lunes, 16 de marzo de 2026
DOS EDICIONES MERITORIAS DE LA PARÍS - NIZA Y LA TIRRENO - ADRIATICO
lunes, 17 de marzo de 2025
MOMENTOS SELECCIONADOS DE DOS PRUEBAS ALGO DESCAFEINADAS
En los últimos años se han vivido ediciones memorables tanto de la París - Niza como de la Tirreno - Adriático. Al tratarse de las primeras vueltas serias por etapas, ofrecen siempre grandes jornadas y espectáculo variado, en distintos escenarios. Esta vez no ha sido así completamente, con unas ediciones algo descafeinadas ¿Qué momentos o factores serán recordados de ambas pruebas?
lunes, 11 de marzo de 2024
NO HAY FORMA DE ESCAPAR DEL VISMA
Ayer, domingo 10 de marzo, culminó la semana de programa doble ciclista, con el solapamiento habitual de París - Niza y Tirreno - Adriático. Por primera vez, ambas carreras han ido a parar a manos de un mismo equipo, el Visma - Lease a Bike, para sorpresa de nadie. Los abejorros neerlandeses retoman de esta manera la racha ganadora, iniciada en la Omloop Het Nieuwsblad, tras el ligero bache que les supuso la Strade Bianche. Estas dos victorias, de enorme prestigio, permiten aventurar lo que podrá pasar en los próximos meses: cualquier gregario del equipo amarillo puede rodar igual de fuerte que uno de sus rivales más peligrosos.
domingo, 12 de marzo de 2023
SIGUEN CON HAMBRE
Paris – Niza contaba con un duelo anunciado que a posteriori no ha sido para tanto: el dominio de Pogačar ha sido incuestionable, consiguiendo dos triunfos a añadir al anterior de la Loge des Gardes. Pogačar no ha necesitado apenas a su equipo, en los momentos críticos se ha bastado él solo. Por contra, Vingegaard ha adolecido de la falta de compañeros en montaña y quizá de un estado de forma algo corto, no pudiendo conseguir la ventaja deseada en la crono por equipos. Al igual que le sucediera a Pogačar después del paseo por la vuelta de su país, Vingegaard quizá ha pecado de exceso de confianza después de arrasar en una carrera menor como O Gran Camiño. Además, Pogačar iba encendido, buscando la gesta y la revancha: no solo con Vingegaard, sino sobre todo con Gaudu. Parece que la jugarreta (en el límite de lo permisible) que le hicieron Démare y Gaudu en un punto intermedio de la quinta etapa no le hizo excesiva gracia, de forma que a partir de ese momento ha buscado distanciar a Gaudu al máximo, queriendo aumentar la exigua diferencia de segunditos con la que contaba. Ha dado la impresión de que Pogačar hubiese preferido un segundo puesto de Vingegaard, al que esperó en más de una ocasión en el col de Couillole. La presencia intermedia del francés le estropeaba la foto.
lunes, 14 de marzo de 2022
LOS GRANDES HAMBRIENTOS
miércoles, 17 de marzo de 2021
BREVES APUNTES SOBRE UNA GRAN SEMANA Y MEDIA DE CICLISMO
Ha acabado la Tirreno - Adriatico sin sorpresas, con el resultado esperado. En el escenario espectral de esta localidad costera en temporada baja, apenas se han notado las restricciones de movimientos y la ausencia de público. Solo los habituales paseantes adormecidos, con perro o sin él, cruzaban a veces la calzada, en un ambiente habitualmente desapacible. Sí se ha notado, en cambio, la cada vez más parcheada ruta, en una Italia que parece no asfaltarse desde los tiempos de Torriani. Ya en lo deportivo, el único detalle insólito de la crono ha sido la no victoria de Filippo Ganna, que rompe así una racha personal. El triunfo ha sido para Wout van Aert, un corredor al que se le está poniendo cara de Merckx en vistas a su objetivo más inmediato, la Milán - Sanremo. Cuarto en la crono ha quedado el propio Pogacar, por detrás de tres especialistas que le sacan casi una cabeza, como van Aert, Küng y Ganna. Ha quedado a un segundo del campeón del mundo contra el crono: no necesitaba el esfuerzo, pero que se ha exprimido igualmente.

