domingo, 18 de noviembre de 2018

FRAGMENTOS DE LA MILÁN - SANREMO (II)

Continúo con los artículos traducidos extraídos del libro Milano - Sanremo, 100 anni leggendari, en este caso sobre las ediciones de 1949, ganada por Fausto Coppi, y de 1958, con victoria de Rik Van Looy. El primero es simplemente un elogio al triunfo del campeón del momento, Coppi; el segundo, el análisis de una Sanremo dilucidada al sprint, en la que sorprende la inicial comparación de la clásica italiana con la París - Roubaix y la París - Tours. 


EL TRIUNFO DE UN CAMPEÓN Y DE UNA IDEA, 20 de marzo de 1949, por Emilio De Martino.

Fausto Coppi ha vencido por tanto. Todos predecían la victoria del as de la Bianchi, pero pocos, poquísimos, pensaban en la formidable media horaria que ha caracterizado el nuevo triunfo del ciclismo italiano. El famoso récord de Olmo – media de 38,517 de hace once años – ha sido largamente superado y no solamente por el fenómeno Coppi, sino también por los mejores protagonistas de una carrera maravillosa que se ha presentado de principio a fin como un único sprint...La travesía de Milán había ya suscitado los primeros entusiasmos. Mucho público, pero perfectamente en orden y sobre todo una nueva mentalidad en todos, de manera que la Celere, que había sido movilizada dado el recuerdo de los pavorosos altercados del año pasado, ha permanecido en descanso. Y hemos llegado al colmo; que Giuseppe Ambrosini, incomparable director de carrera, ha logrado dar la salida seis minutos antes del horario establecido...

...(Inmediatamente) Una fuga a más de 50 km a la hora de dos reclutas: Leoni y Teruzzi...Y detrás de los dos jóvenes que hacían de liebres, un desfile de otras fugas que tuvieron en belgas y franceses sus principales protagonistas...(y) entre Casteggio y Voghera los dos audaces...liebrones eran alcanzados. Más tarde, siguiendo el impulso por el premio de la pancarta, intentaba un bello gesto el belga Claes. A él se unían De Santi, Zanazzi y Monari justamente en la entrada en Tortona. Media: por encima de los 45 km horarios. Un espectáculo... Si decimos que en la cima del Turchino pasaba primero De Santi, precediendo a Claes – famoso por dos victorias en la París – Roubaix – y a una media récord de 42 km, habremos hecho el mejor elogio de este muchachote triestino...

Sabíamos muy bien que los dos actores del Turchino no llegarían primeros en Sanremo. Claes, que había impresionado justo hasta las primeras vistas del mar, ha cedido posteriormente. De Santi ha resistido mejor e incluso lo vemos muy bien situado en el orden de llegado final. Pero en Savona todo tenía que empezar de nuevo. Único inconveniente, el cierre del paso a nivel de Cogoletto a Savona. Los culpables eran los propios corredores: habían corrido demasiado rápido, precipitándose sobre los controles casi media hora antes de lo previsto...

En el Capo Mele los franceses de la France Sport han dado batalla. En primer lugar Lazarides, después, por sorpresa, saltaba Fachleitner. Y se fugaba con una decisión y una autoridad de campeón. Hemos comprendido que estábamos en los momentos decisivos. Así pues, delante de nosotros el mejor Fachleitner, atleta que habíamos visto en el Tour de Francia de hace dos años, el famoso protagonista junto a Robic del golpe de teatro final.

Confesamos que nos quedamos muy perplejos durante varios minutos. La marcha de Fachleitner era aquella del hombre decidido a intentar el gran golpe. Nuestros colegas franceses, erguidos sobre sus vehículos, vivían un gran momento. Goddet nos dice, más con el gesto que con las palabras: “Va en serio, quizá lo consigue...” E íbamos con la memoria a hojear el libro de oro de la “carrera al sol”, a 1934: desde entonces ningún extranjero ha ganado la “Sanremo”...

Miramos a Bartali: Gino nos hace un gesto señalando la rueda. Ha pinchado, ha vuelto a entrar pero no iba bien del todo. Miramos a Ortelli, Fiorenzo Magni, Coppi que seguía como una sombra a Camellini...Más allá Vincenzo Rossello dio el señal para la reconquista; lo siguieron paulatinamente Pasquini, Leoni, Fiorenzo Magni y también Ortelli con la maglia tricolor. ¿Y Coppi? Volvemos a mirarlo, le gritamos para incitarlo. Parecía ausente. Marchamos todavía una vez más hacia adelante para decir a Ortelli, a Magni, a Rossello nuestra palabra de fe. Coppi estaba lejos. Más lejos todavía Bartali...

Alcanzamos a Fachleitner que ha superado ya el Capo Cervo y estaba a punto de afrontar el Capo Berta, última subida. No marchaba con la seguridad de diez minutos antes. Nos giramos a ver la estela. Allí vemos la maglia tricolor de Ortelli. Más tarde...más tarde avanzaba a grandes ráfagas una maglia blancoceleste. Nos frotamos los ojos, pero no estábamos soñando. La maglia blancoceleste es la de Coppi. Fausto parecía una furia desencadenada. El hombre que parecía ausente, casi resignado ante la fuga del francés, estaba en cambio meditando su ataque...

Dejamos a la imaginación lo que sucedió en el Capo Berta cuando se vio despuntar la maglia blanquiazul de Fachleitner, la tricolor de Ortelli y la blancoceleste de Coppi. La gente parecía enloquecer... Coppi ha cogido a Ortelli, después ha atacado una vez más, siempre como una furia, alto sobre el sillín, rabioso en el esfuerzo, e incluso sublime en la convincente hazaña plena de potencia, pero también de estilo. Justo en la cima Coppi atrapaba a Fachleitner, y después se lanzaba hacia Imperia. Allí abajo el sol pegaba de lleno sobre Sanremo y sobre la nueva victoria de nuestro formidable campeón...




UNA FUGA, UN RÉCORD, UN SPRINT, 21 de marzo de 1958, por Giuseppe Ambrosini.


La ausencia de publicación del periódico de ayer (huelga) quita a estas notas sobre la “Sanremo” del sabor de la inmediatez, pero también, quizá, de la imprecisión de las prisas y les añade la ponderación que no puede separarse de la calma y de la frialdad de la reflexión...

El primer hecho excepcional a subrayar es el nuevo récord de la media. Sabemos muy bien que en la París-Roubaix y en la París-Tours se han alcanzado cimas más altas; pero sabemos igualmente que los recorridos de estas dos pruebas francesas son completamente llanos, o casi, y que cuando fue batido el récord, los participantes fueron empujados por un viento de popa durante casi toda la duración de la carrera, desarrollándose ésta más o menos siempre en la misma dirección. Ayer, por contra, ni en la llanura padana, ni en mitad de los montes, ni a lo largo del mar los corredores contaron con el viento como aliado...¡Y qué diferencia de recorrido entre las dos pruebas que he citado y ésta! En la “Sanremo”, si se tienen en cuenta tan sólo los desniveles marcados en el mapa, hay 800 metros a superar, sin contar las innumerables rampas que no contribuyen poco a romper el ritmo y las pedaladas; tampoco deben ser olvidadas aquellas miles y miles de curvas que, especialmente en la Riviera, obligan a una continua cautela.

