Mostrando entradas con la etiqueta Il Lombardia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Il Lombardia. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de octubre de 2025

POGAČAR, COMO COPPI

La quinta Lombardía de la era Pogačar se desarrolló sin sobresaltos, según las pautas marcadas. Tan solo un movimiento temprano, a cargo de Quinn Simmons, puso algo de emoción a la prueba, caracterizada, a partes iguales, por la belleza del paisaje y el carácter predecible de la competición. En el plano histórico, Pogačar supera a Binda y alcanza a Coppi con sus cinco Lombardías, consecutivas en su caso. Consigue igualmente su décima clásica - monumento, su tercera de este año, además de su segundo doblete consecutivo de mundial y Lombardía. La frialdad de la enumeración estadística, que podría inducir al tedio, contrasta con unas cunetas cada vez más llenas público, sobre todo en ciertos puntos de la prueba. 

domingo, 13 de octubre de 2024

POGAČAR, UNA VEZ MÁS (Y VAN CUATRO)

La temporada ha finalizado como empezó, con una exhibición de Pogačar en Italia. Ha ganado su cuarto Giro de Lombardía consecutivo, la carrera que mejor se adapta a su forma de correr y a su estado de forma perenne. Ya no es esta una prueba con la que algunos corredores en el pasado pretendían salvar sus temporadas. De hecho, gracias a Pogačar, vuelve a ser la carrera en la que se expresan los grandes campeones, dado su recorrido variado, largo y duro. Pogačar se ha convertido en el azote de su generación, al igual que el hambre, los diluvios o las largas nevadas asolaban a las sociedades antiguas. No sabría muy bien decir si Pogačar es un ángel salvador o destructor. Ante sus exhibiciones, casi diarias, solo cabe dejar en suspenso la razón. A ambos lados de su paso se abren una legión de fans, casi enamorados de su estela, y otra más reducida de ruidosos haters.

domingo, 8 de octubre de 2023

COMO DE COSTUMBRE, POGAČAR

Tadej Pogačar ha ganado el Giro de Lombardía por tercera vez consecutiva, cumpliendo con casi todos los pronósticos. No surprises, como cantaba Radiohead. Esta vez no ha sido una victoria por aplastamiento, sino algo más sufrida. Si se analizan con detalle, tampoco sus dos victorias previas en Lombardía habían sido exhibiciones individuales, pero en esta ocasión ha sido una victoria perfecta en su imperfección. La fuerza ha jugado su lógico papel en la victoria, pero a la hora de la verdad Pogačar no ha logrado distanciar a sus rivales en los momentos más duros, sino que lo ha hecho arriesgando en una bajada complicada, que llevaba muy estudiada y que ya conocía de 2021. Una vez por delante, el marcaje entre sus rivales ha hecho el resto. Podría decirse que su apuesta continua por el ciclismo ofensivo es la que le ha comportado el éxito, no siendo el más fuerte hoy, pues otros corredores, como Vlasov, parecían en mejor forma en las subidas. Incluso ha aflorado por un momento su reverso más humano. Todo ello convierte a esta victoria en la más bella de las tres que ha conseguido, porque el aficionado al ciclismo acaba siempre valorando más la victoria sufrida que la conseguida sin esfuerzo, debido a una deformada percepción de lo estético, condicionada por el masoquismo.

domingo, 9 de octubre de 2022

DE MARZO A OCTUBRE

Con las hojas caídas de Lombardía baja el telón de una temporada más, al menos en lo que se refiere a las grandes carreras. Esta vez no ha habido oscuridad, ni cortinas de lluvia, ni coches con las luces encendidas; el benévolo clima continúa, devorando meses en favor de un verano eterno. Lo que sí que ha habido es un mismo ganador, Tadej Pogačar, uno que levanta la persiana en marzo y la baja en octubre, como los ciclistas clásicos. Quizá no ha sido esta su mejor temporada, habiendo encontrado rivales generacionales que han hecho que aflore su faceta más frágil y humana. Pero desde la derrota del Tour, ha sabido tomar distancia para volver a la victoria, en una progresión ascendente hasta Lombardia, con tan solo un bache en Wollongong.

Quinto triunfo de los que cuentan.

La carrera comenzó con un paseíllo en honor a Valverde y Nibali, para adquirir a partir de ese momento un tono monócromo. Bicromo, si se prefiere: blanco y negro, el del color del maillot de UAE. Pogačar estuvo en todo momento arropado por su equipo, que presentaba una alineación incluso mejor que la del pasado Tour. Después de su sprintaco en la Tre valli varesine, le valía incluso mantener la carrera controlada para llegar en un grupo grande. Covi realizó el primer tramo de la prueba, Almeida marcó un fuerte ritmo en la ascensión a la Madonna del Ghisallo y finalmente Formolo dinamitó la carrera en el paso por Civiglio. Jumbo en algún momento intentó rivalizar con UAE por tomar el mando de la carrera, con Harper y Oomen, pero a la hora de la verdad Vingegaard se encontró bastante solo y no tuvo fuerzas para seguir a los mejores. 

UAE más dominador que en el Tour.

 

De esta forma, el Ghisallo se ascendió a bloque, sin ataques; a continuación nadie se movió en la bajada y el llano hasta Como. En el primer ascenso a San Fermo della Battaglia tampoco hubo movimientos. Fue en Civiglio, subida más larga y explosiva, en la que se jugó la carrera. De hecho, la carrera explotó de golpe, como si el sube y baja constante y el vértigo producido por la sinuosidad y estrechez constante de la ruta, hubiesen provocado el colapso de gran parte del pelotón. Davide Formolo aceleró la marcha a falta de 18 kilómetros, exhibiendo toda su panoplia de tics, y los corredores comenzaron a abrirse por detrás. Una vez Formolo se hubo retirado de cabeza, tan solo quedaron por delante Tadej Pogačar, Enric Mas y Mikel Landa. Vingegaard intentó conectar, pero sin éxito. Así pues, en un pispás se había formado el terceto que se iba a jugar la victoria. Como suele pasar en Lombardía, la selección se hizo rápido, de forma súbita, quedando tan solo los más fuertes delante, sin ningún gregario con el que poder camuflar las flaquezas individuales.

