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lunes, 27 de abril de 2026

UNA LIEJA MÁS ENTRETENIDA DE LO ESPERADO, AUNQUE TAN RÁPIDA COMO SE PRESUPONÍA

La Liège - Bastogne - Liège de 2026 ha concluido sin sorpresas en cuanto al ganador, de nuevo Tadej Pogačar. Ni siquiera ha habido sorpresas en cuanto al pódium: Pogačar, Seixas, Evenepoel, la sucesión de nombres esperada. Aun así ha sido una edición entretenida. Me atrevería a decir incluso que esta edición ha tenido cierto aroma a mito, puesto que un campeón como Pogačar ha encontrado al que quizá sea su sucesor. Una sustitución pospuesta para un posible futuro, en cierta medida porque Pogačar es todavía un corredor de veintisiete años, la mejor edad en toda carrera ciclista, y Seixas es fabulosamente joven. El tiempo pasa para todos, pero Seixas parece recordárnoslo con más fuerza. Los diecinueve años eran un anatema antes de Evenepoel, una precocidad a la que solo Anquetil o Saronni se acercaron. Parecía que fue ayer cuando Pogačar irrumpió con fuerza en aquel Tour desplazado de fechas, justo para dar un zarpazo insolente el penúltimo día; ahora ha encontrado una generación más joven esperando su turno. Aunque todavía tendrá que esperar. 

domingo, 20 de abril de 2025

DEMOSTRACIÓN EMPÍRICA DE LA NATURALEZA HUMANA DE POGACAR Y EVENEPOEL, BAJO UNOS CIERTOS SUPUESTOS

Una luz grisácea entraba por los amplios ventanales del aula magna de la universidad de Maastricht. Los alumnos atendían, con sus plumas preparadas, sus lentes sobre las narices y las corbatas bien enlazadas bajo el cuello. A la tarima subió el esperado profesor Skjelmose, de la universidad de Copenhague, invitado para una demostración de su novedosa teoría. El profesor era una figura enclenque, pálida y huesuda, poco enérgica. Después de un silencio expectante, su voz comenzó a llegar hasta las últimas bancadas del aula. 

lunes, 15 de abril de 2024

CUANDO EL GATO DUERME, LOS RATONES BAILAN

Ayer se vivió una interesante edición de la Amstel Gold Race, de momento la segunda clásica más entretenida del año, después del final siempre cardíaco de la Milán - Sanreno. Parte del aliciente de la prueba residió en la pasividad de Mathieu van der Poel, al que todo el mundo daba lógicamente como absoluto favorito, dado el encadenado de exhibiciones previas. Aunque siempre rodó en la parte delantera del pelotón, el campeón del mundo dio la sensación de desentenderse de la carrera en su parte final. Así pues, mientras el gigante roncaba en el interior de la cueva, los enanitos aprovecharon para escaparse con sigilo. 

sábado, 22 de abril de 2023

PUESTA AL DÍA

Esta va a ser una crónica perezosa y a destiempo, simplemente motivada por la necesidad de dejar un registro escrito de lo sucedido. Me perdí las carreras de la última semana, de manera que tiene poco sentido hacer ahora una crónica exhaustiva de ellas, me centraré tan solo en los elementos polémicos. Porque en realidad no hubo ninguna sorpresa, como no lleva habiéndola a lo largo de toda la temporada. Tan solo cinco equipos han ganado todas las pruebas World Tour disputadas, con el añadido de que dos de esos cinco equipos, Ineos y Soudal - Quick Step, han ganado solamente una prueba cada uno. Entre Jumbo, Alpecin y Pog...ejem, UAE, se han repartido el pastel. Siempre son los mismos nombres, repetidos en bucle, y parece que la situación no va a cambiar en un futuro inmediato.

domingo, 17 de abril de 2022

VAN BAARLE COMPLETA POR APLASTAMIENTO EL PÓKER DE INEOS

Después de unos inicios de temporada titubeantes, en los que UAE y Jumbo les habían comido la tostada, Ineos ha vuelto por sus fueros con cuatro victorias enlazadas. El hambre ha vuelto y el festín pantagruélico también. A la Ituzli con Dani Martínez, la Amstel Gold Race con Michal Kwiatkowski y la Flecha Brabanzona con el debutante Magnus Sheffield, han sumado finalmente la París – Roubaix con Dylan van Baarle, indudablemente la carta de más peso del póker. El equipo británico parecía tan impaciente por poner en marcha su operativo que ni siquiera han esperado a los tramos adoquinados. Han puesto la centrifugadora desde el inicio, ayudados por un viento de cola que ha permitido pulverizar el récord de Van Avermaet y compañía. Además, van Baarle ha distanciado a van Aert con la diferencia más abultada en meta desde los dos minutos que Cancellera infligió a Hushovd en su increible marcha motorizada de 2010. 

