lunes, 28 de septiembre de 2026

UN MUNDIAL LOCO, LOCO, LOCO

Brandon McNulty ha sido el sorprendente ganador de un mundial trepidante, como pocos vistos con anterioridad. Su victoria ha sido fruto de un trabajo colectivo ejecutado a la perfección por la selección norteamericana, debiendo McNulty gran parte de su triunfo a la incansable y sagaz labor de zapa de Matteo Jorgenson. Tampoco se entiende este mundial sin el desgaste con el que llegaron los favoritos a las últimas vueltas, producto de un ataque suicida de Mathieu van der Poel a falta de 90 kilómetros, que puso la carrera patas arriba. Un ataque que, en realidad, fue una continuación del ritmo demencial que impuso la selección francesa en las primeras vueltas del circuito, dejando en manos de Bruno Armirail la autodestrucción del propio equipo. El mundial fue una sucesión en bucle de fallos tácticos y malas lecturas de carrera, lo que propició constantes arrancadas y parones, desfallecimientos y reagrupamientos, dando lugar a una carrera de difícil lectura, en la que influyó de forma determinante la ausencia de pinganillos. Muy pocos corredores mostraron el instinto necesario para saber desenvolverse en una carrera de esta naturaleza, sin patrón alguno ni guion que seguir. Ganaron los que mejor corrieron, los que disponían de una idea clara, de una misión, como dirían los propios estadounidenses siguiendo su visión épica de la realidad. En la selección estadounidense dejaron de lado los egos y las marcas comerciales y se dedicaron todos a lo importante: ganar el mundial. 

Cara de nuevo campeón del mundo. 


El recorrido planteaba una excursión inicial de 112 kilómetros por los alrededores llanos de Montréal, entre maizales y bosques otoñales, para volver posteriormente a la ciudad, con un primer paso por el Chemin de la Polytechnique, antes de entrar en el circuito propiamente dicho. A este circuito se iban a dar un total de 12 vueltas, con tres subidas, siendo la más destacada la inicial, la voie Camillien-Houde, de 1,6 kilómetros al 7%. Esta subida venía seguida de una larga bajada, hasta la zona de la universidad, en la se ascendía el Chemin de la Polytecnique y, más tarde, otro repecho en una zona de urbanizaciones. La recta de meta picaba igualmente para arriba. 

La fuga inicial no era inquietante, siendo Leknessund el único componente destacado, pero no fue óbice para que la selección de Francia se pusiera a tirar a lo bestia nada más entrar en el circuito. El ritmo de Armirail fue descremando el pelotón, quedándose O'Connor, Gall, Mas y Almeida, entre otros. A falta de 97 kilómetros se marchó por delante el danés Anthon Charmig, al que se unió, a falta de 91, tras un paso por Camillien-Houde, un grupo en el que se filtraron Mathieu van der Poel, Wout van Aert y Primoz Roglič. Las cosas empezaban a ponerse serias. De este grupo de escapados quedaron delante van der Poel, Onley, van Aert, Roglič, Simmons y Charmig, mientras detrás se retiraba Francia de la cabeza, dándose un parón preocupante. Una aceleración de Del Toro dejó al pelotón muy diezmado y a casi ninguna selección con varios corredores: solo destacaba la presencia de los corredores estadounidenses, con Simmons en la fuga y Jorgenson y McNulty detrás. 

A 74 kilómetros Mathieu van der Poel seleccionó todavía más el grupo, llevándose consigo, tras una aceleración, a Simmons y a Onley, dejando atrás a van Aert. En esos momentos parecía que la carrera estaba entrando en su fase decisiva. Roglič hizo un gran derroche de fuerza en la siguiente ascensión a Camillien-Houde, alcanzando al terceto delantero. Por detrás, Pidcock y Healy eran los más activos, el británico pasando a los relevos sin tener en cuenta a su compañero Onley, que rodaba por delante. También estaba muy activo Del Toro, con innumerables arrancadas, con Seixas siempre soldado a su rueda. Otro que estaba muy atento era Jorgenson, entorpeciendo relevos con la intención de proteger a su compañero Simmons. 

Van der Poel, con Simmons y Onley a rueda. 


