viernes, 7 de octubre de 2016

LOS MEJORES DE LOS MONUMENTOS: MODIFICACIONES Y ACTUALIZACIONES

Hace aproximadamente una semana que finalizó el último monumento del año, el Giro de Lombardia, con victoria por primera vez en la historia de un corredor colombiano, Johan Esteban Chaves. Fue una de las mejores carreras del año, con ataques lejanos y corredores de entidad disputando la victoria. Como en las mejores ocasiones, el Giro de Lombardia se presentó como una carrera dura y selectiva, en la que sobrevivieron delante Chaves, Bardet, Urán y Rosa. A Valverde se le escapó de nuevo la fuga buena, y en este caso su persecución fue todavía más ineficaz al estar acompañado por Visconti, gregario siempre contraproducente. Tras el paso por Bergamo Alta, el francés perdió comba y la victoria se jugó al sprint con victoria del joven portento colombiano. Yo hubiese preferido una victoria de Rosa, pues el colombiano tiene algo que no me acaba de gustar, aunque tengo que reconocer que atacó de lejos y se mostró intratable. Es uno de los mejores representantes de la impresionante añada de 1990 (junto con Sagan, Quintana, Bardet, Pinot, Kwiatkowski, Matthews, Aru y Bouhanni).

 A la espera de un mundial que se augura como el peor de la historia, rescato las clasificaciones que realicé hace un año sobre los mejores corredores de cada monumento, actualizándolas y rectificando un poco su puntuación, a fin de valorar más la victoria. De esta manera, he repartido los siguientes puntos:



20
12
10
7
6
5
4
3
2
10º 1

De esta manera, así están las clasificaciones de cada prueba:

MILANO - SANREMO


Costante GIRARDENGO 182 puntos 1º x 6 / 2º x 3 / 3º x 2 / 5º x 1
Eddy MERCKX 143 puntos 1º x 7 / 8º x 1
Roger DE VLAEMINCK 113 puntos 1º x 3 / 2º x 3 / 3º x 1 / 5º x 1 / 8º x 1
Erik ZABEL 109 puntos 1º x 4 / 2º x 2 / 6º x 2
Gino BARTALI 104 puntos 1º x 4 / 4º x 2 / 5º x 1 / 7º x 1
Óscar FREIRE 98 puntos 1º x 3 / 5º x 2 / 6º x º / 7º x 2 / 8º x 1
Sean KELLY 88 puntos 1º x 2 / 2º x 1 / 4º x 2 / 5º x 3 / 7º x 1
Gaetano BELLONI 86 puntos 1º x 2 / 2º x 3 / 4º x 1 / 8º x 1
Fausto COPPI 81 puntos 1º x 3 / 4º x 1 / 9º x 1 / 10º x 2
10º Alfredo BINDA 81 puntos 1º x 2 / 2º x 3 / 6º x 1


RONDE VAN VLAANDEREN 




Johan MUSEEUW 116 puntos 1º x 3 / 2º x 3 / 3º x 2
Briek SCHOTTE 112 puntos 1º x 2 / 2º x 2 / 3º x 4 / 6º x 1 / 8º x 1
Eddy MERCKX 89 puntos 1º x 2 / 3º x 3 / 4º x 1 / 7º x 1 / 9º x 1
Fabian CANCELLARA 87 puntos 1º x 3 / 2º x 1 / 3º x 1 / 6º x 1
Tom BOONEN 83 puntos 1º x 3 / 2º x 1 / 4º x 1 / 7º x 1
Walter GODEFROOT 80 puntos 1º x 2 / 2º x 1 / 3º x 1 / 4º x 1 / 6º x 1 / 8º x 2
Peter VAN PETEGEM 79 puntos 1º x 2 / 3º x 2 / 4º x 1 / 5º x 1 / 8º x 1 / 9º x 1 / 10º x 1
Andrei TCHMIL 78 puntos 1º x 1 / 3º x 3 / 4º x 1 / 6º x 1 / 7º x 1 / 9º x 1
Jan RAAS 76 puntos 1º x 2 / 3º x 2 / 5º x 1
10º Eric LEMAN 64 puntos 1º x 3 / 4º x 1


PARIS - ROUBAIX


Roger DE VLAEMINCK 157 puntos 1º x 4 / 2º x 4 / 3º x 1 / 5º x 1 / 6º x 1 / 7º x 1
Tom BOONEN 128 puntos 1º x 4 / 2º x 1 / 3º x 1 / 5º x 1 / 6º x 1 / 9º x 1 / 10º x 1
Johan MUSEEUW 121 puntos 1º x 3 / 2º x 1 / 3º x 2 / 4º x 1 / 5º x 1 / 7º x 1 / 9º x 1
Francesco MOSER 114 puntos 1º x 3 / 2º x 2 / 3º x 2 / 5º x 1 / 8º x 1 / 10º x 1
Eddy MERCKX 109 puntos 1º x 3 / 2º x 2 / 4º x 1 / 5º x 1 / 6º x 1 / 7º x 1 / 8º x 1
Fabian CANCELLARA 104 puntos 1º x 3 / 2º x 2 / 3º x 1 / 4º x 1 / 8º x 1
Rik VAN LOOY 103 puntos 1º x 3 / 2º x 2 / 3º x 1 / 4º x 1 / 9º x 1
Gaston REBRY 97 puntos 1º x 3 / 3º x 2 / 4º x 1 / 5º x 1 / 7º x 1
Gilbert DUCLOS - LASSALLE 80 puntos 1º x 2 / 2º x 2 / 4º x 1 / 6º x 1 / 7º x 1
10º Rik VAN STEENBERGEN 76 puntos 1º x 2 / 2º x 1 / 3º x 1 / 4º x 2


LIÈGE - BASTOGNE - LIÈGE

Eddy MERCKX 135 puntos 1º x 5 / 2º x 1 / 3º x 1 / 6º x 2 / 8º x 1
Alejandro VALVERDE 94 puntos 1º x 3 / 2º x 2 / 3º x 1
Moreno ARGENTIN 91 puntos 1º x 4 / 5º x 1 / 6º x 1
Davide REBELLIN 77 puntos 1º x 1 / 2º x 2 / 3º x 2 / 5º x 1 / 6º x 1 / 9º x 1
Paolo BETTINI 74 puntos 1º x 2 / 2º x 1 / 4º x 2 / 5º x 1 / 9º x 1
Steven ROOKS 69 puntos 1º x 1 / 2º x 1 / 3º x 1 / 4º x 2 / 5º x 1 / 6º x 1 / 10º x 1
Michael BOOGERD 67 puntos 2º x 2 / 3º x 2 / 5º x 3 / 6º x 1
Fred DE BRUYNE 60 puntos 1º x 3