El ganador de una T-A con diferencias de gran vuelta
Termina así una semana y media de ciclismo muy intenso, en un arranque de la temporada en el que los grandes equipos no han desperdiciado oportunidades de lucimiento. Es quizá a lo que mueven estos tiempos tan inciertos. Sin el calor del acontecimiento inmediato, es interesante pararse a reflexionar sobre lo que han sido estas dos carreras memorables, especialmente la París-Niza, eclipsada por la legión de fans movilizados tras sus estrellas en liza en la Tirreno - Adriatico. El desarrollo de la carrera francesa ha sido más anodino que en otras ocasiones, pero su última jornada, con un giro de los acontecimientos para nada inusual en esta prueba, la ha redimido de pasar al olvido.
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| Algunas reflexiones |
Primoz Roglic es un corredor con mala suerte, de eso no hay duda. No parece agraciado con ese don que permite a los grandes nombres sortear caídas e inconvenientes mecánicos. Su forma de correr se adapta a la perfección a los cánones del ciclismo promovido por Aso, lo que le impide acumular grandes diferencias. Está empujado a conseguir segundos aquí y allá, disputando siempre la victoria (y ahí está su virtud). Pero esas exiguas rentas que maneja se pueden volatilizar en un instante de mala suerte. Por ello hay que dignificar su figura. Dos caídas y su aislamiento completo no fueron suficientes para imperdirle luchar hasta el final, incluso cuando ya se sabía que estaba todo perdido.
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| Dauphiné 2020, Niza 2021 |
Los suyos, ahí está el problema. En Jumbo ha encontrado Roglic un buen acomodo, un equipo que ha confiado en él desde el principio. Pero la suma de prepotencia e improvisación que les caracteriza no parece ser la fórmula perfecta para evitar los malos días. En algunas ocasiones, las circunstancias de carrera pueden aliarse con ellos para salvar los muebles, como sucedió en la Vuelta de 2019. En otras impera la sensación de desbandada general, más si hay equipos rivales con interés en hacer daño.
Los otros, ahí está la otra parte del problema. Bora-Hansgrohe se implicó en sacar tajada, primero de forma tímida y luego valiente, pero el equipo que puso más empeño fue Astana, con Vlasov tercero y Ion Izagirre que podía conseguir el tercer puesto. Había algo más detrás que el mero hecho de acceder al podium. Si bien la victoria de Roglic sobre Mäder no contó (a pesar de tantos y tantos defensores de esa mezcla de maquiavelismo y magnanimidad que ejemplifican en la edad de oro del ciclismo español), sí que lo hizo una cuenta pendiente entre ambos equipos. Una teoría plausible es que en Astana no olvidan la pequeña humillación padecida en la primera etapa del Tour pasado, cuando decidieron poner ritmo en un descenso peligroso y Jumbo (y los acontecimientos) ejercieron su parte de control.
Por acabar con la París - Niza, hay que dar un justo reconocimiento al ganador. En el ciclismo lo que impera es la victoria (en esta página impera el resultadismo, como se puede fácilmente comprobar) y se ha pasado muy de puntillas sobre el pequeño palmarés que se está labrando Maximilian Schachmann. En su caso, la maldición de Deceuninck no parece estar operando. Ya no es un corredor tan ganador como en sus inicios en el equipo belga o en su primer año en Bora, con aquella Vuelta la País Vasco en la que se mostró intratable, pero se centra en pocos objetivos y los van cumpliendo, sin fallar.

Hay que estar en el lugar y en el momento adecuado.
Pasemos ahora a analizar otros detalles, estos más propios de la pasada Tirreno - Adriatico. Se está viviendo una nueva edad de oro del ciclismo de ataque, algo que ha permitido cierta renovación entre el aficionado habitual al ciclismo. Esta renovación del aficionado quita mucha caspa y mete mucha gorra, pero es positiva, pues siempre es bueno que un deporte esté en la calle, en la boca de la gente. ¿Dónde está el origen de este nuevo ciclismo? Viene de otros campos, de otras disciplinas, en las que prima más el saltito que el sudor, pero al triunfo definitivo de este nuevo ciclismo ha contribuido el hecho de que desde la temporada pasada ya no haya un equipo dominador. La dictadura de Ineos parece terminada y da la impresión de que lo que les hacía carburar ahora se ha democratizado. Cuatro o cinco equipos (más cuatro que cinco), paracen haberse repartido a día de hoy ese "llamémosle X", lo que cualquier aficiando no ingenuo sabe que es necesario para el "espectáculo", lo que ofrece al espectador carreras más abiertas y lo que es más insólito, a pleno rendimiento desde los primeros momentos de la temporada.
