Mostrando entradas con la etiqueta Vuelta al País Vasco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vuelta al País Vasco. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de abril de 2026

LA MALA SUERTE CAMBIA DE LADO

Pocas victorias han concitado tanta unanimidad en la alegría como la de Wout van Aert en la París - Roubaix. Era un triunfo que daba la impresión de que la historia le debiese, dada su trayectoria plagada de infortunios. La mala suerte ha cambiado de bando, por una vez. Por fin, podría decirse incluso. Ha sido una París - Roubaix grandiosa, que entra en el elenco, casi inagotable, de ediciones memorables de esta prueba. Una que además ha sido la más rápida (¡48,9 km/h!), algo que ya a pocos puede sorprender. No ha habido empate en récord de victorias por parte de Mathieu van der Poel, ni tampoco quinto monumento para Pogačar, sino el triunfo de un ciclista que hace justicia a los ciclistas perdedores. Además, se ha roto por fin con el encantamiento por el cual, desde Flandes de 2024, solo había dos posibles ganadores de monumentos. 

lunes, 8 de abril de 2024

CAFFEINE SHAMPOO, EL SECRETO DE LOS CAMPEONES

Vamos a hablar de fantasías, de posibilidades no concretadas, de vías muertas de la historia. Hubo un instante en la París - Roubaix de ayer, a falta de sesenta y pocos kilómetros, en el que todo parecía abierto. Un grupo de veintiocho corredores se adentraba en la parte decisiva de la carrera, con todo por decidir. Al menos, así podría parecer para alguien con ganas de engañarse a sí mismo y que no hubiese estado atento a las señales previas que la carrera había ido aportando. 

domingo, 17 de abril de 2022

VAN BAARLE COMPLETA POR APLASTAMIENTO EL PÓKER DE INEOS

Después de unos inicios de temporada titubeantes, en los que UAE y Jumbo les habían comido la tostada, Ineos ha vuelto por sus fueros con cuatro victorias enlazadas. El hambre ha vuelto y el festín pantagruélico también. A la Ituzli con Dani Martínez, la Amstel Gold Race con Michal Kwiatkowski y la Flecha Brabanzona con el debutante Magnus Sheffield, han sumado finalmente la París – Roubaix con Dylan van Baarle, indudablemente la carta de más peso del póker. El equipo británico parecía tan impaciente por poner en marcha su operativo que ni siquiera han esperado a los tramos adoquinados. Han puesto la centrifugadora desde el inicio, ayudados por un viento de cola que ha permitido pulverizar el récord de Van Avermaet y compañía. Además, van Baarle ha distanciado a van Aert con la diferencia más abultada en meta desde los dos minutos que Cancellera infligió a Hushovd en su increible marcha motorizada de 2010. 

Ineos ha vuelto a rearmarse.

 

De las anteriores carreras no hubo crónica (por descanso del personal). Dani Martínez se llevó con facilidad una Itzulia en la que Remco Evenepoel era el rival más cercano antes de la etapa de Arrate. La última etapa fue movida, con escaramuzas de Roglic en Krabelin en favor de Vingegaard y bajadas trepidantes por parte de Pello Bilbao. Evenepoel se desenvolvió bien en el descenso, salvando incluso la papeleta a Martínez. Pero en la última ascensión, el belga estalló y el triunfo parcial fue finalmente para Ion Izagirre, en el típico sprint en bajada. Poco más. 

Segunda vuelta de una semana para Martínez después de Dauphiné

 

La Amstel fue realmente bastante anodina, resolviéndose al final en un sprint entre Michal Kwiatkowski y Benoît Cosnefroy. El polaco, renacido después de varias temporadas en blanco, supo obrar con zorrería, escamoteando relevos a Cosnefroy y sacando a relucir su brillante golpe de riñón final, el mismo con el que le birló toda una Sanremo a Sagan en la misma cara. De nuevo hubo una falsa incertidumbre en la meta, por el ambiente chapucero que rodea habitualmente a esta carrera: se anunció como vencedor a Cosnefroy, antes de que saliese una photo-finish en la que el polaco se imponía de forma clara. 