10º 
Walter GODEFROOT

 Frans VERBEECK
59 puntos

59 puntos
1º x 1 / 2º x 1 / 3º x 2 / 4º x 1 

2º x 2 / 3º x 2 / 4º x 1 / 7º x 1 / 8º x 1 / 10º x 1 


GIRO DI LOMBARDIA

Fausto COPPI 137 puntos 1º x 5 / 2º x 1 / 3º x 2 / 5º x 1 / 7º x 1
Gino BARTALI 130 puntos 1º x 3 / 2º x 4 / 3º x 2 / 9º x 1
Gaetano BELLONI 104 puntos 1º x 3 / 2º x 2 / 3º x 1 / 6º x 2
Franco BITOSSI 100 puntos 1º x 2 / 2º x 2 / 3º x 2 / 4º x 1 / 8º x 2 / 9º x 1 / 10º x 1
Alfredo BINDA 98 puntos 1º x 4 / 2º x 1 / 7º x 1 / 9º x 1
Eddy MERCKX 91 puntos 1º x 2 / 2º x 2 / 3º x 1 / 4º x 1 / 6º x 2
Costante GIRARDENGO 80 puntos 1º x 3 / 2º x 1 / 6º x 1 / 9º x 1 / 10º x 1
Felice GIMONDI 80 puntos 1º x 2 / 2º x 2 / 3º x 1 / 7º x 1 / 9º x 1
Henri PELISSIER 78 puntos 1º x 3 / 2º x 1 / 5º x 1
10º Michele BARTOLI 77 puntos 1º x 2 / 3º x 1 / 4º x 3 / 5º x 1

martes, 13 de septiembre de 2016

QUINTANA Y FROOME HACEN GRANDE UNA VUELTA PEQUEÑA

Ha terminado la Vuelta y con ella las carreras de tres semanas del año, y si bien la calidad media del ciclismo visto en las carreteras peninsulares ha sido bajo, la competitividad mostrada por los dos mejores corredores de grandes vueltas de la actualidad ha deparado algunos momentos brillantes. 

Aún así, este intenso duelo no nos ha librado de ciertos momentos vergonzosos. A un recorrido francamente mejorable, plagado de rampones imposibles, se le ha unido este año la total ausencia de sprinters de relieve, sin muchos corredores caza-etapas que equilibrasen el nivel. Los grandes velocistas han decidido reservarse de cara al mundial de Qatar, optando por un calendario alternativo y pasando de una Vuelta con fama de insegura (como pudo comprobar en carne propia Sagan el año pasado o Kruijswijk en éste).  De esta manera muchos equipos presentaron en Ourense su "versión Z" y otros lo hicieron como si viniesen de vacaciones, cosa que explica el paseo monumental de Urdax y la vergonzosa actitud del "autobús" camino de Formigal. 

La sucesión de cuestas de cabras no ha aportado nada, siendo la Camperona la única que ha supuesto alguna diferencia entre los grandes de la general. Las cuestas gallegas fueron de fogueo y el cacareado Mas de la Costa, que tenía más de atentado ecológico que de cima-mito, no hizo diferencia alguna entre los cuatro primeros. Sin Purito estos hitos del ciclismo pancartero han perdido su dominador y animador natural, si es que puede considerarse espectáculo ver a los corredores dando chepazos para superar unos porcentajes imposibles en los que no hay velocidad ni posibilidades de ataque. Sin embargo, el cuestacabrismo no está muerto. El ciclismo agradecerá la retirada del corredor catalán, aunque mayor desgracia sería su permanencia en el "mundillo" (imagínenselo de diseñador de recorridos, una vez más). 

En cambio sí puede hablarse de algunos aciertos, aún a pesar de la organización. La recuperación de la etapa del Naranco estuvo muy bien, con una fuga de gente importante que anduvo a palos todo el rato,  aunque la resolución dejase alguna que otra duda en el ambiente. También en Asturias, la etapa de los Lagos volvió a recuperar su prestigio perdido, sin duda gracias a la buena actuación de Quintana y a la extraña táctica de Froome, que decidió guiarse por el potenciómetro en vez de seguir a sus rivales directos y se marcó una remontada como aquella de Pantani en Oropa. Aún así, siguiendo la estela de los Zintchenko, Barredo y Piedra, Omar Fraile realizó una ascensión por encima de sus posibilidades naturales. 

En los Lagos, los líderes dan caza a los escapados. La posibilidad de un nuevo Piedra abortada. 

Después del fraude de Urdax, las dos etapas de montaña (Aubisque y Aitana) tuvieron un desarrollo notable gracias a la táctica de Orica, que decidió atacar de lejos mandando gente por delante, algo que hacía al menos una década que no se veía. Sin embargo, apenas hubo diferencias entre Quintana y Froome en ambas etapas: en la primera porque Quintana no pudo despegarse de Froome, que esta vez hizo de sombra del colombiano, y en la segunda porque estaba todo decidido, y fue el anglokeniata el que no pudo distanciar a Quintana en una subida sin la dureza necesaria para marcar diferencias. La primera contó con la victoria de Gesink frente a Elissonde y Silin; la segunda estuvo animada por las locuras de Elissonde y supuso la confirmación de Latour, un prometedor escalador que renuncia a las cadencias infernales y prefiere la tradicional "tranca" . 

El precioso y deforestado col de Inharpu.


Fue en la corta etapa de Formigal en la que acabó decidiéndose una Vuelta que por el momento comandaba Quintana, pero que presumiblemente iba a perder en la crono de Calpe. A una salida nerviosa, con repechos no puntuables, se unió el empeño de Brambilla y Contador, y el buen olfato de Quintana y los suyos. Sin parecer sobre el papel una etapa determinante y sin serlo claramente por recorrido y kilometraje, acabó siéndolo debido principalmente al blancazo (término acuñado y popularizado por ciclismo2005) generalizado del equipo Sky. Más que una cabalgada épica de Contador, la etapa de Formigal fue un duelo entre Movistar y Sky para dilucidar cuál es el equipo más preparado a nivel médico del pelotón. Sin embargo, dudo mucho que los Movistar hubiesen iniciado el movimiento de no haberlo hecho de forma suicida Contador. El madrileño comenzó la Vuelta cayéndose, despotricando a continuación sobre la necesidad de tomar tiempos a falta de tres kilómetros en aquellas etapas que no son de su conveniencia, y demostrando finalmente que cuando calla y actúa es mejor ciclista que con un micrófono delante. Camino de Formigal exprimió a Rovny y Trofimov hasta la extenuación, obligando al primero a entrar al relevo aún a pesar de haber hecho mención de descolgarse completamente fundido, y dio relevos como el que más. Pero también los dio Quintana, y sobre todo sus gregarios Rubén Fernández y Jonathan Castroviejo. El excepcional rodador vasco fue uno de los grandes protagonistas del día y su labor fue decisiva para la victoria de su líder.