Pogačar continuó la aceleración de su gregario, quedando tan solo Mas a su rueda. Pero Mas parecía no querer pasar al relevo. Por detrás marchaba Valverde, todavía con posibilidad de conectar, y Mas parecía por tanto recurrir a su táctica bien aprendida de coger la rueda y esperar. Ello provocó la entrada de Landa, que se mantenía a unos metros. Landa realizó una carrera sorprendente, demostrando que había llegado a la chita callando a la cita otoñal, ocultando su auténtico estado de forma. Cuando Pogačar y Mas se miraban, Landa conectaba, y volvía a ceder cuando la carrera se tensaba. La subida a Civiglio se hizo a fuego, con las piernas más frescas debido a la supresión de la subida a Sormano. Mas lo probó, en su nueva faceta ofensiva, pero esta vez no iba a poder dejar a Pogačar. Por detrás, a la desesperada, Bardet e Higuita trataban de conectar, mientras Vingegaard iba perdiendo fuelle, siendo absorbido por el grupo de Valverde, Adam Yates, Molard y Mollema. 

 

Aceleración en Civiglio. Mas y Landa aguantan. Vingegaard cede.

 

El estrecho paso entre casas marcaba el inicio del descenso. Landa primero y más tarde Pogačar forzaron en el descenso, pero Mas demostró haberse recuperado de su miedo a las bajadas. No se sabe qué psicólogo o chamán habrá conseguido alejar sus temores, pero habrá que darle un aplauso. No hay escenario mejor para lograrlo que el recorrido enrevesado, plagado de trampas, de Lombardía, en el que los ciclistas parecen correr con anteojeras que les evitan ver los precipicios y muros que se abren a ambos lados. Las carreteras estrechas y sinuosas que ascienden a estas colinas tan urbanizadas se asoman al lago de Como como si fuese el mar. 

Llegados al llano, a la ciudad con sus bloques y sus barrancos canalizados, Pogačar, Mas y Landa se relevaron con total acuerdo. La posibilidad de que llegase el grupo de Valverde desde atrás era muy remota. De hecho, del grupo trasero se destacaron Carlos Rodríguez e Higuita. Landa parecía bastante empeñado en aumentar la ventaja, queriendo amarrar un podio con el que nadie parecía haber contado. También Pogačar, que no se escondió en este tramo llano. En la segunda ascensión a San Fermo, Mas lanzó dos ataques, que sirvieron para descolgar a Landa, pero no a Pogačar, que incluso se permitió el lujo de acelerar en la propia cima. 

El trío delantero entrando en San Fermo della Battaglia.

 

El sprint tuvo más historia de lo que se podría haber esperado. Mas y Pogačar estuvieron un tiempo de tú a tú, codo con codo, hasta que Pogačar se sentó, cambió y abrió un hueco que le permitió finalmente ganar por más de una bicicleta de diferencia. Landa conseguía la tercera plaza, Higuita la cuarta y Rodríguez la quinta. Valverde ganaría el sprint de su grupo. 

 

Pareció por menos de lo que fue en realidad.

 

De esta forma, Pogačar salva una temporada en la que, a pesar de sus dieciséis triunfos, faltaba una victoria de primer nivel. Sigue siendo un regalo para el espectador un corredor así, atacante, a veces en exceso impulsivo, completo, con su punto arrogante en carrera pero amigable fuera de ella, y poderoso en el sprint. Si bien el año pasado ganó mediante un ataque lejano y contó con la complicidad de Valverde y Alaphilippe, que se anularon mutuamente en el grupo perseguidor e impidieron con su presencia y su racanería que se produjera la caza, esta vez Pogačar ha tenido que ganar mostrando el máximo de su potencial ante un ciclista que le ha puesto las cosas muy complicadas en el final de año. Mas, de hecho, ha mostrado su mejor versión como ciclista en este final de temporada, a años luz de actitudes previas en el equipo telefónico. 

Landa siempre tercero en Italia.

 

domingo, 10 de octubre de 2021

NÚMEROS DE OTRA ÉPOCA

Resulta cuanto menos curioso que el mejor ciclista del momento suscite mucho menos bombo mediático que otros corredores de características más o menos similares, pero con palmarés inferior. Los focos siempre parecen apuntar hacia otro lado, cuando el de los registros auténticamente históricos es él: el segundo esloveno, Tadej Pogacar. Se presentaba a la última gran prueba del calendario (con permiso de la París - Tours que se disputa hoy) un poco bajo el radar. Aunque en el mundillo se hablase de que su objetivo era el Giro de Lombardía, otros eran los que acaparaban las portadas. Sus resultados en esta tercera parte de la temporada habían sido buenos sin ser espectaculares, como si algo de la magia se hubiese esfumado después del parón veraniego. Pero ahí ha estado: en el momento y en el lugar preciso, en una de las carreras que cuentan, llevándose un segundo monumento que suma a sus dos Tours de Francia. Números de otra época. 

Pogastar is back.


En las semiclásicas italianas, muy concentradas en el tiempo y en algunos casos infravaloradas, otros habían sido los protagonistas, aunque la presencia de Pogacar había ido aumentando poco a poco. Remco Evenepoel se marcó una magistral cabalgada solitaria en la Coppa Bernocchi, bajo un aguacero pero ante una concurrencia principalmente local: Alessandro Covi, Antonio Puppio y Fausto Masnada fueron sus principales perseguidores. Por su parte, Roglic había dejado su marca en San Luca de Bolonia y en Superga en Turín. En ese tipo de finales, el ex-saltador controla los ritmos a la perfección y juega incluso con sus rivales, mostrando una aplastante superioridad. En el Giro dell'Emilia supo aprovechar una arrancada desde atrás de Evenepoel para rebasar a placer a Almeida; en la Milán - Turín jugó como quiso con Adam Yates, Almeida y Pogacar, hasta alcanzar su distancia. Su estado de forma le convertía en el gran favorito de cara al Giro de Lombardía. Los Tre Valli Varesine parecía la clásica idónea para Pogacar, pero un pinchazo lo dejó fuera de juego, teniendo que proteger en el grupo trasero las opciones de Davide Formolo, su compañero escapado. No les salió bien a los de UAE, a pesar de la labor de Hirschi y Pogacar: en el sprint final entre Alessandro De Marchi y Davide Formolo, dos corredores poco veloces, la victoria fue para el del Israel.  

