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lunes, 27 de abril de 2026

UNA LIEJA MÁS ENTRETENIDA DE LO ESPERADO, AUNQUE TAN RÁPIDA COMO SE PRESUPONÍA

La Liège - Bastogne - Liège de 2026 ha concluido sin sorpresas en cuanto al ganador, de nuevo Tadej Pogačar. Ni siquiera ha habido sorpresas en cuanto al pódium: Pogačar, Seixas, Evenepoel, la sucesión de nombres esperada. Aun así ha sido una edición entretenida. Me atrevería a decir incluso que esta edición ha tenido cierto aroma a mito, puesto que un campeón como Pogačar ha encontrado al que quizá sea su sucesor. Una sustitución pospuesta para un posible futuro, en cierta medida porque Pogačar es todavía un corredor de veintisiete años, la mejor edad en toda carrera ciclista, y Seixas es fabulosamente joven. El tiempo pasa para todos, pero Seixas parece recordárnoslo con más fuerza. Los diecinueve años eran un anatema antes de Evenepoel, una precocidad a la que solo Anquetil o Saronni se acercaron. Parecía que fue ayer cuando Pogačar irrumpió con fuerza en aquel Tour desplazado de fechas, justo para dar un zarpazo insolente el penúltimo día; ahora ha encontrado una generación más joven esperando su turno. Aunque todavía tendrá que esperar. 

domingo, 27 de abril de 2025

GANAR SENTADO

Uno de aquellos redactores perezosos del Marca, o de otro diario por el estilo, dijo una vez que no había que exagerar, que el ciclismo no era un deporte tan duro como parecía, puesto que los ciclistas podían comer durante la carrera e iban sentados. Tal comentario, a pesar de la profunda idiotez que manifestaba, podría parecer cierto viendo las victorias de Tadej Pogačar en las Ardenas. Tanto en la Flecha Valona como en la Lieja - Bastogne - Lieja, Pogačar ha ganado con sendos ataques en los que no ha necesitado levantarse del sillín, ofreciendo una imagen de absoluta superioridad. Su estilo demoledor se desarrolla sentado. 

lunes, 22 de abril de 2024

QUEMADOS POR EL SOL

No era ningún misterio que Tadej Pogačar acabaría ganando la Lieja - Bastogne - Lieja. Sin el contrapeso necesario de Remco Evenepoel, Pogačar no contaba con la presencia de una auténtica oposición, por mucho que la prensa se esforzase en vender a Mathieu van der Poel como un auténtico adversario. El campeón del mundo se defendió muy bien, todo hay que decirlo, pero en ningún momento estuvo en disposición de plantear una alternativa seria al dominio de Pogačar. Se sabía igualmente que la victoria de Pogačar se iba a gestar en la Redoute, como las dos últimas de Evenepoel, sin por ello incurrir en declaraciones inmaduras y desafiantes al modo de Vandenbroucke. En Pogačar todo fluye con más naturalidad y en su caso, como también en el de Evenepoel, sí iba a ganar realmente desde la Redoute. Desde allí el esloveno corrió otra prueba, independiente al resto, pedaleando en una burbuja de aislamiento, convirtiendo el asfalto bajo sus pedales en un tapiz aterciopelado, en una completa armonía entre atleta, máquina y paisaje: un bello cuadro del que muchos comienzan a estar hasta las narices. 

domingo, 23 de abril de 2023

DESEQUILIBRIOS DE PODER

En el ciclismo actual se vive un periodo de fuerzas compensadas, de equilibrios diplomáticos al modo de los mapas trazados por las grandes potencias en el Congreso de Viena. Si entonces eran Reino Unido, Francia, Rusia, Prusia y Austria las cinco potencias, ahora son seis los nombres que destacan por encima del resto, empequeñeciendo a todo ciclista que pretende hacerse un hueco en un pelotón en exceso controlado. La fuerza de un gran corredor debe estar compensada por la de otro en cada carrera. Al inicio de la París – Niza, las fuerzas Pogacar y  Vingegaard parecían contrarrestadas. En Milán – Sanremo, Ronde van Vlaanderen y E3 de Harelbeke, las fuerzas de van der Poel, van Aert y Pogacar estaban equilibradas. Lo mismo en la Volta, entre Roglic y Evenepoel. En la París – Roubaix, a van der Poel se oponía van Aert. En caso de no haber estas fuerzas contrastadas, la balanza cae rápidamente en favor del corredor dominante, propiciando carreras monótonas, en las que se hace patente la desigualdad de condiciones y la inoperancia de los equipos. Un gran ciclista podrá escaparse a falta de 30 kilómetros sin que exista por detrás posibilidad alguna de organizarse, algo impensable hace diez o quince años.

domingo, 24 de abril de 2022

EL PRIMER GRAN TRIUNFO DE EVENEPOEL

Por fin Remco Evenepoel ha conseguido uno de esos grandes triunfos para los que parecía destinado desde su irrupción en el mundial junior de Innsbruck. Entonces a muchos ya se les llenó la boca con el apelativo de "nuevo Merckx", esgrimido con el mismo fervor con el que los idólatras de La vida de Brian se avalanzaban sobre la sandalia sagrada. Con su triunfo en Donostia no faltaron predicadores sobre la columna, hablando de que ya era mejor que Merckx a su edad. El 2020 lo comenzó con el 10 de Maradona a la espalda y lo reanudó tras el parón con una portada en el Marca. Pero el sueño pareció desvanecerse con una caída al abismo en el descenso de Sormano. En aquel momento, con el corazón en vilo, todos fuimos acérrimos de Remco. 

¡Primeras señales del nuevo Mesías!

Evenepoel superó con sufrimiento y tesón su particular accidente de Blois, mientras otros ciclistas acaparaban la atención. Su vuelta a la competición no fue como esperaba, estrellándose contra la alta montaña del Giro de Italia. Solo al final del año sacó a relucir su calidad, desfondando incluso a su propio líder de selección en el confuso circuito de Lovaina. Este 2022 ha empezado para el menudo belga con duras ascensiones en Tirreno - Adriatico e Itzulia, recuperando en la Lieja por fin el golpe de pedal. En la superficie abombada de las Ardenas ha encontrado su particular tapete de juegos infantiles. Sin descensos técnicos ni adoquines, y grandes espacios para rodar sobre terreno quebrado, quizá sea la Lieja su carrera predilecta, siempre y cuando llegue en solitario. En sus toboganes puede accionar la máquina trituradora en la que se convierten sus pedales, ofreciéndonos un estilo propio de correr, no alejado en cuanto a distancia y forma del mostrado por Pogačar en la Strade Bianche.

Algo ha habido de semejanza entre ambas pruebas, independientemente de la dispar dureza y prestigio que las separa y la naturaleza diversa de sus protagonistas. En ambos casos se han dado circunstancias similares: ausencia de los dos anteriores ganadores de la prueba y ataque lejano, precedido de una caída terrorífica y determinante. También ambas carreras son fáciles de resumir, en cuanto que ha habido casi un único y exclusivo protagonista.

