La temporada 2025 ha comenzado con el paso titubeante de un recién nacido, pero al poco de iniciarse su camino ya han surgido los primeros problemas, en forma de carreras inseguras y plantón de corredores como respuesta. En mi cabeza de cronista bullen desde hace días temas sobre los que hablar y debatir, en este bizantinismo creciente que impera en las redes sociales, sobre todo si se trata de un deporte o actividad de nicho, como se dice ahora. Algunos de esos temas, sobre los que llevo pensando más tiempo de lo conveniente, al salir de tanto en tanto en las redes sociales, son la limitación presupuestaria de los equipos, un posible draft para igualar a los equipos, las necesarias mejoras de seguridad (sin alterar sustancialmente la esencia del ciclismo) y los posibles incentivos para hacer de las etapas llanas, sobre todo en grandes vueltas, algo menos anodino. En gran parte son temas que me aburren y sobre los que no desearía hablar. Conclusión: es todo muy complejo y no tengo respuestas claras ni únicas. Es más, en estos tiempos de "gatillo fácil" e inmediatez, prefiero madurar mi opinión, sí, a la luz de los acontecimientos, dejando un tiempo para la prueba y la reflexión.
lunes, 10 de febrero de 2025
lunes, 21 de febrero de 2022
IMPRESIONES DE PRINCIPIO DE TEMPORADA
Con casi un mes de temporada en marcha, ha llegado el momento de dar dos o tres pasos hacia atrás para contemplar el paisaje y poder ver lo que poco a poco se va dibujando sobre el lienzo. Como siempre, la temporada ha empezado de forma perezosa, con estallidos de buen ciclismo y con alguna que otra esperanza, que se verá truncada a buen seguro más adelante, a medida que los grandes nombres vayan despertando y saliendo de las guaridas en las que se han refugiado para entrenarse, rodeados del anonimato y oscurantismo habitual. De todas formas, en estas pinceladas iniciales y titubeantes suele adivinarse algo del dibujo final, de la imagen de conjunto que deja una temporada una vez pasada. La nota predominente ha sido el arranque vertiginoso de algunos equipos menores, como Lotto, Arkéa o Cofidis, y el languidecimiento en sus laureles de otros, viviendo como suele suceder de glorias pasadas.
| Empieza el cuadro |
Las carreras han ido saltando desde las costas mediterráneas, con sus montañas asomadas al mar, a los anodinos desiertos árabes, tan pródigos en minutos de retransmisión como parcos en árboles y público. En las carreras de Mallorca, sin retransmisión en directo, ya se vio a un Lotto bastante activo, con Arnaud De Lie y sobre todo Tim Wellens, un habitual de los comienzos de temporada. Alejado de los malos resultados del año pasado, Wellens al menos parece dispuesto a ser protagonista en las carreras menores que escapan a la voracidad de los grandes nombres. Paralelamente, en las costas francesas comenzó la temporada, con un Gran Premio de la Marsellesa para Amaury Capiot, batiendo a Mads Pedersen al sprint, y con lucimiento previo de Guillaume Martin.
| Melena al viento, camino de la ciudad más chunga de Francia |
Comenzaba de esta forma el encadenado de carreras francesas del Mediodía, siempre populares. En especial en Bessèges, una carrera muy interesante desde que la retransmiten en directo. De nuevo fue la Montée de l'Ermitage el momento culminante, con una agónica y corta cronoescalada que se llevó una vez más Filippo Ganna. La general fue para Benjamin Thomas, pistard del Cofidis (también bastante termonuclear en este inicio de temporada), en estrecho duelo con Bettiol y Tobias Johannessen. Este escenario no es nuevo para el italiano (una de sus escasas victorias tuvo lugar en Bessèges). En el caso del joven noruego, es interesante recalcar cómo la nueva generación de jóvenes que ganan en el Porvenir ahora sí acaban destacando en profesionales, a diferencia de lo que sucedía en la tenebrosa primera década de siglo.
