Pocas victorias han concitado tanta unanimidad en la alegría como la de Wout van Aert en la París - Roubaix. Era un triunfo que daba la impresión de que la historia le debiese, dada su trayectoria plagada de infortunios. La mala suerte ha cambiado de bando, por una vez. Por fin, podría decirse incluso. Ha sido una París - Roubaix grandiosa, que entra en el elenco, casi inagotable, de ediciones memorables de esta prueba. Una que además ha sido la más rápida (¡48,9 km/h!), algo que ya a pocos puede sorprender. No ha habido empate en récord de victorias por parte de Mathieu van der Poel, ni tampoco quinto monumento para Pogačar, sino el triunfo de un ciclista que hace justicia a los ciclistas perdedores. Además, se ha roto por fin con el encantamiento por el cual, desde Flandes de 2024, solo había dos posibles ganadores de monumentos.
lunes, 13 de abril de 2026
lunes, 14 de abril de 2025
UN DÍA EN LAS CARRERAS
Terminada la París - Roubaix, las imágenes se agolpan en la cabeza, buscando su orden correcto. Algunas reclaman más atención que otras, como niños llorones. En realidad no sé por dónde empezar. ¿Por la caída de Pogačar? ¿Por el bidonazo de un indeseable? ¿Por la fuerza bruta de van der Poel? ¿Por el reloj que causa heridas? Quizá por el tiempo, el más recurrente de los temas de conversación cuando no se sabe qué decir. Con respecto a este apartado, el sueño húmedo de algunos de una París - Roubaix mojada se fue al traste. El cielo estaba cubierto y lechoso, el sol no asomaba, pero las lluvias de la noche habían hecho que apenas hubiera polvo en los tramos adoquinados, y el tímido sol fue encargándose poco a poco de compactar el barro y de evitar cualquier imagen relacionada con la épica.
lunes, 8 de abril de 2024
CAFFEINE SHAMPOO, EL SECRETO DE LOS CAMPEONES
Vamos a hablar de fantasías, de posibilidades no concretadas, de vías muertas de la historia. Hubo un instante en la París - Roubaix de ayer, a falta de sesenta y pocos kilómetros, en el que todo parecía abierto. Un grupo de veintiocho corredores se adentraba en la parte decisiva de la carrera, con todo por decidir. Al menos, así podría parecer para alguien con ganas de engañarse a sí mismo y que no hubiese estado atento a las señales previas que la carrera había ido aportando.
sábado, 22 de abril de 2023
PUESTA AL DÍA
Esta va a ser una crónica perezosa y a destiempo, simplemente motivada por la necesidad de dejar un registro escrito de lo sucedido. Me perdí las carreras de la última semana, de manera que tiene poco sentido hacer ahora una crónica exhaustiva de ellas, me centraré tan solo en los elementos polémicos. Porque en realidad no hubo ninguna sorpresa, como no lleva habiéndola a lo largo de toda la temporada. Tan solo cinco equipos han ganado todas las pruebas World Tour disputadas, con el añadido de que dos de esos cinco equipos, Ineos y Soudal - Quick Step, han ganado solamente una prueba cada uno. Entre Jumbo, Alpecin y Pog...ejem, UAE, se han repartido el pastel. Siempre son los mismos nombres, repetidos en bucle, y parece que la situación no va a cambiar en un futuro inmediato.
domingo, 17 de abril de 2022
VAN BAARLE COMPLETA POR APLASTAMIENTO EL PÓKER DE INEOS
Después de unos inicios de temporada titubeantes, en los que UAE y Jumbo les habían comido la tostada, Ineos ha vuelto por sus fueros con cuatro victorias enlazadas. El hambre ha vuelto y el festín pantagruélico también. A la Ituzli con Dani Martínez, la Amstel Gold Race con Michal Kwiatkowski y la Flecha Brabanzona con el debutante Magnus Sheffield, han sumado finalmente la París – Roubaix con Dylan van Baarle, indudablemente la carta de más peso del póker. El equipo británico parecía tan impaciente por poner en marcha su operativo que ni siquiera han esperado a los tramos adoquinados. Han puesto la centrifugadora desde el inicio, ayudados por un viento de cola que ha permitido pulverizar el récord de Van Avermaet y compañía. Además, van Baarle ha distanciado a van Aert con la diferencia más abultada en meta desde los dos minutos que Cancellera infligió a Hushovd en su increible marcha motorizada de 2010.
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| Ineos ha vuelto a rearmarse. |
De
las anteriores carreras no hubo crónica (por descanso del personal). Dani Martínez se llevó con facilidad una Itzulia en la
que Remco Evenepoel era el rival más cercano antes de la etapa de
Arrate. La última etapa fue movida, con escaramuzas de Roglic en Krabelin en favor de Vingegaard y bajadas trepidantes por parte de Pello Bilbao. Evenepoel se desenvolvió bien en el descenso, salvando incluso la papeleta a Martínez. Pero en la última ascensión, el belga estalló y el triunfo parcial fue finalmente para Ion
Izagirre, en el típico sprint en bajada. Poco más.