Así pues, en estas condiciones los 42,179 hechos por un grupo de unos sesenta hombres dan la sensación de lo sobrehumano, de lo increíble. Desde el nivel ya elevadísimo de los 40,688 de Poblet del año pasado, se ha dado un salto de 1491 metros, que desafío a cualquiera a haberlo previsto o de haberlo considerado posible. Y el hecho parecerá todavía más sensacional si se recuerda que en la primera “Sanremo” de la posguerra venció el gran Coppi en solitario a 35,950 y que antes de la guerra se alcanzaron sólo una vez los 38 y medio (Olmo, 1938).

¿Hay que decir pues que el nivel de clase de los corredores de hoy es claramente superior? No me atrevería a llegar a tal deducción. Por tanto se tiene que buscar en otro lugar, a mi parecer, la explicación del hecho extraordinario. En primer lugar, en la variedad del espíritu competitivo general. La ausencia de un dominador favorece el equilibrio de las fuerzas y su más valiente e independiente uso. El equilibrio rompe las cadenas de la jerarquía y difunde desenvoltura y audacia incluso entre los modestos, los lanza a la dispersión no ya con las preocupaciones eventuales de una humillación, sino más bien con tantos sueños de victoria...

La segunda característica de la carrera ha sido su linealidad durante 240 km aproximadamente...La carrera se ha mantenido invariable en el planteamiento asumido desde la salida, ligeramente cambiada tan sólo por la progresiva reducción de nueve a seis componentes en el grupo de fugados...La solidez de los dos bloques, respectivamente atareados en la fuga y en la persecución, ha sido otro factor del récord; y un tercera ha sido todavía la no excesiva distancia entre ellos, que ha hecho sentir en todo momento a las liebres el ladrido de los perros, y a éstos el olor de las liebres delante de las narices.

A estas características se ha prestado la carrera hasta Savona...Pero otras figuras han aparecido en sus fases finales... Si el acercamiento a Privat ha sido obra de todos, el enlace hasta el mismo límite de Sanremo con el hombre de cabeza ha tenido en Defilippis el protagonista de un extremo tentativo de fuerza. Desaparecidos uno después del otro, desde el Mele al Berta, los tres corredores de la Carpano, que habían constituido el cerebro y el nervio de la fuga, el turinés ha improvisado un golpe por sorpresa, con el cual esperaba quitarse de encima a los velocistas belgas y franceses y a Poblet, con el que no tenía excesivas probabilidades de cruzar primero la meta. Pero el ataque, aún siendo oportuno y enérgico, no le salió bien...

Sesenta y nueve corredores al sprint después de una carrera llevada con una media récord pueden parecer una inexplicable contradicción y un envilecimiento del tono competitivo de la carrera. Sin embargo, no son otra cosa que la enésima y clamorosa prueba de que ni siquiera la velocidad más elevada basta para provocar una clara selección si se hace en masa y a ritmo regular, como ayer: a este objetivo son más útiles diez kilómetros a base de ataques que doscientos a 40 o 44 de media.

En la entrada del rectilíneo de meta – esto es, a 300 metros del telón – la lucha giró en torno al duelo entre Poblet y Darrigade (el español pensaba que la rueda del francés sería para él la más útil), pero a los 150 metros, donde me encontraba, Van Looy, rozando el vallado de la derecha, salió, quizá no avistado en el momento, con una acción de tal potencia atlética que para nada valió el golpe de riñón de Poblet. A pesar de que los tres puestos de honor han sido ocupados por extranjeros, pienso que en conjunto el comportamiento de los nuestros ha sido más satisfactorio que el año pasado.



miércoles, 7 de noviembre de 2018

FRAGMENTOS DE LA MILÁN - SANREMO (I)

Ahora que la temporada ha llegado a su fin y apenas hay noticias que contar, para evitar que este espacio caiga en el silencio me dispongo a publicar una serie de artículos históricos sobre una de las carreras más bellas del calendario, la Milán - Sanremo. Estos artículos aparecen recogidos en el libro Milano - Sanremo, 100 anni leggendari, publicado por RCS para conmemorar el centenario de la prueba en 2007. La traducción ha corrido a mi cargo, así que me excuso de antemano si hay errores flagrantes o puntos oscuros. No me dedico ni mucho menos a ese menester y ha sido una labor más motivada por el amor al ciclismo y a la prueba en cuestión, que por intereses puramente filológicos. 

Me dejo de preámbulos: aquí van las dos primeras píldoras. Sendos artículos sobre las ediciones de 1929, ganada por Alfredo Binda, y la de 1940, con victoria de Gino Bartali.


ESPLENDOR DE UNA GRAN VICTORIA, 20 de marzo de 1929, por Emilio Colombo.

Si Alfredo Binda hubiese disputado el Campeonato del Mundo, el año pasado en Budapest, en las mismas condiciones de forma demostradas hoy, al ciclismo italiano no le faltaría el segundo clamoroso éxito en la prueba por el título absoluto. No evoco sin ton ni son una fea página del deporte profesional nacional. Intento hacer el mejor elogio al atleta que ha ganado con superioridad la XXII Milán – San Remo y establecer, o remarcar, que la abrasadora jornada húngara no marcó la regresión de uno o más atletas italianos, sino que nos vio batidos de mala manera, ya que nuestro mejor representante fue, por baja forma, una sombra del gran vencedor en Adenau. El campeón de Italia ha resurgido...

En el cuadro, verdaderamente fascinante, ya sea desde el punto de vista deportivo, como del pictórico, destaca la figura del triunfador. En un segundo plano asoman algunos jóvenes: el romano Frascarelli, que sale de la carrera con galones de mariscal; el apuesto romagnolo Caimmi; el modesto y bravísimo varesino Catalani, del mismo equipo que el dominador; aparte de estos, a pesar del esplendor del día veraniego y de las favorables condiciones del recorrido, pocos valientes, combativos y tenaces más para vergüenza del ímpetu desarrollado por el leader...

...pero la calidad del éxito del “cittigliese” debe ser por completo ilustrada por la elocuencia de las cifras, más que por los esfuerzos de las palabras. Binda ha recorrido los 286 km y medio en 9h3'30''. Doy un poco de luz a estos datos. Cabe recordar que en Pavía y en Voghera los corredores han pasado por fuera de la ciudad, a través de la circunvalación, y por tanto han alargado aunque sea un poco el trayecto. Cuando venció Defraye en 1913, y la media nos pareció sensacional, se atravesaba Pavía y creo que también Voghera; y por si fuera poco, el belga encontró en la Riviera el viento favorable. Igualmente cuando venció Ganna. Hoy, el clima era delicioso pero sin ninguna ayuda del viento, ni antes ni después del Turchino.