Ineos ha vuelto a rearmarse.

 

De las anteriores carreras no hubo crónica (por descanso del personal). Dani Martínez se llevó con facilidad una Itzulia en la que Remco Evenepoel era el rival más cercano antes de la etapa de Arrate. La última etapa fue movida, con escaramuzas de Roglic en Krabelin en favor de Vingegaard y bajadas trepidantes por parte de Pello Bilbao. Evenepoel se desenvolvió bien en el descenso, salvando incluso la papeleta a Martínez. Pero en la última ascensión, el belga estalló y el triunfo parcial fue finalmente para Ion Izagirre, en el típico sprint en bajada. Poco más. 

Segunda vuelta de una semana para Martínez después de Dauphiné

 

La Amstel fue realmente bastante anodina, resolviéndose al final en un sprint entre Michal Kwiatkowski y Benoît Cosnefroy. El polaco, renacido después de varias temporadas en blanco, supo obrar con zorrería, escamoteando relevos a Cosnefroy y sacando a relucir su brillante golpe de riñón final, el mismo con el que le birló toda una Sanremo a Sagan en la misma cara. De nuevo hubo una falsa incertidumbre en la meta, por el ambiente chapucero que rodea habitualmente a esta carrera: se anunció como vencedor a Cosnefroy, antes de que saliese una photo-finish en la que el polaco se imponía de forma clara. 

Llegada ajustada, pero no tanto como en 2021

A continuación, el Ineos volvió a exhibirse en la Flecha Brabanzona, una carrera que, como viene siendo habitual, suele estar entre lo mejor de la primavera. Un tiempo de perros era el perfecto condimento para el tremendo espectáculo que se vio, con un Evenepoel desatado (en todos los sentidos, incluso en el marrullero) y un Ineos que actuó como una hidra de tres cabezas contra el menudo belga. Ben Turner, Tom Pidcock y Magnus Sheffield controlaron a la perfección un grupo en el que también marchaban Tim Wellens, Benoît Cosnefroy (con ganas de revancha), Victor Campenaerts y Warren Barguil. Evenepoel parecía el más fuerte, pero su inexperiencia en el pavé le jugó alguna que otra mala pasada. Siendo sinceros, el belga debería haber sido expulsado de carrera por un empujón a mala leche a Ben Turner: ¿pero qué se puede esperar si no de alguien crecido en el caldo de cultivo del fútbol base? Finalmente Magnus Sheffield (otro de 19) se marchó por pura fuerza en el llano, al no pasar Wellens al relevo. La exhibición de rodar del norteamericano, baba en la boca incluida, fue de las que hacía tiempo que no se veían. Por detrás, Wellens se llevó el sprint, pero el bandazo claro que realizó, entorpeciendo a Cosnefroy y a Evenepoel, le supuso la descalificación.

Quién diría que el de la foto tiene 19 años...

 

Pasemos pues a los acontecimientos de hoy. La carrera ha sido frenética en su inicio, perdiendo intensidad a medida que pasaban los kilómetros y la exhibición se hacía más evidente. El chorro burbujeante del champagne ha dejado paso a un aguachirle final, a engullir sin saborear. 

Desde que la carrera se retransmite íntegra, los primeros kilómetros de la carrera se desarrollan a un ritmo vertiginoso, ofreciendo la imagen especular idealizada de lo que debería ser el inicio de cualquier etapa de Tour. Así ha sido también esta vez. Pero la lucha constante por la escapada ha sido sustituida esta vez por una acción consciente de Ineos, aprovechando el viento de costado y pillando relajados en la parte trasera del grupo a van Aert, van der Poel y Küng. Ineos ponía toda la madera en la caldera, con Cameron Wurf y Magnus Sheffield en cabeza, siendo acompañados por Declercq de Quick Step y Soupe de Total. Por detrás, la reacción fue algo perezosa, con Groupama y Alpecin viéndose forzados finalmente a liderar la persecución y Jumbo desentendiéndose del tema. 

Zafarrancho de salida.

 

Tras los primeros sectores de pavé se formó un quinteto delantero, la que iba a ser la escapada del día, formada por Casper Pedersen, Davide Ballerini, Tom Devriendt, Laurent Pichon y Matej Mohoric. El francés del Arkea ya había intentado la fuga en la zona previa a los adoquines. Por detrás, la marcha de Ineos se desestabilizaba un poco, al perder a Sheffield y Wurf por caídas y con Ganna desgastándose en persecuciones individuales, debido a pinchazos y averías mecánicas. Aun así, la diferencia era abultada, superando el minuto y diez segundos entre ambos pelotones al entrar en el bosque de Arenberg.