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| Segunda vuelta de una semana para Martínez después de Dauphiné |
La Amstel fue realmente bastante anodina, resolviéndose al final en un sprint entre Michal Kwiatkowski y Benoît Cosnefroy. El polaco, renacido después de varias temporadas en blanco, supo obrar con zorrería, escamoteando relevos a Cosnefroy y sacando a relucir su brillante golpe de riñón final, el mismo con el que le birló toda una Sanremo a Sagan en la misma cara. De nuevo hubo una falsa incertidumbre en la meta, por el ambiente chapucero que rodea habitualmente a esta carrera: se anunció como vencedor a Cosnefroy, antes de que saliese una photo-finish en la que el polaco se imponía de forma clara.
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| Llegada ajustada, pero no tanto como en 2021 |
A continuación, el Ineos volvió a exhibirse en la Flecha Brabanzona, una carrera que, como viene siendo habitual, suele estar entre lo mejor de la primavera. Un tiempo de perros era el perfecto condimento para el tremendo espectáculo que se vio, con un Evenepoel desatado (en todos los sentidos, incluso en el marrullero) y un Ineos que actuó como una hidra de tres cabezas contra el menudo belga. Ben Turner, Tom Pidcock y Magnus Sheffield controlaron a la perfección un grupo en el que también marchaban Tim Wellens, Benoît Cosnefroy (con ganas de revancha), Victor Campenaerts y Warren Barguil. Evenepoel parecía el más fuerte, pero su inexperiencia en el pavé le jugó alguna que otra mala pasada. Siendo sinceros, el belga debería haber sido expulsado de carrera por un empujón a mala leche a Ben Turner: ¿pero qué se puede esperar si no de alguien crecido en el caldo de cultivo del fútbol base? Finalmente Magnus Sheffield (otro de 19) se marchó por pura fuerza en el llano, al no pasar Wellens al relevo. La exhibición de rodar del norteamericano, baba en la boca incluida, fue de las que hacía tiempo que no se veían. Por detrás, Wellens se llevó el sprint, pero el bandazo claro que realizó, entorpeciendo a Cosnefroy y a Evenepoel, le supuso la descalificación.
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| Quién diría que el de la foto tiene 19 años... |
Pasemos pues a los acontecimientos de hoy. La carrera ha sido frenética en su inicio, perdiendo intensidad a medida que pasaban los kilómetros y la exhibición se hacía más evidente. El chorro burbujeante del champagne ha dejado paso a un aguachirle final, a engullir sin saborear.
Desde que la carrera se retransmite íntegra, los primeros kilómetros de la carrera se desarrollan a un ritmo vertiginoso, ofreciendo la imagen especular idealizada de lo que debería ser el inicio de cualquier etapa de Tour. Así ha sido también esta vez. Pero la lucha constante por la escapada ha sido sustituida esta vez por una acción consciente de Ineos, aprovechando el viento de costado y pillando relajados en la parte trasera del grupo a van Aert, van der Poel y Küng. Ineos ponía toda la madera en la caldera, con Cameron Wurf y Magnus Sheffield en cabeza, siendo acompañados por Declercq de Quick Step y Soupe de Total. Por detrás, la reacción fue algo perezosa, con Groupama y Alpecin viéndose forzados finalmente a liderar la persecución y Jumbo desentendiéndose del tema.
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| Zafarrancho de salida. |
Tras los primeros sectores de pavé se formó un quinteto delantero, la que iba a ser la escapada del día, formada por Casper Pedersen, Davide Ballerini, Tom Devriendt, Laurent Pichon y Matej Mohoric. El francés del Arkea ya había intentado la fuga en la zona previa a los adoquines. Por detrás, la marcha de Ineos se desestabilizaba un poco, al perder a Sheffield y Wurf por caídas y con Ganna desgastándose en persecuciones individuales, debido a pinchazos y averías mecánicas. Aun así, la diferencia era abultada, superando el minuto y diez segundos entre ambos pelotones al entrar en el bosque de Arenberg.
En el paso por el bosque de Arenberg, Wout van Aert sufría problemas mecánicos en el segundo pelotón, quedándose a cola del mismo. Por delante, la escapada perdía unidades: primero Ballerini debido a un pinchazo, más tarde Pedersen. Es bien conocido el carácter caótico que adquiere la carrera a estas alturas, pero esta vez la realización ha aportado su granito de arena al desbarajuste, no mostrando ni siquiera la salida de los diferentes grupos del tramo de Arenberg. Conseguido el reagrupamiento trasero in extremis, Wout van Aert despejó todas las dudas en un tramo de asfalto. La aceleración del campeón belga permitió formar una selección, de la que al final se mantendrían Mathieu van der Poel, Guillaume Van Keirsbulck (Alpecin), Ben Turner, Dylan van Baarle (Ineos), Adrien Petit, Taco van der Hoorn (Intermarché – Wanty), Jasper Stuyven (Trek), Yves Lampaert, Florian Sénechal (Quick Step), Matteo Trentin (UAE), Stefan Küng (Groupama - FDJ) y el propio campeón belga (Jumbo).
Mientras
tanto, por delante el terceto cabecero iba sumando pasos adoquinados.
A falta de unos 50 kilómetros para meta, la diferencia rozaba el
minuto y pico, lo que aun les permitía soñar con la victoria, al menos
en el caso de Matej Mohoric. El esloveno parecía el más fuerte del
terceto, rodando acoplado y atrancado, pero Devriendt, corredor
relativamente anónimo, aguantaba bastante bien su ritmo en los pasos
adoquinados. Su rendimiento hoy es un claro ejemplo del salto de
calidad general experimentado por Intermarché – Wanty, espoleado
por la “lucha por la permanencia”. Otro tanto puede decirse del
caso de Pichon para Arkea. Aunque el francés sufría de forma más
visible en cada tramo adoquinado, con lo cual ha acabado descolgándose. Aun así, se ha mantenido finalmente entre los mejores.
