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miércoles, 2 de octubre de 2013

I MONDIALI DI FIRENZE

Hace tres días, en Fiesole, los ancianos italianos que nos rodeaban, y que intentaban adularnos a nosotros extranjeros con palabras elogiosas acerca de los ciclistas españoles, y con sentimientos de solidaridad ante la pareja situación socioeconómica y política de ambos países, se quedaron realmente asombrados de que unas personas aparentemente tan educadas y calmadas como nosotros comenzasen a maldecir con la resolución del mundial, sazonando sus entrecortadas palabras con algún que otro insulto y blasfemia. Precisamente fue así como acabó el mundial, con un clamoroso desastre táctico, que hizo que pasásemos de la indignación al insulto. Y eso que no habíamos ido precisamente allí, a Florencia, a la hermosa villa de Fiesole (escalando por la empinadísima y alternativa Via Vecchia di Fiesole), a animar solo a los españoles, sino al ciclismo en general. 



De todas formas, presenciamos un auténtico espectáculo ciclístico y deportivo. Ya el día anterior las mujeres me habían puesto la carne de gallina en la subida a Fiesole, con la esperada victoria de la holandesa Marianne Vos, la dominadora total de los últimos años. Tras explorar el circuito, nos pareció lo suficientemente duro como para que Cancellara y Sagan pasasen problemas de desarrollarse la carrera rápida desde el principio. De todas formas, también pensábamos que la larga línea de meta era todo un obstáculo para las aspiraciones de Joaquím "Purito" Rodríguez y Vincenzo Nibali, hombres que debían llegar solos para vencer. El recorrido, a priori, se planteaba ideal para corredores completos y rápidos como Valverde o Gilbert, y quizá para alguna que otra sorpresa. Por supuesto, partíamos del convencimiento de que Contador había venido a Florencia de turismo.

Escaparates florentinos preparados para la ocasión.
La subida de via Salviati


En la primera vuelta, poco antes del primer paso de los corredores por Fiesole, comenzó el diluvio. Los ciclistas ya lo llevaban sufriendo desde la salida en Lucca, hecho que agrandaba más si cabe la dureza de las diez vueltas a un circuito final sazonado con tres subidas, una larga pero tendida hasta Fiesole, otra infernal en Via Salviati, y el remate, de apenas 200 metros, en Via Trento. Con esta lluvia, arrivederci Valverde, fue nuestro primer pensamiento. 

Imágenes del diluvio. Abajo: Rui Costa en uno de los primeros pasos en Via Salviati.
Gran parte del público, especialmente aquellos que no se habían pertrechado adecuadamente para la lluvia como era nuestro caso, buscó refugio en los bares del pueblo. Allí, entre noruegos, belgas y algún que otro italiano, vimos el desarrollo de la prueba, saliendo de vez en cuando para ver el paso de los corredores. La lluvia se llevó consigo a Wiggins, Froome y Horner, nada menos, también a Porte y Daniel Martin, todos ellos exponentes del "nuevo" ciclismo anglosajón, tan irregular (con lo que ello comporta, los entendidos saben) como arrollador en los últimos años. El primer paso por Fiesole se realizó a una velocidad infernal, asombrosa dadas las circunstancias, con el equipo italiano en cabeza.

En las últimas tres vueltas el diluvio remitió. Llegó la claridad, y con ella el primer ataque serio, el de Giovanni Visconti. El irregular Visconti, renacido al parecer este año, alcanzó al polaco Bartosz Huzarski, escapado prácticamente desde la salida.  El polaco había formado un infatigable dúo durante muchas vueltas con su compañero de escuadra, el checo Jan Barta. Visconti reclamó relevos al polaco ante una enfervorizada masa de italianos que veían por fin a uno de los suyos escapado. El equipo italiano ya se había "fundido" en la persecución a muerte de Huzarski y Barta, quedándoles tan solo la opción de comenzar los ataques individuales. De todas formas, el ataque de Visconti pareció ser debido más a la búsqueda del aplauso del público (Visconti es uno de los protegidos de Bettini, y suficientemente "cuentista" como para ser entrevistado cada dos por tres por la infame locutora de la RAI), que a razones tácticas de peso. Lo cierto es que marchando escapado, en el grupo scivolarono en una curva Luca Paolini y Vincezo Nibali, el líder de la escuadra azzurra.