Sin embargo, si no caigo en error, la media del primer llegado supera los km 31,500. ¿No ha sido así? Salta a la vista por tanto, a partir de los números, el valor del aplastante éxito de Binda...

Nadie creía volver a encontrar al as de la Legnano en unas condiciones tan espléndidas. En cambio el atleta ha reaparecido a punto físicamente, armonioso en el estilo y en los músculos, compuesto, seguro, dueño de sus propios medios. También sobre la máquina me ha parecido mejorado con respecto al año pasado. El sillín ligeramente más alto, el golpe de pedal más recto y centrado, la acción más continua y por tanto más fácil...

Caen, ahuyentadas por la inconfundible autoridad de los hechos, las reservas y las dudas expresadas a propósito del fatigosísimo sistema de preparación que Binda prefiere. Imagino cual haya sido el trabajo mantenido por el atleta en vista de esta Milán – San Remo. Él mismo, ya hacia el final de su marcha triunfal, nos ha hablado, como recordando en plena alegría del éxito, de una suma de sacrificios, de esfuerzos, de fatigas, de privaciones que harían empalidecer incluso a los más obstinados devoradores de kilómetros.

La bondad e intensidad de la preparación han dado frutos innegables. El campeón ha ganado de manera fuerte aboliendo todas las discusiones y sorprendiendo probablemente, en primer lugar entre todos, a sus adversarios. Quienes a partir de este momento tendrán que buscar refugio...

...En la jornada luminosa de Binda, recordando todavía las medias horarias: de Milán a Ovada a aproximadamente 34 a la hora; de Milán al Turchino, de Milán a Arenzano, de Milán a Savona, medias oscilantes entre los 32,500 y los 33, 500 km. Todo esto era necesario para que el atleta pudiese superar por más de una cabeza la estatura de los más aguerridos adversarios.

...Binda ha cubierto en solitario aproximadamente los últimos 112 kilómetros del recorrido. Desde el momento en que Negrini fue atrapado por la mala suerte, ningún otro hombre de los que se habían distanciado en la subida del Turchino podía ya ser tomado como un peligro para Binda y para el “molarese”...

Se me permita entonces afirmar que, dejando aparte la impresionante performance de Alfredo Binda – impresionante en cuanto que la ha ofrecido sin aparente esfuerzo excesivo, diría que con evidente facilidad – los batidos, salvo Frascarelli, Caimmi y Catalani, los dispersos, los caídos (se entiende que haciendo la más obligatoria de las excepciones en lo que respecta a Negrini: la suerte le ha quitado el segundo puesto quizá, el más peligroso adversario del “cittigliese”, pero no ha podido impedirnos constatar que el alumno de Girardengo camina verdaderamente bien), todos los demás, en resumen, no han conseguido hoy resultados apreciables y satisfactorios.



UNA PELÍCULA BONITA PERO DE TRAMA POBRE, 20 de marzo de 1940, por Bruno Roghi.

La carrera ha sido rápida y rica en episodios vivaces. Los corredores que se han lanzado de cabeza en la aventura de las fugas han sido varios. A Sanremo se ha llegado deprisa y la media horaria destaca entra las más elevadas de la larga serie. Ha vencido el atleta más popular y más fuerte. Todos estos son hechos comprobados que deberían inducirnos a confeccionar en seguida un balance positivo de la “Classicissima” de Primavera. Pero la pluma es renuente. ¿Somos muy exigentes con la Milán – San Remo o ha sido esta Milán – Sanremo la que con todos sus fuegos de artificio nos ha dejado en las manos un poco de cartón churrascado?...

¿Por qué menospreciamos una carrera que ha enlazado una serie continua de fugas y escaramuzas? La menospreciamos, quizá con exceso de severidad, porque severidad ha faltado en su expresión mayúscula, en la lucha directa y desenfrenada entre los campeones que gozan de la mayor popularidad y de los mayores estipendios. Gino Bartali, que en definitiva los ha puesto a todos en su sitio, puede decir que tenía sus buenas razones para esperar, esperar, esperar que la carrera lo proyectase automáticamente al proscenio. Ha ganado: le basta, le debe bastar. ¿Pero qué han hecho los demás para atacarlo, para mostrarse en cabeza, para organizar un simulacro de gran carrera? La nada más absoluta en el más pneumático de los vacíos. Ha sido la “Sanremo” de los campeones mirando el paisaje. Ha sido la “Sanremo” de los campeones tumbados a la bartola, mientras por delante suyo, con temerarias arrancadas, los corredores de escasa notoriedad daban espectáculos de saltos mortales. Ha sido la “Sanremo” del “espera tú que voy yo”, del “ven tú que espero yo”.

¿Cuándo, amigos del deporte, habéis visto en posición de ataque a uno de los grandes equipos en liza? ¿Cuándo habéis tenido la ventura de husmear, en la explicación de uno de los equipos, la existencia de un plan táctico de carrera? ¿Cuándo habéis podido identificar en un grupito de fugados a un corredor de alto nivel?...Diréis que Bartali, asediado por un equipo rival, tenía todo el interés de contemporizar. Será, pero aparte del hecho de que el golpe Bartali no lo ha dado más que en el sprint y por su cuenta, es necesario preguntarse si él no debería haber hecho maniobrar a su equipo con más vivacidad a fin de debilitar el ímpetu de los velocistas que podían inquietarlo en la llegada. Más afiladas son las saetas que se pueden disparar en dirección de los blancocelestes. Es verdad que Bizzi ha sido traicionado por la suerte en la fase culminante del sprint y que la “Sanremo” habría podido ser suya. Es verdad que Leoni ha dado ejemplo de encomiable despreocupación quemándose, con otros, en fugas durante un buen tramo de la via Aurelia. Pero la escuadra, en conjunto, no ha tenido orden, orientación, iniciativa, valentía. Cuando se tienen tantos campeones en el saco es necesario saber sacrificar a alguno, a propósito y a la desesperada, para llevar con el gancho a los antagonistas, para calentar la carrera...¿O la consigna que se da a un as es esa de seguir siempre, no fugarse nunca?...