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| Los fugados del día que casi llegan a meta han sido Devriendt, Pichon y Mohoric. |
De la pareja delantera, Mohoric se ha descolgado a falta de unos 37 kilómetros, afectado por un pinchazo. Poco antes también van Aert se había visto afectado por un nuevo pinchazo, alcanzando el grupo principal en otro derroche de fuerzas. El sino de su carrera deportiva parece ser el de convertirse en una nueva encarnación de Yul Brynner en Almas de metal o Arnold Schwarzenegger en Terminator: perseguir, siempre perseguir. Tras el pinchazo de Mohoric, Devriendt se ha quedado en cabeza, rodando sin demasiado convencimiento, aprovechando para avituallarse. El grupo de favoritos ya se había reducido, estando formado por van Aert, van der Poel, Turner, van Baarle, Petit, Stuyven, Lampaert, Küng, Mohoric y Pichon. Aprovechando el toma y daca general del grupo principal, Mohoric y Lampaert han saltado en persecución de Devriendt a falta de 29 kilómetros, siendo seguidos más tarde por van Baarle. El ataque del neerlandés, seco y en asfalto, ha sido bastante importante y no ha contado con reacción: van Aert ha esperado la respuesta del resto y van der Poel ha demostrado estar claramente fatigado. Era un ataque realizado poco antes de los tramos decisivos, con corredores de paja por delante, a modo de obstáculo a salvar.
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| Cunetas abarrotadas en un primaveral domingo de Pascua. |
En el tramo de Cysoing a Bourghelles, van Baarle ha dado alcance al terceto delantero. La diferencia rondaba los 40 segundos, provocando cierto nerviosismo en el grupo trasero. Van Aert ha visto que era un “ahora o nunca”, marchándose con él Küng y Stuyven: sin embargo, era ya demasiado tarde. En el tramo de Camphin-en-Pevèle, van Baarle ya se ha quedado solo delante, a falta de 18 kilómetros. A la salida del Carrefour de l'Arbre y del tramo posterior de Gruson, la diferencia del de Ineos con sus dos perseguidores (Mohoric y Lampaert) rondaba los 20 segundos. Esa diferencia finalmente se ha traducido en meta en 1'47'', en una muestra de rodar progresivo, cada vez con más intensidad.
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| Demasiada gente ocupando parte de la trazada. |
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| Con tiempo de sobra para celebrar. |
En fin, la carrera ha terminado ahí, al salir del tramo de Gruson. Incluso antes, al salir del tramo del Carrefour de l'Arbre. Poca historia ha habido más, tan solo una clase magistral de cómo rodar por parte de van Baarle, con ese estilo suyo tan minimalista, en el que los movimientos se reducen a los imprescindibles. Por detrás, en el tramo de Hem, un espectador aplaudiendo ha derribado a Lampaert. Mohoric ha sido alcanzado por van Aert, Küng y Devriendt, y entre los cuatro se han jugado las dos plazas de podio restantes. Van Aert se ha impuesto por velocidad y Küng ha conseguido el tercer puesto sobre Devriendt por la mínima.
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| Por fin en lo más alto del podio. |
El abrazo mefistofélico de Brailsford a su corredor era
toda una muestra de que las anteriores experiencias frustradas, con
Wiggins, Thomas y Moscon, por fin daban sus frutos. Van Baarle
culmina de esta forma su proceso ascendente, con peldaños previos en
el mundial pasado y en Flandes hace dos semanas. Esta vez no tocaba
perseguir a Alaphilippe o cazar a la pareja delantera. Se diría que esta vez ha ganado de forma simple, aplicando la fórmula de rodar siempre en cabeza, evitando caídas y embudos, atacando en el asfalto aprovechando marcajes, justo antes de los pasos decisivos (Camphin-en-Pévèle, Carrefour de l'Arbre) y aguantando al final. Incluso aumentando considerablemente la ventaja, en un mazazo a sus rivales en toda regla. Ha sido el más fuerte sin ningún tipo de dudas, tanto él como su equipo. Podría decirse que van Baarle simplemente se ha dejado llevar por el viento, permitiendo que los acontecimientos fluyesen de forma natural, ejecutando con una sencillez robótica las tácticas de pizarra esbozadas tantas veces y que tanto cuesta llevar a buen puerto. El desarrollo de la carrera ha sido tan simple y cristalino, tan fácil (¿podría haber sido de otra forma?), que en el fondo ha resultado un tanto aburrido.
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| Una victoria del equipo |
lunes, 4 de octubre de 2021
BIENVENIDOS A LA PISTA DE PATINAJE
Después de dos largos años de espera, la París – Roubaix ha vuelto en todo su esplendor, con una edición memorable aderazada por el barro. Más allá de polémicas absurdas a favor o en contra del barro (que recuerdan tanto a esos debates en bucle en torno a las tortillas de patatas), la edición de ayer fue muy entretenida, aunque quizá sería demasiado arriesgado calificarla como histórica. En primer lugar, porque no se ha tratado ni mucho menos del primer barrizal de la historia. En segundo y más importante lugar, porque cada uno tiene su propio conocimiento de esa historia, limitado por su propia temporalidad, lo que emborrona cualquier posibilidad de juicio objetivo. Quedémonos con que ha sido una edición entretenida y disputada, alejada de dominios de equipo y con movimientos desde lejos. Ya es mucho.