La escapada del día, bastante numerosa, ha acabado reducida a seis corredores tras pasar por Stockeu y Haute-Levée: dos corredores de Total, Paul Ourselin y Fabien Doubey, dos de Lotto, Harm Vanhoucke y Sylvain Moniquet, uno de Groupama- Fdj, Bruno Armirail, y uno de Bingoal, Luc Wirtgen. En pleno descenso de la cota de Rosier, una aparatosa caída ha dejado fuera de juego a algunos de los favoritos, como Julian Alaphilippe. La caída del campeón del mundo ha debido ser tan escalofriante que incluso Romain Bardet se ha esperado para atenderlo, en un loable gesto de deportividad, compañerismo y humanitarismo. El terrible accidente se ha saldado con dos costillas rotas, un omoplato fracturado y un neumotórax para Alaphilippe. Otros perjudicados por la durísima caída han sido Lukasz Owsian, Jérémy Cabot, Élie Gesbert, Odd Christian Eiking, Ruben Guerreiro e Ilan Van Wilder. El belga de Quick Step, con traumatismo en la mandíbula, se perderá el próximo Giro de Italia.

Una caída espeluznante


Paradójicamente, la caída de Alaphilippe ha dado vía libre a Evenepoel, la única opción con la que contaba Quick Step a partir de ese momento. Bahrain ha seguido comandando el grupo, diezmándolo en la posterior cota de Desnié con varias aceleraciones de Mikel Landa. Sin poder irse en solitario, los intentos de Bahrain han sido continuados por Wout Poels, que ha intentado la fuga en el descenso hacia Remouchamps.

La subida a La Redoute se ha realizado a un ritmo controlado y tranquilo, con Ag2r, Quick Step, Bahrain y Education First copando las primeras posiciones. Benoît Cosnefroy, Neilson Powless y Remco Evenepoel parecían los mejor situados en la subida, a rueda Mauri Vansevenant, que marcaba el ritmo de la subida con sus rítmicos cabeceos. Poco antes de coronar, Evenepoel ha lanzado su ataque, con derrapada incluida. Faltaban 29 kilómetros para meta. Hacía tiempo que no se veía un ataque lejano desde La Redoute, pero el nuevo recorrido ha reducido la distancia entre la cota clave y la meta. Powless ha sido el más atento a la hora de responder, pero no le ha podido coger rueda. El grupo principal ha perdido en ese instante todas las opciones de victoria. 

 

Incluso le ha patinado la rueda


A partir de ese momento, la carrera ha terminado. Evenepoel ha ido alcanzando a los escapados, uno a uno, descolgándolos a ritmo. Por detrás la respuesta ha sido tardía e ineficaz. En un primer momento, los Bahrain han colocado a Mikel Landa a liderar la persecución, pero viendo que el pulso se decantaba de forma clara en favor del belga, Caruso y Mohorič han debido arrimar el hombro. En la subida a Roche-aux-Faucons, el ritmo de Evenepoel ha sido más lento que el del grupo trasero y que el de otros años, pero la ventaja conquistada metro a metro en el llano descendente previo le ha servido para poder hacerse con la victoria. Enric Mas ha marcado el paso en la primera parte de la subida, y en la segunda Dylan Teuns ha intentado la arrancada en el punto crucial en el que se juega últimamente la carrera, pero ya ha sido demasiado tarde. Dani Martínez y Sergio Higuita le han cogido rueda en un primer momento, y más tarde lo hacían Aleksandr Vlasov, Marc Hirschi, Michael Woods, Alejandro Valverde y Enric Mas. Con tantas figuras detrás, algunas de ellas  habituales ahorradoras de relevos, la caza era imposible. Vlasov ha intentado marcharse, ya para obtener simplemente el segundo puesto, siendo absorbidos todos en la misma ciudad por un grupo más numeroso.

Coger ventaja en el llano, aguantar en la subida

 

En el sprint por los puestos de honor, Quinten Hermans ha obtenido una meritoria segunda posición, derrotando a Wout van Aert. Con ese fantástico sprint, Hermans se ha quitado de encima la mala suerte que le ha acompañado a lo largo de su temporada de ciclocross. Por su parte, el campeón belga,  agotado por los esfuerzos constantes de esta primavera, ha mostrado algo de debilidad en el sprint, pudiendo salvar la tercera posición frente a Dani Martínez gracias a su golpe de riñón. Se ha conseguido así un podium exclusivamente belga, algo que no sucedía desde 1976, con Bruyère, Maertens y Verbeeck.

Fantástico sprint de Quinten Hermans, el Quique San Francisco belga

 

La calidad de Evenepoel es innegable y a pesar de que el muchacho no siempre caiga bien, hoy se merece todas las alabanzas. No ha habido recriminaciones a nadie, no ha habido reproches en meta, hoy se ha portado bien. Ni siquiera ha pedido relevo a Moniquet o a Armirail cuando los ha alcanzado: iba demasiado obcecado en su ritmo salvaje. El único síntoma de megalomanía se ha visto en meta, cuando ha hablado de sí mismo en tercera persona durante la entrevista, mala señal (como en el caso de Bahamontes). Pero en lo deportivo, ha sido el único que se ha anticipado a los demás, ha jugado sus cartas con valentía y agresividad, sabiendo aprovechar el cansancio acumulado en las piernas de muchos y el conservadurismo de gran parte de sus rivales.  Ha hecho lo que mejor sabe hacer, acoplarse sobre la bici, hundir la cabeza entre los hombros y dar fuerte a los pedales, sin mirar atrás, sin importar quién lleve a rueda. Había incluso algo de estético en su rodar por los anónimos paisajes suburbanos que suele ofrecer la aproximación a Lieja. Solo en esos momentos de puro rodar se puede prescindir de todo el ambiente embarullado y polémico que le suele rodear.

domingo, 25 de abril de 2021

EL MEJOR SPRINT DE LO QUE LLEVAMOS DE TEMPORADA

Como una vieja dama que necesita simplemente aparcar un viejo vestido o quitarse un moño para parecer más joven, a la Doyenne le ha sentado bien el cambio. Frecuentaba malas compañías, le hacía falta volver a la ciudad. Desde que ha arrumbado a las cuestas de Saint-Nicolas y de Ans, está ofreciendo unas resoluciones muy interesantes, si se exceptua la primera exhibición de Fuglsang en 2019. Llegan grupos muy selectos y hay emoción hasta el final. Y si el año pasado la resolución estuva marcada por la payasada y el esperpento, esta vez ha ofrecido el mejor sprint de lo que llevamos de temporada.  

Cuánta diferencia entre estas selecciones finales y las de principios de siglo (vía Bettini photo)

 

Si el año pasado fue un cuarteto extraordinario, con Alaphilippe, Roglic, Hirschi y Pogacar, esta vez ha llegado un quinteto equiparable, con Alaphilippe y Pogacar repitiendo, viejos conocidos como Valverde y Woods y la relativa sorpresa de Gaudu. Previamente no se ha visto gran cosa, todo hay que decirlo. En cierta medida los ataques lejanos quedan muy bien para contarlos una vez pasado el tiempo al calor de la hoguera, sazonándolos con algo de cosecha propia, pero no deparan finales taquicárdicos como el de hoy. Este tipo de finales permiten arrinconar viejos discursos, esos de las "pelotas" y los "huevos sobre la mesa" propios del periodismo de la épica, que tanto huelen a habitación mal ventilada. Estos finales permitien que el olfato y el instinto cobren protagonismo. La inteligencia, en resumidas cuentas. Aunque tampoco hay que fliparse, pues la lucidez solo viene si llega sangre a la cabeza.