Froome no sólo corre, también aplaude


Mientras tanto detrás, Froome perdía la Vuelta sin encontrar colaboración alguna, totalmente solo y desamparado. Los Orica se inhibieron, mientras el resto de Sky pasaban a engrosar un furgón de cola que fue creciendo paulatinamente y que acabó entrando a 54 minutos de Brambilla. Totalmente de paseo, lanzaron un órdago mafioso a la organización, a ver quien tenía "más huevos", si el organizador de excluirlos o ellos de tomarse el día de reposo. Como era de suponer, la bajada de pantalones de Guillén fue proverbial y digna de ser recordada. 

Así pues, la etapa de Formigal contuvo al mismo tiempo lo mejor y lo peor de la Vuelta. Fue decisiva y confirmó prácticamente la victoria de Nairo Quintana y supuso al mismo tiempo una demostración de poca profesionalidad por parte de 91 ciclistas que debieron ser expulsados. Entre ellos Adam Hansen, que de haber imperado las reglas del juego no podría hoy contar con su decimosexta vuelta de tres semanas acabada consecutivamente. Tampoco Magnus Cort Nielsen, Jean-Pierre Drucker y Pierre Latour deberían haber ganado etapa. El episodio ha sido sin duda de los más lamentables de los últimos tiempos, que dice bien poco de la profesionalidad de los ciclistas, que se comportaron como un clan mafioso o un grupo de estudiantes irresponsables que decide pelarse en masa un examen. 

Omertà

No creo que esta Vuelta sea demasiado recordada en los años venideros. Quintana y Froome han mantenido un duelo digno, brillante por momentos, pero no memorable. Ha primado la igualdad entre ambos, y sólo el desequilibrio de fuerzas de las escuadras ha decantado la balanza en favor del colombiano. En los duelos de tú a tú, sólo en la Camperona y los Lagos fue superior Quintana. En Formigal fue determinante el bajón inexplicable del equipo Sky, que salió aturdido o con un mal carburante corriendo por las venas. En la crono, la mantis dictó su ley. En resumen, la victoria de Quintana fue merecida. Pudo consolidar su triunfo el único día que abandonó su actitud cautelosa y se lanzó a la ofensiva. 

De todas formas, no todo ha sido un diálogo Movisky. Orica y Tinkoff jugaron más a la ofensiva que las dos grandes formaciones. Los australianos se llevaron cuatro etapas, una de ellas con el exonerado Simon Yates, y un podium con el sonriente Chaves, que cada vez da más miedo. Sin embargo fueron Keukeleire, Gerrans y Howson los que hicieron el trabajo sucio, tirando entre llanos, para que la estrategia del "equipo del buen rollito" surtiese algo de efecto. 

Con lo todo lo dicho, quizá por desgracia permanecerán más en la memoria el duelo Cobo-Froome y las demostraciones metahumanas de Horner, el viejo que no se sentaba, que la reciente edición de la Vuelta.   

  

domingo, 7 de agosto de 2016

LA MEJOR CARRERA DEL AÑO

Si a un circuito vivo y matapersonas como el de ayer se le suma la reducción de corredores por equipo propia de los JJOO, tenemos como resultado la carrera perfecta. La de ayer estuvo muy cerca de serlo, con una auténtica selección y un final de infarto. Quizá sólo deslució un tanto el resultado un descenso excesivamente peligroso y un público que en algún momento puso en riesgo a los ciclistas. Por lo demás, una carrera como la de ayer, corrida con una actitud ofensiva constante, contribuye a que la prueba de ruta de los JJOO se abra un hueco cada vez más asentado entre las grandes pruebas del calendario ciclista internacional.

El circuito tocaba todos los palos: subida, bajada, adoquín, llano...Era un compendio de lo mejor que se puede ver en pruebas de un día en el ciclismo. El inicio pegado a la costa, por una carretera estrecha que salvaba de vez en cuando algún promontorio, recordaba a la via Aurelia de los últimos kilómetros de la Milán-Sanremo, aunque con una vegetación más bien tropical y exhuberante. Los barrios de edificios en altura, separados entre sí, dominaban las llanuras, encajonados entre la línea de costa y las lagunas interiores. Éstos se alternaban con montañas convertidas en barrios de favelas, como una kasbah de colores. Su amontonamiento daba la impresión de ser como aquellas viviendas neolíticas de Çatal Huyuk a las que se accedía por el techo. O las pigne de Cipressa y Sanremo, encaramadas en colinas para protegerse de los ataques berberiscos. Las llanuras y las montañas ofrecían la imagen clara de un país de contrastes y desigualdades, que tenía su reflejo en un recorrido muy variado y con grandes desniveles. 

En este primer tramo, Tony Martin enfiló el grupo, intentando abrir el primer hueco. Prácticamente se salió sin respiro, después de que la mafia británica se apartase de los puestos cabeceros. Finalmente se formó una fuga que no era de comparsas, sino de gente fuerte que podía abrir hueco con facilidad: Jarlison Pantano, Michal Kwiatkowski, Sven Erik Bystrom, Michael Albasini, Simon Geschke y Pavel Kochetkov. Dos ganadores de etapa de Tour (Pantano y Geschke), dos campeones del mundo, uno profesional y otro sub-23 (Kwiatkowski y Bystrom, ambos campeones en Ponferrada), el tercero este año en la Lieja (Albasini), y un ruso dispuesto a dejar ver a su selección después de los problemas de dopaje. Mientras tanto, Tom Dumoulin abandonaba.  
Bystrom, Kochetkov, Greschke, Pantano, Kwiatkowski y Albasini.


El primer circuito, el de Grumari, tenía lo mejor de un circuito mundialístico: terreno rompepiernas,  alguna rampa importante y bajada pedalabile. Añadía además un tramo de adoquín que se tomaba en bajada. Una reminiscencia del circuito mundialístico de Richmond o más bien un mini-Arenberg costero. En él volaron botellines, saltaron muchas cadenas (la de Porte hasta dos veces), aunque solo hubo una caída destacable, la de un ciclista turco. La ventaja de los escapados, que había alcanzado los siete minutos al entrar en el circuito, se redujo a dos al salir de él. Por delante se relevaban sin descanso; por detrás Imanol Erviti, Alessandro De Marchi e Ian Stannard lideraron la caza.