Nibali se montó en la bici de nuevo con algo de lentitud, lo que hizo pensar lo peor. Ya sobre los pedales, su ritmo parecía renqueante, inseguro. Los ánimos de los locales parecían por los suelos, y las esperanzas en Nibali parecían haberse esfumado. Pero entonces Il Grillo Bettini puso su coche delante del corredor siciliano, y el mecánico le "arregló" un poco el freno, y así Nibali pudo reengancharse "milagrosamente" al grupo de los favoritos.  Una de las tantas argucias típicas, que pueden pasarse por alto en una etapa cualquiera, pero no en un mundial.

Lo squalo e il grillo. En el momento oportuno, el siciliano tendrá la ammiraglia a su servicio.

En el penúltimo paso por Fiesole, Visconti y Huzarski son cazados, pero nadie se mueve, y el nerviosismo aumenta. Nos cambiamos de sitio, buscando la proximidad de la pantalla gigante para no perder detalle, la gente comienza a comentar, a lanzar sus apuestas, y llegamos así a la última vuelta. El sol comienza a secar el asfalto, y Scarponi acelera el ritmo, para locura y gozo de sus paisanos de la peña ciclista de Ancona. Scarponi se lleva consigo a Purito y a Nibali. En el último paso por Fiesole, Nibali y Purito encabezan el grupo, seguidos a pocos metros por Rui Costa, Rigoberto Urán y Alejandro Valverde. Más atrás, con un pedaleo más pesado, pasan Gilbert, Cancellara, Sagan, los clasicómanos que lideraban todas las apuestas, y mucho más descolgado Boasson Hagen. "Il portoghese è pericoloso", señalo a los italianos que nos rodean. No lo conocen. El nombre de Rui Costa, o Hosta, como dicen los locales, solo les suena al de un ex-defensa de la Fiorentina. Algo me dice que puede ganar. Es inteligente y potente; sabe cuándo ahorrar fuerzas, y cuándo atacar y dar el todo, es un caza-etapas, y ya ha demostrado sus capacidades en el Tour, en el GP de Montreal, en Suiza, y se diferencia notablemente de su compañero de Movistar Alejandro Valverde, que no destaca precisamente por su facilidad en leer las carreras. De todas formas, no me esperaba un fallo tan garrafal como el que se daría a continuación.

Los dos protagonistas de la carrera: Nibali y Purito.

Vemos el desenlace en el teleschermo gigante. Un gigantesco Purito estira el grupo en el descenso. Hoy no se esnconde. Nibali intenta seguirle, pero el temor a una nueva caída impide que saque su habitual rabia en los descensos. Urán se va al suelo, estrellándose contra un terraplén. Costa y Valverde conectan. Purito parece intratable, y se mantiene en el descenso hacia Via Salviati en cabeza. Por detrás Nibali lleva el peso del grupo, fogoso y visceral como siempre (es un lujo verle correr), ante la vigilancia de Valverde y el astuto racaneo de Rui Costa. En el auténtico muro de Via Salviati, vacío de público por la absurda medida de cobrar entrada (nada menos que cien euros de entrada), Nibali y Valverde prácticamente cazan a Purito, y Costa aparentemente muestra síntomas de flaqueza. Mira hacia atrás, pero no porque le fallasen las fuerzas, como pensamos entonces, sino porque estaba "calculando" la diferencia, la distancia, la victoria... 

Purito alla grande. Detrás Nibali, Costa y Valverde.

El grupo alcanza a Purito en el falso llano que lleva de vuelta a Florencia. Pero el pequeño corredor catalán tiene uno de esos días magistrales, como en el Giro de Lombardía del año pasado. Uno de esos días en los que se deja de cálculos, como hiciera en el Stelvio el año pasado, y se lanza al ataque. Corona el breve repecho de Via Trento en cabeza, y Nibali parece cansado de llevar todo el peso del grupo. El catalán abre hueco, y todo pinta bien para los españoles: Valverde debe limitarse a vigilar detrás, a no dar relevos y saltar a cualquier ataque, y si finalmente el italiano y el portugués alcanzan a Purito, vencerles al sprint. 