En el paso por el bosque de Arenberg, Wout van Aert sufría problemas mecánicos en el segundo pelotón, quedándose a cola del mismo. Por delante, la escapada perdía unidades: primero Ballerini debido a un pinchazo, más tarde Pedersen. Es bien conocido el carácter caótico que adquiere la carrera a estas alturas, pero esta vez la realización ha aportado su granito de arena al desbarajuste, no mostrando ni siquiera la salida de los diferentes grupos del tramo de Arenberg. Conseguido el reagrupamiento trasero in extremis, Wout van Aert despejó todas las dudas en un tramo de asfalto. La aceleración del campeón belga permitió formar una selección, de la que al final se mantendrían Mathieu van der Poel, Guillaume Van Keirsbulck (Alpecin), Ben Turner, Dylan van Baarle (Ineos), Adrien Petit, Taco van der Hoorn (Intermarché – Wanty), Jasper Stuyven (Trek), Yves Lampaert, Florian Sénechal (Quick Step), Matteo Trentin (UAE), Stefan Küng (Groupama - FDJ) y el propio campeón belga (Jumbo).

Mientras tanto, por delante el terceto cabecero iba sumando pasos adoquinados. A falta de unos 50 kilómetros para meta, la diferencia rozaba el minuto y pico, lo que aun les permitía soñar con la victoria, al menos en el caso de Matej Mohoric. El esloveno parecía el más fuerte del terceto, rodando acoplado y atrancado, pero Devriendt, corredor relativamente anónimo, aguantaba bastante bien su ritmo en los pasos adoquinados. Su rendimiento hoy es un claro ejemplo del salto de calidad general experimentado por Intermarché – Wanty, espoleado por la “lucha por la permanencia”. Otro tanto puede decirse del caso de Pichon para Arkea. Aunque el francés sufría de forma más visible en cada tramo adoquinado, con lo cual ha acabado descolgándose. Aun así, se ha mantenido finalmente entre los mejores.

Los fugados del día que casi llegan a meta han sido Devriendt, Pichon y Mohoric.

 

De la pareja delantera, Mohoric se ha descolgado a falta de unos 37 kilómetros, afectado por un pinchazo. Poco antes también van Aert se había visto afectado por un nuevo pinchazo, alcanzando el grupo principal en otro derroche de fuerzas. El sino de su carrera deportiva parece ser el de convertirse en una nueva encarnación de Yul Brynner en Almas de metal o Arnold Schwarzenegger en Terminator: perseguir, siempre perseguir. Tras el pinchazo de Mohoric, Devriendt se ha quedado en cabeza, rodando sin demasiado convencimiento, aprovechando para avituallarse. El grupo de favoritos ya se había reducido, estando formado por van Aert, van der Poel, Turner, van Baarle, Petit, Stuyven, Lampaert, Küng, Mohoric y Pichon. Aprovechando el toma y daca general del grupo principal, Mohoric y Lampaert han saltado en persecución de Devriendt a falta de 29 kilómetros, siendo seguidos más tarde por van Baarle. El ataque del neerlandés, seco y en asfalto, ha sido bastante importante y no ha contado con reacción: van Aert ha esperado la respuesta del resto y van der Poel ha demostrado estar claramente fatigado. Era un ataque realizado poco antes de los tramos decisivos, con corredores de paja por delante, a modo de obstáculo a salvar. 

Cunetas abarrotadas en un primaveral domingo de Pascua.

 

En el tramo de Cysoing a Bourghelles, van Baarle ha dado alcance al terceto delantero. La diferencia rondaba los 40 segundos, provocando cierto nerviosismo en el grupo trasero. Van Aert ha visto que era un “ahora o nunca”, marchándose con él Küng y Stuyven: sin embargo, era ya demasiado tarde. En el tramo de Camphin-en-Pevèle, van Baarle ya se ha quedado solo delante, a falta de 18 kilómetros. A la salida del Carrefour de l'Arbre y del tramo posterior de Gruson, la diferencia del de Ineos con sus dos perseguidores (Mohoric y Lampaert) rondaba los 20 segundos. Esa diferencia finalmente se ha traducido en meta en 1'47'', en una muestra de rodar progresivo, cada vez con más intensidad. 

Demasiada gente ocupando parte de la trazada.


Con tiempo de sobra para celebrar.

 

En fin, la carrera ha terminado ahí, al salir del tramo de Gruson. Incluso antes, al salir del tramo del Carrefour de l'Arbre. Poca historia ha habido más, tan solo una clase magistral de cómo rodar por parte de van Baarle, con ese estilo suyo tan minimalista, en el que los movimientos se reducen a los imprescindibles. Por detrás, en el tramo de Hem, un espectador aplaudiendo ha derribado a Lampaert. Mohoric ha sido alcanzado por van Aert, Küng y Devriendt, y entre los cuatro se han jugado las dos plazas de podio restantes. Van Aert se ha impuesto por velocidad y Küng ha conseguido el tercer puesto sobre Devriendt por la mínima. 