Primer circuito: Grumari.

A pesar del ritmo, en el grupo principal seguían todavía a cola corredores como el argelino Reguigui o el coreano Joon Yong Seo. Si alguna de las figuras quedaba rezagada, no le era difícil volver a conectar, con algún que otro tras-coche prolongado y vergonzoso: el breve de Mollema, el habitual de Aru y también el que fue más escandaloso, el de Froome y Thomas. 

El segundo circuito se planteaba como un pequeño Giro di Lombardia, con una subida a Vista Chinesa que recordaba a un Civiglio extendido, con una bajada suicida, al mejor estilo italiano-lombardo. Desde la especie de pagoda-mirador que daba nombre a la subida se podía contemplar una vista alucinante de la ciudad, con sus manchas blancas de edificios, sus grises y verdes de las picudas e innumerables montañas, y el fondo del mar, con su poderoso oleaje. Este segundo circuito iba a convertir a la prueba en el circuito de mundial/JJOO más duro en muchisimos años. Así pues, el grupo delantero de Kwiatkowski, Pantano, Geschke, Bystrom, Albasini y Kochetkov lo tomó en cabeza. A medida que se iba ascendiendo, el polaco y el ruso quedaron destacados en cabeza. 

Visión de Río desde "Vista Chinesa": el ciclismo, siempre un buen medio para vender turismo.

Por detrás comenzaron los movimientos tácticos: Damiano Caruso, que había estado tirando en sustitución de De Marchi, lanzó un ataque para evitar el desgaste de su selección. Sorprendentemente salió a su rueda Greg Van Avermaet, en un movimiento que consideré demasiado precipitado y quizá suicida. Afortunadamente me equivoqué (tras muchos años viendo ciclismo-rácano, algo incluso se contagia). A estos dos se unieron Sergio Luis Henao y Geraint Thomas, y más tarde Rein Taaramae. Se formaba así un cuarteto perseguidor en el que el italiano era el más débil. Por detrás, como es habitual, la selección española tuvo que trabajar. Ante la desaparición de Ion Izagirre (al que no se vio en ningún momento de carrera), Jonathan Castroviejo tuvo que asumir todo el peso, en lo que viene siendo el sino característico de España/Movistar con Valverde. Mientras tanto, la dureza de la ascensión fue cobrándose sus víctimas importantes: Tim Wellens y Wout Poels. 

La segunda ascensión supuso la neutralización de los fugados por parte del grupo, y la unión en cabeza de Van Avermaet, Henao, Thomas y Caruso con Kwiatkowski y Kochetkov, que aguantaron poco. Taaramae cedió y al ser neutralizado, comenzó a forzar el ritmo en el grupo trasero, preparando el terreno para su único compatriota, Tanel Kangert. Fue sustituido en el grupo cabecero por Andrey Zeits, que en un sorprendente ataque dio caza a los escapados, Los Astana volaron ayer. 

Fue en el descenso donde se produjo el movimiento táctico del día. Las cámaras no ofrecieron imágenes, ya que el descenso fue tan rápido que las motos se vieron incapaces de seguir a los que más arriesgaron. Solo vimos a Richie Porte dolorido en la acera después de haber impactado contra un árbol. Ya finalizada la parte difícil del descenso, Fabio Aru y Vincenzo Nibali alcanzaron al grupo delantero. Con ellos llegaron también Rafal Majka, Adam Yates y Jakob Fuglsang. Tanto Caruso como Kwiatkowski se vaciaron para sus respectivos líderes antes de la última ascensión. Por detrás, Castroviejo se apartó y fueron Valverde y Cancellara los que tiraron para sus compañeros. El murciano se sacrificó para que Rodríguez pudiese tener opciones de ganar su última carrera profesional à la Vinokourov. 

El desafortunado Porte fue el primero en caerse en el peligroso descenso de Vista Chinesa.
En la última subida se vieron varios fuegos de artificio. Nibali aceleró repetidamente, y logró seleccionar el grupo delantero, aunque como le sucediese en el Joux Plane el pasado Tour, no pudo marcharse en solitario. Por detrás, Purito Rodríguez, Louis Meintjes y Julian Alaphilippe salieron del paquete y dieron alcance al grupo delantero, al mismo tiempo que Adam Yates cedía. Tanel Kangert se quedó en tierra de nadie y Chris Froome también lo intentó, aunque acabó rebasado por varios ciclistas, y con Rui Costa a rueda: la peor pesadilla de un perseguidor. Durante toda la ascensión, los más escaladores (Nibali, Henao, Majka) intentaron abrir hueco, pero Van Avermaet y Thomas sufrieron para mantenerse a una distancia prudencial que les permitiese reducir la diferencia en el descenso y el llano. Sin embargo, la última aceleración del siciliano parecía ya la definitiva, con Henao y Majka a su rueda. Un trío para jugarse las medallas. 

Nibali, Henao y Majka (vía Getty Images)

En el descenso, Nibali intentó reafirmar su superioridad distanciando a los otros dos. Parecía no tenerlas todas consigo en el sprint y por eso pudo decidir forzar. Pero Henao también es un gran descendedor y le costó dejarlo de rueda. Como una jugada del destino, el azar le devolvió lo que le dio en el Agnello: Nibali se fue al suelo, también Henao. Los elevados bordillos laterales les dejaron fuera de carrera, con el doloroso resultado de clavícula rota y pelvis dañada respectivamente. Majka, que había bajado con más prudencia, se los encontró en el suelo y pudo seguir su camino en solitario. En el grupo perseguidor también cayeron Thomas y Alaphilippe. Al galés se le vio caído en uno de los surcos que limitaban peligrosamente la calzada, pero como es de roca, continuó.   

Henao y Nibali caídos. Majka prosigue en solitario.

Nibali caído.

Al concluir la bajada, Majka estaba solo en cabeza. Quedaban todavía 10 kilómetros a meta. El polaco tenía que darlo todo, pero no está acostumbrado a rodar solo. Por detrás se formó un grupo perseguidor con los restantes de las caídas: Van Avermaet, Fuglsang, Aru, Meintjes, Rodríguez, Yates, Zeits y Alaphilippe, que volvió al grupo in extremis. Tres Astana de ocho. De todas formas, el grupo no parecía organizado. Rodríguez daba sus característicos relevos (los mismos que dan Valverde y Costa), abriéndose y mirando siempre al corredor que le sigue. Meintjes y Yates no están acostumbrados a que les dé el aire. La persecución parecía condenada al fracaso. Van Avermaet intentó marcharse, pero Purito le cogió la rueda: el típico marcaje para favorecer siempre al escapado. El mismo que se vio en la Clásica de San Sebastián. 

