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lunes, 16 de marzo de 2026

DOS EDICIONES MERITORIAS DE LA PARÍS - NIZA Y LA TIRRENO - ADRIATICO

Han finalizado la París - Niza y la Tirreno - Adriatico, con ediciones bastante meritorias. Ambas carreras se suelen disputar el interés del público como las calaveras de Ensor lo hacen con un pedazo de arenque (*ver imagen), pero en este espacio no leerán si me gusta más papá o mamá. Lo único que reprocho a este solapamiento anual es que cada año que pasa se me hace más complicado diferenciar quién corre cada carrera y qué sucede en cada una de ellas: es la edad. Pero me he quedado con lo esencial, todavía no soy un senil presidente norteamericano que confunde cifras, nombres y objetivos. En la París - Niza la participación quizá era inferior, sobre todo en el terreno del sprint, pero será recordada por la victoria por aplastamiento de Vingegaard. Por su parte, la Tirreno - Adriatico ha vuelto a su esencia, esquivando las montañas y apostando por los finales en cuesta.

lunes, 17 de marzo de 2025

MOMENTOS SELECCIONADOS DE DOS PRUEBAS ALGO DESCAFEINADAS

En los últimos años se han vivido ediciones memorables tanto de la París - Niza como de la Tirreno - Adriático. Al tratarse de las primeras vueltas serias por etapas, ofrecen siempre grandes jornadas y espectáculo variado, en distintos escenarios. Esta vez no ha sido así completamente, con unas ediciones algo descafeinadas ¿Qué momentos o factores serán recordados de ambas pruebas? 

lunes, 11 de marzo de 2024

NO HAY FORMA DE ESCAPAR DEL VISMA

Ayer, domingo 10 de marzo, culminó la semana de programa doble ciclista, con el solapamiento habitual de París - Niza y Tirreno - Adriático. Por primera vez, ambas carreras han ido a parar a manos de un mismo equipo, el Visma - Lease a Bike, para sorpresa de nadie. Los abejorros neerlandeses retoman de esta manera la racha ganadora, iniciada en la Omloop Het Nieuwsblad, tras el ligero bache que les supuso la Strade Bianche. Estas dos victorias, de enorme prestigio, permiten aventurar lo que podrá pasar en los próximos meses: cualquier gregario del equipo amarillo puede rodar igual de fuerte que uno de sus rivales más peligrosos. 

domingo, 12 de marzo de 2023

SIGUEN CON HAMBRE

Paris – Niza contaba con un duelo anunciado que a posteriori no ha sido para tanto: el dominio de Pogačar ha sido incuestionable, consiguiendo dos triunfos a añadir al anterior de la Loge des Gardes. Pogačar no ha necesitado apenas a su equipo, en los momentos críticos se ha bastado él solo. Por contra, Vingegaard ha adolecido de la falta de compañeros en montaña y quizá de un estado de forma algo corto, no pudiendo conseguir la ventaja deseada en la crono por equipos. Al igual que le sucediera a Pogačar después del paseo por la vuelta de su país, Vingegaard quizá ha pecado de exceso de confianza después de arrasar en una carrera menor como O Gran Camiño. Además, Pogačar iba encendido, buscando la gesta y la revancha: no solo con Vingegaard, sino sobre todo con Gaudu. Parece que la jugarreta (en el límite de lo permisible) que le hicieron Démare y Gaudu en un punto intermedio de la quinta etapa no le hizo excesiva gracia, de forma que a partir de ese momento ha buscado distanciar a Gaudu al máximo, queriendo aumentar la exigua diferencia de segunditos con la que contaba. Ha dado la impresión de que Pogačar hubiese preferido un segundo puesto de Vingegaard, al que esperó en más de una ocasión en el col de Couillole. La presencia intermedia del francés le estropeaba la foto. 

lunes, 14 de marzo de 2022

LOS GRANDES HAMBRIENTOS

Después de las victorias de los protagonistas esperados en la primera gran semana de ciclismo del año, una misma pregunta se repite en las redes sociales: ¿existe de verdad alguien capaz de derrotar a los eslovenos? Después de una década de matonismo norteamericano y otra de falsa diplomacia británica, el dualismo esloveno ha llegado para quedarse.  Podría dar la impresión de que Roglic y Pogacar se están repartiendo el calendario, como dos grandes hambrientos que no pueden compartir mesa. Pero al final tendrán que cruzar las cucharas para llegar al mismo plato: el consomé a veces insípido y algo frío que se sirve en julio. Están almacenando dos palmareses de los que asustan, comparables a los de otros grandes hambrientos del pasado, aquellos que al talento sumaban todo lo que hiciera falta con tal de ganar. Ambos cuentan para ello con equipos sólidos, con nuevos y potentes gregarios (Laporte, Soler), y con un folklore local no exento de positivos. 
 