En el paso elevado de las vías del tren, Rui Costa lanza su previsible ataque. El portugués ha visto que Purito ha abierto demasiada diferencia, y sus opciones de victoria comienzan a menguar. Pero entonces viene el momento crucial de la carrera: Valverde, en vez de cerrar el hueco y alcanzar al portugués, se pone a rueda de Nibali esperando que éste le lleve hasta él. ¡¡¡Fallo clamoroso!!! Valverde sabe (o debe saber) que es el más rápido, y si alcanza a Rui Costa pueden darse dos situaciones: o bien que el portugués se detenga, y gane Purito, o bien que el portugués tire (cosa improbable, pues no es tonto), y le gane Valverde el sprint. Pero no, Valverde considera más peligroso a Nibali, que nunca ha destacado por su velocidad al sprint, y que además se ha caído y lleva tirando del grupo toda la vuelta, que a Rui Costa, su compañero de equipo al que realmente conoce muy bien, y que sabe que de alcanzar a Purito no le será muy difícil batirlo.

La recta de meta, como era de suponer, se le hace interminable a un corredor como a Joaquím Rodríguez. Rui Costa le da alcance. Purito se muestre inteligente y guarda fuerzas, pero hace lo que puede ante un inconmensurable Rui Costa, que le bate al sprint aunque por poco, convirtiéndose en el primer portugués en vencer el campeonato del mundo, y con permiso de Agostinho, en el mejor ciclista luso de la historia.  Valverde, como era de esperar, bate con gran facilidad a Nibali al sprint, pero con su fallo táctico no solo ha perjudicado las opciones de Purito, sino que ha llevado al traste su posibilidad de triunfo, en un mundial que se le escapa año tras año.


Imágenes de la línea de meta: Costa bate a Rodríguez, Costa exultante, y Valverde gana a su vez la medalla de bronce frente a Nibali.


Maldecimos, blasfemamos: Porco Dio! Nunca había estado tan cerca y el resultado había sido tan amargo. Algún italiano se alegra de la victoria del portugués, espoleado por la prensa y la RAI que habían vendido el mundial de ciclismo como una nueva versión del Italia-España del fúbtol. Futboleros e idiotas hay en todas partes, en España, en Italia, y seguramente en algún que otro país más. Los belgas y los noruegos, completamente alcoholizados y empapados por la lluvia, festejan su no victoria, yo me quedo tiritando con los pies congelados, y mientras tanto Valverde se va de nuevo de vacío. Valverde es uno de los corredores más completos y polivalentes de los últimos años, uno de los mejores corredores españoles de siempre (con permiso de Indurain y Freire), y podría contar con un palmarés excepcional, a la altura de los más grandes de la historia, de los diez más fuertes,  si no fuese por sus despistes. Es bueno en montaña, rápido en pequeños grupos y muy apto para clásicas como la Lieja o la Flecha Valona. Estar en un equipo como el de Unzúe le perjudica notablemente para sus aspiraciones en las clásicas, pero de todas formas ha acumulado muchos fallos en solitario. Un cambio de rueda mal gestionado en el presente Tour, una mala colocación en el Cauberg en el mundial del año pasado, un impermeable mal puesto en una crucial etapa de la Vuelta que le obligó a descolgarse y a perder más de un cuarto de hora, un fallo de cálculo en el descenso de Monachil en la Vuelta que ganó Vinokourov, una Lieja regalada a Di Luca...demasiados errores. A fuerza de errores se ha convertido en el nuevo Poulidor, al menos de los mundiales. Con cinco podios supera al francés al menos en eso. Valverde es un corredor portentoso, pero como suelen decir en esa estúpida jerga propia los directores deportivos, "le falla la cabeza". No le puede tanto la presión como la mala gestión de su superioridad. Quizá Valverde comience a liderar la clasificación de los mejores segundones de la historia. 

A continuación un repaso a los podios de los mundiales de Valverde:

 Hamilton 2003: 1º Igor Astarloa, 2º Alejandro Valverde, 3º Peter Van Petegem
Madrid 2005: 1º Tom Boonen, 2º Alejandro Valverde, 3º Anthony Geslin
Salzburg 2006: 1º Paolo Bettini, 2º Alejandro Valverde, 3º Erik Zabel
Valkenburg 2012: 1º Philippe Gilbert, 2º Edvald Boasson Hagen, 3º Alejandro Valverde

Firenze 2013: 1º Rui Costa, 2º Joaquim Rodríguez, 3º Alejandro Valverde
Purito inconsolable en el podium. Ya son muchas cosas las que se le escapan: una Vuelta, un Giro, una Lieja, un mundial...
Florencia vista desde Fiesole, después de la tormenta. Al fondo, la cúpula de Brunelleschi entre la torre de la Signoria y el campanile de Giotto. 

martes, 11 de septiembre de 2012

¿RESURRECCIÓN DE LA VUELTA?