Rodríguez, Van Avermaet, Zeits, Aru, Meintjes y Fuglsang: nadie releva.


Por delante, Majka boqueaba y cabeceaba. No estaba en su medio. Demasiado pequeño para rodar solo. Por detrás, Van Avermaet se marchó a la parte trasera del grupo, a recuperar o quién sabe si coger fuerzas para el sprint por la plata. Alaphilippe reclamaba relevos; no obtenía respuesta, hasta que Fuglsang lanzó un ataque seco, que fue respondido de inmediato por Van Avermaet. Nadie se movió para cerrar el hueco: las medallas estaban ya repartidas. Alaphilippe lo intentó tarde. 

Majka ante la posible gran victoria de su vida.


Quedaba sin embargo la parte final, la más agónica. Un llano interminable junto al paseo marítimo y la playa, que recordaba al paseo de la Concha de la reciente Clásica de San Sebastián. A Majka se le echaban encima poco a poco. Van Avermaet y Fuglsang parecían haber guardado fuerzas en un cajón muy escondido de sus cuerpos. La carrera se puso realmente emocionante: tenía el sabor de los mejores mundiales (no esos de pacotilla que se celebraron en Copenhague y Australia). Finalmente le dieron caza, y el polaco miró atrás, estiró las piernas, y se contentó con seguirles el ritmo para hacer bronce. En el sprint no hubo opción posible para Fuglsang: ganó Van Avermaet con una superioridad irritante. La misma que no había tenido en el pasado para batir a Cancellara en la Ronde de 2014, por poner un ejemplo. La misma que tiene desde hace dos años para batir a Sagan siempre que quiere, hasta el punto de haberse convertido en su particular "bestia negra".  

1º Van Avermaet, 2º Fuglsang

3º Majka


4º Alaphilippe, 5º Rodríguez, 6º Aru, 7º Meintjes, 8º Zeits

En unos juegos marcados por la concienciación ecológica, gana el belga relacionado con los tratamientos de ozono: un pequeño símbolo de los nuevos tiempos. Contando desde el principio entre los favoritos visto su rendimiento en el Tour, el corredor belga tuvo mucha fuerza, supo sufrir en las subidas y tuvo también esa intuición que nunca han tenido ni Purito ni Valverde para saber leer las carreras sin esperar al sprint o a la cuesta final. Es lo que se llama anticiparse a los movimientos del rival, y es una habilidad que suele estar muy relacionada con la victoria. Un digno vencedor, que corona así una carrera plagada de puestos de honor, que vaticino que se convertirán en victorias en los años venideros (tiene todavía edad para una "vejez" valverdiano-puritiana demoledora). 


Así pues, ésta ha sido la mejor carrera del año, con un circuito trepidante, un espiritu ofensivo sin descanso por parte de los corredores, con escapadas de tipos fuertes desde el primer minuto. Esto nos ofrece una gran lección: ¡qué bonito es el ciclismo cuando se corre sin pinganillos y con una reducción del número de corredores por equipo que fuerza a correr a la ofensiva! Lo que viene siendo la antítesis del estilo Movisky del pasado (y digno de olvido) Tour de Francia. 

domingo, 24 de julio de 2016

OJALÁ SÓLO HAYA SIDO UN MAL SUEÑO

Es bien sabido para el fiel seguidor de la temporada ciclista que el mejor ciclismo no se ve en julio. De hecho, el Tour es más un "espectáculo deportivo" que una carrera ciclista, y a ese punto se llegó después de años de aceptación sumisa de la tiranía desvergonzada de Armstrong y su blue train de droga. Desde hace unos años, la tiranía del "equipo científico" ha vuelto a sumir al ciclismo en una era de las tinieblas que se manifiesta exteriormente como espectáculo cada vez más global, más mediático, más youtubizable, desterrando por completo de las carreteras todo lo que el aficionado auténtico espera encontrar en el ciclismo: ataques, movimientos tácticos, velocidad, ambición, etc. Lo que viene siendo lo propio de un deporte de competición. 

En la edición de este año todas esas características propias del ciclismo han brillado por su ausencia. Es más, ha habido motivos sobrados para el espanto. Así pues, una vez terminado el paseo final en París, es hora de pasar el escalpelo e iniciar la autopsia para detectar cuáles han sido los factores que han contribuido a que este Tour haya sido el peor en bastantes años. 

1. No hay batalla para formar la escapada. No es algo nuevo. Pareciera que las cartas están repartidas de antemano, y ya todo el mundo supiese su puesto en el pelotón. Este año el Tour empezaba con una etapa en línea, y apenas hubo lucha para entrar en una escapada que podía tener la recompensa de un maillot amarillo. Lejos por tanto de la interesante primera hora que pudimos ver este año en la París - Roubaix. En las etapas decisivas se ha llegado al extremo de consentir prácticamente todos los días la escapada, llegando todas ellas a meta salvo en la etapa de Saint-Gervais - Mont Blanc que venció Bardet. Precisamente el comienzo de esa etapa fue el colmo de la pasividad del pelotón, dando la impresión  de que alguien había repartido o quitado los permisos para poder atacar antes de la salida lanzada. Lo que tiene bastante relación con el siguiente punto. 

2. "La mafia del kilómetro menos 3". En el Giro de 2015  ya acostumbraba Contador de servirse de Bennati y Tosatto para merodear por la cabeza del pelotón para entrar "sin riesgos" en los últimos kilómetros, con lo cual no es algo nuevo. Sí que es nuevo que todos los equipos con ínfulas de general lo pretendan; y también es nuevo que estos equipos coaccionen y entorpezcan deliberadamente la acción de los equipos de los velocistas.
Bien es cierto que se ha pasado una primera semana sin apenas caídas - sólo la solitaria de Contador y la de Bennet y Morkov en un sprint -, pero fue lamentable la imagen de Burghardt y Bookwalter actuando de hampones con los corredores del Direct Energie. Con Cancellara siempre a punto para plantar el safety car mafioso, como ya hiciese en 2010 para interés de su equipo. Por no hablar de la pinta de esbirros o gorilas de discoteca, apartando a la oposición, de Stannard y Rowe. Además en este caso, entre risas. Permitiendo salir a quien ellos querían, o incluso empujando a aquellos indecisos. 
Durante la primera semana, los persuasivos aparatos de prensa de estos equipos anglosajones incluso hicieron circular la "gran idea" de no contabilizar los tiempos en los últimos tres kilómetros en todas las etapas llanas: es decir, convertir en norma lo que ya se vio en el pasado Giro, en Bibione y Turín, circuito mediante. En resumen, abogar por la tergiversación de la competición.