Gino Bartali, finalmente, ha puesto a todos de acuerdo. El corredor toscano no es un corredor de solo un tipo de victoria. Tiene dos flechas en su arco. La más bella, recta y franca, es esa que dispara en las fugas en subida, es la flecha que atraviesa de parte a parte a todo adversario. La otra flecha es más sutil y certera. Es aquella que dispara desde el arco del sprint, cuando se llega en multitud a la pancarta de último kilómetro pero se debe llegar en solitario bajo la pancarta de meta. Bartali tiene también este arma, y ya lo había demostrado a raudales anteriormente. Potente como es, auténtico corredor de larga distancia, él pasa sobre los cadáveres, como se dice en el argot colorido de los deportistas, cuando la larga fatiga ha exprimido las fuerzas de los otros. Su sprint entonces es más mordiente que desenvuelto, más imperial que elástico. Es el sprint del que tiene más resuello, no del que es más veloz en sentido absoluto. Gino Bartali, después de una carrera astuta y opaca, no ha logrado retorcer el cuello de todos sus rivales en la escalada de la última colina. Parecía por un momento que el “adiós y gracias” del toscano debía resonar para los pocos supervivientes que habían logrado formar una patrulla de ocho corredores. Ha sido una impresión de un breve instante, pues Bartali no ha logrado irse solo...Pero desde aquel momento Bartali ha pensado en la clara posibilidad de ganar al sprint como en otras ocasiones olvidadas. No ha vencido solo, como gusta a nuestro espíritu romántico, pero ha vencido por encima de todos: y es esto, en definitiva, lo que importa. Importa igualmente constatar que Bartali, después de reprimir las veleidades de sus rivales durante el recorrido (veleidades muy platónicas) ha inscrito su nombre por segunda vez consecutiva en el cuaderno de la más bella carrera italiana. 


Última victoria de Bartali en Saremo en 1950.

lunes, 1 de octubre de 2018

GIRO COPERNICANO

Valverde ha conseguido por fin el arcoíris: así figura la noticia en casi todas las portadas de periódicos. Valverde aparecía en todas las quinielas para el triunfo, cómo no después de seis medallas, pero ¿quién lo hubiese afirmado categóricamente? "Esta es su oportunidad", se decía, "quizá la última". Había en el ambiente cierta inquietud de "ahora o nunca". Las ya míticas "valverdadas" se habían interpuesto entre él y la ansiada prenda durante años, en una especie de maldición del arcoíris adelantada, y debido a ello nadie pensaba que fuese posible que dos conceptos hasta el momento por completo antitéticos como "Valverde" y "arcoíris", conceptos tan opuestos como el frío y el calor o el día y la noche, pudiesen figurar en una misma frase. Valverde y el arcoíris parecían repelerse tanto como en su día Poulidor y el maillot jaune. Pero el milagro se ha cumplido y por ello su triunfo tiene algo de giro copernicano, de descubrimiento alegre y un tanto atolondrado de que lo que se consideraba imposible e inimaginable es real. Yo no me lo acabo de creer. 

Falta Evenepoel para completar una alegoría de las tres edades del hombre.


Alejémonos sin embargo de visiones en exceso milagreras. El recorrido era para Valverde más propicio que nunca, con una cuesta de cabras final (Gramartboden) que al murciano le sentaba como un traje nuevo. Pocas veces ha contado con un circuito tan parecido a sus habituales cotos de caza ardeneses o de la Vuelta, quizá a excepción de aquel de Florencia. La subida final sólo se subía una vez en toda la semana, subvirtiendo los cánones de los mundiales. Una subida final que ha acabado siendo decisiva y ha condicionado gran parte de la carrera, aunque hay que reconocer que la subida de Igls, de porcentajes humanos y longitud exigente, fue dejando un rosario de cadáveres que hacía mucho tiempo que no se veía en el mundial de fondo en carretera. Durante un momento, a medida que se descolgaban uno a uno supuestos favoritos, el mundial volvió a recobrar ese aura ya perdida desde hace mucho de carrera de selección natural, ante la que algunos ciclistas, habituados a kilometrajes más suaves, fueron sucumbiendo sin remedio. 

La escabechina comenzó a falta de tres vueltas para el final. Por delante marchaba una fuga inicial formada por corredores no tan desconocidos como era habitual en años recientes: Didier, Fominykh, Hnik, Britton, Mullen, Dunne, Koshevoy, Jacques Jense van Rensburg, Ludvigsson, Stake Laengen y Asgreen. Y por detrás, en plena subida a  Igls, la selección austriaca comenzó a marcar un tempo infernal, que tuvo en el triple campeón del mundo Peter Sagan su primera víctima. Parecía la muestra evidente de que Sagan se había presentado al mundial más para honrar sus tres títulos mundiales anteriores que con intenciones reales de vencer un cuarto. A punto de coronar, Dario Cataldo lanzaba un primer ataque para los italianos, siendo secundado por Herrada, demostrando que la táctica de España iba a ser salir a todo azul que se moviese. Primoz Roglic se caía en la primer a curva del descenso y Miguel Ángel López coronaba también descolgado. Comenzaban a sumarse los eliminados después de casi 200 km. Después del descenso, en el repecho ubicado en la misma ciudad, Van Avermaet intentaba adelantar acontecimientos, formando con Caruso y Fraile un terceto que marchó un tiempo en cabeza. 

Sagan nunca tuvo opciones


A pesar de que Fraile en un primer momento parecía no querer relevar, después valoró la brillantez táctica del movimiento y comenzó a pasar a los relevos a Caruso y Van Avermaet. Mientras tanto, la escapada delantera quedaba reducida a dos hombres: Michael Asgreen y Vegard Stake Laengen, dos rodadores que demostraron sus habilidades en un circuito muy exigente. En el penúltimo ascenso a Igls, Simon Geschke alcanzaba al terceto intercalado formado por Van Avermaet, Caruso y Fraile, antes de ser todos ellos absorbidos por un grupo delantero en el que holandeses, italianos, españoles y franceses se mostraban muy activos. Los italianos forzaron la marcha con Brambilla y De Marchi, pero fue sobre todo el empuje del aniñado escalador Antwan Tolhoek el que dinamitó la carrera. Por detrás se quedaron descolgados, simplemente por la acumulación de subidas y kilómetros, supuestos favoritos como Dan Martin, Ilnur Zakarin, Wout Poels, Michal Kwiatkowski, Bob Jungels y Simon Yates. La selección española y la francesa seguían siempre en cabeza, secando cualquier ataque, con David De la Cruz y Rudy Molard. Estaba siendo un mundial emocionante.

Se entraba de esta forma en la última vuelta, más larga que las demás al contar con la subida de Gramartboden. Si bien Italia quería controlar la situación para un previsible ataque de Nibali, la última subida a Igls fue un continuo ir y venir de ataques. En este caso fue otro escalador holandés, Sam Oomen, el que contribuyó a derribar muchas caretas. Saliendo como continuación de un ataque de su compatriota Steven Kruijswijk, el ataque de Oomen contribuyó a que Nibali dijera basta y se abriera de piernas para descolgarse con elegancia. También en esta vuelta cayeron como fruta madura Tim Wellens, Greg Van Avermaet y Enric Mas, la "sensación" de la Vuelta. Por delante se formaba una efímera avanzadilla formada por Sam Oomen, Roman Kreuziger, Thibaut Pinot, Ion Izagirre, Sergey Lutsenko, Gianni Moscon, Michael Valgren Andersen y Peter Kennaugh. El británico de la Isla de Man fue el primero que trató de marcharse, siendo cazado en el falso llano de la cima de Igls por Michael Valgren Andersen, en un movimiento táctico ejecutado a la perfección. Además, el mofletudo danés subía sin abrir la boca, con la mirada asesina que tantas veces se ve en los ciclistas del Astana.  

