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lunes, 30 de mayo de 2022

LA MAGLIA ROSA Y EL ESPECTADOR (UNA CORRESPONDENCIA, CAPÍTULO FINAL)

DEL ESPECTADOR A LA MAGLIA ROSA:

Verona, 29 de mayo

Me temo que esta carta equivale a un final. El final de una ilusión, maltratada sistemáticamente con el paso de los años. Creo sinceramente que no has estado a la altura; yo sí, todos los días al pie del cañón desde el inicio de la retransmisión, aunque muchas veces más ausente que despierto. El sueño ha sido más poderoso que tus encantos. A fin de cuentas, he acabado harto de la mediocridad de tu propuesta.

Nadie parecía querer ganar. Llegado a un determinado punto, la carrera parecía una competición de tortugas, esforzándose cada equipo por lanzar el ataque más tarde que su rival. Nadie quería desvelar las cartas antes de tiempo. Y finalmente, las tres semanas han acabado condensándose en tres kilómetros. Un maldito ataque de tres kilómetros a base de potenciómetro. Bora lo hizo bien, qué duda cabe; Ineos ya no es lo que era. Ni Sivakov, ni Castroviejo, ni Tulett sirvieron de auténtica ayuda para Carapaz, que más bien los utilizó para camuflar su debilidad en montaña. En cambio, el pendular Kämna ejecutó a la perfección su labor de gregario, sirviendo de lanzadera para el ataque de Hindley y descolgando a Carapaz, que se empeñó en seguirlos. Pero sin el bajón momentáneo de Carapaz, acrecentado por el pasillo humano en el que se convirtió la ascensión al Fedaia, la diferencia de Hindley habría sido menor. El día dejó las cosas bastante claras para esta crono, en la que no ha habido historia. 

¿Y qué decir de Landa? Ha rozado su tope en este Giro, a más no puede aspirar. Podría decirse que se ha movido dentro de sus posibilidades, pero siempre por debajo de las altas expectativas marcadas por la afición. Ni siquiera pudo servirse de Bilbao en el momento decisivo, y su equipo pareció optar incluso en la etapa del Fedaia por un difícil triunfo parcial de Novak (que finalmente fue para Covi). Aun así, pudo superar a un desfondado Carapaz en la subida, quedándose a poco de ponerse por delante de él en la general. Su último día en la crono ha sido catastrófico. Nadie le amenazaba por detrás, con lo cual no necesitaba forzar, pero su septuagésimo sexto puesto da un poco de vergüeza. Por detrás, la crono de Nibali también ha sido para olvidar: Bilbao y Hirt se le han acabado acercando demasiado. El podium ha sido barato.

El vigésimo corredor ha acabado a una hora, a dos horas el vigésimo noveno. El último clasificado lo ha hecho a más de siete horas: como si hubiese realizado una etapa de 250 kilómetros de más. En otra época, muchos corredores se habrían ido para casa por llegar fuera de control de forma reiterada. Todo ello es una muestra de que la carrera al final la han acabado disputando veinte corredores, siempre los veinte mismos durante los últimos días. Especialmente Hugh Carthy, renacido en la última semana, apartando incluso a Carapaz de mala manera en el pasillo del Fedaia.

De estos últimos días, carentes de intensidad, me quedo con la etapa de Treviso, con un cuarteto desafiando de nuevo al pelotón y a su mafia. Aprovechándose sobre todo de la contemporización habitual que hace el pelotón para no absorber demasiado pronto a los fugados, el cuarteto formado por De Bondt, Affini, Cort Nielsen y Gabburo consiguió plantarse en meta. Bien por ellos. Lo demás, salvo la concentrada intensidad del final en la Marmolada, apenas ha valido la pena. Desaprovechado el Pordoi, una vez más. ¿Y qué decir de la exasperante etapa del Santuario de Castelmonte, con una meta criminal y un paso completamente anodino por el Kolovrat esloveno? Para eso no merece la pena ni siquiera hacer turismo.

