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lunes, 16 de febrero de 2026

DÉJÀ VU

Las imágenes dispersas de un sueño que se repite una y otra vez, en modo bucle, justo antes de despertar, así está siendo este inicio de temporada. Después de la promesa de otra cosa, materializada en la figura de Evenepoel, marchando en solitario hacia la victoria en Mallorca y València, los UAE han vuelto a las andadas. El objetivo delirante de las 100 victorias, espoleado por la ambición desmedida de Matxín, Gianetti y compañía, parece cada día más probable. El año pasado llevaban siete victorias a estas alturas: este año llevan once, nada menos, mientras el jefe todavía sigue de entrenos. 

lunes, 10 de febrero de 2025

2025 COMIENZA ENTRE POLÉMICAS QUE SE OLVIDARÁN

La temporada 2025 ha comenzado con el paso titubeante de un recién nacido, pero al poco de iniciarse su camino ya han surgido los primeros problemas, en forma de carreras inseguras y plantón de corredores como respuesta. En mi cabeza de cronista bullen desde hace días temas sobre los que hablar y debatir, en este bizantinismo creciente que impera en las redes sociales, sobre todo si se trata de un deporte o actividad de nicho, como se dice ahora. Algunos de esos temas, sobre los que llevo pensando más tiempo de lo conveniente, al salir de tanto en tanto en las redes sociales, son la limitación presupuestaria de los equipos, un posible draft para igualar a los equipos, las necesarias mejoras de seguridad (sin alterar sustancialmente la esencia del ciclismo) y los posibles incentivos para hacer de las etapas llanas, sobre todo en grandes vueltas, algo menos anodino. En gran parte son temas que me aburren y sobre los que no desearía hablar. Conclusión: es todo muy complejo y no tengo respuestas claras ni únicas. Es más, en estos tiempos de "gatillo fácil" e inmediatez, prefiero madurar mi opinión, sí, a la luz de los acontecimientos, dejando un tiempo para la prueba y la reflexión. 

martes, 7 de febrero de 2023

NOTAS APRESURADAS DEL INICIO DE TEMPORADA

La temporada ha comenzado con las grandes figuras todavía adormecidas en sus bases secretas, acumulando entrenamientos de cara a la gran cita de julio. A Pogačar y a Vingegaard todavía no se les ha visto con dorsal, pero sus druidas ya han diseñado sus respectivos calendarios, marcando con chinchetas y fosforito el Tour, el único punto de conexión anunciado entre ambos. Como aperitivo y objetivos colaterales, Pogačar se va a decantar por las clásicas y Vingegaard por las vueltas de una semana, y aunque ambos se han puesto de acuerdo en comenzar en España, uno lo hará en el sur y el otro en el norte. El año pasado coincidieron en número de días de competición (54) y quizá este año los cálculos estén más o menos en la misma línea. La tercera pata del trípode, Evenepoel, ya se ha dejado ver en Argentina, pero todavía con la mecha corta: intentó una cabalgada, pero le salió rana. Su objetivo será el Giro, animado por la prima económica y por la posibilidad de obtener una revancha después de su primer contacto desastroso con la prueba en 2021. Las figuritas que faltan por nombrar, Mathieu van der Poel y Wout van Aert, tampoco han pisado la ruta, enfrascados como están en sus luchas en el barro (o polvo y tierra, según se mire). 

lunes, 21 de febrero de 2022

IMPRESIONES DE PRINCIPIO DE TEMPORADA

Con casi un mes de temporada en marcha, ha llegado el momento de dar dos o tres pasos hacia atrás para contemplar el paisaje y poder ver lo que poco a poco se va dibujando sobre el lienzo. Como siempre, la temporada ha empezado de forma perezosa, con estallidos de buen ciclismo y con alguna que otra esperanza, que se verá truncada a buen seguro más adelante, a medida que los grandes nombres vayan despertando y saliendo de las guaridas en las que se han refugiado para entrenarse, rodeados del anonimato y oscurantismo habitual. De todas formas, en estas pinceladas iniciales y titubeantes suele adivinarse algo del dibujo final, de la imagen de conjunto que deja una temporada una vez pasada. La nota predominente ha sido el arranque vertiginoso de algunos equipos menores, como Lotto, Arkéa o Cofidis, y el languidecimiento en sus laureles de otros, viviendo como suele suceder de glorias pasadas.