El danés se lanzó al descenso con mucha determinación, mientras detrás se apreciaba la indecisión típica de los momentos en los que se forma por delante el movimiento ganador. Al retornar a Innsbruck llegó a poseer el tesoro de 30 segundos de ventaja. Si se hubiese aplanado el circuito, desmochando la cima del Gramartboden, Valgren Andersen sería campeón del mundo. Pero quedaba la rampa para las cabras tirolesas. Antes de las rampas más infernales, a medida que el camino se iba estrechando y el asfalto agrietándose, los franceses se colocaron en cabeza y forzaron el ritmo. Pinot, Bardet y Alaphilippe. Los dos grandes escaladores de 1990 preparaban el terreno para el nervioso uphill finisher francés. Pegados a la rueda de éste se soldaron Gianni Moscon, Michael Woods y...Alejandro Valverde. El murciano se agarraba al último vagón del tren de un posible triunfo, a rueda del ex-fondista y de algunos de los más eximios representantes de la generación 10 años más joven que él. 

Pinot una vez hecha su labor, con Valgren Andersen a tiro, se descolgaba, y entonces Bardet aceleró de forma brutal en el momento más comprometido. El danés fue cazado. El ritmo del escuálido escalador francés era tan exigente que Alaphilippe comenzó a retorcerse, a apretar los dientes y abrir los codos. La infalible fórmula de Quick Step, al igual que la de los hermanos Yates, parecía evaporarse con el paso de los esfuerzos y los kilómetros. Valverde vio atento la jugada, al ser un habitual de estos duelos a 20 por hora, y esquivó con soltura al francés para seguir agarrado, cada vez más aliviado, a ese vagón ganador. Después de los 100 metros de aceleración de Bardet, éste finalmente se dio cuenta de la "petada" de su supuesto líder, bajando inmediatamente el ritmo. Sin embargo fue secundado por Michael Woods, el ganador del Monte Oiz y segundo clasificado en Lieja, que siguió forzando el ritmo en las rampas más duras.

El cuarteto a punto de afrontar el momento decisivo


Se había formado un cuarteto delantero bastante definido con Woods, Bardet, Valverde y Moscon, mientras por detrás Dumoulin, el eterno segundo de esta temporada, superaba haciendo eses a Alaphilippe y Valgren Andersen. Corredores haciendo eses, golpes de riñón y tirones de brazos, desnivel de más del 20 % y espectadores estúpidos correteando al lado de los ciclistas (entre ellos un ya tambaleante Didi Senft) ofrecían una estampa insólita en unos mundiales, aunque habitual en los recientes espectáculos de ASO. En ese momento, acosado por dos o tres corredores de sanfermines, Moscon cedía y Valverde le superaba de nuevo para coger la rueda de Bardet. Se coronaba de esta manera en un grupo de tres, con una medalla por cabeza.

Marcajes en la cuesta de cabras


Poco antes del descenso, Bardet lograba solventar con gran habilidad un pequeño problema en la cadena y lanzaba a continuación la típica aceleración al coronar, arreón que quizá hubiese sido más violento de no haberse visto importunado por ese leve fallo mecánico. Valverde, muy atento, le cogió rápido rueda, evitando hacer una valverdada demasiado temprana. Por detrás, Moscon y Dumoulin coronaban conjuntamente, marchándose el holandés del italiano al principio de bajada. 

Si bien Bardet y Woods comandaban la bajada, una vez Valverde se percató de que Dumoulin se estaba acercando peligrosamente pasó a la cabeza. Las imágenes del helicóptero recordaban a la intensidad de los mejores descensos. Dumoulin exprimía sus habilidades de descendedor y rodador, con el acicate de la rabia de tantos segundos puestos, para dar alcance in extremis al terceto delantero. De esta forma, un convidado peligroso se unía a la fiesta. Sin embargo llegaba sin fuerzas, como demostró un ataque bajo el banderín del último kilómetro, que quedó en amago.

Valverde se quedaba en primera posición del cuarteto en el largo rectilíneo de meta: todo el mundo sabe que es la peor posición para lanzar un sprint, pero sus rivales tenían que aprovecharse de alguna manera de la clamorosa inferioridad en el sprint en confrontación con el murciano. Valverde lanzó el sprint desde lejísimos, dando la falsa impresión de que podía ser atrapado y superado por Bardet. ¿Iba a cagarla una vez más en el momento crucial? ¿Le fallarían las fuerzas en el sprint final como en Salzburgo en 2006? Allí se enfrentó a Bettini y Zabel, nada menos; en este caso, Bardet, Woods y Dumoulin parecían rivales más favorables para su triunfo. La suerte le sonreía, los astros parecían haberse confabulado para ofrecer un triunfo crepuscular al faraón murciano. Y así fue, Valverde cruzaba el primero la meta. Luego vinieron los gritos de alegría, casi alaridos desesperados, los sollozos en la intimidad de la carpa, la mirada decepcionada de un Bardet inconmensurable (al que le esperan grandes momentos si se decide por las pruebas de un día) y finalmente el arcoíris en el podio.


No podía fallar


Valverde entra así en el Olimpo ciclista, con seis triunfos de primer nivel (un mundial, una Vuelta, cuatro Liejas), a los que se suman cinco Flechas Valonas, 2 Clásicas de San Sebastián, 6 grandes vueltas de una semana (3 Voltas, 2 Dauphinés, 1 Vuelta al Pais Vasco) e infinidad de podiums (seis en mundiales, siete en grandes vueltas, seis en monumentos), a lo que habría que añadir además etapas y podiums en las tres grandes y más de 100 victorias profesionales. Han sido muchas sus ocasiones perdidas, pero sus triunfos también son incontables, lo que le situará en breve, cuando finalice la temporada, como el mejor corredor español de todos los tiempos en mi particular clasificación. En su pasado figuran sus dos años de suspensión, precedidos de su implicación en la OP y del juego del gato y el ratón con el CONI. Sin embargo, su carácter afable, simple y llano hacen del campeón murciano alguien muy cercano, del que se han sentido casi como propias las derrotas, sus errores tácticos, sus despistes o sus fallos en la planificación de la temporada, de forma que, a pesar de equivocaciones que haya podido tener en el pasado y de las prácticas actuales en las que pueda incurrir y que no escapan a lo que es común en el pelotón ciclista, es difícil decir que es un corredor que no merece este grandísimo triunfo.