Cada ascensión a Camillien-Houde dejaba en cabeza de carrera un nuevo panorama. Onley se descolgó de la cabeza, siendo sustituido más tarde por Healy, que venía desde atrás. A falta de una treintena de kilómetros, los fugados fueron cazados por un grupo muy selecto, casi siempre comandado por Del Toro o Pidcock. A falta de 32,4 kilómetros vino el momento clave. El grupo cabecero estaba formado por Del Toro, Seixas, Ciccone, Pidcock, Jorgenson, McNulty, Buitrago, van der Poel y Matthews. Un poco más atrasados rodaban Roglič, Simmons, Evenepoel, Ayuso, Honoré, Küng, Nordhagen, Scaroni y Piganzoli. McNulty lanzó su ataque, aprovechando una calle amplia, en un tramo llano o en ligero descenso, con Del Toro en cabeza. Hubo miradas y pronto abrió hueco. Quedaban dos vueltas y media, pero, a partir de ese momento, Jorgenson se dedicó a no perder la segunda posición del grupo perseguidor en todo lo que quedaba de carrera, controlando todos los ataques y desarbolando toda posibilidad de rodar a relevos.

El momento preciso del ataque, a 32 km. de meta.


Pidcock se da la vuelta y, como siempre, Jorgenson a rueda. 

 

Pidcock lo intentó a falta de dos vueltas, en Camillien-Houde, pero con Jorgenson a rueda. En el último paso, una nueva aceleración de Pidcock, esta vez con Ciccone, puso en serios aprietos a McNulty, cuya diferencia bajó del casi minuto a los 10 segundos. Pero Pidcock y Ciccone fueron alcanzados por Del Toro, Seixas, van der Poel, Matthews y, nuevamente, Jorgenson, y hubo parón. Jorgenson, con toda su estatura, tomaba la cabeza, y los demás, completamente destruidos, inclinaban la cerviz. La carrera parecía decida, tras haber estado en vilo durante un instante. McNulty, con un ritmo constante, siguió imperturbable hasta meta. Unos últimos ataques de Schmid, llegado desde atrás, y Evenepoel, fueron las últimas intentonas de dar alcance individualmente a McNulty. Seixas se descolgó, aquejado de calambres, mientras que el sprint por la segunda plaza fue para Matthews, con Mathieu van der Poel consiguiendo la tercera posición por delante de Simmons. 

Una vez más, Pidcock ataca, Jorgenson a rueda. Tercero, Mauro Schmid. 


Se podría decir que muchos corredores habían perdido su gran oportunidad, uno de los pocos resquicios de libertad que permite la dictadura de Pogačar. Finalmente la victoria había ido a parar a uno de sus gregarios, para felicidad de Gianetti, aparecido en meta. Analicemos las carreras de los principales corredores. Del Toro corrió sin equipo y sin cabeza, derrochando fuerzas en todo momento, llegando a las últimas vueltas tostado. Algunos dicen que no actuó con igual ímpetu en las últimas vueltas, cuando McNulty iba escapado. Puede ser, aunque tampoco el resto lo hizo. Estaban todos muertos, Del Toro inclusive. De hecho, dudo que Del Toro tuviese la suficiente picardía y habilidad táctica como para jugar a lo que estaba jugando Jorgenson. Su carrera fue extrañísima, descolgándose en algún momento para cazar después, con arrancadas brutales y derroches de energía constantes. Tiene todavía que aprender a correr con cierta cabeza. Pidcock corrió también a la suya, no contribuyendo a crear un clima de persecución, dadas sus arrancadas. En algún momento fue a la caza de su compañero Onley, demostrando que corre siempre para sí mismo. Seixas estuvo en todo momento demasiado pendiente de Del Toro. No contaba tampoco con las piernas de la primavera, acusando la distancia y la presión. En casi ningún momento llevó la iniciativa, y me da por pensar si no le estarán exigiendo demasiado. O quizá sea él mismo el que se está poniendo el listón muy elevado. Evenepoel también corrió de forma rarísima, dando la impresión de dejarse llevar en algunos momentos de carrera, para cazar después. Al igual que Del Toro, corrió como pollo sin cabeza, pero casi siempre en posiciones retrasadas. Lo más seguro es que acusase la exhibición de la crono. Esta vez no le sirvió ir de menos a más, como en Kigali. 

Exceso de autocrítica por parte de Seixas. 


Por contra, como buenas actuaciones, resaltar la de van der Poel. Cuando se vio solo y acorralado, sin compañeros (muy mala la selección neerlandesa), decidió pasar al ataque, siendo su valentía el detonante de la prueba. Matthews también estuvo brillante, sin asomar en ningún momento a las posiciones delanteras, sin tomar apenas aire (a lo Freire), pero aguantando los ataques. Y qué decir de los norteamericanos. Su mundial fue una muestra de lo que debe ser trabajo en equipo. Cuando Simmons marchaba por delante, McNulty y Jorgenson entorpecían por detrás. Luego lo intentó Jorgenson, sin éxito. Finalmente, McNulty: entonces Jorgenson dio toda una lección magistral de compañerismo, sin tener en cuenta su pertenencia a equipos rivales. Los tres corredores, magníficos rodadores, se habían puesto en pie de igualdad, dispuestos a compenetrarse plenamente. Ganó McNulty porque fue el último en atacar y porque le salió bien la jugada, con todos ya derrengados por detrás. 