Empieza el cuadro

 

Las carreras han ido saltando desde las costas mediterráneas, con sus montañas asomadas al mar, a los anodinos desiertos árabes, tan pródigos en minutos de retransmisión como parcos en árboles y público. En las carreras de Mallorca, sin retransmisión en directo, ya se vio a un Lotto bastante activo, con Arnaud De Lie y sobre todo Tim Wellens, un habitual de los comienzos de temporada. Alejado de los malos resultados del año pasado, Wellens al menos parece dispuesto a ser protagonista en las carreras menores que escapan a la voracidad de los grandes nombres. Paralelamente, en las costas francesas comenzó la temporada, con un Gran Premio de la Marsellesa para Amaury Capiot, batiendo a Mads Pedersen al sprint, y con lucimiento previo de Guillaume Martin. 

Melena al viento, camino de la ciudad más chunga de Francia

 

Comenzaba de esta forma el encadenado de carreras francesas del Mediodía, siempre populares. En especial en Bessèges, una carrera muy interesante desde que la retransmiten en directo. De nuevo fue la Montée de l'Ermitage el momento culminante, con una agónica y corta cronoescalada que se llevó una vez más Filippo Ganna. La general fue para Benjamin Thomas, pistard del Cofidis (también bastante termonuclear en este inicio de temporada), en estrecho duelo con Bettiol y Tobias Johannessen. Este escenario no es nuevo para el italiano (una de sus escasas victorias tuvo lugar en Bessèges). En el caso del joven noruego, es interesante recalcar cómo la nueva generación de jóvenes que ganan en el Porvenir ahora sí acaban destacando en profesionales, a diferencia de lo que sucedía en la tenebrosa primera década de siglo. 

Thomas, Johannessen y Bettiol.

 

La Volta a la Comunitat Valenciana presentaba una buena participación, con el aliciente del debut de Remco Evenepoel, rebotado de la cancelación de Argentina. En Torralba del Pinar el joven belga encontró un territorio propicio para una de sus habituales demostraciones de rodador. En zonas de falso llano o de subida con porcentajes regulares es muy bueno, como ya lleva demostrando desde que se cortase la melena de futbolista. Después del triunfo inicial parecía tener todo a su favor, hasta que en las Antenas del Maigmó, en un tramo de tierra y piedras, las fuerzas comenzaron a flaquearle en el mismo instante que Vlasov comenzaba a volar. El ruso había sido el único en plantear una mínima oposición a Evenepoel en la primera etapa, y en las rampas en las que el belga comenzaba a sofocarse, Vlasov sacaba a relucir la liviandad de escalador que le hizo muy prometedor en sus primeros años en Astana, antes de que blancazos varios pareciesen eclipsar su progresión. El hundimiento de Evenepoel (nada dramático, por otra parte) nubló el entendimiento de algunos “expertos” belgas, que clamaron contra un insignificante y apenas decisivo tramo de tierra; algunos de ellos forma parte del coro habitual del "sexto monumento" (como si las carreras fuesen vinos que etiquetar con apelativos pomposos para nuevos ricos). 

En Bora, liberados del lastre de Sagan, comienza a volar.

 

Menos interés presentó el Tour de Arabia, más allá de algunos insólitos paisajes. Maxim Van Gils fue el protagonista, un nuevo Lotto y un nuevo belga, destrozando a los Quick Step en un final digno de la película de Thelma & Louise, como alguien señaló por twitter. De vuelta a Francia, en La Provence, Nairo Quintana empezaba a perfilar su revival de 2020. Después de algunos días de viento y abanicos en la Camarga, Quintana reclamaba su cetro de mejor escalador en la Montagne de Lure, atacando hasta tres veces y consiguiendo que Alaphilippe, con más ansias que buen estado de forma, se acabara abriendo de patas. Por su parte, Kristoff se llevaba el triunfo en Almería y Covi en una remozada Vuelta a Murcia, con un más interesante final en Cartagena. Llegaba así la esperada Jaén Paraíso Interior, carrera que ofreció dureza aunque no desmasiada emoción: desde que hubo televisión, Lutsenko fue la apisonadora que necesitaban esos tramos de tierra llenos de pedruscos. Aun tratándose de un sucedáneo de la Strade Bianche, la carrera dejó un buen sabor de boca. Quién lo diría, dados los organizadores. Con menos envoltorio que su precedente toscano, la carrera mostró más dureza, en especial en un repecho final solo apto para la fuerza bruta.