Las cosas no se han puesto serias hasta La Redoute. Por delante marchaba una escapada, de la que tan solo quedaban por delante Loïc Vliegen, Lorenzo Rota, Tomasz Marczynski y el voluntarioso Laurens Huys. Todos parecían vigilar al lagunar polaco, mientras por detrás Ineos comenzaba a marcar el ritmo de la subida. Contaban con cuatro hombres en la parte delantera del grupo, Geoghegan Hart, Carapaz, Adam Yates y Kwiatkowski. El pelirrojo británico comenzó a marcar un fuerte ritmo, arrastrando desarrollo y subiendo con la boca cerrada, lo que hizo creer a más de uno que estaba viendo el espectro de VDB encarnado en otro cuerpo. 

El ritmo de Ineos permitió dar caza a un grupo intermedio, formado por Padun, Donovan y Van Houcke, quedando por delante los cuatro supervivientes de la escapada, a merced de los intereses del pelotón. En Forges les llegó su turno, a Vliegen incluso con calambres. Los Ineos estaban juguetones, con Tao infundiendo miedo y Adam Yates a rueda. Solo Vingegaard y Pogacar parecían quererles seguir el juego. Llamaba la atención la mala colocación en el grupo de Alejandro Valverde y Julian Alaphilippe. Las tensiones provocadas por Adam Yates crearon la fractura y quedó por delante un grupo de una quincena de corredores, sin Roglic, Alaphilippe ni Valverde.

Hubiese sido una selección notable, pero Ineos lo lanzó todo por la borda. Richard Carapaz lanzó un ataque una vez coronada la cota de Forges. Por detrás hubo parón y reagrupamiento, de forma que los equipos pudieron reorganizarse, sobre todo Deceuninck, teniendo a tiro a Carapaz durante el tramo de bajada hasta el inicio de la Roche-aux-Faucons. Sin querer jugar al pro cycling manager desde el sofá, no pareció la táctica más acertada la de Caparaz, pues no sirvió en su labor de señuelo: las fuerzas estaban claramente desequilibradas en favor del grupo trasero, que lo tuvo controlado en todo momento. Para más inri, en el tramo de bajada ensayó durante unos segundos una posición cercana al supertuck, que luego le supuso la descalificación. (En estos casos, como en el de Alaphilippe el año pasado en esta misma prueba, la descalificación viene siempre una vez se sabe que no es el ganador de la prueba). 

Como cantaban "Maricón y Tontico": por la puntica na' más...
 

En la Roche-aux-Faucons se vio un notable trabajo de UAE. Formolo se abrió paso por el lateral para alcanzar a Carapaz, que fue absorbido sin problemas. Debería haber sido el momento de Adam Yates, pero en realidad fue el de Michael Woods. El canadiense, que siempre rinde más a medida que mayor es el porcentaje, lanzó su ataque y realizó la selección: tras él se marcharon Pogacar, Gaudu y...también Alaphilippe y Valverde. Sorprendentemente no estaba Roglic, de forma que hubo acuerdo en el quinteto. La aparente debilidad de Alaphilippe parecía haber sido un buen truco de teatro, pero de teatro del bueno, no del que luego comporta que te roben la cartera en la línea de meta. Hoy se ha visto una versión más modesta, más moderada, de Alaphilippe. Sin tener uno de sus grandes días, ha sabido reservar hasta el momento oportuno, como un buen corredor experimentado.

Tras él iba Valverde. Qué decir del murciano. Cumplía 41 años y ahí estaba, como siempre, tendiendo un puente entre dos épocas. Empezó con Bettini, Rebellin, Di Luca y compañía, y en el arco de su trayectoria deportiva, no exenta de caídas, ha visto la desaparición completa del clan italiano de Lieja y la irrupción de nuevos corredores que podrían ser sus hijos. En el sprint no ha sido el más hábil ni el más fuerte (poco podía hacer ante Pogacar y Alaphilippe), pero es tarde para exigirle. Es un corredor querido y respetado en el grupo, no solo por la edad (no hay que olvidar los "códigos" del pelotón), sino también por no tomarse ya la victoria o la derrota como nada más que un juego. Si fuese de otro país sería un mito, a pesar de sus sombras, algo parecido a un Poupou en sus últimos años. Pero ya se sabe qué pasa siempre aquí: tienen que venir de fuera a destacar el auténtico talento. 

Ahora que está de moda Eloy de la Iglesia: Colegas.

 

De esta forma se planteó un sprint a cinco muy interesante. Por detrás, a pesar del empeño de Mohoric y Schachmann, poco había que hacer. Ha sido sin duda sorprendente que una escapada con Valverde y Alaphilippe haya podido llegar a buen término. Pero con ellos iba alguien más listo. Poco antes de entrar en el último kilómetro, la maravilla eslovena iba en primer lugar. Se ha abierto sutilmente, dejando que pasaran otros. Alaphilippe ha pasado brevemente, pero dándose cuenta del lugar que estaba ocupando, casi un suicidio, ha reculado. Finalmente ha sido Valverde el que ha asumido la primera posición, siempre la menos idónea en un sprint. 

A falta de 250 metros, Valverde ha comenzado el sprint desde la primera posición. No ha sido un sprint desde su casa como aquel de Innsbruck, pero sin duda no lo estaba afrontando bien. Pensar que pudiera haber ganado a Alaphilippe o Pogacar era francamente una quimera. Pero tampoco lo ha podido hacer con Gaudu. Pogacar había cogido claramente la rueda buena, ha tomado la estela de Alaphilippe en el momento de su remontada y aun ha tenido fuerzas, cimbreando su bicicleta con fuerza, para superar al campeón del mundo por más de una rueda. Un sprint de los que se ven pocas veces.

No hay lugar para la duda.

 
Le ha venido bien el descanso del miércoles (vía @_blind_side)

Ha sido una lección de ciclismo por parte del más novato. Una lección que lleva a pensar en los posibles límites de la criatura, en sus auténticas capacidades, aquellas de las que hablaba Matxín metiendo miedo. En Pogacar hay algo de bello por fuera y negro por dentro. Hoy ha podido controlar a ese demonio que le salió en la última etapa de la Itzulia. Ha corrido como quien juega, y le ha salido bien. En la Itzulia exhibió sus cartas, se vio solo, perdió los nervios. Hoy ha corrido con una insuperable sangre fría. Por su parte, Alaphilippe consigue así un nuevo segundo puesto en la Lieja. Y por supuesto, ha sido grata la sorpresa (relativa, ya digo) de Gaudu. A las promesas francesas se las lanza al agua con una pesada losa como a los buceadores por apnea, en busca de esponjas. Todos tienen que ser Hinault, o al menos Fignon. Lo malo es que muchos no salen a flote. Amortizados Pinot y Bardet, a Gaudu le va a llegar este julio el turno de dar el salto al vacío. 

Lo que le espera a Gaudu.

 

domingo, 4 de octubre de 2020

PAYASOS

¡Ay, los payasos! En un pasado pudieron parecer entrañables, pero en realidad siempre me resultaron un tanto inquietantes. Charlie Rivel, Fofito, Krusty, Pennywise y compañía. Cargantes, atontaniños, alcohólicos o simplemente monstruos capaces de reír a carcajadas después de asestar unas cuantas puñaladas a un niño nerd engañado al salir del colegio. En la edición de la Lieja se ha visto un buen ejemplo de lo que son capaces los buenos payasos, los de toda la vida: no solo de los más sutiles ardides, sino también de las mayores bufonadas. ¡Qué pronto ha envejecido mi anterior post, cargado de "buenas intenciones"!