3. El resplandor cegador del sueño amarillo. A esa actitud mafiosa hay que añadir el conservadurismo generalizado de los equipos que se enfrentaban a los cyborgs de Sky. En especial, ha sido lamentable la materialización del cacareado "sueño amarillo" de Nairo Quintana, que se ha limitado a chupar rueda a Froome con descaro. Y cuando ya estaba lo suficientemente distanciado del anglokeniata, chupar rueda a Porte o aquel que pusiese en riesgo su puesto. La Sombra lo llamó acertadamente alguien en Twitter.   
Todo un equipo movilizado para un ataque decisivo que nunca llegaba, para el que siempre era "demasiado pronto", y que al final nadie ha visto por ningún lado. Luego llegó el momento de denunciar la fuerza de un viento que "ponía en riesgo la vida de los ciclistas" como excusa para ocultar la ineficacia del equipo ante un Froome que parecía reinventarse con ataques inverosímiles.
Para colmo, en el caos del Ventoux Quintana llegó a rodar un tiempo agarrado a una moto, según sus palabras para no perder el equilibrio. Lo que viene siendo un remolque en toda regla, y que merece al menos una sanción en tiempo. 
Finalmente, Quintana con todo su país a cuestas no lanzó su ataque decisivo de la última etapa. Se limitó a esperar, interiorizando a la perfección las lecciones magistrales de Unzúe, aquellas que sin Indurain no funcionan por ningún lado. Bueno, para algo sí sirven: para conseguir la clasificación por equipos.

La prueba del delito

4. Más allá de la ley del puestómetro: Adam Yates. Todo el mundo sabe que cuando un líder domina con solvencia la carrera, su equipo no necesita apenas trabajar en la última semana porque cualquier ataque de un hombre de la general es neutralizado por otro, en la típica lucha cainita del puestómetro. Es decir, a por el décimo sale el noveno, a por el noveno sale el octavo, a por el octavo el séptimo, y así sucesivamente. La ley del puestómetro. 
En este Tour se ha superado un límite. La ley del puestómetro se ha superado a sí misma. Después de perder la tercera plaza por segundos, el joven Adam Yates no sintió tentación alguna de disputar en la última etapa el puesto a Quintana, a pesar de que la última etapa terminaba en Morzine después de ascenderse el Joux Plane. A pesar de la lluvia. Ni intentarlo. Se conformó con ser cuarto, no quiso ni siquiera soñar con ser tercero, puesto que colma para muchos una carrera profesional entera. De hecho, en la última etapa, con un recorrido final que recordaba a lo mejor del Giro, nadie lo intentó: imperó la Mafia de la no-agresión. Sólo Kreuziger intimidó un poco al personal, y por ello Purito, ferviente seguidor de la ley del puestómetro, lanzó un ataque. También atacó Mollema, aunque por diferentes razones. Al menos fueron los únicos, los demás permanecieron contentos en sus puestos.

5. Los guardaespaldas del chico de oro. Mucho se ha hablado de la superioridad presupuestaria de Sky. Son ricos, por eso fichan a los mejores y controlan en exceso la carrera. Eso dicen. Ninguno de los periodistas que esgrimen esta mentira se ha parado a pensar quién era Stannard antes de fichar por Sky (un vulgar corredor del Landbouwkrediet), quién era Poels (un corredor prometedor en Vacansoleil, pero alejado del supergregario de esta edición del Tour) o incluso quién era Froome. Nos toman por imbéciles: no son los millones los que hicieron que un corredor que se quedaba en las subidas de autopista ganase el Tour en 2012, o los que convirtieron al keniata exótico de Barloworld en alguien diferente después de liberarse de su bicho bilharziano en 2011. No, no son los millones los que convierten a los guardaespaldas del chico de oro en intratables cyborgs.  Es otra cosa.

Wouter Poels, el segundo hombre más fuerte de la carrera.


6. El retorno del Cabezón de Man. Continuando con al dominio del Imperio, el Cabezón de Man ha vuelto por sus fueros. Macarra, marrullero, empleando tanto o más la cabeza que las piernas, ha vuelto el fullero por excelencia, brillante y polémico. Vuelve en año olímpico, pues piensa hacer pareja de baile con el Mod en Río, y por ello ha vuelto intratable. Pero como todo pequeño ratero ha dejado una huella de su crimen: en el campeonato británico perdió de manera humillante ante Adam Blythe, una semana antes del inicio del Tour. Nadie se explica esa brutal transformación: de estrella en declive a macho alfa de nuevo, en apenas siete días. Algo funciona mal en el ciclismo.

Al filo de la descalificación, pero con el beneplácito de los jueces. 


7. ASO, como pollo sin cabeza. Por último, toca hablar del bochorno del Ventoux, obra y gracia de Christian Prudhomme. Lo de aquel día fue un cúmulo de despropósitos en el que, como si se tratase de los delincuentes de Todos a la cárcel, cada uno aprovechó los momentos que brindó el espectáculo para perpetrar su delito. 
Todo comenzó con un viento huracanado, el viento que el día anterior había permitido a Froome tomar unos segundos al pelotón. La decisión fue categórica: el Ventoux sería capado, y se subiría tan solo al Chalet Reynard. Se eliminaron seis kilómetros, pero nadie pensó en que se acumularían en los quince precedentes todos los aficionados (entre ellos, los numerosos imbéciles) concentrados en los kilómetros eliminados. ¿Para qué vallar los dos últimos kilómetros?, pareció pensar Prudhomme, olvidando al parecer la cantidad de mentecatos que van a lucir disfraz y bandera y salir por la tele, ya que el Tour es gratis. 
Se juntó todo: ausencia de vallas, espectadores imbéciles y motos, muchas motos. De las que matan. Y se produjo de este modo el mayor estropicio de una organización en años, a lo que se sumó la carrera alocada de Froome, el agarrón disimulado de Quintana y la injusta decisión de los jueces, que no sólo benefició a Froome y Porte (que al menos se fueron al suelo), sino también a Valverde, Van Garderen y Quintana.

Porte, Mollema y Froome por los suelos. El caos del Ventoux.