En los días previos parecía que las plegarias de los adoradores de la lluvia habían sido escuchadas, aunque alguno estuviera a punto de bajarse de ese carro, reclamando con la boca pequeña algún recorte. Por una vez Christian Prudhomme estuvo a la altura y defendió la brutal singularidad de su producto, conscientemente anacrónico y alejado de modas pasajeras. Una carrera bigger than life incluso mucho antes de que tantos fanboys del barro comenzaran sus simplonas campañas de desprestigio y ensalzamiento hacia ciertos corredores y carreras.
El barro dotó a la carrera de un carácter más imprevisible. Hubo caídas, unas cuantas más de lo que es habitual en la carrera, y en parte fueron determinantes, como lo han sido siempre en esta prueba. Una pista de patinaje donde mantener el equilibrio a veces es lo más importante y en la que el componente de la suerte se suele mezclar, e incluso camuflar, con la habilidad. A esta pátina de barro e incertidumbre puede achacarse el hecho de que el trío ganador estuviese constituido por debutantes en la prueba. Ya sucedió en aquella mini-Roubaix pasada por agua del Tour de 2014: muchos de los protagonistas de las últimas Roubaix secas no aparecieron. Esta vez aparecieron algunos actores esperados (van der Poel), otros posibles, pero algo improbables (Colbrelli) y por último completos desconocidos (el caso del sorprendente Vermeersch).
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| Soy italiano, ¿a qué quieres que te gane? |
También llamó la atención la bajada de rendimiento de algunos ciclistas que figuraban entre los favoritos. Dio la impresión de que el desgaste que supuso el reciente mundial dejó a muchos fuera de juego. A Stuyven no se le vio, van Aert siempre estuvo a contrapié, y Deceuninck – Quick Step no pudo ejercer su habitual dominio macarra en la prueba. Los primeros tramos los borraron del mapa y Declercq y Ballerini, colocados en la fuga inicial, se desgajaron a las primeras de cambio. Por contra, el rendimiento de equipos menores como Israel o B&B fue gratamente llamativo. Israel contó hasta el final con dos hombres en el quinteto que marchaba en persecución de Moscon: Guillaume Boivin y Tom Van Asbroeck.
En fin, yendo a la
narración de la carrera, en el siempre disputado tramo inicial se
formó una fuga multitudinara. Jumbo y Deceuninck contaban con
miembros en ella (Affini, Nathan Van Hooydonck y Roosen por un lado;
Declercq y Ballerini por otro), pero a la hora de la verdad no
pudieron controlarla. La carrera se les escapó de las manos, porque
muy buenos corredores se filtraron en ese corte inicial: Luke Rowe y
Gianni Moscon de Ineos, Jasper Philipsen de Alpecin, Greg Van
Avermaet de Ag2r – Citroën, Max Walscheid de Qhubeka y sobre todo,
Nils Eekhoff de DSM y la gran revelación del día, Florian
Vermeersch de Lotto – Soudal. Llovía y hacía viento, lo que se dice un día de perros.
A falta de 80 kilómetros, Colbrelli formó una ligera avanzadilla del grupo de favoritos, marchándose posteriormente con los sorprendentes Guillaume Boivin (espectacular toda su Roubaix ayer), Baptiste Planckaert y Jérémy Lecrocq. Fue una Roubaix interesante precisamente por ver a estos protagonistas inesperados. Mientras tanto, Vermeersch y Eekhoff eran absorbidos por los supervivientes de la escapada, Gianni Moscon, Stefan Bissegger, Jasper Philipsen, Tom Van Asbroeck, Tosh Van der Sande y Max Walscheid. Van der Poel, apreciando la debilidad de van Aert y de los Deceuninck, saltó del grupo, uniéndose al grupo de Colbrelli.
Se vivieron momentos confusos, como siempre sucede, de agrupamientos y reagrupamientos, en la típica carrera acordeón que es la París-Roubaix. Gianni Moscon era a todas luces el más fuerte del grupo delantero, quedándose solo al paso por el tramo de Orchies. Empezaba a salir el sol tímidamente, aunque algunos tramos, como Mons-en-Pévèle y Camphin-en-Pévèle continuaron siendo un auténtico lodazal. Moscon parecía haber recuperado ese golpe de pedal que se fue difuminando una vez pasado 2017, una vez que las polémicas, los mamporros y los insultos fueron tapando su calidad como corredor. Su rodar era digno del mejor Ballerini. Por detrás se formó un quintento perseguidor, con retales de aquí y allá: restos de la fuga, como Vermeersch y Van Asbroeck, y gente de atrás, como van der Poel, Colbrelli y Boivin.
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| Moscon en modo Ballerini'98. |
Moscon llevaba una ventaja sólida en torno al minuto y parecía encaminado a un triunfo aplastante. Por detrás, van der Poel intentó distanciarse de sus compañeros, pero Colbrelli era su sombra. Todo cambió de golpe a falta de 29 kilómetros: la rueda trasera de Moscon tenía la presión muy baja. El cambio de bici fue lento, improvisado. Al trentino le tocó forzar la máquina en el paso por Cysoing, cayéndose. Mantenía aun así una ventaja exigua de entre 20 y 10 segundos.