 

"Sensibles,cariñosos y...¡sí! chalados, los payasos"

Se podría empezar a contar esta Lieja como un chiste. "Saben aquel que diu d'un ciclista...". Un chiste de los malos, de los que cuenta Perico, de los que ya se han visto. Uno levanta los brazos y ¡pam! otro le birla la victoria. De normal es una situación que llega a ser tan ridícula que el aficionado al final tiene un poco de misericordia con el que ha hecho la tontería de celebrar antes de tiempo, pero este no ha sido el caso. De hecho, yo lo he celebrado con un aplauso. 

Acércate, niño ¿No llevarás en la mochila una Lieja?
 

Pero vayamos a los sucesos anteriores. La Lieja se disputaba en un ambiente fresco y algo húmedo, más de lo habitual. Muchos se fueron al suelo, entre ellos Van Avermaet, que se perderá la extraña temporada de clásicas de octubre. No hubo movimientos de auténtico peligro hasta la Roche aux Faucons. La tentativa de Schär y algún movimiento más, apenas destacable. Todo se armó donde se tenía que armar y donde atacó el esperado, el nuevo Mesías de los amantes del ciclismo ofensivo: Alaphilippe. 

Parecía una vez más que el francés jugaba a lo grande, a atacar donde se le espera y a marcharse solo por pura fuerza, aprovechando su demarraje violento. Devenyns, que parece otro (como siempre sucede en ese equipo, por otro lado), lo había lanzado a la perfección. Pero por detrás Hirschi lo cogió, poco a poco, como el que simplemente recoge carrete y espera la captura. Al presentir la sombra del suizo a su espalda, Alaphilippe relajó el ritmo, lo que permitió que por detrás llegaran Roglič y Pogačar. El mayor de los eslovenos llegó con aparente facilidad, el más joven con algo más de tensión en los hombros y varios mechones asomando por el casco. La presencia de Pogačar demostraba la inutilidad de su gesto en el pasado mundial: si se hubiese esperado, habría estado ahí con los mejores. En esa subida a escalones se produjo otro parón, lo que permitió entrar in extremis a Kwiatkowski, después de sobrepasar a Woods, al  que le faltó bien poco para lograr la conexión. 

Alaphilippe y Hirschi siguieron forzando el ritmo en los falsos llanos posteriores y Kwiatkowski, el último en agarrarse al tren, finalmente se descolgó. Se había formado el cuarteto predilecto, solo quedaba afrontar el descenso hasta el Mosa y resolver las cosas al sprint. Alaphilippe parecía nervioso. Como siempre ejecutaba esos movimientos bruscos, extraños, tan característicos en él y que tan en riesgo innecesario ponen a sus rivales. En este caso, poco faltó para que hiciera el afilador con Hirschi. Sin embargo el francés seguía a lo suyo, a su juego particular de nervios, no sabiendo que estaba ante dos hombres de hielo y uno dotado de auténtico instinto para las clásicas. 

A falta de un kilómetro, ya en las calles de Lieja, un cuarteto de lujo iba jugarse el triunfo en la Lieja: Alaphilippe, Hirschi, Roglič y Pogačar. Un cuarteto que no envidará a otros del pasado, como aquel de 1991, con Argentin, Criquielion, Sorensen e Indurain, por poner un ejemplo. Alaphilippe culebreaba, y en un último cambio brusco de dirección, casi pone de nuevo en peligro a sus compañeros de fuga. Hirschi ya extendía los planos, cartabones y escuadras para medir su distancia, mientras que el dúo esloveno esperaba con atención cualquier error de los rivales para lanzarse directamente a la yugular. Empezaron a observarse detenidamente. En realidad se trataba de viejos conocidos. Alaphilippe había podido derrotar a Hirschi en Niza y a su vez Pogačar y Roglič habían hecho lo mismo con el suizo en Laruns. Con los despojos del suizo, habría que matizar. Sin embargo, el cervatillo de Berna parecía el más acomodado a la victoria, después ganar la Flecha: en cada pedalada ahorrada parecía ganar un metro hacia su triunfo. Era el único que le había tomado la medida a Alaphilippe en la Roche aux Facons. 

Los cuatro empiezan a mirarse. Alaphilippe transmite su nerviosismo a los demás, como siempre, aunque también va bastante crecido por el maillot que luce. Hirschi, con las manos soldadas a las manetas, parece en condiciones de ganar. Los eslovenos, uno mecánico como siempre, como un autómata, el otro con esa expresión facial de niño que se divierte corriendo, hacen sus cálculos. Los cuatro se abren y se despliegan sobre la recta de meta, como los cuatro ases de una baraja ya escogida de antemano. Por detrás llega una amenaza, también eslovena: Mohorič.

Llega Mohoric

 

Mohorič es un invitado más a la fiesta que los alcanza e intenta asestar el golpe final. Pero no puede, pronto se colocan todos a su rueda, y lo que parecía un estocazo se convierte en un simple lanzamiento del sprint. Mohorič no va a ganar, Alaphilippe ha cogido su rueda y parece que entre él y Hirschi va a estar la victoria. El francés comienza su sprint pegado a las vallas. Lanza una breve mirada a sus rivales y, cuando aprecia que Hirschi comienza su remontada, gira bruscamente hacia el centro de la calzada. Hirschi se ve obligado a sacar un pie para evitar caerse y a su vez desplaza a Pogačar, que acaba casi en las vallas opuestas. Alaphilippe sigue ya prácticamente por el centro de la calzada, directo hacia su triunfo, pequeña triquiñuela mediante. 

El momento de la infracción

 

Y entonces, una vez perpetrada la pequeña fechoría, qué mejor que entregarse al goce de las cámaras. Dos o tres reverencias dieciochescas, un saludo a todo el mundo, "aquí ha llegado el arc-en-ciel". Sin embargo, con sigilo crecía la estratagema para derrotar al falso rey por su derecha. Un golpe de riñón dado precisamente en esos momentos en el que el Gran Bufón se daba al espectáculo, el viejo truco de los sprinters zorretes. ¡Cuánto ha aprendido Roglič de ciclismo en poco tiempo! Roglič  adquiere de pronto la fisonomía de Freire, de Guimard, de tantos otros que supieron burlar al orgulloso que se cree ganador antes de tiempo. De un plumazo voló el triunfo en la Lieja y toda la martingala. No hacía falta ni la descalificación, que luego vendría como una losa: simplemente el karma, aquello que antes llamábamos justicia poética, había actuado una vez más, despojando justo a tiempo a Alaphilippe de un triunfo inmerecido.   

 


No las tiene todas consigo

 

Hablemos ya del ganador, que lo merece. El triunfo merecido de Roglič acaba con dos meses de desencuentros. Caídas, excesos de confianza y fuerzas que flaquean en los momentos precisos le habían privado de las grandes victorias. Su triunfo en la Lieja lo coloca en un selecto grupo, el de corredores ganadores de gran vuelta y monumento, es decir, en el grupo que marca la excelencia ciclista. El podium es de los que se recordarán por su calidad. Si bien no sabremos nunca qué habrían hecho Hirschi y Pogačar en el sprint, al menos el vencedor ha visto coronados sus esfuerzos de varios meses aciagos y el aficionado se queda con la buena sensación de que el desafortunado encuentra por fin su camino hacia el triunfo, la perseverencia obtiene su recompensa y las malas artes su castigo, como en una buena obra de teatro. 