| Thomas, Johannessen y Bettiol. |
La Volta a la Comunitat Valenciana presentaba una buena participación, con el aliciente del debut de Remco Evenepoel, rebotado de la cancelación de Argentina. En Torralba del Pinar el joven belga encontró un territorio propicio para una de sus habituales demostraciones de rodador. En zonas de falso llano o de subida con porcentajes regulares es muy bueno, como ya lleva demostrando desde que se cortase la melena de futbolista. Después del triunfo inicial parecía tener todo a su favor, hasta que en las Antenas del Maigmó, en un tramo de tierra y piedras, las fuerzas comenzaron a flaquearle en el mismo instante que Vlasov comenzaba a volar. El ruso había sido el único en plantear una mínima oposición a Evenepoel en la primera etapa, y en las rampas en las que el belga comenzaba a sofocarse, Vlasov sacaba a relucir la liviandad de escalador que le hizo muy prometedor en sus primeros años en Astana, antes de que blancazos varios pareciesen eclipsar su progresión. El hundimiento de Evenepoel (nada dramático, por otra parte) nubló el entendimiento de algunos “expertos” belgas, que clamaron contra un insignificante y apenas decisivo tramo de tierra; algunos de ellos forma parte del coro habitual del "sexto monumento" (como si las carreras fuesen vinos que etiquetar con apelativos pomposos para nuevos ricos).
| En Bora, liberados del lastre de Sagan, comienza a volar. |
Menos interés presentó el Tour de Arabia, más allá de algunos insólitos paisajes. Maxim Van Gils fue el protagonista, un nuevo Lotto y un nuevo belga, destrozando a los Quick Step en un final digno de la película de Thelma & Louise, como alguien señaló por twitter. De vuelta a Francia, en La Provence, Nairo Quintana empezaba a perfilar su revival de 2020. Después de algunos días de viento y abanicos en la Camarga, Quintana reclamaba su cetro de mejor escalador en la Montagne de Lure, atacando hasta tres veces y consiguiendo que Alaphilippe, con más ansias que buen estado de forma, se acabara abriendo de patas. Por su parte, Kristoff se llevaba el triunfo en Almería y Covi en una remozada Vuelta a Murcia, con un más interesante final en Cartagena. Llegaba así la esperada Jaén Paraíso Interior, carrera que ofreció dureza aunque no desmasiada emoción: desde que hubo televisión, Lutsenko fue la apisonadora que necesitaban esos tramos de tierra llenos de pedruscos. Aun tratándose de un sucedáneo de la Strade Bianche, la carrera dejó un buen sabor de boca. Quién lo diría, dados los organizadores. Con menos envoltorio que su precedente toscano, la carrera mostró más dureza, en especial en un repecho final solo apto para la fuerza bruta.
| Cajas de cristal en Arabia. |
| Podium made in Spain. |
Así pues, llegamos a esta semana pasada, con una concentración de carreras que ha hecho salivar a los adictos. En Andalucía, quizá sin tantas figuras como se esperaba, la general ha sido finalmente para Wout Poels. Los Bahrain parecen seguir llamando a la puerta de los grandes momentos de la temporada con su banda de sólidos veteranos, para los que el sentido común parecía no haber reservado más futuro que una digna y anónima retirada. En Algarve, Evenepoel no contó con mucha oposición, gracias al caramelo en forma de contrarreloj de treinta y tantos kilómetros que la organización suele brindar. Evenepoel hizo una demostración de rodador acoplado en esta crono, perfeccionando incluso su postura. La crono fue larga para los estándares actuales y el mazazo de Remco bastante rotundo. Además, al joven belga se le ve más macizo, más musculado, menos apto para las subidas, como una versión mejorada y más joven de Campenaerts o un niño sanote de esos que pintaba Brueghel.