¿Cuál de los dos desbancará a este bicho como símbolo nacional?

 
En Francia las cosas comenzaron con una vuelta al pasado en toda regla. Los del delorean podrán estar contentos. Jumbo utilizó la última cota, a falta de seis kilómetros a meta, para hacer saltar el pelotón por los aires. Nathan Van Hooydonck aceleró fuertemente el ritmo, siendo continuado por Christophe Laporte. Inmediatamente el resto de corredores fue abriéndose por detrás: Leknessund, Kragh Andersen y finalmente Zdenek Stybar. Wout van Aert continuó la aceleración de Laporte, llevándose ambos a Primoz Roglic a cuestas. Los tres se distanciaron del grupo suavemente, deslizándose sobre la cuesta, para marcarse una foto en meta digna del Mapei en Roubaix. A tan desmoralizadora y contundente imagen, sumaban 22 segundos de ganancia y un gregario eternamente agradecido. De la cima del Teide a Mantes-la-Ville en un perfecto aterrizaje. 
 
Bortolami, Museeuw y Taf...ah, no.

 
El lunes fue de nuevo ventoso en Francia y los Jumbo todavía mantenían un remanente de fuerza del día anterior. Laporte desarboló el lanzamiento del sprint de los Quick Step, con van Aert a rueda. Pero en el tú a tú, Fabio Jakobsen logró imponerse sobre el campeón belga. Ese mismo día en Italia empezaba la Tirreno - Adriatico en Lido de Camaiore, ciudad de vacaciones que funciona a modo de reflejo espectral en el Tirreno de las soñolientas localidades vacacionales del Adriático. Toda una alfombra parcheada para la demostración de fuerza habitual de Filippo Ganna. Como estaba previsto, Remco Evenepoel obtuvo la segunda posición, a once segundos del gigantón italiano, y Tadej Pogacar la tercera, a apenas siete segundos del belga. El esloveno dio la impresión de quedarse con ganas de más. Las diferencias con Vingegaard superaban el medio minuto y los cincuenta segundos con Enric Mas. 
 
 
Después de los triunfos de Mads Pedersen en Dun-le-Palestel y de Tim Merlier en Sovicille, los Jumbo repitieron el triplete en la crono de Montluçon. Rohan Dennis asumió el rol de Laporte, mientras que el triunfo de etapa y el liderato fue para Wout van Aert, con Primoz Roglic a dos segundos. Simon Yates quedó a partir de ese momento como único rival serio de la hegemonía del Jumbo, con una sorprendente buena crono, a tan solo nueve segundos de Roglic. En la Tirreno - Adriatico, una etapa nerviosa camino de Terni acabó en sprint, con triunfo de Caleb Ewan. A falta de 25 kilómetros, Pogacar decidió jugar un poco después de un paso por un traguardo volante. Se llevó consigo a Soler, muy dócil en su nueva faceta de gregario del esloveno, y a Julian Alaphilippe, que no dudó en tirar aún a pesar de perjudicar a Evenepoel. Tao Geoghegan Hart cazó in extremis, no así Landa; pero fue una aventura efímera, en todo caso. 
 
Pedersen está tremendo.

 
 
El jueves toda la hiperactividad de inicio de temporada de los UAE tuvo como resultado un triunfo por partida doble. Brandon McNulty ganaba en Saint-Sauveur-de-Montagut, obteniendo su primer triunfo World Tour, mientras que su jefe Pogacar ganaba con extrema facilidad en el final en repecho de Bellante. En la París-Niza se contabilizaron numerosos abandonos, al parecer por sinusitis, resfriados y gripes (curiosamente no relacionadas con el covid, ¡a qué santo!). Incluso al inmutable van Aert le llegó la flojera, perdiendo 24 minutos y el liderato. En el final de Bellante, fue impresionante observar cómo Pogacar no bajó en ningún momento de la tercera o segunda posición a lo largo de toda la subida: salió absolutamente a todas las aceleraciones y ataques, y solo (sic) tuvo que seguir un ataque de Lafay para llevarse el triunfo y el liderato. 
 