Cajas de cristal en Arabia.

 

Podium made in Spain.

 

Así pues, llegamos a esta semana pasada, con una concentración de carreras que ha hecho salivar a los adictos. En Andalucía, quizá sin tantas figuras como se esperaba, la general ha sido finalmente para Wout Poels. Los Bahrain parecen seguir llamando a la puerta de los grandes momentos de la temporada con su banda de sólidos veteranos, para los que el sentido común parecía no haber reservado más futuro que una digna y anónima retirada. En Algarve, Evenepoel no contó con mucha oposición, gracias al caramelo en forma de contrarreloj de treinta y tantos kilómetros que la organización suele brindar. Evenepoel hizo una demostración de rodador acoplado en esta crono, perfeccionando incluso su postura. La crono fue larga para los estándares actuales y el mazazo de Remco bastante rotundo. Además, al joven belga se le ve más macizo, más musculado, menos apto para las subidas, como una versión mejorada y más joven de Campenaerts o un niño sanote de esos que pintaba Brueghel.

¿Quién decía que debían prohibirse las bicis de crono?

 

Pero el auténtico ciclismo, el trepidante, se vivió en los Alpes Marítimos. La carrera se resolvió en las proximidades de Niza, en un territorio comanche siempre propicio para las emboscadas: no en vano, a los romanos les costó tanto conquistar esta estrecha franja de terreno en la que los Alpes caen casi en picado sobre el Mediterráneo, con sus localidades encaramadas en riscos al modo italiano y sus puertos solo aptos para piratas. Pero si no eran suficientes las trampas y atractivos que ofrece el entorno, a la organización, con extrema laxitud, no se le ocurrió otra cosa que dejar las cosas a su libre albedrío, sin tener en cuenta unos mínimos estándares de seguridad. Bolardos e isletas sin señalizar, coches mal aparcados al borde de la ruta, coches parados de forma improvisada en la calzada, de cara a los ciclistas... Un sinfín de despropósitos, que se suman a los propios de una zona muy urbanizada. En julio esto hubiese sido una carnicería y en parte todo ello explica por qué el Tour visita tan poco esta zona (y ya se recuerda qué sucedió la última vez: un plantón).

Así pues, este fue el escenario, y Nairo Quintana, Tim Wellens y en menor medida Thibaut Pinot y Guillaume Martin fueron los protagonistas. En la segunda etapa, Nairo Quintana atacó en el col d'Èze, siendo alcanzado por Wellens en el falso llano que conducía hasta La Turbie. Pero Quintana no había dicho la última palabra y se sacó de la chistera una última jornada antológica, muy disfrutable a pesar de ser en un momento menor de la temporada. Aprovechando un ataque temprano de Pinot en el Col de Saint-Roch, Quintana se lanzó a la ofensiva, acompañado inicialmente por Edet. Faltaban 35 kilómetros para meta. En el descenso, Quintana dio alcance a un titubeante Pinot,  y en las reviradas carreteras del valle, llenas de sube y bajas y obstáculos, Quintana se deshizo de su cogeneracional y se marchó en solitario hacia un gran triunfo. Por su parte, Wellens había dado alcance al grupo de Pinot, Storer y Guillaume Martin, aunque el colombiano le iría sacando ventaja arriesgando en cada curva y dándolo todo en cada ligero repecho. Nairo volvía así a su versión pre-pandémica, a su termonuclear inicio de temporada de 2020, antes de que la pandemia paralizase todo durante la primavera. 

Uno de sus grandes días.