Por fin en lo más alto del podio.

 

El abrazo mefistofélico de Brailsford a su corredor era toda una muestra de que las anteriores experiencias frustradas, con Wiggins, Thomas y Moscon, por fin daban sus frutos. Van Baarle culmina de esta forma su proceso ascendente, con peldaños previos en el mundial pasado y en Flandes hace dos semanas. Esta vez no tocaba perseguir a Alaphilippe o cazar a la pareja delantera. Se diría que esta vez ha ganado de forma simple, aplicando la fórmula de rodar siempre en cabeza, evitando caídas y embudos, atacando en el asfalto aprovechando marcajes, justo antes de los pasos decisivos (Camphin-en-Pévèle, Carrefour de l'Arbre) y aguantando al final. Incluso aumentando considerablemente la ventaja, en un mazazo a sus rivales en toda regla. Ha sido el más fuerte sin ningún tipo de dudas, tanto él como su equipo. Podría decirse que van Baarle simplemente se ha dejado llevar por el viento, permitiendo que los acontecimientos fluyesen de forma natural, ejecutando con una sencillez robótica las tácticas de pizarra esbozadas tantas veces y que tanto cuesta llevar a buen puerto. El desarrollo de la carrera ha sido tan simple y cristalino, tan fácil (¿podría haber sido de otra forma?), que en el fondo ha resultado un tanto aburrido.


Una victoria del equipo

 


jueves, 22 de abril de 2021

METEORITOS Y CHIRINGUITOS

Sin pararse un instante a llorar por las carreras aplazadas o canceladas, continua la frenética crónica del ciclismo realmente existente en este 2021. Toca el momento de las carreras ardenesas, en las que suelen entrar habitualmente nuevos protagonistas en escena. Los cánones hablan de la Flecha Brabanzona como transición entre las piedras y las colinas. Esta vez, esa transición ha sido brusca, con la irrupción de un nuevo fenónemo, uno más en estos tiempos plagados de niños prodigio: Tom Pidcock. Los expertos lo vaticinaban y así ha sido. "Ha ganado el Giro y la París-Roubaix sub-23, además de ser el tercero en discordia en el ciclocross, la nueva fábrica de talentos", pronosticaban. Siempre hay que escuchar a los locos de la plaza, porque algo de razón llevan. Y es que ha llegado un nuevo corredor dispuesto a ocupar el hueco dejado momentaneamente por el menudo y lenguaraz Evenepoel. En realidad, el inglés no le va a la zaga en lo que supone el uso de las piernas y de la lengua. Polivalente, de tamaño bettinesco y muy pagado de sí, es sin duda the new big thing.  

Continua la crónica.


¿Estrella fugaz o meteorito dispuesto a arrasar con todo? ¡Ah, la gran pregunta! Mientras tanto ya se ha llevado la semiclásica brabanzona, nada menos que venciendo al sprint a Wout van Aert. La carrera estuvo francamente entretenida, con una acción trasera iniciada por Trentin, que fue continuada por Pidcock y van Aert. Los tres se colocaron pronto en cabeza, después de devorar a los escapados, y en el último paso por meta Trentin decidió probar fortuna. Es normal, no confía en un sprint que siempre mengua cuando se abandona Quick Step. También hay que tener en cuenta que supera los treinta y no las tenía todas consigo frente a corredores más jóvenes. Una vez cazado, la resolución en Overijse (la localidad de la famosa curva de la iglesia) fue cuanto menos sorprendente. 
 
"Tú hazme caso, que te lo digo yo: Pid-cock"

 
Cuando por detrás parecía que Benoît Cosnefroy podría alcanzarles en un último intento, se lanzó el sprint. Trentin lo afrontó en cabeza y van Aert salió a su distancia. Había hecho una carrera satisfactoria, cerrando cortes, dando relevos, en su estilo. No se pueden ganar todas las carreras con ataques lejanos, al modo de Cancellara en 2010, y casi es mejor que así sea. Tenía el triunfo en bandeja, a pedir de boca. Lo que nadie esperaba es que de su estela surgiese el menudo corredor británico para rebasarlo en los últimos metros. 
 
Pidcock ya va por delante.