Llegada ajustada, pero no tanto como en 2021

A continuación, el Ineos volvió a exhibirse en la Flecha Brabanzona, una carrera que, como viene siendo habitual, suele estar entre lo mejor de la primavera. Un tiempo de perros era el perfecto condimento para el tremendo espectáculo que se vio, con un Evenepoel desatado (en todos los sentidos, incluso en el marrullero) y un Ineos que actuó como una hidra de tres cabezas contra el menudo belga. Ben Turner, Tom Pidcock y Magnus Sheffield controlaron a la perfección un grupo en el que también marchaban Tim Wellens, Benoît Cosnefroy (con ganas de revancha), Victor Campenaerts y Warren Barguil. Evenepoel parecía el más fuerte, pero su inexperiencia en el pavé le jugó alguna que otra mala pasada. Siendo sinceros, el belga debería haber sido expulsado de carrera por un empujón a mala leche a Ben Turner: ¿pero qué se puede esperar si no de alguien crecido en el caldo de cultivo del fútbol base? Finalmente Magnus Sheffield (otro de 19) se marchó por pura fuerza en el llano, al no pasar Wellens al relevo. La exhibición de rodar del norteamericano, baba en la boca incluida, fue de las que hacía tiempo que no se veían. Por detrás, Wellens se llevó el sprint, pero el bandazo claro que realizó, entorpeciendo a Cosnefroy y a Evenepoel, le supuso la descalificación.

Quién diría que el de la foto tiene 19 años...

 

Pasemos pues a los acontecimientos de hoy. La carrera ha sido frenética en su inicio, perdiendo intensidad a medida que pasaban los kilómetros y la exhibición se hacía más evidente. El chorro burbujeante del champagne ha dejado paso a un aguachirle final, a engullir sin saborear. 

Desde que la carrera se retransmite íntegra, los primeros kilómetros de la carrera se desarrollan a un ritmo vertiginoso, ofreciendo la imagen especular idealizada de lo que debería ser el inicio de cualquier etapa de Tour. Así ha sido también esta vez. Pero la lucha constante por la escapada ha sido sustituida esta vez por una acción consciente de Ineos, aprovechando el viento de costado y pillando relajados en la parte trasera del grupo a van Aert, van der Poel y Küng. Ineos ponía toda la madera en la caldera, con Cameron Wurf y Magnus Sheffield en cabeza, siendo acompañados por Declercq de Quick Step y Soupe de Total. Por detrás, la reacción fue algo perezosa, con Groupama y Alpecin viéndose forzados finalmente a liderar la persecución y Jumbo desentendiéndose del tema. 

Zafarrancho de salida.

 

Tras los primeros sectores de pavé se formó un quinteto delantero, la que iba a ser la escapada del día, formada por Casper Pedersen, Davide Ballerini, Tom Devriendt, Laurent Pichon y Matej Mohoric. El francés del Arkea ya había intentado la fuga en la zona previa a los adoquines. Por detrás, la marcha de Ineos se desestabilizaba un poco, al perder a Sheffield y Wurf por caídas y con Ganna desgastándose en persecuciones individuales, debido a pinchazos y averías mecánicas. Aun así, la diferencia era abultada, superando el minuto y diez segundos entre ambos pelotones al entrar en el bosque de Arenberg.

En el paso por el bosque de Arenberg, Wout van Aert sufría problemas mecánicos en el segundo pelotón, quedándose a cola del mismo. Por delante, la escapada perdía unidades: primero Ballerini debido a un pinchazo, más tarde Pedersen. Es bien conocido el carácter caótico que adquiere la carrera a estas alturas, pero esta vez la realización ha aportado su granito de arena al desbarajuste, no mostrando ni siquiera la salida de los diferentes grupos del tramo de Arenberg. Conseguido el reagrupamiento trasero in extremis, Wout van Aert despejó todas las dudas en un tramo de asfalto. La aceleración del campeón belga permitió formar una selección, de la que al final se mantendrían Mathieu van der Poel, Guillaume Van Keirsbulck (Alpecin), Ben Turner, Dylan van Baarle (Ineos), Adrien Petit, Taco van der Hoorn (Intermarché – Wanty), Jasper Stuyven (Trek), Yves Lampaert, Florian Sénechal (Quick Step), Matteo Trentin (UAE), Stefan Küng (Groupama - FDJ) y el propio campeón belga (Jumbo).

