De nuevo el ciclismo femenino nos ha ofrecido un bonito espectáculo con un Tour de Francia no exento de polémica, en el que ha vuelto a aflorar, una vez más, esa cara tan propia del ciclismo femenino, mucho más mitigada en la actualidad en el masculino: la de las rivalidades enconadas y viscerales, siempre con la navaja entre los dientes y alguna que otra puñalada por la espalda ante el mínimo despiste. No fue el Tour de la ganadora del año pasado, Pauline Ferrand-Prévot, que pasó por las carreteras francesas sin pena ni gloria, acabando por retirarse tras una crono desastrosa y una subida, la del Mont Ventoux, en la que acabó perdiendo mucho tiempo. La anomalía de su demoledora victoria del año pasado, tras años ausente del ciclismo en carretera, se ha revertido, con un retorno a la rivalidad de 2024 entre Vollering y Niewiadoma. Una rivalidad en la que ha habido de todo, jugadas rastreras, acusaciones y finalmente abrazos forzados.