En fin, tengo que tomar distancia. Descansar un poco la mente, ver otras cosas. Me duele verte reducida a un estado tan lamentable, rebajando tu nivel para intentar congraciarte con todos. Ya está bien. Tienes que volver a tu esencia, la que me apasionaba: tu salvajismo, tus colpi di scena, tu infinita capacidad para transformarte. Ni siquiera has rozado el aprobado...Lo lamento. 

No sé si el año próximo tendré ganas de verte con la misma ilusión que tenía antaño.  

Hasta pronto.



DE LA MAGLIA ROSA AL ESPECTADOR (última carta)


Verona, 29 de mayo,


Acabo de recibir tu última carta. La he recibido rápido: estamos en la misma ciudad, aunque no hayas querido verme. Te escribo unas palabras en las que espero que notes más mi voluntad de disculparme que mi orgullo herido. Sé que este año quizá las expectativas eran más altas que en otros y que difícilmente podremos repetir en los próximos años el apasionamiento de 2015, 2016 o 2018. Entonces, maniatada la francesa por la tiranía del Sky, muchos visteis de nuevo en mí una esperanza de recobrar el ciclismo puro. ¡Pero no te puedes imaginar las presiones a las que me he visto sometida! Es difícil ser yo. He tenido que hacer muchos sacrificios. No es fácil compaginar ser guía turística, documental de naturaleza y espectáculo deportivo en retransmisiones de cuatro o cinco horas. La tensión se pierde durante tanto tiempo, irremediablemente. Y si quiero salpimentar mis días con dureza, los chicos se me suben a las barbas. Soy una mujer mayor, ya no acostumbrada a pelear, en el fondo me he vuelto demasiado permisiva con mis chicos. Les dejo hacer lo que quieran, ellos son ya los amos de la fiesta, y muchas veces se burlan de mí, pero yo les dejo hacer sus cosas. ¡Qué le voy a hacer! Me hacen gracia sus gamberradas...

Pero cuando te pones a comparar, y hablas de podios baratos, bien pronto te olvidas de los años oscuros del tránsito de siglo, de las participaciones infames, de los equipos casi de saldo, de los Caucchioli, Mazzoleni o Breseghin copando el podio. He pasado por tiempos tenebrosos, aunque entonces a ti, más joven y despreocupado, te hiciese la cosa gracia. Eran épocas en las que tan solo te ofrecía a la vista un tobillo o media pierna, lo que activaba tu imaginación; retransmisiones de 20 o 50 kilómetros, que hacían imaginar batallas previas de larga duración. Por no hablar de épocas que ni viviste, que conoces solo de oídas, mediante crónicas magnificadas o clips de youtube. Ahora ya has visto cómo están las cosas. Ya no tengo secretos y has sido partícipe de mis horas de sopor. Es como el paso de un noviazgo a una relación estable: no es lo mismo compartir unas horas al día, en las que todo parece una aventura, que el día a día, con sus momentos bajos, sus aburrimientos y sus sombras. Limítate a contemplar el paisaje, es lo que te aconsejo. 

¿Y no tienes palabras buenas para Hindley Aun recuerdo cómo, después de la ilusión inicial, renegaste de él en 2021. Te sentías decepcionado. Pues ahora ha vuelto, demostrando que quien se acerca a mí es por algo: porque tiene calidad, porque es un escalador de verdad, aunque lo sea en esta época de ataques más controlados y calculados. ¿No viste lo que cuentan los datos? Hay chicos que hacen comparaciones a veces quizá muy alocadas, sacándose datos de la manga, pero Hindley aparecía al lado de Pantani. Mi Pantani, mi mito, nada menos. Por algo será, digo yo.

Por lo demás, ha habido días en los que te he ofrecido cosas. Bien es verdad que se podrían haber arremangado más los de la general, pero no me negarás que la lucha de las etapas ha estado interesante. Todo lo interesante que ha sido posible, dado el material con el que me ha tocado jugar. Ahí ha estado van der Poel todos los días, haciendo el loco; la exhibición de Girmay; las escapadas que han llegado a meta y las que se han quedado a poco; algunas revelaciones, como Leemreize, siempre en fuga; el empuje de los viejos, como el remendado Pozzovivo; las sorpresas de Hirt en Aprica o el empuje infatigable de Carthy; el destronamiento definitivo de Ineos, que parecía tenerlo todo hecho desde un principio. No lo querrás ver así, pero este Giro ha tenido algo de simbólico: el final de Ineos, el landismo llegando a su culminación a medias...Para algo habrá servido.

