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domingo, 1 de marzo de 2026

NUEVA INSCRIPCIÓN EN EL CLUB

Este mes de febrero ha estado marcado por la irrupción arrolladora de Paul Seixas. Si bien los medios franceses suelen prorrumpir en alabanzas tempranas en torno a sus futuras estrellas, esta vez parece que llevan razón. El joven francés de 19 años y apellido portugués sube, baja y rueda a la perfección. Su cuerpo parece hecho para la bicicleta. Después de un prometedor final de temporada pasada, obtuvo su primer triunfo profesional en el Alto da Fóia, allí donde triunfaron Pogačar en 2019, también en su caso su primera victoria profesional, y Evenepoel en 2020. Seixas aguantó la subida a Ayuso y Almeida, contando con la ayuda de Riccitello. En los metros finales supo domesticar a Ayuso, tomando la delantera en las curvas decisivas que conducen hasta la meta. Aunque Ayuso acabaría haciéndose con el triunfo en la general final en Algarve, consiguiendo de esta manera su primera victoria con su nueva formación, la gran impresión la dio Seixas. 

lunes, 3 de marzo de 2025

LOS SPRINTS DOMINAN EL INICIO DE CALENDARIO BELGA

No han sido las ediciones más brillantes ni disputadas de las dos semiclásicas inaugurales del calendario belga, aquellas con las que empieza en serio la temporada. Ambas se han resuelto al sprint, una solución no menos digna que una llegada en solitario o en grupo reducido, aunque menos afín al ciclismo de ataque imperante en la actualidad. Sin embargo, no creo que estos finales masivos sean ejemplo de nada, ni mucho menos un retroceso en la agresividad del ciclismo de grandes nombres actual. Simplemente algunos equipos y algunos corredores han llegado un poco cortos de forma a este arranque de temporada y no han podido ofrecer a los aficionados sus habituales fuegos de artificio. 

domingo, 25 de febrero de 2024

Y RODAR Y RODAR...

Hoy ha tenido lugar la segunda jornada del "fin de semana de apertura" flamenco, con la disputa de la Kuurne - Bruselas - Kuurne. El resultado ha sido similar al del día anterior, con un segundo triunfo importante para Visma - Lease a Bike. En esta ocasión no ha habido espacio para las sorpresas, habiéndose impuesto el líder natural del equipo, Wout van Aert. No ha habido regalos para lugartenientes ni situaciones cambiantes de carrera, ni tan siquiera persecuciones al límite, que es lo que suele ofrecer esta prueba. Más bien se ha desarrollado una exhibición de puro rodar, con tres grandes protagonistas: Oier Lazkano, Tim Wellens y el propio Wout van Aert. Con su victoria en la Kuurne - Bruselas - Kuurne, Wout van Aert añade un nuevo check a su lista de clásicas y semiclásicas, aunque todavía le quedan los grandes triunfos, aquellos por los que un ciclista vendería su alma al diablo: Flandes y Roubaix. 

lunes, 27 de febrero de 2023

LOS "PERDEDORES" TAMBIÉN GANAN

No, no se trata del título de una película norteamericana de instituto, en la que los nerds finalmente sobreviven a un duro curso y destacan por algún acto insólito y valeroso. Tampoco se trata de una referencia al espíritu olímpico y su mantra de lo importante es participar. Se trata de ciclismo, cómo no, y en concreto del corredor que se ha alzado con la victoria en la Kuurne - Bruselas - Kuurne, Tiesj Benoot. Un ciclista combativo y siempre presente, pero sin sprint y sí mucha mala suerte, lo que se ha traducido en una trayectoria de sinsabores y derrotas, en la línea de Sep Vanmarcke. En su exiguo palmarés tan solo relucía aquella Strade Bianche del barro, de la época en la que Wout van Aert todavía no subía bien las cuestas. Benoot ha ganado gracias a la magia del Jumbo - Visma, equipo que ya ejerce como indiscutible patrón de la nueva temporada.   

domingo, 27 de febrero de 2022

SIGUIENDO EL CICLISMO CON EL RABILLO DEL OJO

Con la agenda mundial volcada en la invasión rusa de Ucrania, ha dado comienzo el fin de semana ciclista considerado por los más puristas como el auténtico arranque de la temporada. Yo soy de los que piensa que la cosa se pone en marcha un poco antes: hace dos años que el covid ya nos puso en alerta para no ignorar esas carreras aparentemente intrascendentes de principio de temporada. En esta ocasión, los sucesos del pasado jueves también deberían hacerlo. No es fácil centrarse en el ciclismo ahora, con la que está cayendo. Incluso las palabras de muchos ciclistas han hecho referencia durante este fin de semana a los sucesos de Ucrania. Es difícil que sea de otra forma, pues lo importante está ahora en otro lado: en la guerra empezada el jueves al modo de una Blitzkrieg y que parece que acabará enquistándose, o lo que sería peor, extendiéndose, para regocijo de todos esos amantes de un heroísmo adolescente, de fortnites y revertes. Ya se sabe: en las guerras solo acaban prosperando las ratas, los fanáticos y los asesinos.