Buen montaje de @sporza_koers

 

Se llegaba así al Giro de Lombardía con una participación de lujo y varios ciclistas con el objetivo claro de ganar, cosa que no siempre sucede (recuérdese el año de Zaugg). Durante muchos años, los grandes corredores ignoraron estas carreras de final de temporada, o se desentendían de la carrera aun estando en la salida, pero esto no parece ser el caso actual. La carrera volvía además a Bérgamo, la ciudad de las dos alturas, después de los triunfos de Daniel Martin en 2014 y Esteban Chaves en 2016.

El desarrollo de la carrera fue francamente anodino en gran parte de la prueba. Se formó pronto una escapada, nada más salir de Como en dirección al Ghisallo, formada por diez corredores: Andrea Garosio, Mattia Bais, Jan Bakelants, Domen Novak, Tim Wellens, Victor Campenaerts, Christopher Hamilton, Thomas Champion, Davide Orrico y Amanuel Gebreigzhabier. Welles, después de sus  recientes declaraciones en las que  se mostraba sorprendido ante la velocidad actual del pelotón, se había colado en la fuga delantera (después de quedarse del grupo delantero en la lluviosa Tre Valli Varesine). Por detrás, Israel con Froome y Jumbo con Bouwman mantuvieron la diferencia del grupo escapado en unos límites controlables. Los  escapados fueron sumando subidas, Roncola, Berbenno, Dossena y Zambla Alta, sin sobresaltos ni apenas interés. La carrera se puso realmente interesante en el Passo di Ganda, la última subida.

Una vez cazados los fugados gracias al empuje de DSM, con Benoot en cabeza, Nibali fue el primero en lanzar un ataque, a falta de 37 kilómetros. Por detrás, Urán, Pinot, Vlasov y Evenepoel ya se habían descolgado (al talento belga no se le había visto buena cara en las subidas previas). El ataque del siciliano parecía más una incitación a formar un grupo delantero que un intento de fuga en solitario.  En la subida de Sciara di Scorciavacca, en su giro local, le había dado resultado un ataque así, con la inestimable colaboración de Valverde detrás, racaneando relevos. Esta vez se le unieron rápidamente Sivakov, Pogacar y Bardet. Almeida intentó controlar la hemorragia, fundiéndose en el esfuerzo. Mientras la realización se recreaba en Evenepoel descolgado, el esloveno lanzaba su ataque definitivo, para quedarse solo a falta de 35 kilómetros a meta. Pogacar daría forma al ataque que Nibali parecía tener en la cabeza, pero no en las piernas.

Con su estilo a chepazos (también Merckx subía a chepazos), Pogacar fue aumentando distancia, mientras por detrás el Deceuninck de Alaphilippe organizaba la persecución, con Masnada en cabeza. L'anguilla di Brembilla tenía su gran día, corriendo por unas carreteras que parecía conocer al dedillo. Pogacar coronó con 35 segundos de ventaja, comenzando un descenso muy rápido, estrecho y revirado en su parte inicial. El esloveno estuvo a punto de salir en dos o tres curvas, mientras por detrás Alaphilippe encabezaba el descenso, marcado estrechamente por Valverde. El campeón del mundo hizo dos o tres tumbadas bastante arriesgadas; viendo que no recortaba tiempo, dejó que Masnada tomara cierta ventaja. Al llegar a una zona de curvas de herradura, Masnada comenzó a recortar distancia con Pogacar: Masnada tomaba todas las curvas por fuera, deslizándose con sutileza, mientras que el esloveno clavaba los frenos al llegar a cada herradura. Sin embargo, la diferencia con el grupo de favoritos trasero seguía siendo la misma, incluso aumentaba. En ese grupo trasero habían quedado Julian Alaphilippe, Alejandro Valverde, Adam Yates, Michael Woods, Primoz Roglic, David Gaudu y Roman Bardet. Jonas Vingegaard cogió en la bajada, pudiendo comenzar su labor de persecución en favor de Roglic. 

Al llegar al llano, Masnada recibió órdenes de no relevar. En vez de pararse, Pogacar decidió seguir tirando: algo arriesgado, a la manera de Evenepoel en el europeo, con la única diferencia de que Pogacar se sabía más rápido que Masnada. Por detrás, parecía haber bastante entendimiento, de forma que la ventaja fue aminorando, pasando de los 50 segundos a los 30. Quedaban todavía 10 kilómetros a meta y parecía que podían echarles el guante; sin embargo, dos factores se aliaron con Pogacar para alcanzar la victoria: la presencia de Valverde en el grupo trasero y los incipientes gestos de suficiencia de Alaphilippe. Ya se conoce cómo funciona Valverde en situaciones así: se escaquea todo lo posible en los relevos y acaba desbaratando cualquier intento serio de persecución. No es algo nuevo y no va a cambiar a estas alturas: corre de una manera en la que siempre parece compañero de equipo de los fugados. Por su parte, el campeón del mundo comenzó a organizar desde atrás la persecución, dando palmaditas aquí y allá, dando ánimos y demás. Se empezaba a sentir cómodo con la situación, pero se estaba empezando a pasar, tratando a los demás como si fuesen idiotas. Cuando se vio desde el helicóptero cómo se ajustaba las zapatillas en la última posición del grupo estaba más que claro: le estaban llevando en carroza. A partir de ese momento, los relevos comenzaron a descoordinarse a falta de 9 kilómetros. 

Como Remco, aunque sin Colbrelli a rueda.