 
La Amstel Gold Race sería la siguiente fase de este particular duelo entre dos de los grandes del ciclocross, en ausencia de van der Poel. La carrera se recortó en kilómetros y se desarrolló en el circuito del Cauberg, que tanto recordaba al triunfo de Gilbert en el mundial de 2012, incluso en lo anodino. No hay que incurrir en el error de considerar que la resolución de la carrera, incluso su desarrollo, habría sido distinto de participar van der Poel. Las cábalas hay que dejarlas para los maestros del Talmud. En estas crónicas del ciclismo realmente existente solo se habla de los ciclistas que corren carreras. 
 
La última vuelta, con la subida al Bemelerbeg, ya deparó algún movimiento. De nuevo Pidcock, y con él van Aert y Schachmann. Valverde se quedó a poco de conectar. Aunque se haya convertido en una tradición, quizá sea injusto achacar a Valverde que deje pasar siempre las oportunidades. Ha superado la edad provecta de Horner: quizá simplemente no pudo, y debería ser lo normal. Así pues, la cosa se dilucidó de nuevo entre tres. Wout van Aert cambió de táctica y decidió afrontar el sprint en cabeza, una posición de debilidad, pues a menos que haya una superioridad clamorosa en el sprint, la primera posición impide ver el momento en el que saltan por detrás, perdiéndose unos preciosos instantes de reacción. Como sucedió en Overijse, Pidcock lo igualó y pareció incluso que lo superó en la misma línea. 
 
La llegada había sido francamente ajustada, como en pocas ocasiones anteriores. La realización tardaba en señalar al ganador. Se repitieron infinidad de tomas, desde el aire, desde delante, incluso una alejada toma lateral: ninguna parecía esclarecer la situación, a la espera de una foto finish que no llegaba. Finalmente, en un ambiente algo chapucero que no es del todo impropio de los países del norte, un juez enseñó una captura en su móvil ante la cámara y sentenció: van Aert. Entonces comenzó el debate. Se habló de injusticia, se habló de imprecisiones, incluso se llegó a apuntar a una manipulación fotográfica digna de los servicios secretos de Stalin. Lo que en principio pudo ser un juego entretenido, en el que poder aprender incluso sobre la colocación de las cámaras de la foto finish y la realización de este proceso, a las horas comenzó a convertirse en una pesquisa detectivesca redundante, que ha durado días. 
 
"¿Dónde está, que yo lo vea"

 
 
En general ha primado una cierta desconfianza ante el veredicto, una desconfianza que no comparto. Hay algo de obcecación en ese no querer dar el brazo a torcer. ¿Cómo una máquina va a determinar lo que mi ojo ha creído ver con completa seguridad? También hay algo de periodistas intentando rellenar vacíos. Ya se sabe, crear contenidos, generar chiringuitos. El ganador fue van Aert, punto. La foto finish lo dice. Lo dicen los jueces. Ya no estamos en los tiempos en los que un juez podía equivocarse en favor de un francés y en contra de un belga en el final de la París-Roubaix. Ya no estamos en los tiempos del ojímetro, por lo que la noción de ex aequo debe ser algo obsoleto, a descartar de no haber más remedio. 
 
"Gana van Aert" "¿Gana quién? ¿A que te meto?"

 
 
De esta manera llegamos a la clásica de ayer, la Flecha Valona. La clásica quizá más previsible del calendario, pero ¿no tiene que haber también de este tipo de carreras en el calendario? Bien es cierto que entre todos destruyeron lo que esta carrera en un día fue, pero, una vez apaleado el cadáver, ¿no tiene también su encanto, aunque de una forma un tanto retorcida, ese final en cuesta? Como es habitual, nadie se movió hasta la subida final al muro de Huy. 

La carrera empezó con la ausencia de Pogacar por un positivo en su equipo. O falso positivo, como se ha querido señalar. En realidad el equipo de los emiratos se vacunó en masa en la pretemporada, haciendo gala publicitaria de los pinchazos. Ahora se han quedado fuera y no parecían contentos. De esta forma, la carrera perdía uno de sus posibles protagonistas, y dejaba la carrera en manos de Roglic, un Alaphilippe algo alicaído, y la posible actuación marciana de Pidcock. 

La carrera apenas tuvo más aliciente que la realización prodigiosa de ASO y la escapada de corredores voluntariosos, que expiró en los pies del muro de Huy. Como nos tienen acostumbrados, se notó la mano y el dinero en las largas tomas de helicóptero y en las suaves transiciones entre las diferentes cámaras de carrera, acompañando a esta sinfonía audiovisual los bosques de la zona y sus colinas, que caen en picado al Mosa. El grupo de valientes dispuestos a romper la llegada al sprint en cuesta estuvo compuesta por Sylvain Moniquet, Alex Howes, Sander Armée, Louis Vervaeke y Maurits Lammertink, una escapada variopinta, de notas predominantemente belgas. Todos ponían empeño en mantener la aventura: Moniquet, corredor ligero, con pinta de escalador, que ya se dejó ver en la Volta, el espigado Armée en su nuevo equipo, Howes con su maillot de campeón norteamericano y una bici del servicio técnico, el antaño prometedor Vervaeke...Cuando estaban a punto de darles alcance en la Côte du Chemin du Gueuses, Tim Wellens lanzó su ataque, por no faltar a la tradición.
 