Volviendo al ciclismo, que es lo que mueve a este blog, se han disputado este fin de semana las clásicas de apertura belgas, la Omloop Het Nieuwsblad y la Kuurne-Bruselas-Kuurne. Como viene siendo habitual en estos dos últimos años, la segunda carrera ha deparado más emoción.  De todas formas, el nuevo recorrido de la Omloop, con su tránsito por los grandes hitos del Flandes ciclista, ha sido esta vez algo más interesante de lo que fue el año pasado. Wout van Aert ha vuelto a restituir el esplendor marchito de estas dos jorobas del camello flamenco, el Kapelmuur y el Bosberg, con un ataque bestial en esta última. Después de coronar una treintena de corredores el Kapelmuur, el látigo posterior a la subida mantuvo al grupo enfilado. Poco antes de iniciar el Bosberg, van Aert demarró. Pudiendo esperar al sprint, prefirió la senda del espectáculo, tan apreciada por su rival ausente van der Poel. En la subida, machacando los adoquines, sacó apenas una diferencia de cinco segundos. Suficiente, como en la época de Tchmil y Van Petegem. Por detrás, los Bahrain no se pusieron del todo de acuerdo: Mohoric sí que se sacrifició para Colbrelli, pero Fred Wright se escabulló un poco en la panza del grupo. Colbrelli no parecía muy contento en meta, a diferencia del niño de Van Aert, que parece ver a su padre solo en las metas. ¡Hay qué ver lo que ha cambiado Van Aert desde que tuviese que poner pie a tierra en la subida de Siena!

Primer día, primera victoria

 

La Kuurne ha ofrecido de nuevo un final emocionante, sin necesidad de grandes actores y ni de apenas subidas. En ella el llano es el protagonista, el lugar en el que la lucha segundo a segundo entre el pelotón y el grupo de escapados se extiende siempre hasta los últimos metros. Esta vez fueron Laporte, Narváez y van der Hoorn los protagonistas del día, siendo el trotón del Intermarché superviviente de una escapada temprana. Tanto en la selección delantera como en el pelotón, el propio ritmo imparable de carrera fue diezmando unidades, cayendo Pidcock y García Cortina por delante (entre otros), y quedando algunos equipos claramente debilitados (como Quick Step, que dejó completamente solo a Jakobsen en el final). El empuje de Trek – Segafredo acabó permitiendo la absorción de los escapados en los últimos doscientos metros, aunque finalmente no sprintase nadie del equipo. Ha sido Jakobsen el que, buscándose la vida, ha iniciado el sprint desde lejos, superando el obstáculo de los escapados y batiendo de forma neta a Caleb Ewan. Cavendish no debería tener hueco este año en el Tour, dado el estado de forma y el imparable crecimiento del sprinter holandés: ya veremos si puede más la calidad o la propaganda. 

 

Jakobsen ha demostrado que puede ganar solo

 

Pero este fin de semana se han disputado otras carreras. Entre ellas, la renacida Vuelta a Galicia, denominada O Gran Camiño, con un recorrido interesante, bellos paisajes y carreteras descarnadas. Más allá del murito de Ézaro, donde Woods volvió a mostrar su calidad como escalador de altos porcentajes, la etapa que más ha destacado ha sido la de la Ribeira Sacra. Tras pasar pueblos abandonados y viñedos sombríos, se bajaba en picado a la hendidura ocupada por el Sil, para volver a trepar por caminos de mulas por las abruptas paredes del cañón. Qué mejor que un duelo de veteranos con un escenario tan invernal: Michael Woods y Alejandro Valverde se han dirimido la prueba, con el murciano muy enjuto, sacado del sudario al modo de un espectro de Valdés Leal. Valverde acabó imponiéndose al canadiense gracias a su mejor crono. Sigue siendo el mejor español, con sus casi cuarenta y dos años, y parace mentira que siga disputando todas las carreras con tanto interés. La victoria de la crono fue para Mark Padun, en busca y captura desde la pasada Dauphiné. Como ucraniano de Donestk tuvo palabras sentidas para la situación de su país.  