No quiero que te quedes con la impresión amarga de que te invito a la resignación, a renegar de las ilusiones que antes depositabas en mí. Viví tiempos muy locos, con doctores de por medio, en los que todo parecía posible: ahora hay otros, claro está, pero algo más discretos. Se acabaron los tiempos de liarse la manta a la cabeza y salir a dar palos por ahí. Nos estamos haciendo mayores para eso. Los jóvenes de ahora parecen distintos. Sé que aunque ahora reniegues de mí, nuestra despedida no será definitiva. Te espero el año que viene. Sé que ahí estarás, aunque ahora te hagas el duro. 

Siempre tuya, tu maglia rosa.  

 

miércoles, 25 de mayo de 2022

LA MAGLIA ROSA Y EL ESPECTADOR (UNA CORRESPONDENCIA, SEGUNDA PARTE)

 DEL ESPECTADOR A LA MAGLIA ROSA

Turín, 21 de mayo

¡Te estoy muy agradecido! Cuando no esperaba nada, absolutamente nada de nada, te sacas de la manga una etapa interesantísima. Mi ánimo cabizbajo ha cambiado de pronto, gracias a ti. ¡Solo era necesario un simple gesto! Todavía tengo el corazón acelerado e incluso me tiembla el pulso al escribir estas líneas, lo que se debe no solo al calor sofocante de este verano adelantado, sino también al estado de excitación en el que me encuentro al escribirte. Voy a ser breve, porque las ideas y las palabras se me apelotonan en la cabeza y la mano es incapaz de seguir la velocidad de mis pensamientos. ¿Por dónde empezar? ¡Hace demasiado calor como para pensar con claridad y recordar todos los movimientos! Ni siquiera en estas colinas ombrosas que rodean la ciudad, terreno en el que poder saltar de árbol en árbol como un barón rampante de cuento, se puede uno refrescar. El polen y el polvo se mezclan, creando una turbia neblina en estas rampas atestadas de gente. Empezaré por lo más brillante del día: la acción de Bora. No esperaba que fuese Bora el equipo que acelerase con tanto descaro el ritmo, y mucho menos tan pronto. ¡Quedaba todavía el último enlazado de Superga y Maddalena! Tampoco entraba en mis planes que Wilco Kelderman se sacrificase de esa forma. Y por supuesto no esperaba ese toma y daca constante entre los favoritos, con Hindley y Carapaz destacados, pero muy igualados, Landa sufriendo, Almeida aguantando, Juanpe López defendiéndose con más orgullo que fuerza y Nibali renaciendo, aunque lo diésemos por muerto. 

Ni siquiera me ha molestado que Simon Yates, con su tendencia al yo-yó, haya sido el que finalmente se haya llevado el gato al agua, soltando su hachazo en el momento justo al coronar la subida de Parco del Nobile. Era el menos vigilado, había ahorrado fuerzas y es un experto en saber aprovechar el momento.  Tendrán razón aquellos que dicen que las etapas cortas regalan espectáculo, aunque me cueste admitirlo: al final, los ciclistas son los que ponen las piernas y hoy querían llegar pronto. ¡Por fin! Ha valido la pena esperar. ¿Me vas a regalar más días así?

Muchos besos desde Turín. Tu querido admirador. 

 




Cogne, 22 de mayo

¿Qué ha sido esto de hoy? ¿Cómo debo interpretarlo? Tengo la impresión de estar perdiendo años de vida a tu lado. Entiendo que ayer hubo mucha lucha de forma inesperada y hoy el desgaste se ha notado, pero...¿era necesario hacerme caer de tan alto? El pelotón no parecía ascender hoy a una cima, sino enterrarse directamente en un cráter, en un hoyo sin salida. A mi decepción se une la sensación de haber tirado un domingo entero a la basura. ¿Qué les digo a las visitas, que tuvieron que tragarse por mi culpa tu maldita etapa entre bostezos? ¡Quedé como un idiota defendiéndote! No hay por dónde cogerte...