 

¿Son estas demostraciones y estos momentos sintomático de algo? Sí, son síntoma de que los pequeños equipos han salido a tope para mantener o conseguir una plaza en el World Tour del año próximo. Pero no, no son ejemplo de nada. Vivimos años de trinchecarlovización del ciclismo, de exagerar la trascendencia de cualquier carrera, ciclista o equipo, hasta rozar los límites de la caricatura. Han sido buenas carreras, momentos interesantes, pero lo mejor está todavía por llegar.

sábado, 7 de marzo de 2020

ANNUS HORRIBILIS

La primavera intanto tarda ad arrivare.
Franco Battiato


Hace más o menos un año, imbuido del tono involuntariamente nostálgico que a veces se apodera de esta página, escribía sobre La course en tête, ansioso a la espera de una primavera que, como todos los años, tarda en llegar. Este año, con cancelaciones e incertidumbres, parece que directamente nos la tendremos que saltar.


Mañana comienza la París - Niza, en un ambiente enrarecido de desbandada generalizada de los grandes equipos. Pero en Italia, la Milán - Sanremo no se va a disputar, y tampoco Strade Bianche ni Tirreno - Adriatico, los aperitivos. Según la organización se han pospuesto, aunque será difícil encontrarles acomodo en una temporada sobrecargada, con Juegos Olímpicos incluidos. Si se repara en que la Classicissima solo ha dejado de disputarse durante tres años, uno se da cuenta de la dimensión de la tragedia. 1916, 1944 y 1945, tres annus horribilis. 1916: la primavera posterior a la entrada italiana en la Gran Guerra. 1944 y 1945, los años de la ocupación nazi de la Alta Italia y la formación de la República de Salò, años de guerra civil encubierta bajo el telón de la II Guerra Mundial. Partisanos contra pidocchi neri, con el trasfondo de pueblos masacrados. En resumen, cataclismos, desastres y muertes por doquier. Y ahora, el coronavirus. ¿Es para tanto? No lo sé. No quiero jugar, como Trump o Rallo, a epidemiólogo. Aunque siempre es mejor prevenir que curar.


Así pues, habrá que tener en cuenta lo disputado hasta ahora, incluidas las pachangas de pretemporada, porque si no esta página corre el riesgo de quedarse tan tiesa como la temporada ciclista. Hasta el momento cuatro han sido los ases de la baraja, dos de la nueva hornada, Evenepoel y Pogačar, casi valets ascendidos a reyes; los otros dos, Nairo Quintana y Adam Yates, más bien comodines inesperados. Los cuatro han sido los Della Santa de la temporada 2020.


Remco Evenepoel ha destacado en todos los terrenos, contra el viento, en solitario, en subidas tendidas y en subidas explosivas. En su maduración, se le está afilando la cara, adoptando un buen perfil ciclista. Por su parte, Pogačar se dio un paseo por la Volta a la Comunidad Valenciana, entre autopistas, naranjos y cuestas de cabras. A pesar de su cara de niño despierto, jugó con sus rivales como un experto veterano, en una carrera claramente descafeinada.


Parallels


Aunque las grandes sorpresas han sido las de Nairo Quintana y Adam Yates. El colombiano, en modo revenant, rompió los grilletes y lanzó un ataque a falta de siete kilómetros para la meta del Chalet Reynard. Solo tiene treinta años (¿quién lo diría?). Más de un minuto endosó a Lutsenko. En los emiratos, Adam Yates imitó al colombiano en la subida a Jebel Hafeet. De estos gemelos nunca se sabe, se intercambian los roles de bueno y malo con mucha facilidad. Ahora es Adam el bueno de "los gemelos golpean dos veces". Para mí son siempre el mismo, rodando en la punta del sillín, con el menudo cuerpo algo erguido, con inusitada fuerza en una subida en la que rodar. Un minuto le metió a Pogačar, más estético en su marcha, con más ansia por ganar, dado el patrocinador.






Piet Quintana







Las autoridades decidieron que se corriera "a puerta cerrada"


En una vuelta carente de brillo y aliciente como el tour de los emiratos, se repitió la subida a Jebel Hafeet. En la revancha, Adam Yates reguló, aunque tenía intenciones de ganar otra vez, en esta ocasión con más cálculo que fuerza. Sin embargo, Pogačar aprovechó los descansillos para rodar a placer y darle alcance. Lutsenko se valió del parón delantero para alcanzar al dúo y la cosa se dirimió al sprint. Ahí fue Pogačar el más listo, ganando una vez más por fuera (como en Cullera), aprovechando hasta el último centímetro para lanzar la bicicleta y arrebatarle el triunfo a un negligente Lutsenko, que ya estaba celebrando.