El ciclismo actual exige unos actos de fe para los que a veces uno no se siente preparado. La experiencia nos invita a la sospecha continua, como una especie de mala conciencia que no nos deja disfrutar del espectáculo. Pero a pesar de todo, hay que reconocerlo, esta Vuelta a España ha sido muy interesante, sin duda la mejor vuelta por etapas del año, después del decepcionante Giro y del insulso y monocromático Tour. Personalmente, a la Vuelta siempre le encuentro muchos peros...quizá como espectador llego un tanto cansado a su inicio, no viviéndola nunca con la misma intensidad y expectación con la que por ejemplo recibo el comienzo del Giro. Aun así, hay que reconocer que la Vuelta está dejando atrás, cada vez más, ese aire chapucero que tenía en los noventa: menos politicastros chupando cámara en los podium, menos vallas que impiden el contacto del público con la gente, aunque los mismos anuncios cutres de Fertiberia y Peras del Rincón de Soto...

Esta Vuelta será sin duda recordada por la etapa de Fuente Dé: una etapa no excesivamente dura en cuanto a recorrido, pero que se hizo dura por la lucha entre los corredores y por la velocidad imprimida a la carrera. La Vuelta no se jugó en las empinadísimas rampas de la senda asfaltada del Cuitu Nigro, sino en los desniveles asequibles de Fuente Dé, quedando demostrado que rampas infernales, estrechas y empinadísimas, no deciden la carrera, pues en ellas todos los corredores van a la misma velocidad, y los mejores llegan con una diferencia que apenas llega al minuto. Quizá ese hecho deba hacer reflexionar a los organizadores de la carrera, que desde que descubrieron el Angliru van a la caza de la cuesta de cabras más infernal. El Cuitu Nigro, a mi entender, fue un final inútil además de un atentado ecológico, y como la Bola del Mundo, una tortura innecesaria y un sufrimiento para el espectador que no considera las carreras ciclistas como encierros de San Fermín.

Volvamos a Fuente Dé. Cuando ya nos habíamos acostumbrado a una Vuelta de ataquitos de último quilómetro made in Purito, y las típicas arrancadas y frenadas de Contador, llegó la etapa de Fuente Dé, y nos retrotrajo a otro tiempo. Etapa que vino después del descanso, y ya se sabe qué bien sientan los descansos a Contador. Démosle de todas formas el beneficio de la duda. Valoraré la etapa de Fuente Dé, con el ataque de Contador y la remontada espectacular de Valverde, como se merece. Ataques realizados a más de 50 quilómetros de meta eran el pan nuestro de cada día del ciclismo hasta los años noventa, pero en los últimos tiempos, salvo excepciones, eran algo realmente inhabitual. Armstrong, en sus años dorados, atacaba en la base de los puertos. Contador en los últimos tres quilómetros. Purito en el último. La cosa parecía destinada a finales al sprint en puertos de primera categoría: y entonces llegó la etapa de Fuente Dé. 


Contador repite la táctica del Tour 2011: atacar de lejos. Algo a lo que no estábamos acostumbrados desde que Armstrong impuso los ataques de último puerto. A un Armstrong al que, aun siendo el gran jefe de la omertà y el dopaje sistemático de principios del XXI, se le intenta cargar hoy el muerto de ser el "único" responsable.

Por una vez Contador jugó sus cartas con inteligencia táctica, beneficiándose del conservadurismo de los equipos rivales. El Saxo Bank, que ya había dado muestras de ser más equipo que otras veces (especialmente con el polaco Rafal Majka), lanzó por delante a Hernández y Paulinho para hacer la labor de puente. Contador atacó inesperadamente en el Collado de la Hoz, a 50 quilómetros de meta, y Valverde y Purito, seguramente siguiendo el "sabio" consejo de sus directores deportivos, decidieron no actuar. Hernández le sirvió de poco a Contador, pero sí Paulinho y el siempre fiel Tiralongo, que le debía una etapita del Giro a Contador, y que tiró de él hasta la extenuación. Purito, en cambio, no encontró ni a Menchov ni a Moreno, y demostró que, a pesar de ser el corredor más explosivo, falla siempre que la lucha se inicia demasiado pronto. Valverde lo dejó con facilidad, y acompañado de Nairo Quintana se lanzó a la persecución de un Contador que daba síntomas de fatiga, mostrando un lado más humano que otras veces. Aun así, el madrileño sacó su casta de campeón para mantener la diferencia de diez segundos que llevaba al cruzar el último quilómetro. Contador gritó de rabia, Valverde demostró su fortaleza, y Purito su entereza en la derrota (la segunda del año tras el Giro).