Relacionado con lo anterior, estamos en un cambio de paradigma en toda regla. A día de hoy los ciclistas despuntan muy jóvenes, corren todo el año y son muy polifacéticos, ganando o destacando en todos los terrenos. Algo muy diferente sucedía en el periodo comprendido entre 1990 - 2005, periodo de preparaciones milimétricas en el que las grandes figuras olvidaban los inicios de temporada y las clásicas, y no despertaban hasta los "bancos de pruebas de junio", Dauphiné o Suiza. Estrellas todavía tripudas en Mallorca o Andalucía, algún paseo con dorsal incluso en el Giro de Italia y, como mucho, algo de actividad en alguna clásica esporádica. Ese paradigma fue ligeramente alterado entre 2010 y la actualidad, con ciclistas que ya no desatendían los inicios de temporada. Ahora se ha dado un paso más en esa dirección: se disputa con más intensidad, la versatilidad es mayor, la juventud también. Más que cambio de paradigma es una vuelta al modelo propio del ciclismo clásico, a tope en todos los terrenos y desde edades tempranas, sin pensar en el futuro. Un ciclismo que parece una continuación del que quedó truncado a principios de los 90 por todo lo que el mundo sabe, y que tuvo en el LeMond preaccidente y en Fignon a sus últimos representantes.
Durante mucho tiempo se manejó la idea de que los 27 años era la edad idónea para empezar a pensar en cosas grandes, como por ejemplo ganar un Tour. Años de propaganda periodística convirtieron esa idea en un mantra, cuando antes había habido grandes campeones más jóvenes. ¡Ay, qué error más grande tomar lo propio de un periodo como lo característico de toda la eternidad! Petrarca se refirió al periodo que separaba su presente de la Antigüedad como un periodo de oscuridad, tomando como referencia las últimas décadas, periodo de peste y guerras. Pues algo semejante sucedió durante mucho tiempo: se tomó lo propio de un periodo puntual como un axioma general. Ahora los nuevos campeones vuelven a ser realmente jóvenes.
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| El renacimiento de la juventud |
Sin duda estas dos últimas características del ciclismo actual (democratización y vuelta al paradigma clásico) son dignas de aplaudir. Dotan de variedad a las carreras, aunque parece que en poco tiempo vamos a comenzar a hartarnos de los mismos nombres. Mientras tanto, el ciclismo se está convirtiendo en el mejor pasatiempo para estos días. Sí, porque en definitiva es un pasatiempo, no hay que olvidarlo: lo importante siempre está en otro lado. El ciclismo puede servir como excusa para escribir, para tratar, aunque sea de pasada, algunos de esos temas que forman la base de la escritura, los que sirven de espejo de una vida, como el amor, la soledad, el paso del tiempo, el odio, la ambición, el engaño, los deseos de muerte, propia o ajena. Pero no es una escuela de vida, ni un modelo, ni crea valores, ni milongas por el estilo. Simplemente es un pasatiempo, nada más, y no siempre sano. Más que épica hay realidad, con toda su crudeza. Y si en algún relato mitificado, actual o del pasado, parece difícil encontrar la explicación, piensen siempre en la navaja de Ockham: "la explicación más sencilla suele ser la explicación más probable".
domingo, 14 de marzo de 2021
RESULTADO Y ESPECTÁCULO
El nieto de Poupou parece empeñado en hacer coincidir resultado y espectáculo, como el niño que intenta introducir a la fuerza un cilindro en un cuadrado. Siendo un corredor dotado de un poderoso sprint (tanto que rompe manillares), con obcecación está recurriendo al ataque lejano, haciendo de él una marca de fábrica. Algunas veces no sale bien, pero otras su bendita locura lo lleva al triunfo: así ha sucedido hoy en la quinta etapa de la Tirreno - Adriatico, con un circuito final en Castelfidardo. Una etapa que difícilmente se podrá olvidar, y no solo por él.