Pero no todo ha sido malo, el Tour nos ha dejado también sus cosas buenas (aunque en menor número). Los habituales de las escapadas han sido más protagonistas que los líderes de la general: ahí están Pantano y sus descensos, De Gendt y sus cabalgadas, Zakarin y su victoria en Finhaut-Emosson, Dumoulin como impresionante rodador-escalador, incluso Rui Costa y Majka. También Bardet, el único que ha atacado. 
También hay que valorar el cambio de actitud de Mollema, que de defensor del puestómetro se ha convertido en un corredor digno de todo elogio al "morir matando" en el Joux Plante o al defender lo que le habían arrebatado los jueces en el Ventoux.
Y por supuesto Froome y Sagan. Si bien la Mantis se ha escudado al final en su equipo, hay que reconocer que se ha reinventado un poco en este Tour, con ataques bajando y en jornadas de viento. Pero fundamentalmente ha sido Sagan el gran protagonista de este Tour, con tres etapas, maillot verde, varios segundos puestos y participación activa en los movimientos tácticos de la etapa de Montpellier y la etapa de Morzine.

Las dos grandes figuras del Tour.


En fin, quedémonos con estos últimos detalles, los más esperanzadores, e intentemos borrar rápido de nuestra mente el suplicio que ha supuesto este "espectáculo deportivo global".

martes, 31 de mayo de 2016

LA BAJADA DEL AGNELLO

Somos muchos los que consideramos al Giro d'Italia como la mejor vuelta por etapas de tres semanas: la más apasionante, la más sorprendente, la más hermosa. En ella no son extraños los vuelcos inesperados, las polémicas más ácidas, los "y si..." repetidos in aeternum. El ganador puede serlo gracias a su fuerza pero también a su astucia e incluso, como gusta tanto a la prensa italiana, gracias a oscuros complots. El perdedor podría haber sido ganador de haber mediado entre él y la victoria un poco más de fortuna, o un equipo mejor, o más alianzas en el pelotón. De este modo, la historia del Giro puede ser considerada una larga lista de "y si..."(s), alimentados por una afición y una prensa predispuesta por idiosincrasia peninsular a buscar siempre los tres pies al gato. Los helicópteros de la crono de Verona, el affaire de Savona, la traición de Sappada, el "complot" de Madonna di Campiglio, historias de medias verdades contadas y recontadas una y mil veces, hasta la extenuación o la tergiversación total, a las que quizá un día se una la bajada del Agnello.

Un instante de duda que vale un Giro


Steven Kruijswijk, joven escalador holandés, pelirrojo, pecoso, ancho de hombros y estrecho de caderas (como si se tratase de un albino nadador keniata), lo tenía todo para ganar este Giro. O casi todo. Una renta de tres minutos sobre el segundo clasificado, Esteban Chaves, y todavía dos etapas de montaña por delante. Vincenzo Nibali, su rival más complicado, parecía por completo fuera de juego después de una cronoescalada desastrosa y una crisis aparentemente total en Andalo. Perdía cuatro minutos y cuarenta y tres segundos con respecto al holandés. Desde su ambiente se esgrimían ya todo tipo de excusas, desde las bielas a una posible enfermedad, amplificadas por la prensa italiana, que había puesto todas sus esperanzas patrióticas en sus manos, a falta de alguien mejor.

Así pues, con lo squalo convertido en sardina, el holandés lo tenía todo para ganar. Kruijswijk se mostraba como pocas veces lo hacen los líderes, saliendo con suficiencia a cualquier ataque, incluso de gregarios. Aunque precisamente la necesidad de salir a cualquier ataque evidenciaba su punto débil: la ausencia de equipo.

¿Seguiría el mismo camino que Hesjedal y Hampsten o el de Olano y Evans?

La decimonovena etapa, con final en Risoul previo paso por el Col del Agnello, no parecía excesivamente peligrosa. Corta, con más subida que llano, podía ser manejada por un líder sin equipo pero en un estado de forma excepcional. La que parecía más complicada era la etapa siguiente, la que finalizaba en Sant'Anna in Vinadio, con tres puertos (Vars, Bonette y Lombarda) y la subida final de la meta, pues con varios puertos de salida se podía poner en jaque a un líder sin compañeros. Aunque ninguna de las dos alcanzaba en kilometraje y número de puertos al tappone dolomitico de Corvara, en el que Kruijswijk y Chaves habían abierto un importante hueco sobre el resto de rivales. En Valparola, tras un ataque de Nibali, Kruijswijk y Chaves se habían acabado marchando después de un ascenso demoledor al Passo Giau. En las dos etapas siguientes, Kruijswijk había ampliado su ventaja, cosechando tres segundos puestos consecutivos.

Chaves y Kruijswijk subiendo Valparola
De este modo, con la clasificación bastante clarificada, comenzó la decimonovena etapa en la mítica Pinerolo. Los 162 kilómetros consistían en el acercamiento y ascenso al Agnello, cima Coppi, bajada y subida a Risoul. Por delante se marchó una escapada, con varios Movistar (Rojas, Sutherland, Herrada), Astana (Kozhatayev y Scarponi) e incluso Orica (Plaza), pero ningún Lotto-Jumbo. Scarponi coronó el Agnello, contando con un amplio margen como para llevarse el triunfo de etapa. La subida estaba cobrándose sus primeras víctimas, como es normal en un puerto de más de 2.700 metros en el que la vegetación comienza a escasear, llega la niebla y sobre las laderas se dibujan las primeras lenguas de nieve. El Giro hasta el momento había sido nervioso y trepidante. Todas las etapas se habían rodado a gran velocidad, con dominio de Kittel y Greipel en los sprints, y finales muy intensos en Praia a mare (con victoria de Ulissi), Arezzo (con victoria de Brambilla) y Asolo (con nueva victoria de Ulissi, pero con una más meritoria demostración de fuerza de Bob Jungels, revelación de la carrera). Subidas ratoneras y empinadas como Alpe di Poti, con sterrato, Forcella Mostaccin o Cima Porzus, habían puesto el picante necesario a cada etapa, esa salsa siempre bien condimentada que ofrece el Giro. La velocidad de la carrera había comportado ya importantes retiradas, como la de Dumoulin. Pero quizá la más sonada había sido la de Landa, gran favorito de muchos (entre los que me incluyo), nada menos que el día después de la jornada de descanso. Con todo lo que la historia nos ha enseñado sobre esos días de "descanso activo".

Jungels: rodador que se defiende en montaña y que además sabe explicarse...¿ha nacido un nuevo campeón?