Huy (@TuristaVuelta)

Vervaeke, Moniquet, Armée (vía Arnaud Guillaume/DirectVélo)

 
El neerlandés Lammertink fue el que más duró en cabeza, intentando conseguir algo de lucimiento para su equipo, el Intermarché - Wanty, después de un inicio de temporada bastante pobre. En la entrada a Huy destacaba la mala colocación de Valverde: sus compañeros de equipo habían sido incapaces de dejarlo bien colocado, teniendo que avanzar por la acera. Kwiatkowski comandó la primera parte de la subida, lanzando miradas atrás, buscando a Pidcock. En la parte más dura atacó Roglic, que aun no domina el tempo de esta particular subida, a diferencia de Valverde y Alaphilippe. El campeón del mundo le tomó la medida, le lanzó el lazo y lo superó en los metros finales. Llevaba un principio de año un tanto sombrío para lo que algunos esperaban, pero es un especialista de esta carrera, como lo ha sido Valverde. Si en algo es el nuevo Valverde es en su dominio de los tiempos en el muro de Huy. 
 
Ya tiene su portada (y como siempre, las mejores en el Pravda)

 
Mientras tanto, en el Tirol se está desarrollando el ahora llamado Tour de los Alpes, antiguo Giro del Trentino. Aparte de la resurrección de Gianni Moscon (uno de los pocos corredores en los que pueden seguir confiando los italianos, a pesar de sus marrullerías), lo más significativo ha sido el rendimiento de Simon Yates, poderoso en subida pero también en las bajadas de pedalear y en los falsos llanos. Un poco a la manera de ese Simon Yates de 2018 que humilló a sus rivales camino de Sappada, antes de desaparecer, medio grogui, en las rampas de le Finestre. De momento se presenta fuerte de cara al Giro, en el que puede ser favorito al triunfo final si no se tercia una pájara, un virus o cualquier otro infortunio. Es de los ciclistas tocados con la varita de la mala suerte, en especial en el Giro: como Kruijswijk, como Thomas, corredores que perdieron en Italia su oportunidad, y difícilmente se les volverá a presentar otra. Los rivales de Simon serán Bernal, todavía dolorido, y la incógnita de Evenepoel, que correrá en Italia recién "llegado de la playa".
 

lunes, 22 de abril de 2019

UNA NUEVA RELIGIÓN

"Today's @Amstelgoldrace was hands down THE BEST bike race I have EVER seen. Absolutely incredible! Congrats @mathieuvdpoel! - Lance Armstrong
 "Vamos, no recuerdo yo una cosa igual desde hace muchos años (...). Esto dejémoslo como está, que cada uno saque sus conclusiones, pero hace afición" - Eduardo Chozas


Domingo de resurrección, un día más que propicio para que el dios del ciclismo encuentre su nueva encarnación. Los fanatismos religiosos y políticos están de moda y en el mundo del ciclismo, tan acompasado con el discurrir de tiempos y modas, ha nacido una nueva religión. El cuerpo yaciente del elegido por los genes, exánime y sofocado, con su Canyon entre las piernas cual cruz camino del Calvario, es la nueva imagen del ciclismo. Pero una vez aplacada la emoción de una resolución tan sorprendente y apabullante, la pasada Amstel Gold Race deja un regusto a mezcla extraña. Lo visto fue tanto un relato bíblico como una crónica marciana, a la manera de las novelas de J.J. Benítez. Incluso Armstrong dio el beneplácito a lo visto ayer. Esperemos que el joven van der Poel no sea como aquellos extraterrestres de V: bello por fuera, lagarto por dentro.

Las gafas, ¿son unas Oakley?

La carrera estaba perdida para van der Poel y para todos los demás a falta de 2 kilómetros. Alaphilippe tenía la carrera en el bolsillo, acompañado en su ataque lejano por un Fuglsang siempre solícito a dar relevos. A lo largo de los 30 kilómetros de escapada, el francés había ejecutado toda su galería de gestos. Estiramientos de espalda, relajación de las piernas, codos para que entre el compañero al relevo, miradas hacia atrás, cimbreos varios, estrujamientos al bidón para que pierda peso, movimientos con los brazos para relajar hombros y omoplatos, ajustamientos de la presión en las zapatillas. Estaba cómodo, pues se trataba de gestos intimidatorios, como siempre en él. El danés iba a hacer, otra vez más, de primo. Al igual que en Rio, cuando condujo a Van Avermaet a la victoria. Igual que en Siena. Pero los acontecimientos iban a cambiar de golpe. A falta de 4 kilómetros, Fuglsang dejó de dar relevos. Los gestos del francés comenzaron a mostrar nerviosismo. Pero ni Alaphilippe ni Fuglsang esperaban el tornado que venía de atrás, llevándose todo por los aires.