Mientras tanto, por delante el terceto cabecero iba sumando pasos adoquinados. A falta de unos 50 kilómetros para meta, la diferencia rozaba el minuto y pico, lo que aun les permitía soñar con la victoria, al menos en el caso de Matej Mohoric. El esloveno parecía el más fuerte del terceto, rodando acoplado y atrancado, pero Devriendt, corredor relativamente anónimo, aguantaba bastante bien su ritmo en los pasos adoquinados. Su rendimiento hoy es un claro ejemplo del salto de calidad general experimentado por Intermarché – Wanty, espoleado por la “lucha por la permanencia”. Otro tanto puede decirse del caso de Pichon para Arkea. Aunque el francés sufría de forma más visible en cada tramo adoquinado, con lo cual ha acabado descolgándose. Aun así, se ha mantenido finalmente entre los mejores.

Los fugados del día que casi llegan a meta han sido Devriendt, Pichon y Mohoric.

 

De la pareja delantera, Mohoric se ha descolgado a falta de unos 37 kilómetros, afectado por un pinchazo. Poco antes también van Aert se había visto afectado por un nuevo pinchazo, alcanzando el grupo principal en otro derroche de fuerzas. El sino de su carrera deportiva parece ser el de convertirse en una nueva encarnación de Yul Brynner en Almas de metal o Arnold Schwarzenegger en Terminator: perseguir, siempre perseguir. Tras el pinchazo de Mohoric, Devriendt se ha quedado en cabeza, rodando sin demasiado convencimiento, aprovechando para avituallarse. El grupo de favoritos ya se había reducido, estando formado por van Aert, van der Poel, Turner, van Baarle, Petit, Stuyven, Lampaert, Küng, Mohoric y Pichon. Aprovechando el toma y daca general del grupo principal, Mohoric y Lampaert han saltado en persecución de Devriendt a falta de 29 kilómetros, siendo seguidos más tarde por van Baarle. El ataque del neerlandés, seco y en asfalto, ha sido bastante importante y no ha contado con reacción: van Aert ha esperado la respuesta del resto y van der Poel ha demostrado estar claramente fatigado. Era un ataque realizado poco antes de los tramos decisivos, con corredores de paja por delante, a modo de obstáculo a salvar. 

Cunetas abarrotadas en un primaveral domingo de Pascua.

 

En el tramo de Cysoing a Bourghelles, van Baarle ha dado alcance al terceto delantero. La diferencia rondaba los 40 segundos, provocando cierto nerviosismo en el grupo trasero. Van Aert ha visto que era un “ahora o nunca”, marchándose con él Küng y Stuyven: sin embargo, era ya demasiado tarde. En el tramo de Camphin-en-Pevèle, van Baarle ya se ha quedado solo delante, a falta de 18 kilómetros. A la salida del Carrefour de l'Arbre y del tramo posterior de Gruson, la diferencia del de Ineos con sus dos perseguidores (Mohoric y Lampaert) rondaba los 20 segundos. Esa diferencia finalmente se ha traducido en meta en 1'47'', en una muestra de rodar progresivo, cada vez con más intensidad. 

Demasiada gente ocupando parte de la trazada.


Con tiempo de sobra para celebrar.

 

En fin, la carrera ha terminado ahí, al salir del tramo de Gruson. Incluso antes, al salir del tramo del Carrefour de l'Arbre. Poca historia ha habido más, tan solo una clase magistral de cómo rodar por parte de van Baarle, con ese estilo suyo tan minimalista, en el que los movimientos se reducen a los imprescindibles. Por detrás, en el tramo de Hem, un espectador aplaudiendo ha derribado a Lampaert. Mohoric ha sido alcanzado por van Aert, Küng y Devriendt, y entre los cuatro se han jugado las dos plazas de podio restantes. Van Aert se ha impuesto por velocidad y Küng ha conseguido el tercer puesto sobre Devriendt por la mínima. 

Por fin en lo más alto del podio.