 

La diferencia comenzó a ascender de forma clara, alcanzando el minuto en las calles empedradas de Bérgamo. Alaphilippe parecía desesperado porque alguien liderase la persecución en su favor, teniendo que asumir de forma forzada su faceta de gregario. Masnada se mantuvo en todo momento a rueda de Pogacar, lanzando un tímido ataque una vez coronada la rampa adoquinada de acceso a la Città Alta. En el sprint no hubo historia: se sabía que Masnada iba al matadero. Es una llegada en ligera bajada y el esloveno no tuvo ni siquiera que abandonar la primera plaza durante todo el último kilómetro. Lanzó el sprint en cabeza y no dejó opción al italiano. Por detrás, Adam Yates y Primoz Roglic se descolgaron en el último repecho, pero reengancharon justo en la línea de meta, aprovechando el cruce de miradas entre los perseguidores. Adam Yates no paró una vez les dio alcance y consiguió un meritorio tercer puesto. 

No hubo historia en el sprint (@__blind_side)

Los números de Pogacar asustan, aunque parecen quedar diluidos debido a la coexistencia de grandes nombres actuales. Vivimos una época en la que cada consumidor de ciclismo parece haber escogido a su referente, al igual que sucedía en las pantallas de inicio de los videojuegos de lucha de los antiguos y añorados recreativos. Unos prefieren las bocas desencajadas de Alaphilippe, otros las arrancadas de cara a la galería de van der Poel;  unos el rodar autómata de van Aert o Evenepoel, otros los pelos que asoman entre las ranuras del casco de Pogacar. Choose your fighter, parece ser el slogan de tantos fans. Pogacar es el mejor de todos ellos, el más completo, el más polivalente, el que entronca mejor con la historia del ciclismo y de sus leyendas. Pogacar seguramente será un corredor que disminuya su rendimiento al llegar a la treintena, a la manera en que también sucedió con Merckx o sucede ahora con Sagan, corredores todos ellos de talento precoz, pero mientras tanto va sumando triunfos con una aparente facilidad, con una puesta a punto idónea para los momentos clave. Allí donde falló Riccò, él no lo ha hecho. Y es que hay una diferencia sustancial: la matería prima también cuenta.

sábado, 3 de octubre de 2015

LOS MEJORES DEL GIRO DE LOMBARDIA

La temporada ciclista toca a su fin, y aunque ya haga un tiempo que el Giro de Lombardia no es la última competición del año, sigue siendo el último gran momento, la última fotografía del album anual del ciclismo, con permiso de la llegada en la avenida Grammont de Tours. Por tanto ha llegado el momento de concluir la serie dedicada a los mejores de las grandes clásicas, iniciada allá por marzo con la Milano - Sanremo, no sin pasar previamente por una recapitulación de los acontecimientos del año, y un breve recuento de los posibles candidatos a la victoria en Como.

Como siempre sucede, el Giro de Lombardia se disputa rodeado de un ambiente de despedida. Los bosques húmedos de Lombardía, el repique de campanas del santuario de la Madonna del Ghisallo, la llegada a meta entre dos luces o los habituales aguaceros, son todos ellos signos de un año que se acerca a su fin, al mismo tiempo que los días van acortándose. De alguna forma el Giro de Lombardia es el lugar propicio para las revanchas, para que logren salvar la temporada aquellos que han pasado el año con más pena que gloria. Aunque hace ya bastante tiempo que los dominadores en julio tienen pocas ganas de estirar la temporada hasta octubre, afortunadamente quedan corredores como Gilbert o Valverde que disputan carreras durante todo el año, a lo que se suma este año la necesidad de victorias de gente como Rodríguez, Nibali o Costa.

Ha sido una temporada acompañada de luces y sombras, como casi todas. Haciendo un breve recuento, tan sólo cinco equipos han acaparado la mayor parte de las victorias y puestos importantes: Sky (Paris - Nice, Volta a Catalunya, E3 Harelbeke, Dauphiné y Tour de Francia, con tres corredores, Thomas, Porte y Froome), Katusha (Ronde van Vlaanderen, Gent - Wevelgem, Vuelta al País Vasco, Tour de Romandie, Tour de Suisse, Grand Prix de Plouay y segundo puesto de la Vuelta, con cinco corredores, Kristoff, Rodríguez, Paolini, Zakarin y Spilak), Movistar (Tirreno - Adriatico, Flèche Wallone, Liège - Bastogne - Liège, y los puestos de podium del Tour, con dos corredores, Valverde y Quintana), Astana (Vuelta a España y puestos del podium del Giro, con dos corredores, Aru y Landa) y Tinkoff (Giro, campeonato del mundo y tercer puesto de la Vuelta, con tres corredores, Contador, Sagan y Majka). Parece por tanto que se ha vuelto a un ciclismo de dos velocidades, en el que solamente en momentos puntuales Kwiatkowski, Degenkolb y algún otro corredor han roto este aplastante dominio. 

Las clásicas de primavera encumbraron a John Degenkolb, vencedor en Sanremo y Roubaix, aunque la mejor clásica del año fuese la Gent - Wevelgem, con un ataque suicida y lejano de Jurgen Roelandts, que desafortunadamente no concluyó en victoria. La carrera se disputó en las condiciones meteorológicas que acompañan a los días épicos: humedad, pocos grados, nieve matutina y viento infernal. La selección se formó a más de sesenta kilómetros de meta, con Terpstra, Thomas, Vanmarcke, Vandenbergh, Oss, Paolini y Debusschere, en pos del valiente Roelandts. Pasado el Kemmelberg quedaba la larga llanura recta hasta Wevelgem, azotada esta vez por un viento más fuerte del habitual, siendo de esta forma escenario de bonitas escaramuzas y juegos tácticos. La victoria final fue sorprendentemente (o no tanto, dado el rendimiento de su equipo) para el veteranísimo Paolini, lo que deslució un poco el espectáculo previo. De hecho, el que fuera amigo de Bettini se marcaría más tarde todo un positivo por coca durante el Tour. Por otro lado, las vueltas de una semana nos regalaron el advenimiento del inesperado ruso Ilnur Zakarin en Romandía, y fueron de nuevo la demostración de que lo que mejor se les da a los corredores del Sky, y a sus médicos y preparadores, son los esfuerzos de una semana. La etapa de Quintana en el Terminillo nevado, y las tres etapas consecutivas de Valverde en la Volta, intentando alcanzar a Porte, fueron otros dos momentos destacados de estas vueltas.