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| En la fórmula de Roubaix hay que sumar suerte, habilidad y sangre fría. |
En Camphin-en-Pèvéle Guillaume Boivin se fue al suelo y más tarde cedería Van Asbroeck. Israel se quedaba sin representantes en cabeza y Moscon aun mantenía una ligera ventaja, que acabó de esfumarse en el Carrefour de l'Arbre. Hasta el momento, van der Poel había forzado en todos los tramos adoquinados: Vermeersch había respondido con sorprendente soltura, mientras que Colbrelli, con esa postura suya tan propia de Sagan, parecía mostrar más dificultad. Sin embargo, una vez cogido y superado Moscon, el campeón de Europa pareció querer dejar su sello, con una leve aceleración, prontamente respondida por sus dos acompañantes.
Estaba claro que iban a llegar los tres solos al velódromo: el grupo trasero, comandado por Jonas Rutsch y Christophe Laporte, y más tímidamente por Lampaert y van Aert, no tenía ya nada que hacer. Vermeersch amagó en el acercamiento al velódromo, sin éxito. Ya en el sprint, el joven belga intentó aprovechar el declive del peralte para sorprender, con Moscon a modo de bulto que entorpeciese el sprint de sus rivales. Sin embargo, en un sprint sentado, de pura fuerza, Colbrelli acabó imponiéndose, dando paso a un desfile de gritos y alaridos muy italiano.Van der Poel acabó por los suelos, en modo drama-queen, mientras que a Vermeersch se le veía con ganas de más. En el podium no estaba contento: como buen político, ansía el primer puesto.
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| La apoteosis. |
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| Hay gran ciclista aquí. |
En fin, la París – Roubaix volvió a ofrecer su faceta más salvaje, menos domesticada, sin que ello tenga que suponer automáticamente que deba tratarse de una carrera mejor que en otras ocasiones. Fue una carrera de pura supervivencia, que dejó imágenes inusuales, como Laporte frenando con el pie en la rueda o las máscaras habituales de barro (con van Aert más Mick Jagger que nunca). Fue una prueba en la que los supuestos favoritos, algunos después de una temporada cargadísima, acabaron naufragando. La carrera coronó al más rápido, al más fuerte y al más listo, todo en uno, mientras que dejó a van der Poel con cara de pocos amigos, después de haber perdido en esta temporada en Flandes y Roubaix, tan solo con el premio de consolación (sobre todo de cara a los fans) que supone una Strade Bianche.
A falta de las clásicas italianas de clausura y de la siempre movida París – Tours, la presente temporada ha cerrado un nuevo capítulo de este nuevo ciclismo, alocado e impredecible. Colbrelli imperial, los niños descerebrados, van Aert en todos los palos, los eslovenos intratables... Algunos crecimos con series de dibujos animados en las que había combates interminables en los que la Tierra corría el riesgo de ser desintegrada, con tensos duelos de miradas que duraban capítulos y exhibiciones de fuerza sobrehumana por parte de jóvenes que arriesgaban sus vidas por salvar a la humanidad. Había marcianadas paralelas en la tele, en las tardes de abril, mayo o julio, sobre dos ruedas. Todo estaba envuelto por la magia y la fantasía y ahora ha vuelto, pillándonos ya en el borde de los cuarenta, con la mirada adiestrada y escéptica, pero el corazón aun anhelante de emociones.
lunes, 15 de abril de 2019
CUARTO MONUMENTO CON TREINTA Y SEIS AÑOS Y MEDIO
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| (pic: L'Equipe) |
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| Sagan luchando la posición con Gilbert. |
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| (Pic: L'Equipe) |
El valón entra así en la historia con mayúsculas de este deporte. A su manera ha marcado los últimos años, con un comportamiento a veces lagunar, pero nunca banal. Fue un corredor que enamoraba con su estilo ofensivo en la época que lucía el maillot blanco con el trébol de La Française des Jeux. Entonces se lanzaba a escapadas solitarias desde lejos, que algunas veces acababan en triunfo, como aquella Het Volk de 2008. Luego, ya en Lotto, ganó su primer monumento, la Lombardía de 2009, por delante de Samuel Sánchez, enlazando nada menos que cuatro carreras italianas de fin de temporada. En 2010 repetiría victoria bajo un terrible aguacero, con Scarponi como único rival. Llegó así 2011, su año maertensiano (o ibarguriano, como se prefiera), con victorias en Flecha, Asmtel, Lieja, San Sebastián, campeonato de Bélgica y etapa del Tour. En 2012 pasó a BMC y comenzó la resaca. El primer año la sorteó con un mundial cimentado en el Cauberg, su subida fetiche, pero en 2013 ya no pudo ocultar lo que era un auténtico naufragio. 2014, 2015 y 2016 fueron años de victorias más modestas, entre las que destacó una tercera Amstel y dos victorias en el Giro, una con descenso suicida incluido. Este lento ocaso coincidía con el ascenso de Van Avermaet, compañero de equipo. Gilbert parecía ya no estar a tope para Lieja o Lombardía, pero en las clásicas pedrusqueras tenía la competencia directa del corredor de Lokeren. Llegó así su renacimiento en Quick Step, de la mano de la Cuadra, con un triunfo en la Ronde. Gilbert volvía a ser el corredor que en 2008 medía el aguante de sus propias fuerzas con fugas imposibles. Ayer, dos años después, volvió a exhibir su maestría.