"Hago lo que quiero, con mi pelo"

 
Después de un viernes para triunfos franceses, con Mathieu Burgaudeau en Aubagne y Warren Barguil en la bonita llegada de Fermo, llegó el gran día de ambas pruebas. El sábado se disputarían las dos etapas reinas, con el Turini y el Monte Carpegna como protagonistas, escenarios en los que los eslovenos harían de las suyas, con sus dos marcados y contrapuestos estilos: uno de insaciable rematador,  el otro con una cabalgada "a la Coppi".  Roglic se limitó a vigilar a los rivales en la subida a Turini, con su pedaleo incansable y su respiración en apnea. Daniel Martínez y Simon Yates se lo pusieron difícil, pero al alcanzar el último kilómetro Roglic no tuvo rival. Nunca lo tiene. Contrapuesto al pragmatismo habitual de Roglic, Pogacar se decantó por un número completamente innecesario. Sobre todo al estar ya decidida la carrera en su favor, desde el momento en que Evenepoel se descolgó en el primer paso por el Monte Carpegna. De querer crear una bonita imagen, podría decirse que las esperanzas depositadas en el joven belga por tantos vendehumos se evaporaban en el aire, mezclándose con el vaho que salía de la boca de los congelados ciclistas. El excelente rodador belga, cada día más humilde, admitió no tener su día, pero cada vez parece más difícil que pueda rendir en vueltas con montaña consistente. En el segundo paso por el Monte Carpegna, Pogacar decidió atacar. ¿Imbuido por el espíritu de Pantani? No, tenía frío, al menos eso dijo, a la manera de Mathieu van der Poel camino de Castelfidardo. Necesitaba entrar en calor. Su ascenso fue irrefrenable, demoledor, como un cervatillo vestido de azul trotando entre los bosques nevados. O si se prefiere una imagen menos cursi y bucólica, continuando su senda de triunfos, pasando del polvo a la nieve (no, no es una referencia a Matxín). Atrás se miraron y Landa fue el único que intentó minimizar pérdidas, aunque fuese tan solo para distanciar a Porte. Vingegaard y Mas se limitaron a seguir su rueda, el mallorquín con tan mala pata que se fue al suelo en el estrecho descenso. Pogacar bajó tranquilo y sin forzar, llevándose su segundo triunfo parcial. 

Bambi de acero.


 
El domingo no hubo historia en la Tirreno - Adriatico (si es que la había habido hasta el momento). En el anodino circuito de San Benedetto del Tronto, Phil Bauhaus se llevó el sprint. En cambio, la carrera francesa tuvo su habitual suspense en los alrededores de la ciudad de Niza. Los Alpes Marítimos estaban envueltos en un ambiente sombrío y húmedo, habitual en esta época del año. A pesar de las innumerables edificaciones que salpican las montañas de la costa, es un territorio hostil y algo inexpugnable, de pueblos encaramados a cimas, profundos barrancos y puertos inaccesibles. Simon Yates lanzó su ataque en el col d'Èze, en un atajo por caminos de urbanización más empinado que la carretera principal. Roglic no pudo responder, pero consiguió salvar los muebles gracias a la entrega abnegada de Wout van Aert, en modo entrenamiento para Sanremo. En algún momento, el ritmo de van Aert puso en más de un aprieto a su líder, incluso en el descenso. Finalmente Simon Yates quedó a tan solo 29 segundos del liderato, llevándose una bonita etapa. A pesar de los apuros finales, siempre presentes en la trayectoria de Roglic, el de Jumbo había superado la maldición del año pasado, haciendo de nuevo realidad el que parece su motto: volver para ganar. Veremos si es capaz de alargar más rápido el cucharón hacia la sopa que su joven compatriota, últimamente más voraz que de costumbre.

Alguien se está cansando de los abrazos y las sonrisas en meta.


