Recuerdo vagamente un poema de Antonio Machado que nos hacían aprender en la escuela y que finalizaba con un verso que decía: "Monotonía de lluvia tras los cristales". Algo así me inspiran las victorias de Tadej Pogačar en sus citas importantes, marcadas por lo previsible, por las certezas. Ataca a 79 kilómetros de meta, se queda solo a un mundo del final, y se sabe que va ganar. No hace tanto tiempo de otro recuerdo: en 2022, precisamente en la Strade Bianche, ante la primera victoria del esloveno, en solitario desde 49 kilómetros para meta, me vino a la mente la idea de que estaba ante el mejor ciclista que habían visto mis ojos. Así lo formulé, en voz alta, y se me tomó un poco por loco, o por flipado. Ni Induráin, ni Armstrong, ni Contador, ni Valverde, ni Sagan, sino Pogačar. El tiempo en parte me ha dado la razón, pero al igual que los descerebrados votantes MAGA que hoy se decepcionan ante su líder, que ya se mete en guerras, o en "operaciones especiales" como les gusta decir, yo también estoy decepcionado ante la enésima exhibición de Pogačar. O más bien aburrido.