 

El abrazo mefistofélico de Brailsford a su corredor era toda una muestra de que las anteriores experiencias frustradas, con Wiggins, Thomas y Moscon, por fin daban sus frutos. Van Baarle culmina de esta forma su proceso ascendente, con peldaños previos en el mundial pasado y en Flandes hace dos semanas. Esta vez no tocaba perseguir a Alaphilippe o cazar a la pareja delantera. Se diría que esta vez ha ganado de forma simple, aplicando la fórmula de rodar siempre en cabeza, evitando caídas y embudos, atacando en el asfalto aprovechando marcajes, justo antes de los pasos decisivos (Camphin-en-Pévèle, Carrefour de l'Arbre) y aguantando al final. Incluso aumentando considerablemente la ventaja, en un mazazo a sus rivales en toda regla. Ha sido el más fuerte sin ningún tipo de dudas, tanto él como su equipo. Podría decirse que van Baarle simplemente se ha dejado llevar por el viento, permitiendo que los acontecimientos fluyesen de forma natural, ejecutando con una sencillez robótica las tácticas de pizarra esbozadas tantas veces y que tanto cuesta llevar a buen puerto. El desarrollo de la carrera ha sido tan simple y cristalino, tan fácil (¿podría haber sido de otra forma?), que en el fondo ha resultado un tanto aburrido.


Una victoria del equipo

 


sábado, 10 de abril de 2021

EL GRAN ÉXTASIS DEL CICLISMO ESLOVENO

Después del paréntesis de la Volta, ha vuelto la realidad del ciclismo actual, dominada por los eslovenos. No son  más que las oleadas de la historia, que se superponen unas sobre otras. De esta forma, el ciclismo anestesiado por Ineos, anterior a la pandemia, ha sido sustituido por el ciclismo esloveno, con sus trepidantes trampolines y sus espectaculares derroches de fuerza. En este caso acompañados por tácticas de equipo al límite de lo racional. Quién sabe si es más creíble este ciclismo que el anterior (hace tiempo que dejamos de creer en los dioses), lo que sí que está claro es que al menos es más entretenido.

El gran éxtasis del ciclismo esloveno (fotograma de Der Große Ekstase des Bildschnitzers Steiner)



Se han acabado las carreras maniatadas, al menos hasta próximo aviso. Ahora todo parece marchar en la cuerda floja, a punto de caer al precipicio. Todo se ha vuelto más impredecible, más aleatorio, más interesante. También es verdad que se trata de la Itzulia y no del Tour, lo que permite que sea un lugar más propicio para inventos. Pero ya se vio qué pasó precisamente en el pasado Tour. En esta ocasión, el descalabro lo ha experimentado por primera vez el equipo de Matxín. En la etapa de Hondarribia, Jumbo y UAE jugaron una particular partida de ajedrez desde los volantes. Un Karpov contra Kasparov, pero en mal. Después de extrañas decisiones, vanguardistas casi, los protagonistas principales han tenido que reclamar su puesto destacado en la función. Y estos actores protagonistas, Primoz Roglic y Tadej Pogacar, se lo han tenido que jugar camino de Arrate de una forma casi personal. Esta vez ha salido ganando Roglic, tomándose su particular venganza.

 

La sensación que se vive en Jumbo

Todo comenzó con una sabia decisión en Bilbao. En Jumbo decidieron colocar a Roglic y a otros compañeros de equipo, como Vingegaard y Foss, entre los primeros en tomar la salida, a fin de aprovechar mejor el viento. Les salió bien la jugada, ya que Pogacar se dejó 28''. Como contrapartida, Roglic tuvo que aguantar en la incómoda silla caliente a que terminara el último participante. Se pasó el rato mirando el móvil, ensayando diferentes posiciones en la silla, como quien espera que le toque el turno en la peluquería. 

Pogacar se había dejado demasiado, algo sorprendente dadas sus últimas cronos, en especial la de San Benedetto del Tronto (tras van Aert, Küng y Ganna). Sin embargo, su compañero de equipo Brandon McNulty se marcó una crono muy buena, a dos segundos de Roglic. Los otros grandes rendimientos fueron los de Jonas Vingegaard y Tobias Foss. El prometedor noruego desaparecía a las primeras de cambio, pero no así el danés. Las segundas espadas comenzaban a brillar y, en el fondo, iban a embarullarlo todo.

foto: Maika Salgueiro.


En la etapa con meta en Sestao se vio la esperada eclosión de Álex Aranburu, después de haber obtenido buenos puestos en este principio de temporada. Realmente aprovechó su conocimiento del lugar y la auténtica encerrona del descenso de La Asturiana, con varias curvas de hormigón rayado. Aranburu se lanzó en un descenso mojado, cogido de forma inusual de las manetas. Abrió un hueco interesante, que le permitió afrontar con algo de solidez el repecho final. Fraile esprintó por el segundo puesto, quitándole algunos segundos preciosos a Pogacar, que quedó tercero.