 

miércoles, 17 de marzo de 2021

BREVES APUNTES SOBRE UNA GRAN SEMANA Y MEDIA DE CICLISMO

Ha acabado la Tirreno - Adriatico sin sorpresas, con el resultado esperado. En el escenario espectral de esta localidad costera en temporada baja, apenas se han notado las restricciones de movimientos y la ausencia de público. Solo los habituales paseantes adormecidos, con perro o sin él, cruzaban a veces la calzada, en un ambiente habitualmente desapacible. Sí se ha notado, en cambio, la cada vez más parcheada ruta, en una Italia que parece no asfaltarse desde los tiempos de Torriani. Ya en lo deportivo, el único detalle insólito de la crono ha sido la no victoria de Filippo Ganna, que rompe así una racha personal. El triunfo ha sido para Wout van Aert, un corredor al que se le está poniendo cara de Merckx en vistas a su objetivo más inmediato, la Milán - Sanremo. Cuarto en la crono ha quedado el propio Pogacar, por detrás de tres especialistas que le sacan casi una cabeza, como van Aert, Küng y Ganna. Ha quedado a un segundo del campeón del mundo contra el crono: no necesitaba el esfuerzo, pero que se ha exprimido igualmente.

El ganador de una T-A con diferencias de gran vuelta

Termina así una semana y media de ciclismo muy intenso, en un arranque de la temporada en el que los grandes equipos no han desperdiciado oportunidades de lucimiento. Es quizá a lo que mueven estos tiempos tan inciertos. Sin el calor del acontecimiento inmediato, es interesante pararse a reflexionar sobre lo que han sido estas dos carreras memorables, especialmente la París-Niza, eclipsada por la legión de fans movilizados tras sus estrellas en liza en la Tirreno - Adriatico. El desarrollo de la carrera francesa ha sido más anodino que en otras ocasiones, pero su última jornada, con un giro de los acontecimientos para nada inusual en esta prueba, la ha redimido de pasar al olvido.

Algunas reflexiones

Primoz Roglic es un corredor con mala suerte, de eso no hay duda. No parece agraciado con ese don que permite a los grandes nombres sortear caídas e inconvenientes mecánicos. Su forma de correr se adapta a la perfección a los cánones del ciclismo promovido por Aso, lo que le impide acumular grandes diferencias. Está empujado a conseguir segundos aquí y allá, disputando siempre la victoria (y ahí está su virtud). Pero esas exiguas rentas que maneja se pueden volatilizar en un instante de mala suerte.  Por ello hay que dignificar su figura. Dos caídas y su aislamiento completo no fueron suficientes para imperdirle luchar hasta el final, incluso cuando ya se sabía que estaba todo perdido. 

Dauphiné 2020, Niza 2021

Los suyos, ahí está el problema. En Jumbo ha encontrado Roglic un buen acomodo, un equipo que ha confiado en él desde el principio. Pero la suma de prepotencia e improvisación que les caracteriza no parece ser la fórmula perfecta para evitar los malos días. En algunas ocasiones, las circunstancias de carrera pueden aliarse con ellos para salvar los muebles, como sucedió en la Vuelta de 2019. En otras impera la sensación de desbandada general, más si hay equipos rivales con interés en hacer daño. 

Los otros, ahí está la otra parte del problema. Bora-Hansgrohe se implicó en sacar tajada, primero de forma tímida y luego valiente, pero el equipo que puso más empeño fue Astana, con Vlasov tercero y Ion Izagirre que podía conseguir el tercer puesto. Había algo más detrás que el mero hecho de acceder al podium. Si bien la victoria de Roglic sobre Mäder no contó (a pesar de tantos y tantos defensores de esa mezcla de maquiavelismo y magnanimidad que ejemplifican en la edad de oro del ciclismo español), sí que lo hizo una cuenta pendiente entre ambos equipos. Una teoría plausible es que en Astana no olvidan la pequeña humillación padecida en la primera etapa del Tour pasado, cuando decidieron poner ritmo en un descenso peligroso y Jumbo (y los acontecimientos) ejercieron su parte de control. 

Por acabar con la París - Niza, hay que dar un justo reconocimiento al ganador. En el ciclismo lo que impera es la victoria (en esta página impera el resultadismo, como se puede fácilmente comprobar) y se ha pasado muy de puntillas sobre el pequeño palmarés que se está labrando Maximilian Schachmann. En su caso, la maldición de Deceuninck no parece estar operando. Ya no es un corredor tan ganador como en sus inicios en el equipo belga o en su primer año en Bora, con aquella Vuelta la País Vasco en la que se mostró intratable, pero se centra en pocos objetivos y los van cumpliendo, sin fallar.

Hay que estar en el lugar y en el momento adecuado.