Estarás contenta... Sí, tienes a Ciccone, a tu italiano. Atacando de lejos y merendándose como si nada un eterno puerto pedaleable. Por detrás no se movió ni una mosca. ¡Qué me importa ver a Giulio Ciccone peleando la etapa con Buitrago y marchándose desde lejos, a falta casi de 30 kilómetros a meta! Ciccone no es Coppi. No se jugaban nada, eran dos peones alejados. Me dirás que hubo torrentes que caían de las mismas montañas, el Dora Baltea, las fortalezas (como sacadas de una novela de Buzzati), esos paisajes tan bellos tras los que te escondes. Pero eso no me sirve. ¡Deja de disfrazarte! ¿Dónde está tu antigua magia, al menos la de la última semana? ¡Muéstrame algo, te lo suplico! En realidad sabes que nadie te quiere ni te necesita tanto como yo. 

PD: No sé qué puedo hacer para que cambies, todo son ideas (bonificaciones, invitaciones, eleminaciones), pero quizá debas ser tú la que tomes la iniciativa. 




 

DE LA MAGLIA ROSA AL ESPECTADOR: 

Aprica, 24 de mayo

Querido amigo, espero que tu ánimo se haya tranquilizado un poco tras el día de reposo. Te noté excesivamente alterado en tu última carta. Lo que sucede es que te lo tomas todo a la tremenda, como si fuera algo personal. Debes pensar que, en el fondo, a pesar de todas las virtudes que me atribuyes, solo soy un divertimento. Un divertimento frívolo. Me divierto muchas veces hilvanando historias, enlanzando anécdotas, esas que muchos periodistas acaban convirtiendo en cuentecillos de tanto triturarlas y repetirlas. Pues bien, eso en realidad soy: una distracción, un cúmulo de historias. ¡No me tomes demasiado en serio!

Precisamente aquí, en Aprica, se han gestado muchas de esas historias que te gusta recordar. Sí, aquí, en esta estación invernal setentera, con sus balcones llenos de flores y sus tejados de madera. Recuerdo ver pasar en esta misma línea de meta a Pantani, a Tonkov y a Gotti, a Scarponi... Nombres del pasado. Y ahora, aunque te pese, tendrás que añadir el de Jan Hirt a la larga lista. Ya sé que es un nombre sin excesivo glamour y que lo relacionarás, a buen seguro, con los rendimientos supersónicos de su equipo (¿qué llevará la Bière des Amis?). Pero ha sido el mejor y detrás, aunque te parezca que han ido parados, no ha sido así. 

Bien es cierto que el Mortirolo se lo han tomado a la ligera. Con el paso de los años lo han domesticado. Subían por la vertiente "fácil", todo hay que decirlo. La fuga delantera era interesante, con gente como Valverde, Kämna, Bouwan, Arensman, Carthy, Hirt... El holandés de DSM contaba con Hamilton como gregario y ha sido él el que ha marcado el ritmo (no lo iba a hacer Valverde, a su edad...). A buen seguro que no esperabas la trampa del Teglio. A muchos ciclistas creo que también les ha pillado por sorpresa. La Valtellina es como un tapiz verde, enmarcado por escarpadas montañas, que parecen levantarse a ambos lados como muros. Una de esas paredes es el Valico di Santa Cristina. No lo he transitado muchas veces, pero seguro que te acordarás cómo se le atragantó a Indurain. Me dirás que no es lo mismo, lo sé, pero hoy se le ha atragantado a Kämna, que ha empezado demasiado fuerte, con esa temeridad un poco orgullosa y prepotente que tienen los alemanes. Aunque Arensman le ha sobrepasado, también a él se le ha atragantado... Finalmente ha sido Hirt el que más ha resistido. 

Por detrás ha habido ritmo. Dicen que Hindley, Carapaz y Landa han batido el record de Pantani. Claro está que en 1994 Pantani venía de una etapa más dura y de un ataque largo, pero batir un record de Pantani, aunque sea por poco, no es moco de pavo. Sabes bien lo que significa. Almeida ha perdido tiempo, pero se ha defendido muy bien. Así pues, no creo que tengas queja. Y si la tienes es que no sabes apreciar los pequeños detalles: las estrechas rampas entre casas (apenas un pasillo) en el paso de Teglio, el bosque húmedo en el breve descenso desde coronar el Valico hasta enlazar por la carretera de Aprica...