Entre las grandes vueltas, asistimos a un Giro vibrante, un Tour desequilibrado y aburrido, y una Vuelta accidentada y chapucera, tan solo salvada por Dumoulin y su descalabro final. El Giro estuvo marcado por el duelo entre Contador y los Astana, sumidos a su vez en su propio duelo entre Landa y Aru, toda una rivalidad juvenil enmascarada bajo sonrisas y abrazos durante el Processo alla Tappa. El dominio de los Astana fue insultante, de esos que hacen disparar todas las alarmas, y solo una estrategia errónea de los turquesas y la larga contrarreloj de Valdobbiadene dieron la victoria a Contador. El pinteño jugó al despiste como es habitual en él, simulando incluso lesiones inexistentes para dotar de más "épica" a su triunfo (o para curarse en salud en caso de un posible fracaso). De todas formas, nos regaló un bonito ascenso al Mortirolo y una pájara dignamente defendida camino de Sestriere, demostrando que su elección de correr el Giro a tope fue más que acertada. De paso, evitó la victoria de Landa, un corredor que vendían en Euskaltel como promesa y que finalmente ha explotado con los kazajos como un sputnik lanzado desde Baikonur. La carrera dejó otros momentos interesantes, como la decisiva etapa de le Cinque Terre, con victoria de Davide Formolo, la espectacular progresión de Hesjedal en la tercera semana, o la bonita persecución en la llanura romagnola camino de Forlì, con un pelotón que no pudo hacerse con un grupo de corredores modestos, con triunfo final de Nicola Boem. 

El Tour fue, en cambio, una carrera anodina, donde la vigilancia y el conservadurismo marcaron el discurrir de las etapas. La lucha por la general se resumió en tres momentos: abanicos y caídas en Holanda, un ataque decisivo a lo Armstrong camino de La Pierre Saint-Martin por parte de Froome, e intentos vanos de revertir la situación el último día por parte del Movistar. El equipo navarro alcanzó este julio el máximo índice de racanería y nulidad estratégica, priorizando la clasificación por equipos antes que la lucha por el amarillo. Nairo Quintana, de nuevo segundo, siguió al pie de la letra el dictado de los navarros, atacando desesperadamente el último día, más por exigencias mediáticas y publicitarias que por confianza en sus propias opciones a la victoria final. Y es que los Movistar jugaron con dos cartas, logrando colar a Valverde en el podium entre sollozos. Solamente dieron intensidad y dignidad a la carrera los intentos frustrados de Peter Sagan por conseguir una victoria, con un descenso del Col de la Manse de infarto. 

Para concluir con la trayectoria descendente en las carreras de tres semanas, la Vuelta estuvo más marcada por los fallos organizativos que por la belleza de la competición. Una kermese por inicio, caídas y atropellos, y la justa expulsión de Nibali por remolque, marcaron el inicio de la carrera. La organización apostó de nuevo por etapas ultracortas y finales en cuestas de cabras, que tan poco aportan al espectáculo y tanto al marcaje y a los ataques de último kilómetro made in Purito. El final decisivo en el secarral de Cumbre del Sol y los paisajes deshabitados de la etapa de Riaza dieron algo de interés a una carrera que solo pudo redimirse gracias a la defensa titánica del maillot por parte de Dumoulin, y su traumática debacle en la Morcuera, en una de las mejores etapas de la Vuelta que se recuerdan en años. La victoria final fue para Aru, o más bien para su equipo, el Astana. 

Por otro lado, las carreras World Tour celebradas en España han destacado por las retransmisiones horrendas y los fallos de seguridad,  especialmente en las carreras disputadas en el País Vasco. También la televisión norteamericana se lució lo suyo en la retransmisión del mundial de Richmond. La victoria final de Peter Sagan en la carrera de un día más importante del año le redime de una primavera y un julio frustrantes, y le salva de figurar en ese selecto grupo de promesas del este venidas a menos. Un ataque demoledor en el penúltimo repecho, seguido de dos o tres curvas tomadas a cuchillo, permitieron a Sagan distanciar a la pareja formada por Van Avermaet y Boasson Hagen. A pesar de una salida imprevista de la cala del pedal en la última subida, el grupo comandado por Matthews no pudo darle alcance, brindándonos el eslovaco de esta forma una celebración digna de su estilo. La victoria de este carismático y atípico corredor ha supuesto su consagración definitiva, y quién sabe si el pistoletazo de salida para más victorias de prestigio. 

De esta forma llegamos a la carrera del domingo, el último monumento del año. Il Lombardia, como ha sido rebautizada por la organización, vuelve este año a su recorrido más duro, el que finaliza en Como, enlanzando Ghisallo, Sormano, Civiglio y San Fermo della Battaglia. Solo falta Intelvi para asemejarse al recorrido en el que dieron lo mejor de sí mismos Merckx, De Vlaeminck e Hinault. Los favoritos principales serán Vincenzo Nibali, Joaquim Rodríguez, Alejandro Valverde, Philippe Gilbert, Rigoberto Urán, Daniel Martin y Rui Costa. Sin descontar a los Ag2r (Domenico Pozzovivo, Romain Bardet, Jan Bakelants). Algunos corredores, como Nibali, Costa o Daniel Martin llegarán con la presión y la necesidad de conseguir un gran triunfo en un año bastante aciago para ellos, especialmente para el siciliano. De hecho, lo squallo parte como favorito número uno después de vencer en la Coppa Bernocchi y la Tre Valli Varesini. Contará para ello con un equipo de lujo, con Diego Rosa y Mikel Landa. Rui Costa también llega totalmente falto de resultados de prestigio, y por mucho que entrene luciendo el arco-iris (en una total falta de respeto a sus portadores más recientes), no le han ido las cosas tan bien en Lampre como a otros blu-fuxia que buscan nuevos contratos. También deben ser incluidos en la terna de favoritos el eterno Davide Rebellin, Michal Kwiatkowski, Rafal Majka, Thibaut Pinot o Wouter Poels, y por qué no, algún italiano tapado. Particularmente me gustaría ver en plenitud a jóvenes como Tim Wellens, Adam Yates o Jan Polanc, y por soñar nada me alegría más que una nueva victoria de Damiano Cunego con el bonito maillot de blu-arancione del Nippo - Fantini, aunque soy del todo consciente de que los años en los que el veronés se tuteaba con la Cobra Riccó y Frank Schleck han pasado (quizá afortunadamente). Es ésta una carrera que en los últimos años siempre deja abierta una puerta a la sorpresa.  En ella han vencido los mejores (Merckx, Coppi, Hinault, Bartali, Binda, Kelly, De Vlaeminck, Van Looy, Gimondi, Moser, Saronni), pero también sputniks como Bobrik, Rumsas o Camenzind, incluso cohetes buscando contrato, como Oliver Zaugg. Que los dioses del otoño nos libren de un ganador así.