las chicas de oro

 

En Francia hubo pruebas de un día por partida doble. En ellas debutó Primoz Roglic. En Ardèche se impuso McNulty, continuando las demostraciones de su equipo en España, con Covi, y en el desierto, con la ya cantada victoria de Pogacar. No creo que haga falta extenderse en exceso con la carrera del desierto: fue bastante monótona, como era de suponer, con sus subidas de autopista en las que Pogacar hizo lo que quiso y ganó como quiso. Prefirió esta vez arroparse más en su equipo, en especial en George Bennett y Joao Almeida, formando un incipiente trenecito, quizá con la mirada puesta en objetivos posteriores. De esta forma cumplió con el expediente, para regocijo de sus empleadores, que le acariciaron los cabellos encrespados como harían con uno de sus tantos halcones o caballos de carreras. Como digo, tampoco hace falta extenderse más. En la Drôme Classic, más interesante, el triunfo fue para Jonas Vingegaard, escapado junto a Juan Ayuso, del que se deshizo con facilidad en la última subida, al mismo tiempo que en el grupo perseguidor, Guillaume Martin y Benoit Cosnefroy hacían lo mismo con Julian Alaphilippe, aquejado de calambres. Fue una interesante carrera del calendario francés, alejada un tanto de los focos, con la que continuar esa trinchecarlovización ciclista de la que hablaba en el pasado artículo. 

Repetición de lo mismo y con los mismos actores

El segundo del Tour ya ha debutado.


Así pues, ha sido un fin de semana entretenido de ciclismo. No entran ganas ni siquiera de sospechar sobre tal o cual rendimiento, pues todo parece un tanto nimio y falto de trascendencia. Es simplemente un respiro, una bagatela, algo con lo que pasar el rato y no pensar en las consecuencias de los delirios de un dictador.  

lunes, 1 de marzo de 2021

¿RESULTADO O ESPECTÁCULO?

En Los problemas actuales de la estética, el filósofo Luigi Pareyson intentaba lo imposible: definir el arte. Después de avances y retrocesos, podía extraerse una definición, válida cuanto menos para el estudiante: arte es toda acción humana destinada a la creación de un objeto nuevo e inútil, a partir de unos materiales, con la finalidad de suscitar una reacción estética en un espectador. Una definición que tenía en cuenta el objeto, pero también a un espectador, sin el que el objeto no tendría sentido. Y también otro factor llama la atención de su definición: la carencia de objetivos, la inutilidad del arte. El objeto artístico es un objeto contingente: puede no existir. Es completamente futil y accesorio, pero transformador. Algo parecido se proponen los divos del actual ciclismo-espectáculo. No solo es necesario vencer, sino también convencer, de forma que libran una competición paralela por dotar a sus triunfos de cierta espectacularidad. Y también por dotar a sus acciones de un punto de inutilidad, de gratuidad e irracionalidad que los hace todavía más audaces. 

Como se comentaba en twitter, el ataque que lanzó ayer Mathieu van der Poel pareció un "hold my beer" en toda regla, con Julian Alaphilippe en mente. Si el campeón del mundo atacó en la Omloop Het Nieuwsblad a falta de 30 kilómetros, el campeón del mundo de ciclocross lo hizo a falta de 80. Si Alaphilippe contaba con el paracaídas detrás de Ballerini, van der Poel lanzó un ataque que suscitó una reacción en cadena que inhabilitó cualquier otra alternativa para Alpecin-Fenix. De alguna manera, van der Poel se propuso ayer hacer las cosas de la forma más difícil. 


 

Y también de la más hermosa. En el Canarieberg se marchó con Jonathan Narváez (el otro héroe de la jornada), dando alcance a los escapados del día. Pudo enrolar a Zhakarov, Gamper y Hvideberg para su causa. Estos tres ciclistas anónimos dieron su vida en una escapada en la que sabían que, en caso hipotético de llegar, poco tendrían que rascar. Pero aun así se sacrificaron. Mathieu los esperó, con el gesto magnánimo con el que el líder de una secta conmina a sus fieles a lanzarse por un precipicio.