Pasemos ahora a analizar otros detalles, estos más propios de la pasada Tirreno - Adriatico. Se está viviendo una nueva edad de oro del ciclismo de ataque, algo que ha permitido cierta renovación entre el aficionado habitual al ciclismo. Esta renovación del aficionado quita mucha caspa y mete mucha gorra, pero es positiva, pues siempre es bueno que un deporte esté en la calle, en la boca de la gente. ¿Dónde está el origen de este nuevo ciclismo? Viene de otros campos, de otras disciplinas, en las que prima más el saltito que el sudor, pero al triunfo definitivo de este nuevo ciclismo ha contribuido el hecho de que desde la temporada pasada ya no haya un equipo dominador. La dictadura de Ineos parece terminada y da la impresión de que lo que les hacía carburar ahora se ha democratizado. Cuatro o cinco equipos (más cuatro que cinco), paracen haberse repartido a día de hoy ese "llamémosle X", lo que cualquier aficiando no ingenuo sabe que es necesario para el "espectáculo", lo que ofrece al espectador carreras más abiertas y lo que es más insólito, a pleno rendimiento desde los primeros momentos de la temporada.  

Relacionado con lo anterior, estamos en un cambio de paradigma en toda regla. A día de hoy los ciclistas despuntan muy jóvenes, corren todo el año y son muy polifacéticos, ganando o destacando en todos los terrenos. Algo muy diferente sucedía en el periodo comprendido entre 1990 - 2005, periodo de preparaciones milimétricas en el que las grandes figuras olvidaban los inicios de temporada y las clásicas, y no despertaban hasta los "bancos de pruebas de junio", Dauphiné o Suiza. Estrellas todavía tripudas en Mallorca o Andalucía, algún paseo con dorsal incluso en el Giro de Italia y, como mucho, algo de actividad en alguna clásica esporádica. Ese paradigma fue ligeramente alterado entre 2010 y la actualidad, con ciclistas que ya no desatendían los inicios de temporada. Ahora se ha dado un paso más en esa dirección: se disputa con más intensidad, la versatilidad es mayor, la juventud también. Más que cambio de paradigma es una vuelta al modelo propio del ciclismo clásico, a tope en todos los terrenos y desde edades tempranas, sin pensar en el futuro. Un ciclismo que parece una continuación del que quedó truncado a principios de los 90 por todo lo que el mundo sabe, y que tuvo en el LeMond preaccidente y en Fignon a sus últimos representantes.

Durante mucho tiempo se manejó la idea de que los 27 años era la edad idónea para empezar a pensar en cosas grandes, como por ejemplo ganar un Tour. Años de propaganda periodística convirtieron esa idea en un mantra, cuando antes había habido grandes campeones más jóvenes. ¡Ay, qué error más grande tomar lo propio de un periodo como lo característico de toda la eternidad! Petrarca se refirió al periodo que separaba su presente de la Antigüedad como un periodo de oscuridad, tomando como referencia las últimas décadas, periodo de peste y guerras. Pues algo semejante sucedió durante mucho tiempo: se tomó lo propio de un periodo puntual como un axioma general. Ahora los nuevos campeones vuelven a ser realmente jóvenes.  


El renacimiento de la juventud

Sin duda estas dos últimas características del ciclismo actual (democratización y vuelta al paradigma clásico) son dignas de aplaudir. Dotan de variedad a las carreras, aunque parece que en poco tiempo vamos a comenzar a hartarnos de los mismos nombres. Mientras tanto, el ciclismo se está convirtiendo en el mejor pasatiempo para estos días. Sí, porque en definitiva es un pasatiempo, no hay que olvidarlo: lo importante siempre está en otro lado. El ciclismo puede servir como excusa para escribir, para tratar, aunque sea de pasada, algunos de esos temas que forman la base de la escritura, los que sirven de espejo de una vida, como el amor, la soledad, el paso del tiempo, el odio, la ambición, el engaño, los deseos de muerte, propia o ajena. Pero no es una escuela de vida, ni un modelo, ni crea valores, ni milongas por el estilo. Simplemente es un pasatiempo, nada más, y no siempre sano. Más que épica hay realidad, con toda su crudeza. Y si en algún relato mitificado, actual o del pasado, parece difícil encontrar la explicación, piensen siempre en la navaja de Ockham: "la explicación más sencilla suele ser la explicación más probable".

domingo, 14 de marzo de 2021

RESULTADO Y ESPECTÁCULO

El nieto de Poupou parece empeñado en hacer coincidir resultado y espectáculo, como el niño que intenta introducir a la fuerza un cilindro en un cuadrado. Siendo un corredor dotado de un poderoso sprint (tanto que rompe manillares), con obcecación está recurriendo al ataque lejano, haciendo de él una marca de fábrica. Algunas veces no sale bien, pero otras su bendita locura lo lleva al triunfo: así ha sucedido hoy en la quinta etapa de la Tirreno - Adriatico, con un circuito final en Castelfidardo. Una etapa que difícilmente se podrá olvidar, y no solo por él. 