Sin el infractor sancionado


lunes, 29 de abril de 2019

AUNQUE LA MONA SE VISTA DE SEDA, MONA SE QUEDA

Hasta el año pasado, la Liège - Bastogne - Liège concluía en la rue Jean Jeaurès de Ans, inmediatamente después de la subida de la calle Walther Jamar. De existir una competición que determinase la llegada más fea y anodina del ciclismo, la rue Jean Jaurès la habría ganado durante mucho tiempo (ahora le ha salido una dura competidora en la larguísima recta de meta de Oudanaarde). Alejada del glamour de la via Roma o de la singuralidad del velódromo de Roubaix, la clásica más antigua del calendario se conformaba con una meta situada en una vulgar calle de extrarradio de gran ciudad, con su gasolinera, su paso elevado sobre las vías del tren y su enlace, una vez pasada la meta, con la autopista de turno. Un lugar que de noche daría pie a un atraco a punta de navaja o a una reedición del famoso videoclip zombi del pederasta de Neverland



Muchos no conocíamos otra cosa. La última vez que la carrera llegó a la ciudad que le da nombre se remonta a 1991, en la que un cuarteto formado por Moreno Argentin, Claude Criquielion, Rolf Sørensen y el gran Miguel Indurain se jugó la victoria. Ganó el italiano, cómo no. Así pues, ASO por fin había decidido para este año volver a situar la meta en el llano de Lieja, eliminando las cotas finales de Saint-Nicolas y Ans, que tanto ataban la carrera. Si bien en los noventa y principios del siglo XXI la carrera se jugaba en la cota de los italianos (con exhibiciones como la de Vandenbroucke, aquel adorado cretino que fue el ídolo de juventud de muchos, entre los que me encuentro), últimamente la carrera se jugaba en Ans o directamente al sprint en la apocalíptica rue Jean Jaurès, para beneficio de corredores explosivos como Alejandro Valverde.

1991: Argentin una vez más por delante de Criquielion. Miguel Indurain y su mejor resultado en monumentos. 


La Roche-aux-Faucons iba a ser este año la última asperidad, a falta de 15 kilómetros para completar los 250 que tiene la clásica. La carrera ha ganado con el cambio. Sin embargo, tampoco hay que echar las campanas al vuelo, no ha sido una edición memorable. Veníamos de una Amstel en la que el tsunami van der Poel se había llevado por delante en unos pocos segundos todo el desarrollo de una carrera. Después de ese subidón, vino la "bajona" de la Flecha, de la que la Lieja ha sido una continuación, ligeramente mejorada. La carrera ha llegado rota a Lieja, lo que sería sin duda un motivo para el optimismo, pero quizá el destrozo habría sido menor de no ser por el tiempo de perros que han tenido que padecer los ciclistas durante gran parte de la prueba.  Pero no nos engañemos: en realidad los ciclistas han esperado una vez más al último momento y este desenlace con ataque la Roche-aux-Faucons también se vivió en 2009 con Andy Schleck, en 2011 con Philippe Gilbert y los hermanos luxemburgueses y el año pasado con Bob Jungels.

Ha sido el tiempo de perros el que ha condicionado la carrera. En la zona de Stavelot es habitual ese microclima frío, con nevadas y días espantosos. Sólo hay que recordar las ediciones de 1957, 1980, 1981 o la más reciente de 2016. A Eddy Merckx con doble maillot atacando a lo loco en 1971. A Hinault con un pasamontañas bajo la chichonera, adentrándose en un túnel de nieve que nada tenía que envidiar al del laberinto nevado de El Resplandor. Este año no se ha llegado a ese nivel de exigencia pero sí que la lluvia y el frío han sido determinantes. Tanto es así que Valverde ponía pie a tierra, al igual que poco antes lo había hecho Daniel Martin. El murciano se retiraba. Marchaba mientras tanto una fuga, la que Julien Bernard se distanció en la  de Wanne. Por detrás, Deceuninck-Quick Step marcaba el ritmo, el compás eterno de esta primavera.

Fin de ciclo

Después del encadenado de Stockeu-Haute Levée las cosas empezaron a ponerse interesantes. Los chubasqueros negros, los guantes, las perneras, los rostros embozados, de párpados hinchados por la lluvia y "ese punto de fatiga" eran las notas predominantes. Pero después de Haute Levée se formó un grupo delantero, muy numeroso, en el que figuraban nombres importantes como Greg Van Avermaet, Philippe Gilbert, Enric Mas o Maximiliam Schachmann. También Carlos Verona, a la desesperada después de la retirada de Valverde. Dieron alcance al hijo de Jeff Bernard y después de la larga subida a Rosier, de este grupo se desgajó una avanzadilla de 10 corredores. Los demás fueron alcanzados. No se trataba de una pactofuga como en otros años, casi con heroicos resultados (recuérdese siempre a Anthony Perez y a Stephane Rossetto), sino un grupo verdaderamente peligroso: Tanel Kangert, Omar Fraile, Damiano Caruso, Carlos Verona, Winner Anacona, Benoît Cosnefroy, Bjorn Lambrecht, David De la Cruz, Alessandro De Marchi y Michael Albasini. Un grupo con cazadores de etapas como Fraile o De Marchi, con buenos escaladores como Kangert, Caruso, Anacona o De la Cruz, con jóvenes promesas como Cosnefroy y Lambrecht, y con un vejete y un youtuber.  Esta vez Deceuninck-Quick Step no había colado a nadie delante y tocaba tirar: por una vez parecía que la estrategia no funcionaba.

Esta fuga fue comiéndose subidas: Macquisard, La Redoute (ultrajada, como viene siendo habitual) y Forges. Al acabar estas cotas, los dos Movistar habían sido alcanzados al igual que Albasini, mientras que el estonio Kangert se marchaba por delante. En Forges del grupo trasero atacó Patrick Konrad y posteriormente Tim Wellens y Daryl Impey. El impetuoso belga, con su estilo de caballo loco, siempre ataca un poco a destiempo, puesto que su ataque acabó en las primeras rampas de La Roche-aux-Faucons. El grupo había estado esperando, una vez más, a su momento justo y fue Jakob Fuglsang el que lanzó el ataque. Era de suponer, puesto que lleva la mejor primavera de su vida, nada menos que con 34 años y con un TUE as needed. Cosas del ciclismo que cambia, que diría aquel. Tras él sólo le pudieron seguir Michael Woods y Davide Formolo. Un Education First y un Bora, siempre los mismos equipos. Pero esta vez faltaba Quick Step: Alaphilippe comenzó a perder puestos delanteros, en una caída al vacío paralela a aquella de Innsbruck. 