No es Arkansas, es el Limburgo holandés
Pero empecemos por el principio. Cuando conectaron las cámaras de televisión, a falta de unos 60 km para meta, la tranquilidad era alarmante. Por delante marchaba una fuga consentida (Bole, Van Asbroeck, Julien Bernard, Baugnies, Sprengers, Verwilst, Schär, Meisen y van der Lijcke) y por detrás todo parecía relajación, camaradería y buenos sentimientos. La carrera no auguraba nada bueno. Astana controlaba, Valverde se dejaba ver por delante. Sin embargo, en Gulperberg, a falta de 43 km, van der Poel ya decidió ponerlo todo patas arriba. Parecía sin duda un ataque alocado y prematuro, pero que avisaba acontecimientos futuros. Sólo Gorka Izagirre le cogió rueda, para no pasarle al relevo. El Corendon no descolgó a Meisen, también ciclocrossman, para que ayudase a su líder, hecho bastante incomprensible dado el llano posterior al Gulpeberg, con carretera ancha y cómoda para perseguir. Así pues, dieron caza a van der Poel. En el Kruisberg, la siguiente cota, es Alaphilippe el que ataca, acompañado de su gregario Devenyns. Quedan 36 kilómetros para meta. ¿Una temeridad? A continuación vienen casi todas las cotas enlazadas, los caminos estrechos, la persecución por detrás será un caos. Parece la decisión correcta. Con Alaphilippe se van Fuglsang y Trentin y en dos patadas dan alcance a los fugados. Van der Poel, sofocado por el anterior ataque, no aparece. Al final de la cota, sólo quedan por delante Alaphilippe y Fuglsang, un Quick Step y un Astana. A van der Poel no se le ve todavía. De hecho no está, le han pillado descolocado y cansado en el momento decisivo, como le sucediera en el Oude Kwaremont. Ay, estos niños del ciclocross tienen que aprender todavía a correr, pensé.

Van der Poel en el Gulpenberg. Quedan 43 km.

Alaphilippe en el Kruisberg. Quedan 36 km.

Los acontecimientos me depararían como espectador una "caída del caballo" en toda regla. Si se llevan las sandalias aladas de Hermes no es necesario tener el cabezón de Atenea. El Kruisberg había dejado una situación de carrera bastante controlada, con Alaphilippe y Fuglsang por delante, y Kwiatkowski, Trentin y Woods por detrás. Estaba claro: Fuglsang daría relevos hasta la misma puerta del matadero y Alaphilippe se lo merendaría sin piedad. Mientras tanto, las cámaras de televisión mostraban a Sagan padeciendo, con el gesto torcido, sin la fuerza de antaño, como un Sansón sin su melena: la comedia de la vida en la que acabaría convirtiéndose la carrera le había reservado el papel de "rey muerto", mientras que a otro le iba a dar el de "rey puesto".  Y a todo esto, ¿dónde estaba Michael Valgren Andersen? ¿Y Bettiol?

Maldición, yo creía que iba a ganar Alaphilippe, como Ares (Caravaggio, c. 1600)

En esta ocasión, a diferencia de en las 12 pruebas, sí ganó el más fuerte.
Woods se quedó del terceto perseguidor, siendo engullido por el grupo. A falta de unos 15 km, Schachmann, Mollema y Clarke se destacaron por detrás en el falso llano posterior al Cauberg. Posteriormente lo harían Bardet, Madouas y Lambrecht. Las distancias parecían ya insalvables: dos por delante (Alaphilippe y Fuglsang), otros dos por detrás (Kwiatkowski y Trentin), tres más tarde (Schachmann, Clarke, Mollema) y otros tres más detrás, separados por unos metros (Bardet, Madouas, Lambrecht), dando vueltas en el dédalo de caminos agrícolas estrechos, tan característicos de esta carrera. ¿Para qué estos realizadores de NOS estarán mostrando tantas imágenes de los grupos traseros, cuando todo parecía decantado en favor de los dos primeros, en concreto del bloody french? ¿Para mostrar la belleza de la campiña del Limburgo holandés? Menos mal que no comento carreras, pues el vendaval impredecible iba a comenzar a falta de 7 kilómetros, en la última cota, el Bemelerberg, tapándome la boca.