Y ahora, para concluir, la clasificación de los mejores corredores en el Giro de Lombardia:

1. FAUSTO COPPI        85 puntos
1941        5º        6
1942        7º         4
1946        1º        10
1947        1º        10
1948        1º        10
1949        1º        10

1950        3º        8
1951        3º        8
1954        1º        10
1956        2º        9


2. GINO BARTALI        84 puntos
1935        3º        8
1936        1º        10
1937        2º        9
1938        2º        9
1939        1º        10
1940        1º        10

1941        9º        2
1942        2º        9
1945        3º        8
1947        2º        9

3. FRANCO BITOSSI    70 puntos 

1965        4º        7
1967        1º        10
1968        2º        9
1969        3º        8
1970        1º        10
1971        2º        9
1972        9º        2
1973        10º      1
1974        8º        3
1976        8º        3
1977        3º        8


4. GAETANO BELLONI    66 puntos

1915        1º        10
1917        6º        5
1918        1º        10
1919        2º        9
1920        3º        8
1921        2º        9
1924        6º        5
1928        1º        10
en 1916 (2º) descalificado por remolque

5. EDDY MERCKX      63 puntos

1966        2º        9
1967        6º        5
1968        3º        8
1970        4º        7
1971        1º        10
1972        1º        10

1974        2º        9
1975        6º        5

en 1973 (1º) descalificado por dopaje


6. ALFREDO BINDA   58 puntos

1924        4º        7
1925        1º        10
1926        1º        10
1927        1º        10

1928        9º        2
1930        2º        9
1931        1º        10


7. MICHELE BARTOLI   55 puntos

1995        3º        8.
1997        4º        7
1998        4º        7
2000        4º        7
2001        5º        6
2002        1º        10
2003        1º        10


8. GIOVANNI BRUNERO   52 puntos 

1920        2º        9
1921        4º        7
1922        5º        6
1923        1º        10
1924        1º        10

1925        5º        6
1927        7º        4


-. FELICE GIMONDI    52 puntos 
 1966        1º        10
1967        2º        9
1968        7º        4
1970        2º        9
1971        9º        2
1972        3º        8
1973        1º        10

10. LUIGI GANNA        47

1905        3º        8
1906        3º        8
1907        3º        8
1908        2º        9
1909        6º        5
1910        2º        9

- . COSTANTE GIRARDENGO    47

1912        9º        2
1914        6º        5
1917        10º        1
1919        1º        10
1921        1º        10
1922        1º        10

1924        2º        9


Y una mención especial para:

HENRI PELISSIER    45 puntos
1911        1º        10
1913        1º        10

1917        2º        9
1920        1º        10
1921        5º        6-






SEAN KELLY        40 puntos
1983        1º        10
1985        1º        10

1986        2º        9
1991        10º        1
1991        1º        10


DAMIANO CUNEGO    30 puntos
2004        1º        10
2007        1º        10
2008        1º        10




Otros corredores en activo:

Samuel Sánchez (44 puntos) 2006 2º (9), 2007 3º (8), 2009 2º (9), 2010 6º (5), 2012 4º (7), 2014 5º (6)
Davide Rebellin (43 puntos)    1992  9º (2), 1995 5º (6), 1997 8º (3), 2000 6º (5),  2002 2º (9), 2005 5º (6), 2006 5º (6), 2007 5º (6)
Joaquim Rodríguez (31 puntos) 2011 3º (8), 2012 1º (10), 2013 1º (10), 2014 8º (3)
Daniel Martin  (29 puntos) 2009 8º (3), 2011 2º (9), 2013 4º (7), 2014 1º (10)
Philippe Gilbert  (27 puntos) 2009 1º (10), 2010 1º (10), 2011 8º (3), 2014 7º (4)
Alejandro Valverde (18 puntos) 2013 2º (9), 2014 2º (9)

Bibliografia:

Godaert, J, Velo Gotha 2015, éditions/uitgeverij Velo, 2015
Godaert, J. y Landuyt, T., Velo 2015, éditions/uitgeverij Velo, 2015
Petrucci G. y Fontanelli C., La leggenda del "Lombardia", Mariposa editrice, 1998
Schroeders, F., Les Classiques du 20e siècle, éditions De Eecloonaar, 1999
wikipedia.nl

jueves, 1 de mayo de 2014

UNA PRIMAVERA DESVAÍDA: RESUMEN DE LAS CLÁSICAS DE PRIMAVERA Y RECORDATORIO DE GANADORES INSÓLITOS DEL PASADO

El pasado domingo terminó la Liège - Bastogne - Liège, y con ella la temporada de clásicas de primavera. Para todo aficionado auténtico al ciclismo queda un vacío tras ellas, y se abre un breve periodo de luto que solo finaliza con el inicio del Giro d'Italia. Pero esta primavera no quedará en el recuerdo; no tanto a causa de los nombres de los vencedores, algunos más que sorprendetes (Kristoff, Terpstra, el mismo Gerrans), como debido al desarrollo insustancial de las carreras.
Comenzó la temporada de clásicas con una Sanremo en la que la ascensión al Poggio pareció un velatorio, y en la que acabó rematando Alexander Kristoff en un portentoso sprint de fuerza animal en el que hasta Cavendish tuvo que sentarse. De nuevo un final con sorpresa, y no del todo agradable dado el equipo en el que milita el barrigudo noruego. Fue una carrera dura, en la que dominó el Katusha como un rodillo y en la que sorprendentemente Kristoff sacó varias bicicletas a sus rivales. Nibali lanzó un hermoso ataque suicida en la Cipressa, no secundado; el veterano Luca Paolini controló la ascensión al Poggio, demostrando que el Katusha sería el equipo más idóneo para que en él corriesen Christopher Lambert y los demás inmortales;  y Juan José Lobato finalizó en una interesante cuarta posición.