Tienes que descansar. ¿No has visto que cada día me parezco más a un relajante documental de naturaleza y viajes? ¡Disfruta! Olvídate de los grandes nombres, de la maldita historia, de las batallitas. ¡Has de vivir más a la ligera, sin la congoja de los grandes días! No esperes nada, las cosas vendrán por sí solas.  Te lo dice tu maglia, que te quiere. 

 PD: Ahora mismo estoy tomándome un helado en un pequeño bar que se encuentra en la misma línea de meta. Me lo estoy tomando a tu salud. Un sabroso helado de nocciole e cioccolatto. Según me han contado, hace un tiempo por aquí pasó uno de esos escritores domingueros que tiene un blog sobre ciclismo. Mándale saludos. 





Lavarone, 25 de mayo.

Sigues en silencio. Para que veas que no te guardo rencor por tus cartas encendidas y por tus cambios de humor drásticos del pasado fin de semana, te escribo otra carta. Lo hago desde Lavarone. ¿No me negarás que no te ha gustado el ascenso al Menador? Una carretera esculpida en la roca, estrecha como una escalera, como un sendero de mulas...¿No te imaginas a ejércitos desplazándose torpemente por estas laderas, cargando las ametralladoras a lomos de animales? ¿O a poetas y a locos atravesando estas rutas, con botas desgastadas y sucias, en plena ventisca de nieve? Hoy te he ofrecido un panorama digno de una novela de Mitteleuropa y en sacrificio nada menos que te he entregado a van der Poel: espero que sepas agradecérmelo.

Ese holandés es un tipo testarudo y alocado. Se ha lanzado sobre la última subida como si lo hiciera sobre un plato de spaghetti después de un ayuno prolongado. Cuando la carretera se ha puesto auténticamente difícil lo ha empezado a pasar mal. ¡Le ha cambiado de pronto la expresión, le he llegado el empacho! Todas sus actuaciones diarias están siendo un buen entretenimiento, a fin de cuentas. ¿Y qué me dices de Leemreize? ¿No crees que es el descubrimiento de este año? Siempre desvelo alguna sorpresa y este espigado y famélico holandés con cara de niño lo está dando todo. Lamentablemente parece estar tocado por la mala suerte de los de su patria. ¡La misma que van Gogh! Y también ha sido excepcional el empeño de Carthy y de Hirt. Sobre todo del británico. Se está curtiendo en estas cuestas, siempre en cabeza. Hoy el checo en algún momento ha puesto en peligro el liderato, aunque después su distancia se haya volatilizado. ¡Te he dado argumentos para seguir viéndome más tiempo!

Finalmente ha sido Buitrago el que se ha llevado el triunfo. Al igual que ayer, no ha sido el primero en atacar el que se ha llevado la victoria, tampoco el que le ha sobrepasado. Ha sido finalmente el tercero en liza el que ha ganado. Ayer fueron Kämna, Arensman y Hirt; hoy van der Poel, Leemreize y Buitrago. Parece un patrón (te ofrezco incluso esas sutiles simetrías). Lamento que por detrás haya tanta igualdad... Hoy a Landa se le ha visto bastante empeño, aunque las fuerzas sean bastante parejas con respecto a Carapaz y Hindley. Una vez distanciado Almeida, Carapaz puede jugar a especular. Hindley, por su parte, ha estado demasiado aletargado: quizá luego necesite tiempo.¡Todo se decidirá en Verona!

Espero que al llegar a la ciudad de los enamorados al menos te reconcilies conmigo. Sé que en otras ocasiones he  dado una impresión mejor, más vital, más divertida. Yo era la hermana loca de las grandes vueltas: pero mi sorprendente desquiciamiento se ha acabado convertiendo en una serie de tics y defectos predecibles. Perdóname por no estar a la altura de tus expectativas. 

Tu querida maglia. 