Una foto para la historia del ciclismo norteamericano.

Matthews consigue su cuarta medalla en mundiales. 


Si la lección de los Estados Unidos está al nivel de otras pocas ocasiones de trabajo de selección (la Italia de Ballerini o la España de Antequera), ¿en qué lugar queda una victoria de McNulty en el mundial? Indudablemente rompe una serie existente desde la pandemia, la de ganadores estrella, pero continua la del ataque solitario. ¿En qué nivel situar a McNulty? Para hacerse una idea, en mi clasificación histórica, sumándole ya los puntos del campeonato del mundo, estaría empatado con Dhaenens (ganador de 1990) y tendría por detrás a Monsere (1970), Brochard (1997), Vainsteins (2000), Astarloa (2003), Ottenbros (1969) y Heinz Müller (1952). Es decir, se sitúa con los ganadores por sorpresa, los one-hit-wonders del mundial. De todas maneras, hay muchas casuísticas en estos corredores, desde asuntos de doping que rompieron sus trayectorias, como en el caso de Brochard o Astarloa, hasta un trágico y prematuro final, como en el caso de Monsere, que a saber hasta dónde habría llegado. También hay que tener en cuenta que la carrera de McNulty todavía no ha finalizado. Puede que esta gran victoria inicie una racha de otras tantas destacadas, quién sabe. Es un corredor de 28 años, irregular pero que siempre ha estado ahí, desde el principio (a recordar su Giro di Sicilia con el Rally cycling). Su palmarés es parco, bien es cierto: la victoria regalada de Montreal en 2025, más una etapa del Giro, una de la Vuelta, una volta a la Comunitat Valenciana (con el Miserat) y una a Polonia (sin pena ni gloria). ¿Seguirá haciendo la labor de gregario de Pogačar, tirando de él y recogiendo bidones, o tendrán la decencia en UAE de privarnos de un momento quizá en exceso humillante para un maillot arcoíris? Ojalá le permitan algo de lucimiento personal. 

Amics per sempre.


CAMPEONATO DEL MUNDO
Brossard - Montréal273,4 km
1BRANDON MCNULTYUSA6h17'04''
2Michael MatthewsAUS13''
3Mathieu van der PoelNEDm.t.
4Quinn SimmonsUSAm.t.
5Isaac Del ToroMEX14''
6Mads PedersenDENm.t.
7Tom PidcockGBRm.t.
8Matteo JorgensonUSAm.t.
9Giulio CicconeITAm.t.
10Ben HealyIRLm.t.




4 comentarios:

  1. Bueno, pues qué comentar que no hayas dicho ya en la crónica. Vibrante Mundial, de los de antes, con los mejores ciclistas teniendo que dar la cara en las últimas vueltas por sí mismos. Al final, y como todos sabemos, no hay que intentar inventar cosas extrañas: algo de dureza y distancia, y entonces ocurren cosas no guionizadas.

    Siempre, por supuesto, con la ayuda de algunas tácticas suicidas como la de Francia, la de Del Toro, incluso la de Van der Poel (en este caso justificada, creo yo), como bien comentas.

    Solo comentar algunos detalles sueltos, porque todo lo demás lo describes muy bien:

    - Van Aert: mi sensación es que ha pagado el derroche, en muchos casos absurdo, de la Vuelta. Esta parecía ser su última oportunidad de intentar ganar un Mundial, y me ha defraudado. Estuvo donde tenía que estar, en la anticipación, pero se quedó de manera triste demasiado pronto. Pero como siempre, luego lo dio todo por un compañero, aún discutible, como es Evenepoel. Tal vez el problema hayan sido las expectativas que yo tenía hacía él: no es tanto un clasicómano, sino un grandísimo corredor con mucha más facilidad para ganar etapas que clásicas, además de trabajar por el bien de su equipo.
    - McNulty: bueno, nada que no se sepa, solo que estuvo buena parte de la carrera, creo, por donde andaban Ayuso o Evenepoel, es decir, que tuvo que remontar y además aprovechó el momento justo.
    - Del Toro: cada vez me da más rabia como ciclista, tal vez una sensación más visceral que otra cosa, pero siempre vienen bien los corredores con fallos tácticos.
    - Seixas: demasiado autoexigente en las declaraciones post meta. Está bien querer cosas, pero también es necesario tener los pies en el suelo y saber que se tienen 20 años.
    - Van der Poel: lo hizo perfecto, en el sentido de que hizo lo que tenía que hacer para maximizar sus opciones.
    - Matthews: ciclista de culto. Siempre derá la sensación de haber podido ganar más de lo que lo ha hecho, pero es que se ha enfrentado a dos generaciones de rivales excelentes.
    - Decepciones: O'Connor, Mas, Pellizzari, Gal... muy decepcionantes. No se les pedía ganar, pero al menos estar donde estuvieron Roglic, Onley o Buitrago, supongo.