Espectáculo + Resultado = Perfección.


Previamente en la Strade Bianche había dado muestras de inusitada madurez, conteniéndose hasta la rampa final de Santa Caterina, la que siempre acaba condicionando la carrera. Allí machacó sin piedad a Julian Alaphilippe y a Egan Bernal por pura fuerza bruta. Ya en Le Tolfe había seleccionado al grupo de siete, formado por los tres que finalmente se jugaron la carrera más Wout van Aert, Tom Pidcock, Tadej Pogacar y Michael Gogl. Generosos como siempre, van Aert y él fueron los que más gastaron, pero ello no impidió que el genio neerlandés concentrase toda su fuerza en un punto. Camino de Piazza del Campo, la integridad de la bici pareció peligrar debido a la contundencia de su ataque. 

Un caballo loco se ha escapado del Palio.


Pero los grandes genios caen obsesivamente en los mismos temas. Al igual que van Gogh necesitaba salir a pintar la naturaleza a su manera, a pesar de que los campesinos lo recibiesen a pedradas o incluso alguno de ellos quizá con algún tiro, Mathieu van der Poel tiende a recurrir al ataque descerebrado. ¡Y a veces sale! Parece sentirse más cómodo con los tormentos autoinfligidos en solitario, que recurrir a aquello que tantas veces reporta victorias, como la astucia, el ahorro de fuerzas o el trabajo de equipo. 

Así llegamos a la Tirreno - Adriático, con una participación de lujo que ha empalidecido una vez más a la París - Niza. Hasta el momento, cada etapa ha tenido la firma de cada uno de los grandes del pelotón actual, cada uno en su terreno y con su estilo. La versatilidad de van Aert, capaz de ganar un sprint masivo; la astucia de Alaphilippe, amparada por un gran trabajo de equipo; la fuerza bruta de van der Poel, con un punto de arrogancia adolescente. En definitiva, pequeños fuegos de artificio para salivación de los fans, rematados por una contundente victoria de Pogacar en Prati di Tivo, con esa fuerza revestida de ligereza que es la nota distintiva del corredor esloveno, a la que se añadió una defensa del liderato de van Aert digna de Indurain o de los mejores tiempos de Dumoulin. El escalador esloveno parece dispuesto a batir todos los récords. 

Como un niño de la ESO (foto Luca Bettini)

El auténtico niño prodigio (Getty Images)


La quinta etapa es la que motiva realmente a escribir, la que hace sentir el espejismo de estar viviendo un momento inédito en el ciclismo, una especie de edad de oro del ciclismo de ataque, que seguro que oculta algo que no reluce con tanta fuerza. La etapa ha tenido cierto sabor a mundial, siendo muy parecida a aquella etapa del Giro pasado en Tortoreto, en la que Sagan cumplió con los organizadores. El continuo saliscendi de la zona, con carreteras llenas de baches y grietas, estaba aderezado esta vez con un poco de lluvia, viento y mucho frío, el ambiente propio de una clásica del norte. La carrera se había seleccionado por sí sola, con un Mathieu van der Poel algo juguetón en todos los repechos. En un inicio, van Aert y Pogacar, incluso Bernal, parecían querer jugar al mismo juego, saliendo tras él. Cosa diferente sucedía con Alaphilippe, que se abrió de patas simulando un fallo mecánico, y lo dejó todo correr, esperando mejores oportunidades. Hasta que a falta de cincuenta y dos kilómetros, la cabezonería del campeón holandés resultó insoportable. 

Con dos geles en la boca se lanzó en un tramo de ligero descenso y lo dejaron ir. Los había aburrido a todos a base de aceleraciones, nadie deseaba seguirle el juego. Además, se había dejado tiempo suficiente en Prati di Tivo como para no ser una amenaza. Se predisponía así a una de esas aventuras que o bien se convierten en una página más de la épica, o bien acaban en el más rotundo fracaso: esta vez se quedaría en un punto intermedio, más en lo primero pero a muy poco de acabar en lo segundo. 