La Ronde encadenó su tercer año insulso, al no incluir en el recorrido ese santo lugar del ciclismo que es el Muur Kapelmuur de Geraardsbergen. El encadenamiento de Oude Kwaremont y Paterberg es interesante, pero no tiene la majestuosidad del tortuoso ascenso a la ermita; el Muur inspiraba una tensa espera previa, y lo que sucedía en él tenía el sabor de lo definitivo. Volviendo al presente, ganó Fabian Cancellara por tercera vez, aunque quizá deberíamos decir que ganó la nueva versión del suizo, pues de trotón bobalicón y desbocado, muy dado a ataques lejanos y a tirar de pelotones, ha pasado a corredor astuto y tacañón. Hizo lo que quiso con  Stijn Vandenbergh, Greg Van Avermaet y Sep Van Marcke, un trío de flamencos que por falta de zorrería no debería compartir nacionalidad con De Vlaeminck o Van Petegem.


La Paris - Roubaix subió un poco el nivel de los monumentos, principalmente gracias a Tom Boonen, que si bien no fue el más fuerte, nos regaló un numerito en solitario. El flamenco, falto de la chispa de otros años, sigue destrozando los irregulares y mastodónticos adoquines de Roubaix a su paso, cual Atila. La resolución fue un ejercicio de pizarra de la escuela Lefevere: lanzar a  Niki Terpstra por delante tras pasar Hem, como hiciese en 2001 con Servais Knaven. Aunque eso sí, de esta forma se nos regaló el placer de ver rodar al holandés, que a pesar de tragarse los últimos quilómetros con su enorme boca abierta, no perdió su elegancia encima de la bicicleta. Cancellara conseguía un nuevo podium, el decimosegundo consecutivo en su particular racha de Sanremo-Flandes-Roubaix finalizadas. Y como sorpresa esperpéntica, un renacido Bradley Wiggins llegó en el grupo delantero.


Los despojos flamencos quedaron para Sagan y Degenkolb. El eslovaco se llevó Harelbeke, pero sigue sin mojar en un monumento, y el fornido alemán acabó llevándose una bonita Gent-Wevelgem resuelta como es habitual al sprint, ampliando de esta forma su creciente palmarés de clásicas. Las Ardenas empezaron con la victoria de un renacido Gilbert en la Amstel, con su ataque casi patentado en el Cauberg, y ante Valverde que, pobrecito, no aprende de errores pasados. El murciano se resarció en la Flecha Valona, esa carrera que no requiere de mucho ingenio estratégico dado su final en cuesta. Sí requiere piernas (y más cosas): no en balde Valverde rebajó su registro de 2006 en la ascensión a Huy.

Finalmente la Doyenne se llevó la palma a la carrera más decepcionante e insulsa de todas. Fue la apoteósis del marcaje y de la "igualdad de fuerzas" entre los equipos punteros, léase Katusha, Movistar, Orica... Un pelotón apenas diezmado controló la carrera hasta llegar a la destartalada capital valona. Los rusos del Katusha, aun perdiendo a Purito por el camino, fueron capaces de cambiar de planes sobre la marcha (todos valen) y lanzar por delante a Giampaolo Caruso, un ex-convicto, con el pequeño Domenico Pozzovivo. La pareja callejeó por Lieja y Ans perseguida por un grupo que se convirtió en un pelotón de treinta corredores en el descenso. El del Katusha estuvo a punto de ganar, pero el que le superó en los últimos metros era todavía de peor calaña: Simon Gerrans. El australiano se llevó la carrera con astucia y con un sprint portentoso, digno de killers de antaño como Bettini y Di Luca. Valverde hizo de nuevo segundo.


En resumen, una primavera para olvidar. Habrá que esperar a otoño para ver si se concluye una temporada de monumentos parangonable a la de 2011. En ese año se dieron las victorias sorprendentes de Matthew Goss en Sanremo, Nick Nuyens en Flandes y  Johann Vansummeren en Roubaix, la esperada de Philippe Gilbert en la Lieja, y la apoteósis del ciclismo "social" con la victoria de Oliver Zaugg en Lombardía, un sputnik que finalizaba contrato (como Cobo y Horner en sus respectivas Vueltas, sin ir más lejos). Esperemos que no se llegue a tanto.
Aprovechemos la situación para recordar a otros vencedores de grandes monumentos. Vencedores anónimos que no confirmaron sus portentosas victorias, o que simplemente demostraron ser cohetes cargados con pólvora especial. Recordemos pues los nombres de los ganadores de grandes monumentos con un palmarés más exiguo, más raquítico. Algunos son notablemente simpáticos; otros no tanto.

En la Milano - Sanremo, los vencedores con menos palmarés después de la II Guerra Mundial han sido Gabriele Colombo, aquel jovencito del hipertrofiado Gewiss, vencedor en 1996, y Marc Gomez, el bretón del Wolber que llegó a la via Roma tras una larga escapada. Les seguirían de cerca Erich Mächler, también vencedor tras una larga escapada, Matthew Goss y Gerald Ciolek. Aunque estos dos últimos todavía son jóvenes y pueden ganar más cosas. El italiano del Gewiss venció con un ataque en el Poggio digno de sus predecesores (Fondriest, Furlan, Jalabert), llevándose con él a Gonchenkov y Coppolillo. Menudo trío en Vía Roma.