Los dos conceptos contrapuestos, Valverde y arcoíris, casaban por fin ayer en una tarde soleada en Innsbruck. La luna y el sol concordaban: sobre la cara arrugada, con barba de tres o cuatro días y calvorota trasera del campeonísimo murciano se superpuso, cual luna tapando al sol, el ansiado arcoíris. Lo imposible se había cumplido: las teorías del pasado habían saltado por los aires.  


Después de muchos años, Valverde ocupa el escalón central
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Atendiendo a la actualización de los datos de la reciente estadística sobre abandonos en los mundiales, el mundial de Innsbruck no figuraría entre los más duros. Se sitúa un poco por encima de la media con un 59,57 % de abandonos. Todo ello tiene una explicación: el factor de "circuito largo" ha perjudicado a esta edición, repercutiendo en que no haya habido muchos abandonos, cuando sobre el papel ha habido bastantes desfallecimientos y aparente dureza. 



AñoLugarGanadorSalidosLlegadosPorcentaje de abandonos

27º2018InnsbruckAlejandro Valverde1887659,57

viernes, 21 de septiembre de 2018

PORCENTAJE DE ABANDONOS EN LOS MUNDIALES DE CICLISMO

A falta apenas de una semana para que comiencen los mundiales de Innsbruck, anunciados de antemano como los más duros de la historia dado el desnivel acumulado, propongo una estadística bastante simple para valorar desde otro ángulo la dureza de un mundial: el porcentaje de abandonos. Si bien no es un indicador 100 % fiable, ya que requiere muchas veces de explicaciones adicionales, sí que sirve para determinar aproximadamente qué mundiales han exigido más esfuerzo a los ciclistas y cuáles han sido más llevaderos.

Antes de empezar con la estadística propiamente dicha, unas breves aclaraciones. He prescindido de los mundiales anteriores a 1953 debido a la reducida participación, ya que la inscripción no superaba los 50 ciclistas (en la primera edición de los mundiales participaron 55 ciclistas, profesionales y amateur mezclados). La edición ganada por Coppi es por tanto la primera con una participación más o menos nutrida. 

En segundo lugar, para elaborar esta tabla y las explicaciones correspondientes me he basado principalmente en tres fuentes: 

1- El anuario Velo, en su edición de 2018, que recoge en su tomo bis palmareses de las principales carreras, con información relativa a la clasificación, número de participantes, número de ciclistas clasificados, velocidades, etc. (GODAERT, Joël y LANDUYT, Tony, Velo bis, Steekkaarten-Fiches-Sheets / Palmares, Duffel, 2018).

2- Un libro especial editado para conmemorar el 75º aniversario de los mundiales, presentado igualmente como aperitivo para la edición de 2002, que recopila todas las clasificaciones completas de los mundiales hasta 2001: GODAERT, Joël, JANSSENS, Robert y CAMMAERT, Guido, 75 jaar/ans Wereldkampioenschap Wielrennen/Championnat du Monde de Cyclisme, Universal Cycling, Gante, 2001. 

3- La excepcional entrada del blog Lasterketa Burua con la recopilación pormenorizada de los circuitos mundialísticos, obra de Raffaelle Filippetti, imprescindible para valorar la dureza del trazado de cada edición. (FILIPPETTI, Raffaelle, "Circuiti mondiali", en https://lasterketaburua.wordpress.com/2016/10/15/circuiti-mondiali/ [21-IX-2018]). 

Una vez dicho esto, he aquí la tabla, con tono rojo aquellas ediciones con un porcentaje de abandonos superior a la media y en verde inferior. 


AñoLugarGanadorSalidosLlegadosPorcentaje de abandonos
1953LuganoFausto Coppi702761,43
1954SolingenLouison Bobet712269,01
1955FrascatiStan Ockers652167,69
1956CopenhagueRik Van Steenbergen712761,97
1957WaregemRik Van Steenbergen704141,43
1958ReimsErcole Baldini672661,19
1959ZandvoortAndré Darrigade694436,23
1960SachsenringRik Van Looy673252,24
1961BernaRik Van Looy713254,93
1962Salò di GardaJean Stablinski693647,83
1963RonseBenoni Beheyt703648,57
1964SallanchesJan Janssen624035,48
1965LasarteTom Simpson745624,32
1966NürburgringRudi Altig742270,27
1967HeerlenEddy Merckx704535,71
1968ImolaVittorio Adorni841977,38
1969ZolderHarm Ottenbros926232,61
1970LeicesterJean-Pierre Monseré956927,37
1971MendrisioEddy Merckx935738,71
1972GapMarino Basso894252,81
1973BarcelonaFelice Gimondi883955,68
1974MontréalEddy Merckx701874,29
1975YvoirHennie Kuiper792864,56
1976OstuniFreddy Maertens855337,65
1977San CristóbalFrancesco Moser893362,92
1978NürburgringGerrie Knetemann1113172,07
1979ValkenburgJan Raas1144461,40
1980SallanchesBernard Hinault1071585,98
1981PragaFreddy Maertens1126938,39
1982GoodwoodGiuseppe Saronni1365559,56
1983AltenrheinGreg LeMond1174660,68
1984BarcelonaClaude Criquielion1193173,95
1985Giavera del MontelloJoop Zoetemelk1496655,70
1986Colorado SpringsMoreno Argentin1418738,30
1987VillachStephen Roche1687157,74
1988RonseMaurizio Fondriest1787955,62
1989ChambéryGreg LeMond1904277,89
1990UtsunomiyaRudy Dhaenens1455760,69
1991StuttgartGianni Bugno1919649,74
1992BenidormGianni Bugno1939053,37
1993OsloLance Armstrong1716661,40
1994AgrigentoLuc Leblanc1705766,47
1995DuitamaAbraham Olano982079,59
1996LuganoJohan Museeuw1514967,55
1997San SebastiánLaurent Brochard1618745,96
1998ValkenburgOscar Camenzind1526656,58
1999VeronaÓscar Freire1724971,51
2000PlouayRomans Vainsteins15610930,13
2001LisboaÓscar Freire1719445,03
2002ZolderMario Cipollini20116816,42
2003HamiltonIgor Astarloa18011237,78
2004VeronaÓscar Freire2008856,00
2005MadridTom Boonen18813627,66
2006SalzburgoPaolo Bettini19812636,36
2007StuttgartPaolo Bettini1977263,45
2008VareseAlessandro Ballan2057762,44
2009MendrisioCadel Evans20110846,27
2010GeelongThor Hushovd1789944,38
2011CopenhagueMark Cavendish21017715,71
2012ValkenburgPhilippe Gilbert20712241,06
2013FlorenciaRui Costa2086170,67
2014PonferradaMichal Kwiatkowski2049553,43
2015RichmondPeter Sagan19111042,41
2016DohaPeter Sagan1975373,10
2017BergenPeter Sagan19513232,31
Porcentaje de abandonos superior a la media
Porcentaje de abandonos inferior a la media

En esta otra tabla aparecen los mundiales clasificados no ya cronológicamente, sino por el indicador de "dureza" escogido: el porcentaje de abandonos.