El trío de cabeza se distanciaba, por detrás se formaba una pareja con David Gaudu, el prometedor escalador francés, y Dylan Teuns. En la segunda parte de la subida, el ritmo machacón de Fuglsang logró descolgar a Woods (que no había podido quitarse una de las perneras) y posteriormente a Formolo. El danés se quedó solo en la situación ideal para lanzarse hacia la victoria. Una victoria que pondría muy contento a Vinokurov. Lo que quedaba hasta Lieja era una bajada pedaleable, con el incoveniente de que estaba algo mojada en las zonas de sombra. Por detrás de él todavía marchaba Formolo y tras éste se configuró un grupo de siete corredores, con David Gaudu, Dylan Teuns, Vincenzo Nibali, Mikel Landa, Adam Yates, Michael Woods y Maximilian Schachmann. Después de que a Fuglsang se le apareciera la virgen y todo el santoral belga en una de las curvas, con una librada digna de Valentino Rossi, ya no había más inconvenientes hasta la meta. Fuglsang primero, Formolo segundo y Schachmann gana el sprint del grupo.

Fuglsang, Woods y Formolo en la Roche-aux-Faucons.


A Fuglsang se le apareció "la chica de la curva"



Tercera victoria de los kazajos en Lieja, aparentemente la más limpia de todas. La de 2010 tiene un asterisco del tamaño de Júpiter al lado del nombre de su ganador: recuérdese el infame billeteo que rodeó la victoria del Jefe Absoluto. En 2012 fue Maxim Iglinskiy el gran protagonista, dándole un sorpasso a Nibali en la misma cuesta de Ans. Finalmente la de ayer, ganada por Fuglsang. El danés ha sido siempre un habitual de los puestos de honor al que le ha costado ganar. Pero un habitual, todo sea dicho, de las vueltas de una semana, no de las clásicas. Pero este año, con 34 añazos, está cosechando su mejor temporada: Vuelta a Andalucía, 2º en Strade Bianche, 3º en Tirreno - Adriatico con una etapa, 4º en País Vasco (que podría haber sido tercero) y la traca final, 3º en Amstel, 2º en Flecha y 1º en Lieja. Para poner estos datos en valor, sólo ocho ciclistas habían conseguido terminar entre los tres primeros en las tres carreras del tríptico de las Ardenas en un mismo año. Otro dato sintomático es el rendimiento de los Bora: si algunos parecen situados en el plato que se eleva de la balanza (Formolo, Schachmann, Konrad), otros han tocado fondo (Sagan). Lo que a unos les siente muy bien...(completen ustedes la frase).

El grupo perseguidor: Gaudu, Adam Yates, Landa, Nibali...



Así llegamos al final de las clásicas, como siempre con un punto melancólico. Gran parte de lo mejor de la temporada se ha esfumado, una percepción que ya se empieza a notar en la ceremonia final en el velódromo de Roubaix, pero que este año había tenido una prolongación de la euforia tras el triunfo de Mars Attacks de van der Poel. Se avecina el Giro y aparecerán nuevos actores, algunos de ellos ya han ido plantando sus migitas de pan a lo largo de la temporada. Esperemos que en la ronda italiana el abanico de equipos dominadores (Astana, Deceuninck, EF y Bora) se amplie un poco más.

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Para aderezar la espera hasta el inicio del Giro, he propuesto vía Twitter una encuesta acerca de los mejores momentos de la historia del ciclismo. Es muy simple: cada uno tiene que elegir los cinco momentos más interesantes, más emocionantes, más sorprendentes, más épicos, más "lo que quiera", de la historia del ciclismo, vividos como espectador o no. Vale cualquier cosa. La idea es realizar una entrada con los resultados. Si alguien no tiene twitter, puede señalar sus cinco momentos en los comentarios de esta entrada.  

lunes, 23 de abril de 2018

¡VUELVEN LOS NOVENTA!

Todo el mundo sabe que en ciclismo el mejor momento para atacar es nada más coronar un repecho. Es la cartilla Palau del ciclismo, la táctica que algunos, como era el caso del plurinacional Tchmil, llevaron a la perfección. Es fácil sobre el papel, claro está; lo difícil es tener las piernas para llevarlo a cabo, para salvar esa distancia, a veces abismal, que media entre el deseo y la realidad. Pero los chicos de Quick Step tienen esas piernas. Vaya si las tienen. Han vuelto de golpe a la primavera de 1994. Y a todo ello el ganador Bob Jungels añade además las cualidades innatas de rodador. 

La Liège - Bastogne - Liège lleva años siendo el más anodino de los grandes monumentos. La carrera ha perdido su seña de identidad: la "selección", el grupito de escogidos que a partir de La Redoute se vigilaban, se marcaban y se repartían hachazos a diestro y siniestro, mientras del resto del pelotón nada se sabía, perdido ya en las inmensidades del tiempo. Con el paso de los años la carrera se ha "sanremizado", es decir, ha pasado a concentrar la emoción en los últimos kilómetros, cuando esa no debería ser su principal característica, a diferencia de lo que ocurre con la carrera de marzo. Primero pasó a jugarse todo en Sart Tilman, luego en Saint-Nicolas, en los últimos años, en Ans directamente. Algún año en los últimos 50 metros. Al menos eso no debería ocurrir en la carrera que se precia de ser la clásica más dura, esa que todo cyborg quiere en su palmarés.   

De esta manera, siguiendo la tónica habitual de los últimos años, la escapada consentida discurría por el encadenado de Port, Bellevaux y Ferme Libert (cotas que sustituyen a la trilogía clásica de Wanne-Stockeu-Haute Levée) con algo más de tres minutos de ventaja. Algo menos que las diferencias que hicieron a Matteo Bono, Stephane Rossetto y Anthony Perez soñar con la victoria en años recientes, gracias a un gran grupo tan remolón como en las etapas de julio. La escapada estaba compuesta por Antoine Warnier, Mathias Van Gompel, Paul Ourselin, Jérôme Baugnies, Florian Vachon, Mark Christian, Casper Pedersen, Loïc Vliegen y el habitual Anthony Perez. La escapada fue perdiendo poco a poco componentes, llegando el cuarteto formado por Baugnies, Perez, Christian y Ourselin al pie de La Redoute. Baugnies lograría distanciar a sus acompañantes, siendo cazado a los pies de Roche-aux-Faucons. En resumen, en la altura de carrera en la que antes se hacía la selección, ahora se daba caza a los escapados. La Redoute, una vez más, se subió casi en pelotón, con una marcha exigente puesta por Enric Mas "el sucesor". Nadie se movió. 

La tendencia actual es esperar y guardar. La velocidad impide ataques, la igualdad, quién sabe a causa de qué provocada, impone ritmos exigentes y tácticas ultraconservadoras. Todo se iba a jugar, o al menos a mover, en Roche-aux-Faucons. El primero que saltó fue Gilbert, en un ataque de fuegos artificiales que se apagó con rapidez en la oscuridad. Henao y Woods parecían fuertes, hasta que Jungels forzó el ritmo. El mismo Jungels había sido el miércoles pasado el artífice de la aproximación hasta Huy del grupo de escogidos. Él y no otro puede considerarse el que puso en bandeja el triunfo de Alaphilippe, privando de él a Schachmann. Ya pueden comprobar, todo queda en casa: luchas internas, primavera monocolor. Esta vez fue así de nuevo: Jungels era la avanzadilla para calentar el camino para un ataque pancartero de Alaphilippe.