Marc Gomez (19.09.1954): Milano - Sanremo (1982), Campeonato de Francia (1985), Tour de Suecia (1985), 3 etapas Vuelta a España (1 en 1982, 2 en 1986).


Erich Maechler (24.09.1960): Milano - Sanremo (1987), Campeonato de Suiza (1984), Tirreno - Adriatico (1988), Vuelta a Valencia (1988), 1 etapa Tour de Francia (1986), 4 etapas Tirreno - Adriatico, 3 etapas Dauphiné Liberé. 

Gabriele Colombo (11.05.1972): Milano - Sanremo (1996), Giro di Calabria (1996), Giro di Sardegna (1996), 1 etapa Vuelta al País Vasco, 1 etapa Tirreno - Adriatico, 1 etapa Setmana catalana, 1 etapa Quatre Jours de Dunkerque.  3º Liège - Bastogne - Liège (1997). 


En la Ronde van Vlaanderen ha habido bastantes casos de corredores sorprendentes. Obviando el reciente de Stijn Devolder, que repitió victoria, los ganadores más insólitos desde finales de los años sesenta han sido holandeses: Cees Bal, Evert Dolman y Johan Lammerts. Podriamos añadir el grupo el belga René Martens, que consiguió pocas victorias, pero escogidas (una Ronde en 1982, una etapa en el Tour y una Bordeaux - Paris), e incluso a Jacky Durand (1992) y Nick Nuyens (2011).


Evert Dolman (22.02.1946 - 12.05.1993): Ronde van Vlaanderen (1971), Campeonato de Holanda (1968), 1 etapa de Vuelta a España (1967). Como amateur: Campeonato del mundo (1966), Campeonato de Holanda (1964, 1965), Medalla de oro en los J.J.O.O. contra el crono por equipos (Tokyo 1964, junto con Zoetemelk, Karstens y Pieterse).


Cees Bal (21.11.1951): Ronde van Vlaanderen (1974), 1 etapa Vuelta a España (1979).

Johan Lammerts (02.10.1960): Ronde van Vlaanderen (1964), 1 etapa Tour de Francia (1985).


En la Paris - Roubaix se han dado en ocasiones vencedores salidos de escapadas matutinas. Uno de ellos fue Dirk Demol, vencedor en 1988 y actualmente director deportivo del conjunto Trek. Su palmarés es de los más escasos. En Roubaix han ganado corredores que han sido auténticos especialistas, o simplemente amantes abnegados de la carrera que no han brillado más allá de ella: en este grupo se podría incluir a Roger Rosiers (1971), Frederic Guesdon (1997), Servais Knaven (2001), Magnus Backstedt (2004) y el ya mentado Johan Vansummeren (2011). Otro sería el grupo de clasicómanos efímeros, con Marc Demeyer (1976) y Jean-Marie Wampers (1989).

Dirk Demol (04.11.1959): Paris - Roubaix (1988), Omloop Vlaamse Ardennen (1990).


Magnus Backstedt: Paris - Roubaix (2004), Campeonato de Suecia (2007), 1 etapa Tour de France (1998), G.P. Isbergues (1997), Le Samyn (2002). Puestos: 2º Gent - Wevelgem (2004)
 

Johan Vansummeren: Paris - Roubaix (2011), Tour de Pologne (2006), 1 etapa Tour de Pologne. Puestos: 5º Paris - Roubaix (2009). Como amateur: Het Volk (2002), Liège - Bastogne - Liège (2003)

En la Liège - Bastogne - Liège desde los años cincuenta los vencedores con un palmarés más parco fueron Valere Van Sweevelt, un buen corredor amateur cuya única victoria importante en profesionales fue ésta, y el también belga Alois De Hertog, que venció tras una larguísima escapada con muchos minutos de ventaja. Podría incluirse con ellos al luxemburgués Marcel Ernzer, gregario de Charly Gaul, vencedor en 1954, pero hemos preferido colocar en el podium de honor a Maxim Iglinskiy, con su meteórica victoria de 2012. Otros vencedores con un palmarés reducido, o con algunas otras clásicas menores, serían Willy Bocklandt (1964), Carmine Preziosi (1965) y  Josef Fuchs (1980, tras la descalificación de Johan van der Velde por doping). 

Aloïs De Hertog (09.04.1927 - 22.11.1993): Liège - Bastogne - Liège (1953). 

Valere Van Sweevelt (15.04.1947): Liège - Bastogne - Liège (1968). Como amateur: Campeonato de Bélgica (1967), Ronde van Vlaanderen (1967).

Maxim Iglinskiy (18.04.1981): Liége - Bastogne - Liège (2011), Campeonato de Kazajstán (2007), Strade Bianche (2010), G.P. Camaiore (2005), 1 etapa Tour de Romandie

En el Giro di Lombardia no solo encontramos algunos de los vencedores más sorprendentes, sino también algunos de los más sospechosos. El primero a reseñar, induscutible líder de la lista de ganadores "cutres" de gran monumento, es Oliver Zaugg, un corredor que consiguió aquí su primera victoria como profesional pasada la treintena, con una ataque de lo más desarmante. También Vladislav Bobrik entraría en esa lista doble de ganador sorpresa/ganador sospechoso. El ruso era un miembro más de aquel Gewiss-1994 que deslumbró al mundo. Finalmente, remontándonos un poco más en el pasado, encontramos a Bruno Landi, vencedor en 1953, que llegó al Vigorelli tras una larguísima escapada. Otros vencedores más o menos anónimos serían Cleto Maule (1955), Gianni Faresin (1996) y el francés Gilles Delion (1990), corredor que no consiguió más victorias al rechazar el dopaje en un periodo, principios de los noventa, en el que estaba generalizado.  

Bruno Landi (05.12.1928): Giro di Lombardia (1953).Puestos: 4º Giro di Lombardia (1954)


Vladislav Bobrik (06.01.1971): Giro di Lombardia (1994), 1 etapa Paris - Nice.

Oliver Zaugg (09.05.1981): Giro di Lombardia (2011). Única victoria como profesional.