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| Tercero en Sanremo tras Pozzato (2º) y Cancellara (1º) en 2008. |
martes, 10 de abril de 2018
JUVENTUD TRATADA COMO GANADO
Si no han sido estas las causas de la muerte de Goolaerts y sí una enfermedad, que mis palabras valgan para aquellos que murieron antes por sobredosis de ciclismo, parafraseando la expresión de @ciclismo2005. Al menos siempre se le recordará transitando en cabeza por el Muur-Kapelmuur de Geraardsbergen en la edición de 2018.
martes, 11 de abril de 2017
DE DIERICKX A MERCKX PASADA LA TREINTENA
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| Nadie puede con Van Avermaet esta primavera. |
Si bien la París - Roubaix fue casi siempre una carrera de eliminación, en este caso no se pudo decir en ningún momento que el que quedaba rezagado estaba por completo eliminado. El viento trasero era el que forzaba una y otra vez el reagrupamiento, impidiendo que sacasen diferencia los grupos delanteros. Los tramos adoquinados no separaron el grano de la paja. Salvo en los casos de Naesen y Sagan, la carrera afortunadamente apenas fue accidentada. El tiempo fue benigno, primaveral como nos tiene acostumbrados últimamente la carrera, de manera que el polvo volvió a ser el protagonista y los ciclistas pudieron aprovechar las cunetas, esquivando en muchos casos el adoquinado. Siempre acababa llegando alguien desde atrás y así sucedió con el ganador de la carrera, al que se dio por eliminado antes de Wallers Arenberg y gracias a una combinación de factores acabó entrando de nuevo en la terna de posibles ganadores.
Como sucediese ya el año pasado, los primeros kilómetros fueron un tiovivo de ataques, en el que ningún equipo parecía conforme, mientras los líderes (Sagan, Van Avermaet, Boonen...) marchaban cómodamente en la panza del grupo. Finalmente se conformó un trío, con Jelle Wallays, Mickael Delage y Yannick Martinez. Jelle Wallays se mantuvo en la punta, aunque con diferentes acompañantes; posteriormente fueron Stijn Vandenbergh y Sylvain Chavanel sus compañeros de fuga. Por detrás, en el tramo de Wallers, a 5 kilómetros del decisivo Forêt, Van Avermaet tenía un problema mecánico y quedaba cortado, sin equipiers. Su suerte parecía cantada.
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| Van Avermaet persiguiendo y comiendo polvo. |
La brecha de Wallers Arenberg se pasó como si nada. Los botellines volaron, las banderolas eran agitadas por un viento fuerte, pero ningún equipo forzó excesivamente el ritmo para eliminar definitivamente a Van Avermaet. Logró contactar con el grupo gracias a la ayuda de los coches - con el consentimiento del coche de dirección de carrera - y gracias al empuje del Katusha de Kristoff, también rezagado.
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| Wallers Arenberg pareció un "paseo", en una Roubaix a 45 km/h |
A falta de 76 kilómetros para meta tuvo lugar uno de los momentos decisivos: en un tramo de asfalto, Sagan lo intentaba acompañado de su fiel Bodnar, dando alcance a Jasper Stuyven y Daniel Oss que marchaban por delante con unos metros de ventaja. Parecía una jugada acertada, en la que por fin el equipo de Sagan actuaba como tal. Sin embargo, un pinchazo inoportuno devolvería al eslovaco a su dura realidad de maillot arcoiris maldito. Quedaban por delante Oss y Stuyven, dos excelentes rodadores que podían hacer camino, e incluso pensé ilusamente que podían llegar a meta.
Por detrás de la pareja delantera se formó un grupo con dos Quick Step, Boonen y Stybar, dos Cannondale, van Baarle y Langeveld, más Sagan, Degenkolb y Van Avermaet. Tampoco fue la selección definitiva. A falta de 40 kilómetros la pareja delantera era cazada y la carrera comenzaba de nuevo, da capo.
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| BMC movió bien sus piezas. Oss anduvo delante gran parte de la prueba. |
A falta de 35 kilómetros Oss volvía a moverse, con la intención de permitir a su jefe ir al abrigo. Tras él salieron Langeveld, Roelandts y posteriormente Stybar, con nada menos que Sagan a rueda. El eslovaco intentaba de nuevo desembarazarse de un grupo de favoritos demasiado pegajoso, tanto como la amalgama de polvo y sudor adherida a las pieles de todos los ciclistas. Cuando parecía que por fin había logrado distanciar a sus rivales, un nuevo pinchazo lo devolvió allí de donde había salido. Entonces la realización televisiva comenzó a embrollarse; los acontecimientos se sucedían y de pronto Van Avermaet, seguido de Moscon y Stuyven, daba caza al grupo intermedio de Langeveld, Roelandts y Stybar. Ahora sí que se había logrado la selección, después de múltiples cambios en la jerarquía de la carrera.
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| Menuda primavera... |
Van Avermaet se mantuvo a rueda, mientras Stybar y los demás intentaban dar alcance a Oss. Una vez neutralizado el melenudo trentino, pasó a desempeñar la tarea de gregario. De esta manera, Van Avermaet supo hacer aquello que le ha hecho letal en los últimos tiempos: chupar rueda en los momentos oportunos. En el Carrefour de l'Arbre forzó el ritmo, desgajó a Roelandts primero, y a Moscon y Stuyven después, quedando en cabeza tan solo con Stybar y Langeveld al salir del último tramo de adoquín real. Estaba clara, clarísima, la resolución de la carrera. Solo quedaba esperar al aburrido y consabido desenlace.