| ¿Quién decía que debían prohibirse las bicis de crono? |
Pero el auténtico ciclismo, el trepidante, se vivió en los Alpes Marítimos. La carrera se resolvió en las proximidades de Niza, en un territorio comanche siempre propicio para las emboscadas: no en vano, a los romanos les costó tanto conquistar esta estrecha franja de terreno en la que los Alpes caen casi en picado sobre el Mediterráneo, con sus localidades encaramadas en riscos al modo italiano y sus puertos solo aptos para piratas. Pero si no eran suficientes las trampas y atractivos que ofrece el entorno, a la organización, con extrema laxitud, no se le ocurrió otra cosa que dejar las cosas a su libre albedrío, sin tener en cuenta unos mínimos estándares de seguridad. Bolardos e isletas sin señalizar, coches mal aparcados al borde de la ruta, coches parados de forma improvisada en la calzada, de cara a los ciclistas... Un sinfín de despropósitos, que se suman a los propios de una zona muy urbanizada. En julio esto hubiese sido una carnicería y en parte todo ello explica por qué el Tour visita tan poco esta zona (y ya se recuerda qué sucedió la última vez: un plantón).
Así pues, este fue el escenario, y Nairo Quintana, Tim Wellens y en menor medida Thibaut Pinot y Guillaume Martin fueron los protagonistas. En la segunda etapa, Nairo Quintana atacó en el col d'Èze, siendo alcanzado por Wellens en el falso llano que conducía hasta La Turbie. Pero Quintana no había dicho la última palabra y se sacó de la chistera una última jornada antológica, muy disfrutable a pesar de ser en un momento menor de la temporada. Aprovechando un ataque temprano de Pinot en el Col de Saint-Roch, Quintana se lanzó a la ofensiva, acompañado inicialmente por Edet. Faltaban 35 kilómetros para meta. En el descenso, Quintana dio alcance a un titubeante Pinot, y en las reviradas carreteras del valle, llenas de sube y bajas y obstáculos, Quintana se deshizo de su cogeneracional y se marchó en solitario hacia un gran triunfo. Por su parte, Wellens había dado alcance al grupo de Pinot, Storer y Guillaume Martin, aunque el colombiano le iría sacando ventaja arriesgando en cada curva y dándolo todo en cada ligero repecho. Nairo volvía así a su versión pre-pandémica, a su termonuclear inicio de temporada de 2020, antes de que la pandemia paralizase todo durante la primavera.
| Uno de sus grandes días. |
¿Son estas demostraciones y estos momentos sintomático de algo? Sí, son síntoma de que los pequeños equipos han salido a tope para mantener o conseguir una plaza en el World Tour del año próximo. Pero no, no son ejemplo de nada. Vivimos años de trinchecarlovización del ciclismo, de exagerar la trascendencia de cualquier carrera, ciclista o equipo, hasta rozar los límites de la caricatura. Han sido buenas carreras, momentos interesantes, pero lo mejor está todavía por llegar.
miércoles, 24 de febrero de 2021
UNA NUEVA TEMPORADA QUE COMIENZA
Es importante ir escribiendo de ciclismo poco a poco, dejando constancia de las carreras que se van disputando, por pequeñas que sean, trabajando al modo de un arqueólogo que enumera y cataloga fragmentos y piezas dispersas, antes de que un huracán, una inundación o simplemente el olvido se lleve todo por delante. A día de hoy es inútil hablar de carreras mayores y menores, cuando el ansia de ciclismo es tan grande y la incertidumbre en el futuro tan sombría. El lector habitual de este blog se habrá dado cuenta de que el enfoque
tiende más bien al recuento y a la enumeración, al registro "a mi manera"
de los sucesos, que al afán de crear debate. Disfrutemos mientras podamos de este deporte, alejándonos de dogmas prestablecidos, de sueños nostálgicos (con el Marca como almohada) y sobre todo de polémicas mezquinas, centradas más en la cacería personal al contrario que en crear auténtico contenido.
Así pues, vengo a hablar de las pequeñas carreras que se han disputado hasta el momento, de los breves destellos de calidad ciclista que se han ido viendo en este último mes, sobre todo en el sur de Francia. El calentamiento global está dejando atrás las estampas nevadas de las París-Niza de los noventa, habiéndonos habituado a las primaveras adelantadas. Ahora el ciclismo es más que nunca un deporte que puede disputarse (en determinadas zonas) desde enero a diciembre.