PD: Me gustaría pensar que, cuando acabe el año o incluso cuando pase el tiempo, nos arrepentiremos de todos estos reproches y veremos este año con algo de nostalgia.

 


lunes, 26 de octubre de 2020

¿ACTORES SECUNDARIOS?

Cualquier organizador envidiaría a una carrera en la que se llega al último día con los dos primeros clasificados empatados en tiempos. Sin embargo, con este Giro parece haber cundido cierta sensación de decepción entre el aficionado, principalmente por lo anónimo, o cuanto menos inesperado, de esos dos protagonistas. En la bruma lombarda, recorriendo los angostos pasillos en los que parecen convertirse las avenidas y calles de Milán, Tao Geoghegan Hart y Jai Hindley se han jugado el Giro de Italia. Simples actores secundarios, se diría, corredores que empezaron tranquilos la carrera, cómodos con su situación de jóvenes gregarios a los que no se les iba a exigir mucho. Ambos perdieron tiempo en la crono inicial e incluso Geoghegan Hart lo hizo en el Etna. A pesar de ello, estos dos ciclistas, recién sacados del envoltorio, iban a emerger poco a poco, a medida que comenzara el cribado de la alta montaña. 

¿Actores secundarios?

Al empate del último día se llegó después de un recorrido clásico, ahí está la paradoja. Vegni ha conseguido, empleando las viejas recetas, aquello que Prudhomme y Guillén llevan buscando con ahínco, recortando dureza aquí y allá. Ello no ha impedido que la carrera haya pendido de un hilo en algunos momentos concretos, asomándose al abismo, ya fuese por la incidencia del virus o por el boicot de los propios corredores. Si la participación se presentaba pobre debido al calendario (un Giro emparedado entre las dos pruebas de ASO, disputándose al mismo tiempo que las clásicas), las pocas cabezas de cartel cayeron en los primeros días. Algunos se fueron por una falta de habilidad que les habría puesto en peligro más pronto o más tarde. Otros por un gafe que les acompaña en esta carrera, en la que el destino ya les pegó el bofetón en su momento. 

Aparte de las retiradas iniciales, los otros favoritos tampoco han carburado. Es el caso de Nibali o Fuglsang, para los que la edad ya ha pesado. Su puesto lo han ocupado los jóvenes anónimos, siguiendo el proceso de renovación constante de nombres y caras que se está viviendo en esta temporada. Pero también son viejos los que han boicoteado las etapas o los que han querido que el Giro acabase antes de tiempo, ya se trate de directores bocazas, ciclistas endiosados por las redes sociales o simplemente veteranos a la espera de la retirada. Urge una renovación.

De todas formas el ciclismo no necesita de grandes nombres para ofrecer bonitos espectáculos. Se han visto cosas hermosas en este Giro otoñal. La potencia de Filippo Ganna, por ejemplo, su forma hipnótica de rodar. Con Ganna hay un rodador para rato, una figura que ha llegado para durar, más allá de la etiqueta de "pistard culogordo" que se le quería imponer. No me cabe duda, además, de que el organizador del Giro lo va a mimar a partir de ahora, pues es la única esperanza italiana real, en un panorama que se presenta bastante desolador cuando llegue la retirada de Nibali. Otro grandísimo descubrimiento ha sido el de João Almeida, con su momento culminante de la defensa del rosa en Piancavallo. El portugués ha llevado a un nuevo terreno el carácter agresivo y omnisciente de la Manada, mejorando con creces anteriores registros de líderes en rosa de Lefevere, como Brambilla o Jungels, acercándose al Urán de 2014. Conquistando pírricos segundos, defendiéndose con la cabeza erguida y la lengua fuera al modo voeckleriano en montaña o mostrando sus habilidades de rodador, ha sido un corredor que ha enamorado al aficionado. Lamentablemente no se ha podido llevar una etapa, aunque en Monselice anduvo cerca. 