Sin embargo Jungels no se limitó a tirar. Se fue para adelante, siguiendo esa táctica que les está dando tantos frutos a ellos y a los Astana: lanzar a alguien delante mientras se controla detrás. De nuevo, la cartilla Palau del ciclismo. Aunque algo así sólo posible si se es una nueva versión del Mapei. O peor aún, del Gewiss-Ballan. Sólo es posible si se dispone siempre de varias cartas a jugar, a pesar de que la reducción de corredores haya dejado a otras escuadras en paños menores (caso de Movistar). Jungels se lanzó como era de esperar; Woods y Henao se abrieron. Valverde, Fuglsang y los demás, que llegaron a la cima algo más tostados, se limitaron a esperar acontecimientos. Los metros del luxemburgués se fueron agrandando, la goma invisible que lo unía al grupo se tensó tanto hasta llegar al punto en que se rompió y el luxemburgués del tupé salió disparado, cual propulsado por tirachinas, hacia la meta. Era evidente que no le iban a dar alcance, dado que en el grupo de atrás iban muchas figuras y entre ellas prevalecía el espíritu reservón y el marcaje.




Valverde intentó salir en su búsqueda, a la desesperada, en un tipo de movimiento muy poco habitual en él, quizá consciente de no llevar las mejores piernas para el murito final de Ans, temeroso de que Alaphilippe le obligase de nuevo a hincar la rodilla. Pero fueron aceleraciones y paradas, esperando a que alguien más entrase. Daniel Martin y Tim Wellens fueron los que pusieron más empeño en intentar coger, ya fuese con saltos en solitario o con arreones desbocados. Astana se dio cuenta de que no iban a cazar mediante arrancadas y paradas, de modo que puso a Villella a trabajar. Eran los únicos, junto con Mitchelton y Lotto, que disponían de más de un corredor. Mientras tanto, Jungels tomaba las curvas a cuchillo, con riesgo incluso de caerse al coger algún bache y no ir bien agarrado al manillar (la posturita aero) cruzando el puente del Mosa. Todo iba a depender de si aguantaba las dos subidas restantes o si le pasaba como a Nibali en 2012. 

En Saint-Nicolas saltó Wellens por detrás, en un ataque de esos tan suyo, más con el corazón que con las piernas. Por un momento los Quick y Flupke del pelotón marchaban primero y segundo. Para asombro de todos, del grupo de favoritos, todavía demasiado nutrido, demarró Vanendert, corredor lagunar donde los haya. Su demarraje fue de los que han hecho de Saint-Nicolas un particular freak-show: Vanendert salía de las profundidades de 2011, poseído por el espíritu de VDB, y daba caza a su compañero. ¿Wellens había allanado el camino para su compañero, o simplemente éste había hecho notar el peso de una generación que se resiste al relevo? Mientras tanto, Jungels cambiaba su perfecta estampa de rodador por esa otra de mandíbula desencajada y codos abiertos que ya se le había visto en las empinadas rampas del Giro. Sólo el zombi belga podía dar caza a Jungels. 

Sin embargo, Vanendert se desinfló. La subida de Ans fue coser y cantar para Jungels. Por detrás, Bardet y Woods intentaban a la desesperada darle caza, dando tan sólo alcance a Vanendert. El campeón de Luxemburgo mantuvo la diferencia, demostrando que había regulado en Saint-Nicolas, el momento de mayor aparente debilidad. Los chicos de Quick Step aguantan lo que les echen. Woods entraba segundo, Bardet tercero y Alaphilippe cuarto. Valverde entraba último del grupo, claramente no había sido su día.



Desde Andy Schleck no ganaba un atacante solitario desde Roche-aux-Faucons (Nibali fue cazado por aquel sputnik kazajo en 2012 cuando estaba a punto de conseguirlo). Desde 1994, el año del Gewiss y el zumo de naranja, un equipo no ganaba Flecha y Lieja con dos corredores distintos, como bien apuntó el twittero @InfinityLive2. Los Quick Step han devorado las pruebas del calendario con voracidad pantagruélica, todos han mojado del plato. Ya ha pasado a la historia aquello del dominio individual, ya sea Rebellin, Gilbert, Van Avermaet o Valverde; lo que está de moda es socializar el triunfo. Que todos ganen un poquito, cada día con uno nuevo. Chicos siempre frescos, siempre jóvenes; y si no hay joven, uno viejo, qué más da. Aunque, como todas las modas, este nuevo socialismo victorioso no deja de ser más que un revival, uno más. Desprende un tufillo a dejà vu, a refrito. Smells like 1994 spirit. Se han puesto de moda, otra vez, los noventa.

sábado, 25 de abril de 2015

LOS MEJORES DE LA LIÈGE - BASTOGNE - LIÈGE

Como viene siendo habitual esta primavera desde este blog, llega el momento de realizar un repaso histórico a los mejores ciclistas de la clásica que se disputará mañana, la Liège - Bastogne - Liège, la Doyenne. Pero antes de dejar caer sin más el elenco, quizá sea necesario hacer una breve recapitulación de lo que ha sido hasta el momento la campaña de las Ardenas. Para empezar, tengo que reconocer que las clásicas ardenesas no figuran entre mis predilectas, aunque no tanto debido a sus recorridos como a la actitud de los propios corredores. Estas carreras llaman a corredores de grandes vueltas, acostumbrados al puestómetro y a seguir al dictado las indicaciones, no siempre lúcidas, de sus respectivos directores deportivos. Ello revierte en carreras de desarrollo anodino, en las que se espera a la última dificultad para lanzarse al ataque, en una tendencia que se ha ido incrementando con el paso de los años. Un ejemplo claro de esta situación fue la pasada edición de la Liège, en la que un grupo enorme, de más de 40 corredores, llegó a la base de la subida de Saint-Nicolas. Lejos quedan los ataques en La Redoute de Michele Bartoli. Por si esto fuera poco, el historial de estas carreras, especialmente de Lieja y Flecha Valona, está plagado de convictos y sputniks. 

La Amstel Gold Race era hace no mucho tiempo una carrera en la que brillaban tanto corredores "ardeneses" como "flahutes". De hecho, en su palmarés figura gente como Johan Museeuw. La ultraespecialización del ciclismo la ha convertido, en cambio, en un nuevo territorio para los vueltómanos. Esta situación solo ha sido parcialmente mitigada por la semitiranía de Philippe Gilbert en el Cauberg. La edición de 2015 estuvo marcada por la pasividad general, salvo un ataque de Nibali, D. Caruso, Howes, Kelderman y Tanner,  que animó parcialmente la carrera. Los últimos kilómetros fueron más movidos, con el previsible ataque demoledor de Gilbert en el Cauberg, que solo pudo ser seguido por Michael Matthews, corredor que cada día demuestra más que no es un simple sprinter. En los últimos dos kilómetros de llano, Valverde alcanzó a los atacantes con uno de esos allunghi espectaculares tan suyos, aunque con su también conocida paradinha propició el reagrupamiento. En el sprint se impuso el campeón del mundo, Michal Kwiatkowski, con un sprint imperial, arrancando desde atrás, y superando a gente supuestamente más rápida que él, como el propio Matthews.

A pesar de la positiva introducción de la cota de Cherave en la Flecha Valona, la carrera tuvo el mismo desarrollo predecible de todos los años. La carrera estuvo marcada por la tensión y las caídas. Daniel Martin, Philippe Gilbert y Christopher Froome, entre otros, se fueron al suelo. En Cherave, el joven Tim Wellens lanzó un ataque, que se consumió al llegar al pie del muro de Huy. De este modo, en la subida decisiva de la rampa que conduce a la piscina de las focas Valverde marcó un tempo, nadie atacó, y el murciano se llevó la victoria sin hacer grandes esfuerzos aparentes. Ni Costa, ni Purito cuestionaron la superioridad del murciano. Kwiatkowski ni siquiera asomó en cabeza. Ya se sabe: el polaco da una cal y otra de arena. 