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| Espectáculo + Resultado = Perfección. |
Previamente en la Strade Bianche había dado muestras de inusitada madurez, conteniéndose hasta la rampa final de Santa Caterina, la que siempre acaba condicionando la carrera. Allí machacó sin piedad a Julian Alaphilippe y a Egan Bernal por pura fuerza bruta. Ya en Le Tolfe había seleccionado al grupo de siete, formado por los tres que finalmente se jugaron la carrera más Wout van Aert, Tom Pidcock, Tadej Pogacar y Michael Gogl. Generosos como siempre, van Aert y él fueron los que más gastaron, pero ello no impidió que el genio neerlandés concentrase toda su fuerza en un punto. Camino de Piazza del Campo, la integridad de la bici pareció peligrar debido a la contundencia de su ataque.
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| Un caballo loco se ha escapado del Palio. |
Pero los grandes genios caen obsesivamente en los mismos temas. Al igual que van Gogh necesitaba salir a pintar la naturaleza a su manera, a pesar de que los campesinos lo recibiesen a pedradas o incluso alguno de ellos quizá con algún tiro, Mathieu van der Poel tiende a recurrir al ataque descerebrado. ¡Y a veces sale! Parece sentirse más cómodo con los tormentos autoinfligidos en solitario, que recurrir a aquello que tantas veces reporta victorias, como la astucia, el ahorro de fuerzas o el trabajo de equipo.
Así llegamos a la Tirreno - Adriático, con una participación de lujo que ha empalidecido una vez más a la París - Niza. Hasta el momento, cada etapa ha tenido la firma de cada uno de los grandes del pelotón actual, cada uno en su terreno y con su estilo. La versatilidad de van Aert, capaz de ganar un sprint masivo; la astucia de Alaphilippe, amparada por un gran trabajo de equipo; la fuerza bruta de van der Poel, con un punto de arrogancia adolescente. En definitiva, pequeños fuegos de artificio para salivación de los fans, rematados por una contundente victoria de Pogacar en Prati di Tivo, con esa fuerza revestida de ligereza que es la nota distintiva del corredor esloveno, a la que se añadió una defensa del liderato de van Aert digna de Indurain o de los mejores tiempos de Dumoulin. El escalador esloveno parece dispuesto a batir todos los récords.
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| Como un niño de la ESO (foto Luca Bettini) |
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| El auténtico niño prodigio (Getty Images) |
La quinta etapa es la que motiva realmente a escribir, la que hace sentir el espejismo de estar viviendo un momento inédito en el ciclismo, una especie de edad de oro del ciclismo de ataque, que seguro que oculta algo que no reluce con tanta fuerza. La etapa ha tenido cierto sabor a mundial, siendo muy parecida a aquella etapa del Giro pasado en Tortoreto, en la que Sagan cumplió con los organizadores. El continuo saliscendi de la zona, con carreteras llenas de baches y grietas, estaba aderezado esta vez con un poco de lluvia, viento y mucho frío, el ambiente propio de una clásica del norte. La carrera se había seleccionado por sí sola, con un Mathieu van der Poel algo juguetón en todos los repechos. En un inicio, van Aert y Pogacar, incluso Bernal, parecían querer jugar al mismo juego, saliendo tras él. Cosa diferente sucedía con Alaphilippe, que se abrió de patas simulando un fallo mecánico, y lo dejó todo correr, esperando mejores oportunidades. Hasta que a falta de cincuenta y dos kilómetros, la cabezonería del campeón holandés resultó insoportable.
Con dos geles en la boca se lanzó en un tramo de ligero descenso y lo dejaron ir. Los había aburrido a todos a base de aceleraciones, nadie deseaba seguirle el juego. Además, se había dejado tiempo suficiente en Prati di Tivo como para no ser una amenaza. Se predisponía así a una de esas aventuras que o bien se convierten en una página más de la épica, o bien acaban en el más rotundo fracaso: esta vez se quedaría en un punto intermedio, más en lo primero pero a muy poco de acabar en lo segundo.