Bajada tercermundista

 

Faltaban muritos en el menú y por fin llegaron en la tercera etapa: la subida a Ermualde. Los eslovenos jugaron con los demás cuándo y cómo quisieron, dejando la cosa en un mano a mano que al final se llevó Pogacar, con miradita a su rival incluida en la celebración del triunfo. A pesar de que vendan la relación entre los dos eslovenos como algo casi paterno-filial (Pogacar a modo de cuidador de los niños de Roglic), algo de mal rollo debe estar creciendo entre ellos. Roglic cuenta con el apoyo popular, por aquello de provenir del auténtico deporte rey del país. Pogacar, a pesar de su juventud, aun se tiene que ganar a su público. Por detrás llegaron Valverde, Landa y Adam Yates, apenas a cinco segundos (era un murito). Algo más de tiempo se dejaron Vingegaard y McNulty, pero nada significativo.

Una foto habitual (Photo Gomez Sports)

 

Así llegó el día de Hondarribia en el que los directores jugaron a innovadores estrategas. Como siempre, fueron los holandeses los más innovadores, casi a lo Mondrian; luego les tocaría el turno a los árabes, que harían todo un pastiche como el de Nouvel con su nuevo Louvre arabizado. Tras coronar Erlaitz se formó un grupo con Ion Izagirre, Pello Bilbao, Emmanuel Buchmann, Esteban Chaves y... Brandon McNulty y Jonas Vingegaard. La escapada fue cogiendo diferencia, de forma que McNulty tomaba el liderato. Jumbo dio por buena la escapada, pues aunque perdían el liderato, colocaban a Vingegaard delante. La estrategia parecía extraña, rebuscada cuanto menos, aunque al final dio sus frutos. Vingegaard lleva un inicio de temporada impresionante y el equipo parecía así confiar en él. Al final ha resultado una involuntaria obra maestra, auque en un inicio tuviera toda la pinta de ser una típica metedura de pata holandesa. 

Duelo entre amigos (foto vía @faustocoppi60)

 

Después de la etapa de transición de Ondarroa, con exhibición de los lobeznos (triunfo para Honoré), llegaba la etapa reina, con final en Arrate. Una etapa corta, de distancia ridícula, propicia para ir a tope desde la salida. De las que gustaban a Contador, de las que gustan a los maestros de los circuitos de ciclocross alargados. Por delante marchaba una escapada numerosa, con corredores como Mauri Vansevenant, Hugh Carthy, Enric Mas, Antwan Tolhoek, Sam Oomen, Marc Hirschi o Richard Carapaz, entre otros. Por detrás, en la subida de Elosua - Gorla, UAE marcaba el ritmo con Ulissi y Majka, que luego desaparecerían del mapa (algo parecido iba a pasar con Carapaz). Todo cambió en el momento en que los de Astana decidieron ponerse juguetones en la bajada. 

De nuevo un estilo sui generis en las bajadas (@faustocoppi60)

 

Álex Aranburu fue el que tomó la delantera, con Ion Izagirre a rueda, dispuestos a mover las cosas con un descenso rápido. No fue ni mucho menos un descenso peligroso, pero el ritmo que imprimió Aranburu cortó el grupo, de forma que delante tan sólo entraron Gaudu, Rubén Fernández, Valverde, Roglic y Landa. Por detrás, los primeros en cortarse fueron McNulty y Pogacar. Un despiste o exceso de confianza que iban a pagar caro. Quedaban todavía 60 kilómetros para meta.

La diferencia de 10 segundos entre el grupo de Roglic y el de Pogacar comenzó a aumentar de forma considerable al agruparse en cabeza el grupo de Roglic con el grupo de escapados. Se formó una feliz alianza entre Jumbo (con Tolhoek y Oomen), Astana (con Aranburu y Fraile) y Movistar (con Mas y Verona) que iba a poner muy complicadas las cosas a UAE. Pogacar comenzó a desgastarse en solitario, tirando para McNulty, tardando un poco Hirschi en descolgarse. La balanza ya estaba decantada en favor de Roglic.