    Como siempre, gracias por las crónicas!

    Saludos

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    1. Yo también había puesto mucha confianza en van Aert, al que veía ante la que quizá sea su última gran oportunidad. Pero ha acabado pagando la Vuelta, como les ha sucedido a casi todos los que la corrieron a tope, a excepción de Roglic (lo que me hace pensar que el esloveno sí llego en verdad algo justo al arranque de la Vuelta, dado su accidente, y ha encontrado su mejor forma después).
      Coincido con las decepciones, y me gusta que hayas incluido a Pellizzari. También esperaba más de él, y de Piganzoli, o incluso Finn, al que cité hace unos días, pero al que de verdad ni se le vio.
      En cuanto a selecciones, sin entrar en el papel de España (García Pierna fue otro que pagó la Vuelta), Bélgica hizo un papel muy por debajo de su nivel. También Italia, que podría haber planteado una carrera más agresiva. Incluso Francia se dejó en casa a bastantes buenos corredores y a los que llevó, apenas se les vio. En definitiva, todo ello muestra el grandísimo mundial de los Estados Unidos, la única selección capaz de meter a tres tipos en el grupo que se jugó la victoria.
      Un saludo y gracias por comentar, como siempre.

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  2. Como dice el anterior comentario muy bien descrita la carrera (como es habitual) y solo apuntalar ciertas cosas que dices. Jorgenson fue la clave, sin duda. El estadounidense fue el único equipo que tuvo varios corredores en el momento decisivo, y con muy buenas piernas. Con esa superioridad era más fácil que la táctica resultante (la aplicada por ellos) tuviera éxito. Los italianos estuvieron cerca, pero no tenían su nivel físico. Los demás corrían solos, sin ayudas. En esas condiciones nadie de los presentes tenía la fuerza para dejar al resto definitivamente. Eso, ya vemos, solo lo hace quien ya sabemos. Como bien dices, Van der Poel fue el causante de esta situación, dejando a la mayoría de líderes sin ayudas. ¡Y consiguió medalla! De toda la vida, arrancada, parón, arrancada, parón, solo beneficia al que va por delante, al que ha atacado en el lugar donde todos los demás se miran y nadie quiere moverse, en el llano, con kilómetros para sacar segundos antes del siguiente repecho. Por último, Ayuso, de verdad ¿tiene que decir siempre que va por el podio, el oro, o lo que tercie? Creo que debe ser algo más comedido y así no se le criticará que nunca, o casi nunca, consigue lo que promete.

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    1. Es así siempre, como comentas. La dinámica de arrancadas y paradas siempre beneficia al que va delante, más en este caso, contando con un compañero atento a la hora de cerrar los huecos y romper siempre la posible cadena de relevos.
      En cuanto a Ayuso, es momento de que ponga los pies en la Tierra. Ya no es momento de vender la moto con posibles éxitos que no van a llegar. En un futuro, cuando se den las circunstancias idóneas, quizá tenga una oportunidad como la que ha tenido y ha aprovechado este año Mas, pero a día de hoy se encuentra entre la clase media-alta del pelotón. De todas maneras, Valverde expresó en una entrevista previa cuál iba a ser la táctica de la selección: aguantar con los mejores hasta que la carrera se rompiese. Un poco su vieja táctica de verlas venir, que en ocasiones, cuando la carrera acababa en repecho, le iba bien, y que en otras muchas, cuando esperaba que otros le llevaran delante, acababa mal. Quizá sería el momento de cuestionarse si Valverde, que de corredor no destacó por su pericia táctica, es el más idóneo para el puesto. Pues no se trata solo de hacer la lista, sino también de plantear una estrategia, aunque sea mínima, no solo esperar a que otros hagan la faena.
      Un saludo y gracias por comentar.

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