![]() |
| A pesar de todo, el Ventoux luce nevado. |
La Etoile de Bessèges se vio reforzada por la cancelación de las carreras de España, sumida en una desastrosa tercera ola. Esta carrera, últimamente reservada para el pelotón francés, se presentó como una París - Niza en miniatura, con cinco etapas muy disputadas, contando con un Ineos casi de gala, en el que la presencia poderosa de Filippo Ganna destacó por encima del resto. Acabó llevándose nada menos que dos etapas, una con un demarraje en los últimos kilómetros (lo que hace prever que no desentonaría en una clásica) y la victoria final contra el crono en la Montée de l'Hermitage, una subida que resultó agónica. Como bien apunta Daniel Monfort, la retransmisión francesa fue tan hábil como acostumbra en escamotear al espectador los detalles paisajísticos molestos, incluso tratándose de una carrera menor. El triunfo final fue para Tim Wellens, después de resolver una fuga de mucha calidad (con Kwiatkowski, Gilbert y Van Avermaet, entre otros) a su manera, con un ataque, un descenso de pedalear y los antebrazos sobre el manillar.
![]() |
| Ganna jugando a las escapadas. |
El Tour de La Provence, de cuatro días, fue la siguiente carrera. En ella también Ineos presentó a Bernal, Sosa y Thomas, al igual que estaba presente el ganador del año pasado, el otrora renacido Nairo Quintana. La carrera tenía como máxima expectación la subida al Mont Ventoux hasta el Chalet Reynard, donde Quintana marcase su "record" en 2020, antes de que todo saltase por los aires. La carrera empezó con dos triunfos seguidos de Davide Ballerini, nuevo sprinter en ciernes de esa factoría fordista del sprint que es la manada, y con el lucimiento personal de Julian Alaphilippe, atacando a falta de 70 kilómetros para meta, llevándose consigo a Moscon y Ciccone, desaparecidos en 2020. En el embite del Chalet Reynard, Bernal mostró una cara más esperanzadora, pero el triunfo fue para Iván Ramiro Sosa, en su versión más famélica, por delante del propio Bernal y de un Alaphilippe que quiso probarse en montaña. El triunfo final fue para Sosa, bastante desapercibido el año pasado en los momentos importantes.
![]() |
| El Chalet Reynard sigue siendo una parada colombiana. |
Y finalmente, la tercera carrera francesa, en este camino hacia la París-Niza, ha sido el Tour des Alps-Maritimes et du Var, ya solo de tres etapas. El triunfo final fue para un sorprendente Brambilla, que por fin recobra su golpe de pedal y su maestría para los finales navajeros, después de unos años de anonimato. Después de una primera etapa no televisada con triunfo de Mollema, la segunda etapa fue para Michael Woods, en un final que parecía muy cómodo para sus aptitudes de uphill finisher. Sin embargo, en la última etapa se armó un buen espectáculo en el territorio comanche de los Alpes Marítimos, tan apto para emboscadas. Cobró bastante protagonismo el col de Madone, subida muy atractiva, que no es de extrañar que se convirtiera en el lugar de los test del Dr. No del ciclismo, el infame y maquiavélico Ferrari. El duelo con el cuchillo entre los dientes que libraron Brambilla y los Groupama por ese sube y baja revirado resultó muy interesante, con Madouas y Molard incapaces de reterner al italiano, y con Geoghegan Hart dando señales de que Ineos este año se está pertrechando bien para los objetivos venideros.
![]() |
| Brambilla renace (sin puños mediante). |
Llegamos así al Tour de los Emiratos, la carrera que señaló el descenso a los infiernos de la primavera pasada, no solo para el ciclismo sino casi para el deporte en general. A día de hoy se han disputado cuatro etapas, marcadas por las anodinas rectas por el desierto, el constante martilleo propagandístico con resorts, apartamentos, banderazas y rascacielos, y la triste sensación de estar viendo un país vacío que parece reclamar a gritos, a pesar de exudar petróleo, que lo llenen: de coches, de visitantes, de lo que sea. Una sociedad montada al modo de la antigua Grecia, con su casta de ciudadanos (aquí con túnica blanca), sus metecos (occidentales) y su tropel de esclavos (del sudeste asiático y el Indostán), pero sin ningún atisbo de democracia, se ha montado una carrera de trotones extranjeros para su disfrute y propaganda. Y los equipos cumplen, quizá incentivados, con sus mejores galas, como escuderías de caballos que bajan con docilidad la cabeza ante la mano que masajea la crin. Una carrera que, a pesar de todo, va ganando espesor y se va convirtiendo en algo interesante con el paso del tiempo: así lo atestigua su palmarés.