Con estos precedentes, cruzo los dedos para que la Lieja no sea un tostón. El año pasado lo fue, y cuando hubo movimiento, los protagonistas fueron gente como Pozzovivo y Giampaolo Caruso, es decir, ese tipo de corredores que superada la treintena son mejores que en la supuesta edad en la que un ciclista rinde más, entre los 26 y los 30. El vencedor no merece ni siquiera ser nombrado, pues se trató de uno de esos individuos guadianescos, que cumplen a la perfección el requisito antes explicado.

La carrera ha vuelto a incluir la Roche aux Faucons, quizá para evitar que se presente un grupo tan enorme al pie de Saint-Nicolas. Pero los precedentes no auguran nada bueno. Desde la edad dorada de la EPO, esta carrera tiene el record de ganadores vinculados al término droga. Algunos, aun drogados, tenían algo de clase (Berzin, Vandenbroucke, Valverde...). Pero en otros casos, han prevalecido corredores pulgarcitos, como Paolo Bettini, corredores guadianescos, como Simon Gerrans, o en su defecto, convictos, como Mauro Gianetti, Alexander Vinokourov, Tyler Hamilton, Danilo Di Luca, Oskar Camenzind, Maxim Inglinskiy... ¡Con señalar que Lance Armstrong, David Etxebarría e Iban Mayo estuvieron a punto de ganarla! Todos ellos han dejado escrito su nombre en el palmarés de la prueba, algunos por partida doble. Y todos ellos desmerecen a su belleza intrínseca, que combina lo mejor de una carrera ciclista con un paisaje envidiable, que une a la belleza natural de las colinas y bosques en primavera, los cadáveres industriales de un pasado floreciente. Incluso Lieja, con su feísmo arquitectónico, es hermosa a su manera, por no hablar del multiétnico barrio de Ans, con su repetitiva hilera de casas de ladrillo rojo.

Soy de los que opinan que la prueba necesita un cambio. Quizá reubicar la meta en Lieja, en el boulevar de la Sauvenière como antaño, contribuya a evitar esa espera última a la cuestecita de Ans. De esta forma, se abriría el abanico de aspirantes, evitando que se convierta en una carrera de pulgarcitos. Exceptuando a Valverde, Nibali, Gilbert (si toma la salida), y quizá algún otro, el resto de favoritos entra en el grupo de pulgarcitos (Pozzovivo, Purito), guadianescos (Vanendert, Gerrans, Caruso), de tendencia "sputnikiana" (Costa, Kwiatkowski, Majka), o simplemente antiestéticos (Daniel Martin). Resumiendo, mi corazón irá con algún Lotto (exceptuando Vanendert), con atacantes como De Clercq, Wellens y Gallopin, simplemente por la razón de haber sido un integrante de este equipo el que tímidamente ha roto la omertà, a propósito del Astana.  También espero una buena actuación de Kelderman, aunque seguramente terminará como otro puestecito más. De todas maneras, esta carrera está hecha para Alejandro Valverde, el que con Philippe Gilbert es, sin duda, el corredor más idóneo y más fuerte para ganarla.

Ahora sí, pasemos con los mejores de la historia. Fíjense en la presencia, casi abrumadora, de corredores de la generación 1971 - 1980 (Rebellin, Boogerd, Valverde y Bettini).   También cuatro de los diez mejores nunca lograron ganarla (Boogerd, Impanis, Verbeeck y el recientemente fallecido, Criquielion). No entran en el cómputo otros corredores que han marcado la prueba, como Bernard Hinault o Michele Bartoli. Salvo Eddy Merckx y Frans Verbeeck, ninguno de los demás ha aparecido en los cómputos de la Milano - Sanremo, Ronde van Vlaanderen o la Paris - Roubaix.


1. EDDY MERCKX    80
1966    8º    3
1967    2º    9
1969    1º    10
1970    3º    8
1971    1º    10
1972    1º    10
1973    1º    10
1975    1º    10
1976    6º    5
1977    6º    5


2. DAVIDE REBELLIN    57
1996    6º    5
2000    3º    8
2001    2º    9
2002    9º    2
2004    1º    10
2007    5º    6
2008    2º    9
2009    3º    8

3. MICHAEL BOOGERD    57
1998    5º    6
1999    2º    9
2001    5º    6
2003    3º    8
2004    2º    9
2005    3º    8
2006    5º    6
2007    6º    5

4. STEVEN ROOKS    54
1983    1º    10
1984    4º    7
1985    10º    1
1986    5º    6
1988    4º    7
1989    6º    5
1990    3º    8
1992    2º    9
1993    10º    1

5. MORENO ARGENTIN    51
1985    1º    10
1986    1º    10
1987    1º    10
1990    6º    5
1991    1º    10
1993    5º    6

6. PAOLO BETTINI    51
1999    5º    6
2000    1º    10
2002    1º    10
2005    4º    7
2006    2º    9
2007    4º    7
2008    9º    2

7. FRANS VERBEECK    49
1969    8º    3
1970    2º    9
1971    3º    8
1973    2º    9
1974    10º    1
1975    4º    7
1976    3º    8
1977    7º    4

8. ALEJANDRO VALVERDE    46
2006    1º    10
2007    2º    9
2008    1º    10
2013    3º    8
2014    2º    9

9. CLAUDE CRIQUIELION    44
1982    4º    7
1984    7º    4
1985    2º    9
1986    4º    7
1987    3º    8
1991    2º    9

10. RAYMOND IMPANIS    43

1947    2º    9
1948    2º    9
1953    10º    1
1954    2º    9
1955    2º    9
1958    5º    6

Una mención especial para:

FRED DE BRUYNE   30
1956    1º    10
1958    1º    10
1959    1º    10


Y finalmente, entre los corredores en activo:

Philippe Gilbert (32): 4º 2009 (7), 3º 2010 (8), 1º 2011 (10), 7º 2013 (4), 8º 2014 (3)
Fränk Schleck (32): 7º 2006 (4), 3º 2007 (8), 3º 2008 (8), 8º 2010 (3), 2º 2011 (9)
Joaquín Rodríguez (21): 8º 2008 (3), 2º 2009 (9), 2º 2013 (9)
Michele Scarponi (20): 4º 2003 (7), 7º 2004 (4), 8º 2012 (3), 5º 2013 (6)
Damiano Cunego (18): 9º 2005 (2), 3º 2006 (8), 7º 2007 (4), 7º 2009 (4)
Samuel Sánchez (18):  6º 2003 (5), 4º 2004 (7), 10º 2009 (1), 10º 2011 (1), 7º 2012 (4)
Simon Gerrans (16): 6º 2009 (5), 10º 2013 (1), 1º 2014 (10)
Daniel Martin(16): 5º 2012 (6), 1º 2013 (10)
Enrico Gasparotto (13): 3º 2012 (8), 6º 2013 (5)
Vincenzo Nibali (13): 10º 2008 (1), 8º 2011 (3), 2º 2012 (9)