De todas formas, Fuente Dé no ha sido una excepción este año. Cabe recordar la etapa del Stelvio, en la que De Gendt, con un ataque en los últimos quilómetros del Mortirolo, puso en jaque toda la general, y pasó del octavo puesto al tercero, aunque por instantes se puso bien por delante del insulso Hesjedal y del demasiado conservador Purito. Quizá estas dos etapas, junto con la demostración de Boonen en la París-Roubaix y las cinco etapas de Sagan en la Vuelta Suiza, hayan sido los mejores momentos de la temporada.

La hazaña de Contador no tiene algo que sí tuvo la de De Gendt: el escenario. Pero Contador se llevó la recompensa del liderato, y De Gendt se quedó a las puertas.

Así pues, me quedo con una Vuelta en la que Contador ha decidido de nuevo atacar de lejos, Valverde ha recuperado el nivel de sus mejores años, y Purito ha jugado sus opciones en todos los terrenos a él favorables, convirtiéndose en un nuevo Di Luca. También me quedo con las imágenes televisivas, sustancialmente mejoradas en cuanto a calidad (han perdido ese toque amarillento que tenían antes). Especialmente han destacado las imágenes mostradas por los helicópteros de ciudades y monumentos, en las que claramente se ve la mano de ASO. Por otro lado, parece que la Vuelta ha dejado de lado ya de una vez ese tipo de corredores-guadiana que tando han abundando en la década del 2000, capaces de dar un salto de calidad inesperado en la ronda española, conviertiéndose de pronto en rodadores-escaladores sin igual, semi-Merckxs. Me refiero a los Aitor González, Isidro Nozal, Santi Pérez, Vladimir Efimkin, Igor Antón, Ezequiel Mosquera y un largo etcétera, de los cuales Juan José Cobo ha parecido ser el último representante. A pesar del notable salto cualitativo de corredores como Moreno y Purito en el Katusha (equipo con un largo "historial"), y el pasado sin arrepentimiento de Valverde y Contador, al menos no ha habido invitados de última hora. 

Valverde hubiese acabado mucho mejor, quizá primero, de no tener como director a  alguien con un aire tan clerical como Unzúe.
Pero también habría que destacar algunos aspectos negativos, entre los que, a la ya mencionada manía innecesaria de los finales tipo Angliru, destacaría la lamentable realización de TVE. En primer lugar, la cobertura televisiva ha sido lamentable. ¿De qué nos valen etapas prácticamente enteras, con más de 100 quilómetros de retransmisión, de la primera semana del Tour, cuando nos escamotearon de la manera más burda la mejor etapa de la Vuelta a España en años? Lamentables fueron las imágenes del Collado de la Hoz, sacadas de algún teléfono móvil o algo parecido, en las que se podía apreciar los instantes siguientes al ataque decisivo de Contador.

Y por último, me queda comentar la manita y los dos dedos al aire de Contador al cruzar la última línea de meta en Madrid. Nada que objetar a que el corredor lo haga, está en su derecho, y forma parte de toda la coartada de la puntita del solomillo. Pero que los comentaristas de televisión española, De Andrés y Delgado, legitimen las siete grandes vueltas de Contador, cuando en realidad son cinco, me parece ante todo irresponsable. Si quieren contarle el Giro de 2011, de acuerdo, puedo darlo por válido, pues aunque lo perdió por la sanción lo ganó en la carretera. Pero jamás se le puede contar como válido el Tour de 2010. Si se da por buena la puntita de solomillo, ¿por qué no restituirle el Tour de 2006 a Landis, por pentito,  y por qué no, a Rasmussen en 2007, que se "retiró" cuando lo tenía prácticamente ganado? o el Giro de 1969 a Merckx y el de 1999 a Pantani...Sin duda la reivindicación de las siete vueltas, para ponerlo a la altura ya de Indurain, y también de Armstrong y Coppi, se trata de un acto de patrioterismo digno de los periódicos "futboleros", muy parecido a la expresión utilizada por esos mismos periodistas, con un total desconocimiento de lo que es el ciclismo, para referirse al dominio español: la "roja de los pedales".

¿De verdad ha ganado siete? ¿O más bien cinco?