Poco después de pasar el Geulhemmerberg, Bardet seguido a lo lejos por Madouas.


Van der Poel comenzó a falta de 7 kilómetros su carrera contra la distancia y contra el tiempo. Alcanzó al grupo de Bardet, Madouas y Lambrecht, al que poco después se uniría también De Marchi. Le relevan. A falta de 4 kilómetros, Fuglsang decide recobrar la cordura y dejar de tirar. Hasta el momento Alaphilippe había ejecutado su comedia, cual Cyrano, dando relevos de pacotilla, mientras que los del danés eran reales. No había intentado ningún movimiento porque le resultaba más cómodo que Fuglsang lo llevase hasta meta, en andas casi. Pero Fuglsang debía tener a Vinokurov en persona al aparato. "¡Qué haces, mentecato!", parece oírse desde sus auriculares, Vinokurov en la posición de un Doctor Maligno o un Doctor Gang y Fuglsang en la de esbirro, acatando órdenes mientras agacha la mirada. Inmediatamente se para, deja de colaborar. Mira a cámara, como decían los estudios de Hollywood que nunca debía hacer un actor, y lanza su ataque. Un ataque flojo y sin convicción, al que Alaphilippe responde con facilidad. Pero las muecas del francés ya no son las de alguien confiado, si no las de alguien desesperado.


El momento en que Fuglsang recibe las instrucciones precisas.

Van der Poel tirando del carro: Bardet, Lambrecht, Madouas y De Marchi.
De todas formas, a falta de 3 kilómetros todavía lo tienen en sus manos. Les sacan 35'' a Kwiatkowski y Trentin, 53'' a Schachmann, Mollema y Clarke y unos 57'' al grupo comandando por van der Poel. A falta de 2 kilómetros, en un repecho traicionero, la diferencia con Kwiatkowski es todavía de 23'', pero poco más de 25'' con el grupo de van der Poel, que ya ha absorbido a Schachmann y compañía, además de a Trentin. En el último kilómetro, la ventaja de los dos de cabeza es de apenas de 5'' con Kwiatkowski. La comedia de los dos de delante está favoreciendo la entrada de nuevos comensales. El polaco les da alcance y trata de continuar con su ritmo, dejándolos de rueda. Alaphilippe, sorprendido, tiene que cerrar el hueco. El grupo trasero en realidad venía lamiéndole los talones a Kwiatkowski, liderado al tomar la curva final por Schachmann. A los pocos metros se pone delante van der Poel, con todos los demás a rueda. La imagen es potente: van der Poel los lleva soldados a rueda, con el gancho, como si a los vagones de un tren turístico les hubiesen puesto una locomotora de alta velocidad. Alaphilippe tiene que improvisar: inicia el sprint demasiado lejos. Demasiado lejos según sus parámetros, claro está, porque el sprint que lleva lanzando van der Poel ha empezado cuanto menos en su casa de Kapellen. Van der Poel le pasa, no hay nada que hacer para el francés. El joven holandés maltrata a su Canyon con pistonazos imposibles, con la cabeza encogida entre los hombros, moviendo la bicicleta como Abdujaparov. Detrás de él, tomando la aspiración como si de una carrera de motos de tratase, va Simon Clarke, que termina segundo, casi sin pedalear. Y Fuglsang todavía hace tercero.


Una vez pasada la meta llega el momento de los desmayos, la locura colectiva, el rapto mesiánico. El niño se tira el suelo, busca a las cámaras, que retratan su pasión como si fuese la de una imagen barroca. El muerto ha resucitado, aleluya. La estampa del nieto de oro, tirado cuan largo es en el suelo, contrasta con la otra paralela que se viera el domingo pasado en Roubaix, con su archienemigo Van Aert tendido exangüe sobre la pelusse de Roubaix, más cercano al tormento que al éxtasis en su caso.


Pasión barroca (van der Poel / Bernini)



Dolor del guerrero (Van Aert / Gálata moribundo)


Así pues, entramos con estos dos en un nuevo horizonte ciclista, o al menos eso promete el hype montado desde hace unos años en torno suyo. MvdP y WVA para los entendidos (como si se hablase de C3-PO y R2 - D2). En mi caso he sido bastante reticente a sumarme al carro. Me pillan ya mayor los actos de fanboy y no me interesan las reivindicaciones de big balls. Además, el ciclismo es un deporte en el que los actos de fe suelen tener dolorosas consecuencias. Aun así, no puedo negar mi admiración. Lo de ayer fue algo grande, un acontecimiento pocas veces visto.  No me jugaría ni un céntimo por ellos ni les dejaría al cuidado los hijos que no tengo, pero...oh dios, yo quiero un poco más de esta cosa.