Van Avermaet empezó entonces su show. Con la mandíbula desencajada no pidió relevos. Neutralizó el intento final de Stybar, mientras Langeveld, muy justo de fuerzas, parecía contento con estar ahí. Actuó con sangre fría en el velódromo, permitiendo la entrada in extremis de Moscon y Stuyven, y a pesar del portentoso sprint de Stybar, el suyo fue todavía mejor. Por detrás, a 12 segundos, entró un nutrido grupo encabezado por Démare y Greipel, este último muy activo durante toda la prueba; con Boonen y sin Sagan.
Imbatible, infalible, rodando como si no hubiera mañana después de más de 200 kilómetros en las piernas, controlando las acciones de los rivales con la clarividencia del que ha realizado un viaje al futuro y ya sabe de antemano los movimientos de sus competidores, Van Avermaet parece hacer conseguido la fórmula de la victoria. La que aúna fuerza y lucidez. La que permite actuar como un auténtico Eddy Merckx.
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| Comiendo la moral a los rivales. |
¿Quién lo hubiese dicho de este corredor hace cuatro años? Van Avermaet siempre fue un buen corredor, de eso no hay duda. Ganó el campeonato de Bélgica sub-23 y obtuvo resultados desde su primer año como profesional. Sin embargo, nos tenía acostumbrados a innumerables puestos de honor, a que alguien se interpusiese en su camino hacia el triunfo. En 2014 Cancellara hizo lo que quiso de él en la Vuelta a Flandes. Antes había languidecido en el Omega Pharma - Lotto, en el año glorioso de Gilbert. No controlaba las carreras, se limitaba a esperar acontecimientos y siempre había alguien más rápido, más listo, más fuerte. Ahora ya no es así. Precisamente desde que fuese exonerado de un asunto turbio de dopaje relacionado con el doctor Mertens y las terapias de ozono en 2015, su ascenso ha sido imparable.
A finales de 2014, con su victoria en Geraardsbergen en una etapa del Eneco Tour, se vio el advenimiento de un nuevo Van Avermaet. Lo de este año ya es exagerado, más si cabe sabiendo que ha estado malito durante el invierno. Su insultante superioridad ha eclipsado la despedida de Boonen, ha acabado por masacrar toda ilusión de Sagan por conseguir un nuevo monumento. Con treinta y dos años es capaz de todo. Analizando su trayectoria, es como si un típico corredor belga, omnipresente en las clásicas pero habituado a los puestos de honor, como por ejemplo André Dierickx, se hubiese convertido al pasar la treintena nada menos que en Eddy Merckx.
sábado, 11 de abril de 2015
LOS MEJORES DE LA PARIS - ROUBAIX
De este modo, con la ausencia de estos dos jerifaltes (empleando la terminología habitual de Amat Carceller) la terna de favoritos se ha ampliado notablemente. O no tanto, si se tiene en cuenta el medio mes fantástico que está atravesando el equipo Katusha, con Alexander Kristoff a la cabeza. El noruego lidera el ranking de victorias del año. Su precipitada arrancada en via Roma le obligó a inclinar la cabeza ante Degenkolb, pero desde entonces todo han sido victorias: las tres etapas en línea en De Panne más la general final, la portentosa exhibición en Flandes, y el Scheldeprijs. En esa kermese deslucida en la que se ha convertido la Ronde, Kristoff hizo lo que quiso y cuando quiso. Secundó el ataque decisivo de Terpstra, casi lo descuelga en el Paterberg, tiró los últimos kilómetros prácticamente en solitario y lo remató sin piedad en la insulsa recta final de Oudenaarde. Tres días después ganaba el sprint del Scheldeprijs sin rivales, aunque con algo más de cansancio aparente.
Todo puede parecer más o menos normal, o cuanto menos no insólito, pues no se trata de la primera barrida de un solo corredor en una primavera. Sin ir más lejos, están los precedentes de Cancellara en 2010, Gilbert en 2011 o Boonen en 2012. Lo más sangrante es que a la tiranía particular de este corredor de veintisiete años, es decir, en el comienzo de su plenitud deportiva, se suma la de sus compañeros vejestorios, que deberían haber dejado ésta años atrás: Paolini (38 años) controlando el ascenso al Poggio y logrando la mejor victoria de su carrera profesional en una Gent - Wevelgem épica; Vicioso (37 años) superando la fractura de fémur del año pasado en el Giro e imponiéndose en el Gran Premio Miguel Indurain; y más recientemente, la exhibición de Purito (35 años) en el País Vasco. En este último caso puede decirse sin ofender a la verdad que Purito ha hecho la contrarreloj de su vida. Nada menos que segundo tras Tom Dumoulin. Bien es cierto que terminaba en uno de esos repechos que tan favorables son al catalán, pero cabe repetirlo, ha hecho sin duda la mejor contrarreloj de su vida. A los treinta y cinco años para treinta y seis. Cuando está ya para el retiro. Esta "racha", o tiranía gerontocrática, está ensombreciendo a las de Sky y Astana en épocas recientes, principalmente por la veteranía de los protagonistas. Si a una cosa recuerda es a la segunda juventud de Moreno Argentin. O a la bendita senectud de ese pillo llamado Chris Horner.