Van der Poel fue cogiendo diferencia con facilidad. Impertérrito ante el frío, parecía ya dar vueltas en su propio circuito de ciclocross mental, feliz de rodar en solitario como De Gendt, mientras los demás por detrás tenían que abrigarse, sacudir las manos del frío o calentárselas con el aliento. En el grupo trasero saltaron las alarmas cuando a Pogacar se le salió la cadena al inicio de un repecho, pero no hubo intención de hacer sangre y el esloveno cogió al poco tiempo. Formolo marcaría un ritmo que permitiría a muchos coger por detrás y haría aumentar la diferencia de van der Poel más allá de los tres minutos.  

Todo parecía rodado para van der Poel, a la manera de una de esas hazañas personales que en el fondo resultan un tanto aburridas. La diferencia era tal que podía mediar una pájara al estilo de Yorkshire. De hecho sería precisamente lo que sucedería, añadiendo un aliciente inesperado (sic) a la etapa, que no hubiese sido la misma sin la lucha de Pogacar y van Aert por la general. 

Del grupo trasero habían saltado De Marchi, Soler y Felline, dispuestos a jugarse las migajas. Pero a falta de dieciséis kilómetros, Pogacar atacaba del grupo trasero, dispuesto a aumentar su ventaja con Wout van Aert de cara a la crono de San Benedetto del Tronto. Van der Poel contaba con 3:35 de ventaja, un colchón bastante amplio. Ahí vino lo auténticamente monumental de esta etapa, la lucha de tres hombres en solitario contra el tiempo y contra el recorrido. El pedaleo de van der Poel era cada vez más pesado, con las mejillas enrojecidas y el tronco erguido: comenzaba su naufragio. Por detrás, Pogacar parecía por fin liberado del frío, dándose a una exhibición silenciosa que por poco eclipsa a la de van der Poel. Más atrás, van Aert se mantenía con entereza, sin perder en exceso con Pogacar, mostrándose como un maestro cuando corre a la contra. En apenas cinco kilómetros, un minuto de la renta de van der Poel se había esfumado.

Los últimos diez kilómetros han sido una pérdida de segundos constante para van der Poel, que veía de golpe esfumarse la posibilidad de un triunfo épico. Aunque más bien habría que señalar que han sido precisamente esos últimos diez kilómetros los que han dotado a su victoria de una auténtica grandeza, pues ha tenido que rebuscar en los profundos cajones de su cuerpo y de su mente para encontrar hasta el último gramo de fuerzas a sacrificar en pos de la victoria. Por detrás, el pedaleo sencillo y la sonrisa hambrienta de Pogacar iban devorando esa diferencia cada vez más exigua que lo separaba de la cabeza, aunque su objetivo no fuese derrotar a van der Poel. Casi lo consigue, apenas diez segundos le han separado del triunfo, y cabe la duda de si se habría mostrado magnánimo (espero que no) o le hubiese birlado la victoria en el último instante, como hiciera ayer Roglic a Mäder. Van der Poel tenía así su etapa a lo Eros Poli, aunque en un escenario más anónimo. 

Por los suelos (foto de Luca Bettini)


La carrera ha tenido su resolución perfecta, casi de cuento, con van der Poel ganando sin tiempo ni fuerzas para celebraciones, revolcándose de nuevo por los suelos como en aquella victoria en la Amstel. En la París - Niza, controlada hasta el momento con mano de hierro por Roglic, dos caídas han sido aprovechados por sus rivales, en concreto Astana y Bora, para dejarlo fuera del top ten. Su equipo ha hecho aguas por todos lados, con Kruijswijk y Bennett incapaces de servir de forma adecuada a su líder, teniendo que recurrir a Bouhanni y Campenaerts como mercenarios. En el ciclismo no hay regalos de ningún tipo, y la lista de cuentas pendientes suele ser larga, de forma Maximilian Schachmann ha conseguido casi de rebote su segunda París - Niza consecutiva. Un gran triunfo y seguro que muy perseguido, aunque lo haya celebrado con la boca pequeña. Por su parte, Pogacar tiene a tiro una victoria más en una vuelta por etapas. Sin contar con una legión de fans tan amplia como otros ciclistas por pertenecer, a pesar de su juventud, al mundo tan claroscurista de la tradición ciclista, el campeón esloveno parece a día de hoy infalible. Desde esta humilde página siempre se ha tenido una confianza casi ciega en sus posibilidades. Aun quedan dos etapas.