Robada de cartera final, a lo Freire.

Y luego, la paralización, la alarma, el confino. El sainete. El virus se había colado en el pelotón, como aquel espontáneo que se coló en su día en la vuelta a Andalucía. Entre autoridades inoperantes, organizadores de RCS de turismo, periodistas españoles olisqueando carnaza y los italianos propalando rumores a la mínima, se vivieron momentos esperpénticos. Los medios generalistas repararon en el ciclismo por primera vez en mucho tiempo. Los ciclistas estaban confinados, pero podían desayunar codo con codo. El número de sospechosos de infección iba bailando. Los periodistas italianos tenían el twitter bien a mano a la mínima que oían pasar una sirena. Por desgracia, Cofidis, Groupama-FDJ, Gazprom y parte de UAE aun siguen allí.


El fin de semana de apertura flamenco se disputó en un ambiente enrarecido, con medio pelotón internacional retenido en los emiratos. La Omloop Het Nieuwsblad trajo ya el aroma del ciclismo auténtico, en un recorrido muy familiar, con Kapelmuur y Bosberg enlazados. Por delante se marcharon Jasper Stuyven, Yves Lampaert, Søren Kragh Andersen, Tim De Clercq, Mike Teunissen y Matteo Trentin, y los tres primeros salieron del cedazo que siempre ha sido la subida a la capilla. Trentin trató de alcanzarles, pero fue en vano. En el sprint, Stuyven manejó bien a Lampaert, consiguiendo por fin su primera gran clásica.


Lugar para grandes fotos (pic. Tim De Waele)


En la Kuurne-Brussel-Kuurne (con meta en Kortrijk), fue Asgreen el predestinado de Deceuninck. Dio toda una exhibición de rodar en el llano, de forma incansable, con esa cuerda particular que tienen los de Lefevere para el pedaleo redondo. Los escapados Roy Jans y Boris Vallée saltaron por los aires, arrastrados por el vendaval que Asgreen abría a su paso. Cuando el pelotón estaba a punto de darle alcance, un oportuno fallo en la señalización de una rotonda decantó finalmente la balanza en favor del trotón danés, que consiguió así un gran triunfo.
 
Entre semana llegó Le Samyn, una carrera que siempre deja buenas imágenes a pesar de su participación, en general bastante pobre. El circuito final transita por caminos adoquinados infames y embarrados, entre poblaciones de casas destartaladas de ladrillo rojo, a la manera del poblado minero simulado, decrépito y casi abandonado, de Bienvenidos al norte. Es el paisaje idóneo para un gran día de ciclismo, aunque también para una película de Kean Loach sobre huelgas mineras. Esta vez Hugo Hofstetter pudo llevarse un triunfo que parecía marcado de antemano para los Deceuninck.


La Samyn, el paisaje ciclista.


Esto ha sido el ciclismo hasta el momento. ¿Y ahora qué? Nos espera una París - Niza con Quintana como máximo aspirante, dada la rajada general. Las autoridades recomiendan que los equipos no repartan botellines ni cojan nada del público, que no se firmen autógrafos ni se choquen manos, y que las puertas de los hoteles se abran con el codo. ¿Se extenderá la plaga, la psicosis? ¿Llegará al norte? ¿Habrá Giro? ¿Las carreras disputadas hasta el momento serán nuestro "Giro di guerra"? ¿Las deberé puntuar doble?


En el Nosferatu de Herzog, los burgueses salen a comer y a beber a la calle y a las plazas. Borrachos, cantan, bailan, se besan entre ellos, brindan y comen a placer. "Nuestra última comida", dicen saludando, copa en mano, a una perdida Isabelle Adjani. Poco después, la mesa se llena de ratas. El asqueroso vampiro ha traído consigo la peste y la destrucción. Así tendremos que hacer los aficionados al ciclismo: disfrutar de cada carrera como si fuese la última, en este año extraño de miedos, paranoias y enfermedades contagiosas.