AñoLugarGanadorSalidosLlegadosPorcentaje de abandonos
1980SallanchesBernard Hinault1071585,98
1995DuitamaAbraham Olano982079,59
1989ChambéryGreg LeMond1904277,89
1968ImolaVittorio Adorni841977,38
1974MontréalEddy Merckx701874,29
1984BarcelonaClaude Criquielion1193173,95
2016DohaPeter Sagan1975373,10
1978NürburgringGerrie Knetemann1113172,07
1999VeronaÓscar Freire1724971,51
10º2013FlorenciaRui Costa2086170,67
11º1966NürburgringRudi Altig742270,27
12º1954SolingenLouison Bobet712269,01
13º1955FrascatiStan Ockers652167,69
14º1996LuganoJohan Museeuw1514967,55
15º1994AgrigentoLuc Leblanc1705766,47
16º1975YvoirHennie Kuiper792864,56
17º2007StuttgartPaolo Bettini1977263,45
18º1977San CristóbalFrancesco Moser893362,92
19º2008VareseAlessandro Ballan2057762,44
20º1956CopenhagueRik Van Steenbergen712761,97
21º1953LuganoFausto Coppi702761,43
22º1979ValkenburgJan Raas1144461,40
23º1993OsloLance Armstrong1716661,40
24º1958ReimsErcole Baldini672661,19
25º1990UtsunomiyaRudy Dhaenens1455760,69
26º1983AltenrheinGreg LeMond1174660,68
27º1982GoodwoodGiuseppe Saronni1365559,56
28º1987VillachStephen Roche1687157,74
29º1998ValkenburgOscar Camenzind1526656,58
30º2004VeronaÓscar Freire2008856,00
31º1985Giavera del MontelloJoop Zoetemelk1496655,70
32º1973BarcelonaFelice Gimondi883955,68
33º1988RonseMaurizio Fondriest1787955,62
34º1961BernaRik Van Looy713254,93
35º2014PonferradaMichal Kwiatkowski2049553,43
36º1992BenidormGianni Bugno1939053,37
37º1972GapMarino Basso894252,81
38º1960SachsenringRik Van Looy673252,24
39º1991StuttgartGianni Bugno1919649,74
40º1963RonseBenoni Beheyt703648,57
41º1962Salò di GardaJean Stablinski693647,83
42º2009MendrisioCadel Evans20110846,27
43º1997San SebastiánLaurent Brochard1618745,96
44º2001LisboaÓscar Freire1719445,03
45º2010GeelongThor Hushovd1789944,38
46º2015RichmondPeter Sagan19111042,41
47º1957WaregemRik Van Steenbergen704141,43
48º2012ValkenburgPhilippe Gilbert20712241,06
49º1971MendrisioEddy Merckx935738,71
50º1981PragaFreddy Maertens1126938,39
51º1986Colorado SpringsMoreno Argentin1418738,30
52º2003HamiltonIgor Astarloa18011237,78
53º1976OstuniFreddy Maertens855337,65
54º2006SalzburgoPaolo Bettini19812636,36
55º1959ZandvoortAndré Darrigade694436,23
56º1967HeerlenEddy Merckx704535,71
57º1964SallanchesJan Janssen624035,48
58º1969ZolderHarm Ottenbros926232,61
59º2017BergenPeter Sagan19513232,31
60º2000PlouayRomans Vainsteins15610930,13
61º2005MadridTom Boonen18813627,66
62º1970LeicesterJean-Pierre Monsere956927,37
63º1965LasarteTom Simpson745624,32
64º2002ZolderMario Cipollini20116816,42
65º2011CopenhagueMark Cavendish21017715,71
Media de abandonos desde 1953: 55,62


Más del 75 % de abandonos
Entre 50 % y 74,99 % de abandonos
Entre 25 % y 49,99 % de abandonos
Menos del 25 % de abandonos


A pesar de que los números son elocuentes por sí solos, una estadística de este tipo queda un tanto huérfana sin las explicaciones pertinentes. Principalmente porque cada mundial es un mundo, con durezas y distancias de vuelta dispares, con climatologías adversas o benignas y con múltiples factores que pueden incidir en su desarrollo. Parto del convencimiento de que este tipo de estadísticas no es más que un frágil intento de sistematizar lo que ya de por sí es suficientemente heterogéneo como para poder ser reducido a un número. O al menos a un número "sin relato".

Empecemos pues por los mundiales con mayor porcentaje de abandonos. Coinciden casi punto por punto con aquellos que el imaginario colectivo califica como "los más duros de la historia" y que si se consulta el trazado, de hecho lo fueron. Los veinte ascensos a la côte de Domancy con un Bernard Hinault desbocado en el mundial de Sallanches, sólo con quince ciclistas clasificados (los últimos entrados a 20 minutos de Hinault), ocupan el primer puesto. Le siguen los quince ascensos a El Cogollo en el mítico mundial de Duitama, con climatología adversa, en un circuito que, como señala Filippetti, se desarrolló en todo momento a más de 2490 metros de altura, con la épica victoria final de Abraham Olano. Y en tercer lugar el mundial de Chambéry, en la Saboya, con la subida a Montagnole desarrollada bajo la lluvia y triunfo final de Greg LeMond sobre Sean Kelly, Dmitri Konyshev, Steven Rooks, Thierry Claveyrolat y Laurent Fignon. 


Sallanches 1980. Triunfo de Bernard Hinault. 85,98 % de abandonos.

Duitama 1995. Triunfo de Abraham Olano. 79,59 % de abandonos. 

Chambéry 1989. LeMond vence por delante de Konyshev, Kelly y Rooks. 77,89 % de abandonos.

Entre los diez mundiales de desarrollo más "duro" se encuentran también el de Imola, con victoria de Vittorio Adorni con casi diez minutos de diferencia sobre Van Springel, en un circuito dominado por la subida a Tre Monti; el primer mundial extraeuropeo, en Montréal en 1974, el tercero de Merckx, en un circuito muy parecido al actual Gran Premio de Montréal y con una participación ligeramente menos numerosa a la de años precedentes (quizá debido al traslado transoceánico); a continuación viene el mundial de Barcelona de 1984, con victoria de Criquielion, en un circuito más duro que el de 1973. Sorprende en puestos delanteros la presencia del mundial de Doha, un mundial de circuito completamente llano en el que sin embargo fue decisivo el trazado inicial, en el que el viento sopló con fuerza y dinamitó al pelotón principal. Ello provocó que las diferencias fuesen excesivas al entrar al circuito de 15 km y que muchos ciclistas quedasen fuera de juego a las primeras de cambio. Lo que nos viene a decir que para que un mundial sea duro no es imprescindible que haya desnivel, sino que otros factores como el viento, siempre fastidiosos para el ciclista, pueden tener una incidencia determinante.