En las últimas rampas del col del Agnello, flanqueadas por paredes de nieve como en las míticas fotografías de Coppi, Chaves lanza su ataque. El sonriente Chaves ha llegado al Giro sin prácticamente días de competición, como quien dice "de la playa", y está casi tan intratable como Kruijswijk. Le siguen el líder y Nibali, Valverde cede. Al murciano no le sientan bien ni las alturas ni el frío. Por detrás quedan Zakarin, Majka, Urán, Pozzovivo, i soliti ignoti. Comienza el descenso. 

La realización nos privó del plano en directo. Concentrados en cambios de cámara sinsentido o tomas de meta con bimbi e ragazze, vimos ya a la maglia rosa en el suelo. Con las heridas todavía calientes, el holandés se dispone a recoger su Bianchi del suelo. El mecánico del coche Vittoria le ayuda a colocar de nuevo en su sitio la cadena. Kruijswijk parece desorientado pero calmado al mismo tiempo. En realidad la caída no ha alterado su expresión de aparente control de la situación. Poco después vemos la repetición del dramático suceso. En el estrecho descenso del Agnello, con la carretera encajonada entre taludes de nieve, Kruijswijk toma mal una curva, y cuando parece que va tumbarse más, rectifica la trazada, se yergue e impacta contra el talud de nieve sin posibilidad de atenuar el golpe. Da la voltereta entre la nieve y el aire, golpeando con los riñones sobre el asfalto. Su Bianchi sale despedida unos metros por delante. Precisamente por saberse sin equipo, el holandés había puesto excesivo celo en seguir el endiablado ritmo de Nibali. Lo squalo cimienta su victoria en un descenso, al modo de il Falco. 



El infierno blanco de Kruijswijk


Kruijswijk parece aturdido, con dificultades para seguir. Tendrá que cambiar de bicicleta, de manera que el grupo de Valverde le pasa como una exhalación. Nibali y Chaves se están marchando, aunque Kruijswijk todavía tiene un buen colchón de minutos. Ventaja que irá desapareciendo poco a poco, como un castillo de arena dispersado por la brisa. El descenso es largo, pedalabile. Pasado el tren del grupo de Valverde, el líder se desfonda en una persecución en solitario durante la cual van aflorando el dolor de una caída fea y el hundimiento moral de una renta de tiempo que se esfuma.

A la caza de un Giro que se esfuma.

Pero el Agnello no será solo la tumba de un Giro que ya parecía holandés. También será el final de las esperanzas de Valverde y la retirada de carrera de Zakarin. El murciano, a veintitrés segundos de Chaves, tenía todavía muchas opciones para la general. Por delante Scarponi se paró en seco, sacrificando su cantada victoria de etapa para tirar de su líder. Herrada y Rojas, hombres del Movistar que marchaban por delante, poco pudieron hacer para Valverde: Rojas fue cogido en las últimas rampas del Agnello y se quedó cortado en la bajada, mientras que a Herrada le faltaron las fuerzas. Como a Jesús Hernández, que nunca anduvo sobrado de ellas. Mientras tanto, en el grupo de cabeza Pirazzi, siempre tan pestoso, se unía los relevos, sin tener nada que ver en la fiesta organizada, en una de esas "colaboraciones desinteresadas" que tantas páginas han escrito en el Giro.


Además, el descenso se cobró otra víctima: el impetuoso Ilnur Zakarin. La cámara del helicóptero captó unas imágenes escalofriantes del ruso tendido en plena ladera, con la bici a varios metros de distancia, sin la rueda delantera. Afortunadamente la caída no tuvo graves consecuencias, pero supuso su retirada. El tártaro hubiese sido una ayuda fundamental para Valverde en esa larga persecución que ganó claramente el Astana. Al campeón murciano difícilmente se le presentará una oportunidad tan propicia para hacerse con una gran vuelta. De haber contado con algún compañero más en el descenso, o incluso de haberse implicado más él en primera persona en esa persecución, podría haberse quedado a una diferencia de Chaves que no hubiese sido posible remontar por parte de Nibali. Hay que tener en cuenta que el grupo de Valverde inició la subida de Risoul tan solo con diez segundos de diferencia con respecto a la cabeza de carrera: si hubiesen conectado con el grupo de Nibali y Chaves durante el descenso, Valverde podría haber sido ganador del Giro. Pero todo esto son conjeturas, pues la táctica del equipo ideada por Chente García Acosta estaba enfocada a objetivos dispares e inasequibles en conjunto: etapas para Visconti, top ten para Amador y clasificación por equipos. Típicas migajas que invalidan la victoria final, y que dan lugar a situaciones  inexplicables y contraproducentes, como la actitud de Visconti durante todo el Giro.

Valverde, Zakarin y Kruijswijk camino de Andalo.
En Risoul Nibali dejó atrás a Chaves, que aun así se convertiría en efímero líder de la carrera con sólo 44" sobre el de Astana. Nibali reencontraba le gambe, en una de las resurrecciones de última hora a las que nos tienen acostumbrados los kazajos. Por detrás, Kruijswijk encontró colaboración en Jungels, aunque fue un intento vano, pues cuando volvió la subida, las fuerzas y los ángeles protectores le abandonaron, dejándolo a merced del implacable cronómetro. En meta era consciente de haber perdido "su Giro".

"He perdido mi Giro"

Al día siguiente, en el colle della Lombarda Nibali asestaría su golpe definitivo, llevándose así un Giro en el que él había ido a más mientras que Chaves había terminado claramente con pocas fuerzas. Scarponi y Kangert fueron de nuevo los puntales del siciliano en su nueva victoria. Un triunfo para el que no dejó de lado en ningún momento la actitud combativa, a veces incluso soberbia, que le caracteriza. Valverde en cambio, manso como es, se contentará con el podio. Uno más.

Nibali en Risoul: the winner takes it all.


¿Había arriesgado demasiado en el descenso Kruijswijk? ¿Habia coronado el Agnello aturdido, y por ello había errado en esa curva? Sin duda las cosas hubiesen sido algo distintas de haber tenido un compañero. Todos desaparecieron durante la subida del Agnello, pero su director, Addy Engels, no tuvo la perspicacia de mandar algún corredor por delante. Lo mismo le sucedió a Dumoulin en la Morcuera, a las órdenes del mismo director y sin compañeros a la vista. ¿Qué hubiese pasado de tener mejor equipo o mejor director, y de seguir una estrategia más adecuada? Pues seguramente hoy no estaríamos hablando de la milagrosa resurrección de Nibali y de su cuarta gran vuelta por etapas, ni siquiera del abrazo de Nibali con los padres de Chaves. Seguramente la bajada del Agnello no hubiese acabado convirtiéndose en uno de esos recurrentes "y si..." de la historia del Giro.