Van der Poel fue cogiendo diferencia con facilidad. Impertérrito ante el frío, parecía ya dar vueltas en su propio circuito de ciclocross mental, feliz de rodar en solitario como De Gendt, mientras los demás por detrás tenían que abrigarse, sacudir las manos del frío o calentárselas con el aliento. En el grupo trasero saltaron las alarmas cuando a Pogacar se le salió la cadena al inicio de un repecho, pero no hubo intención de hacer sangre y el esloveno cogió al poco tiempo. Formolo marcaría un ritmo que permitiría a muchos coger por detrás y haría aumentar la diferencia de van der Poel más allá de los tres minutos.
Todo parecía rodado para van der Poel, a la manera de una de esas hazañas personales que en el fondo resultan un tanto aburridas. La diferencia era tal que podía mediar una pájara al estilo de Yorkshire. De hecho sería precisamente lo que sucedería, añadiendo un aliciente inesperado (sic) a la etapa, que no hubiese sido la misma sin la lucha de Pogacar y van Aert por la general.
Del grupo trasero habían saltado De Marchi, Soler y Felline, dispuestos a jugarse las migajas. Pero a falta de dieciséis kilómetros, Pogacar atacaba del grupo trasero, dispuesto a aumentar su ventaja con Wout van Aert de cara a la crono de San Benedetto del Tronto. Van der Poel contaba con 3:35 de ventaja, un colchón bastante amplio. Ahí vino lo auténticamente monumental de esta etapa, la lucha de tres hombres en solitario contra el tiempo y contra el recorrido. El pedaleo de van der Poel era cada vez más pesado, con las mejillas enrojecidas y el tronco erguido: comenzaba su naufragio. Por detrás, Pogacar parecía por fin liberado del frío, dándose a una exhibición silenciosa que por poco eclipsa a la de van der Poel. Más atrás, van Aert se mantenía con entereza, sin perder en exceso con Pogacar, mostrándose como un maestro cuando corre a la contra. En apenas cinco kilómetros, un minuto de la renta de van der Poel se había esfumado.
Los últimos diez kilómetros han sido una pérdida de segundos constante para van der Poel, que veía de golpe esfumarse la posibilidad de un triunfo épico. Aunque más bien habría que señalar que han sido precisamente esos últimos diez kilómetros los que han dotado a su victoria de una auténtica grandeza, pues ha tenido que rebuscar en los profundos cajones de su cuerpo y de su mente para encontrar hasta el último gramo de fuerzas a sacrificar en pos de la victoria. Por detrás, el pedaleo sencillo y la sonrisa hambrienta de Pogacar iban devorando esa diferencia cada vez más exigua que lo separaba de la cabeza, aunque su objetivo no fuese derrotar a van der Poel. Casi lo consigue, apenas diez segundos le han separado del triunfo, y cabe la duda de si se habría mostrado magnánimo (espero que no) o le hubiese birlado la victoria en el último instante, como hiciera ayer Roglic a Mäder. Van der Poel tenía así su etapa a lo Eros Poli, aunque en un escenario más anónimo.
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| Por los suelos (foto de Luca Bettini) |
La carrera ha tenido su resolución perfecta, casi de cuento, con van der Poel ganando sin tiempo ni fuerzas para celebraciones, revolcándose de nuevo por los suelos como en aquella victoria en la Amstel. En la París - Niza, controlada hasta el momento con mano de hierro por Roglic, dos caídas han sido aprovechados por sus rivales, en concreto Astana y Bora, para dejarlo fuera del top ten. Su equipo ha hecho aguas por todos lados, con Kruijswijk y Bennett incapaces de servir de forma adecuada a su líder, teniendo que recurrir a Bouhanni y Campenaerts como mercenarios. En el ciclismo no hay regalos de ningún tipo, y la lista de cuentas pendientes suele ser larga, de forma Maximilian Schachmann ha conseguido casi de rebote su segunda París - Niza consecutiva. Un gran triunfo y seguro que muy perseguido, aunque lo haya celebrado con la boca pequeña. Por su parte, Pogacar tiene a tiro una victoria más en una vuelta por etapas. Sin contar con una legión de fans tan amplia como otros ciclistas por pertenecer, a pesar de su juventud, al mundo tan claroscurista de la tradición ciclista, el campeón esloveno parece a día de hoy infalible. Desde esta humilde página siempre se ha tenido una confianza casi ciega en sus posibilidades. Aun quedan dos etapas.