Aparte del noruego, que debería acusar la fatiga de ser humano, hay otros favoritos, como el sir mod. Sir Bradley Wiggins pretende convertirse en el séptimo vencedor "moderno" de Tour que inscribe su nombre en la París - Roubaix tras Coppi, Bobet, Gimondi, Janssen, Merckx e Hinault. Es decir, el mod tiene entre ceja y ceja, o entre patilla y patilla (aunque sería mejor decir ahora entre tatuaje y tatuaje), inscribir su nombre entre las leyendas más grandes del ciclismo. Una vez venza en Roubaix y bata el record de la hora, ya puede irse sin remordimientos de birras y drogas con sus amigos guitarreros. Para intentar alcanzar su objetivo deportivo contará con Thomas y Stannard como gregarios de excepción, tipos duros que han demostrado sobradamente su solvencia, despatarrando con su fuerza bruta en el llano a otros tipos curtidos como Boonen, Vandenbergh, Stybar, Terpstra o Sagan. Tom Boonen lo ha señalado como su favorito, aunque para su victoria el sir tendrá que contar con que no llueva, pues ya se sabe que la lluvia y él no se llevan muy bien, y la habilidad no es su fuerte. Los Sky contarán con una Pinarello con suspensión que parece el no va más, pero que quizá dé los mismos resultados que la Bianchi extraña que lucieron los GB-MG en la París - Roubaix de 1994.
Quizá sea también el momento de Arnaud Demare, sabiendo lo bien que cuidan en La Française des Jeux la preparación de esta clásica. Tampoco se puede descartar a Lars Boom, Sebastian Langeveld, Bert De Backer, Maarten Tjaillingii, Jens Keukeleire, Jurgen Roelandts, Greg Van Avermaet, Johan Vansummeren, Bjorn Leukemans, Stijn Devolver, Sylvain Chavanel, Filippo Pozzato, Jens Wallays, Edward Theuns y, por qué no, Liuwe Westra. En resumen, Kristoff y los Sky (Wiggins y Thomas principalmente) parecen un paso por delante de los demás, sin descartar a Terpstra, Stybar, Degenkolb y Sagan si tiene su día.
1. ROGER DE VLAEMINCK 103 puntos
1969 5º 6
1970 2º 9
1971 7º 4
1972 1º 10
1973 7º 4
1974 1º 10
1975 1º 10
1976 3º 8
1977 1º 10
1978 2º 9
1979 2º 9
1981 2º 9
1982 6º 5
2. FRANCESCO MOSER 74 puntos
1974 2º 9
1975 5º 6
1976 2º 9
1978 1º 10
1979 1º 10
1980 1º 10
1981 3º 8
1982 10º 1
1983 3º 8
1986 8º 3
3. JOHAN MUSEEUW 74 puntos
1992 7º 4
1993 4º 7
1995 3º 8
1996 1º 10
1997 3º 8
1999 9º 2
2000 1º 10
2001 2º 9
2002 1º 10
2004 5º 6
4. EDDY MERCKX 73 puntos
1967 8º 3
1968 1º 10
1969 2º 9
1970 1º 10
1971 5º 6
1972 7º 4
1973 1º 10
1974 4º 7
1975 2º 9
1976 6º 5
5. TOM BOONEN 71 puntos
2002 3º 8
2004 9º 2
2005 1º 10
2006 2º 9
2007 6º 5
2008 1º 10
2009 1º 10
2010 5º 6
2012 1º 10
2014 10º 1
6. FABIAN CANCELLARA 66 puntos
2004 4º 7
2005 8º 3
2006 1º 10
2008 2º 9
2010 1º 10
2011 2º 9
2013 1º 10
2014 3º 8
7. RIK VAN LOOY 65 puntos
1958 3º 8
1959 4º 7
1961 1º 10
1962 1º 10
1963 2º 9
1965 1º 10
1966 9º 2
1967 2º 9
8. GASTON REBRY 63 puntos
1926 3º 8
1928 4º 7
1929 5º 6
1931 1º 10
1933 7º 4
1934 1º 10
1935 1º 10
1936 3º 8
9. GILBERT DUCLOS-LASSALLE 54 puntos
1980 2º 9
1983 2º 9
1989 4º 7
1990 6º 5
1992 1º 10
1993 1º 10
1994 7º 4
10. RIK VAN STEENBERGEN 51 puntos
1948 1º 10
1951 3º 8
1952 1º 10
1956 4º 7
1957 2º 9
1958 4º 7
Otros corredores en activo:
Niki Terpstra (24 puntos): 5º 2012 (6), 3º 2013 (8), 1º 2014 (10)
Johan Vansummeren (21 puntos): 8º 2008 (3), 5º 2009 (6), 1º 2011 (10), 9º 2012 (2)
Sep Vanmarcke (16 puntos): 2º 2013 (9), 4º 2014 (7)
Filippo Pozzato (14 puntos): 2º 2009 (9), 7º 2010 (5)
Zdenek Stybar (11 puntos): 6º 2013 (5), 5º 2014 (6)
Y una mención especial para:
OCTAVE LAPIZE (37 puntos)
1909 1º 10
1910 1º 10
1911 1º 10
1912 4º 7









