El líder del equipo tirando para el líder de la carrera

 

La subida a Krabelin fue la gota que colmó el vaso. Pogacar comienza a imprimir ritmo para cazar en plena ascensión, pero McNulty flojea, de forma que llegan las dudas. La táctica errática y fallida pasaba ahora al campo del UAE, que caía en la cuenta de que estaba sacrificando su mejor opción de victoria por defender a un líder exhausto. Una zozobra que es aprovechada por Roglic con picardía, que comienza a abrir distancia, seleccionando al grupo en la parte más dura. Finalmente Pogacar se decide a marchar en pos del grupo de Roglic y McNulty queda a su suerte, pero es quizá demasiado tarde. Roglic corona solamente con Carthy y Gaudu como compañía, quedándose poco antes de coronar Landa y Valverde, sacando a Pogacar, Adam Yates, Vingegaard y Vansevenant solamente 17 segundos. Por detrás, McNulty pasaba con Bilbao a 1'13''.

Roglic comienza su particular exhibición. Se desentiende de los compañeros de escapada y comienza a tirar él solo. Parece que la victoria sobre su compatriota se haya convertido en una cuestión muy íntima. A pesar de que a Roglic parece que no le importen las derrotas, da la impresión de que las tenga muy presentes en el momento en el que corre con tanta determinación. Por detrás, Pogacar se muestra especialmente inquieto. Da la impresión de que le han desbaratado por completo las tácticas de equipo. Ha intentado jugar a buen gregario, pero su ambición personal le obliga a rebelarse contra ese falso papel de compañero fiel. Gesticula, se recoloca los mechones que le salen por las ranuras del casco, escupe, va al coche. No está tranquilo, no tiene controlada la situación. McNulty da la impresión de poder conectar, pero Pogacar parece que trate de evitarlo, acelerando el grupo. Detrás no lleva precisamente una compañía dada a colaborar. Solamente Adam Yates se presta; los demás no tienen interés o simplemente no han sido en sus largas trayectorias muy proclives a la colaboración (como el caso de Valverde o Chaves). De hecho, los relevos de Valverde son más bien arreones que rompen el ritmo. Vingegaard se mantiene bien soldado a la rueda de Pogacar, por supuesto, esperando su turno si su líder falla. Una vez confirmado el naufragio de McNulty, Pogacar se las tiene que apañar solo y parece llevar el día bastante cruzado. 

¿nervioso o tranquilo? (foto vía faustocoppi60; abajo: Maika Salgueiro)

 

Las tornas cambian. En la Planche de les Belles Filles era Roglic el desencajado y Pogacar el relajado. El joven esloveno parece ser de los que tampoco dan mucha importancia a perder o ganar, pero esta vez parece estar especialmente descontrolado, haciendo gestos a sus compañeros, desesperado. Intenta descolgarlos, sin éxito (sale Valverde a su rueda). En Trabakua se quita los guantes y decide tirar hasta el final, decide morir matando. En realidad lleva tirando todo el día: para un líder que no era el líder, para reducir una ventaja que es mínima, para perseguir a su enemigo íntimo. Por delante, Roglic conseguía por fin la colaboración de Gaudu y en menor medida de Carthy.

La subida a Usartza simplemente confirmó lo que ya se veía venir. Gaudu conseguía el triunfo con enorme merecimiento, gracias a su colaboración final con Roglic, y por detrás Valverde y Adam Yates disputaban el tradicional sprint en bajada a Pogacar. La maravilla eslovena ni siquiera había podido desbancar a Vingegaard, muy sólido durante toda la etapa, teniendo que conformarse así con la tercera plaza. Una plaza demasiado amarga para alguien que venía de arrasar en los Emiratos y en Tirreno. Un triunfo a lo grande para Roglic, superando su maldición del último día.

Si colaboras, Roglic deja ganar. (via @ccvolata)

 

Roglic consigue así por fin resarcirse de un inicio de temporada tormentoso, a pesar de sus triunfos parciales en París - Niza. La fama de pancartero que muchos le achacan (los asiduos a los canapés, los del "no saluda") ha quedado completamente desmentida. Por su parte, Pogacar tendrá que aprender a dominar su genio en situación complicadas, siendo consciente de que no cuenta con un equipo que pueda ayudarle en los momentos delicados. En UAE no pueden ganar con cualquiera, al menos no todavía: no son Ineos, no son Deceuninck. Quizá sea una buena lección para que evite confiarse demasiado: fuerzas le sobran. En definitiva, el duelo esloveno no acaba más que comenzar y de momento está eclipsando al duelo de los niños del ciclocross en las clásicas, donde Asgreen y Stuyven (y en menor medida van Aert) llevan la delantera.