Imola 1968. Victoria de Vittorio Adorni. 77,38 % de abandonos

Montréal 1974. Victoria de Eddy Merckx. 74,29 % de abandonos. 

Barcelona 1984. Triunfo de Claude Criquielion. 73,95 % de abandonos. 

Doha 2016. Victoria al sprint de Sagan sobre Cavendish y Boonen. 73,10 % de abandonos. 



En el lado opuesto, entre los mundiales más flojos destacan los dos ganados por sprinters puros, los grandes dominadores de la velocidad en sus respectivas generaciones: el mundial de 2011 ganado por Mark Cavendish y el de 2002 ganado por Mario Cipollini. El mundial ganado por el sprinter de la Isla de Man ha sido, casi sin confrontación, el mundial más "soso" de la historia. El de Cipollini por su parte se desarrolló en un trazado similar al de 1969, sobre el mismo circuito automovilístico de Zolder. No en vano esta edición de 1969 también se encuentra entre los 10 mundiales más "flojos". El mundial vencido por el anónimo Harm Ottenbros puede considerarse más llano sobre el papel: sin embargo, el porcentaje de abandonos fue mayor y llegaron destacados dos corredores, Ottenbros y Julien Stevens, con más de dos minutos de ventaja. La única explicación que encuentro para este dispar porcentaje de abandonos, en el que sale bastante más beneficiado el mundial ligeramente más llano, es la misma que da Raffaelle Filippetti a propósito de Leicester 1970:



Hablaremos dentro de poco precisamente de Leicester 1970. Llama antes la atención la presencia en los puestos más bajos de nuestra estadística el mundial de 1965, que tuvo lugar en el circuito automovilístico de Lasarte. La carrera se desarrolló bajo un aguacero, con la victoria final de Tom Simpson, que llegó escapado junto a Rudi Altig. Si bien el trazado no era exigente, no desentonaba con la tónica habitual de la época. Una posible explicación de la "suavidad" de este mundial podría hallarse en la distancia del circuito, de 19,1 km. Un circuito largo evitaría un exceso de doblados y por tanto de abandonos (lo que parece haber sido la razón inversa de la aparente "dureza" del circuito completamente llano de Zandvoort 1959, de 4,193 km y que sin embargo cuenta con un mayor porcentaje de abandonos). 

Copenhague 2011. Vicoria de Cavendish. 15,71 % de abandonos. 

Zolder 2002. Victoria de Mario Cipollini. 16,42 % de abandonos. 

Lasarte 1965. Victoria de Tom Simpson sobre Rudi Altig. 24,32 % de abandonos. 




Este hecho podría haber penalizado a mundiales con circuitos largos y relativamente duros como Reims 1958 (19,77 km de circuito, con victoria de Baldini), Benidorm 1992 (21,8 km, con ascenso a Finestrat seguido de un largo descenso, lo que propició una llegada en grupo grande en la que se impuso Gianni Bugno) y Stuttgart 2007 (19 km de circuito, un recorrido bastante duro con final en ligera pendiente, en el que ganó Bettini). Quizá los mundiales que más hayan sido penalizados por este factor de "circuito largo" sean los desarrollados en el Infierno Verde de Nürburgring (22,8 km de circuito), especialmente el de 1978, desarrollado bajo la lluvia. Este mundial figura el octavo en el índice de dureza propuesto: quizá debería estar más arriba. Otros mundiales con circuito largo fueron Ostuni (¡36 km. de circuito!), Waregem 1957 (23,8 km), Salzburgo 2006 (22 km) y Madrid 2005 (21 km).

Zandvoort 1959. Victoria de André Darrigade. 36,23 % de abandonos en un circuito de 4,194 km.


Nürburgring 1978. Gerrie Knetemann bate al sprint a Francesco Moser. 72,07 % de abandonos en un circuito de 22,8 km. 


Hablemos por último de Leicester 1970. Situado el cuarto por la cola, el mundial vencido por el grandísimo Jean-Pierre Monseré se desarrolló en un circuito no excesivamente duro, en el que el viento fue decisivo. No hubo apenas diferencias, a pesar de llegar a meta toda la carrera fragmentada: los 69 corredores clasificados entraron en menos de un minuto. Apenas se retiró poco más del 25 % de los participantes. Todos estos son indicadores de que se trató de un mundial "flojo". Sin embargo, ni Copenhague 2011 ni Zolder 2002, ni siquiera Zolder 1969, resisten la comparación con la edición de 1970.  En primer lugar, mientras que la victoria de Monseré se logró sobre un grupo en el que figuraban algunas de las grandes figuras del momento, como Felice Gimondi, y su principal rival en la categoría amateur Leif Mortensen, los mundiales de Cavendish y Cipollini se resolvieron en sprint masivo. En el caso del mundial de 2011 se presentó en meta el pelotón más numeroso de la historia, nada menos que 82 corredores, casi el doble del segundo pelotón más numeroso en meta, el de Lisboa 2001, con 45 corredores. En 2002 lo hizo un grupo de 27 corredores, que podría haber sido más numeroso si una caída en los últimos kilómetros no hubiese diezmado el grupo. Por contra, el campeón belga llegó en solitario. Por otro lado, y como elemento definitivo para poner cada mundial en su lugar a pesar de lo que muestran los números, las victorias de Cavendish y Cipollini fueron fundamentalmente victorias de equipo, en las que sus respectivas selecciones fueron decisivas a la hora de controlar la carrera y evitar que a sus líderes les diese el aire antes de los últimos 150 metros. Todo el mundo recuerda la labor de Bradley Wiggins para Cavendish o el "sacrificio" de Petacchi por Cipollini en la recta de Zolder. En cambio, Monseré sólo contó con el consentimiento de Merckx, mientras que Verbeeck y Godefroot colaboraron activamente para cazar al grupo avanzado en el que figuraba el malogrado campeón de Roeselare.

Leicester 1970. Triunfo de Jean-Pierre Monseré. 27,37 % de abandonos. 


En fin, estas explicaciones de pie de página podrían extenderse ad infinitum, lo que demuestra que la estadística que he propuesto tan sólo es una aproximación. El índice definitivo para clasificar los mundiales según su dureza no existe, pues no vale tan sólo contar el desnivel, o la velocidad, o el número absoluto de corredores llegados en menos de un minuto, o el porcentaje de corredores llegados en menos de un minuto, o lo que yo he propuesto, el porcentaje de abandonos. Haría falta una fórmula que no he descifrado todavía. Mientras tanto, este porcentaje es como una mano más tanteando a ciegas ese concepto tan etéreo e inaprehensible como es la "dureza" en el ciclismo, al mismo tiempo que también es un homenaje encubierto a la mejor carrera ciclista de cada temporada.