Por detrás la impaciencia empezó a cundir. Degenkolb, Van Avermaet y compañía veían la situación peligrar. Parecía una acción alocada, sin duda (todos lo debimos pensar), pero pasados unos kilómetros el pavor empezó a cundir. "¿Y si en realidad llegan?", parecía ser la pregunta que se erguía sobre los rostros, desfigurados por el esfuerzo, de los perseguidores. El pelotón se fraccionó y eso en parte fue en beneficio de los escapados. 

Los últimos kilómetros fueron completamente llanos y en ellos la aventura de van der Poel, Narváez y demás dotó a esta semiclásica de una emoción auténtica, superior a la de la Omloop Het Nieuwsblad. Por detrás Frison, el propio Degenkolb y Teuns eran incapaces de acortar distancias en el circuito en las inmediaciones de Kortrijk. Pero a falta de un kilómetro todo terminó. Un arreón de Kasper Asgreen, primero buscando quizá la opción personal, pero más tarde sirviendo a objetivos ajenos (y quizá patrióticos), puso en bandeja el sprint para el pelotón, recientemente reagrupado. De la nada surgió Mads Pedersen, la bestia negra de van der Poel, y se llevó un triunfo sin apenas haber sido encuadrado por las cámaras con anterioridad. Segundo fue Anthony Turgis y tercero Tom Pidcock, que hizo una buena labor de zapa para Narváez. 


 

¿Quién jugó bien sus cartas, Pedersen o van der Poel? Sin duda, Pedersen. En el ciclismo lo que importa a fin de cuentas es el resultado, pues un abismo media entre la primera y la segunda posición. Es más, ¿no podría haber jugado también sus opciones van der Poel al sprint, con muchas más posibilidades de éxito y muchísimo menos desgaste? Por supuesto. Pero...ah, el espectáculo, la acción inútil. De eso se nutren las batallitas que se contarán en el futuro, aunque no comporten victoria.

Lo más seguro es que esta acción caiga en el olvido, porque la memoria solo recuerda aquellos contados momentos en los que espectáculo y resultado se dan la mano. Podría decirse, en favor del espectáculo, que es el único antídoto contra la inanidad de tantas carreras, disputadas sin pena ni gloria, con fugas consentidas y desarrollos predecibles. Es lógico que un corredor menos vigilado, o que no tenga sprint, decida jugarse todo de lejos, pues no tiene nada que perder. Pero por contra, ¿un corredor no debe ser también un conocedor de su cuerpo, un fino jugador de cartas, alguien que sabe explotar sus capacidades en pos del triunfo? Lo bueno del ciclismo, y en especial del ciclismo de pruebas de un día, es que no siempre gana el más fuerte. El mantra de los vatios queda muchas veces aparcado, porque prima mucho más el azar y sobre todo la capacidad para leer una carrera. 

Es más fácil atacar cuando un equipo por detrás te respalda, sabiendo que el ataque es uno más entre los planes posibles. De hecho, a Deceuninck le salió bien la jugada, por partida doble: tanto en la etapa del Tour de La Provence en la que Alaphilippe atacó de lejos, como en la Omloop Het Nieuwsblad, el triunfo final fue para Ballerini, el nuevo sprinter. También hay que decir que, salvo en el mundial (que fue a vida o muerte), Alaphilippe suele atacar siempre con el espejo retrovisor, esperando la respuesta de los demás, y la Omloop no fue una excepción. Por su parte, van der Poel afrontó la Kuurne como si se tratase de una prueba de ciclocross en la que lo importante es tomar pronto el mando de la carrera y abrir tierra de por medio. Con mucha confianza en sí mismo y sus capacidades, como quién lanza una apuesta, a su propio cuerpo, al recorrido, a los rivales y...a la lógica. Podría decirse que afrontó la carrera como un juego, como quien va a divertirse, a estirar una broma a ver hasta donde llega, pero sin que su acción partiera de un análisis racional de la situación, al menos de un análisis de cómo sacar el mejor partido a su talento.

Pedersen por su parte jugó sus cartas con gran maestría. En algunos casos sabe anticiparse, en otros aprovecharse de los marcajes; ayer supo esperar. Esperar de una manera extraña, pues fue cuanto menos llamativo el desempeño de los Trek-Segafredo el día anterior. Pero en la meta de la Kuurne ahí estaban Stuyven y Pedersen, desaparecidos hasta el momento, lanzando un guiño cómplice a Asgreen después de su desinteresada labor. Pedersen se llevó el triunfo con astucia y con paciencia. Un triunfo quizá sin brillo, pero un triunfo a fin de cuentas, que es lo que importa.