La máquina de rodar (Bettiniphoto)

El descubrimiento de un ciclista (tiembla, Evenepoel)
 

Y luego están los dos grandes protagonistas, los actores secundarios inesperados, erigidos en papeles principales: Jai Hindley y Tao Geoghegan Hart. Hindley ha sido la gran revelación sin lugar a dudas. El escalador de Perth ha mostrado una excepcional ligereza en montaña, un pedaleo de peso pluma, cogido de abajo a lo Landani. Su rostro pálido, con constante expresión de asombro, no dejaba traslucir ni debilidad ni sufrimiento. Por su parte, Geoghegan Hart se ha mostrado más rocoso, lo que más de uno ha podido confundir con debilidad. Hindley no lo pudo soltar en montaña y el británico de nombre irlandés hizo prevalecer su ligera ventaja contra el crono, resultando así ganador. Culmina de esta manera las esperanzas puestas en él por la mano negra del British Cycling, convirtiéndose en el recambio perfecto ahora que Thomas y Froome marchan directos al desguace. Su pasado Giro fue ciertamente decepcionante, después de hacer un buen Tour des Alps: quedó relegado al papel de comparsa graciosa de Bernal. Con esta victoria se ha desquitado y el ciclismo británico parece tener continuidad, más allá de su generación dorada de los nacidos en los ochenta. Además, con su victoria Ineos se sacude de encima el desastroso rendimiento del pasado Tour, dando señales de que su dictadura se preve todavía larga y duradera.

Victoria en Laghi di Cancano.

Victoria en Piancavallo.


Medio triunfo del pelirrojo británico se lo debe a Rohan Dennis, que ha vuelto a sacar a relucir la faceta de escalador que dejó entrever tímidamente en la Vuelta a Suiza de 2019. El australiano ha roto con el estereotipo de sí mismo, que lo presentaba como un tipo egoísta, centrado en sus manías. Ha demostrado ser capaz de sacrificarse, aunque con el punto de orgullo suficiente como para llevar a su propio líder al extremo de sus fuerzas. Su ascensión "gonchariana" del Stelvio pasará a la pequeña historia del Giro. 

Solo por ver la ascensión del Stelvio este Giro ha merecido la pena. Hacía mucho tiempo que no se ascendía el Mito desde su vertiente trentina, la más dura, nada menos que desde 2005, con blancazo de Ivan Basso. Esta vez el otoño aportaba nuevos colores: gris, verde, naranja y blanco, mucho blanco. La carrera explotó en los primeros momentos de la ascensión, bajo la batuta constante de Dennis. Geoghegan Hart solo tenía que subirse a la chepa de su gregario y aguantar. Tras él se aferraron al tren Hindley y Kelderman, el holandés con más dificultad. Por detrás los rivales iban cayendo diseminados: Nibali, Fuglsang, Bilbao y Almeida, que perdería la maglia rosa. La carretera seguía su ascenso, los árboles dejaban paso al gris de la carretera y al blanco de la nieve. Kelderman finalmente cedía, mientras Hindley se mantenía con mucha naturalidad. Su rostro pálido iba a juego con su maillot blanco y con el escenario de Zauberberg de la cima. En la novela de Thomas Mann, el protagonista Hans Castorp perdía la noción del tiempo e incluso de sí mismo durante una ventisca de nieve, rodeado de un vacío blanco. De igual forma los ciclistas pierden en esta montaña no solo minutadas, sino también la cabeza, en una ascensión en la que el pedaleo se va haciendo más blando a medida que se aproximan al muro final. Este es una auténtica pared de nieve que se confunde con el cielo lechoso, en la que la carretera sube en zigzag como la escalera de un santuario. Kelderman cedía 40 segundos, Almeida ya perdía el rosa. Por delante, las mayores preocupaciones para Hindley parecía dárselas el chubasquero, pues seguía la rueda de Dennis y Geoghegan Hart con soltura.  Dennis coronó seguido de los dos jóvenes tras él, mientras las cámaras del helicóptero mostraban el inmenso mar de nieve que se desparrama por las laderas de la cima Moloch. 