En la primera etapa, los abanicos fueron los protagonistas, al modo de aquel mundial de la vecina Doha que se decidió en los primeros kilómetros. El Deceuninck siempre ha sentido predilección por estos espacios desolados en los que el viento campa a sus anchas, desde los tiempos de Boonen. Y así lo hicieron, aprovechando un sprint intermedio estiraron la cuerda y esta se rompió. Por delante quedaban los mejores de la carrera, Pogačar, Adam Yates y Almeida. A los demás se los tragó el desierto. El triunfo finalmente fue a parar a Mathieu van der Poel, en uno de sus sprints mágicos, de pura fuerza desbocada, en el que pudo desarbolar un sprint dirigido para el triunfo de los Deceuninck con cualquiera de los suyos. Sin embargo, poco podría disfrutar van de Poel, pues al día siguiente tuvo que abandonar todo el equipo en masa por el maldito virus.
![]() |
| van der Poel gana a Dekker. Grandes hijos del ciclismo holandés. |
La crono del día siguiente fue, cómo no, para Filippo Ganna. Como siempre, resultó un placer ver al italiano en acción, con sus piernas interminables, con su aparente liviandad a pesar de su potente masa, rodando por carreteras peraltadas pensadas para el disfrute del motor y el despilfarro de gasolina, recortado como una estampa de poster sobre ese skyline que nada tiene que envidiar a la arquitectura más demoníaca de Benidorm. Pogačar y Almeida se defendieron muy dignamente, sobre todo el esloveno, demostrando que su portentoso tramo llano de camino a La Planche des Belles Filles no fue un espejismo y que para él poco cuentan los haters internos que lo califican de "minero".
Ya en la primera subida a Jebel Hafeet se revivió el duelo de 2020 entre Adam Yates y Tadej Pogačar, con la diferencia de que el primero contaba esta vez con todo el operativo de Ineos como respaldo, y el segundo pudo mantenerse a su rueda, no sin esfuerzo. Brandon Rivera y Daniel Felipe Martínez lanzaron al menudo escalador británico, siempre en la punta del sillín, que parece haber tomado la medida a esta serpiente del desierto, habiéndolo convertido en su particular Willunga, al modo de Porte. Pogačar pudo aguantarle el ritmo, aprovechando el viento a favor y los tramos tendidos de la subida, sacando todo su repertorio de escalador de fuerza que apenas necesita levantarse del sillín, subiendo a base de rítmicos cabeceos. Al acercarse el final, el joven esloveno sacó a relucir su clarividencia y zorrería para resolver finales así, con una veteranía impropia de su edad, tomando impulso para adelantar a Adam Yates justo antes de la curva decisiva.
![]() |
| Pogacar desvela su genio ante sus amos. Qui paga, mana. |
A falta de que termine el Tour de los Emiratos, así sigue el ciclismo, fascinando a los que lo vivimos con interés, a pesar de sus sombras. El blog seguirá, porque el ánimo de escribir siempre es más fuerte que los deseos pasajeros de dejarlo, y el disfrute que me proporciona cada nueva temporada, con sus nuevos maillots y sus nuevas caras, se impone sobre cualquier otra cosa. Seguirá con una mirada puesta siempre en el pasado, pero sin la intención de hacer una comparativa estéril (y algo boomer) entre un pasado idealizado y un presente calamitoso, que no es tal. Se seguirá escribiendo, cuando se pueda y cuando me apetezca, sin presiones, sin intereses y con libertad. Lo cierto es que echaba de menos escribir. Desde aquí, un agradecimiento a todos estos años de paciente lectura.





