros fichajes destacan, por su exotismo, el de Igor Antón y Omar Fraile.
Por lo demás, el equipo intentará continuar en la senda de la recuperación de ese talento explotado y exprimido que es Edvald Boasson Hagen. Muy alejado parece ya de aquel mozalbete mofletudo y gigantón que ascendía, rodaba y sprintaba, prometiéndoselas de nuevo Merckx. Realmente al noruego lo mataron a tirar en Sky, y como si saliese de una larga dependencia o convalecencia, el año pasado pareció vérsele más cómodo, disfrutando más de la bicicleta. Ojalá sea así. 


Altas: Igor Antón (Esp, Movistar), Mark Cavendish (Gbr, Etixx – Quick Step), Mekseb Debesay Abrha (Eri, Bike Aid), Bernhard Eisel (Aut, Sky), Omar Fraile (Esp, Caja Rural), Nathan Haas (Aus, Cannondale – Garmin), Cameron Meyer (Orica – GreenEdge), Mark Renshaw (Aus, Etixx – Quick Step), Kanstantin Siutsou (Blr, Sky).

Siguen: Natnael Berhane, Edvald Boasson Hagen, Theo Bos, Mathew Brammeier, Stephen Cummings, Nicolas Dougall, Tyler Farrar, Jacques Janse van Rensburg, Reinardt Janse van Rensburg, Songenzo Jim, Merhawi Kudus Ghebremedhin, Adrien Niyonshuti, Serge Pauwels, Youcef Reguigui, Kristian Sbaragli, Daniel Teklehaimanot, Jay Robert Thomson, Johan van Zyl, Jaco Venter, 

Bajas: Gerald Ciolek (Stölting), Mathew Goss (One Proycling), Louis Meintjes (Lampre – Merida), Andreas Stauff

IAM 
Este equipo ocupa una plaza World Tour por cuota étnica suiza, y no porque posea una plantilla digna de la categoría. La pérdida de Sylvain Chavanel, uno de los senadores del ciclismo francés, acrecienta más si cabe la decadencia del equipo. Este año contarán de nuevo con Mathias Frank para el calendario nacional, el solvente y atípico Jarlinson Pantano, y lo que puedan hacer Matthias Brändle, Jérôme Coppel, Stefan Denifl o el veteranísimo Martin Elmiger
Entre los fichajes destacan el de Oliver Zaugg, veterano corredor conocedor de todas las cavernas y pozos oscuros de la profesión, Oliver Naessen, corredor proveniente del Topsport Vlaanderen con buenos resultados en Bélgica y Francia, y el noruego (¡otro más!) Vegard Stake Laengen

 
Altas: Leigh Howard (Aus, Orica – GreenEdge), Vegard Stake Laengen (Nor, Team Joker), Oliver Naesen (Bel, Topsport Vlaanderen), Oliver Zaugg (Sui, Tinkoff).

Siguen: Marcel Aregger, Matthias Brändle, Clément Chevrier, Stef Clement, Jérôme Coppel, Stefan Denifl, Dries Devenyns, Martin Elmiger, Sondre Holst Enger, Mathias Frank, Jonathan Fumeaux, Heinrich Haussler, Reto Hollenstein, Robert Kluge, Pirmin Lang, Jarlinson Pantano, Simon Pellaud, Matteo Pelucchi, Vicente Reynés, Aleksejs Saramotins, David Tanner, Jonas Van Genechten, Larry Warbasse, Marcel Wyss. 

Bajas: Sylvain Chavanel (Direct Energie), Thomas Degand (Wanty), Jerôme Pineau (ret), Sébastien Reichenbach (FDJ), Patrick Schelling (Voralberg)


diseños de los maillots extraídos de la página cyclingnews.com