Esto sí que es el Muro, y no el escalón ese de Juego de Tronos

Fiel a su mito (associated press)


Después de ese documental de naturaleza y aventura de exploración que fue una vez más el Stelvio, quedaba todavía su descenso y otra ascensión, a Laghi di Cancano. Fue el momento decisivo del Giro. El ritmo de Dennis pudo distanciar a Kelderman, que se cebó en los falsos llanos y lo acusó en la subida. Era alcanzado por detrás por Fuglsang y Bilbao, logrando el vasco adelantarle en la última subida. Por su parte, el dúo delantero formado por Tao y Hindley se mantuvo a la par. El sprint y la bonificación fueron para el australiano, que desaprovechó la oportunidad de intentar distanciar a Geoghegan Hart, no se sabe si siguiendo instrucciones de equipo (para no humillar en demasía a Kelderman) o por no confiar en sus propias fuerzas. Era evidente que Kelderman ya no era rival, aunque hubiese conseguido la maglia rosa, pues su trayectoria en montaña era descendente. Sunweb apostó acertadamente por mantener a Hindley delante, pero aún así el australiano necesitaba más tiempo contra Geoghegan Hart, capaz de sacar la maquinaria de marginal gains en la última contrarreloj.

Pero después de un día excepcional de ciclismo, el pelotón nos devolvió a la dura realidad del ciclismo moderno. Con la excusa de la lluvia y del covid, el sector cascarrabias y facineroso del pelotón coaccionó al resto para acortar una etapa programada con 250 kilómetros entre Morbegno y Asti. En los primeros cien kilómetros se vio una esperpéntica competición entre autobuses, para retomar la salida en Abbiategrasso. Al acabar la etapa se dio el habitual fuego cruzado de declaraciones, en las que predominaron los que escurrieron el bulto o recogieron cable. Nadie había estado allí, nadie había sido el responsable, nadie sabía nada. Al parecer Trek y Bardiani no intervinieron en la decisión y Bora e Ineos se opusieron al recorte. Todos los demás estuvieron a favor. En realidad a Vegni no es la primera vez que se lo hacen: el precedente existe, la última etapa del Giro de 2018. Entonces Vegni consintió, porque lo decía la estrella invitada. En este caso han sido cuatro o cinco ciclistas al borde de la retirada los que quisieron ahorrarse cien kilómetros bajo la lluvia, logrando convencer al rebaño, ante la sonrisa bobalicona de la maglia rosa Wilco Kelderman. De todas formas, el holandés lo sería por poco tiempo.

En Sestriere se confirmó lo que estaba ya cantado: Dennis volvió a hacer de las suyas y Kelderman se descolgó, perdiendo su exigua renta. Hindley se aferró a la rueda de los dos Ineos y cuando Dennis cedió, intentó en repetidas ocasiones distanciar a Geoghegan Hart, como si se tratase de una reedición de aquella ascensión al Stelvio entre Galdos y Bertoglio. No lo pudo soltar, ni siquiera pudo ganar la etapa, con lo cual, a pesar del insólito empate en tiempo que le concedía la maglia rosa el último día, la pesada maquinaria de Ineos acabaría imponiéndose. No en vano había aterrizado Brailsford en Italia para la ocasión. Fue tan solo un instante: Hindley salió falto de desarrollo, a pesar de trazar todas las curvas al límite. Se le veía fuera de su medio. Por contra, el pedaleo de Tao arrastraba más desarrollo, realizando finalmente una buena crono, a la altura de Kelderman. Otro triunfo más para la eterna casa de recambios.   

Un niño feliz (Luca Zennaro)

En fin, ha sido un Giro interesante, disputado, animado por lo insólito de los concurrentes, tan solo manchado por el infame incidente de Morbegno, que se lleva por delante algunas reputaciones consolidadas. La carrera ha dejado otras etapas para el recuerdo, como el excepcional triunfo de Peter Sagan camino de Tortoreto, corriendo a la manera de un Tour de Flandes bajo la lluvia. También la solvencia de Démare en los sprints, muy bien arropado por su equipo, que trajo al recuerdo el dominio de los grandes equipos de Cipollini y Petacchi. Si alguien se siente decepcionado por un podium con nombres pobres, que piense en los de más edad, que hemos visto a tipos como Unai Osa, Eddy Mazzoleni, Marzio Bruseguin o Pietro Caucchioli en el podium del Giro. Tengo por seguro que los nombres que han acabado saliendo a relucir durarán mucho más y darán que hablar en los años venideros.